julio 10, 2012

Discurso en el acto celebrado por la CTC revolucionaria, en el Teatro "Blanquita" (1960)

DISCURSO EN EL ACTO CELEBRADO POR LA CTC REVOLUCIONARIA, EN EL TEATRO “BLANQUITA”
 Fidel Castro
[24 de Febrero de 1960]

― Versión taquigráfica de las oficinas del Primer Ministro ―

Compañeros dirigentes de la clase obrera cubana:
Quizás este acto de hoy sea el más grandioso entre todos los actos revolucionarios que hemos efectuado desde el comienzo de esta etapa de la Revolución.  Y para más emocionante coincidencia, tiene lugar hoy 24 de febrero.
Hace exactamente 65 años, se reunieron nuestros compatriotas para dar aquel grito con que se iniciaba lo que para ellos constituía la batalla final por la liberación de la patria.
Nos imaginamos aquella mañana, después de este largo trecho que ha andado la república, nos imaginamos aquellos hombres que hace más de medio siglo concibieron para su patria grandes realizaciones, por las cuales ellos se decidieron a entregarlo todo.
¿Qué cruzaba por la mente de aquellos revolucionarios? ¡Cuántas esperanzas! ¡Cuántos sueños de felicidad para su país! Cuántas ilusiones, sin pensar quizás en lo lejos que estaban de realizarse todavía, porque la patria plenamente libre, la república absolutamente independiente y soberana, el pueblo dueño de sus propios destinos, fue un sueño de aquel día, que apenas comienza a realizarse hoy. Y este acto, este acto de profunda significación no solo revolucionaria, moral y patriótica, sino de extraordinaria significación, de características quizás nunca vistas; este acto excepcional es en realidad el inicio de un ideal que empieza a cumplirse.
Y para los que nos emocionan estas cosas, para los que sabemos apreciar estas cosas, para los que meditamos sobre estos problemas, para los que recordamos la Cuba de ayer, la vida republicana de ayer, y los hechos de hoy, la vida de hoy, no podemos menos que sentirnos embargados de una serie de sentimientos, de esperanzas, de reconocimientos y, sobre todo de orgullo, porque posiblemente en ningún minuto anterior, nosotros, los que tenemos esa gran responsabilidad de ir acertando en todos los pasos para no defraudar el cúmulo extraordinario de esperanzas depositadas en el Gobierno Revolucionario, este minuto es un minuto de verdadero orgullo por nuestro pueblo; y al llegar a estas etapas de nuestra Revolución es como para sentirse realmente optimistas, como para sentirse realmente seguros, porque no se ha arado en el mar.  Y más de lo que la Revolución está obteniendo del pueblo en respaldo y en colaboración, no puede siquiera concebirse. Es posible que muchos empiecen ahora a comprender la Revolución en toda su significación y en toda su grandeza, porque incluso era una palabra muy en boga, muy repetida y que para muchas personas no tenía sino una significación sonora, una idea confusa, porque incluso se llamaba revolución a cualquier cosa, y cualquiera se llamaba revolucionario. Y fácil parecía una revolución, y sin embargo, una revolución no es tarea fácil. Una revolución no es un acontecimiento sencillo en la historia de un pueblo. Una revolución es un hecho complejo y difícil y que tiene, además, la virtud de ser una gran maestra, porque nos va enseñando sobre la marcha, y sobre la marcha va fortaleciendo la conciencia del pueblo, y sobre la marcha nos va enseñando qué es una revolución. Y para comenzar a darse cuenta de esto, es preciso que haya transcurrido un tiempo, y aunque ese tiempo sea breve, porque la Revolución tiene en el poder apenas 14 meses, esos 14 meses nos han enseñado mucho a todos. Y lo más satisfactorio es tener la seguridad y la convicción de que la Revolución marcha bien; y marcha bien, por encima de todos los obstáculos, de todas las zancadillas, de todas las trampas y de todas las maniobras contra ella.  Y marcha, se puede decir, un día como hoy, cada vez mejor.
Para nosotros, es decir para el pueblo, la tarea que tenía delante el día 1ro de enero de 1959 era una tarea grande y una tarea dura.  En aquellos momentos era la alegría, la alegría de ver romperse aquellas cadenas, cadenas de oprobio y de sangre, cadenas de injusticia y de crimen, cadenas que ahogaban a un pueblo en la humillación y en la miseria y sobre todo en la falta de esperanza.
Era en aquellos días primeros, la alegría general, aunque con una idea vaga de todo lo que teníamos por delante. La Revolución no había cobrado forma todavía; la Revolución era algo así como una silueta que no se definía claramente en la mente del pueblo. La Revolución era algo así como una esperanza, y aquella alegría posiblemente nos impedía pensar en todo lo que teníamos que hacer todavía, que el romper aquellas cadenas no significaba sino la oportunidad de empezar; de empezar a hacer esa obra compleja y difícil, cuando teníamos por primera vez la oportunidad, después que nuestro pueblo había estado luchando por ella más de un siglo, sin poder alcanzarla, tuvimos los de la generación presente le fortuna de alcanzar esa oportunidad por primera vez en la historia de nuestra patria, porque, en otras ocasiones, factores más poderosos que los deseos y las aspiraciones y la fuerza de nuestro pueblo, lo habían impedido.  Y en manos nuestras, es decir, de nuestro pueblo, cayó esa oportunidad.
Ya, después de un año, se puede hacer un recuento y un recuento que tiene un saldo de realizaciones, que no serán nunca lo suficiente para que tengamos derecho a sentirnos satisfechos, pero que han ido dejando su huella en todos los aspectos de la vida de nuestro país, y que se pueden percibir claramente. Y se han logrado realizar, no sin tener que librar batallas, porque en el transcurso de esos 14 meses ha habido que librar muchas batallas, y entre ellas la batalla contra nuestra propia falta de experiencia de lo que es una revolución, la batalla contra nuestra propia ignorancia y las demás batallas en que el pueblo ha tenido que participar, porque no fueron batallas de un grupo de hombres, sino que fueron batallas de todo el pueblo, ya que no se ha realizado absolutamente nada, no se ha emprendido absolutamente nada que no haya sido con el pueblo.
Muchas eran las tareas, porque en todos los campos todo estaba por hacer y esas tareas se comenzaron a realizar, unas más difíciles que otras, pero una más difícil que todas las demás, una que era y es la decisiva de la Revolución: la batalla contra la miseria, la batalla contra la pobreza, la batalla contra nuestras debilidades económicas, la batalla, en resumen, contra el desempleo. Es decir, ese terrible látigo que ha pesado sobre nuestro pueblo desde siempre, que fue pesadilla de nuestro pueblo, y cuya solución era la tarea más importante de la Revolución, ya que fracasar en el orden económico significaría el fracaso de la Revolución.
Y no era fácil la empresa, porque no podíamos haber recibido al país en condiciones peores de lo que se recibió; no podíamos haber recibido una economía más débil que nuestra economía. Y ahora, cuando hemos emprendido ya el camino efectivo de vencer ese obstáculo, nos podemos sentir con confianza de que lo lograremos, porque no se trata de un pueblo ignorante; no se actuaba a espaldas del pueblo, frente a millones de ojos vendados a nuestras realidades, sino de que el pueblo empezaba a entender estas cuestiones, que eran ignoradas por las grandes masas, ya que los secretos de la economía eran privilegios de grupos reducidísimos que tenían la posibilidad de alcanzar las fuentes de información, y una buena parte de los que tenían ese privilegio estaban interesados en confundir al pueblo, o en engañar al pueblo, o en ocultarle al pueblo la verdad, porque es lo cierto, que nadie podrá negar, que al pueblo se le mantenía en la ignorancia más completa sobre las cuestiones que más le afectaban, sobre las cuestiones de las cuales estaban dependiendo la seguridad, la tranquilidad y el bienestar de las familias y el pueblo solo percibía los sacrificios, solo percibía los males, sin llegar a explicarse cabalmente cuáles eran las causas de esos males y cuáles eran los remedios para resolver esos males.
¿Por qué tenemos los gobernantes revolucionarios moral para pararnos ante el pueblo...  , moral para responder a los enemigos de nuestro pueblo, sino porque venimos con la verdad en la mano, porque no le ocultamos nada a la nación y porque vamos a las raíces de los problemas y podemos probar hasta la saciedad, frente al coro de los enemigos, que la Revolución ha actuado correctamente, que la Revolución actúa correctamente, porque hay razones que son irrebatibles, hay hechos que son irrefutables, hay números que no se pueden contradecir. Y cuando se va a la verdad de esos números, cuando se va a esas realidades, es cuando tienen que callarse la boca los enemigos de la Revolución , porque ellos ni le dijeron nunca la verdad al pueblo, ni buscaron jamás remedios a nuestros males y frente a cuestiones trascendentales venían con fórmulas ridículas e inoperantes, que no servían más que para ir prorrogando nuestros males y para ir produciendo ese cúmulo de problemas y esa herencia negativa que, después de 50 años de república, le han dejado a nuestro pueblo. Porque cuando se ve lo que avanza una obra día a día, cuando se ve lo que ha avanzado nuestro país en un año, el dolor más profundo de nosotros es pensar lo que habría sido nuestro país si desde el primer momento se hubiese comenzado a hacer, no ya una obra revolucionaria, profunda y grande como la que se está haciendo hoy, sino tan siquiera una obra honesta de gobierno, una obra medianamente justa de gobierno, porque entonces, entonces no estaría nuestro país luchando contra los males con que hoy lucha y no tendríamos ante nuestros ojos el cuadro doloroso de lo que era nuestra patria después de 50 años.
