julio 10, 2012

Discurso de Fidel Castro a los empleados del comercio (1959)

DISCURSO A LOS EMPLEADOS DEL COMERCIO
Fidel Castro
[20 de Diciembre de 1959]

― Versión taquigráfica de las oficinas del Primer Ministro ―

Compañeras y compañeros empleados del comercio;
Compañeros barberos que están aquí presentes también y compañeras de las peluquerías que están presentes aquí hoy:
Hoy es un día que, por tratarse de un domingo, nos correspondía a todos descansar; sin embargo, no importaba porque...
Bueno, es que los compañeros que trabajan en la televisión están haciendo posible que otros muchos empleados, compañeros de ustedes, que viven en el interior o que no han podido asistir, vean también la asamblea.
No queríamos que finalizara este primer año revolucionario, a pesar de que ha sido un año de intenso trabajo y de mucho esfuerzo por parte del pueblo y del Gobierno, no queríamos que en este primer año tan fructífero de la Revolución, dejásemos de tener una reunión con este sector, con el que hacía mucho tiempo deseábamos reunirnos.
En ocasiones traté de visitar algunos centros comerciales, pero me fue materialmente imposible hacerlo, porque las horas en que se encuentran los trabajadores en esos centros son horas también muy concurridas y nos cuesta mucho trabajo visitarlos por la aglomeración de público que, tengo entendido, incluso, en un caso, en una visita que traté de hacer a distintos centros importantes —porque quería visitarlos a todos—, creo que hubo hasta pérdidas allí.
De todas formas, tenía interés en reunirme con tres sectores: el de los empleados y empleadas del comercio, con el de los barberos y el de las peluqueras.
Es para mí una gran satisfacción el poder cerrar este año con este acto, que será el último acto público —según tenemos pensado—, de este primer año de Revolución.
Nuestro interés en reunirnos con estos tres sectores es un interés verdaderamente revolucionario. No se trataba de obtener con este acto ese acuerdo que tan espontáneamente ustedes respaldaron de contribuir a la industrialización.
Esa persona, por ejemplo, que llegó tan preocupada a preguntarle al compañero Eduardo si hoy iba el 4%, en realidad, para ese respaldo del 4%, no era necesario molestar a los empleados y empleadas un domingo, porque ese aporte como contribución a la obra de industrializar el país, ese es un aporte que ya nosotros consideramos como una realidad por parte de todos los sectores obreros del país, y, aunque de eso hablaré más adelante, me interesa destacar que no era ese el objeto de la reunión.  Este acto tenía un objeto, si cabe, más importante todavía, ya que nosotros no hacemos nada con tener el 4%, y con tener todos los recursos, o con movilizar todos los recursos que están al alcance de nuestras manos si la Revolución se viera debilitada o si la Revolución fracasara.  Creo por eso que lo más importante es la defensa de la Revolución.  Sin Revolución no tendremos leyes revolucionarias, y, por eso, defender la Revolución es una cuestión capital, y la tarea principal del pueblo de Cuba en los tiempos venideros, no sé si serán meses o si serán años, a nosotros no nos importa el tiempo que tengamos que luchar por defenderla, pero tengo la seguridad de que en los tiempos venideros la tarea primordial del pueblo de Cuba será defender la Revolución.
Nosotros hemos convocado este acto como parte de esa tarea de defensa de la Revolución.  Lo mismo que la reacción se organiza, lo mismo que los contrarrevolucionarios se organizan y hacen planes, lo mismo que todos los intereses afectados por la Revolución se organizan, lo mismo que el traidor Pedro Luis Díaz Lanz se junta con ese par de buitres que fueron allí a juramentarse en su propósito de agredir a la patria en defensa de intereses extranjeros, lo mismo que los trujillistas, los criminales de guerra, la prensa contrarrevolucionaria, los latifundistas y los reaccionarios de toda clase se juntan, se organizan y se movilizan, el pueblo también se junta, se organiza y se moviliza para defender la Revolución.
Cada cual busca a sus amigos. Ellos le mandan recaditos a Trujillo, reciben favores de Trujillo, reciben ayuda de Trujillo, se entrenan en Santo Domingo; ellos reciben ayuda de los trusts, de los monopolios enemigos de la Revolución; ellos reciben ayuda de los grandes latifundistas que no se resignan a la Reforma Agraria; ellos reciben ayuda de los malversadores; ellos reciben ayuda de los politiqueros; ellos reciben ayuda de los garroteros; ellos reciben ayuda de los explotadores de todas clases y se van juntando, y son defendidos, por ejemplo, por ese periódico que lleva 128 años al servicio de los intereses generales.
De la misma manera en que los contrarrevolucionarios buscan en esos sectores sus amigos, nosotros juntamos a nuestros amigos, que son el trabajador, el campesino, el estudiante, y hay veces aquí en que he oído que se quejan de que yo nada más hablo de los trabajadores, que nada más hablo de los obreros, y que hay muchas personas que no son ni trabajadores ni obreros.  Bien, yo creo que en nuestra Revolución tienen abiertas las puertas todos los que quieran defenderla.
Nuestra causa es una causa justa y todo el que quiera defenderla tiene sus puertas abiertas para recibir su colaboración.  Y hay, efectivamente, muchos profesionales; hay, efectivamente, personas de las llamadas clases medias, en fin, que están de acuerdo con la Revolución pero, desde luego, nosotros vamos a buscar nuestro apoyo en aquellos sectores que más firmes están, en aquellos sectores que, por haber sido también los más maltratados siempre y los más olvidados siempre, han recibido de la Revolución los mayores beneficios; además, porque son los más firmes también, vamos a decirlo con toda claridad.
La clase media se divide entre los que piensan con las consignas del “Diario de la Marina” y comparsa, y entre los que piensan con sentido patriótico, con sentido nacionalista y con sentido de justicia.
Pero, por ejemplo, hay algunas verdades que son evidentes, son clarísimas.  Si ustedes analizan quién cometió un acto contrarrevolucionario: fulano de tal, el político tal que se exilió, el fraile tal que se exilió también, el piloto tal que se fue, y, en fin, cuando ustedes van analizando quiénes son los que son capaces de llevar a cabo una traición a la patria en este momento, difícilmente se encuentren un guajiro entre los exiliados y entre los que se van al Senado a hacer reclamaciones ni nada de eso.
No he visto a ningún guajiro exiliado.  De más está decirles que a nosotros no nos molesta que se exilien, desde luego, de más está decirles que no nos molesta, lo que no tienen que exiliarse, si nosotros les prestamos hasta un barco a todo el que quiera irse de aquí que no esté de acuerdo con la Revolución.  El que no quiera ser cubano, el que no quiera defender a su patria, el que no esté de acuerdo, el que no tenga valor para quedarse aquí a defender esta obra justa que se está haciendo, ese, si se quiere ir, que se vaya.
Nosotros estamos muy claros en la apreciación de cuáles son los sectores del país que más firme y decididamente respaldan a la Revolución y, además, por qué la respaldan; y, por eso, nosotros sabemos en qué sectores tenemos el más sólido apoyo y en qué sectores tenemos el más constante ataque, y, además, el porqué de esos ataques.
Yo nunca me hice ilusiones creyendo que aquí había gente tan patriota, ¡tan patriota!, que cuando nosotros hiciéramos una ley de reforma agraria iban a seguir respaldando a la Revolución , o cuando hiciéramos una ley de alquileres iban a seguir respaldando a la Revolución, o cuando abriéramos las playas, que estaban cercaditas aquí para que se bañaran unos cuantos privilegiados, de par en par para el pueblo iban a seguir respaldando a la Revolución, o cuando nosotros tomáramos aquí una serie de medidas que tienden a poner fin a un número grande de injusticias que ha estado padeciendo nuestra patria, cuando nosotros nos propusiéramos recobrar las riquezas que estaban en manos extranjeras —sobre todo, la tierra—, cuando nos decidiéramos a ponerles coto a los abusos de los monopolios extranjeros que explotan los servicios públicos, cuando nosotros nos decidiéramos a ponerles fin aquí a los sistemas que explotan a los campesinos comprándoles los productos al menor precio posible para vendérselos al pueblo lo más caro posible, cuando nosotros le pusiéramos fin al sistema de privilegio que había en nuestra patria, en que el adulón estaba al servicio del latifundista y del poderoso, la fuerza pública estaba al servicio del poderoso, las autoridades todas estaban al servicio del poderoso...  Aquí para ingresar en un hospital se requerían influencias, los politiqueros aquí campeaban a su antojo; para ir a una escuela se necesitaban influencias; para entrar a un cargo público, influencia; para entregar un aula, influencia; para todo se necesitaba siempre tener alguna amistad y tener alguna prerrogativa especial, y, como bajo esa fórmula habíamos vivido siempre en medio del privilegio y en medio de la injusticia, nosotros sabíamos que el día que nos propusiéramos ponerle fin a todo eso, pues ni los politiqueros, ni los garroteros, ni los latifundistas, ni los intermediarios explotadores del pueblo y de los campesinos, ni todos esos sectores afectados por la Revolución iban a ser tan patriotas que iban a seguir junto a la Revolución.
Y nosotros estamos muy conscientes de por qué se nos combate; nosotros estamos muy conscientes de que no se combate al Gobierno Revolucionario porque haya robado, no se combate al Gobierno Revolucionario porque fomente el vicio, porque fomente el juego, porque fomente el abuso, porque la policía nuestra golpee o vaya a cualquier lugar a comprar y no pague, porque sean insolentes con el pueblo, porque estén cometiendo cualesquiera de aquellas fechorías o de aquellos abusos que se cometían en el pasado.  No se combate al Gobierno Revolucionario porque haya hecho cosas malas; se combate al Gobierno Revolucionario única y exclusivamente porque ha hecho cosas justas y cosas buenas, que no son más que todas aquellas demandas que nuestro pueblo desde hacía mucho tiempo venía reclamando, porque la Revolución no ha hecho sino completar la tarea que se propusieron nuestros mambises.  La Revolución es, en realidad, en todos los órdenes, incluso, en el orden de la soberanía y la independencia nacional, la culminación de los mambises, porque por primera vez nuestra bandera puede ondear de verdad orgullosa en nuestra patria.
Por primera vez el cubano tiene sensación real de que pertenece a una colectividad dueña de sus propios destinos; por primera vez el cubano se siente cubano; por primera vez, incluso, comienzan a conocer nuestra patria en el extranjero, porque antes había muchos norteamericanos que, por ejemplo, les preguntaban: ¿Bueno, y Cuba a qué Estado pertenece?, o, ¿dónde está Cuba?  Y no sabían ni dónde estaba Cuba.  Y había muchos países en el mundo que ni siquiera tenían noticia de que Cuba existía.  Por primera vez el mundo, incluso, empieza a tener conciencia de que hay una nación que se llama Cuba, y que esa nación es nación y no colonia, y que esa nación es dueña de su propio destino.
Por primera vez se está haciendo una obra de desarrollo económico de los recursos del país; por primera vez el Gobierno de la república se ha ocupado de la niñez, incluso, al extremo de haber establecido, en este solo curso escolar —entre las que se han establecido y las que se establecerán antes de que finalice el curso—, en un solo año, el doble de escuelas de las que se habían establecido en 50 años de república; por primera vez el Gobierno no solamente se ocupó de establecer normas morales, de establecer la más completa y absoluta honradez en la administración de los fondos públicos, de erradicar el vicio, de perseguir sin tregua todo el juego, de perseguir el contrabando, de perseguir el tráfico de drogas, de perseguir, en fin, todos los vicios que tenían lastrada nuestra nacionalidad.  Y no solo eso, sino que se ha preocupado de la cultura, se ha preocupado de la economía, se ha preocupado de la vivienda, se ha preocupado de la salubridad, se ha preocupado de todos aquellos aspectos que siempre habían sido olvidados por todos los gobernantes; y no solo eso, sino que ha tenido el Gobierno Revolucionario que realizar esa tarea, cuando el precio del azúcar era más bajo de lo que había sido en 17 años, cuando menos divisas ingresaron por concepto de la venta del azúcar y de los demás productos, como consecuencia de la abundancia de azúcar, como consecuencia de la política errónea del pasado en materia azucarera, como consecuencia de la baja en el precio y, además, como consecuencia del derroche de nuestra reserva, de todas las reservas monetarias que se habían acumulado durante la guerra.
Ustedes recuerdan que durante la guerra no se podía comprar goma, ni se podía comprar gasolina, ni se podía comprar nada; que el precio del azúcar fue alto en aquellos tiempos, y en consecuencia, la nación pudo ir acumulando divisas; sin embargo, esas divisas comenzaron a ser gastadas, porque habían acostumbrado al pueblo a un gasto de importación muy superior a lo que exportaba, y, en consecuencia, de las reservas que existían —reservas que tenían que haberse invertido para establecer industrias, porque para dar trabajo hay que establecer industrias y para comprar una industria hay que pagarla en divisas; es decir, hay que comprarla con lo que nos pagan por los productos que nosotros exportemos—, habían acostumbrado a nuestro pueblo a un gasto de automóviles, por ejemplo, de 35 millones de pesos todos los años.  Es decir, se gastaban 35 millones de dólares en automóviles y, en cambio, mientras los guajiros estaban muriéndose de hambre, mientras no había trabajo en el campo, mientras nosotros estábamos importando arroz, grasa, algodón y todo aquí, solamente en equipos agrícolas se gastaban 5 millones de dólares. Y, en definitiva, el que venía a disfrutar de aquellos automóviles, no era, por cierto, el pueblo; porque yo no conozco a ningún guajiro de ninguna colonia de caña que tuviera un Cadillac, ni tuviera un Buick, ni tuviera un carro de aquellos.