Y cuando se analiza cualquier obra, bien sea solamente la construcción de viviendas, o los cultivos de nuestros campos, o el desarrollo de nuestras riquezas, o el incremento de la educación, se comprende, cuando se ve lo que se avanza en un año, lo que habría sido nuestro país, tan rico en recursos naturales, tan rico en inteligencias, tan rico en pueblo, lo que habría sido hoy nuestra patria, y no lo que es después de haber sido víctima de todos los despojos que podían imaginarse.
Pero, frente a los enemigos de la Revolución, y como argumento irrebatible para los que combaten la obra que la Revolución está haciendo para resolver nuestros problemas, bastaría citar una cifra, una cifra que es el resultado de 50 años y que, en realidad, aquí, donde decían haber ensayado todos los procedimientos, aquí, donde hemos tenido gobiernos de todos tipos, si realmente hubiesen estado acertados, nosotros no habríamos recibido la herencia de esa cifra.
Si hubiesen tenido razón los que nos combaten desde fuera, los intereses que nos combaten, nosotros no habríamos recibido el saldo de esa cifra, y me voy a referir a una sola cifra, no me voy a referir al número de bohíos que hay en nuestra patria, no me voy a referir al número de pueblos que están sin calles y sin acueductos; no me voy a referir al número de enfermos tuberculoso s que hay en nuestro país sin asistencia médica; no me voy a referir al número de analfabetos; no me voy a referir a ninguna de esas cifras. Me voy a referir solamente a la cifra de desempleados que había en nuestro país, porque es una cifra esencial, ya que todos los males se pueden derivar perfectamente de ese mal, de la falta de economía en un país, de la falta de desarrollo en un país, de la falta de empleo en un país. Y que además es la condenación de todo lo que se había hecho hasta hoy, ya que la cifra habla por sí misma y porque el ser humano tiene que vivir de algo, y si no vive de algo, es decir de su trabajo, tiene que vivir de alguien, o tiene que morirse de hambre.
Y la palabra desempleado, es la palabra más atroz que puede pronunciarse, porque es la idea de un ser humano que dentro de la sociedad, porque vivimos en sociedad, no vivimos divorciados unos seres de otros, vivimos constituyendo una nación, constituyendo un pueblo, para ayudarnos unos a otros, y la palabra desempleado entraña la idea de un ser humano sin tener algo de qué vivir y viéndose en la necesidad de vivir de alguien, que es una penosa y triste necesidad, o tener que dejar de vivir, o tener que vivir, como se vivía en Cuba, como vivían y todavía viven muchas personas en Cuba:  de milagro.
Y, sin embargo, ¿qué medidas se adoptaron, qué remedios se aplicaron a esos males, qué soluciones hallaron los sabios que hoy combaten a nuestra Revolución, con ese saldo de desempleados que encontró la Revolución al llegar al poder y que era la consecuencia de la vida de nuestro país en 50 años? Y esa cifra, esas mismas cifras hablan a favor de nosotros, por cuanto nosotros podemos demostrar de manera irrebatible, que hemos ido ganando terreno en la lucha contra el desempleo, en un año tan solo de Gobierno Revolucionario y hay cifras irrebatibles que demuestran la razón de nuestra obra, frente a la herencia terrible que nos dejaron.
Y aquí tenemos un dato estadístico sobre el número más o menos exacto de desempleados que había en el mes de enero de 1959, es decir, cuando la Revolución llega al poder. Número de desempleados, entre desempleados y subempleados, es decir, personas que trabajaban 20 o 30 horas a la semana, el número de desempleados que nos encontramos en el país era de 661 000, de los cuales 371 000 carecían en absoluto de empleo.
Es decir que nuestra isla, rica en recursos naturales, no tenía manera de dar empleo, en absoluto, a 371 000 personas en condiciones de trabajar.  Eso, naturalmente, mientras enormes extensiones de tierra, por ejemplo, estaban totalmente abandonadas y que además eran tierra vedada para el que quisiera trabajar en ella.
Es decir que la Revolución se encuentra con este cuadro: un país subdesarrollado, las reservas monetarias de la nación agotadas virtualmente, una serie de deudas, una serie de compromisos, las cajas de los seguros en quiebra, los bancos llenos de papeles, 371 000 hombres sin empleo absoluto, y 661 000 entre personas sin empleo o subempleadas: y ese fue el cuadro que encontró la Revolución.
Un país, además, desorganizado, resquebrajado todo el aparato del Estado; problemas naturales de toda Revolución, como son los desplazamientos que se producen de determinados núcleos de la población, como consecuencia natural de la lucha y de la solidaridad de esos núcleos con el régimen depuesto; problema de la destrucción de la guerra, la desorganización de la guerra; las casas quemadas, las familias sin sustento, las víctimas de esa guerra, y, además, lo más difícil.  ¿Y qué era lo más difícil? Lo más difícil eran las dificultades que se le iban a presentar a la Revolución, los enemigos que le iban a surgir a la Revolución, cuando la Revolución se decidiera a aplicar remedio a nuestros males.
Es decir que, ante este cuadro, el país estaba en el dilema o de intentar superarlo o resignarse a aquella situación, es decir, a dejarlo todo como estaba antes, porque no se trataba ya de las dificultades heredadas, sino de las dificultades que iban a surgir cuando intentáramos resolver nuestros males, porque ello equivalía, precisamente, a lesionar muchos intereses, los intereses de los que se oponían al desarrollo de la nación, los intereses que tenían estrangulada la nación.
Y ese fue el cuadro, por no ser más amplio, porque este cuadro se puede ampliar en muchos otros aspectos, tales como la circunstancia de que era un pueblo no preparado técnicamente para empezar a realizar esa gran tarea.  Es decir que nos teníamos que encontrar, cuando llegara la hora de escoger las  personas competentes para la gran tarea a realizar, nos íbamos a encontrar que nuestro pueblo no estaba preparado para esa tarea, porque nadie se encargó de eso, nadie le brindó la oportunidad de prepararse para ello. Y en esas condiciones fue que comenzó la Revolución a llevar adelante su obra, y en solo un año, en solo un año, la Revolución logró reducir el número de los que carecían por completo de empleo, de 371 000 que había en enero de 1959, a 237 000 en enero de 1960.  Es decir que se redujo el número de desempleados aproximadamente en 134 000 personas.
Como consecuencia de ello y de los aumentos de ingresos en el  salario, que trajeron consigo las medidas de reivindicación de los derechos de los trabajadores, que habían sido burlados durante muchos años, la diferencia entre el total de salarios percibidos en 1958 y 1959, fue la siguiente:
Mil novecientos cincuenta y ocho, 722 990 900 como total de salarios pagados.
Mil novecientos cincuenta y nueve, 1 055 538 600.  Es decir, 332 547 700 más en salarios que el año anterior.  Y estos son datos estadísticos, tomados de la Caja de Maternidad, es decir que son datos comprobados en las diferencias de ingresos. Pero, ¿se resolvían tan fácilmente los problemas económicos de la nación? ¿Quería decir esto que los problemas económicos de la nación tienen una solución fácil? No. Se aumentaban los ingresos, cuando se restablecían o se concedían derechos justos a los trabajadores. Se aumentaban los ingresos al aumentar el número de empleos. Se aumentaban los ingresos al aumentar las obras, al aumentar los cultivos, al aumentar el empleo en las fábricas, al suprimirse el contrabando, por ejemplo, al crearse una conciencia en favor de los productos nacionales, al abrirse fábricas que estaban cerradas, al aumentar el número de empleados en las fábricas que estaban funcionando, al trabajar la semana completa en vez de un día o dos días en las industrias textiles por ejemplo , al abrirse de nuevo las destilerías y al incrementarse la vida económica del país. Pero, ¿la solución consistía precisamente en aumentar los ingresos? Al aumentar los ingresos se eleva, naturalmente, el estándar de vida de la familia, pero al aumentar los ingresos no se resuelve el problema económico.  El problema económico tiene una solución no tan sencilla, porque como dije en una ocasión, en el consejo de la CTC, si los problemas se resolvieran aumentando los ingresos por decreto, ya nosotros habríamos resuelto, desde hace más de un año, todos los problemas económicos de la república. El problema podía parecer así en otros tiempos, cuando la verdad se le ocultaba al pueblo, cuando era una pugna de intereses, entre intereses que querían explotar los recursos de la nación y el trabajo del pueblo para su exclusivo beneficio. Y durante mucho tiempo la lucha era una lucha por el aumento de los ingresos, porque realmente no se estaba debatiendo un interés nacional, no se estaba siguiendo una política a favor de la nación, no se estaba afrontando resueltamente y seriamente el problema económico de la nación.