Ustedes se preguntan, ¿adónde iban a pasear con aquellos Cadillac?  Pues iban a pasear a lugares exclusivos, porque el guajiro ni tenía Cadillac, ni tenía playa adonde ir, ni tenía mar, ni tenía centro turístico, ni tenía, en fin, escuela para sus hijos, no tenía prerrogativas.  Y cuando digo el guajiro —aunque estoy consciente de que la situación en el campo era peor que la situación en la ciudad—, estoy consciente también de que al empleado que le pagaban 40 pesos o le pagaban 60 pesos, tenía que pagar 50 de alquiler, pues difícilmente pudiera tener un automóvil, y difícilmente pudiera tener una casa, y difícilmente pudiera ser socio de ninguno de esos clubes.
Así que cuando se gastaba la nación 35 millones de dólares en automóviles, era el gasto que debía invertirse en equipos industriales para sacar a nuestro país del estrangulamiento y de la parálisis económica en que se encontraba.  Sin embargo, esos millones que se gastaban en divisas eran, principalmente, para disfrute de una parte minoritaria de la población.
Es decir que nosotros llegamos a tener que resolver todos esos problemas cuando esa reserva de la nación estaba virtualmente agotada, y, en esas dificilísimas condiciones, tuvimos que emprender la tarea de realizar lo que no se había realizado aquí en 50 años y tuvimos que emprender la tarea de hacer todas las obras, todas las calles, todos los acueductos, todos los caminos, todos los alcantarillados, todas las escuelas, todos los hospitales que no se habían hecho aquí en 50 años, y hacerlos cuando el precio del azúcar era más bajo, y hacerlos cuando nuestras divisas estuvieran agotadas, y, como si todavía fuera poco, hacerlos también con la enemistad de muchos políticos vecinos del norte, con la campaña de casi todas las revistas de más publicación en el vecino país del norte, que nos estaban atacando, nos están atacando y nos seguirán atacando, sencillamente, porque hemos tenido el decoro de defender las cosas de Cuba y defender los intereses de Cuba .
Esos ataques no se lo dedicaban nunca a ningún vendepatria, a ningún gobernante criminal, a ningún gobernante ladrón, a ningún gobernante explotador del vicio, a ningún gobernante que hacía concesiones, como esa concesión repugnante y vergonzosa que se le hizo el mismo día 13 de marzo a la Compañía Cubana de Teléfonos; a un gobernante que hacía concesiones con nuestras minas y les entregaba las concesiones mineras para que se llevaran toda la materia prima y no nos dejaran aquí más que los huecos, a ese gobernante no le dedicaban esos ataques; al gobernante que permitía que desalojaran a los campesinos y que las compañías extranjeras tuvieran cada vez más tierras y fueran cada día más abusadoras con los guajiros y con los obreros, a ese no le dedicaban esos ataques, al gobernante que permitía aquí que misiones militares extranjeras estuvieran instruyendo al ejército de la república —cosa que no hace ningún ejército que realmente se respete, porque un ejército que se respete, sencillamente tiene por jefes a oficiales del país y nada más, y no oficiales que en muchas ocasiones eran los que decidían sobre la conducta que tenía que seguir aquel ejército—; a los gobernantes que no defendían los intereses de Cuba, que no defendían los intereses del pueblo, que no defendían la nacionalidad, a esos gobernantes extranjerizantes, a esos gobernantes vendidos, a esos gobernantes entreguistas, a esos no los atacaban.  Así que es una cosa clara y evidente del porqué de esos ataques, y demuestra en qué difíciles condiciones el Gobierno Revolucionario ha tenido que atravesar este primer año de Revolución.
Y, como si fuera poco, además, aviones partiendo de allá para quemar caña, aviones partiendo para atacar y lanzar una bomba un día en el central Niágara, y otro día lanzarla en el central Punta Alegre, y otro día llevar a cabo un raid contra la propia capital de la república.  Y, como si fuera poco, allá, en el Senado de ese país, los vendepatrias hablándoles a los oídos, como si los problemas de nuestra patria, que tanta sangre y tanto sacrificio han costado a nuestro pueblo, tuvieran que ir a resolverse en el conciliábulo del Senado de un país extranjero, cuando esos problemas son problemas que tienen que resolverse aquí.
Así que como si fueran pocas las dificultades derivadas por la carencia de reservas, por el bajo precio del azúcar, tenemos, por añadidura la enemistad de quienes han estado tratándonos de hacer todo el daño posible y de quienes han estado alentando los movimientos contrarrevolucionarios en el extranjero.
Luego, la Revolución ha tenido que enfrentarse a obstáculos grandes, y tendrá que enfrentarse todavía a obstáculos mayores, porque ese es el precio de un destino mejor; ese es el precio de una patria libre y de un futuro prometedor.
La nación cubana no tendría dificultades si la política del Gobierno y de la Revolución hubiese sido la misma política entreguista, y, entonces, no habría sido una revolución; pero además, por el camino que llevaba nuestro país, ¿qué esperaba a los cubanos, qué esperanza de mejoramiento, qué futuro esperaba a nuestra patria?, porque yo no veía otro que el camino que habían tomado ya muchos de nuestros compatriotas de ir a buscar una visa para ir a ganarse en el extranjero, en tierra extraña, donde se hablaba un idioma extraño, el pan que aquí no se podían ganar, porque la economía del país estaba estrangulada por los monopolios, por los latifundios, por los garroteros, por los politiqueros, por los malversadores y por los explotadores de toda índole que había en nuestra patria; y muchos cubanos, miles de cubanos todos los años, tenían que emprender el camino de la emigración para ir a trabajar en otro país; tenían que olvidarse casi para siempre de su patria; tenían que olvidarse de sus hermanos, tenían que olvidarse de su tierra, porque en su tierra, a pesar de ser una tierra rica, a pesar de ser miembro de una sociedad integrada por un pueblo trabajador, a pesar de ser este un pueblo inteligente, a pesar de tener infinidad de recursos naturales, los cuatro, o los cinco, o los seis y tantos millones —que hemos ido creciendo—, de habitantes que tenía nuestro país, no podían vivir en una tierra tan rica y con recursos tan abundantes, que pudiera darle trabajo y pudiera darle albergue a una población cinco o seis veces mayor que la que tenemos.
Así que por hacer una obra que velara por encima de todo por los intereses del pueblo, porque lo único que no se nos puede reprochar es de haber dado un solo paso en que nuestras miras no hayan estado puestas, primero que nada y por encima de todo, en el interés del pueblo y en el interés de la nación.
Bueno, tú no eres el único que sigues explotado, aquí sigue todavía mucha gente explotada en este país.  Ahora, si tú quieres puedes hablar aquí, puedes abundar en las razones, pero no me estás diciendo nada nuevo, porque tampoco nosotros hemos podido resolver ni podríamos resolver en un año, ni en dos siquiera, ni en tres siquiera, todos los problemas de la república, porque son problemas que tienen hasta 50 años.  ¡Ojala hubiéramos podido ponerles fin en 24 horas a todos los males de nuestro país!  , que por nosotros las soluciones no se harían esperar nunca, ya que hemos tratado de hacer lo más posible.
Hay muchas injusticias por reparar todavía, pero eso no debe desanimarnos porque en un año, solamente en un año, hemos reparado bastantes injusticias. Luego, nosotros estamos muy conscientes de por qué se nos combate, quiénes nos combaten y cómo nos combaten. La reacción acude a todas las armas, incluso, las armas más disimuladas y más sutiles.  Ustedes, que han sido testigos de la última maniobra de la reacción, han visto, incluso, cómo quisieron poner a Dios contra la Revolución o a la Revolución contra Dios; es decir que ustedes, que son cubanos protagonistas de esta etapa que está viviendo nuestra patria y que, además, son inteligentes, han estado al tanto de todos los planes, porque no han vacilado en acudir a las armas más refinadas.
¿Qué es lo que pasa ahí, señores?  
Bueno, si ese es un señor que tiene algún problema y lo quiere discutir, que venga aquí a discutirlo.  Yo ignoro qué problema tiene ese señor, yo lo ignoro, pero si tiene algún problema y quiere discutirlo lo discutimos aquí, lo que no tiene derecho es a estar interrumpiendo aquí este acto.
―― Muy buenas noches, señoras y señores.
CMDTE. FIDEL CASTRO.-  Vamos a ahorrar trabajo.  ¿Cuál es tu problema?
―― Bueno, el problema mío es un problema de trabajo en el giro.
CMDTE. FIDEL CASTRO.­-  ¿Y cuál es el giro tuyo aquí?
―― Bueno, tengo una barbería que la abrí por el Gobierno Revolucionario, bajo una ley del Gobierno Revolucionario... en mi derecho de subsistir como trabajador que soy, que me han explotado toda la vida los dueños de la barbería...
CMDTE. FIDEL CASTRO.­-  Tú abriste una barbería, ¿y qué problemas tienes con la barbería?
―― Bueno, que no hay...  para poderla abrir...
CMDTE. FIDEL CASTRO.­-  Bueno, está bien.  Considerando todo el derecho que tú puedas tener a abrir una barbería, a resolver el problema, yo te voy a hacer una pregunta que es lo que yo quiero que tú me contestes.  ¿Tú estabas oyendo lo que yo estaba hablando?  ¿Tú me estabas oyendo?
―― No, yo estaba hablando.
CMDTE. FIDEL CASTRO.- Tú no me estabas oyendo, ¿verdad?  Yo te voy a hacer una pregunta.  ¿Tú crees que es correcto, que tú, como ciudadano, que debes tener las mismas preocupaciones que tiene todo el pueblo por su destino, por su patria, por los grandes problemas que tienen en estos momentos, tú debes interrumpir el acto, dime, para venir aquí a plantear tu problema particular?  ¿Tú no crees que debías haber ido al sindicato...?  Si tú no estabas oyendo, como has reconocido aquí, tú no tienes derecho a venir a interrumpir aquí al pueblo, en primer lugar; y, en segundo lugar, a un miembro del Gobierno que le está hablando al pueblo.  Ve al Ministerio del Trabajo, ve al Ministerio de Comercio, ve al sindicato y resuelve allí tu problema, no interrumpas el acto de un domingo, que hoy todo el mundo dejó de ir al cine, dejó de ir a la playa, para efectuar este acto.
―― Le pido disculpas al pueblo de Cuba, porque abrí mi barbería por las leyes fundamentales de la Revolución, que me dan todo derecho a abrir la barbería, ¿comprenden?, y están combatiendo a los dueños de las barberías; le pido perdón al pueblo este porque yo estaba...  
CMDTE. FIDEL CASTRO.- Cuando uno ve estos casos, no le queda más remedio que meditar sobre los problemas de los pueblos; no le queda más remedio que meditar en los infinitos obstáculos que un pueblo tiene que vencer para marchar adelante, porque hay personas que hasta sin darse cuenta hacen daño; hay personas que hasta sin darse cuenta hacen una tarea contrarrevolucionaria, hay personas que sin darse cuenta confunden, se dejan confundir, se preocupan por sus cosas personales. Comprendo que todo el mundo tiene problemas personales y comprendo que todo el mundo tiene sus grandes preocupaciones, pero creo que los cubanos debemos olvidarnos un poco más de nuestros problemas exclusivamente personales, porque hay un refrán que dice, que una golondrina no compone verano, y los individuos no podrán resolver nunca por sí mismos sus problemas; la fuerza de los individuos está en el pueblo, en la agrupación; está en la fuerza de todos.
Los problemas individuales que tiene cada cubano son consecuencia de no haber sabido actuar colectivamente, son la consecuencia de haber sabido marchar adelante como pueblo, porque la fuerza de los individuos está en que haya muchos individuos como él dispuestos a juntar sus fuerzas para llevar adelante una obra, y esa es hoy, precisamente, la gran tarea de nuestro pueblo:  olvidarnos de las cosas individuales.
¡Hay un millón de problemas que no puede resolver la Revolución!, ¡hay un millón de problemas individuales!, constantemente nosotros nos encontramos con casos de personas que tienen una necesidad y los mandamos al Ministerio de Asistencia Social, sencillamente, porque nosotros no podemos estar metiéndonos las manos en el bolsillo para dar una limosna, porque una de las cosas que debemos hacer es erradicar la limosna de nuestra patria.  La limosna es un vicio en nuestra patria.  La satisfacción de las necesidades de una persona que no pueda valerse por sí misma no debe depender de que haya un individuo generoso que la ayude, sino que debe ser todo el pueblo quien la ayude, debe ser la nación quien la ayude; para eso pertenecemos a un pueblo, para eso pertenecemos a una nación, para que, cuando algún miembro de esa nación no pueda valerse por sí mismo, cuando esté viejo, o porque esté inválido por cualquier accidente, o porque esté enfermo y no tenga recursos, sea la nación quien se los proporcione, y no tenga que estar dependiendo de los individuos.
Estamos cruzando esos calvarios que se deben a todos los errores del pasado, a todo el abandono del pasado y, naturalmente, hay muchos casos individuales que no se pueden resolver; perderíamos nuestro tiempo si abandonáramos las grandes tareas de la nación para ir resolviendo, al estilo de los políticos, los problemas uno a uno, porque por culpa de ese sistema y por culpa de ese individualismo, y por culpa de considerar al político como a la persona que tenía que resolverles el problema a todos y a cada uno, y no el problema a todos; y por culpa de estar considerando los políticos al pueblo, a los ciudadanos, como individuos que tenían cédulas para que les dieran el voto, es que la república está pagando ahora al precio de sacrificios y de dolor, como tiene que estarlo pagando.
Nosotros no podemos resolver todos los problemas, sencillamente, porque hemos recibido una herencia, que es la herencia de un país atrasado económicamente, la herencia de un país lleno de necesidades, la herencia de un país lleno de desempleados, la herencia de una economía estrangulada y la tarea enorme de tener que resolver esos problemas en medio de las dificultades que nos plantean:  primero, la escasez de los recursos de la nación; segundo, el gran número de enemigos que tiene un pueblo cuando decide librarse del yugo de la explotación colonial, como la que existía en nuestra patria.
Creo que tenemos mucho que aprender todavía, creo que los cubanos solos aprendimos; todos, ustedes y nosotros, hemos aprendido bastante con la experiencia de este primer año de Revolución, pero creo también que tenemos por delante mucho que aprender todavía, y tenemos que aprender sobre la marcha, porque el precio de no aprender sería de nuevo la esclavitud; el precio de no saber afrontar con inteligencia los problemas y de no sabernos educar sobre la marcha, sería el regreso al pasado.
Mucho ha aprendido el pueblo y mucho tiene que aprender todavía, algo hemos aprendido nosotros y mucho tenemos que aprender todavía; pero, sobre todo, es importante que estemos claros y conozcamos bien las raíces de nuestros problemas actuales y las causas de las piedras que le quieren poner en el camino a la Revolución, y quiénes son los que le quieren poner esas piedras. En lo que más conscientes debemos estar todos es en el problema general de la Revolución, en la marcha de la Revolución, los obstáculos que tiene delante y cómo nosotros debemos ir venciendo esos obstáculos.
Les hablaba del porqué se nos combatía, cómo se nos combatía, no porque hubiéramos hecho lo que se hizo en el pasado, sino se nos combate por estar haciendo todo lo bueno que no se hizo en el pasado y estar erradicando todo lo malo que existió en el pasado, porque esas deserciones, esas acusaciones, esas campañas, esas agrupaciones que se forman contra la Revolución, obedecen a una sola razón, de la cual está consciente el pueblo:  obedecen al propósito de los privilegiados, al propósito de los grandes intereses de cortar la Revolución; de derrotar la Revolución, para que en Cuba vuelva a imperar aquel pasado sin esperanzas para el pueblo, pero que, en cambio, era el pasado de grandes beneficios para los privilegiados, para las camarillas que hacían y deshacían en los destinos de la patria, sin considerar para nada al pueblo, porque el pueblo en el pasado era un cero a la izquierda y el pueblo hoy es un cero a la derecha, cada ciudadano hoy es un cero a la derecha.
Hoy cada ciudadano cuenta, hoy cada ciudadano vale, hoy cada ciudadano es necesario, y todo lo que se hace contra la Revolución es el intento de que volvamos a vivir como en el pasado, pasado al que no quiere nuestro pueblo volver, porque el pueblo era un grupito de privilegiados, que porque tuvieron la fortuna de ser ellos los que estudiaron, porque tuvieron la fortuna de ser ellos los que adquirieron los refinamientos de una cultura ficticia y falsa, porque no era inculcarles a los hombres la verdad, sino inculcarles a los hombres los prejuicios, las mentiras y los métodos de tener engañado y tener explotado al pueblo.
El pueblo no lo constituyen los privilegiados, los privilegiados constituyen, todo lo más, el antipueblo; porque han sido los enemigos de los intereses del pueblo y lo que quieren es que volvamos al pasado.  Claro, se valen de todos los medios, de todas las artimañas, de todos los trucos, de todos los refinamientos, de todos los recursos.  Esos que, por ejemplo, riegan bolas, no dándose cuenta siquiera que la bola está de más, porque una bola puede prosperar contra un grupo de reaccionarios, contra un gobierno inmoral y criminal, pero las bolas contra un gobierno revolucionario solo sirven para que el Gobierno Revolucionario las batee contra la cerca.
Y hay dos estilos completamente distintos, un estilo de los que estén contra los intereses del pueblo y un estilo de los que están con los intereses del pueblo; a los que estaban contra los intereses del pueblo les convenía tener al pueblo confundido y engañado. Antes, por ejemplo, cuando se hacían campañas de:  “no compre”, “no gaste”, pues en aquella época eso podía hacerle daño a todo aquel andamiaje, porque no comprar y no vender perjudicaba naturalmente, sobre todo, los intereses de los que obtenían sus dividendos de sus márgenes de no comprar.  Pero nosotros que tenemos no un problema de superproducción, no un problema de contracción, sino que nuestro problema, por el contrario, es de falta de producción, nuestro problema es producir en el país todo lo que se está importando y exhortar al pueblo al ahorro, porque ha aumentado la capacidad de consumo, y aumenta cada día la capacidad de consumo, cuando vienen con el truquito de:  “no compren”, les decimos:  “muchas gracias, porque con eso está usted contribuyendo al ahorro”, y, sobre todo, si los que no compran son esos que les gusta comprar artículos de importación y mucho lujo y no compran, nosotros les decimos:  “muchas gracias, no compren” .
Y cuando se quieren llevar... Por ejemplo, sé perfectamente que eso no afectará a los que trabajan en el comercio, porque sé que cada día es mayor y cada día será mayor el volumen de venta.  ¿Por qué?, porque ahora está comprando el pueblo que antes no compraba. Bien arreglados estaríamos nosotros si tuviéramos que depender de lo que compraran los latifundistas y todos esos señores; a nosotros lo que nos interesa es que compren todos los ciudadanos, que todos los ciudadanos tengan con qué comprar y que en todos los centros comerciales haya artículos que venderle a cada ciudadano que tiene un medio de vida, y que haya cada día más ciudadanos con medios de vida.  Eso es una cosa clara.
Cuando vinieron y empezaron a sacar el dinero del banco y bolas de que se iban a coger el dinero del banco, nosotros dijimos: “ni se molesten, si quieren llévense todo el dinero del banco porque, en definitiva, esos son papeles, llévense los papeles si quieren, nosotros podemos hacer otros papeles exactamente igual que esos”. Otra bola para crear problemas económicos que, en definitiva, al Gobierno Revolucionario no le hacían ninguna mella.
Cuando empezaron a regar que venían y que iban a invadir, así, ¿quién le va a callar el peligro al pueblo?, ¿nosotros? No, todo lo contrario; nosotros en cuanto hay un peligro de invasión lo que empezamos es a entrenar al pueblo y empezamos a alertar al pueblo, porque no es lo mismo el estilo de gobierno con el pueblo que el estilo de gobierno contra el pueblo.  Antes iba a hacer una invasión y avisaban a los que tenían el poder porque no querían que el pueblo se agitara; pero cuando empiezan a rodar bolas de que vienen tal día o más cual día, puede ser todo lo contrario, nosotros somos los primeros interesados en que el pueblo esté alerta y que el pueblo lo sepa, porque nuestra técnica no puede ser nunca la de engañar al pueblo, ya que el pueblo es nuestro amigo y nuestro apoyo, y tenemos que tener al pueblo orientado.
Claro, hay algunas bolas que son de carácter maligno, porque ya no se habla de expediciones, son las bolas que regaban en los días en que desapareció nuestro compañero Camilo Cienfuegos, esas bolas de mala índole, esas bolas horribles en que empezaron a divulgar las más infames versiones sobre la dolorosa desaparición del compañero Camilo Cienfuegos. Ese es el tipo de bola que ya rompe todos los records de ruindad y de mala fe, y que son las bolas que se entretienen en regar por teléfono, ¿quiénes?, los que tienen tres teléfonos en su casa; ¿quiénes?, los que no tienen que trabajar porque les sobra el tiempo; ¿quiénes?, los que pueden estar jugando bridge, canasta y pocker todo el día porque les sobra el tiempo para estar jugando bridge y canasta; ¿quiénes?, los que se reúnen a tomar highball en los clubes aristocráticos; ¿quiénes?, los que tienen máquina con chofer para estar todo el día chismeando de casa en casa, que son los que riegan esas bolas; ¿quiénes?, los que tienen cuatro criadas:  una para que cocine, una para que lave, otra para que limpie la casa, otra para que cuide el jardín y otra para que saque el niño a pasear.
Claro que son los que se dedican a hacer esas campañas, porque disfrutan de todo el tiempo necesario, de todas las comodidades, de todas las ventajas, y, naturalmente, tienen las facilidades de hacerlo, los refinamientos para hacerlo, saben dónde tienen que ir a decir un chisme; cuentan, además, con numerosos recursos, cuentan con prensa reaccionaria, cuentan siempre con alguno que otro grupo, cuentan con alguno que otro centro donde regar campañas.
Y así, mientras, por un lado, por ejemplo, ustedes se encuentran que cualquier medida que el gobierno tomaba con respecto a la enseñanza, empezaban a decir que eran medidas contra la enseñanza privada, por otro lado, en algunos lugares y algunos centros de enseñanza privada, se dedican a hacerles a los muchachos una conciencia contrarrevolucionaria y a hacer campaña contra la Revolución.
No estoy más que exponiendo esto y no estoy más que explicando de las armas que se valen, por todos los medios posibles, todos los instrumentos posibles, todos los refinamientos posibles para hacerle daño a la Revolución; es decir que ellos están en posesión de recursos, están en posesión de medios, de una cultura, una preparación, tienen acceso a los órganos reaccionarios de publicidad, tienen el apoyo de la UPI, la AP, “Time”, “Life” y todas esas revistas.
Ustedes mismos tuvieron la oportunidad de ver una carta, en la cual el señor Núñez Portuondo informaba de los acuerdos a que había llegado con una de esas revistas, pagándole una cantidad determinada de dinero para hacer campañas contra Cuba, y así es como se ha ido tejiendo toda la campaña de calumnias y todas las consignas contra nuestra Revolución.  ¿Por qué?, porque no son solamente los privilegiados de aquí, son los privilegiados de otros países, los periódicos reaccionarios de otros países, los recursos de los grandes monopolios que afectados por las leyes revolucionarias controlan en el mundo miles de periódicos, y a través de los cables internacionales, a través de las revistas y los periódicos que editan en todo el mundo, han estado dedicados a hacer campañas. ¿Contra quién? Contra nuestra pequeña nación.
Porque una revolución que se desenvuelve en un escenario tan pequeño como es nuestra isla y en medio de una población de 6 millones de habitantes, no tenía por qué preocupar tanto a ciertos intereses muy poderosos; y si les preocupa es sencillamente porque estamos actuando dentro de la razón; si les preocupa es porque estamos haciendo una cosa que tal vez en un futuro más o menos lejano hagan también otros pueblos, porque este grito de rebeldía del pueblo cubano, este grito revolucionario del pueblo cubano, lo que preocupa de Cuba es, sobre todo, el ejemplo, que pueda servir para que otros pueblos vean también claro su camino e imiten al pueblo cubano en su obra revolucionaria .
La reacción siempre trata de sembrar la confusión sobre el pueblo, ¿por qué?, porque saben que el pueblo es la fuerza de la Revolución y entonces crean todos los medíos.  Toda su maniobra va dirigida contra el pueblo y si el pueblo se confunde quien paga es el pueblo, quien sufre las consecuencias es el pueblo; pero la técnica es confundir al pueblo para ver cómo debilitan a la Revolución, cómo le resta simpatizantes a la Revolución y como le pueden volver a poner el pie encima al pueblo.  Esa es toda la jugada.
Pero, naturalmente, a pesar de todos los recursos con que ellos cuentan, sin embargo, nosotros estamos convencidos de que esos propósitos no podrán lograrlo.
Desde luego que no hay que pensar en la generación espontánea, hay que pensar no que vamos a ganar la batalla solo porque tenemos la razón; las batallas hay que ganarlas no solo porque se tenga la razón, sino porque se luche y porque se pelee; no solo porque se tenga la razón, porque la razón la teníamos desde hace mucho tiempo, ¿quién lo duda?; la razón la tenía el pueblo hace 50 años, hace 100 años tenía el pueblo de Cuba la razón, y sin embargo, no había podido hacerla valer.  Lo importante no es solo tener la razón, sino hacer triunfar la razón y esa tiene que ser nuestra tarea: el hacer triunfar la razón que tiene el pueblo, el conducir la Revolución de manera que esa razón salga victoriosa frente a todos sus enemigos.
Luego, yo confío en el triunfo definitivo de la Revolución, pero no solo porque tengamos la razón, sino porque vamos a seguir dando la batalla en favor de esa razón, para su triunfo definitivo.
Cuando nosotros reunimos aquí a los empleados de comercio, sabemos por qué los estamos reuniendo, porque sabemos que los empleados de comercio, como los barberos, como las muchachas que trabajan en las peluquerías, están en la primera línea de la batalla frente a los ataques de la contrarrevolución, porque son los ciudadanos que tienen el contacto directo con el público. Ese público es un público variado; una gran parte del público, la mayor parte del público que va a las tiendas es un público del mismo pueblo y, por tanto, un público revolucionario. A la barbería, naturalmente, va todo el pueblo, porque hasta los barbudos van a la barbería de vez en cuando a arreglarse la barba.
Pero también es cierto lo siguiente: hay algo de lo cual el elemento reaccionario y contrarrevolucionario no puede prescindir: de la barbería, de la peluquería y de la tienda. No puede prescindir, porque por mucho que se queje ese elemento reaccionario y contrarrevolucionario, por mucho que se queje de la Revolución, resulta que le queda de sobra todavía a mucha gente aquí para ir a comprar a las tiendas, para ir a las peluquerías.  Ustedes saben que durante un tiempo disminuyó el trabajo en las peluquerías, porque frente a la Ley de alquileres y frente a la Reforma Agraria, en reacción contra eso no fue cierta gente a la peluquería.