El aumentar los ingresos tenía sus límites, y esos límites estaban determinados por la capacidad de producción nacional, por el total de la producción nacional y el total de producción nacional está determinado por el número de hombres y de fábricas trabajando; es decir que nosotros tenemos un límite de producción nacional. Ese límite es pequeño en un país subdesarrollado, en un país donde hay más de medio millón de personas sin trabajar, quiere decir más de medio millón de personas consumiendo sin producir. En un país sin industria no puede ser muy alta la producción nacional; en un país de latifundios sin cultivar no puede ser muy alta la producción nacional. Es decir que el mejoramiento de los ingresos tiene un límite y ese límite es el total de la producción nacional, y que desde luego, en un país altamente desarrollado el ingreso puede alcanzar a esa producción, es decir, se puede aproximar mucho el consumo total con la producción total, pero en un país cuyo problema consistía precisamente en falta de desarrollo, cuyo problema consistía en falta de fábricas y de maquinarias para explotar sus recursos naturales, en falta de equipos para desarrollar su agricultura, en falta de cultivos, el problema que se le planteaba, naturalmente, no era el consumir el total de su producción, sino el consumir una parte de la producción nacional e invertir el resto en su desarrollo. Y eso fue lo que comprendió perfectamente la clase obrera y comprendieron perfectamente los dirigentes de la clase obrera, cuando les dijimos cuál era el punto débil de la Revolución, cuando les dijimos cuál era el problema fundamental de la Revolución, porque si nos dejábamos llevar por el engaño de que el estándar de vida puede aumentarse por decreto, si nos dejábamos llevar por la aspiración a consumir tanto como producíamos o a consumir más todavía de lo que producíamos, la Revolución se derrotaba a sí misma, porque ese era precisamente el punto débil de la Revolución, y nuestro pueblo, no educado en la idea del ahorro, es un pueblo en que infortunadamente muchas personas no solo consumen todo lo que producen sino que consumen más de lo que producen y hay personas que si ganan 100, gastan 120; y si ganan 120, gastan 140; y si ganan 200, gastan 250, es decir que no es un pueblo educado en el hábito del ahorro. El ahorro lo hacían, con los márgenes que obtenían en la producción, los empresarios y ese ahorro lo manejaban a su antojo. Esos márgenes se depositaban en los bancos y se invertían, pero se invertían en lo que ellos querían. El ahorro nacional podía ser elevado si sumaban todos los márgenes, pero ese ahorro no se encaminaba hacia un plan; ese ahorro era del dominio exclusivo de los que poseían ese ahorro y lo invertían a su antojo, de acuerdo con sus conveniencias, o sus intereses. El interés del pueblo no contaba para nada; las necesidades del pueblo no contaban para nada; el obrero ganaba su salario y lo gastaba y muchas veces tenía que gastar, por necesidad, más de lo que ganaba, muchas veces era víctima de altos precios especulativos, o era víctima de los garroteros, o era víctima de los altos alquileres, o era víctima de una serie de explotaciones como era, por ejemplo, la explotación del juego, una de las tantas.
Y el ahorro, el ahorro retenido y en manos de los que obtenían los márgenes, lo mismo se lo llevaban para el extranjero, que lo guardaban, que lo invertían en comprar solares para esperar 10 años, para esperar que el solar valiera el doble o el triple, cuando el Estado se gastara los recursos en hacer por allí una avenida o una carretera, o lo invertían en préstamos, o lo invertían en edificios para cobrar altísimos alquileres, que el pueblo pagaba año tras año, sin esperanza de librarse de ese otro mal. Pero, el interés del pueblo no contaba para nada, y el Estado, por supuesto, para nada contaba. Al Estado se le tenía puesto un letrerito: “Prohibido inmiscuirse en estos problemas.” El Estado estaba ahí cuando llegaba la hora de desalojar a un infeliz campesino; el Estado sí estaba ahí cuando llegaba la hora de llamar a un pelotón de soldados para disolver una manifestación obrera o una manifestación de estudiantes; el Estado estaba ahí para garantizar intereses, para garantizar la intangibilidad de los privilegios y los intereses.  Pero cuando se trataba de cuestiones económicas el letrerito decía: “No inmiscuirse en estas cuestiones económicas, porque el Estado no debe inmiscuirse en estas cuestiones económicas.”  Y tenían un Estado maniatado, un Estado que tenía que dejar hacer y dejar pasar sin interesarse en las cuestiones de interés verdadero para el pueblo, y todo lo más que hacía era gastar, o malgastar, o despilfarrar, o desfalcar la parte de la producción nacional que recibía el Estado por concepto de impuestos.
Y esa era la situación de nuestro país. De qué manera, sin plan, sin que contara para nada el interés del pueblo, sin que le doliera a nadie los cientos de miles de personas sin trabajo, ni los obreros que cortaban caña tres meses y no trabajaban más, ni los guajiros que vivían en las guardarrayas, o a la orilla de los caminos, ni los niños que se quedaban ignorantes, ni el índice de parasitismo, o el índice de tuberculosis, o cualquiera de los problemas que afectaban la vida de nuestros ciudadanos, sin que nadie se doliera por esos problemas, ni se preocupara por resolverlos.
¿Qué es lo que nos quieren decir hoy? ¿Qué es lo que quieren decir hoy frente a la política correcta que sigue la Revolución? No, que el camino nuestro es equivocado, que el camino bueno es aquel, el camino aquel en que el pueblo era víctima de todas las explotaciones, desde la casa hasta la luz eléctrica, o el teléfono, o cualquiera de los servicios de los cuales tenía que vivir; que el sistema bueno no era el sistema mediante el cual una familia se convierte, en 20 años, en dueño de su casa, sino que el sistema bueno era aquel en que estaba 20 años pagando el triple, y si un día no tenía dinero lo echaban a la calle; que el sistema bueno no es este en que los campos se ven cultivados, en que los tractores avanzan sobre los latifundios para convertirlos en centros de trabajo y de riqueza para nuestro país , sino que el sistema bueno era aquel de los guajiros en las guardarrayas y en los cañaverales, explotados por los intermediarios, trabajando pocos meses en el año en las tierras de nuestra rica patria, que no es propiedad particular de nadie, sino que es propiedad de la colectividad, es decir, del pueblo , porque cuando hablaban de patria nadie sabía aquí qué querían decir, porque era una patria en que algunos tenían, por ejemplo, miles de caballerías de tierra y otros no tenían ni una pulgada de tierra, y se quería que el concepto de patria fuera  igual para aquel que para el otro.
Que el sistema bueno era aquel de los latifundios, que el sistema bueno era aquel de comprarles barato a los campesinos y venderle caro al pueblo; que el sistema bueno era aquel del juego, de la lotería, de la politiquería, de las prebendas, de los robos, del contrabando y de todas las inmoralidades que ha barrido la Revolución, y no el sistema de honradez, no el sistema de cumplimiento de la ley, no el sistema de rectitud, que hace que cada artículo tenga que pagar los impuestos en la aduana, y que aumenten los empleos en las fábricas, porque desaparece el contrabando, que antes venía nada menos que por los canales oficiales, porque los contrabandistas no desembarcaban sus productos en costas apartadas, los contrabandistas desembarcaban sus productos en las aduanas y en los aeropuertos; que el sistema bueno era aquel en que a las playas no podía ir nadie, en que a las playas podían ir unos cuantos, en que una población de más de un millón de habitantes no tenía acceso al mar; que el sistema bueno es aquel y no este, que ha convertido en un magnífico centro de turistas, para disfrute del pueblo, las playas naturales de nuestro país; que el sistema bueno era aquel donde los funcionarios del Estado se enriquecían, y estaban al servicio exclusivo de intereses; donde los problemas obreros eran siempre resueltos a favor de esos intereses, en que los trabajadores no tenían ni siquiera el derecho de elegir a sus dirigentes, en que no tenían medio de defenderse de los abusos y de los atropellos que con ellos se cometían; que el sistema bueno era aquel del soldado sirviendo a los latifundistas y sirviendo a los grandes intereses, del policía exaccionando a todo el mundo, del inspector enriqueciéndose de la noche a la mañana; y no el sistema de hoy, de funcionarios honestos, de soldados al servicio del pueblo, porque es el pueblo quien los paga y los sostiene.
Que el sistema bueno era aquel de los campos olvidados sin escuelas, de los niños analfabetos, y no el de la Revolución, que se preocupa de convertir las fortalezas en escuelas y llevar miles y miles de maestros a los campos.
Que el sistema bueno era aquel de entreguismo a los intereses extranjeros, de sumisión ante los intereses extranjeros, de un país cuyo comercio estaba limitado, cuyos productos no podían siquiera venderse en todos los mercados del mundo, porque se limitaba, se autolimitaba la posibilidad de expansión comercial, cuando los pueblos no pueden vivir sin comerciar unos con otros, porque unos pueblos necesitan los productos de otros pueblos, unos pueblos producen con exceso determinados productos, que cambian por aquellos productos que no tienen y que en cambio producen con exceso en otros países...  
Que el sistema bueno era aquel en que le decían al gobierno, no se inmiscuya, mientras todo era miseria en la nación y mientras en cambio siempre se inmiscuía el gobierno para defender privilegios y para defender intereses; entonces sí llamaban al Estado; entonces sí reclamaban la presencia de sus personeros dentro de aquel Estado, para defender sus intereses y privilegios, mientras trataban de prohibirle al Estado que interviniera absolutamente para nada para defender los intereses del pueblo.
No era fácil el problema de nuestro país. Era lógico que cada familia tuviera la aspiración de mejorar sus ingresos, pero la Revolución podía mejorar esos ingresos hasta cierta medida, en la medida en que lo permitiera la economía del país. Y efectivamente la Revolución mejoró los ingresos de las familias, mejoró los ingresos de casi todos los sectores del trabajo y además redujo una serie de gastos de la familia, como el gasto de la vivienda, el gasto de la luz y el gasto de cuantos productos pudo rebajar la Revolución.
Sin embargo, quedaban otros problemas. Si de repente se producía un aumento de 332 millones de pesos en un año, significaba una cosa, que el consumo iba a aumentar 332 millones de pesos, pero la economía, es decir, la producción nacional, era una producción para un consumo de 722, la producción nacional, y los recursos que se gastaban en importaciones eran para un consumo de 722 millones y de repente teníamos un consumo de 1 000 millones. Eso, desde luego, no tendría gravedad en un país con grandes reservas monetarias, que puede perfectamente cubrir cualquier aumento de consumo con artículos importados. Pero si el problema de nosotros, además de todos los otros, era que estábamos escasos de reservas, se iba a producir un aumento de consumo frente a una producción que estaba adaptada a un consumo de 300 millones de pesos inferior y hay efectivamente algunos productos cuya producción se puede aumentar rápidamente. Unas fábricas, las fábricas de tejidos, por ejemplo, que trabajaban un día y dos días a la semana, para un consumo de 700 millones de pesos en salarios, comenzaron a trabajar tres días, y cuatro días, y cinco días y siete días a la semana para ese consumo. Las fábricas de zapatos, las fábricas de cerveza, las fábricas de muchos productos. Hay productos que efectivamente se puede aumentar casi inmediatamente su producción; hay productos agrícolas que pueden tardar un poco más, pueden tardar, por ejemplo, un año y así tenemos el caso del arroz, cuyo aumento, que se produjo en un año, fue de un millón y medio de quintales, aunque a su vez se había producido un aumento en el consumo de casi un millón de quintales.  Es decir que ese millón y medio solo servía para cubrir aproximadamente 500 000 quintales de los 4 millones que importábamos.