Pero terminó yendo a la peluquería, porque si hay algo de lo cual difícilmente puedan prescindir ciertas personas contrarrevolucionarias es de ir a arreglarse a la peluquería ; están un mes, dos meses, dos meses y medio, tres meses, pero al cuarto mes van para la peluquería de todas formas. ¿Por qué?, porque si no van a la peluquería no podrían ir al club, no podrían ir a jugar canasta, no podrían ir a las fiestas y si no van a las canastas, si no van al club, si no van a los parques, si no van a la peluquería, ¿adónde van a ir?  
Es decir que en un principio trataron de sabotearnos, pero tampoco nos preocupaba, porque nosotros decíamos: vamos a suponer que alguna gente pueda ir menos a la peluquería, porque le sobra menos dinero; pero en cambio mucha gente que antes no podía ir a la peluquería iba a ir a la peluquería. Una empleada de comercio que ganaba 40 pesos no podía ir a la peluquería, pero si gana 80, si gana 100, si gana 125, puede ir a la peluquería, que para eso las empleadas de comercio son muchachas muy simpáticas y bien que se merecen ir a arreglarse a la peluquería.
Y, en definitiva, en eso es como en las tiendas, lo que interesa no es que puedan ir unos pocos a la peluquería, lo que interesa es que la esposa de cualquier obrero pueda ir a la peluquería, cualquier empleada pueda ir a la peluquería; es decir, que pueda recibir esos servicios, que mientras más cubanas los puedan disfrutar, más cubanas trabajarán en ese sector y una parte mayor del pueblo podrá disfrutar de aquello que antes era privilegio de un grupo reducido.  Así que tampoco nos preocupaba aquel sabotaje, porque, claro, tenemos que pasar por esos períodos de transformación en que vienen ciertos desajustes, pero que, afortunadamente, son pasajeros y que, sin embargo, preparan el camino para un futuro mejor.
Y yo sé que en las tiendas, cuando llega un elemento contrarrevolucionario y reaccionario, allí van a tratar de inculcar e inyectar el veneno; incluso, acuden a las peores armas, acuden a las peores intrigas, acuden a las peores mentiras.
Nosotros hemos tenido informes de personas que simplemente han llegado y decían: “Ven este libro, me lo regaló tal revolucionario”, eso en una tienda.  Claro, cuando hemos ido a ver, como sabemos todos, es absolutamente falso, pues se ha descubierto que eran elementos vinculados a ciertos señores del pasado, pero que sin escrúpulos de ninguna índole llegan a un lugar y hacen una afirmación de esa índole.
Cito este caso solo por vía de ejemplo, cito este caso por vía de ejemplo, pero sé que cuando van a las tiendas tratan de regar sus bolas, cuando van a la peluquería tratan de regar sus bolas, y cuando algún reaccionario va a la barbería trata de regar sus bolas.
Ellos utilizan ese procedimiento para hacerle daño a la Revolución, pero la Revolución tiene derecho a organizar también a los barberos y a las compañeras que trabajan en las peluquerías, y a los compañeros y compañeras que trabajan en las tiendas para contrarrestar estas campañas contrarrevolucionarias y contrarrestarlas con campañas revolucionarias. Que no crean que los empleados se tienen que tragar las mentiras que digan y tengan que soportar las infamias que hablan; que no crean que no van a encontrar resistencia.  Es deber de todos luchar por la Revolución dondequiera que estemos; que va la más encumbrada señora a comprar algo, se le atiende con cortesía, con finura, con respeto y con todas las consideraciones con que podemos atender a la más humilde cubana, que es madre de familia y que vaya allí, pero que va a lanzar una consigna contrarrevolucionaria, hay que salirle al paso y contestarle inmediatamente.  Si va allí, a cualquier tienda, sí, a cualquier tienda, a cualquier peluquería, a cualquier barbería, cuando vaya a inyectar su veneno contrarrevolucionario hay que salirle al paso y decirle: ¡Eso es mentira!  ¡Eso está contra el pueblo, esto está contra la Revolución!  
Hay que salirle al paso y decirle:  ¡Vaya a chismear al club si quiere!  Vaya a reunirse allá con los afectados por las leyes revolucionarias, a hablar mal de la Revolución, pero aquí no venga a hablar mal de la Revolución, porque de acuerdo con el lema de los empleados de comercio, el cliente siempre tiene la razón, menos cuando ataca a la Revolución.
Y no hay que preocuparse, no hay que preocuparse porque se pongan bravos, porque si no van a esa tienda, tendrán que ir a otra, y si en la otra van a hacer lo mismo se van a encontrar otro empleado que les va a hacer lo mismo y si no compra en esa, ni en la otra ni en la otra, no compran en ninguna parte, no tienen dónde comprar, entonces tendrían que ir a comprar afuera, pero si van al Banco Nacional a pedir dólares para comprar afuera, no les dan dólares en el Banco Nacional.
Hay otra cosa muy interesante que es bueno que los empleados del comercio recuerden:  ¿Cuándo ustedes vieron a un guajirito ir a comprar a Miami? ¿Cuándo ustedes vieron una guajirita ir a comprar a Miami? Ustedes saben que aquí había mucha gente que se iba a comprar a Miami, no compraba aquí; no les daban vida ni a los productos del país, ni siquiera a los empleados del país, porque iban al extranjero a comprar productos extranjeros, ni siquiera los compraban en Cuba, y ahora, naturalmente, con el aumento de los consumos de los productos del país y no pudiendo ir a gastar el dinero en el extranjero, no les queda más remedio que comprar aquí, así que no hay que preocuparse, porque si no compran aquí, dónde van a comprar.
Y, desde luego, cada empleado, cada trabajador debe considerar cualquier ataque a la Revolución como un ataque a sus intereses, como un ataque a sus sentimientos, como un ataque a sus simpatías. Porque, ¿qué daño le ha hecho la Revolución al pueblo? ¿Qué daño le ha hecho a ningún empleado ni a ningún obrero? ¿Qué ha hecho la Revolución si no ayudar por todos los medios a su alcance al obrero, al campesino, a las familias humildes del país?  ¿Por qué tiene que venir alguien a querer faltarle el respeto a un empleado o a un obrero? ¿Por qué tiene que venir ningún señorón o ninguna señorona encumbradora a herirle los sentimientos a algún trabajador?  Por qué tiene que venir a humillarlo, si saben que los trabajadores están con la Revolución, precisamente, porque la Revolución ha ayudado a las familias humildes, y que los trabajadores y los campesinos están con la Revolución, porque los latifundistas están contra ella y los grandes privilegios y los grandes intereses están contra ella.  Si lo saben, ¿por qué tienen que venir a faltarles el respeto a ningún empleado de ninguna tienda o a cualquier empleado de una peluquería? ¿Qué creen, que le están haciendo un favor a la empleada de la peluquería?  No, señor, es la empleada de la peluquería, la que está trabajando allí, para que toda señora vaya más elegante.
Todos los empleados de esa tienda se tienen que levantar temprano y tienen que montarse en una guagua para ir al trabajo, para que aquella persona pueda salir al club, muy bien vestida, y muy bien perfumada, y muy bien comida. Es decir que el favor no se lo están haciendo a ese empleado, es ese empleado el que está prestando un servicio, del cual se están beneficiando privilegiadamente algunos más que los demás. En último caso, el favor no lo está haciendo el que va a recibir ese servicio, el favor, en todo caso, el bien, lo está haciendo quien está prestando ese servicio; luego, no hay derecho ninguno a ir allí a faltarle a los sentimientos de ese empleado, a faltarle al sentimiento de ese obrero, a querer convertirlo en víctima de un engaño y de una mentira más. ¡Mentiras, ya hubo bastante durante cincuenta años!, ¡engaños, ya hubo bastante durante cincuenta años de república! ¡Las mentiras y los engaños se acabaron!  Si quieren engañarse unos a otros que vayan al club a engañarse unos a otros, pero que no vayan a sembrar el veneno al revolucionario en las peluquerías y en las tiendas.
Es decir, es norma de cada empleado y de cada obrero, el brindar un servicio con la mayor eficiencia siempre, con el mayor respeto siempre, porque nosotros debemos impregnarnos y esmerarnos en servirnos unos a otros, todos.  Lo único que no se le puede pedir a un empleado es que tenga que callarse la boca, porque aceptar una mentira de esas y un ataque a la Revolución es lo que no se le puede pedir a ningún empleado; que se quede callado, es lo que no se le puede pedir a ningún empleado, porque le están atacando sus intereses, le están atacando sus sentimientos, y los enemigos de la Revolución deben saber que van a encontrar resistencia dondequiera. Cuando chismean, resistencia al chisme; cuando intrigan y calumnian, resistencia a la intriga y a la calumnia, y cuando desembarquen, resistencia armada al desembarco.  Es decir que cada uno debe estar en su puesto.
¿Y por qué cuando le hacemos resistencia estamos sirviendo a la Revolución? ¿Por qué estamos, tal vez, ahorrando vidas humanas? ¿Por qué? Porque hay que conocer el estado de ánimo y el estado psicológico en que se gestan las contrarrevoluciones.
Ellos, por ejemplo, leen un periódico de estos contrarrevolucionarios, en sus casas, muy tranquilos; escriben todas aquellas frases y razonamientos antirrevolucionarios, que halagan a los contrarrevolucionarios, los leen, se regocijan con aquello que leen y se envalentonan, además.
En el extranjero, en ese micromundo en que viven los contrarrevolucionarios, como decía el Presidente de la República, en ese pequeño mundo donde viven, reciben esos periódicos contrarrevolucionarios que describen lo que ellos piensan, lo que ellos están hablando con otros contrarrevolucionarios y se sienten envalentonados; si van a la calle y empiezan a hablar, y por cortesía, por finura o porque venga el patrón y se lo ordene tiene el empleado que soportarlo, se envalentonan.  En la misma medida en que encuentren resistencia, en la misma medida en que se encuentren con que el pueblo está alerta en todas partes y en la misma medida en que sepan que no engañan ni confunden a nadie, se sentirán menos envalentonados.
A nosotros, al pueblo, al Gobierno, al Ejército Rebelde, a las Fuerzas Armadas Revolucionarias, no nos importan los sacrificios que tengamos que hacer, ni las batallas que tengamos que librar; pero es nuestro deber desarmar moralmente a los enemigos de la Revolución. ¡Ojala pudiera defenderse la Revolución sin que tenga que perderse una sola vida de ciudadano, una sola vida de obrero, de campesino o de soldado o de militar revolucionario!  ¡Ojala no haya que derramar sangre!  Los hombres y las mujeres de nuestro pueblo están dispuestos a derramar la que sea necesaria por defender la Revolución, pero tenemos que empezar no a darle la batalla en las trincheras, no en las costas, no en las ciudades, la batalla tenemos que dársela en todas partes, dondequiera que haya un contrarrevolucionario hay que salirle al paso, hay que responderle.
La batalla hay que darla constantemente en la peluquería, en la barbería, en la tienda, en el restaurante, en el hotel, en la guagua; porque cuando lleguen a la guagua se van a encontrar con que el conductor y el chofer son revolucionarios, se van a encontrar con que el que está viajando allí es un empleado de alguna tienda, un hombre humilde del pueblo; cuando vayan a un restaurante, se van a encontrar con que el que los está sirviendo es un revolucionario, porque es un hombre humilde del pueblo que está allí también trabajando; cuando vayan a un hotel, se van a encontrar con que el que está allí es un revolucionario, porque no están solo los barberos, ni los peluqueros, ni los empleados y empleadas de las tiendas, ¡no!, los gastronómicos están en la misma actitud revolucionaria, los obreros del transporte están en la misma actitud revolucionaria, los obreros de los hoteles, los obreros de los centros de diversiones, los obreros de todos los sectores donde se presta algún servicio o se produce algo, están en la misma actitud revolucionaria.  Ese es nuestro ejército, ese es nuestro pueblo, que tiene que dar solo vidas, y tiene que demostrar su espíritu de lucha; dondequiera que pueda abrir la boca un contrarrevolucionario, salirle al paso y combatirlo y decirle:  “usted lo que está haciendo es una labor disociadora, usted lo que está haciendo es una labor calumniosa, usted lo que está haciendo es una campaña a favor de los enemigos de la patria y en favor de los grandes intereses que han explotado a nuestro pueblo, usted es un contrarrevolucionario”, y salirle al paso dondequiera que se encuentren.
Y no solo eso, ¿qué es lo que quieren, que vuelvan los esbirros?  ¿Qué es lo que pretenden esos señores, que vuelvan aquí los esbirros, que vuelvan los criminales de guerra, que vuelvan los garitos, que vuelva el vicio, que vuelva aquella humillación en que vivía nuestra patria?  Eso es lo que quieren.  Bueno, pues para que no vuelvan es que tenemos que estar presentes en todas partes, luchando y combatiéndolos, y no solamente saliéndoles al paso: ¡vigilándolos, observándolos!  Porque si ellos estuvieron abusando del pueblo, manteniendo al pueblo en la humillación, si todos esos chivatos y todos esos entreguistas, que entregaban a una familia, que entregaban a los revolucionarios y que costaron muchas vidas, conforme ellos estaban espiando antes al pueblo, el pueblo entero los va a estar espiando ahora a ellos; conforme ellos estaban antes vigilando al pueblo, el pueblo los va a estar vigilando a ellos ahora, y los va a estar vigilando en todas partes:  en las tiendas, en las peluquerías, en las barberías, en los centros de diversiones, en los hoteles, en los restaurantes, en el barrio, en los edificios de apartamentos.  Hay que ver dónde se meten; esa máquina sospechosa, ir allí, a la primera estación de policía, para allí, cívicamente y abiertamente, porque es el pueblo vigilando a los enemigos de la Revolución, es el pueblo denunciando a los enemigos de la Revolución.
Es el pueblo que no cobra, es el pueblo que está defendiendo una causa justa, es el pueblo que va a hacer igual que los campesinos de la Sierra Maestra, porque los campesinos cuando venía una columna de guardias por un lado, antes de que terminaran de caminar un kilómetro, ya los rebeldes sabíamos por dónde venía el enemigo, ya los rebeldes sabíamos quiénes eran los chivatos, ya los rebeldes sabíamos quiénes eran los enemigos de la Revolución.  Nosotros no necesitábamos chivatos, ni necesitábamos fuentes de información, ¿por qué?, porque todos los campesinos sabían que su primer deber era informar por dónde venía aquel enemigo que le iba a quemar su casa, que le iba a matar a sus hijos, que le iba a destruir lo que tenía, y en ese ánimo tiene que estar el pueblo, porque sabe que si algún día vinieran los invasores mercenarios a nuestra patria sería para destruir las casas, sería para destruir los hogares, sería para asesinar al hijo, o al hermano, o al esposo, o al padre, sería para volver a establecer aquí la bota de la tiranía, de la opresión y de la explotación, y eso lo sabe el pueblo, y por eso, vamos a ver cómo pueden poner bombas, vamos a ver cómo pueden hacer atentados.
Y todos saben que anoche realizaron una de las fechorías, y atacaron a la escolta del Ministro del Trabajo y trataron de matar a los compañeros militares que viajaban en esa máquina.  Alguien paga esas manos criminales, alguien sostiene esas manos criminales, en algún automóvil viajan, en alguna casa se esconden, y es difícil que haya un solo edificio donde no vivan muchos revolucionarios, es difícil que haya un solo barrio humilde donde no vivan muchos revolucionarios y aun en esos barrios aristocráticos hay muchos obreros, porque están los empleados del servicio doméstico, están los empleados de los jardines, están los empleados de los automóviles, así que nosotros tenemos en todas partes un revolucionario.
Como esta es una revolución que está ayudando a los que necesitaban de la ayuda de la Revolución, como está ayudando a las familias humildes y las familias humildes son las que han sido víctimas de los abusos, son las que tuvieron que pagar todas las consecuencias de los malos gobiernos, en dondequiera hay un hombre humilde del pueblo, en dondequiera hay un empleado, en dondequiera hay un compatriota que sabe que su deber es ayudar al Gobierno Revolucionario y no ayudar a los que han estado al servicio de los intereses que lo explotan, no ayudar a los que han estado al servicio de los intereses antinacionales, y saben que su esperanza de mejorar, su esperanza de que en un mañana sus hijos tengan un destino mejor que el que hoy ellos han tenido, su esperanza de que sus hijos no vivan en la humillación en que han tenido que vivir ellos, en la pobreza y en la miseria en que han tenido que vivir ellos, en el desvalimiento en que han tenida que vivir ellos está el que juntos todos los verdaderos cubanos, juntos todos los hombres humildes, juntos todos los hombres honrados, juntos todos los hombres dignos de la patria les demos la batalla y les ganemos la batalla a los enemigos de la patria, a los indignos, a los contrarrevolucionarios.
En alguna casa se tienen que esconder los asesinos, en alguna casa se tienen que esconder los mercenarios, en algún lugar tienen que tener su guarida los criminales de guerra y los asesinos pagados por los trusts, los monopolios y los intereses extranjeros y por los grandes intereses de los privilegiados y los reaccionarios. En algún lugar tienen que ocultarse, en algún lugar tienen que mostrarse, aunque solo sea cruzando una calle, aunque solo sea cruzando un pasillo; en algún lugar tienen que esconderse los que no conformes con todos los crímenes que cometieron, los que no conformes con todo el luto que derramaron, los que no conformes con las miles de viudas que dejaron, las miles de familias vestidas de negro; los que no conformes con las casas que quemaron, los que no conformes con los barrios de campesinos que arrasaron, los que no conformes con los millones que se robaron, los que no conformes con los compatriotas que golpearon y torturaron, los que no conformes con las humillaciones que a nuestro pueblo le infligieron, no conformes todavía quieren seguir asesinando, quieren seguir matando, quieren seguir disparando sus armas homicidas contra los ciudadanos de nuestro país, quieren seguir sembrando el luto, quieren seguir sembrando la sangre, quieren seguir sembrando el dolor, el dolor hace 20 años, el dolor hace ocho años.  El dolor durante 11 años primero, el dolor durante siete años después, el dolor ahora, el dolor y el luto mañana, como si no tuviesen en este mundo otra faena que sembrar la muerte, sembrar el dolor y sembrar el luto.
Generosos hemos sido, generosos han sido nuestros tribunales revolucionarios mientras no se derrame sangre; generosos en exceso tal vez han sido nuestros tribunales revolucionarios, pero sabemos y vemos que hay hombres malos, tiranos, corrompidos hasta la médula, enviciados en el crimen, enviciados en la ruindad, enviciados en la deshonestidad, corrompidos hasta la médula de los huesos que no tienen remedio.
Y nosotros somos contrarios a las medidas drásticas, nosotros queremos que las medidas drásticas sean las últimas que se apliquen, pero estamos muy conscientes también que cuando los tribunales revolucionarios envíen al paredón a los criminales, estarán enviando a los que asesinaron ayer, a los que asesinaron durante 11 años, durante siete años y quieren asesinar hoy, y quieren asesinar hoy para seguir asesinando mañana; quieren mediante el crimen volver al crimen, a esos crímenes repugnantes que tuvo que padecer nuestro pueblo de hombres que eran arrancados de sus hogares y desaparecían para siempre porque no sabían en qué mar los habían lanzado, porque no sabían en qué fosa los habían enterrado. Hombres que aparecían acribillados a balazos en cualquier barrio, en cualquier lugar apartado de los pueblos de Cuba; hombres que aparecían con el petardo en la mano, las uñas sacadas o los ojos, triturados a golpes y torturados, que en el pecado encontró la tiranía su penitencia. En el odio que sembraron, en los crímenes que cometieron, encontraron la fuerza indignada del pueblo que los desalojó del poder. Y no conformes con lo que hicieron, incapaces de escarmentar en las consecuencias de sus crímenes, ciegos en su corrupción y en su criminalidad, no comprenden que fueron aquellos crímenes y todos aquellos horrores los que, hiriendo hasta lo más profundo la sensibilidad de nuestro pueblo, pusieron a la nación en pie para desalojarlos del poder y la mantienen en pie para combatirlos y la mantendrán en pie para impedir que jamás vuelvan a regresar a nuestra patria.
Pero son incapaces de escarmentar, son incapaces de comprender que jamás se resignaría nuestra patria a ver de nuevo a esos verdugos imperando por nuestras calles, porque, ¿qué sería de nuestro pueblo? ¿Qué sería de nuestra dignidad? ¿Qué sería de nuestros destinos si pudieran, ayudados por el extranjero, volver algún día aquellos seres odiosos y repugnantes, aquellos asesinos implacables, aquellos torturadores despiadados que tenían sumida en el terror y el espanto a la ciudadanía, que tenían a la patria sumida en la corrupción y en el vicio, que tenían la nación entregada a los peores intereses, que tenían al país esclavizado, que habían hecho de nuestro pueblo alegre un pueblo triste, de nuestro pueblo optimista un pueblo sin esperanza?  ¿Qué sería sin la seguridad esa que hoy siente y palpa cada familia de saber que ese hombre que está en una estación de policía o en una perseguidora es su defensor, de que ese soldado es su amigo, de que por cualquier calle, por apartada que sea, se puede transitar de día o de noche, que no se golpea ni al peor de los malhechores, que no se tortura absolutamente ni al peor enemigo, que no se mata, que las familias no pueden tener el temor de encontrar a un hijo desaparecido porque aun los peores criminales, aun los peores mercenarios extranjeros, habiéndose escapado de alguna prisión, han sido recapturados sin una magulladura, sin un solo golpe, sin que nadie les aplicara la ley de fuga?  Porque hoy podemos afirmar con orgullo que el comportamiento de nuestros hombres ha sido un comportamiento ejemplar y que, en ocasiones, han sido víctimas de la agresión de malhechores, han sido víctimas de actos de violencia y, sin embargo, se han sabido mantener con firmeza y han sabido soportar ecuánimemente porque saben que su deber es ese, cumplir con su deber sin hacer uso de la fuerza, sin hacer jamás abuso de la fuerza.
Y esa satisfacción que experimentan las familias, esa seguridad, esa alegría que permite al pueblo ahora, por ejemplo, tener unas navidades felices; que le permite al pueblo divertirse sin importarle los augurios, esa paz y esa alegría que hoy disfruta nuestro pueblo no se resignará jamás a perderla, porque sabe qué sería de la nación cubana si aquellos bárbaros, ayudados por el extranjero, ayudados por los intereses afectados por la Revolución, ayudados por buitres, ayudados por desertores y ayudados por traidores, pudieran regresar algún día a nuestro país.
Yo sé, desde luego, que eso es imposible; yo sé, desde luego, que antes tendrían que reducir a cenizas la nación entera; yo sé, y no me queda la menor duda acerca de que eso jamás podrá ocurrir; pero mientras tanto tratan de perturbar, mientras tanto tratan de cegar vidas de revolucionarios, mientras tanto tratan de sembrar la intranquilidad y la zozobra en el pueblo, y por eso digo que el pueblo tiene que estar vigilante en todas partes, porque yo voy a ver dónde se meten que no los descubramos, voy a ver dónde se esconden que no los descubramos, voy a ver qué hacen, que no les pase como les pasó a las pandillitas, a las pandillitas esas de delincuentes  que, así como en otros países han podido perdurar por años y años y han constituido males que no han podido ser eliminados, aquí duraron lo que un merengue en la puerta de un colegio , porque el pueblo se encargó de ponerlas fuera de combate, vigilándolas y disponiéndose a arreglar cuentas con ellas.
El mal desapareció como por encanto. ¿Lo desapareció la policía? ¡No! ¿Lo desaparecieron las autoridades? ¡No! Fue el pueblo quien le puso fin a ese mal, los hombres del pueblo que cuando salían de su trabajo se agrupaban por ahí, por donde las pandillas funcionaban, los hombres y las mujeres, porque era el colmo de la insolencia que cualquier empleada, cualquier mujer humilde o cualquier mujer de cualquier condición social, saliera a las calles y se viera expuesta a ser desnuda por las pandillas de delincuentes que eran hijos de familias adineradas, fundamentalmente. Y aquel malestar insoportable, porque ya era un malestar, porque ya las familias no querían mandar las niñas a la escuela, ya las familias comenzaban a preocuparse, aquella causa de inquietud, fue eliminada por el pueblo y en cuestión de dos semanas.  Y así les daremos la batalla con el pueblo a todos los males, y el pueblo estará vigilante en todas partes y observará a los sospechosos, observará a los contrarrevolucionarios, porque el contrarrevolucionario no es difícil de descubrir en la cara de espanto que llevan en el rostro, a un hijo del pueblo le es fácil descubrir a un contrarrevolucionario.
Y estará todo el pueblo no solamente dándoles la batalla dondequiera que se paren a hablar, estará todo el pueblo vigilante, sin alarmas, viendo, vigilando a ver dónde se puede esconder un asesino de esos que quieran estar poniendo bombas o quieran estar haciendo atentados, porque no vamos a necesitar policías, con el pueblo nos basta y nos sobra para hacerles frente a los criminales , el pueblo aquí y el pueblo dondequiera que tenga que estar presente, y el pueblo sin inmutarse porque el pueblo no se inmuta, el pueblo no se asusta. El pueblo está seguro de cuál va a ser el resultado de cualquier lucha que se libre aquí; el pueblo sabe y está completamente seguro de cuál va a ser el resultado, el pueblo sabe que por dondequiera que vengan, el pueblo sabe que vengan los que vengan y ayúdenlos quienes los ayuden y tengan las armas que tengan, si de una cosa está seguro el pueblo es de que los vamos a destruir, si de una cosa está seguro el pueblo es de que los vamos a barrer, si de una cosa está seguro el pueblo es de que los vamos a exterminar.
Por eso el pueblo está tranquilo, por eso el pueblo está seguro y estoy por decir que por eso el pueblo hasta está contento, ya que no le falta al pueblo deseos de arreglar cuentas con unos cuantos de los que se escaparon aquí el día primero de enero, y no les falta al pueblo deseos de darles una lección ejemplar y de ahí el ánimo con que la nación se comporta, de ahí la alegría que reina en todas partes.  Es una alegría que nace de la seguridad de que el pueblo no podrá ser jamás vencido, es la alegría que nace de la seguridad de que los mercenarios se van a estrellar contra la fortaleza de la Revolución, es la seguridad que nace de esa indiferencia ante el día y la hora, el mes o el año, porque sabe el pueblo que cualquier día, a cualquier hora, cualquier mes o cualquier año que lleguen a las tierras de la patria será el día que les toque rendir cuentas de sus fechorías ; ese día será el día más próximo del final de los mercenarios invasores.
Y la seguridad del pueblo nace también de que en Cuba no se repetirá la historia de otros lugares, de que no nos vengan con el cuento de Guatemala, porque las circunstancias de Cuba no son las circunstancias de Guatemala  y solamente los que viven en ese micromundo de la contrarrevolución, esos que viven intoxicados en lo que les queda de sus latifundios o en los clubes aristocráticos donde distraen sus horas de ocio, solo esos podrán imaginarse que tengan la más remota esperanza de triunfar, porque son ciegos en su ignorancia de lo que es un pueblo dispuesto a defenderse, ciegos en su ignorancia de la fortaleza de la Revolución, porque nosotros estamos conscientes de las armas de los enemigos, estamos conscientes de las ventajas que disfrutan en recursos, en refinamientos, en medios de hacer campañas contrarrevolucionarias, pero estamos conscientes también en la fortaleza de los recursos del pueblo, en la tremenda energía que los pueblos en un proceso revolucionario son capaces de desarrollar, en el poder formidable de la fe de los pueblos, de la moral de los pueblos, de la dignidad de los pueblos, en el poder formidable de la generosidad de los pueblos, que los hace no importarles nada con tal de defender una idea justa, que los hace disponerse a sacrificar lo que sea necesario con tal de defender su idea justa.