Hay otros productos que sin embargo no se pueden aumentar de un año para otro. Tenemos un caso: el de la leche. Si hay una producción de leche adaptada a un consumo de 700 millones en salarios, puede resultar insuficiente para un consumo de 1 000 millones, y no es un artículo cuyo aumento se pueda producir, se pueda lograr rápidamente, porque requiere un período de tiempo mayor. Es decir que al aumentar el empleo en el país, al aumentar, por tanto, la capacidad de consumo en el pueblo, teníamos que confrontar dificultades, dificultades con los productos nacionales, cuyo aumento en la producción no se podía lograr de la noche a la mañana, y dificultades con los productos de importación, porque nosotros tenemos por delante la tarea fundamental de industrializar el país, y por tanto, tenemos que ahorrar divisas. Si el problema lo resolvemos gastando nuestras divisas en artículos de consumo, pues la república estaría perdida, ya que hay que ahorrar esas divisas para invertirlas en las maquinarias que tenemos que importar. Y ese fue un problema que comenzó a comprender el pueblo. Es decir que al aumentar el empleo y al aumentar los ingresos, se producía un aumento de consumo, más el aumento de la producción no se podía lograr en todos los renglones de la noche a la mañana, por un lado, y por otro lado, teníamos que ahorrar para invertir nuestras divisas. Fue así como un día nos dirigimos a los dirigentes de los trabajadores y les explicamos todos estos problemas. Les explicamos el problema del aumento en los ingresos, que no era una cuestión que pudiera lograrse por decreto. Les explicamos, incluso, que con las medidas de control adoptadas en el banco nacional, la parte de margen que se deposita en los bancos forma parte del ahorro nacional, porque ese ahorro no puede trasladarse al extranjero, ya que como ahorro del país debe permanecer en el país; es decir que incluso, los márgenes que se lograban en determinadas empresas se podían computar como ahorro nacional, porque ese dinero no podía ser trasladado del país y que como tal ahorro nacional forma parte de los recursos que la nación puede invertir para su desarrollo. Es decir que el ahorro nacional no está ya en manos, a disposición del capricho o de interés de sus poseedores; el ahorro nacional es eso: ahorro nacional y se tiene que invertir de acuerdo con los intereses de la nación. Y las divisas... las divisas no se pueden disponer a capricho de ellas, las divisas son también patrimonio nacional y hay que invertirlas de acuerdo con los intereses nacionales. Cuando llegó el momento de ahorrar divisas, ¿qué hicimos? Nosotros no sacrificamos la materia prima de las fábricas, nosotros no sacrificamos los alimentos del pueblo. Nosotros sacrificamos los gastos innecesarios, los gastos de lujo, es decir que el ahorro de divisas no se hacía a costa del pueblo, el ahorro de divisas se hacía a costa de los artículos suntuarios. El ahorro de divisas se hacía a costa de los gastos innecesarios. El pueblo no ha tenido que sufrir absolutamente nada por la política de ahorro de divisas, porque cuando llegó el momento de ahorrar divisas, no las ahorramos a costa del pueblo, las hemos ahorrado a costa de los que gastaban en lujos, en paseos, en cuestiones suntuarias, suntuarias, no indispensables.
Fue así, de la explicación y de la comprensión de estos problemas que comenzaron a surgir soluciones de pueblo, a los problemas económicos del país. Para que un país se industrialice, hace falta lo que se llama capital. Capital es sencillamente las inversiones, los gastos que hay que hacer, bien en maquinaria, bien en trabajo para explotar los recursos de una nación. Ese capital, si no lo tiene el país, tiene que obtenerlo: bien ahorrando, es decir, de lo que produce ahorrar una parte. No importar más de lo que exporta, que era lo que estaba pasando aquí, que era otro mal. Era un pueblo acostumbrado a importar más de lo que exportaba y lo podía hacer porque tenía 500 millones de reservas.  Y si todos los años importaba 50 o 100 millones más de lo que exportaba, disminuía aquellas reservas.
Pero cuando la Revolución llega al poder, ya las reservas no podían disminuir más y teníamos un pueblo habituado a un consumo de importación mayor de lo que exportaba. En esa situación un país, cuando tiene que invertir, tiene o que ahorrar, o tiene que recibir capital del extranjero.  Ahora bien, ¿cuál era la tesis que se podía oponer a la tesis nuestra de ahorrar, y de ahorrar sobre todo nuestras divisas, para desarrollar nuestra industria propia?  Pues se establecía la tesis de la importación de capital privado. Cuando se trata de capital privado nacional, pues el capital está ahí en el país, pero cuando se trata de la importación, porque si se necesitan capitales y la fórmula de solución que se aconseja es la inversión de capital privado, tenemos esta situación: el capital privado extranjero no se mueve por generosidad, no se mueve por un acto de noble caridad, no se mueve ni se moviliza por el deseo de ayudar a los pueblos. El capital privado extranjero se moviliza por el deseo de ayudarse a sí mismo. El capital privado extranjero es el capital que sobra en un país y se traslada a otro país, donde los salarios sean más bajos, las condiciones de vida, las materias primas sean más baratas, para obtener mayores ganancias. Lo que mueve el capital de inversión privada extranjera no es la generosidad sino la ganancia; y la tesis que se había defendido siempre aquí era de garantía al capital privado de inversión, para resolver los problemas de industrialización.
Pero, ¿qué resultaba?  El capital privado de inversión no va allí donde más se le necesita, sino que va allí donde puede obtener mayores ganancias. El capital privado de inversión extranjera pide condiciones. Y, ¿ustedes saben cuáles son esas condiciones?  ¿Ustedes saben que la primera condición que piden es el derecho a despedir a los trabajadores?, porque ellos entienden que el derecho de los trabajadores a la permanencia y al amparo en el trabajo van contra las condiciones ideales del capital de inversión, porque ellos entienden que si en un momento dado pueden obtener más ganancia desplazando obreros, lo que les conviene es desplazar obreros y lo primero que piden es el derecho a despedir a los obreros, lo primero que piden son bajos salarios. Es decir que lo que se llaman condiciones y garantías al capital privado extranjero de inversión, son condiciones leoninas para los trabajadores, porque como se ven con el capital en las manos, saben que un país lo necesita, las condiciones las ponen ellos y las condiciones van en detrimento de los trabajadores.  Eso en primer lugar.
En segundo lugar, porque buscan ganancias, ganancias para amortizar el capital invertido, para amortizar los intereses de ese capital y para obtener margen, además, y para estar extrayendo el jugo de un país indefinidamente, porque no tiene límites.
Luego, ¿cómo se concebía que una Revolución se pusiera a esperar la solución del capital privado extranjero de inversión?; ¿cómo se concebía que una Revolución que surgiera reivindicando los derechos de los trabajadores, que surgiera garantizando esos derechos de los trabajadores, que habían estado conculcados durante muchos años, fuera a ponerse a esperar la solución del problema del capital privado extranjero de inversión, que va donde más le interesa, que se invierte en aquellos artículos, no que sean los más necesarios para el país, sino los que más ganancias le permita? Luego, la Revolución no podía escoger ese camino, ese era un camino colonial, ese era un camino de explotación. Al pueblo se lo habían repetido mil veces, diez mil veces, un millón de veces: garantías al capital privado de inversión, para resolver el problema; y eso era lo que le habían repetido al pueblo como una solución.  Pero, ¿es que acaso no tuvieron las garantías durante 50 años?; ¿es que acaso no han tenido esas garantías en casi todos los pueblos del continente americano?; ¿y es que acaso han resuelto los tremendos problemas en esos pueblos?; ¿es que han resuelto los problemas del desempleo?; ¿es que han resuelto los problemas de la educación?; ¿es que han resuelto los problemas de la salubridad?; ¿es que han enriquecido los pueblos?; ¿o es que los pueblos de América Latina...? ¿Qué soluciones han aportado en 50 años? ¿Qué solución, como no sea este saldo de 661 000 desempleados, sin contar el saldo de desempleados en todos los países subdesarrollados de América Latina?
¿Cómo se concebía que una Revolución fuera a fiar sus esperanzas de solución del problema en soluciones que no habían resuelto nada en 50 años, en soluciones que iban a pedir precisamente condiciones que eran onerosas para los trabajadores del país? ¿Cómo podía ser ese el camino?  y si ese no podía ser el camino, pues nosotros teníamos que escoger otro camino. Teníamos o el camino de resignarnos a la vida de ayer, a la vida de siempre, o teníamos que escoger un camino de solución verdadera de nuestros problemas, de solución definitiva.
Si la Revolución se resignaba al pasado, no tenía problemas con esos intereses, no tenía problemas con esos privilegios, no habría problemas con ningún latifundista, con ninguna compañía poderosa extranjera que tiene miles y miles de caballerías; no tendría problemas con los trusts que explotan los servicios públicos, no tendría problemas con las explotaciones mineras que se llevan nuestra materia prima sin pagar siguiera impuestos; no tendríamos problemas con los productores de esos artículos que importamos, ya que el camino habría sido el de seguir importando; si nos resignábamos al pasado, no habría solución. No sería tampoco una Revolución y había que escoger entre la resignación o la Revolución.