Así como estamos conscientes de los aliados y de los recursos de los enemigos de la Revolución, estamos conscientes de los extraordinarios recursos del pueblo y estamos seguros de que les vamos a ganar la batalla por mucho que se esmeren, por mucho que se esfuercen.
Pero, además, estamos seguros de que la Revolución es fuerte porque ha hecho justicia y seguirá haciendo cada día más justicia. Estamos conscientes de los privilegios y de los recursos que todavía les quedan, y estamos conscientes de los medios que puedan mover contra la Revolución y quiénes son los que mueven esos medios, pero también estamos conscientes de los derechos que tiene el pueblo a adoptar las medidas legislativas que sean necesarias y, por eso, en el próximo Consejo de Ministros, esperamos tener lista la ley estableciendo la confiscación de los bienes a todos aquellos responsables de la lucha contrarrevolucionaria.
Y si quieren conspirar, allá ellos; si quieren apañar criminales, si quieren ayudar a los planes contrarrevolucionarios, allá ellos, perderán los papeles que les quedan, perderán las casitas que les quedan y perderán las tierritas que les quedan.  Así que todo aquel que resulte culpable de delito contrarrevolucionario, además de las sanciones que establece la ley, tendrá que sufrir como sanciones adicionales la confiscación de todos sus bienes.
Nosotros hemos querido y queremos una revolución generosa y humana; el Gobierno Revolucionario jamás ha hecho abuso, ni siquiera uso de su poder y de su fuerza. Hemos querido una revolución con el menor desgarramiento posible, hemos querido una revolución de manera que las leyes y las medidas se vayan haciendo y en todas las mentes se vaya produciendo un proceso de adaptación a las realidades de la Revolución; hemos querido eso y eso es lo que queremos, mas tememos que la insensatez pueda más que el sentido común, tememos que la ceguera pueda más que lo que la razón les indique que les fuera mejor; porque más les valdría que se adaptaran, más les valdría que se resignaran los criminales a las consecuencias de sus actos, más les valdría a los intereses extranjeros que han explotado nuestra tierra que se resignaran al fin del coloniaje, más les valdría a los grandes intereses creados y a los grandes privilegios que se resignaran al fin de esos odiosos privilegios y más les valdría que comprendieran las realidades, en vez de tratar de sembrar el veneno de la confusión, de sembrar el veneno de la división, de sembrar la calumnia y de tratar de conducir al país hacia la guerra civil, o más que a la guerra civil, porque aquí nunca habrá guerra civil y no habrá guerra civil porque el pueblo estará siempre con la Revolución, y todo lo más que habrá será guerra del pueblo.
Todo lo más que habrá será guerra del pueblo contra mercenarios extranjeros, guerra del pueblo contra enemigos de la patria al servicio de intereses extranjeros; todo lo más que habrá es defensa por el pueblo de su soberanía y de sus derechos, mas si se empeñan en agredir la nación, si se empeñan, ciegos, en la quimera de destruir a la Revolución, entonces vamos a ver a cómo tocamos, vamos a ver la parte que les va a tocar después que ya no puedan dar marcha atrás, después que ya no tengan remedio y, en definitiva, como los vemos ciegos por la pendiente de la perdición, por la vía del ataque de mercenarios y de traidores, por la vía del ataque artero; como los vemos ciegos por la pendiente de su propia ruina, como los vemos ciegos por esa pendiente en que esperan perdidos, como no tenemos de eso la culpa, como estamos conscientes de que esa actitud y esa conducta son una consecuencia del bien que la Revolución les está haciendo a la patria y al pueblo, entonces, por eso advierto al pueblo y por eso expreso la seguridad de que la Revolución no será jamás vencida y la seguridad, además, de que a la larga van a tener tiempo los contrarrevolucionarios de arrepentirse una y mil veces de su insensatez y de su traición, ya que si la Revolución no puede marchar adelante sin conflictos, si la Revolución no puede marchar adelante sin sangre, ellos solos tendrán toda la culpa, porque nosotros no hemos podido ser más generosos de lo que hemos sido, ni más considerados de lo que hemos sido, para que sea la historia quien señale a los culpables si en Cuba se vuelve a derramar sangre, para que sea la historia quien señale a los responsables si en Cuba se vuelve a derramar sangre, porque no sería por culpa de la Revolución, sería por culpa de los enemigos de la justicia que la Revolución representa, porque con los sacrificios que hizo nuestro pueblo para derrocar a la tiranía, con los 20 000 muertos que quedaron en el camino, era como para esperar que dejaran a nuestro pueblo seguir adelante en su obra de justicia y en su obra de creación; era como para esperar que ningún mercenario intentase de nuevo cegar una sola vida y enlutar una sola familia.
¿Qué habrían conseguido si esta mañana hubiesen asesinado a esos tres compañeros?, ¿qué habría conseguido sino enardecer al pueblo, indignar más al pueblo, agrupar más al pueblo contra los criminales que quieren regresar? Y si matando no consiguieron mantener el poder, ¿cómo van a conquistar el poder matando? Si cegando vidas de campesinos, si cometiendo crímenes de todo tipo no pudieron destruir la Revolución cuando la Revolución era un puñado de hombres, ¿cómo van a destruir la Revolución matando y asesinando cuando la Revolución es todo un pueblo en pie?  
Es insensato pensar que puedan amedrentar a nadie; es absurdo pensar que puedan conseguir con terror lo que con terror no pudieron sostener; que puedan recobrar con el crimen lo que con el crimen no pudieron defender, porque si no se acobardó el pueblo cuando ellos tenían todas las armas, si no se acobardó el pueblo cuando eran dueños y amos en todo el territorio nacional, si no se acobardó el pueblo cuando mataban todos los días y a todas horas impunemente, cómo se va a acobardar el pueblo ahora que las armas que tenían los mercenarios las tiene el pueblo .  Cómo se va a acobardar el pueblo que sabe que ahora los criminales no pueden asesinar impunemente, los criminales no pueden andar en perseguidoras, vestidos de autoridad, torturando y matando, sino que si quieren asesinar ahora tendrán que vivir como prófugos de guarida en guarida, vigilando todo el pueblo, y listos para enfrentarse a los tribunales revolucionarios y a los pelotones de fusilamiento.
Hoy asesinar a un ciudadano no será para ellos tan cómodo como lo hacían antes, no será para ellos tan fácil como lo hacían antes, porque no es lo mismo por ningún concepto la impunidad de que gozaban ayer a la certidumbre del castigo con que tendrán que asesinar hoy.
Por eso, porque estas cosas son muy claras y muy evidentes y como a pesar de todo todavía cometen o tratan de cometer la insensatez, como a pesar de todo son capaces de tratar de matar, envalentonados seguramente porque les habrán dicho que tienen ayuda extranjera; envalentonados seguramente porque les habrán dicho que cuentan con millones y más millones, y apoyo y más apoyo en el extranjero; envalentonados seguramente porque se hagan la estúpida ilusión de que puedan esclavizar de nuevo a nuestro pueblo; envalentonados por las campañas de los contrarrevolucionarios y de la prensa contrarrevolucionaria y de los cables de los monopolios de la calumnia y la mentira, y los órganos de la difamación que se escriben y se publican en el extranjero, envalentonados por eso cometen la insensatez de tratar de matar, y si han cometido esa insensatez, es de esperar que traten de cometer, incluso, insensateces mayores, porque se engañan, porque se envalentonan con la ayuda y el respaldo que les ofrecen en el extranjero y creen que ya todo está hecho, y por eso son capaces de las mayores estupideces, ya que si hay algo de lo cual está seguro cualquier ciudadano en nuestro país, si hay algo de lo que a nadie le queda aquí la menor duda, es de que el pasado no volverá , que los tribunales no volverán, que los ladrones no volverán, que el juego y el vicio no volverán, que los latifundios no volverán, que las playas exclusivas para unos cuantos privilegiados no volverán, que la discriminación del negro en la escuela y en el trabajo no volverá, que los entreguistas y los que venden la patria, porque tienen sus intereses por encima de los intereses de la nación, los gobernantes sanguinarios y corrompidos y el sistema odioso del pasado, no volverán .
Si de algo está seguro nuestro pueblo es de que cualquiera que sea el precio que tenga que pagar, un porvenir honroso y feliz le espera, y si nosotros, los de esta generación, no pudiésemos percibir sus mejores frutos, los percibirán las generaciones venideras. Si de algo está seguro nuestro pueblo es de que cuando la nación ha llegado a un grado de conciencia colectiva, que los propios obreros se descuentan de sus ingresos una parte de los mismos para invertirlos en el desarrollo económico de su país para que el desempleo se acabe. Y eso sí que es patriotismo, eso sí que es generosidad, que aquella parte del pueblo que es la que menos ingreso tiene, que aquella parte del pueblo que es la que más sacrificadamente vive, en vez de estar pagando contrarrevolucionarios, en vez de estar pagando campañas contrarrevolucionarias, en vez de estar alentando la agresión contra nuestra patria, como hacen otros, se quite de lo poco que tiene para invertirlo, para dárselo a la patria, ya que será la nación entera quien reciba los beneficios de ese sacrificio de hoy .
¿Por qué apreciamos mucho más ese 4%? No solo por razones de orden moral y no solo por razones de orden sentimental, ya que realmente es conmovedor ese espíritu de generosidad que está caracterizando a nuestro pueblo, sino también porque ese dinero, económicamente, vale más, ya que no es lo mismo que alguien saque de un banco lo que tiene allí guardado y lo entregue para la industrialización, a que eso se lo saque el pueblo de lo que iba a gastar y lo entregue, porque el dinero que vale no es el dinero que de todas maneras iba a estar guardado, ya que quien lo tiene, tiene satisfechas todas sus necesidades. Ese dinero no se iba a gastar, ese dinero no iba a significar que iban a salir divisas; el dinero que cuenta económicamente, el ahorro que cuenta de verdad en el desarrollo económico del país es el ahorro de lo que se iba a gastar, porque de cada peso que se gasta se van 30 centavos en divisas, como promedio, y ese peso que se ahorre ahora y se entregue para inversión, significa ahorro de divisas, porque, como repito, nuestro problema no es gastar consumiendo, sino gastar produciendo.
Si ese 4%, por ejemplo, son 40 millones en un año, y esos 40 millones no quiere decir que se dejen de gastar, esos 40 millones se gastan, pero produciendo, es decir, estableciendo industrias, primero, significa un ahorro de divisas:  40 millones de pesos que no se gastan, significan que nos hemos ahorrado el 30%, es decir, más de 10 millones; son 10 millones más con los que podemos contar para comprar equipos industriales, ya que ese no es dinero que se iba a guardar en el banco, sino dinero que se iba a gastar, y al gastarse ese dinero, no es lo mismo gastarlo cuando se gasta consumiendo que gastarlo en establecer una fábrica, que gastarlo en establecer una hidroeléctrica, por ejemplo. Porque se ha gastado, efectivamente, ha pasado a manos de obreros que trabajaron allí, pero al gastarse han producido riquezas en el trayecto.  Es decir que el dinero de ustedes es el que más cuenta económicamente. No sería lo mismo que esos 40 millones los sacaran del banco los que tienen dinero en el banco y nos los dieran, porque ese dinero no lo iban a gastar, iba a estar ahí.  En cambio, ese 4% que ustedes dan, y dan los obreros azucareros y dan los sectores obreros, es un 4% que iban a gastar y que en vez de gastos de consumo se convierten en gastos de inversión para obtener mayores riquezas.
Por eso, a cambio de ese 4% se entregan los certificados de ahorro del pueblo, que ganan un interés altísimo, un interés de un siete y medio por ciento, un interés compuesto, que quiere decir que dentro de cinco años, por cada peso podrían recibir un peso y medio —en vez de un peso, casi un peso y medio—; pero que en 10 años habrían duplicado ese peso, y cualquiera que guardara durante 20 años, por cada peso recibiría cuatro. Es decir, que se va a pagar un interés alto, vamos a pagar un interés alto a quien queremos pagárselo, no al que tenga mucho dinero, que lo tenga guardado en el banco y compre su certificado de ahorro, sino vamos a pagar un interés alto al pueblo, que lo da con sacrificio.
Y ese dinero debe descontarse y los valores guardarse a través de federaciones, ¿por qué?  Porque cualquiera, teniéndolo en sus manos, pudiera estar expuesto a que en un momento de necesidad, se lo compraran a bajo precio y no se beneficiara; el que diera ese aporte no se beneficiara con los beneficios, es decir, no se beneficiara con los intereses, y pudieran venir los especuladores a comprarle. Por eso debemos guardar esos certificados para que no pasen a manos de especuladores.