La resignación no podía ser el camino porque para resignarse con todo el pasado no murieron 20 000 cubanos; para resignarse con el pasado no se han sacrificado muchas generaciones.  Si queríamos darles tierras a los campesinos, si queríamos producir aquí los artículos que podemos producir en vez de importarlos; si queríamos vender nuestros productos en todos los mercados del mundo, si queríamos proteger la industria nacional; si queríamos proteger nuestras reservas, si queríamos defender al pueblo, pues tendríamos que afrontar los problemas. Era un camino de problemas, con los enemigos de nuestro pueblo, pero era el único camino revolucionario. La otra fórmula sería el camino de arreglos con los intereses contrarios al progreso de nuestro país, pero un camino de traición al pueblo y, ¡nosotros no podíamos escoger el camino de la traición al pueblo! Teníamos que escoger no el camino fácil de los gobernantes de ayer, teníamos que escoger el camino riesgoso, el camino difícil, el camino duro; pero el único camino correcto y los únicos caminos por donde los pueblos pueden progresar y pueden conquistar una verdadera felicidad, y pueden encontrar verdaderas soluciones a sus problemas.
Nosotros teníamos que enfrentarnos a esos intereses, no íbamos a esperar que esos intereses vinieran a resolver nuestros problemas. Nosotros, para resolver nuestros problemas teníamos que enfrentarnos a esos intereses, y teníamos que afrontar las consecuencias de esas medidas que tomásemos. Luego, no había alternativa, la Revolución seguía el camino verdadero.  La Revolución no le decía al pueblo: “Gasta más de lo que consumes”; “consume más de lo que produces”; “no importa, que vendrán capitales extranjeros a convertirte en un esclavo”.  Nosotros le decíamos al pueblo: “No esperes tu solución de los capitales extranjeros” ; “consume menos de lo que produzcas”; “ahorra para poder invertir, porque si el dinero no puede esperarse de fuera, el dinero hay que sacarlo de aquí, el dinero hay que ahorrarlo; el dinero tiene que salir de la producción nacional, de esa parte de la producción nacional, que en vez de gastarla la vamos a invertir; es decir que en vez de comernos las 100 libras de granos producidos, vamos a gastar 90 libras y vamos a invertir 10; no podemos consumir todas las libras, porque si no, no podremos sembrar, si no, no podemos desarrollarnos, si no, no podremos darles trabajo a los que están sin trabajo, si no, no podremos elevar el estándar de vida del pueblo”.
Y ese era el único camino correcto de un pueblo que quisiera liberarse. Y si viene capital extranjero, no es capital de inversión extranjera, es capital que se entrega a la nación, para que la nación lo invierta, para que las industrias sean de la nación; y la nación pague con su producción; pero que las empresas sean nacionales, que el país no tenga que estar dependiendo de la voluntad de amos extranjeros. Que el amo de sus riquezas sea el país, porque no se concibe un país libre, cuya economía es economía de extranjeros. Porque quieren mandar no solamente en la economía, sino que entonces quieren también mandar en la política, y quieren mandar en todos los aspectos de la vida del país.
Lo que nos aconsejaban los detractores de la Revolución y los reaccionarios, era la política de entregar la economía en manos extranjeras, para que la patria tuviera amos extranjeros, para que la felicidad del pueblo, la seguridad del pueblo, el estándar de vida del pueblo, estuvieran no a merced de los brazos del pueblo, no a merced de la voluntad del pueblo, sino a merced de la voluntad omnipotente de los amos extranjeros de nuestra economía, y el camino ese, antinacional, era el camino que proponían los reaccionarios.  Y nos critican a nosotros, critican a la Revolución, porque no escogió ese camino de buscar amos extranjeros a la economía, sino de buscar un camino que condujese a la nación al pleno dominio de sus recursos naturales y de sus riquezas. Y en estas cuestiones no caben términos medios y que el pueblo lo comprendió, ¿quién lo duda?¿Quién duda de que el pueblo comprendió cabalmente estas verdades, si apenas comenzaron a ser evidentes en la conciencia de la nación, surgió la iniciativa de los propios trabajadores de entregar una parte de sus salarios?  
Surge el gesto, no de los que tenían más; surge el gesto por parte de los que tenían menos. Surge el gesto por parte de los trabajadores, de privarse momentáneamente de una parte de sus ingresos para invertirlos, es decir que en vez de consumir el ciento por ciento de sus salarios, disponen del 96% de ese salario y guardan un 4%, y se lo entregan a la nación, para que la nación desarrolle sus riquezas, para que la patria no tenga amos extranjeros, para que la economía esté en manos de los cubanos, para que la felicidad no dependa de las voluntades de los extranjeros, sino de la voluntad de nuestro propio pueblo, cada obrero dispone y entrega a la Revolución cuatro centavos por cada peso que gana.  Le quita a su familia, y les quita a sus hijos esos cuatro centavos, en aras de la liberación de la patria, en aras del desarrollo de los recursos de la nación, con el esfuerzo de la nación y con el ahorro de la nación. Y eso es lo que tiene de verdaderamente emocionante y lo que tiene de extraordinario este gesto de los trabajadores porque no es una medida que el gobierno imponga al pueblo, no es una medida que el Estado imponga a los trabajadores, sino que es una medida que surge espontáneamente de los propios trabajadores. Es decir que un gobierno no democrático les habría impuesto a los trabajadores esta medida. Nosotros no les hemos impuesto a los trabajadores jamás una medida.  Nosotros hemos defendido con lealtad y con patriotismo los intereses de nuestro pueblo y los intereses de los trabajadores; y los trabajadores, sencillamente, han respondido a esa actitud y, espontáneamente, han adoptado un gesto que nosotros podemos exhibir con verdadero orgullo ante todo el mundo, porque estoy seguro de que nuestra Revolución tiene el privilegio de poder contar en su haber con un respaldo semejante y con un gesto semejante, que es un gesto único de que sea el propio pueblo el que se quite una parte de lo que tiene para entregarla a la nación; que sea la parte del pueblo que menos tiene la que se quite una parte de lo que tiene para entregarla a la nación.
¿Qué quiere decir eso, sino patriotismo? ¿Qué quiere decir eso, sino conciencia revolucionaria?    ¿Qué quiere decir eso, sino que contamos con un magnífico, con un extraordinario pueblo?  ¿Qué quiere decir eso, sino que Cuba tiene derecho a esperar su triunfo, de que Cuba tiene el más legítimo de los derechos a albergar la seguridad de su triunfo porque cuenta con un pueblo semejante? ¿Podría hacerse esto si el pueblo no lo comprendiera? ¿Podría hacerse esto si el pueblo no tuviera conciencia de estas verdades, si el pueblo no tuviera conciencia de sus deberes? ¿Podría lograrse esto si el pueblo, carente de conciencia revolucionaria y carente de espíritu de sacrificio, tuviera por aspiración aumentar sus mejoras, gastar más, y no la disposición de sacrificarse? ¿Se podría seguir adelante si no se contara con un pueblo semejante?  ¿Cuál sería el destino de un pueblo que no comprendiera esto?  Sería el fracaso; sería el regreso al pasado; sería la agravación de sus males; sería una sumisión mayor a los amos extranjeros de nuestra economía.  Y, ¿qué quiere decir que el pueblo comprenda esto?, ¿qué quiere decir que el pueblo tenga esa disposición de sacrificio?, sino que el pueblo tiene derecho a esperar el triunfo, porque se triunfa cuando se hace lo necesario para triunfar, se triunfa cuando se adoptan las medidas necesarias para triunfar.  Se triunfa cuando se toma el camino verdadero.
¿Y va a ser un sacrificio que no recibirá compensación?  Será un sacrificio que reciba las mayores compensaciones. Hay compensaciones que no son materiales, la satisfacción que experimenta cualquiera de nuestros conciudadanos, cuando se desprende de una parte de sus ingresos o se desprende de un día de haber, para ayudar a la reforma agraria es una satisfacción que no puede compararse con ninguna satisfacción material. La satisfacción de un trabajador cuando otro día se quita parte de su salario para ayudar a defender la soberanía nacional, para comprar armas y aviones, es una satisfacción que no puede compararse con ninguna satisfacción material.  Tal vez ese día dejó de ir al cine, tal vez ese día dejó de comprarse algo, tal vez privó a los suyos de algún detalle, pero el sacrificio pasó y, en cambio, la satisfacción, la satisfacción moral de haber hecho una acción noble, de ver los frutos de esa acción, es una satisfacción que no desaparece y que compensa con creces cualquier sacrificio. Porque de algún bien material se disfruta en un momento dado, de un bien moral se puede disfrutar siempre; y la satisfacción de una clase obrera que se siente jugando un rol tan decisivo en los destinos de su país y los frutos de ese esfuerzo, constituirán, ante todo, un motivo de orgullo que será eterno. Pero además, nuestro pueblo recibirá satisfacciones materiales por los sacrificios que hace hoy. Y ese 4% que ahorran para invertirlo, ¿qué quiere decir? Que van a garantizar el desarrollo de la economía del país, que van a elevar la producción nacional y que en la misma medida en que la producción nacional se eleve, podrá elevarse el ingreso de cada cubano; en la misma medida en que nos industrialicemos, en la misma medida en que cultivemos nuestros campos, con las técnicas más modernas, en la misma medida en que construyamos represas, en que reguemos nuestros cultivos, en que plantemos las mejores variedades, en la misma medida en que nuestras fábricas sean más modernas y el rendimiento sea mayor, en la misma medida en que este ejército de desempleados, que hoy consumen y sin embargo no producen, entren a producir, se elevará el estándar de vida de todo el pueblo. Y cuando los trabajadores o las familias se pregunten cuáles son las causas por las que no tienen más ingresos, cuáles son las causas, por qué en su casa no pueden gastar más  todos los meses, la respuesta es una sola:  la causa es la falta de desarrollo económico, la causa es la falta de producción, ya que no se puede disfrutar de lo que no existe, no se puede disfrutar de lo que no se produce, y cada vez que la familia piense a qué se deben sus limitaciones, la única respuesta es que hoy esas limitaciones se deben a la falta de desarrollo económico de nuestro país, a la falta de producción, al hecho de que haya tantos cientos de miles de personas sin trabajo, al hecho de que no tengamos industrias, al hecho de que tengamos que importar los artículos manufacturados del extranjero, en vez de producirlos aquí, y que el camino para ir elevando el estándar de vida de la familia, el único camino posible, es el camino que eleve la producción nacional, y en la misma medida en que se industrialice el país, esta generación recibirá los frutos de ese sacrificio que está haciendo hoy.
Pero no se limitará a recibir él los beneficios derivados del aumento de ingresos. Los hijos estarán garantizando un estándar de vida más alto del estándar de vida que hemos tenido nosotros. Los hijos de nuestras familias estarán garantizando una existencia mejor que la que hemos tenido nosotros.
Pero no se limita a eso el beneficio material. Ese dinero que hoy se entrega, ese dinero se reintegra y se reintegra con intereses, y con intereses altos. ¿Por qué se pagan altos intereses?  Porque se le van a pagar intereses al pueblo; no se le va a pagar interés  a un señor que posea muchos millones, se le va a pagar un interés del siete y medio, interés compuesto, al año, que permite duplicar en 10 años cualquier cantidad, y cuadruplicarla en 20 años, se le va a pagar al pueblo.
Es decir que cada centavo derivado de ese 4% será como si lo depositaran en una caja de ahorros, donde estarán en favor y en el haber de cada uno de los que contribuyen en la proporción en que contribuya, y estará percibiendo intereses, pudiendo recibir ese certificado de ahorros con sus intereses al cabo de cinco años en adelante.  Puede recibirlo al cabo de seis o al cabo de diez, si lo desea guardar.
Es decir que esta generación, que hace este sacrificio, recibirá una tercera compensación, que es el reintegro con interés. Es lo que se ahorra hoy para aumentar la producción y disfrutarlo el día de mañana.
¿Y en qué se van a invertir esos 40 millones el primer año? Los trabajadores necesitan saber en qué se van a invertir precisamente, en qué fábricas se van a invertir. Y aquí varios compañeros han estado trabajando durante muchos días en la confección de este primer plan. Es el primer plancito de industrialización del Gobierno Revolucionario. Y aquí, en este plan pequeño, están las industrias y la cantidad en que se van a invertir los 40 millones de los trabajadores.  Se ha tratado de indagar si le corresponden utilidades, y es que confunden, confunden la cosa, porque creen que el trabajador se vuelve como un accionista absentista de esas compañías, que están acostumbrados a ver aquí. No, señor, el trabajador no se vuelve accionista absentista, porque el trabajador no se va a poner a estar explotando a los demás trabajadores. El trabajador se vuelve acreedor de los beneficios derivados del desarrollo del país y acreedor de una proporción de compensación que gustosamente le dará el pueblo por su esfuerzo, le dará la nación por su esfuerzo. Ya se sabe lo que pasa en una compañía, si la compañía marcha bien deja grandes dividendos para sus accionistas, si la compañía marcha mal, pues deja pérdidas y no hay dividendos y baja el valor de las acciones y se pierde el dinero invertido. ¿Cómo vamos a venir nosotros con ese método clásico a decirle al trabajador que vaya a formar parte de una aventura económica y que si la empresa anda mal él pierde y si la empresa anda bien, él gana mucho?  No, señor, aquí corremos los riesgos parejos, es decir, las ganancias parejas.
Nosotros establecemos 10 fábricas, si una rinde mucho, deja mucho margen y otra deja poco, ¡ah!, pues no le vamos a pagar a determinado número de los que aportaron su dinero más y a determinado número le vamos a pagar menos, porque esto no es cuestión de suerte, la inversión es total y los recursos son de la nación, el obrero percibe...  no va a correr el riesgo aquí de invertir para ver si tiene la suerte. No, señor, el Estado le garantiza su interés, su utilidad, que posiblemente no haya compañías que den esas utilidades que van a percibir los obreros de la nación. No porque las fábricas anden, sino de los recursos de la nación y la nación se lo podrá dar en la misma medida en que desarrolle su riqueza, porque ese dinero se multiplica, esa riqueza se multiplica y se le puede devolver como justa compensación del sacrificio que ha hecho hoy.
Luego, ¿y de dónde el Estado puede pagar esos intereses?, de sus recursos. Nosotros sí devolvemos las utilidades, se las devolvemos al pueblo, no se la devolvemos a ninguna compañía particular, esta no se trata de una compañía absentista anónima, ni nada de eso...    Estas fábricas van a pertenecer al Pueblo Company, S.A.  Son industrias del pueblo, son industrias del pueblo, donde todo el pueblo va a contribuir, los niños, porque los hijos de los trabajadores están poniendo su parte, el centavito que le iba a tocar de esos cuatro centavos, pues también él lo va a contribuir aquí  a la industrialización.
Y el pueblo recibirá los beneficios, porque el Estado, ¿para qué quiere utilidades? El Estado no es una compañía, el Estado no es un patrón, el Estado, ¿para qué quiere utilidades? El Estado no tiene bolsillo, el Estado no tiene cuenta bancaria...  
El dinero de un particular se guarda en un banco y él lo gasta por ahí, pero los ingresos del Estado se gastan en hospitales, se gastan en pagar maestros, se gastan en las universidades, se gastan en todos los servicios públicos que presta el Estado, se gastan en los caminos, en las carreteras, en las unidades sanitarias, en los médicos. El Estado no tiene ni cuenta particular, ni bolsillo; el Estado no guarda nada. Y ahora el Estado revolucionario no roba nada. Si alguno, desgraciadamente, no se da cuenta de los tiempos que estamos viviendo y roba, ¡ah!, pues para eso están los tribunales revolucionarios.
El Estado, todos sus recursos, son los recursos del pueblo, el Estado lleva la contabilidad y dirige los gastos de los recursos que se disponen, y cada centavo que el Estado percibe por impuestos, que son una parte de la producción nacional, lo invierte en satisfacer las necesidades del pueblo.  Ojala tuviera mucho dinero el Estado para que pudiera atender todas las necesidades que hay de hospitales, en fin, muchas de las necesidades que tendremos que esperar años en poder satisfacer, porque ahora estos 40 millones no los podemos invertir en hacer parques; esto hay que invertirlo en industrias, precisamente, porque nuestro problema es el problema del desarrollo.
¿En qué se van a invertir estos 40 millones? Se van a invertir en los siguientes renglones industriales: primero, en industrias agropecuarias; una industria de arroz precocido, 250 000 pesos; extractores de aceite y almacenes, 3 220 000 pesos.  En la primera fábrica, 25 obreros; en la segunda fábrica, de extractores y almacenes, 30 obreros; una fábrica de sacos de kenaf, 6 millones de pesos, empleo para 400 obreros; una fábrica de almidón de yuca, 470 000 pesos , empleo para 17 obreros; una fábrica de papel de arroz, 2 300 000 pesos, empleo para 200 obreros; desmotadora de algodón, 1 840 000 pesos, 100 obreros; fábricas de piensos, 1 720 000 pesos, 600 obreros; materias primas de pienso, guarapo deshidratado, 200 000 pesos, empleo, 1 600 obreros.  Total en industrias agropecuarias: 16 006 000 pesos, con empleo para 2 874 obreros.
Segundo, en industrias mineras: programa de manganeso, mineral sintetizado del 48%, 500 000 pesos, empleo máximo 947 obreros; programa de cobre, mineral concentrado de 30%, 3 560 000 pesos, empleo 1 273 obreros.  Totales: 2 220 obreros.
Industrias textiles, de hilados, una planta en Matanzas de 4 600 000 pesos, 539 obreros; una planta en La Habana, 3 700 000 pesos, 431 obreros; una planta en Oriente, 4 600 000 pesos, 539 obreros; tejidos, una planta en Matanzas, 2 millones de pesos, 272 obreros; una planta en La Habana, 1 450 000 pesos, 191 obreros; una planta en Oriente, 2 millones de pesos, 272 obreros.  Total, 2 244 obreros en las industrias textiles, 22 750 000 pesos.
Entre industrias agropecuarias, industrias mineras e industrias textiles hacen un total de 40 millones de pesos. Y estos 40 millones están dentro de un plan mayor, que comprende cinco ramas industriales: son la mencionada agropecuaria, química, siderometalúrgica, minera y textil.  Invirtiéndose en este plan total que comprende los tres renglones, en los cuales se van a invertir los 40 millones de pesos, y otros dos renglones, el químico y el siderometalúrgico, estará distribuido de la siguiente forma: agropecuaria, 16 006 000 pesos, empleo 2 874 obreros; química, 32 700 000 pesos, empleo, 645 obreros, porque es un tipo de industria que no emplea mucho la química, pero que es imprescindible para los planes de desarrollo agrícola, sobre todo; siderometalúrgica, 76 230 pesos, con empleo para 2 787 obreros; minera, 4 060 000, para 2 220 obreros; y textil, 22 750 000 para 2 244 obreros. Totales del plan a realizar por el Instituto Nacional de Reforma Agraria, en industria, en los próximos 12 meses son, en total: una inversión total de 151 846 000 pesos, para dar empleo directamente, directamente a 12 770 obreros.  Estas industrias estarán distribuidas por todo el país, de acuerdo con la localización de la materia prima y las necesidades de cada región, serán bien distribuidas con la mejor equidad.  Y significa una inversión de 151 880 000 pesos, casi 152 millones de pesos.