¿Qué quiere decir el que se van a beneficiar? ¿Qué quiere decir? ¿Cuáles son los beneficios que van a recibir? No solo van a recibir los beneficios de los intereses que paguen, que reciban por ese precio, que vendan, sino que se van a beneficiar todos los trabajadores en la misma medida en que aumente la producción nacional, en la misma medida en que aumente la producción global de bienes en el país, porque hay un problema esencial que todos los trabajadores tienen que saber de memoria:  lo que le interesa al trabajador cuando le pagan 20 pesos más, es mejorar su estándar de vida, poder comprar más cosas; pero el estándar de vida de un pueblo, visto en conjunto, como lo contemplamos nosotros, no como se contemplaba antes —y antes muchas veces se incurría en la demagogia de aumentar los salarios y al otro día aumentaban todos los precios; es decir que quien creía que ganaba 20 pesos más, no ganaba 20 pesos más, puede ser que ganara 5 pesos menos—, porque a la vuelta de un tiempo:  aumento general de salarios, aumento general de los precios.  Es decir que sería un engaño creer que el aumento del estándar de vida está en el aumento del salario; porque se aumenta un sector que, por ejemplo, produce una cosa, vale más aquel artículo, hay que aumentárselo al otro y al otro, hay que aumentárselo a todos, porque cuando se aumenta a unos y se encarece un artículo, ese aumento está cayendo sobre los salarios de todos los demás.  Eso lo comprenden ustedes perfectamente.
Por ejemplo, si los que están sembrando maíz quieren percibir 8 pesos y se les paga, entonces, todo el que compra maíz, o todos los artículos derivados del maíz van a valer más caros. Luego, es una ilusión falsa el creer que el estándar de vida de todo el pueblo visto en conjunto, no visto como un sector, porque un sector puede producir una mejora, pero más tarde o más temprano hay que aumentarles a todos los demás que están por debajo de ese ingreso, o se está cometiendo una injusticia. La elevación del estándar de vida no es cuestión de elevar los salarios.  Si el problema se resolviera elevando los salarios de todos, ya mañana mismo tendríamos nosotros duplicado aquí el estándar de vida, porque mañana mismo, por ayudar a los obreros a que mejoraran sus condiciones de vida, estaríamos duplicando todos los salarios.  Pero es que, en realidad, no les estaríamos más que tomando el pelo a todo el mundo, porque al otro día estarían todos los precios aumentados y posiblemente, como está siempre la intercesión de los intermediarios y de especuladores, se valen de cualquier circunstancia de esas, para recargar más todavía sobre el consumidor la carga; y, naturalmente, tienen muchos resortes en sus manos con qué interferir, y así, muchas veces, cuando menos nos damos cuenta hay un artículo que se ha puesto por las nubes, ¿cómo es eso?  Y cuando se pone a investigar, el robo del especulador está pesando en todo el trabajo. Otras veces es consecuencia de la escasez, como pasa, por ejemplo, con algunos granos, que hay escasez mundial, incluso, y al haber un aumento de la demanda y del consumo y no haber producción suficiente, pues se encarecen. Algunos son consecuencia del aumento del consumo, es decir, que haya más personas con dinero para comprar.
Pero lo importante es esto, que si el problema se resolviera elevando los salarios, sería un problema para nosotros fácil. Si el problema del estándar de vida se resolviera por decreto, sería una tarea fácil; pero los problemas económicos de los pueblos no son tan fáciles, ni mucho menos, que se resuelvan por un simple decreto, ya que la economía es una ciencia más compleja, y la obtención de un mejor nivel de vida depende de un aumento de la producción que, a su vez, tiene que ir acompañado de un aumento en el perfeccionamiento técnico de la producción.  Es decir que nosotros iniciamos una etapa de aumento de la producción, cuando ponemos más brazos a trabajar porque, si solamente trabaja una tercera parte de la población, toda la población está viviendo del trabajo de una tercera parte. Si nosotros ponemos a trabajar la mitad de la población, el máximo posible, es decir, todos los hombres y mujeres en condiciones de poder trabajar, la cantidad de bienes y de servicios que produciríamos sería incomparablemente mayor.  Es decir que nosotros tenemos que perseguir el objetivo de poner primero a todo el mundo a trabajar, y después a todo el mundo a producir el máximo, gracias a los procedimientos técnicos que se empleen.  Por ejemplo, en la agricultura, 10 hombres, con una mala semilla, sin abono pueden trabajar tres meses y producir 100 quintales de algo, y esos mismos 10 hombres, con buena semilla, con abono, con empleo de máquinas, pueden producir cuatro veces más.  Es decir que la técnica viene a ayudar al hombre a producir más con el mismo esfuerzo.
Nosotros tenemos que dirigirnos, primero, a poner a trabajar todos esos brazos que están sin trabajar.  Segundo, a que cada brazo trabajando produzca el máximo, porque mientras más producción, mayor estándar de vida, ya que si queremos producir muchos más zapatos, queremos producir mucha más ropa y queremos producir muchas más casas —y les pongo un ejemplo con las casas—:  la aspiración de cada familia es tener su propia casa , y nosotros, por ejemplo, podemos construir 10 000 casas en un año, no podemos repartir más casas de las que hemos construido.  Si el problema se resolviera dando dinero, magnífico, pero es que, aunque todo el mundo tuviera más dinero, si no hay casas, no se pueden mudar a ninguna casa, y sería un engaño el que contaran con dinero si no hay casas.  Luego, lo que permite a la familia ese mejoramiento en la vivienda no es que tengan, siquiera, dinero, sino el que haya casas construidas.  Es decir que si nosotros podemos construir al año siguiente 20 000 casas, pues ya habrá 20 000 casas para distribuir en vez de 10 000; si como consecuencia de un aumento, de un desarrollo de la economía que permite al Gobierno Revolucionario una inversión mayor en casas, al cabo del tercero o cuarto años podemos producir 50 000, entonces habrá una elevación de la producción que permitirá ya brindarles casas en un solo año a 50 000.
Lo mismo pasa con los demás bienes. Si un día nosotros produjéramos automóviles, pero produjéramos 100 todos los años, no sería lo mismo que cuando pudiéramos producir 20 000, 25 000 o 30 000 todos los años. Es decir que la posibilidad de darle a cada familia una casa, a cada niño una escuela, a cada persona que se enferme un hospital, a cada jubilado o a cada inválido una pensión; la posibilidad de hacer centros de turismo, de manera que todas las familias puedan tener un mes de vacaciones; la posibilidad de brindarles libros a todos, la posibilidad de brindarles una alimentación eficiente a todos, la posibilidad de brindarles zapatos a todos los que no tienen zapatos, y ropa a todos los que no tienen ropa, y medicinas a todos los que no tienen medicinas, y radio, y televisores y refrigeradores, en fin, todos esos bienes que constituyen el confort o la satisfacción de las necesidades a que aspiran las familias eso no se logra si no es produciendo.
Si el problema se lograra repartiendo dinero, pues sería muy fácil imprimir billetes; o aumentando los salarios por decreto, sería muy fácil aumentando los salarios por decreto.  Pero por decreto no se puede producir una libra de frijoles, por decreto no se puede producir una libra de arroz, por decreto no se puede producir una libra de manteca, por decreto no se puede producir una vara de tela.
Cuando nosotros estamos sembrando 400 caballerías este año de algodón, y para el otro 3 000 caballerías de algodón, ¿qué quiere decir? Que vamos a tener mayor cantidad de tejidos que ya no tendremos que importar, porque si todo el mundo tuviera dinero y no hubiera artículos de producción nacional, ¿qué habría que hacer? Habría que irlos a comprar afuera, y si gastamos las reservas comprando artículos de consumo, la economía del país se paraliza y la Revolución, incluso, fracasa. ¿Por qué? Porque nosotros con buenas intenciones no podríamos poner fábricas, y mucho menos cuando nos están saboteando y nos sabotean el turismo; a pesar de que hay mejores centros de turismo, más tranquilidad, más paz, más alegría en el país, los intereses perjudicados por la Revolución nos sabotean el turismo, aunque eso, desde luego, no tiene que importarnos tanto, porque lo van a disfrutar los cubanos. Naturalmente, son divisas menos que vamos a recibir aunque, por otra parte, no va a haber quién vaya a gastar una divisa afuera, porque el que quiera dinero para pasear, va a recibir 150 dólares una vez al año y nada más.
Lo que debemos saber es que, si tenemos dinero para comprar y no se produce el artículo aquí, tendríamos que gastar las divisas en artículos de consumo y al país le esperaría el estancamiento y la ruina económica.  Ya les dije que nosotros habíamos llegado al actual momento, porque las reservas que se acumularon durante la guerra se fueron perdiendo; además, el país, en sus relaciones comerciales con Estados Unidos, ha perdido 1 000 millones en 10 años.  Es decir que ellos han percibido de Cuba 1 000 millones de dólares más que lo que nosotros hemos percibido de Estados Unidos; entre lo que hemos comprado allá, entre lo de flete, entre intereses de compañías y entre pagos de servicios, en fin, una serie de gastos, ha salido de Cuba hacia Estados Unidos 1 000 millones de dólares, en 10 años. Así que una balanza comercial desfavorable, falta de defensa de las divisas, más un pueblo acostumbrado a consumir artículos de importación durante todos estos años nos dejó en la peor situación. Y nosotros lo que tenemos es, para desarrollar nuestra economía, que contar con los recursos suficientes para invertirlos en maquinarias y en equipos.
Cuando nosotros estamos sembrando 3 000 o 4 000 caballerías de algodón, ¿qué significa?  Que estamos aumentando la producción de tejido, que si el año que viene todas las familias empiezan a vestirse, que antes no se vestían, por ejemplo, tenían un solo vestido en el campo, pues mientras más producción, más cubanos podrán vestirse, y la posibilidad de ir disfrutando de mejores y mayores cantidades de ropa, de zapatos, de alimentos, de casas, de playas, de hospitales, de escuelas, de centros de diversión, en fin, de toda la comodidad y el confort, que es lo que recibe la familia por lo que gana, eso se irá logrando en la misma medida en que se aumente la producción, y esa es la gran verdad económica, ya que si el problema se resolviera por simple decreto y simple aumento de ingresos, ya nosotros lo habríamos resuelto hace rato.  ¡Ojala que por un decreto se pudieran satisfacer todas las necesidades de la familia cubana!, creo que desde el día 3 de enero ya todos los problemas de Cuba se habrían resuelto definitivamente.
Pero, desgraciadamente, los problemas no se resuelven, los problemas económicos hay que resolverlos con un programa económico, con una política inteligente, incluso, con una política de sacrificios.
Cuando nosotros le decimos que hace falta la colaboración al pueblo y el pueblo da el 4%, es decir, se está quitando para en vez de consumirlo directamente, gastarlo directamente, que se gaste estableciendo fábricas y creando riquezas, que se consuma aumentando el poder de producción del país, eso es lo inteligente. Y claro que en esta vida, en la economía, como en todas las demás actividades humanas, todo hay que conseguirlo mediante sacrificio y mediante esfuerzo.  Solo los parásitos aspiran a vivir del esfuerzo de otros, solo los parásitos viven sin esfuerzo, viven de los demás; pero el pueblo no puede aspirar a vivir del parásito, el pueblo sabe que tiene que vivir de su trabajo, el pueblo sabe que tiene que vivir del esfuerzo que él haga y el pueblo sabe que el camino que le queda no es ponerse a esperar que vengan los privilegiados aquí a resolver sus problemas, el pueblo sabe que el camino que le queda es hacer su esfuerzo por desarrollar su economía, por elevar su estándar de vida.
Y no solo sabe el pueblo que tiene que hacer su esfuerzo, además, tendrá que defender ese esfuerzo para que no se lo destruyan los privilegiados que quieren mantener sus intereses mientras el pueblo se muere de hambre o no tiene trabajo. El pueblo sabe que lo que no haga él no lo hará nadie por él; el pueblo sabe que cientos de miles de personas que están sin trabajo necesitan, sencillamente, de centros de trabajo y que esos centros de trabajos no se hacen por arte de magia, que hay que comprarlos, que hay construirlos, que hay que pagarlos y que hay que pagarlos con una parte de lo que producimos. El pueblo sabe que las escuelas y los maestros hay que pagarlos, que la alimentación de esos maestros, la ropa de esos maestros, que las medicinas de los hospitales, todo eso hay que producirlo y que no habrá solución del problema de todos los inválidos, de todos los necesitados, de todos los enfermos, si no se produce; el pueblo sabe que hay más de 100 000 jubilados y pensionados ganando una miseria, y que no se les podrá pagar 80, 100 120 o 150 pesos si no aumentamos nuestra producción; el pueblo sabe que no se podrá repartir casas si no hacemos casas; el pueblo sabe, en fin, que no podrá disfrutar de un estándar de vida, si ese estándar no lo logramos mediante el esfuerzo.  Es decir que solo aumentando la producción, aumentaremos la parte de confort que a cada familia le corresponda.  Y esa es la tarea de nosotros.
Afortunadamente hemos podido mejorar el estándar de vida; aun dentro de los límites estos estrechos, hemos hecho el máximo al rebajar los alquileres, al establecer salarios dignos, decorosos, al prestarle al pueblo los servicios de las playas, al arreglar calles, al arreglar alcantarillados, al hacer centros escolares, al establecer 10 000 escuelas; en fin, al tomar todas esas medidas, al abrir fábricas —como la destilería— que estaban cerradas, al aumentar la capacidad de consumo del pueblo, en la misma medida en que se rebajaban sus gastos en alquiler, en luz eléctrica, etcétera, en esa misma medida hemos estado produciendo beneficios a muchas personas que estaban sin trabajo. En la misma medida en que vamos aplicando la Reforma Agraria, les estamos dando trabajo a miles de campesinos que no tenían trabajo y que ahora se van a poner a producir.
Hemos podido, dentro de los límites humanamente posibles, mejorar el estándar de vida.  Y uno de ellos fue, por ejemplo, lo de los alquileres, donde un mayor número de familias mejoró el estándar de vida.  Ahora, este año, vamos a mejorar el estándar de vida de 10 000 familias que, con una cantidad mínima todos los meses, van a tener una casa que va a ser de ellos, que no va a ser como el alquiler que se hacía.
Hemos podido mejorar el estándar de vida dentro de las condiciones tan difíciles de una zafra del azúcar con menos precio que nunca, de menos reserva que nunca, y, dentro de esas obligaciones que tenemos, como es la de industrializar el país, dentro de esos límites, aun dentro de esos límites estrechos, ha podido la Revolución mejorar el estándar de vida del pueblo.  Pero esa mejora es simple, tiene un límite, un límite que no se puede sobrepasar, es el límite de nuestra producción y de nuestros recursos.
Además, incluso, cuando se toman medidas para desarrollar económicamente el país, hay, en ciertas ocasiones, necesidad de reajustes.  Por ejemplo, todo el mundo está de acuerdo en que tenemos que defender las divisas; es decir que los artículos de importación y los artículos suntuarios hay que suprimirlos para importar, por ejemplo, maquinaria agrícola, para importar fábricas, eso lo comprende el pueblo, sin embargo, hay personas que han estado trabajando en la venta de televisores o de refrigeradores, o empleados que han estado trabajando en comercios que importaban determinados artículos, y eso, naturalmente, la medida más justa y más necesaria que se tome, medida incluso en la que no hay disyuntiva, crea, además, nuevos problemas, que es la solución del problema de esos sectores que resulten afectados por esa medida.
Quiero decir con esto que todas las medidas de orden económico que se tomen para garantizar al país un porvenir, esas medidas no son medidas fáciles, todas van acompañadas de complicaciones que el Gobierno Revolucionario tiene que ir atendiendo y tiene que ir resolviendo. Es decir que nosotros, en resumen, hemos mejorado todo lo que hemos podido el estándar de vida, pero eso tiene ciertos límites.
Si nosotros propugnáramos, por ejemplo, un aumento mayor del estándar de vida en estos momentos, cuando lo que necesita el país es ahorrar para invertir y desarrollarse, estaríamos haciendo una política equivocada.  Demagógicamente nosotros pudiéramos decir: bueno, vamos a aumentar un tanto por ciento más el estándar de vida.  Pero eso significaría que, al aumentar los gastos de consumo, estuviéramos reduciendo a cero los recursos con que la nación contara para invertir.  Y sería una cosa demagógica, que sería pan para hoy, o mejoras para hoy, y hambre y ruina para mañana.  Y nosotros nunca podremos querer eso, por eso hemos propugnado el ahorro por parte del pueblo, por eso hemos propugnado que el pueblo ahorre, que el pueblo adquiera certificados de ahorro.
A nosotros no nos importa pagar por un peso dos pesos dentro de 10 años. ¿Por qué? Porque dentro de 10 años nuestra producción estará duplicada o triplicada, y por un peso que hoy se invierta podremos devolver dos o tres; y devolver cuatro pesos dentro de 20 años por un peso que hoy se invierta no nos importa, porque dentro de 20 años, cuando la industria en nuestro país esté desarrollada, cuando la agricultura esté desarrollada hasta el máximo técnicamente y sembrada hasta la última pulgada de tierra, nosotros podremos pagar por un peso, hasta cinco o hasta diez.  Porque lo importante es que para cuando ese peso se vaya a gastar, nosotros no tengamos que importar; que cuando ese peso se vaya a gastar, se gaste en productos que ya se estén produciendo aquí, y cada peso que se vaya a gastar en ese momento tenga su equivalente en servicios o en bienes de consumo, en casas, en automóviles, en televisores; en fin, todos los artículos que se puedan ir a comprar con un peso.
Nosotros preconizamos el ahorro del pueblo, porque es la única política inteligente; lo otro sería demagógico. Cualquier tipo de gobernante que fuera demagogo, que no pensara en el futuro, que tratara nada más que salir del paso, estaría preconizando una política distinta a nosotros.  Diría: “Vamos a estar aquí tantos meses o tantos años.  Ya sabemos que cuando nos vayamos no va a quedar un centavo aquí, y el que venga atrás que se las arregle como pueda”, y esa no puede ser nunca nuestra actitud. Nosotros estamos en el deber de prever el futuro, de planear el futuro y de trabajar para el futuro, aunque el futuro signifique sacrificios hoy.
¡Cuánto más cómodo sería hablar de beneficios hoy!  Sí, hemos dado beneficios, hemos mejorado en todo lo que hemos podido el estándar de vida del pueblo, pero tenemos un límite, y ese es el límite que nos señala a nosotros el estado actual de nuestra economía, la escasez de nuestras producciones, el número de desempleados que hay en el país, la escasez de nuestras divisas.  Es decir que tenemos un límite sobre el cual no podemos pasar y a partir del cual tenemos que decirle al pueblo que el problema hoy es sencillamente el de ahorrar, que el problema hoy no es de disfrutar, sino de invertir y de preparar el futuro.
Claro está que nosotros no seremos los que recibiremos los mayores beneficios.  Sí los vamos a recibir, pero los mayores beneficios los recibirán las generaciones que vengan detrás de nosotros.
Pero si esto no lo hizo ninguna otra generación por nosotros, nosotros no podemos razonar que tampoco nosotros vamos a hacer por otra, porque, en definitiva, nosotros hemos recibido parte de los sacrificios de otras generaciones. Nosotros tenemos que pensar que, por ejemplo, ahora mismo, si hay en el país libertad, si podemos reunirnos aquí libremente, si cada obrero se siente seguro en su trabajo, si cada obrero sabe que el Gobierno Revolucionario vela por sus intereses, que no lo podrán hacer víctima de despidos, que no lo podrán hacer víctima de abusos, que no lo podrán hacer víctima de maltratos; si una serie de beneficios, que hoy disfruta el pueblo:  si una escuela que se abre, si una playa donde puede ir una familia a descansar una tarde en un centro turístico, donde usted puede disfrutar unas vacaciones, los tiene hoy, es porque hubo compañeros que cayeron en el camino, porque hubo compañeros, como Evelio Rodríguez, tan mencionado aquí, que cayó en la lucha.
Es decir que cuando nuestros hombres estaban en las trincheras frente al enemigo, esperando al enemigo; cuando nuestros hombres estaban en las trincheras esperando la muerte, aquellos combatientes no se preguntaban si ellos iban a disfrutar de la libertad por la cual estaban luchando.  Ellos no se preguntaban si iban a disfrutar del bienestar por el cual estaban luchando; ellos no se preguntaban si algún día iban a escuchar los aplausos del pueblo; ellos no se preguntaban siquiera si algún día volverían a abrazar a sus hijos, o a sus esposas, o a sus madres; ellos no se preguntaban los beneficios que iban a lograr con los sacrificios aquellos, ellos entendían que era el deber, ellos entendían que era su obligación luchar contra todo aquello que impedía para nuestro pueblo un destino mejor; ellos entendían que había que luchar, incluso, por los que no luchaban; ellos no esperaban recompensa.  Los hombres se sacrifican por la idea del bien, los hombres se sacrifican por la idea de la justicia, los hombres se sacrifican por un porvenir mejor, aunque ello no puedan disfrutarlo.
Así que el ánimo de nuestro pueblo debe ser el ánimo de los combatientes en las trincheras, el ánimo de cada ciudadano debe ser el ánimo de los hombres que supieron morir sin preguntarse los beneficios que iban a recibir.  Ellos solo sabían que su deber allí era pelear y morir si era necesario, aunque ellos no disfrutaran, con tal de que sus hijos, sus hermanos, o las generaciones venideras, disfrutaran de los sacrificios que ellos estaban haciendo.
Dejemos el egoísmo para otros, ya que los pueblos no pueden ser egoístas; dejemos la falta de virtudes y de espíritu de sacrificio para otros, ya que los pueblos no pueden ser indiferentes; dejemos la imprevisión para otros, ya que los pueblos tienen que ser previsores y los pueblos tienen que ser generosos; dejemos para los contrarrevolucionarios el egoísmo, que los revolucionarios tenemos que ser generosos, y por eso, en esta hora, por encima del confusionismo que tratan de producir los enemigos del bien, del porvenir y del progreso de Cuba; por encima de los obstáculos que traten de ponerle en el camino a un pueblo que solo aspira a la felicidad, y aspira a ella honestamente por la vía y el camino del esfuerzo; por encima de las dificultades que tengamos que afrontar, por encima de los sacrificios que tengamos que hacer, nuestro pueblo —es decir, ustedes y los millones de cubanos como ustedes— la preocupación que debe tener es la de hacer todo aquello que conduzca al triunfo, la de luchar por ese triunfo, conscientes de que es nuestra tarea, que nadie vendrá a hacerla por nosotros.
En esta hora nosotros tenemos que darles la batalla a los contrarrevolucionarios en todas partes.  En esta hora nosotros debemos aclarar nuestras mentes para que nadie venga a confundirlas, en esta hora todos debemos saber quiénes son nuestros enemigos y qué quieren nuestros enemigos; en esta hora nosotros debemos tener muy presente que unos quieren para nosotros la desgracia y la ruina, y que el pueblo tiene que aspirar a la felicidad y al progreso; que los caminos pueden ser, o podrían ser, los caminos del futuro:  el camino de la derrota, que no tomaremos jamás, y el camino del triunfo, que será el camino que tomemos siempre.
Y aquí, delante de ustedes, a quienes corresponde la primera línea en el trabajo diario; delante de ustedes, al cumplirse casi un año de la llegada de la Revolución al poder, les digo estas cosas precisamente porque mi deber es luchar por el triunfo, mi deber es exhortar a la lucha al pueblo, mi deber es aclarar conceptos, mi deber es combatir también en todas partes y por todos los medios a los enemigos de nuestro pueblo; porque ustedes y nosotros los gobernantes somos hoy una cosa, nuestro destino hoy es, sencillamente, el destino del pueblo.  Pueblo y Gobierno Revolucionario estamos confundidos en una sola idea de justicia y de bienestar; pueblo y Gobierno Revolucionario estamos confundidos en un solo y noble propósito; pueblo y Gobierno Revolucionario estamos confundidos en una sola idea patriótica; pueblo y Gobierno Revolucionario estamos comprometidos con ese destino mejor que hemos vislumbrado para la patria, con esa vida más decorosa, más feliz y más justa que deseamos, con un futuro distinto del pasado en que no tengamos que vivir bajo la angustia y la tristeza que dejan tras sí las frustraciones.
Hoy ustedes y nosotros, no estamos, sino completando la obra de los que hace aproximadamente un siglo soñaron para Cuba estas cosas que hoy empezamos a tener. ¡Quién les habría dicho a aquellos primeros patriotas que tardaríamos un siglo todavía sin verlas realizadas!  Y nosotros somos la generación venturosa de la patria que ha tenido la suerte de ver más de cerca la realización de aquellos ideales que hace un siglo se incubaron en la mente de otros cubanos, que al igual que nosotros emprendimos este camino lo emprendieron ellos; camino que ha sido largo, camino que ha estado repleto de fracasos y de infortunios, camino que, al final, se acerca a esas hermosas realidades, realidades que están en nuestras manos, realidades que si de ellas dejamos escapar la culpa no será de nadie más que nuestra; realidades hermosas que los enemigos de ayer, que son los mismos enemigos de hoy, es decir, los enemigos de los pueblos porque prefieren ver a los pueblos en la peor frustración y la miseria, con tal de ser disfrutadores privilegiados del esfuerzo que sus compatriotas y de la riqueza de su tierra; realidades que quieren destruírnosla por todos los medios, con los recursos que han ido acumulando, con los recursos económicos, con los recursos de la cultura y con los recursos de la experiencia que han ido acumulando y que de nosotros depende que podamos defenderla.
Y si de una cosa podemos estar seguros hoy, es de que nuestro pueblo puede aspirar a ese futuro mejor, de que nuestro pueblo puede aspirar a la gloria que el porvenir le promete, a la felicidad que el porvenir le promete y al papel en la historia de América que el porvenir le ofrece, porque es un pueblo que no se ha lanzado a esa aspiración sin virtudes suficientes para ella, sino un pueblo que se ha lanzado a conquistar lo que puede conquistar por sus extraordinarias cualidades, lo que puede conquistar porque tiene el valor necesario para hacerlo, y un pueblo que al fin se ha dispuesto a hacer lo que hace un siglo venía intentando hacer la nación cubana, prometiéndose un futuro no para vivir del trabajo de otros pueblos ni de las riquezas de otros pueblos, no para vivir oprimiendo a otros pueblos, sino para vivir de la riqueza de la tierra donde habita, del recurso de sus brazos, y hallar su gloria no oprimiendo a otros pueblos, sino señalándoles a otros pueblos el camino mediante el cual se obtiene la liberación.
Así que si de algo podemos estar seguros es de que Cuba no anda aspirando a más de lo que puede, porque la nación cubana y el pueblo cubano no andan aspirando a lo que no tendrían virtudes para conquistar, sino que si el pueblo se ha lanzado a esta lucha tenaz y firme, en pos de un destino mejor, en pos de una vida más honrosa, en pos de una patria más digna, es porque tiene virtudes con que responder a ese propósito y que, además, está seguro de lo que hace y está seguro de que llegará al triunfo, está seguro de que vencerá a sus enemigos no porque lo diga, no porque se haga ilusiones, sino porque está dispuesto a tener el esfuerzo que hace falta, y no solo porque tenga la razón, sino porque sabrá llevar su razón adelante.
Y hoy aquí, ante ustedes, en este último acto del primer año de libertad, les repito que si de algo estamos seguros es de que seguiremos adelante y de que la Revolución no será jamás vencida, sencillamente, porque todos y cada uno de los revolucionarios de nuestra patria, que es la inmensa mayoría de nuestro pueblo, estamos dispuestos a morir para defenderla.
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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