Ahora, ¿cuántas divisas tenemos que gastar?  Porque una parte la pagamos con dinero nacional, construcciones, una serie de gastos, pero hay un gasto de divisas en importación de 98 323 000 pesos; es decir que en este programa, el primer plancito industrial del Gobierno Revolucionario nos costará 98 millones en divisas. Esas son las divisas que el compañero Guevara está ahorrando en el Banco Nacional. Así que, cuando ustedes oigan que algún artículo suntuario no está en el mercado, y oigan algunas quejas de los que hasta ahora han disfrutado de esos artículos suntuarios, es sencillamente que estamos ahorrando divisas para industrializar el país.  En este programa, y este es un programa aparte de otros planes que comprenden industrias como la refinería y la metalúrgica, una planta de fundición y de procesamiento de hierro, para producir acero, que son más costosas y que son las que vamos a proyectar y a establecer, con los 100 millones de crédito de la Unión Soviética, en los proyectos de esa industria. Pero no estarán, estas industrias que yo les mencioné de 152 millones, tardarán más o menos un año, de 12 a 14 meses, en estar funcionando. Las otras tardarán más tiempo, porque se tarda más tiempo en estudiarse, hacerse las investigaciones pertinentes de los yacimientos y construirlas llevan más tiempo.  Esto es de nuestros ahorritos, de nuestros  ahorritos, aparte de los créditos que podamos movilizar, porque no podemos conformarnos con eso solo, no, tenemos que tratar de invertir cada vez más por año, a medida que aumente nuestra producción y nuestra riqueza, invertir cada vez más por año.  Este es el primer plan, con nuestros exclusivos ahorros, del pueblo, de los recursos que pueda movilizar el INRA para este plan industrial, que significa cerca de 13 000 obreros directamente, pero que significa cerca de 40 000 obreros indirectamente.
No es empleo solamente, porque ahora viene todo, el transporte, producción de materias primas.  Una planta de extraer aceite puede emplear 25 obreros, pero son miles de personas las que trabajan produciendo la materia prima para el aceite, y cultivando los campos, y transportando y almacenando, y distribuyendo esos productos. Además, una hilandería puede producir empleo para 300 o 400 o 500 personas, pero trabajan miles de personas en los cultivos del algodón, en las empacadoras del algodón, en los almacenes, en el transporte. Es decir, está el empleo directo y después viene el empleo indirecto, y hay que añadir, además, el aumento de consumo que obliga a mayor producción en otras fábricas, de cigarros o de determinados productos, porque son consumidores y van a obligar al aumento de empleo en muchas fábricas.
Este es el plan industrial del Instituto Nacional de la Reforma Agraria este año que, además, tiene un plan agrícola de otros 150 millones de pesos. (DEL PUBLICO LE DICEN: “Que se ponga una fábrica de botellas.”)
Bueno, todas las industrias tienen un orden, está muy bien, pero todas las industrias tienen un orden. Se van estudiando de acuerdo con las necesidades más importantes, y todas estas industrias ahorran artículos de importación. Así que todas las industrias se van estudiando, de acuerdo con el orden de las necesidades, no es al capricho de nadie. A veces ocurre que no se ponen de acuerdo, y se ponen cinco fábricas de la misma cosa, se despilfarra el dinero, ¿cómo nosotros vamos a despilfarrar el dinero? Nosotros lo que tenemos que hacer es que lo que tenemos, irlo invirtiendo bien, por orden de importancia, de acuerdo con las necesidades.
Y en la agricultura, que va a haber un empleo extraordinario, y ya hay muchas zonas de Cuba en el campo en que se ha acabado el desempleo. Se va trabajando, además, en represas, para regadío, disecación de la Ciénaga de Zapata, en fin. No están incluidas aquí las inversiones en las playas públicas ni en los centros turísticos, no están incluidas las inversiones en viviendas, no están incluidas las inversiones en obras públicas, no están incluidas las inversiones en escuelas.
Es decir que ya esto es el primer paso de avance hacia la industrialización, que como muy bien dijo el compañero David Salvador, se había dado el “grito de industrializar el país” en este 24 de febrero.
Entre la agricultura y la industria, se invertirán 300 millones. Esta es la batalla por desarrollar económicamente nuestro país  y resolver los males. Claro está que no es un camino fácil; ustedes saben que nos amenazan, ustedes saben que se habla de represalias económicas, ustedes saben que se habla de maniobras, de quitarnos cuota, etcétera, etcétera, mientras nosotros tratamos de vender nuestros productos, de desarrollar nuestra economía y vender nuestros productos.  ¿Esto quiere decir acaso que nosotros tengamos que retroceder? ¿Esto quiere decir que nosotros tengamos que abandonar toda esperanza de mejoramiento porque nos amenacen?  (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Cuál es el camino correcto del pueblo? ¿A quién le hacemos nosotros daño queriendo progresar? (EXCLAMACIONES DE: “¡A nadie!”)  ¿Es que nosotros queremos estar viviendo del trabajo de otros pueblos?  (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Es que nosotros queremos estar viviendo de la riqueza de otros pueblos?  (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Qué es lo que queremos nosotros? ¿Qué es lo que queremos los cubanos aquí?  Lo que queremos es no vivir del sudor de otros, sino vivir de nuestro sudor. No vivir de la riqueza de otros, sino vivir de nuestras riquezas, explotarlas inteligentemente, explotarlas intensivamente, para que todas las necesidades materiales de nuestro pueblo se satisfagan y, sobre esa base, resolver todos los demás problemas del país, porque no se habla de lo económico por lo puramente económico, sino de lo económico como base para satisfacer todas las demás necesidades del país; la necesidad de educación, la necesidad de una vida higiénica y saludable, la necesidad de una vida que no solo sea de trabajo, sino también de esparcimiento, la necesidad de satisfacer las grandes necesidades espirituales y culturales de los pueblos.
Es decir que estamos luchando por lo más legítimo que puede luchar un pueblo, un derecho tan justo que nadie le puede discutir. Se pueden inventar razones, argumentos; se puede hablar en términos insolentes de nuestro país, cuya única conducta es la noble conducta de aspirar a ser feliz por su trabajo y por su esfuerzo; se pueden decir un millón de cosas; pero eso no quiere decir que puedan tener razón, porque la razón la tenemos nosotros, si en una asamblea de pueblos del mundo, no digo de representantes, por supuesto, de muchos pueblos, si en una asamblea de pueblos se discutiera si es justo que cada pueblo aspire a vivir de sus riquezas y de su esfuerzo, todos los pueblos del mundo dirían que eso es lo más justo.
Y, precisamente, cuando se ha querido violar este principio, es que se ha esclavizado a los pueblos.  Cuando se ha violado este principio, es cuando se han provocado las guerras y los trastornos.  Y la humanidad tiene que marchar hacia la aspiración de que cada pueblo viva de su esfuerzo y de sus recursos y que, en todo caso, unos pueblos puedan ayudar a otros, pero jamás unos pueblos explotar a otros.
Esa es sencillamente la esencia del esfuerzo revolucionario; esa es la razón de ser de la Revolución, que no tiene que reprocharse de nada. Puede tener errores, no es omnisciente la Revolución, ni los hombres. No son sabios los dirigentes de la Revolución, son como todos los demás, hombres que se esfuerzan por acertar y por hacer bien las cosas; por cumplir su deber en el puesto que a cada cual le ha correspondido. Pero la Revolución no tiene nada de qué reprocharse, porque está absolutamente segura de que está haciendo bien.
Y hasta nuestros enemigos, si tuvieran noción de lo que verdaderamente vale en un pueblo, si tuvieran sensibilidad para apreciar las cualidades morales de su pueblo, tendrían que reconocer lo admirable que es este acto de hoy, este acto sin precedentes en nuestro país, posiblemente sin precedentes en otros países; esta disposición de la mayoría de un pueblo al sacrificio gustoso y generoso por un programa, a este espectáculo de un pueblo gobernando, porque nosotros hemos venido aquí a rendir cuentas al pueblo, a tratar con el pueblo a tratar con ustedes, que son los representantes de todos los trabajadores, que van a impulsar este plan. Hemos venido a rendir cuentas de lo que hemos hecho, de lo que podemos hacer, y no solamente la Revolución, por ejemplo, ha elevado el nivel de ingresos en 300 millones, sino que ha prestado otros muchos servicios, servicios al pueblo; porque cada carretera que se ha abierto, ha sido un servicio al pueblo; cada playa que se ha construido, ha sido un servicio para el pueblo, que antes no tenía esos beneficios; cada centro turístico, cada escuela, ha sido un servicio para las familias, que van a disfrutar de una serie de servicios que antes no tenían y de bienes que antes no tenían.
Es decir que si nosotros hemos podido elevar el nivel de ingresos hasta cierto límite nada más, en cambio hemos elevado otros muchos servicios de la nación, y hemos resuelto incalculables problemas y hemos construido para el pueblo; y gracias a eso, pues por ejemplo, muchas familias campesinas tienen hoy maestros, o los tendrán en los meses que faltan para  terminar el programa de los 10 000 maestros, gracias a lo que se está haciendo.  Por ejemplo, solamente con las ciudades escolares, no con las ciudades escolares que están construyendo los rebeldes, sino con las fortalezas convertidas en escuelas. Hoy precisamente tuvimos la satisfacción de entregar una de las que quedaron mejor realizadas: la fortaleza del regimiento de Holguín. Se ha transformado de tal manera que no la reconocería nadie, y se ha convertido en un centro escolar tan espléndido y tan maravilloso que dejó en todos nosotros una impresión imborrable, porque superó en belleza y superó en magnificencia allí todo lo que se había esperado, gracias al esfuerzo de los trabajadores y de los técnicos del Ministerio de Obras Públicas y del Ministerio de Educación. Es la tercera que entregamos  completa y vamos a la de Las Villas, y la de Matanzas y la de Pinar del Río, más la de Ciudad Libertad que se está trabajando en ella. Quiere decir que solamente por conceptos de cuarteles y fortalezas entregadas al pueblo, 40 000 niños van a estudiar en centros escolares de primaria, con sus campos deportivos, con todas las condiciones de esparcimiento, de higiene. Y van a tener ómnibus para recogerlos, los que viven distantes, y para llevarlos a las playas, y solamente esto en corto tiempo, sin contar las escuelas que se están construyendo; sin contar, por ejemplo, las treinta y tantas que solamente ha construido el comisionado de La Habana , treinta y tantos centros escolares en que, solamente de fortalezas, hemos adaptado; las hemos adaptado de forma tal que 40 000 niños desde el próximo curso escolar, y 40 000 niños no son 4, ni 40, ni 400, ni 4 000, son 40 000 niños  que de repente van a recibir una educación, con las condiciones de comodidad que antes eran privilegios de los que podían pagarlas, y las escuelas eran escuelas derrumbándose, sin patio siquiera, sin comodidades, sin lugares de esparcimiento.  Y así estamos empezando, porque no estamos más que empezando, porque se está construyendo una ciudad escolar aparte, no que era fortaleza, sino que la estamos construyendo frente a la Sierra Maestra, del programa de construcción de ciudades escolares, y esa ciudad escolar que todavía no está ni terminada, ni mucho menos, y que tardará dos años y medio, ya terminándose la primera unidad de las 35, ya tiene doscientos y tantos niños recogidos allí, porque nosotros no perdemos tiempo. Nosotros no esperamos terminar en tres años para estar otro año organizando, para que al cuarto año estén los niños... No, nosotros, terminando un edificio allí, se va llenando de niños y ya esos niños van participando, incluso, porque vamos recogiendo de los mayorcitos, en los cultivos, en los árboles frutales.  Esos son servicios que reciben las familias. Esos serán 40 000 niños de familias humildes, de trabajadores, que tendrán una enseñanza que si la fueran a pagar, pues le costaría bastante a cada familia.  Una familia que tenga tres o cuatro hijos, equivale a un aumento en sus ingresos, porque el ingreso lo gasta el obrero con su familia y cuando recibe, por cualquier concepto, servicios que equivalen a 30, 40 o 50 pesos, eso es un ingreso en la familia; y cuando una vivienda decorosa, bonita, con jardín, como la que está haciendo el INAV, se le entrega a un obrero por veintitantos pesos, están mejorando su estándar de vida.
Es decir que esta es la obra de la Revolución: que convirtió el vicio de jugar en la virtud de ahorrar; que llena el país de escuelas; que convierte las fortalezas en centros escolares; que cultiva los campos; que organiza los lugares hermosos de nuestro país para esparcimiento de nuestras familias, para que los obreros vayan a descansar; que emplea más de 100 000 cubanos en un solo año; que aumenta la producción en todos los  órdenes; que prepara un programa industrial. Es decir, una Revolución que se esfuerza por aportar, dentro de sus recursos  limitados, usando sobre todo lo que sobra aquí, que aquí sobra entusiasmo, utilizando el entusiasmo del pueblo, en resolver los problemas del pueblo. Eso es el gobierno, eso debe ser el gobierno. Teníamos una idea perdida de lo que era el gobierno; considerábamos que gobierno era un grupo de señores ahí, viviendo como mejor pudiera y robando lo más que pudiera, olvidado de todo el mundo.
Gobernar es un concepto muy sencillo: trabajar en representación de la nación, siguiendo el sentir de la nación, interpretando las necesidades de la nación, actuando con la nación, no a espaldas de la nación, sino codo con codo y brazo con brazo con la nación. Eso es el gobierno; hombres que están ostentando una responsabilidad, que la tienen por el pueblo, porque nosotros no tenemos el poder porque lo hayamos conquistado en un golpe de Estado; nosotros no teníamos ni ejército, ni fusiles, ni nada, y tuvimos que empezar poco a poco, y, ¿por qué la Revolución llega al poder sino porque el pueblo la ayuda? ¿Y por qué la Revolución está en el poder? ¿Por qué la Revolución está en el poder, sino porque el pueblo la respalda? ¡De qué manera, frente a tantas amenazas y tantos enemigos, estaría en el poder la Revolución, si no fuera por el respaldo del pueblo! Lo que no podrían negar ni nuestros más recalcitrantes enemigos, los que nos acusan de todas las cosas que se les ocurren y, sin embargo, lo que no pueden negar es que el Gobierno Revolucionario tiene el respaldo absolutamente mayoritario del pueblo. Y lo que no pueden explicar, y lo que no podrían explicar jamás es por qué tiene el respaldo del pueblo, si fuera un gobierno como ellos lo pintan, si fuera un gobierno irresponsable, si fuera un gobierno inepto. Es decir que, ¿por qué podría tener el respaldo del pueblo?; los pueblos no respaldan a los malos gobiernos; los pueblos combaten a los malos gobiernos.  Nuestro pueblo fue siempre, casi, sistemáticamente, enemigo de todos los gobiernos; por primera vez el pueblo respalda al Gobierno y está identificado, porque por primera vez (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Fidel, Fidel!”) tiene el pueblo esa sensación de que se le está sirviendo, tiene el pueblo esa sensación de que se lucha por él; por primera vez, tiene el pueblo esa seguridad de que se vela por sus intereses, y de que, dentro de todas las limitaciones, tanto de hombres como de recursos, nos esforzamos por ayudar al pueblo, porque hemos entendido todos perfectamente nuestra obligación, como la han entendido ustedes.
Y era lógico que los pueblos respondieran. El pueblo responde, por mucho que les duela y por mucho que les pese a los enemigos de nuestro pueblo. Y es lógico que los que no lo sirvieron no pudieran contar con él.  Nosotros contamos con él para servirlo. No presumimos de ser más sabios que los demás, presumimos sencillamente —y no presumimos, sino que actuamos sencillamente—, de acuerdo con lo que entendemos nuestro deber, nuestra convicción, nuestra manera de entender estos problemas.  Y con esa convicción tratamos de marchar adelante, sin preocupaciones, sin miedo. Aquí todo el mundo está, cada día, más tranquilo, más despreocupado, y además, seguro de que nosotros, así por el camino que vamos, unidos todos como vamos, pueblo y gobierno una sola cosa, como debe ser pueblo y gobierno, iremos resolviendo nuestros problemas.
Y algún día tendremos el premio, y sobre todo, lo tendrán las generaciones futuras. Esta generación recibirá su parte de premio, la generación futura recibirá una parte mayor; y esta misma generación recibirá los beneficios...  quizás me faltó un beneficio cuando hablaba de los beneficios, y es que hoy nosotros estamos produciendo para los que vienen, estamos produciendo para los jóvenes, los miles de jóvenes, estamos trabajando para que puedan vivir todos los miles de jóvenes que arriban a la mayoría de edad, para que todo ese ejército de desempleados se ponga a trabajar, para que toda esa juventud encuentre trabajo seguro. Hoy trabajamos por los niños que no pueden trabajar; trabajamos por los ancianos que no pueden trabajar; trabajamos por los inválidos que no pueden trabajar; trabajamos por una generación futura; por los niños que crecen, que serán más capacitados que nosotros, van a tener muchas más escuelas, más universidades, van a producir más que nosotros, van a tener más conocimientos, más experiencias, todos esos miles de niños, inteligencias que hoy se abren a la luz de los conocimientos. De esa semilla que estamos sembrando, nosotros recogeremos también los frutos, porque tendremos una generación mucho más preparada, con recursos mecánicos y técnicos, con recursos educacionales suficientes para producir el doble, el triple, quizás cinco veces más que nosotros.
Y algún día esta generación será también mayor, algún día será vieja, algún día estos niños y esta generación joven estarán produciendo y estarán trabajando; y en la misma medida en que nosotros tengamos éxitos en prepararla y en desarrollar nuestras riquezas, en esa misma medida estará garantizada la seguridad de esta generación presente, porque hoy esta generación trabaja para ellos, pero mañana ellos tendrán que trabajar para los que no puedan trabajar, tendrán que trabajar para sus padres, tendrán que trabajar para los que estén ya retirados del trabajo. Y en la misma medida en que nosotros logremos multiplicar nuestra producción, cada uno de nuestros ciudadanos tendrá garantizada una vejez feliz y segura. No como hoy, que nos encontramos ancianitos por las calles, nos encontramos tantos espectáculos de personas que se nos acercan sin poder hacer nada por ellos, porque se nos acercan como si nosotros individualmente pudiéramos resolver, porque ni tenemos individualmente para resolver, ni sería el sistema revolucionario; tenemos que resolver a través de nuestros organismos, dar lo que podamos dar, lo que nos permitan las circunstancias. Y sufrimos todas estas cosas.
Por eso decía lo triste que era pensar lo que habría sido nuestra patria con el tiempo que hemos perdido.  Sufrimos con esto, pero tenemos esperanzas de que sea muy distinto en el porvenir, y tenemos derecho a pensar que los sueños de los que fundaron esta república e iniciaron la lucha un 24 de febrero hace 65 años, sueños que nosotros nos hemos propuesto llevar a la realidad, serán realidad algún día.
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada