septiembre 20, 2012

Debate Carnes Argentinas y Monopolio Extranjero: Discurso de Lisandro de la Torre en el Senado, con motivo de la investigación del comercio de carnes (1935) -8/12-

COMISION INVESTIGADORA DEL COMERCIO DE CARNES
DISCURSOS EN EL SENADO DE LA NACION CON MOTIVO DE LA INVESTIGACION DEL COMERCIO DE CARNES
Lisandro de la Torre
Sesiones del 18, 19, 21, 22 y 27 de junio, 20, 22 y 23 de julio y 10 de septiembre de 1935
[27 de Junio de 1935]

[8/12]

[…]
LA JUNTA NACIONAL DE CARNES Y LA CORPORACION DE PRODUCTORES
Sr. de la Torre.— Cuando se sancionó, en el año 1933, la ley creando la Junta Nacional de Carnes, poco después de aprobado el Convenio de Londres, se creyó que se había dado un gran paso y se habló con entusiasmo del significado que tendría la exportación inmediata de un 15 % de la cuota argentina, sin intervención de los frigoríficos extranjeros, combinados en el famoso pool. Después de dos años estérilmente perdidos por obra exclusiva del gobierno, el panorama ha cambiado.
La Junta Nacional de Carnes, usando la autorización que le da la ley 11.747, impuso a los ganaderos una contribución del 1 % sobre las ventas de ganado de consumo y exportación y ha recaudado en el primer ario $ 4.500.000. Con el 80 % de esa contribución debe irse formando un fondo cuyo destino al principio se creyó que sería la construcción o adquisición de un frigorífico para faenar ganado de los productores, por cuenta de ellos. El 20 % restante costea los gastos de un personal muy numeroso que ha reforzado los densos efectivos de la burocracia nacional.
La Junta Nacional de Carnes compila y publica, sin mayor entusiasmo, las estadísticas que los frigoríficos confeccionan, y hace suponer que las confecciona por sus propios medios. Es el saldo más importante de su labor. No desarrolla acción alguna sobre los problemas que afectan al comercio de carnes, no realiza propagan: da alguna para el mejor conocimiento en el exterior de los productos ganaderos argentinos, no practica inspecciones y no se le puede señalar ningún éxito, por: que no intenta ninguna acción. Un año después de constituida, instaló a su vez la Corporación Argentina de Productores, bajo la presidencia del ingeniero Horacio V. Pereda, el 6 de Enero de 1934. Esta entidad no ha creído necesario hasta hoy que el gremio de ganaderos conozca sus planes. Un misterio profundo rodea sus actos. Ha realizado dos contratos por cuatro años, entregando el 7 % de la cuota a dos compañías, para su industrialización por cuenta de la corporación, pero no se conocen las condiciones; y deberían conocerse.
El público se había formado un concepto sobre el plan de trabajo que adoptaría la corporación. Se la suponía instalada de inmediato en el Frigorífico Municipal —establecimiento excelente, que sólo necesita ampliaciones para tener una capacidad de elaboración correspondiente al 11 % de la cuota, sin interrumpir por eso sus tareas relacionadas con el consumo interno— y una vez allí se la presumía faenando sin demora por cuenta de los productores y vendiendo en el Reino Unido por intermedio de las numerosas y poderosas asociaciones del ramo.
Ese plan era semejante al bosquejado por la Cooperativa de Ganaderos organizada en 1933, y fracasado porque el ministro de Agricultura, señor Duhau, le negó cuota.
Pero, según parece, la corporación nunca pensó en el Frigorífico Municipal. Se atribuye la razón del desahucio a no estar situado sobre el puerto y encarecerse el precio de la carne con el costo del transporte por camión desde el frigorífico. Me inclino a creer que eso no sea exacto, porque francamente, cuando se trata de conseguir que los ganaderos obtengan, según los casos y según las épocas, 20, 30, 50 o 60 pesos más por cabeza de lo que obtienen hoy, tendría bien exigua importancia el hecho de que el transporte en camión desde el Frigorífico Municipal a los diques recargara en 1 o 2 pesos el costo de un novillo.
Eso podría ser considerado por empresas privadas en competencia, pero no por una entidad de servicio público cuyo objeto es mejorar las condiciones de venta de un producto malbaratado, con prescindencia de lo que ganen otros.
La firma Grondona y Compañía transporta la carne en camión desde el Frigorífico Municipal al puerto y obtiene un resultado excelente; La Blanca y Wilson tienen sus fábricas aguas arriba del Riachuelo y pagan en concepto de lanchaje más de lo que puede costar el transporte en camión desde el Frigorífico Municipal al puerto, unos 8 a 10 kilómetros; Smithfield trabaja en Zárate, carga en lanchas y transborda; y por último el frigorífico Gualeguaychú, lleva en chata a Entre Ríos los novillos que compra en la provincia de Buenos Aires y vuelve a traer la carne para trasbordarla aquí o en La Plata. No puedo creer, por lo tanto, que un factor de ninguna importancia, pueda haber desviado del Frigorífico Municipal a la Corporación de Productores.
El hecho indudable, sin embargo, es que en ningún momento la corporación pensó en adoptar el plan que se le atribuía, generalmente, como el más lógico.
Quedaban otras soluciones y entre ellas, la de adquirir un frigorífico o faenar por intermedio de una empresa existente.
Pronto se supo, no obstante el hermetismo habitual, que estaba descartada la idea de adquirir un frigorífico, idea que habría realizado el concepto del frigorífico nacional, del cual se hablaba con encomio al principio hasta en la Sociedad Rural, cuando se proyectó la ley de carnes; dinero no habría faltado, puesto que una entidad que cuenta con una entrada fija de más de 4 1/2 millones de pesos al año, tendría capacidad más que sobrada por financiar la adquisición de varios frigoríficos.
El desahucio de este segundo plan se atribuyó a un sentimiento de prudencia prevalente en el seno de la Corporación, que habría temido lanzarse a una empresa desconocida. Con ese criterio nunca se podría emprender obra alguna. En materia industrial, sin embargo, difícilmente se encontraría algo más sencillo, como ya lo dije días pasados, que faenar una res, someterla a una limpieza escrupulosa, colocarla en una cámara fría, embolsarla debidamente y depositarla en la bodega de un barco que se encarga de todo lo demás hasta su destino. Recordé que es más difícil fabricar un par de botines y que el país está lleno de zapaterías.
Desechadas las dos primeras ideas, sólo quedaba el entendimiento con una empresa existente, y hasta se agregaba: ¡hay una empresa argentina! Tampoco fueron por ahí los tantos. A la corporación se le ocurrió, señores senadores, lo que no se podía sospechar, puesto que en definitiva todos los ganaderos argentinos que habían encarado la cuestión con prescindencia de intereses personales, entendían que la cuota del 11 % se usaría para emancipar en esa proporción a las carnes argentinas, de la acción de un monopolio extranjero y para ensayar la capacidad de los productores nacionales en la obra de realizar por sí lo que realiza un monopolio extranjero.
Pues bien, la Corporación de Productores resolvió hacer todo lo contrario, precisamente, de lo que se había tenido en vista al crearla. Se dirigió a los frigoríficos del pool ofreciéndoles a cada uno un pedacito de la cuota para su industrialización -por cuenta de la corporación, y para transportarla y venderla en el Reino Unido por medio de sus organizaciones. Era el medio más indicado para inutilizar la cuota del 11 % a los efectos de provocar con ella algún cambio en la situación existente.
Pero las grandes empresas frigoríficas están dispuestas a no transar ni con el más leve conato de emancipación de la presa que tienen entre sus garras. La Argentina ganadera es una propiedad suya; es un feudo que se les ha entregado y lo quieren conservar; y si contribuyeran al éxito de una corporación cualquiera, extraña a sus intereses, éstos peligrarían. Ya tienen el ejemplo del daño que les causan las dos míseras cuotas del 0,67 % y del 3.33 %, escapadas al monopolio, que demuestran con hechos la posibilidad de exportar carne argentina y venderla con provecho, con independencia de las compañías monopolizadoras. Prefirieron sabotear a la corporación.
Esa actitud, que debió provocar indignación en el gobierno argentino y en la corporación, no ha sido inconveniente para que, de común acuerdo, ministro y corporación les hayan dejado a los frigoríficos del pool la cuota del 11 %, desde el 6 de Enero hasta hoy.
Los frigoríficos extranjeros, con su insolencia de patrones de la factoría, empezaron por no contestarle al señor Pereda su comunicación. Pasaban los días y el señor Pereda esperaba en su despacho. Lo ha declarado en la comisión. Fue necesario intimar a los frigoríficos extranjeros para que contestaran, y entonces contestaron negativamente. En seguida se presentaron al Board of Trade, pretendiendo que no se otorgaran al gobierno argentino las licencias de importación correspondientes a la cláusula tercera del protocolo adicional del Convenio de Londres.
Corporación y ministro tuvieron conocimiento de esa actitud y dejaron en poder de los frigoríficos que procedían así, la cuota del 11 % hasta el día de hoy.
El Board of Trade, o si se quiere el mismo gobierno inglés, usó de toda clase de dilaciones y recién a los cinco, meses de instalada la corporación, ha acordado una licencia por el 7 %. No se sabe por qué razón se limita al 7 % esa licencia, debido a la costumbre netamente oligárquica que tiene el señor Pereda de mantener en silencio y en secreto los asuntos de interés público.
La Comisión Investigadora no podía dejar de informarse del resultado que iba dando la aplicación de la ley 11.747, y el presidente de la Corporación, señor Pereda, fue citado para concurrir a la comisión el 31 de Mayo. El día anterior se había hecho pública la firma de los convenios. La información de los diarios fue ratificada por él y así se confirmó que la corporación había desechado los conceptos que animaron a la Cooperativa de Ganaderos de 1933, cuando solicitó cuota para faenar y exportar directamente por cuenta de los productores.
La Cooperativa de Ganaderos, tal como se la describió en el Congreso en aquellos tiempos, habría representado una agrupación de productores sin propósitos de lucro, destinada a industrializar el ganado remitido por los asociados y colocar la carne por cuenta de ellos en el mercado consumidor, entregándoles el producto líquido de las ventas. Eso es lo que se necesita, en tanto que la corporación actual, con olvido de las intenciones que animaron a la ley 11.747, comprará por su cuenta a los precios corrientes y ganará o perderá en el negocio. Los productores no se apercibirán de que se haya producido el menor cambio, y el monopolio de las compañías extranjeras no se conmoverá. Existirá una empresa más y nada habrá cambiado. El éxito de la Cooperativa de Ganaderos exportando directamente habría constituido una revolución de alcances trascendentales, y desde el primer día, habría impuesto la necesidad de no pensar ni por un instante, en que, al vencimiento del Convenio de Londres, se pudiera renovar el mantenimiento del 85 % de la cuota en poder de las compañías extranjeras que ejercen el monopolio. Esa grata perspectiva se aleja con el confuso procedimiento adoptado por la Corporación de Productores.
No se justifica su actitud con la excusa de que debe proceder prudentemente en un negocio que no conoce. La corporación, lejos de limitarse a un tanteo, ha firmado un contrato por cuatro años en condiciones inciertas. No conviene, según lo ha reconocido el señor Pereda en la comisión, los costos de industrialización. Serán los que resulten. La corporación pagará por la industrialización “lo que resulte”, y si resulta un costo altísimo, la corporación tendrá que soportarlo durante cuatro años pues no será causa de rescisión y tendrá que realizar muchos gastos en el control de la faena que no está sujeta a tarifa,. .y en el control de las ventas.
No faenando directamente la corporación, debe mirarse con simpatía que haya elegido a un frigorífico argentino, muy perseguido en otros tiempos por las grandes empresas extranjeras, para industrializar una parte de la cuota; pero el contrato, aparte de estar hecho en términos imprecisos, adolece de una circunstancia verdaderamente extraña: el señor Pereda, a consecuencia de ese contrato, ha sido elegido director del Frigorífico Sansinena, en las condiciones y con la remuneración de los demás directores, violando lo dispuesto expresamente en el artículo 1°, apartado 3°, de la ley 11.747 sobre incompatibilidades, y en el artículo 22 de los estatutos de la propia corporación.
Este último artículo dice: “Para ser director se requerirá... no tener relaciones directas con las empresas industrializadoras o transportadoras de carne o subproductos, sujetas al régimen de la ley 11.296, como director, profesional o empleado de los mismos”.
La incompatibilidad es evidente y la acentúa el hecho de que ambos cargos sean remunerados; él presidente de la corporación estará remunerado en los términos del artículo 21 de los estatutos y los directores de Sansinena han percibido este último año, trabajando con una cuota del 7 %, alrededor de 20.000 pesos cada uno; aumentada la cuota con el 4 %, de acuerdo con el contrato por cuatro años que el señor Pereda le ha dado a la Compañía Sansinena, puede suponerse una retribución mucho mayor en el futuro.
El debut de la corporación, en lo que al directorio se refiere, no puede ser así más deplorable, ni más ilegal. El Poder Ejecutivo está en la obligación de intervenir sin demora y obligar al señor Pereda a que respete la ley 11.747, aun cuando ello le cause algún perjuicio.
De no ser así, como director de Sansinena estaría obligado a defender al frigorífico en contra de la corporación en todas las incidencias que surjan del contrato celebrado, y como presidente de la corporación estaría obligado a contrariar los intereses del frigorífico en defensa de la corporación. Es algo inexplicable y la intervención del Poder Ejecutivo, a fin de hacer respetar la ley, debe considerarse ineludible.
El Congreso dictó la ley 11.747 con el fin de entregar a los ganaderos el manejo de la cuota del 11 %. No se ha realizado ese propósito. El 4 % continúa hasta hoy en poder de los frigoríficos del pool; un 3 % se transfiere a una compañía británica y un 4 % se da a un frigorífico argentino que no es una cooperativa de productores.
La idea capital que presidió la sanción de la ley de carnes era la de faenar para el productor y vender por cuenta del productor; todo eso ha desaparecido por obra de la Corporación de Productores, que se ha ceñido en un todo a las inspiraciones del ministro de Agricultura y de su política de “respeto absoluto de las situaciones creadas”.
La corporación ha traicionado la ley 11.747. No sé hasta dónde haya objeto en entrar en detalles relacionados con los contratos celebrados por la corporación sobre la base de condiciones inciertas y sin costos preestablecidos.
El Frigorífico Smithfield, con el cual ha contratado, “a los costos que resulten”, es el que registra los más altos que se han presentado a la comisión, salvo los costos fraguados del Armour y La Blanca. Ya se sabe que el costo de industrialización del Anglo sale a $ 12,06, Swift de Rosario, $ 12,75 y Swiff de La Plata, $ 14,46, por cabeza, en el Frigorífico Smithfield sale a $ 29,79 y la corporación contrata con él “a lo que resulte”. Y contrata por 4 años.
Todo eso lo ha hecho la Corporación sin solicitar datos en ninguna parte. Nada le costaba pedirlos al Frigorífico Municipal o discutir las propuestas de Gualeguaychú o de Grondona y Compañía. Nada de eso ha hecho y ha dejado transcurrir 6 meses, encantada de la vida, sin realizar un embarque.
Tampoco sabía la Corporación el cha en que estuvo su presidente en la Comisión Investigadora que el Frigorífico Smithfield, gana, al parecer, menos de $ 10 por cabeza, mientras el Frigorífico Grondona y Compañía que solicitaban cuota simultáneamente, ganan cerca de 40 pesos.
El Frigorífico Smithfield ha exportado en 1934, 92.000 novillos chilled y ha pagado el impuesto a los réditos sobre una utilidad de pesos 1.004.700, en cuya utilidad está comprendido lo que le deja el comercio interno. No llegaría por lo tanto, si la declaración jurada es fiel, a 10 pesos el beneficio por novillo chilled exportado. Grondona y Compañía han exportado 7.200 novillos con un beneficio de $ 248.000, después de efectuadas amortizaciones, hasta excesivas.
Si del costo de la industrialización pasamos al precio de venta, resulta que es desconocido, en razón de pretenderse ese frigorífico una simple agencia de industrialización. Pero a juzgar por su pretendido costo fob de 0,41 centavos no puede bajar de 0,54. El de Gualeguaychú es de 0,44 y Grondona y Compañía de 0,43,24. Es pues desconcertante el modo de contratar que tiene la Corporación. La anima el propósito deliberado de no dar cuota a las empresas argentinas.
Y no se pretenda que el frigorífico Smithfield llega a un costo más alto porque paga mejor precio por los novillos; es precisamente, esa empresa la que mantiene el record de traspaso de carne barata a chilled, y buenas multas tiene pagadas por esa causa. En 1933 exportó 90.038 novillos chilled, no habiendo comprado sino 51.893. Esas compras le salieron a $ 0,19,80, según dice el informe del Ministerio de Agricultura en la página 48, en tanto que Gualeguaychú sólo aparece pagando un promedio de $ 0,18,90. Pero el 42 % de novillos que había comprado el Frigorífico Smithfield para conserva y consumo y había exportado como chilled consistente en 38.145 cabezas compradas desde 12 centavos arriba, baja su promedio más o menos al nivel de Gualeguaychú. Uno de esos traspasos marca también el record en el abuso y es el de la tropa número 73, comprada a doña Juan M. Marcó en la estación Galarza, Entre Ríos: 13 centavos, clasificada “continente”, de la que el Frigorífico Smithfield exportó chilled, el 100 %.
La prudencia de que se jacta el presidente de la corporación, se convierte, pues, en verdadera imprudencia, cuando se advierte que no ha averiguado nada de lo que debía averiguar, antes de hacer el contrato por cuatro años, ni conoce las características de las empresas con las cuales ha contratado.
Si de las averiguaciones que la corporación ha omitido hacer, resultaba que un particular disponiendo de la pequeña cuota de 0,67 % trabajando con la tarifa del Frigorífico Municipal ganaba dinero ampliamente, la corporación no tiene excusa para resistirse a trabajar ella, por cuenta de los productores, en el Frigorífico Municipal, usando su cuota del 11 %. Pero como había el propósito deliberado de no faenar para los productores, el señor Pereda prefirió no saberlo. De ese modo ha mantenido la coincidencia con el ministro de Agricultura y se ha reservado un 4 % de la cuota para dejarlo un tiempo más a los frigoríficos del pool; un 4 %, precisamente lo que tienen hoy Gualeguaychú y Grondona y Compañía, que les ha producido en un año 1.800.000 pesos. Véase así qué valioso ha sido el regalo que el ministro de Agricultura hizo a los frigoríficos, dejándoles durante dos años el 11 % íntegro de la cuota argentina.
No sorprende entonces que el trabajo paciente de esterilizar la cuota del 11 % haya requerido cinco largos meses.
“La Nación”, al dar la noticia de la firma del convenio decía: “En cinco meses la corporación ha logrado organizar la compra, la faena, la industrialización del ganado, el transporte marítimo de los productos y su distribución y venta en el Reino Unido”. ¡Admiro la buena fe y el candor del importante diario! Al contratar con las dos empresas el manejo de la cuota, la corporación lejos de organizar la compra, la faena, la industrialización, el transporte marítimo, la distribución y venta de los productos en el Reino Unido, se ha desentendido de todo, y, por consiguiente, no ha organizado nada.
Del cuestionario presentado al presidente de la corporación ha resultado una amplia confesión de que no estando organizadas las compras, se efectuarán por intermedio de los frigoríficos contratantes, a tal punto que no podía la corporación por el momento —así lo dijo—comprar en el mercado de Liniers, porque no tenía compradores, del mismo modo que carecía de revisadores para comprar en las estancias. No sabe cuánto costará la faena que saldrá “a lo que resulte”. No tiene fletes concedidos, ni los tenía solicitados y al exhibírsele en la comisión la cédula de la “conferencia” vigente hasta el 17 de Julio, reconoció no haber fletes reservados para la corporación hasta esa fecha, y respecto de la distribución y venta de la carne en el Reino Unido, ambas operaciones están a cargo de los frigoríficos Smithfield y Sansinena, mediante una comisión. Si no se justifica en forma alguna haber empleado cinco meses en convenir dos contratos no estudiados en sus aspectos y condiciones básicas, tampoco se necesitaban seis meses para preparar los estatutos de la Corporación, y sin embargo, Ja Junta Nacional de Carne ocupó seis meses en prepararlos y después se agregaron los otros tres meses que empleó el Ministerio de Agricultura en aprobarlos. Lo que ha realizado hasta ahora la corporación podría haberlo hecho holgadamente en un mes. Lo de no tener fletes es sorprendente y entre tanto se deja la cuota a los frigoríficos.
Más que interesante, es indispensable referir los procedimientos usados por la corporación con el frigorífico Gualeguaychú, para realizar el propósito de no darle cuota.
La corporación no ignoraba que el frigorífico no podía elaborar de inmediato cualquier cuota superior al 3,33 % que maneja; no podía ignorar que el frigorífico pretendía un 2 %, y sólo después de un plazo, creo que de ocho meses para ampliaciones, se interesaría por una cuota mayor.
Pues bien; el señor Pereda se dirigió al Frigorífico Gualeguaychú el 21 de Febrero, solicitándole precio por cabeza para faenar y elaborar el 4 1/2 o bien el 11 % de la cuota y la respuesta a un cuestionario. El frigorífico contestó: “Las bases estableciendo que han de hacerse proposiciones solamente por el 4 1/2 y el 11 %, exceden nuestras posibilidades actuales, hecho conocido y a que nos hemos referido en notas anteriores al Ministerio de Agricultura, notoriamente en fecha 9 de Junio de 1933”.
Y contestando al cuestionario: “1° — Faena y elaboración de carnes, menudencias y subproductos del 4 1/2 % de exportación de chilled argentino al Reino Unido”. Contestamos: “El tonelaje aproximado de 15.750 toneladas, sumado a que actualmente Manipulamos, excede nuestra capacidad del momento y no estamos en condiciones de realizar el contrato respectivo, exclusivamente por el exceso de volumen”. “2° — Faena y elaboración del 11 %”. Contestamos: “El tonelaje aproximado de 38.500 toneladas, sumado al que actualmente manipularnos, excede nuestra capacidad del momento y no estamos en condiciones de realizar el contrato respectivo, exclusivamente por el exceso de volumen.
“Creemos innecesario molestar la atención de señor presidente con mayores explicaciones, desde que el hecho de que los apartados números 1 y 2 nos excluyen automáticamente, hacen inútiles las demás contestaciones.
“Por separado incluirnos una proposición por el tonelaje que podemos manipular”.
La carta de la corporación no cerraba el paso a una propuesta distinta que pudiera hacer el frigorífico, y éste propuso, entonces, en la misma fecha 9 de Marzo. manipular de inmediato un tonelaje semanal de 150 toneladas, y, ocho meses después, cualquier tonelaje hasta 450 toneladas semanales, equivalentes a 21.600, o sea más del 50 % de la cuota a 17 pesos por cabeza, entregándose el ganado en la balanza de la fábrica. Todos los envases e impuestos por cuenta de la corporación.
Estas condiciones, puede decirse, que no fueron nunca discutidas, por cuanto el presidente ele la corporación, señor Pereda, derivó el asunto a una nueva dificultad. Puso corno condición que el Frigorífico Gualeguaychú designara director a un miembro de la corporación. El honorario que gana un director de Gualeguaychú no es alto, pero anda alrededor de 8.000 pesos, —creo que en lo que le corresponderá a los directores este año. No se dijo si ese director sería el ingeniero Pereda, como en el caso ele la compañía Sansinena, pero era necesario que un miembro de la corporación fuera director si Gualeguaychú quería cuota. Los estatutos ele la compañía de Gualeguaychú no permiten que personas extrañas, no accionistas, sean nombradas directores. El frigorífico pasó una nota a la corporación, el 6 de Abril, en los siguientes términos:
“Analizadas las posibilidades de intervención de esta compañía, hallamos que no existía dificultad de fondo que no fuera remediable, salvo la exigencia de esa corporación de que esta compañía deberá admitir en el seno de su directorio, la presencia de un director designado por la entidad de su digna presidencia. El inconveniente estriba en disposiciones terminantes del estatuto que rige a la empresa, cuyo artículo 21 constituye un obstáculo insalvable. Nuestro directorio ha establecido que la única ingerencia posible que podrá darse a esa corporación, será la del amplio control de lo que fuera de su pertenencia, pero lamenta no poder admitir la ingerencia en sus negocios particulares de un director que no sea representante nato de sus accionistas”.
Esta y otras exigencias inaceptables, unidas a la presión que se sentía de parte de otras entidades del oficialismo nacional y a la campaña de descrédito de la carne del Frigorífico Gualeguaychú a que se había entregado el ministro de Agricultura en esos mismos momentos, indujeron al frigorífico, un mes después, a enviar prudentemente una carta al señor Pereda, renunciando a participar en la cuota del 11 por ciento.
El señor Pereda informó a la Comisión Investigadora, en la segunda citación que se le hizo, de esa declinación espontánea del Frigorífico Gualeguaychú, pero no le dijo una palabra respecto de los antecedentes.
El frigorífico argentino Gualeguaychú es un enemigo a quien desearían exterminar, no sólo porque ha arrebatado al trust privilegiado un 3 % de la exportación, sino porque sus utilidades de 1934, que llegarán al 30 % de su capital, descorren el velo de la sofisticación que propalan los que sostienen que los ganaderos argentinos no pueden exportar por sí. Y a los ganaderos de Buenos Aires, de Santa Fe y de Córdoba —que creen sinceramente, por timidez y por falta de datos, en que el negocio frigorífico no es remunerativo— les dice a gritos con su 30 % triunfal de utilidades; hagan lo mismo; Entre Ríos les da el ejemplo, y lo hace sin tener ganado de la calidad del de Buenos Aires y necesitando su frigorífico cruzar el río y comprar novillos en Buenos Aires.
En efecto, si funciona un frigorífico de ganaderos en Entre Ríos y en 1934 gana el 30 % sobre su capital, teniendo sólo el 3,33 % de cuota, ¿qué resultado no habría podido alcanzar en la provincia de Buenos Aires, una cooperativa a la que se hubiese concedido en 1933, por el Ministerio de Agricultura, el 8 o 10 % de la cuota? Si hace dos años se hubiera concedido la cuota a la Cooperativa de Ganaderos que la había solicitado, dictando, si hubiera sido necesario una ley especial, la cuota se habría aprovechado, y en el día en que la pesada organización que se está malogrando se hubiera encontrado en condiciones de realizar sus fines en la forma deficiente en que los había concebido, la cooperativa habría constituido una base de inapreciable valor para sus trabajos, por la experiencia que habría adquirido a su propia costa.
Se prefirió dejar la cuota en poder de los frigoríficos que explotan a los ganaderos sin influencia, como ocurrió con el señor Carballo Merino y otros, bonificando los precios de los privilegiados, antes de entregarla a la cooperativa de productores organizada en 1933; y pasados dos años se mantiene la cuota en poder de los frigoríficos; y la cuota que no debió dividirse, según el ministro de Agricultura, se divide ahora entre dos frigoríficos, uno extranjero; y se deja un 4 % en poder de los otros frigoríficos del pool.
¿Qué cosa más natural habría sido, una vez instalada la corporación, el 6 de Enero, que retener para ella la cuota del 11 % desde esa fecha? Ni siquiera habría existido impedimento en que los frigoríficos continuaran exportando por el momento las mismas cantidades, a condición (le descontarse en los meses sucesivos el volumen que hubieran embarcado, correspondiente a la cuota del 11 por ciento.
Pero nada de eso se ha querido hacer. El ministro de Agricultura, la Junta Nacional de Carnes, la Corporación de Productores y la Sociedad Rural, están encantados al ver cómo a 5 meses largos, después de instalada la entidad argentina adjudicataria de la cuota, los frigoríficos continúan usándola en su provecho.
Hace dos semanas se, interrumpió este debate porque el ministro de Agricultura debía asistir a la inauguración solemne de los embarques de la corporación. Varios senadores fueron allí. La fiesta no careció de objeto práctico porque no diciendo la invitación de qué embarque se trataba, los invitados creían que era un acto relacionado con el uso de la cuota del 11 % reconocido en el Convenio de Londres. Recién después de llegados al frigorífico supieron que se trataba de una farsa, de un embarque para Francia y que la cuota del 11 % siguió en poder de las compañías del monopolio.
La corporación guardó también el secreto de ese embarque a Francia, pero es voz corriente que ha vendido 700 toneladas de carne bovina para Francia, más o menos a un precio correspondiente a lo que se ha pagado últimamente en los contratos con Italia.
Ese precio sería tan bajo que no permitiría pagar por los novillos más de 13 centavos por kilo en pie, y la corporación según se asegura se habría visto obligada a pagar hasta 19. Inicia, pues, sus negocios con una operación que deja una pérdida cuantiosa. Eso ha sido lo que se festejó hace dos semanas.
El presidente de la corporación, señor Pereda, pronunció en ese acto un discurso. Se le presentaba la oportunidad de exponer ante el gremio ganadero, qué métodos se van a seguir en las compras, de explicar por qué no se ha repartido un 4 % de la cuota, dejándolo entre tanto en poder de los frigoríficos del monopolio, y cuándo va a conseguir fletes la corporación y a comenzar los embarques para el Reino Unido. No tocó ninguno de ésos puntos capitales y prefirió dedicarse al elogio del ministro de Agricultura, al elogio de la Sociedad Rural, de la Junta Nacional de Carnes y del Convenio de Londres, y dirigir otros párrafos contra las críticas estériles y destructivas de los eternos descontentos. Yo atribuyo a un simple olvido que el señor Pereda no incluyera también entre los elementos perturbadores,- a los que sirven por interés personal los intereses del monopolio de las carnes.
El señor Pereda ha sido el factor principal de la mala orientación seguida por la corporación y el ejecutor de los designios del ministro de Agricultura, en contra del otorgamiento de cuotas a empresas extrañas “a los intereses creados”. Pero no debe olvidarse que hay también un directorio en esa Corporación, compuesto por ganaderos, que comparte las responsabilidades del presidente, y del cual hay el derecho de exigir alguna palabra explicativa de lo que hace la corporación.
Al decir que el señor Pereda ha servido la política de exclusión de la cuota de las empresas extrañas a la “Conferencia”, espero que no se me hará el argumento de que la corporación se ha reservado un 4 % y que tiene a estudio la propuesta de Grondona y Compañía, que no ha rechazado. Las dilaciones sin motivo, son siempre una prueba de atravesadas intenciones.

LA PROHIBICION DE CONSTITUIR COMPAÑIAS COMERCIALES ARGENTINAS PARA EXPLOTAR CARNES
Estamos todos de acuerdo en que una combinación monopolista de frigoríficos extranjeros ha suprimido la competencia en las compras en el mercado argentino. De esa combinación derivan los precios arbitrarios del ganado.
El gobierno argentino debió desbaratar esa combinación procurando restablecer la competencia en las ventas y no lo hizo.
Esto lo he dicho centenares de veces y en 1923, corno ya lo recordé, propuse reemplazar el monopolio de hecho de media docena de empresas extranjeras por el monopolio del Estado. Pensaba entonces, como hoy, que debe aspirarse en todos los órdenes a la libertad de comercio, pero que, si el comercio de carnes fuera dominado, de hecho, por una combinación monopolista invencible, habría llegado el caso de reemplazar el monopolio de hecho por un monopolio de derecho en favor del Estado.
Puesta la exclusividad de la exportación de carnes en manos del Estado, facultándolo para convenir total o parcialmente contratos de exportación con las compañías frigoríficas que se comprometieran a mantener una determinada relación entre el precio de compra de los novillos y el precio de venta en el Reino Unido, habría cesado la explotación de los productores.
El proyecto murió en la carpeta de una comisión, como muere en la República Argentina todo lo que atenta contra el interés de los frigoríficos. El gobierno argentino continuó sirviéndolos sumisamente.
Es evidente, sin embargo, que ese proyecto cortaba el nudo gordiano y si se hubiera adoptado, los mismos frigoríficos que hoy imponen precios arbitrarios, realizando beneficios del 40 % al año, habrían solicitado cuotas de exportación del gobierno argentino, sujetándose a una relación razonable entre los precios de venta y los precios de compra. Sin contar con que al amparo de una situación estable, garantizada por el Estado, se habrían creado entidades argentinas de exportación a cubierto del riesgo de ser arruinados por el dumping de las compañías extranjeras combinadas.
Tentativas de esa misma índole podían surgir en cualquier momento y los frigoríficos combinados no estaban tranquilos. Todo podía depender de la eventualidad de que llegase al Ministerio de Agricultura un hombre con la visión del camino a seguir y con autoridad suficiente para poder obrar. Eso estuvo a punto de suceder. El ministro doctor de Tomaso tuvo esa visión y orientó su política en el sentido de poner término a las depredaciones de la combinación monopolista y cuando llegó a esta Capital simultáneamente, desde Ottawa y Londres, la noticia de que el gobierno inglés no sólo se proponía fijar una cuota a la exportación argentina, sino además, distribuirla, él, entre los frigoríficos existentes, con -exclusión de cualquier entidad argentina, el doctor de Tomaso rechazó hasta la suposición de que pudiera aceptarse lo que calificó, con acierto, de imposición denigrante para la soberanía nacional.
Yo no le tributo un aplauso ilimitado porque después cambió de actitud y se conformó con la cuota del 15 %, sujeta por añadidura a la condición de que sólo podría ser usada por entidades a crearse que no persiguieran fines de beneficio privado.
Quemó su último cartucho para conseguir que la cuota llegase al 25 %, —ya habría sido algo— pero al ver que el presidente de la República capitulaba, capituló él también.
La apropiación del 85 % de la cuota por el gobierno inglés para distribuirla entre los frigoríficos del pool y crearles un usufructo permanente, constituye una obra maestra de la diplomacia capitalista, que no habrá dejado de costarle dinero.
¿Qué política de liberación del monopolio se puede intentar si se dispone tan sólo de un mísero 15 % para influir en el mercado?
Mientras esa restricción subsista, o en otros términos, mientras el tratado de Londres subsista en sus términos actuales, no habrá esperanza de mejoramiento para la ganadería argentina.
Son inexplicables las condiciones impuestas por el gobierno británico al gobierno argentino, no en beneficio de la Gran Bretaña, sino en favor del negocio de los frigoríficos combinados. Ya otra vez lo dije: no se explica en forma alguna que el gobierno británico haya podido concebir él mismo el plan de colocar a los productores argentinos en la impotencia de hacer cosa alguna eficaz para mejorar las condiciones en que se realiza la exportación de carnes. La cláusula tercera del protocolo adicional que prohíbe a cualquier compañía argentina exportar carnes con propósito de lucro no puede haber sido redactada sino en la gerencia de un frigorífico. Cuando un hecho no tiene una explicación lógica y honesta debe tener necesariamente una explicación ilógica y deshonesta.
Es indiscutible el derecho del gobierno inglés para fijar una cuota de importación a la carne argentina. Es un derecho tan perfecto como el que tendría el gobierno argentino para fijar una cuota de importación al carbón de Cardiff.
El gobierno inglés nada podría objetar si el gobierno argentino dispusiera que sólo se importe una cuota de dos millones de toneladas de carbón de Cardiff por año. Pero el gobierno inglés no volvería de su asombro si el gobierno argentino tuviera la majadería o la insolencia de disponer que esos dos millones de toneladas no habrían de ser importados por comerciantes ingleses, sino por compañías alemanas, francesas, argentinas o norteamericanas, a las que el gobierno argentino les repartiría el 83 % de la cuota inglesas, dejando un 15 % en favor del gobierno inglés, bajo condición expresa de que no lo adjudicaría a compañías inglesas que tuvieran propósitos de lucro. Todo estos parece disparatado y ridículo; sin embargo, es lo que se ha hecho con la carne argentina.
El gobierno inglés, como cualquier otro gobierno en igual caso, no habría admitido la legitimidad de semejante imposición, pero la aplica a las carnes argentinas y el gobierno argentino, modelo de gobierno de factoría, la aceptó en el acto y el monopolio quedó consolidado por tres años y medio.
Nada se ha publicado, ni un libro blanco ni un libro negro, que consigne los detalles de las tramitaciones del convenio; y no sabemos si los delegados argentinos hicieron presente al gobierno inglés la monstruosidad de su imposición y la falta absoluta de razones en qué fundarla.
Podría creerse que lo hicieron débilmente, por cuanto no había llegado todavía la misión argentina a Londres y ya hacía tres meses que el doctor Fernández Beyro, consejero agrícola de la embajada argentina en Londres, abogaba por la entrega del 85 % de la cuota al gobierno inglés. El 17 de Octubre de 1932, ya había dirigido al director de Ganadería el telegrama que he recordado en este recinto en dos ocasiones anteriores, en que decía: “Opino sería inconveniente nuestro gobierno encargarse distribución cuota total argentina y que para propósitos expresados su telegrama bastaría conviniera con gobierno británico que éste hiciera la distribución dejando al gobierno argentino la proporción que éste creyera necesaria trimestralmente para distribuir entre Frigorífico Gualeguaych u otros frigoríficos oficiales o independientes que se crearan, proporción que aumentaría a medida aumentara actividad de estos últimos”.
La actitud del consejero de la embajada argentina era el anuncio de una excelente disposición suya para propiciar la consolidación del monopolio, aferrándose al mantenimiento de las situaciones creadas, pero el telegrama cuya parte pertinente he leído, por lo menos habla de una cuota que se dejaría al gobierno argentino en la proporción que éste creyera necesario y prevé que esa cuota aumentara gradualmente a medida que aumentara la actividad de las entidades independientes u oficiales, que hubieran recibido cuota del gobierno argentino.
Pero más adelante el consejero agrícola de la embajada pasó a segundo plano y fue substituido por don Raúl Prebisch (a quien acordó la misión argentina una participación amplísima a los fines de discutir todas las cláusulas del convenio con los funcionarios de los ministerios británicos de Comercio y de Agricultura) y entonces la concepción del doctor Fernández Beyro fue modificada y se concluyó en el sometimiento.
La correspondencia del consejero de la embajada con el Ministerio de Agricultura, agregada a los antecedentes que recibieron las c misiones del Congreso en 1933 al estudiar el Convenio de Londres, muestra que la situación era muy distinta en Octubre y Noviembre de 1932 de lo que resultó en Febrero y Marzo de 1933. En extensas notas del mes de Noviembre, relata el doctor Fernández Beyro su entrevista con el señor Street, subsecretario principal del Ministerio de Agricultura, el 14 de Octubre, y una entrevista con los señores Poels y Fisher, quienes le dieron la noticia de que las compañías frigoríficas de la conferencia se había presentado al Board of Trade ofreciendo hacerse cargo de la distribución de la cuota argentina, sin que se tuviera en cuenta al gobierno argentino, ni se le asignara personería alguna.
El martes 18 de Octubre, el embajador doctor Malbrán le comunicó que el Foreign Office lo invitaba a él o a un experto, a tratar directamente el asunto con el Board of Trade, y el embajador le encargó que fuese al día siguiente, a las tres, hora en que sería recibido por el señor Carlill, subsecretario. El embajador Malbrán no se ocupaba personalmente de esas gestiones.
Pero ya en esa misma fecha los señores Dean, director de Swift y Elackburn, director de la compañía Smithfield, en representación de todas las compañías de la “Conferencia” habían conversado con Poels y Compañía, consignatarios del Frigorífico Gualeguaychú, para tratar de la fracción que se le adjudicaría a Gualeguaychú en razón de que el Board of Trade delegaba en ellos la repartición de la cuota argentina. Mientras tanto, el gobierno argentino, cuyas relaciones exteriores dirige el doctor Saavedra Lamas, recién a las 3 de la tarde de ese día iba a ser informado de las novedades.
El doctor Fernández Beyro, agrega que los representantes de Swift y Smithfield, sólo ofrecieron a Gualeguaychú 85 toneladas semanales a lo que respondieron los señores Poels y Compañía, solicitando 500 semanales, que el Board of Trade se negó posteriormente a conceder.
En la entrevista del doctor Fernández Beyro con el señor Carlill el 19 de Noviembre a las 3 de la tarde, este último fue poco explícito y habló de arreglos temporarios y dijo que el gobierno británico deseaba que durante un plazo breve las cosas continuaran como estaban, lo que le evitaría engorros en la regulación cuantitativa del abastecimiento de carne. Por la imprecisión resultante del lenguaje del señor Carlill, el doctor Fernández Beyro temió que la distribución temporaria de la cuota pudiera extenderse a todo el año 1933, y se lo dijo así y le pareció notar que el señor Carlill no sabía en definitiva qué arreglos se harían.
Al día siguiente, 20 de Octubre, se entrevistó de nuevo el doctor Fernández Beyro con el señor Street y entonces, por primera vez, un funcionario del gobierno británico, previa manifestación de que no comprometía la opinión del gobierno, se declaró contrario a la organización de empresas argentinas para la exportación de carnes y la intervención de los ganaderos en ese negocio.
Trasmitidas estas ocurrencias al gobierno argentino el martes 25, el embajador, que —vuelvo a repetir— no tomaba intervención en las gestiones, recibió un telegrama del Ministerio de Relaciones Exteriores que terminaba con estas palabras: Podemos aceptar se fije lo que corresponde frigoríficos ingleses proporcionalmente, pero el resto debe ser distribuido por Argentina, como harán dominios británicos. Opinión pública no aceptaría otra solución.
La Argentina, en este telegrama, invocaba un derecho indiscutible, el derecho que, como he dicho ya, invocaría Inglaterra si nuestro gobierno pretendiera establecer una cuota de importación del carbón de Cardiff y distribuirla, con exclusión de los importadores ingleses, y defendía el interés de la ganadería nacional, ligado estrechamente a la desaparición del monopolio. Sin embargo, tres meses después, el gobierno argentino capitulaba, apoyado por los diarios. Por eso la posición tomada por el señor Prebisch en las negociaciones posteriores, en representación de la misión, fue distinta de la asumida por el doctor Fernández Beyró. Este se apresuraba a aconsejar que se dejara al gobierno inglés la distribución de la mayor parte de la cuota, pero entendía que el gobierno argentino a su vez, tendría libertad para disponer el resto en favor de entidades oficiales o independientes.
El gobierno inglés, antes de iniciarse las negociaciones del convenio, no había pronunciado una sola palabra que permitiera suponer que subordinaría el otorgamiento de la cuota a asignarse al gobierno argentino, a la condición de que fuera usada por entidades que no persiguieran propósitos de lucro, limitación sospechosa que no interesa ni puede interesar al gobierno inglés y que en cambio interesa a los frigoríficos trustificados, puesto que impide la formación de compañías comerciales argentinas que les hagan la competencia. El señor Street, funcionario importante, hablando en nombre propio, adelantó algunas palabras que pueden tener ese alcance y a nadie ha de llamar la atención que un funcionario extranjero se sienta más inclinado a las compañías ultra-poderosas que ganan millones de pesos anualmente importando al Reino Unido carne argentina, que a los inermes ganaderos argentinos.
Yo creo, señor presidente, que esa humillación no debió ser tolerada por el gobierno argentino, sucediera lo que sucediera. Y pienso, también, sin la menor vacilación, que el Convenio de Londres acordaba tantas ventajas al comercio inglés, en razón de la rebaja de aranceles, de la reserva de las divisas británicas a los importadores británicos, de la descongelación de los fondos bloqueados, de la libre introducción del carbón y de tantos otros beneficios, que no es concebible suponer que los hubiera malogrado todos por no reconocer a los argentinos (y para colmo dentro de una cuota limitada) el mismo derecho que tienen los ingleses y los norteamericanos de exportar carne argentina persiguiendo fines de lucro.
No solamente el gobierno argentino cedió en un punto decorosamente indeclinable, sino que consintió también, en que se agregara otra cláusula imprecisa en el protocolo, a cuyo tenor literal las importaciones correspondientes al 11 % han de hacerse “por las vías normales”.
¿Qué quiere decir ese embolismo? Está puesto calculadamente, para crear dificultades.
Apenas instalada la Corporación Nacional de Productores, el 6 de Enero pasado ya se presentaron al Board of Trade las empresas de la “Conferencia” y sostuvieron que ellas son las únicas que pueden importar carnes argentinas y pidieron el rechazo del pedido de licencias de embarque formulado en Enero, por el Ministerio de Agricultura, para la Corporación de Productores. Y el Board of Trade, en vez de desechar ese pedido, rotundamente, como correspondía a una interpretación honorable del tratado, formuló al gobierno argentino preguntas inconvenientes e improcedentes que han demorado el otorgamiento de las licencias, con el resultado de que después de 5 meses de instalada la Corporación de Productores y después de 2 años y un mes de firmado el famoso convenio, todavía los frigoríficos protegidos por el gobierno inglés y por el gobierno argentino, siguen disfrutando de la cuota del 11 % y el señor ministro de Agricultura sigue propalando enfáticamente la doctrina “del respeto absoluto de las situaciones creadas”.
No puedo excusarme de considerar, aunque sea brevemente, la explicación que se ha dado al extraño empecinamiento del gobierno inglés en no permitir que puedan surgir en la Argentina compañías frigoríficas que hagan competencia a las compañías actuales.
Se dijo en esta misma Cámara, que Inglaterra necesitaba reservarse el derecho de repartir por sí la cuota del 85 %, para no exponerse a desorganizar su abastecimiento interno.
Jamás, antes del Convenio de Londres, el gobierno inglés mostró semejante preocupación y dejaba en libertad a los importadores para regular el abastecimiento. Unas veces procedían de acuerdo y otras abarrotaban el mercado en sus reiteradas y famosas “guerras dé las carnes”. Cuando la necesidad de proteger a la ganadería doméstica condujo al gobierno británico a establecer cuotas, tanto para la importación de las carnes argentinas como de las procedentes de sus Dominios ultramarinos, al fijar la cuota de los Dominios, a ninguno le impuso la cláusula tiránica de que la importación se hiciera exclusivamente, por intermedio de determinadas firmas, ni le impuso la prohibición de perseguir propósitos de beneficio privado. Desde entonces, hasta hoy, los Dominios exportan como quieren, no sólo dentro de su cuota. sino excediéndola en la proporción que es conocida, y sólo cuando esos excedentes ilegítimos pesan demasiado en el mercado inglés, se tiene noticia de alguna gestión gubernativa tendiente a que los moderen.
Cuando, hace 20 años, El Argentino y La Blanca comenzaron a exportar carne argentina congelada, no se le ocurrió al gobierno británico que podían desorganizar sus abastecimientos; y cuando, hace 3 años, la conferencia de fletes reconoció una pequeña cuota al Frigorífico Gualeguaychú y un 0,67 % a Grondona y Compañía, tampoco se le ocurrió pensar al gobierno británico que podían desorganizar sus abastecimientos; y cuando, por el Convenio de Londres, concedió el 11 %, lo que se advierte en el texto del convenio, no es la preocupación del abastecimiento sino la preocupación de que ese 11 % no puede utilizarse para organizar compañías argentinas, que hagan competencia a las compañías norteamericanas e inglesas que han monopolizado el comercio argentino de carnes y realizan enormes ganancias.
Yo rechazo, pues, por falso y por hipócrita, el argumento de que el gobierno británico ha exigido la descalificación de los argentinos como exportadores de carnes para garantizar la normalidad de sus abastecimientos. Y al ver que no hay más explicación racional que el propósito de favorecer los intereses pecuniarios de compañías que ni siquiera son inglesas, creo en lo que se ha dicho en Londres con mucha generalidad, que los frigoríficos norteamericanos pagaron a muy buen precio las influencias inglesas que les aseguraron ese sorprendente resultado.
La mayoría de la comisión no ha creído necesario ocuparse de este punto y yo pregunto, si se puede pretender que se han investigado las condiciones del comercio de carnes en la República Argentina, haciendo el silencio sobre las cláusulas de un tratado que imposibilita a los ganaderos argentinos para organizar y realizar la exportación de sus carnes con independencia de la acción -extorsiva de un monopolio que les confisca el fruto de su trabajo. Creo sinceramente que no.

UN DOCUMENTO SIGNIFICATIVO
Además de la mayoría del directorio de la Sociedad Rural, han estado en contra de la investigación cierto número de ganaderos, y sobre todo de invernadores, tratados en condiciones preferentes por los frigoríficos. La investigación —a juicio de ellos— perturbaba el tranquilo desenvolvimiento de los negocios ganaderos, y como, en realidad, no les importa a ellos que el país gane o pierda o que los frigoríficos ganen más o ganen menos, sino que les importa lo que ellos ganan, toda conmoción, les es molesta, sobre todo si la conmoción es desagradable al gobierno. Comparten invariablemente la opinión de todos los ministros de Agricultura, hasta cuando los ministros de Agricultura tienen opiniones contradictorias, como ha sucedido últimamente en la administración actual, con los ministros de Tomaso y Duhau. En el pabellón de Palermo aplaudieron con el mismo entusiasmo al doctor de Tomaso cuando hizo el proceso de los frigoríficos y al señor Duhau cuando proclamó “el respeto, absoluto de las situaciones creadas”. El público los considera simples comerciantes que miran el negocio de su punto de vista individual.
Dispuesta la investigación por el Senado el 8 de Septiembre de 1934; aparecieron en seguida agentes semioficiales que exhibían una exposición dirigida al presidente de la República, agradeciendo la manera cómo el gobierno actual ha solucionado los problemas ganaderos y manifestándose seguros de su acierto al negar una participación en la cuota del 11 % al Frigorífico Gualeguaychú y a los que, como él, pretendan reducir la supremacía del monopolio.
La exposición empezó a cubrirse de firmas y su texto era el siguiente: “Al excelentísimo señor presidente de la República. — Excelencia: Los abajos firmados, productores de las mejores carnes tipo “chilled” del mundo, lo que hemos conseguido luchando medio siglo para convertir los punales de las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, San Luis, Sur de Entre Ríos y La Pampa en praderas y alfalfares magníficos, a lo que hay que agregar un siglo de mestización de los ganados, obra costosa y perseverante, ante la amenaza de que se distraiga el 11 % de la cuota fijada por Inglaterra para la introducción de nuestras carnes en favor de regiones que jamás produjeron chilled, exponemos: 1°—Que esta pretensión de exportar carnes inferiores llega en momentos en que la cuota total de exportación a Inglaterra, disminuida ya considerablemente, es menos que la cantidad de buen chilled producida; 2°—Que desde el momento que nuestra exportación de chilled está limitada a un cierto número de toneladas, sería un error pretender que hemos de mandar toneladas de calidad inferior y quedarnos con las buenas; 3°—Que esta pretensión traería como consecuencia una menor entrada de dinero al país, o lo que es lo mismo, un menor ofrecimiento de divisas; 4°—Que la exportación de carnes inferiores la desacreditarían en el mundo, donde, después de pacientes esfuerzos, han obtenido .la clasificación de las mejores que existen; 5°—Que no se podría idear nada mejor para perjudicar a la ganadería argentina y beneficiar a la competencia de los países extranjeros, que verían con alegría la pérdida de calidad de nuestras carnes exportadas; 6°—Que la disminución en la exportación de las carnes buenas para reemplazarlas con inferiores, agravaría la situación ya mala de los ganaderos y empobrecería a la Nación.
“Los ganaderos del país agradecen la manera como el gobierno de vuestra excelencia ha solucionado sus problemas y están seguros del acierto con que solucionará el expuesto. Dios guarde a vuestra excelencia. — Pedro Inchauspe y Hermanos (34.643 novillos), Lafuente Hermanos, (22.771 novillos), Pedro Lacau e Hijo, (19.547), Guillermo A. Seré e Hijos, (17.256), Bernardo L. Duggan, (13.767), Martín y José Pereyra Iraola, (13.108), José Poggio, (8.703), Pascual Grondona e Hijos, (7.905). Siguen las firmas de los productores con menor número de novillos.
Además del texto de la presentación, se repartió un volante invitando a firmarlo, que dice así: “A los productores de carnes buenas. Una minoría compuesta de productores de carnes que por su calidad no tienen por el mundo aceptación en los mercados consumidores del extranjero —tal vez sea por el momento— está haciendo una campaña tenaz par, mejorar su situación a expensas de los productores de carnes buenas, es decir, de usted, perjudicando, al mismo tiempo, los intereses del país”.
“Con una actividad y persistencia que asombra, presionan a los poderes públicos por todos los medios para que se le acuerde una cuota mayor en la exportación de carnes a Inglaterra, habiendo ya conseguido algunas ventajas que usted tendrá que soportar.
“Nuestra indiferencia ha hecho posible esta campaña, pero ante el peligro de que pueda tener consecuencias irreparables, hemos resuelto hacer llegar al excelentísimo señor presidente de la Nación lo que la carta adjunta informa, firmada por todos los ganaderos que se sienten perjudicados por esta pretensión. Necesitando la firma de todos, pedimos la suya.
“Firmándola, defenderá sus intereses y los del país. La Comisión”.
Esta clase de supercherías interesadas, que la mayor parte de las veces están redactadas en las gerencias de los frigoríficos, encuentra una clientela candorosa que no se detiene a pensar ni siquiera en que la mitad de los novillos que exporta el Frigorífico Gualeguaychú son comprados en la provincia de Buenos Aires, y que un 2 % de cuota que se le puede agregar al 3,33 por ciento que tiene, ni quita ni pone rey, en comparación con lo que significa el 95 % restante de la exportación, que está en manos del monopolio frigorífico, que los peticionantes desean conservar.
Es, pues, indispensable analizar el documento que he leído y mostrar la falsedad de cada una de sus manifestaciones. Lo haré por su orden.
“Primero: que la pretensión de exportar carnes inferiores llega en momentos en que la cuota total de exportación a Inglaterra es menor que la cantidad de chilled producida”.
Es inexacto que el Frigorífico Gualeguaychú, y en el mismo caso se encuentran Grondona y Compañía, exporte, ni pretenda exportar carnes inferiores y la acogida que encuentra su chilled en el mercado inglés es el mejor desmentido a los firmantes de la exposición.
Los novillos de 530 a 600 kilos, a los que se pretende llamar inferiores, son a menudo idénticos en clase a los que no llegan a esos pesos. Su exportación es necesaria para los ganaderos argentinos y muy bien acogida en el Reino Unido, en el cual una clientela numerosa prefiere la carne sazonada de los novillos de tres años a las carnes demasiado tiernas.
La calidad del ganado vacuno argentino ha disminuido sensiblemente en los últimos años. No existe la posibilidad de exportar 1.200.000 novillos, todos livianos y de alta calidad. Eso lo saben bien los ganaderos firmantes de la presentación. De manera que no habría la posibilidad, aunque se quisiera hacerlo, de exportar únicamente carnes superiores.
Lo que quiere el documento que estoy analizando, y lo que quiere el ministro de Agricultura, es que esas mismas carnes de segunda calidad que es forzoso exportar, en parte, las venda el grupo de invernadores de las carnes de primera, sobre todo si, a favor de la consolidación de las “situaciones creadas”, los frigoríficos les pagan a ellos mejores precios de los que pueden obtener los pequeños productores.
A menudo se ve en los diarios que algunos productores de carnes buenas que firman la exposición que comento, venden lotes de novillos a 17 y 18 centavos. Son Novillos realmente inferiores de clase y los compran a bajo precio en la seguridad de que los frigoríficos se los comprarán. Y son ellos los que ponen el grito en el cielo ante lo que llaman la amenaza de fomentar la exportación de ganado inferior si se acuerda un 2 % más de cuota al Frigorífico Gualeguaychú, que exporta novillos pesados, de buena clase.
La segunda proposición decía: “que desde el momento que nuestra exportación de chilled está limitada a un cierto número de toneladas, sería un error pretender que hemos de mandar toneladas de calidad inferior y quedarnos con las buenas”.
He dicho ya, que ni el Frigorífico Gualeguaychú ni Grondona y Compañía exportan novillos que se puedan llamar inferiores, pero admitamos que el 4 % de que dispone en conjunto lo emplearan totalmente en exportar novillos de una calidad comparable a la de los australianos, brasileños o África del Sur. No se podría decir por eso que se deja sin salida a la- carne buena como lo afirman con verdadera malicia los firmantes de la exposición.
¿No es falso y ridículo pretender que esa cuota mínima amenazaría de desalojo a los productores de carnes de primera si se le aumentara en 2 3 o 4 por ciento?
Tienen el 96 % de la cuota a su absoluta disposición, en su calidad de predilectos de los frigoríficos. ¿No les parece bastante? ¿Hasta dónde llega su codicia al irritarse porque se asigne un 2 o 3 % de la cuota del Convenio de Londres? Si esas empresas no les compran a ellos es porque ellos prefieren vender a los grandes frigoríficos, sabiendo que no están expuestos a ser tratados como Carballo Merino y recibir del Anglo 12 centavos, por novillos con 97,50 % de chilled, o como la señora Juan M. de Marcó a vender a Smithfield, a 13 centavos, novillos cuyo 100 % exportó después como chilled. Eso no le habrá pasado nunca seguramente a los firmantes y cada uno habla de la feria según le va en ella.
Pero no es cuestión de codicia, señor presidente; yo sé que la finalidad que se busca es otra, es servir la política del ministro de Agricultura, llamada del “respeto absoluto de las situaciones creadas”, siendo la situación creada la explotación del ganadero por el frigorífico. Sostienen esa política y se siguen llamando nacionalistas.
No se trata, por otra parte, de nada nuevo en la actitud de los invernadores adictos al Poder Ejecutivo y a los frigoríficos, sino de un eslabón más en la cadena de actos demostrativos de que el Poder Ejecutivo de la Nación, desde el presidente abajo, sirven conscientemente el interés de los frigoríficos extranjeros en desmedro sobre todo, de los pequeños productores.
No es de extrañar, entonces, que los pequeños productores estén satisfechos con la aparición de compradores de sus novillos pesados y así lo expresa la reciente resolución unánime del Congreso Agrario de La Pampa.
La tercera de las conclusiones a que llegan los firmantes de la exposición dice: “Que esta pretensión traería como consecuencia una menor entrada de dinero al país”, o lo que es lo mismo, “un menor ofrecimiento de dinero”.
Muy celosos parecen los peticionantes por el menor ofrecimiento de divisas y muy conformes sin embargo con que Armour, Swift, el Anglo y demás frigoríficos extranjeros se queden con un 25 % de divisas que retienen en Europa. Ese 25 % representa 10 o 15.000.000 de pesos al año y la diferencia que, en el peor de los casos ocasionaría un aumento de 2 o 3 % en la exportación de chilled pesado, no llegaría a 400.000 pesos. Además, las utilidades de Gualeguaychú y Grondona y Compañía quedan en el país y las utilidades de los frigoríficos extranjeros, no menores de 60.000.000 de pesos, salen al exterior.
De esa clase son los argumentos de los admiradores del Poder Ejecutivo. No aciertan en una.
La proposición 43, dice; a semejanza del Ministro de Agricultura, “que la exportación de carnes inferiores las desacreditaría en el mundo, donde después de pacientes esfuerzos, han obtenido la clasificación de las mejores del mundo”.
Muy preocupados también los firmantes por el prestigio de las carnes argentinas, pero nunca los ha preocupado el hecho de que el gobierno que admiran, consienta en que se vendan en Inglaterra y en Italia malas carnes brasileñas y del África del Sur, como carnes argentinas, y que el gobierno argentino no haya organizado hasta hoy la menor propaganda de su chilled cuando es conocida la admirable organización a ese efecto, de los gobiernos de Australia y Nueva Zelandia.
La carne de Gualeguaychú se vende en Inglaterra a un penique más por libra que las carnes australianas y del África del Sur. Los únicos que las desprestigian son los aliados del monopolio en la República Argentina y el ministro de Agricultura.
¡Para qué seguir!
La exposición tenía ya muchas firmas a su pie, aun cuando en la Sociedad Rural misma y en los centros ganaderos oían enérgicas protestas. Estando en eso, estalló la bomba del Norman Star que ponía en evidencia los procedimientos delictuosos del más importante de los frigoríficos. Desde el día siguiente no se volvió a hablar del asunto a tal punto de que tengo dudas de que el documento llegara a manos del presidente de la República. Por lo menos no se dió a la publicidad.

LA SOCIEDAD RURAL ARGENTINA
La Comisión Investigadora comprendió desde el primer momento que los datos de mayor interés a los fines de su cometido saldrían de los libros de los frigoríficos. Sin embargo, no podía prescindir de la opinión de las entidades ganaderas, aun cuando hubieran de concretarse seguramente en juicios generales.
Instalada en el mes de Septiembre, preparó en seguida un breve cuestionario, que sometió a la Sociedad Rural Argentina y a todas las demás sociedades rurales de la República. De su lectura puede inducirse que se buscaba por ese camino, más que datos desconocidos sobre las operaciones de los frigoríficos, una oportunidad para que las sociedades rurales manifestaran su pensamiento ante el Senado acerca del problema ganadero.
Contestaron la Sociedad Rural Argentina y las de Rafaela, San Julián, Bolívar, Camarones, Correntina de Hacendados, Puerto Deseado, General Pico, Gualeguay y cerrada ya la investigación, se recibió el día 9 de Mayo, una nota de la Sociedad Rural de Concordia. Total 10.
No contestaron las sociedades rurales de Córdoba, Rosario, Azul, Ayacucho, Santa Fe, Bahía Blanca, Balcarce, Concepción del Uruguay, Concepción de Misiones, Coronel Suárez, Curuzú-Cuatiá, Chaco, Chascomús, Chubut, Dolores, La Banda, General Villegas, González Cha-vez, Goya, Gualeguaychú, Huinca-Renancó, Juárez, Junín, Labardén, Laboulaye, La Paz, Maipú, Mar del Plata, Mercedes (Corrientes) , Nueve de Julio, Paraná, Olavarría, Paso de los Libres, Pergamino, Reconquista, Río Gallegos, Río Negro, Neuquén, Río Quinto, Rosario Tala, Saladillo, San Cayetano, San Francisco, Santo Tomé, Tandil, Trenque Lauquen, Tres Arroyos, Veinticinco de Mayo, Victoria, Villaguay, Asociación Agrícola Ganadera de La Pampa. Total 51.
En cambio, se recibió la exposición que envió espontáneamente el Centro de Consignatarios de Frutos del País. Al mismo tiempo que las sociedades rurales adoptaban esa actitud, numerosos indicios demostraban el interés con que muchos de sus componentes seguían la investigación; pero nadie quería comprometerse. El temor al boycott de los frigoríficos es más fuerte que cualquiera otra consideración.
La respuesta de la Sociedad Rural Argentina cabe en una hoja y media de papel y es deliberadamente evasiva, pero es clarísima en sus intenciones adversas. En la investigación teme la Sociedad Rural dos aspectos: las divagaciones teóricas y el móvil político. Parecerá sorprendente a los señores senadores que eso haya podido decírsele a la Comisión Investigadora; sin embargo, es lo único que tiene substancia en la nota de la Sociedad Rural. En forma de consejo —al mismo tiempo que elude hacer apreciaciones sobre el problema ganadero— dice lo siguiente:
“La Sociedad Rural Argentina considera que el único camino para llegar a soluciones estables, que consulten los intereses generales, está en buscar la verdad en forma objetiva, prescindiendo de las consideraciones ideológicas o políticas”.
La alusión es transparente y se dirige a mí, no a mis colegas los doctores Landaburu y Serrey, que aparte de no haber promovido la investigación, no pueden ser sospechados de la intención de hacer política en contra del ministro de Agricultura.
Todo el perseverante esfuerzo, que, no desde ahora, sino desde hace mucho tiempo, he realizado en contra del monopolio de la exportación de carnes, es mera política a juicio de la Sociedad Rural Argentina. Yo sabía que no faltan adversarios míos que esgrimen esa arma, o simples imbéciles que repiten lo que oyen, pero,, francamente, la nota de la Sociedad Rural, sin causarme preocupación, me ha dado la medida de las causas fundamentales que explican todo lo que ocurre a la ganadería argentina, desde el monopolio hasta la prohibición a los argentinos de exportar sus carnes, “persiguiendo propósitos de beneficio privado”. Los pueblos tienen los gobiernos que merecen y cuando la representación de los ganaderos argentinos está radicada en los que se molestan al solo anuncio de que se va a investigar un monopolio, quiere decir, que el gremio ganadero argentino no puede quejarse de que el ministro de Agricultura sostenga la doctrina del respeto absoluto de las situaciones creadas y contemple impasible el despojo de los productores.
El consejo dado por la Sociedad Rural a la Comisión Investigadora consistía en investigar objetivamente. Despertaban, entonces una expectativa interesante las consideraciones objetivas que seguramente contendría su nota. La nota está en los anexos y pueden verla los señores senadores: no contiene apreciaciones objetivas sobre nada. A la primera pregunta, contesta: “En tesis general se puede afirmar”, etcétera. A la segunda: “No se ha hecho ningún estudio suficientemente completo”, etcétera. A la tercera: “Una contestación seria a esta pregunta exige una investigación completa”, etcétera. A la cuarta: “Es un hecho público y notorio”. La quinta pregunta ha sido mal comprendida. A la sexta: “Como no existe una clasificación oficial de los ganados en pie ni de las carnes faenadas” etcétera. A la séptima, no puede apreciar lo que representa el desbaste de la hacienda comprada en Liniers.
Se ha olvidado, pues, objetivamente la Sociedad Rural, de que hubo épocas en que los frigoríficos pagaban el mismo precio en Liniers y en las estancias, punto muy fundamental para apreciar los efectos de la política actual de los frigoríficos, sostenida por el ministro de Agricultura. A la octava pregunta, contesta: “Sí”, y no intenta ningún esclarecimiento objetivo en ese punto de positiva importancia. A la novena: “La diferencia es convencional”. A la décima y última, contesta: “en general...sí”.
Esas son las luces que la Sociedad Rural Argentina, campeón de la objetividad ganadera, ha derramado sobre la Comisión Investigadora del Senado en un momento singularmente importante para la ganadería argentina. Para semejante candil más vale quedarse a oscuras.
La Sociedad Rural Argentina tenía un papel que desempeñar en el cumplimiento de la ley 11.747 que creó la Junta Nacional de Carnes y dispuso la organización de la Corporación de Productores. ¿Lo ha desempeñado? Doloroso es decir que no.
Desde hace dos años la. Sociedad Rural Argentina contempla con indiferencia olímpica, sino con complacencia, el fracaso de la ley 11.747, y consiente la esterilización de la cuota del 11 % preparada por los que no quieren perturbar el monopolio frigorífico.

LA CREACION DE ARANCELES
El Convenio de Londres no ha sido cumplido por Gran Bretaña y sin embargo no se ha producido de parte del gobierno argentino, ni de los gremios ganaderos, ni de los diarios, la protesta que hubiera sido lógico esperar. Explica el fenómeno la aparición de un factor nuevo de gran trascendencia: la amenaza del arancel británico cuando venza el Convenio de Londres. No se ha cumplido el Convenio de Londres en la parte referente a las restricciones cuantitativas, ni en la parte referente a los cargamentos experimentales, ni en el otorgamiento de las licencias, ni en la comunicación al gobierno argentino, en forma detallada de la distribución de la cuota del 85 por ciento.
Respecto de las restricciones cuantitativas el propio ministro de Agricultura de Gran Bretaña mayor Elliot, se ha envanecido del gran aumento de las importaciones de los Dominios y de la disminución de las importaciones argentinas. Hablando en un mitin, hará tres meses, dijo: “Las importaciones de ganado bovino de Australia han aumentado desde el año de la Conferencia de Ottawa del 76 % al 109 por ciento. Y las de Nueva Zelandia, del 82 % al 242 %. Mientras que las importaciones argentinas han disminuido en el mismo período de 116 a 90 %. Y mientras las importaciones de carne ovina de Australia han aumentado del 46 % al 94 % y las de Nueva Zelandia del 75 % al 93 %, las argentinas han disminuido de 108 a 69 por ciento.
Los titulados embarques experimentales de chilled beef autorizados en el Convenio de Londres no se han sujetado a las características de los embarques de esa naturaleza. Terminados con éxito los experimentos que establecieron la posibilidad de exportar chilled de Australia a Gran Bretaña se ha seguido exportando fuera de la cuota, como si no existiera la menor restricción que respetar. En lo referente a las licencias de importación solicitadas para la Corporación de Productores ya me he referido a las dilaciones del Board of Trade y a las chicanas de los frigoríficos que demoraron su otorgamiento, y, por último, en lo referente a la comunicación detallada de la distribución de la cuota del 11 % que el gobierno inglés, de acuerdo con el artículo 49 del protocolo adicional, debía comunicar al gobierno argentino, también el gobierno inglés está en mora. El gobierno argentino no recibió la comunicación prevista en el protocolo. Lo ha declarado en una nota a la Comisión Investigadora el ministro de Agricultura.
No obstante la innegable verdad de estas violaciones de lo convenido, ni el gobierno argentino, ni el gremio ganadero argentino, ni la prensa argentina reclaman, y todo se debe, según se dice, al deseo de no agravar una situación que se torna amenazadora: el peligro de que se imponga un arancel diferencial a la carne argentina.
La cláusula del convenio que prohíbe la imposición de aranceles es, en realidad, la única del tratado que ha producido beneficio. No fue casi tomada en cuenta al firmarse el convenio, por cuanto era hasta entonces, inherente a la política británica no poner derechos a las carnes. Fue una cláusula ofrecida por el gobierno británico y formaba parte de su primitivo proyecto.
La correspondencia del consejero agrícola de la Embajada Argentina en Londres en 1932 y 1933, doctor. Fernández Beyró, con el ministro de Agricultura, contiene, también, alusiones interesantes al posible arancel. En un informe para el ministro, que estuvo también entre los antecedentes estudiados por la comisión en 1933, se refiere a la eventualidad de que el gobierno argentino tenga que optar entre la cuota o una tarifa. Y dice el doctor Fernández Beyró: “Sería conveniente por lo tanto que con anticipación se considerara detenidamente el dilema, para el caso de que pudiera presentarse; y como una modesta contribución en ese sentido, voy a permitirme expresar a vuestra excelencia mi opinión al respecto: pienso que de tener que decidirse nuestro país por las cuotas o por las tarifas, le convendría más hacerlo por estas últimas”.
Eso sucedía en 1932, época en la cual se hablaba ya de la posibilidad del arancel, pero no se sospechaba que asumiría las proporciones en que tiende a concretarse: un arancel prohibitivo para las carnes argentinas. No es otra cosa que un arancel prohibitivo el proyecto de gravar con 1 penique a 1,50 penique por libra a las carnes argentinas y sólo con medio penique a las de los Dominios.
La situación es grave, y no se ha dejado traslucir el plan que tenga el gobierno argentino para afrontarla. Un penique y medio por libra equivale a un impuesto del 960 peniques sobre la carne de un novillo de 500 kilos, peso vivo, y 960 peniques equivalen a 60 pesos en números redondos. Un penique por libra equivaldría a 40 pesos por cabeza; en ambos casos el impuesto es prohibitivo.
Llevado el gobierno argentino a ese terreno y siendo evidente que el gobierno inglés procedería dentro de su derecho si adoptara ese plan por considerarlo el único capaz de asegurar una situación favorable a la ganadería doméstica, el remedio que los hechos indican consistiría en aplicar a la defensa de la ganadería argentina el mismo procedimiento del gobierno británico; y no a título de represalia ni de guerra de tarifas, sino cediendo a la necesidad. El gobierno argentino se vería en el caso de crear en favor de los ganaderos argentinos, por cada novillo de exportación que vendieran, una prima que neutralizara el efecto del impuesto británico y la costearía con impuestos arancelarios, o no, sobre mercaderías y valores británicos susceptibles de producir los 50 o 75 millones que importaría la prima británica, según que su tasa fuera de un penique o de un penique y medio por libra.
Medidas complejas y graves de esa naturaleza no pueden improvisarse, y sería indispensable estudiar con tiempo su adopción.
Al hablar en ese sentido lo hago en el concepto de que el gobierno inglés no se allanará a abandonar la distribución del 8ñ % de la cuota y en el concepto de que el gobierno argentino continuará solidarizado con los frigoríficos extranjeros que han impuesto precios de monopolio.
Dentro de un régimen de competencia en los precios de compra, la situación no sería tan grave, por cuanto los ganaderos recibirán por sus novillos 30 o 40 pesos más por cabeza. En realidad, son dos impuestos los que se exigirían al productor argentino: uno absorbido por los frigoríficos en forma de expoliación en el precio; otro absorbido por el gobierno inglés, en forma de arancel.
El productor argentino, posiblemente, podría pagar uno de los dos impuestos: uno lo está pagando, pero los dos es imposible.
Volviendo al régimen de la sana competencia, y a condición de que un nuevo ministro de Agricultura abandonara la política de “absoluto respeto a las situaciones creadas”, plataforma funesta que ha llevado al actual ministro a enajenarse las simpatías públicas, la cuestión del arancel perdería parte de su importancia y quizá podría solucionarse sin necesidad de remedios heroicos.
Los telegramas de estos últimos días pintan la situación como si estuviéramos en vísperas de que el gobierno británico pretendiera imponerse violentamente y lanzarse a la política de represalias, si la Argentina no se suicidara, pues no otra cosa sería la aceptación de un arancel preferencial doblemente funesto bajo el régimen interno del monopolio. Esos telegramas deben tomarse con cautela porque no se conoce su origen, y por lo tanto no se sabe si son o no tendenciosos y si no salen también de la gerencia de los frigoríficos.
Cuesta creer que el gobierno británico, desdeñando los intereses británicos que debe tutelar en la Argentina, se lance a esa política y hay muchos motivos para pensar, mientras no se concrete, en que puede haber mucho de cálculo para atemorizar al gobierno argentino y sobre todo al gremio ganadero que protesta contra el respeto absoluto de las situaciones creadas.
Otras informaciones, en cambio, pintan la situación ganadera de Australia bajo aspectos que harían poco temible su competencia y expondrían a los consumidores ingleses a morirse de hambre, si no tuvieran fuentes de aprovisionamiento más amplias.
Se afirma que el exceso de exportación que siguió el año pasado al éxito de los cargamentos experimentales de chilled ha agotado la existencia de novillos en Australia en tal forma, que la faena, cuyo período máximo empieza ahora en Junio, se realizará esta vez en cantidades mínimas. Una vez más se probaría que Australia no puede reemplazar a la Argentina en el abastecimiento de carne a Gran Bretaña y que el peligro se magnifica quizás por móviles interesados.
Lo grave es que el gobierno argentino no tenga ideas claras acerca de lo que debe hacer.

RECHAZO DE UN PROYECTO DE INVESTIGACION EN LA CAMARA DE DIPUTADOS
Ocho días antes de presentar yo en esta. Cámara el proyecto de investigación del comercio de carnes, había sido rechazado en la Cámara de Diputados un proyecto de investigación, presentado en la interpelación del diputado Julio A. Noble, al ministro de Agricultura.
En aquel debate, los más destacados representantes de la mayoría gubernista, se expresaron en contra de la adjudicación de una parte de la cuota del 11 % a las empresas argentinas. El diputado por Córdoba, doctor Benjamín Palacio, dijo: “Como diputado argentino, me es doloroso tener que pronunciarme en contra de estas empresas industrializadoras que manejan capitales argentinos y que son integradas por argentinos, al referirme a la cuota que pretenden. Pero es indudable que el gobierno debe entregar esa cuota del 11 % a sociedades que ofrezcan garantías de que el Convenio de Londres ha de ser cumplido. Inglaterra, al concluir el mismo, nos ha dado una cuota pero también ha querido resguardar la estabilidad de los precios en el mercado británico y de que los embarques se realicen en forma regular”. Más adelante: “Estas empresas constituidas en el país con capitales argentinos, no han demostrado todavía que estén en condiciones de cumplir con el espíritu y la letra del protocolo adicional del Tratado de Londres”.
El segundo en hablar fue el diputado, doctor Miguel Ángel Cárcano. Entró en materia encontrando las explicaciones del ministro, amplias, francas y contundentes. Encuentra que la crítica llevada al recinto “es muy poca cosa”. Sin embargo, en esa interpelación de la Cámara de Diputados se plantearon en realidad todas las cuestiones esenciales de esta investigación.
Considera el diputado Cárcano que la cuestión concerniente al aumento de cuota al Frigorífico Gualeguaychú “es una cuestión pequeña” (textual); y dirigiéndose a la diputación por Entre Ríos, exclama: “No vengan con minucias”. El señor Cárcano es partidario de que se deje la cuota del 11 % a los frigoríficos extranjeros y aclara el punto en estos términos: “Sería imprudente proceder con rapidez. No debemos criticar al señor ministro de Agricultura en este punto, quien no se caracteriza por su irresolución para tomar resoluciones importantes y asumir responsabilidades. Tendrá importantes razones cuando él no ha distribuido la cuota y cuando la Junta de Carnes todavía no lo ha hecho”.
Refiriéndose el doctor Fernández Beyro, asesor de la misión en Londres, le llama “funcionario de excepcionales condiciones”.
Habló después el miembro de la mayoría gubernista, doctor José María Bustillo y exclamó:
“Participo en absoluto de la opinión del Poder Ejecutivo, de que ese 11 % que queda libre no se adjudique sino cuando se tenga la certeza de que hay una organización capaz de aprovecharlo”.
El diputado Bustillo cree también en el misterio del costo de industrialización y exclama: “No voy a insistir mayormente en estos asuntos, porque el señor ministro de Agricultura, el doctor Cárcano y el doctor Palacio be han ocupado con detalle de los puntos de vista que me habría interesado desarrollar. Pero no voy a votar la declaración que propone el diputado Noble, porque, corno dije al principio, todos los debates ganaderos concluyen siempre con un proceso a los frigoríficos y aunque el ministerio y la junta pueden determinar la diferencia entre los precios de compra y venta, desgraciadamente no pueden precisar el costo de producción. Lo que mace falta entonces, es encontrar el procedimiento para determinar el costo de la producción”.
El diputado Bustillo se contradice con el voto que da, rechazando la investigación, pues ésta habría sido el mejor procedimiento para determinar el costo de producción.
Y, por último, habla el diputado de la mayoría, doctor Carlos A. Pueyrredón, quien, criticando la iniciativa del diputado Noble que no es ganadero y el discurso del diputado Dickmann, que tampoco lo es, dice: “Voy a hablar como ganadero; defiendo a la ganadería contra los amigos que le han salido”.
Y respecto de la distribución de la cuota del 11 % dice: “El señor diputado Calderón en un discurso que he escuchado con verdadera atención, porque lo creo sincero, aunque equivocado, casi todos los cargos que hace al señor ministro de Agricultura, se refieren a la famosa cuota reservada, para que el gobierno la distribuya entre los frigoríficos que no tienen espíritu de lucro, que están formados por ganaderos, por cooperativas. Pero el hecho es que esas cooperativas y sociedades indicadas en el artículo r del protocolo, no pueden por ahora aprovecharla. La Cooperativa de Ganaderos que preside el general Aliara, que ha hecho gestiones empeñosas para obtener parte de la cuota, tendría que faenar en el Frigorífico Municipal, que no es apto todavía para ello, pues tendría que invertirse una suma importante para ponerlo en condiciones. La firma Grondona y Compañía faena en el Frigorífico Municipal y traslada la carne a puerto Nuevo, en pequeña cantidad. Si se le aumentara la cuota, quién sabe cómo andaría. Los de Gualeguaychú y Concordia faenaran otra calidad de carne. El señor diputado Calderón no ha dicho que no hay allí chilled beef de primera; y si no están en condiciones de faenar bien, si no hay chilled beef de primera, sino que a lo sumo pueden faenar tipo Liverpool y Continente, ¿cómo de golpe y zumbido se les va a dar una cuota del 11 %?” Ministros y diputados se sentían felices con que todo quedara como estaba: era- el triunfo definitivo de la política, “del respeto absoluto a las situaciones creadas”.
Por eso un cambio de personas en el ministerio sólo tendría una importancia secundaria. El fracaso actual no es el de un hombre. Es el de todos los hombres que inconscientemente, o maliciosamente, se han puesto al servicio de la política que encadena la producción ganadera nacional a la prepotencia y a la codicia de los frigoríficos.

EL MERCADO DE GANADO DE LINIERS
Hasta hace pocos años, el Mercado de Ganado de Liniers regulaba los precios del comercio interno y de la exportación.
Los frigoríficos adquirían allí los novillos al mismo precio y a veces a precios superiores a las estancias. El precio en ese tiempo era más uniforme que ahora y alcanzaba niveles que hoy parecen fabulosos: 33, 35, 36, hasta 37 centavos peso vivo.
A esos altos precios no se vendía un tanto por ciento reducido de cabezas; era el promedio de las ventas; se pagaban 32 a 33 centavos por todos los novillos chilled subastados o vendidos al oído. Ahora los frigoríficos compensan las compras a 28 centavos con las que hacen a 10, 12 y 15 centavos y simulan un promedio general de 24 o 25 centavos por novillos chilled; promedio de las estadísticas oficiales que tampoco es real, por cuanto como lo he dicho anteriormente, las transferencias a chilled de carnes compradas para consumo o conserva a bajo precio, hacen bajar por lo menos en dos centavos por kilo, el promedio supuesto.
La anulación del mercado de Liniers debió, necesariamente, formar parte de un plan el día en que los frigoríficos buscaron el sometimiento de la oferta a las imposiciones de la demanda y tenía grandes probabilidades de lograr éxito en cuanto las ofertas fueran superiores a la demanda.
Los frigoríficos empezaron en el año 1930 ofreciendo un centavo más en las estancias que en Liniers, y los ganaderos, siempre confiados en sus tratos con los frigoríficos, llegaron, a hacerse la ilusión de que se había producido una suba de precios en las estancias: 32 centavos en Liniers y 33 en las estancias. Magnífico. Pedían revisador encantados.
Empezó a disminuir la afluencia de novillos chilled a Liniers; los frigoríficos bajaron otro centavo en Liniers: 31 en Liniers y 33 en las estancias. ¿Qué razón confesable explicaba ese cambio de sistema en las compras? ¿A qué fin tendía? Se lo debió preguntar el ministro de Agricultura de entonces y no se lo preguntó.
Cuando el gobierno no vigila y no pregunta, poco importa a los frigoríficos que no existan razones.
Cuando la diferencia llegaba a 3 centavos por kilo, o sea a 15 pesos por cabeza y Liniers había quedado casi desierto de novillos chilled, empezó la baja por la otra punta y los precios se derrumbaron de 33 centavos a 28 centavos en las estancias y a 23 -en Linier. En la actualidad hay días de 9 centavos de diferencia entre las estancias y Liniers, a igualdad de clase, se entiende.
Se introdujo toda una escala nueva de clasificaciones que anteriormente era desconocida y muy pronto las estancias que habían empezado vendiendo a 33 vendieron a 20. Ya no se compraba, como antes, toda la tropa al mismo precio; ahora, de 500 novillos parejos de clase, de la misma marca y de la misma edad, se apartaban 100 a 25 centavos, 200 a 22 centavos y 200 a 19 centavos, más o menos. Después del decreto del 28 de Noviembre, reapareció el precio de 28 centavos, para hacer creer que subía el promedio considerablemente, pero se clasificaban como conserva y consumo y se pagaban a 12, 13 y 14 centavos novillos que daban 90 % de chilled. Centenares de casos análogos al clásico de Carvallo Merino 10 atestiguan.
La Comisión Investigadora quiso aclarar este punto y buscó, naturalmente, en primer término, la opinión del ministro de Agricultura, a quien debía suponer preocupado de una alteración tan profunda y de tan desastrosas consecuencias en el comercio del ganado. Le dirigió esta simple pregunta, que también formuló la Sociedad Rural Argentina: “Si el mayor precio que los frigoríficos pagan en las estancias por los novillos, está en relación con el mayor costo, ¿qué puede representar la compra en Mataderos?”
Se le daba una oportunidad al ministro de Agricultura para opinar sobre el punto con amplitud, pero el ministro se limitó a manifestar que existe un exceso bien apreciable entre los precios pagados por los novillos tipo chilled en las estancias y en Liniers y que los “técnicos” del departamento consideran que dichas diferencias pueden explicarse por diferencias de calidad, por mayores gastos para el frigorífico, por desmejoramiento del animal y por mayor peso debido a lo que bebe y come en Liniers.
Como de costumbre se les quemaron los libros a los técnicos del Ministerio de Agricultura, puesto que seis años antes, cuando los frigoríficos no hacían diferencia de precio entre los novillos comprados en Mataderos y en las estancias, existían todas esas circunstancias señaladas por los técnicos del ministerio, con la sola excepción de la calidad. Es indudable que actualmente los mejores ganados se venden en las estancias, pero no es menos cierto que con frecuencia aparecen en Mataderos pequeños lotes excelentes de calidad, pertenecientes a productores que no han conseguido vender al frigorífico en la estancia y se venden a precios míseros.
La Sociedad Rural Argentina fue todavía más parca en palabras que el ministerio.
En medio de un coro de complicidades con el monopolio de las carnes, la Comisión Investigadora en minoría, puede señalar a la consideración pública la única voz clara que le fue dado escuchar: la exposición presentad) por el Centro de Consignatarios de Frutos del País.
Esa exposición se encontrará in extenso en los anexos de esta investigación y recomiendo su lectura. No es un alegato contra los frigoríficos; por el contrario, destaca las desventajas y las ventajas de la “situación creada”, como diría el ministro de Agricultura.
Describe el proceso mañoso por medio del cual los frigoríficos han destruido el mercado de Liniers, con el fin de hacerse dueños de fijar los precios que les convengan, y después, señala también las consecuencias favorables que comporta la estabilización de los precios, aún a límites bajos, en oposición a las bruscas variaciones estacionales y a las caídas catastróficas. Y en la apreciación final muestra ecuanimidad al esperar el resultado de la investigación para saber si las ganancias de los frigoríficos bajo el régimen creado por el monopolio son exorbitantes o moderadas. Si fueran moderadas, encuentra el régimen actual superior al desaparecido, y si fueran excesivas, se impondría modificar la situación de inmediato.
Coincide el Centro de Consignatarios con la apreciación corriente acerca de las modalidades del gremio de invernadores, principal aliado de los frigoríficos. Asegurado un margen entre el precio de costo y el de venta, el invernador no se interesa en los precios en sí mismos. Cuanto menos pague por los novillos, menos capital necesitará, y le resulta mejor negocio comprar a 60 y vender a 110 que comprar a 90 y vender a 140. La conformidad del invernador con el monopolio de media docena de compañías carece de valor probatorio a los efectos de demostrar que el régimen actual sea bueno.
Y, por último, la exposición del Centro de Consignatarios hiere el problema en uno de sus aspectos capitales al ocuparse del pequeño productor, que jamás está presente en los desvelos del ministró de Agricultura, ni de la Sociedad Rural Argentina.
En medio de la indiferencia general afligente que he encontrado en todas las fases de esta investigación —indiferencia de sociedad asiática, sometida a los caprichos de los patrones extranjeros, cuando no contaminada por otros móviles— he sentido emoción al leer las siguientes palabras, sentidas y verídicas:
“El otro inconveniente —dice la nota— lo constituye la valla que se opone al progreso del pequeño productor; la organización actual del comercio de carnes, tal como ha sido regimentada por los frigoríficos, tiende a formar una clase privilegiada, a crear o reconstruir una aristocracia ganadera, con beneficio para el menor número; el pequeño productor, el que posee una pocas hectáreas, y cría o inverna reducido número de animales, se encuentra en condiciones de inferioridad extrema; no obtiene, por sus novillos, el precio que percibe el grande; tributario del mercado de Liniers, con diferencias tan apreciables en su contra, quizás si logra salvar sus costos de producción; por consiguiente, no puede ni podrá nunca progresar. Está condenado a un proletariado permanente, a una dependencia continua; más le conviene entregar sus novillos, flacos, preparados o listos, al invernador grande, de quien depende ahora tanto, como depende dicho invernador del frigorífico.
“El hecho plantea un problema, no sólo económico, sino social; contraría la tendencia política de los últimos tiempos, afanada en procurar la independencia del pequeño productor, con la subdivisión de la tierra, las facilidades creditorias, el fomento granjero, etcétera, y no puede ser contemplado sin interés, no ya por los privilegiados, sino por el gobierno, corno problema social”.
La nota termina sugiriendo medidas para el restablecimiento, aun cuando sea parcial, del mercado de Liniers y, entre ellas, la de exigir a los frigoríficos la compra en Liniers de una parte determinada de los novillos que exportan, abriendo de esa manera una posibilidad de salida a los productores que en la actualidad no consiguen ofertas directas de los frigoríficos por lotes pocos numerosos. Esa parte proporcional podría ser satisfecha por las compras que hiciera en Liniers la Corporación de Productores en caso de decidirse a alterar el respeto absoluto de las situaciones creadas.

EL COMERCIO INTERNO
A la inversa de lo que ocurre en varios Estados de Australia, donde el consumo absorbe el mejor ganado, en la Argentina los mejores novillos se exportan y los precios pagados por la exportación influyen decisivamente en las cotizaciones del mercado interno. Si esta investigación se hubiera concretado a las condiciones en que se realiza el comercio de exportación, habría sido incompleta y la Comisión Investigadora decidió contemplar todo el asunto, aunque no con la misma intensidad. Es de felicitarse que haya sido así, por cuanto del estudio del comercio interno han resultado conclusiones interesantes.
La comisión ha luchado también, en ese terreno, con la falta de estadísticas oficiales. Lo hace constar en su informe el contador don Ángel R. Mase, a quien se confió la pericia correspondiente.
Solicitados a la Junta Nacional de Carnes los datos de las ventas mensuales de carnes vacunas, ovinas y porcinas durante el año 1934, se recibió el cuadro resumido en la página 2 del informe. A su respecto dice el contador Mase: “Estos datos suministrados por la Junta Nacional de Carnes y tomados, según ella, de la Oficina de Inspección de Frigoríficos del Ministerio de Agricultura, no son todo lo exactos que sería de desear. Así, he podido observar que da como ventas en el país, de porcinos frescos del frigorífico Swift La Plata, la cifra de 381,766 kilos, y de los datos tornados en la sucursal de dicho establecimiento en esta Capital, que atiende el consumo de la Capital Federal y parte del interior, resulta que las ventas hechas solamente por intermedio de ella en este rubro representan 638.078 kilos. El dato oficial se basa en la información de la fábrica de dicho frigorífico en La Plata, que indica únicamente las carnes que ella suministra a la Capital Federal, la cual vende también carnes que compra directamente o que le suministra la fábrica de Rosario.”
No puede darse una comprobación más dolorosa de lo que ya he dicho acerca de la insuficiencia y de los errores de las estadísticas ganaderas y del poco provecho que se saca hasta ahora de la costosa creación de la Junta Nacional de Carnes. Los datos que la Inspección de Frigoríficos del Ministerio de Agricultura ha dado a la Junta Nacional de Carnes no son propios, son, como ocurre con la exportación de chilled, los que proporcionan los frigoríficos mismos y la inspección no controla.
La Junta Nacional de Carnes, al recibirlos, tampoco los controla, y no porque sea difícil, sino por inercia. Prueba la posibilidad del control el hecho de que “el contador, señor Mase, haya encontrado en seguida en la venta de porcinos, un error del 50 % que la Junta Nacional de Carnes no vio. Pero el señor Mase fue personalmente a las distintas casas del frigorífico Swift a buscar los datos, y es seguro que nunca un empleado de la Junta Nacional de Carnes habrá puesto los pies en ellas.
Otro punto de los preguntados, se refería al consumo en el interior, y a este respecto no hay datos, ni siquiera inexactos. La junta, en su nota a la Comisión Investigadora, dice: “Respecto al consumo del interior, no es posible satisfacer el pedido de esa honorable comisión, por cuanto las cifras con que se cuenta referente a la faena de frigoríficos y de los mataderos públicos ubicados en las provincias y en los territorios, no reflejan ni siquiera, aproximadamente, el consumo real de carne en el interior del país”. Esta es la verdad, y, sin embargo, el Ministerio de Agricultura utiliza a cada rato las supuestas cifras del consumo interno, las detalla con exactitud matemática y funda sobre esas cifras inoperantes, apreciaciones transcendentales y categóricas.
En cuanto se intenta averiguar el origen de las cifras, la falacia aparece en toda su desnudez. No se le pida entonces a la Comisión Investigadora, en minoría, que aborde aspectos del problema para los que no encuentra los datos necesarios. Si lo hiciera, se pondría en el mismo terreno de inexactitudes y de convencionalismos que el Ministerio de Agricultura.
Otro factor ha dificultado el trabajo de la investigación, y es la falta de colaboración de los propios damnificados y de las sociedades rurales.
Considero necesario dejar constancia de esa situación, tal como la describe el contador señor Mase. Los propios damnificados, como decía, no han suministrado los datos que se necesitaban, por temor a represalias. En la página 4 del informe, el señor Mase, dice.
 “He conversado con los dueños o gerentes de varias casas de comercio importantes que venden facturas de cerdo, y les he preguntado si consumen productos de particulares, o de frigoríficos; casi todos ellos me han manifestado que se proveen de particulares, especialmente en materia de jamones, porque son mejores, y porque los preparan en las condiciones exigidas por su clientela. Les se pedido que me confirmen esas manifestaciones por escrito, y de unas 20 casas consultadas, solamente 2 me han enviado cartas en las que se limitan a decir que los productos de cerdos que consumen los adquieren a tal o cual fabricante”.
Hace notar, a continuación, que la contabilidad de los frigoríficos en lo concerniente al comercio interno no se ajusta a los preceptos legales y en la página 14 dice: “Actualmente la contabilidad de los frigoríficos, desde el punto de vista de sus libros de comercio, es absolutamente insuficiente. Esa es la impresión que he sacado del examen de algunos libros en las oficinas de La Plata, del frigorífico Swift y en su sucursal en Buenos Aires, así como la sucursal en Buenos Aires del frigorífico Armour. La disposición del artículo 45 del Código de Comercio, que responde a los principios de la ciencia de la contabilidad, y que dice: “En el libro diario se asentarán día por día y según el orden en que se vayan efectuando todas las operaciones que haga el comerciante...”, no se cumple.
Dificultada la investigación por los errores de las estadísticas, la deficiencia de los libros comerciales de las empresas y la falta de colaboración de los interesados, ha podido llegar, sin embargo, a conclusiones dignas de llamar la atención del Senado hayan o no de despertar de su letargo al Poder Ejecutivo.
En términos generales resulta que la situación del comercio interno de carnes es desastrosa y marcha aceleradamente a ser monopolizada por los mismos frigoríficos que absorben el comercio exterior.
Los productores reciben por su ganado para consumo precios muy inferiores a los que se pagan por el ganado de exportación —aun haciendo la diferencia de calidad en los casos en que corresponda—. Y los gremios, intermediarios: abastecedores, carniceros, fabricantes de embutidos, rematadores de carne, trabajan en condicione cada vez más precarias, disminuyen en número incesantemente y tienden constantemente a desaparecer.
Los frigoríficos, por el contrario, extienden su acción a toda la República y aun cuando, -evidentemente, pierden dinero al desarrollarla en su forma actual, vendiendo a menos del costo, compensan las pérdidas con las ganancias que les produce la exportación.
En todos los frigoríficos, la facturación de los cuartos traseros y delanteros ofrece diferencias muy grandes. Comprando el animal como una unidad, a tanto el kilo vivo, y faenado por el mismo personal, el costo es igual para los cuartos traseros y delanteros. Pero como se exportan más traseros que delanteros, y los delanteros que no se exportan se destinan al comercio interno, en competencia con los abastecedores, se les asigna un costo bajo y se recarga proporcionalmente el costo de los cuartos traseros exportados. Este procedimiento reduce las ganancias sobre lo exportado a menos de lo que es realmente. No sucedería así, si al facturar se hiciera la diferencia menor entre el costo de industrialización de uno y otro cuarto.
Con todo, es fácil demostrar que los frigoríficos venden a menos del costo, tanto carne bovina, como ovina y porcina.
La Sociedad Rural de Mar del Plata denunció a la Comisión Investigadora, por nota que fue ampliada posteriormente en una exposición hecha por el señor José Alfredo Martínez de Hoz, que los frigoríficos Armour, Swift y La Negra, vendían en esa localidad, en la temporada veraniega, especialmente, y en otras localidades de la provincia de Buenos Aires, carnes a precios inferiores a los de compra de la hacienda. Igual denuncia había sido hecha anteriormente ante la Junta Nacional de Carnes.
Dicha carne llega a las localidades en vagones especiales, en algunos días de la semana, y se vende a precios inferiores a los de adquisición, desconcertando a los carniceros, colocando a los abastecedores en la imposibilidad de vender y perjudicando a los remates ferias. Los productores, el día en que desaparecieran los remates ferias, no tendrían más recursos que mandar a Liniers, con lo cual se abarrotaría aun más una plaza de por sí recargada y se produciría, lógicamente, una baja mayor en el ganado.
Otro comunicación análoga se recibió de la Confederación de Sociedades Rurales de la provincia de Buenos Aires y territorio de La Pampa y posteriormente se señalaron situaciones análogas en Córdoba, principalmente en Villa María y en la provincia de Santa Fe. El gobierno de Córdoba llamó la atención del Poder Ejecutivo al respecto.
Se me ha dicho que con motivo de la comunicación del gobierno de Córdoba, el director de Ganadería, doctor Fernández Beyro, ha producido un informe en el sentido de que el Ministerio de Agricultura no debe poner ningún inconveniente a la acción de los frigoríficos. Pero ese informe no se ha publicado todavía.
De la Sociedad Rural de Balcarce se recibió una denuncia con comprobantes, y el congreso reunido en Ayacucho el 30 de Noviembre de 1934, adoptó una resolución aconsejando que- las municipalidades de la provincia controlen la introducción de carnes, les cobre los mismos impuestos que a las faenadas en la localidad y obliguen a colocar carteles en los locales de venta, especificando la procedencia.
Las denuncias llegadas a la comisión han sido comprobadas. El contador señor Mase, se trasladó a Mar del Plata un día en que el frigorífico Armour introdujo 16.000 kilos de carne limpia y productos de fabricación; la Negra 4.800 kilos y Swift La Plata 7.500 kilos, y comprobó que la carne llega en buenas condiciones de frío, pero que su manipulación no siempre es higiénica. Se descarga sobre el piso de un tinglado, o a lo sumo sobre unos trozos de madera y se transporta en carros unas veces cubiertos y otras veces al sol. Los frigoríficos pagan más o menos $ 250 de flete por el vagón, y basta ese dato para demostrar que sufren pérdidas los días en que transportan poca cantidad —a veces 600 kilos—, como resulta de la planilla agregada bajo el número 7.
Colocada en ese terreno la competencia de los frigoríficos a los abastecedores locales, puede adelantarse que muy pronto quedarán los frigoríficos dueños de la plaza. Los que ganan en la exportación monopolizada les permite sobrellevar las pérdidas que les causa la venta en el consumo interno a menos del costo, y cuando hayan hecho desaparecer a los abastecedores, establecerán los precios que quieran. Es la eterna historia de las maniobras monopolizadoras. Al principio el consumidor se siente favorecido, como sucede en este mismo caso; la carne que ofrecen los frigoríficos es a menudo de superior calidad a la de los abastecedores locales y el precio es más bajo. Si eso pudiera durar, habría que admitirlo como una de las tantas exigencias del progreso comercial; pero, a todas luces, se trata de una maniobra temporaria hasta lograr un objetivo, y esa circunstancia hace variar fundamentalmente el problema y exige la intervención previsora del Estado.
Es lo que no sucede. El ministro de Agricultura no ha dado paso alguno con el fin de amparar a productores, consumidores e intermediarios contra los funestos efectos de la absorción que se dibuja perceptiblemente, y la Junta Nacional de Carnes, solicitada, como ya lo dije, por la Sociedad Rural de Mar del Plata, no ha tomado en más de un año, resolución alguna, limitándose a dar largas al asunto, malgastando el tiempo en informes inacabables. Es una actitud que no se justifica, pues estaba obligada a tomar uno de dos caminos: si considera que la acción de los frigoríficos es legítima y que el dumping que realizan a cara descubierta no es punible, tenía el deber de decirlo, afrontando las responsabilidades consiguientes y si piensa lo contrario, debió adoptar medidas defensivas eficaces, y en caso de no bastarle sus propias atribuciones, debió plantear el caso ante el ministro de Agricultura. No ha hecho ni una ni otra cosa.
En la especie ovina el dumping es tan visible como en la vacuna y el éxito de los planes de los frigoríficos es más acentuado.
El contador Mase ha comprobado que hasta Abril de 1932, había veinte matarifes de hacienda lanar; en 1933 empezaron a actuar con actividad Swift y Armour y hoy sólo quedan cinco en una ciudad de 2.300.000 habitantes. Todos han reducido sus ganancias, cuando no tienen pérdidas. Declaran que la situación es insostenible, porque los frigoríficos los dominan.
El frigorífico La Blanca vende hoy en el país, tanto como vende en el exterior; el Armour vende más del 40 % en el país; el frigorífico Swift, además de sus compras directas, se vale de interpósitas personas y faena por intermedio de ellas en el Frigorífico Municipal.
Los abastecedores de carne ovina dicen sufrir también a consecuencia de la alta tarifa que cobra el Frigorífico Municipal: $ 2,04 los 100 kilos. Un cordero de 22 kilos, peso vivo, paga por matanza, $ 0,44 y un capón de 55 kilos, paga $ 1,12.
Algunos abastecedores sostienen que se puede faenar un cordero por $ 0.20 -y un capón por pesos 0,33. Los frigoríficos hacen el trabajo a bajo costo. Esta diferencia no explica, ciertamente, que vendan a 3 y a 4 pesos corderos que compran a $ 6; y eso sucede todos los días.
En la planilla 24, agregada por el contador Mase, puede verse que el frigorífico La Blanca vendió en Febrero y Marzo de 1934, 2.897 corderos a un precio medio de $ 3,64, siendo el precio medio de plaza $ 5,50.
En la planilla 25 puede verse que la sucursal de esta ciudad, del frigorífico Swift La Plata, vendió en Setiembre de 1934, costillares de cordero al precio medio de $ 0,23 el kilo, precio menor que el de costo.
A veces se disimula la venta de costillares de ovino y porcino a menos del costo, llamándolos “mal cortados”, pero el contador Mase ha comprobado que el presunto defecto no es apreciable. En la planilla 26, pueden verse las principales ventas de lanares efectuadas en Mar del Plata el sábado 23 de Febrero por los frigoríficos. Corderos frescos de 12 a 15 kilos aparecen vendidos a $ 3.60 y $ 4,50, cuando en el Mercado de Tablada de Avellaneda debieron ser pagados en pie a $ 6, y más también. Los capones congelados de Swift aparecen vendidos entre $ 4,50 y 5. Costaban en Avellaneda, 7 y 8 pesos.
En un mercado de Mar del Plata, calle Rivadavia 2479, había en venta el mismo día corderos de Armour que habían sido adquiridos a 30 centavos el kilo. En presencia de don José Alfredo Martínez de Hoz, de don Pantaleón Peláez y de don Tomás Vignolo, con datos que ellos mismos le proporcionaron, el contador Mase hizo el cálculo del resultado de un cordero semejante a los comprados a Armour al precio corriente de la zona, que era de $ 6,50, con este resultado: precio de compra, $ 6,50; gastos de matanza y acarreo, $ 0,30; derecho de abasto, $ 0,30; total, $ 7,10. A deducir: venta del cuero, $ 0,70; venta de tripas, $ 0,25; venta de menudos, $ 0.20; de cabeza, $ 0,30. Total, $ 1,45. Costo de la carne limpia, $ 5,65. El kilo limpio —sobre 13 kilos— resulta a un promedio de $ 0,43 y Armour vendía a $ 0,30.
El dumping no puede ser más claro; pero la impunidad está garantida por el Ministerio de Agricultura.
¿Qué abastecedor podrá comprar corderos a 6,50 en una feria local si los frigoríficos le obligan a perder 13 centavos por kilo para vender la carne?
Por eso incluyo, entre las víctimas de estas maniobras, a los productores.
Lo que acabo de decir respecto del dumping en la carne bovina y ovina, es pálido en lo referente a la hacienda porcina.
Solamente el frigorífico Swift se ha dado el gusto de perder 3.000.000 de pesos —de Noviembre de 1933 a Octubre 31 de 1934—, con el fin de apoderarse del mercado de porcinos mediante una maniobra prohibida por una ley que no se cumple, desalojando a los abastecedores locales y cerrando las fábricas nacionales de embutidos.
Tres millones de pesos de pérdida voluntaria en un año, constituyen una suma tan apreciable —aún tratándose de colosos financieros como el frigorífico Swift que no puede mirar el Senado con indiferencia, el plan a que esa pérdida responde, y los peligros que él encierra.
El frigorífico Swift trabajaba en hacienda porcina moderadamente y obtenía las ganancias en pesos oro sellado que di al principio de esta exposición, y constan en la página 204 del informe del contador Yasky: ganancias en el año 1930, 120.103 pesos oro sellado; en 1931, 144.014; en 1932, 131.957; en 1933, 62.532 pesos.
De esta situación con tan escasas alternativas pasa en 1934 al siguiente resultado asombroso: pérdidas 1.048,028 pesos oro sellado, equivalente, 2.380.000 pesos moneda nacional; y pérdida en Swift de Rosario, de 611.000 pesos. Que esa pérdida es voluntaria, lo demuestra la planilla inserta a fojas 196 del informe del contador Yasky, en la cual se registran los resultados mensuales.
Noviembre de 1933 (daré números redondos), pesos o|s. 15.000 de ganancia; Diciembre, 7300; Enero de 1934, 23.000; Febrero, 3.600; Marzo, 30.000; Abril, primer mes de las pérdidas, 31.686. -Todas estas cifras son en oro sellado. Mayo, 63,828; Junio, 312.000; Julio, 243.000; Agosto, 279.000. En Setiembre, hay 74.000 pesos de ganancia y en Octubre nuevamente pérdida.
Total de los 12 meses del año en el frigorífico Swift de La Plata, 1.048.028 oro sellado de pérdida.
En un solo mes, Junio de 1934, pierde el frigorífico más que las utilidades de los tres años anteriores; y en los dos meses siguientes pierde, en uno, $ 550.000 moneda nacional, y en el otro, $ 630.000 moneda nacional.
Que la pérdida es voluntaria, lo prueba en la forma que se produce. Llegado el primer mes en que se acusa pérdida, aumentan las compras y los precios y pierde cada vez más. El dumping está al descubierto, pero los fiscales no lo ven. Para ayudarlos en el trabajo de investigación voy a agregar este proyecto de resolución a los que tengo presentado en el despacho en minoría:
“El Senado de la Nación resuelve: Artículo 1° — Pásense al agente fiscal en turno las conclusiones 2 y 39 del despacho de la minoría, referente al dumping en el comercio de carnes, a los efectos a que hubiere lugar”.
La pérdida se produce exclusivamente en el comercio interno; en la exportación, el Swift ha ganado algo en 1934; no encuentro la cifra en este momento, pero ha de oscilar entre pesos 200.000. La fábrica filial de Rosario perdió también 611.668, como acabo de decirlo, lo que arroja 3.150.000 de pérdida para la compañía combinada. Armour de La Plata, perdió pesos 1.020.909; Sansinena perdió 177.395 pesos. El Anglo ha ocultada los datos; de lo que se ha podido comprobar en una planilla número 8, incompleta, resultaría también pérdida.
¿Cuál ha sido el objeto de esas pérdidas y cuáles sus efectos en el mercado interno de consumo y elaboración? Las denuncias formuladas ante la comisión, que el contador Mase ha agregado a los anexos 7 y 8, contienen datos interesantes. Los abastecedores de hacienda porcina manifiestan que se ha llegado a un punto en que es imposible seguir, porque los frigoríficos venden a precios incompetibles. Muchos han dejado ya de faenar, otros han reducido la matanza después de sufrir pérdidas, y otros, que tienen fábricas de embutidos, jamones y carne ahumada, etcétera, compran los cerdos a los frigoríficos.
En el mercado de Liniers ha disminuido la entrada. En 1933 se faenaron 407.000 cabezas; en 1934, 293.000 cabezas.
Comparando por trimestres, resulta más visible la merma, porque la acción de los frigoríficos se acentuó en la segunda mitad del año 1934, tal como se ha visto en las pérdidas del Swift. En el cuarto trimestre de 1933, se habían faenado en el Frigorífico Municipal, 90.250 cabezas; en 1934, 46.425 cabezas: disminución de casi el 50 por ciento.
La suba de precios del segundo semestre de 1934, trajo una reducción inmediata del consumo. Las ventas de los abastecedores bajaron en 10.000.000 de kilos; la de los frigoríficos aumentaron en 4.000.000.
En las denuncias presentadas por la sección Fabricantes de Embutidos y Anexos de la Unión Industrial Argentina, se hace recaer mucha parte de la mala situación del gremio sobre las tarifas elevadas que cobra el Frigorífico Municipal por la faena (era de $ 2,04, los 100 kilos y se redujo en el mes de Diciembre pasado, a $ 1,70), y sobre los decomisos. Afirman que en los mataderos viejos la faena les costaba de pesos 0,30 a $ 0,35 los 100 kilos. El contador Mase ha encontrado que el trabajo que se realiza en el Frigorífico Municipal es mejor y un poco más amplio que antes. (Página 86 del informe).
En los decomisos aparece otra ventaja importante para los frigoríficos. Tienen menor proporción porque compran directamente en las estancias y pueden usarlos para uso alimenticio, después de efectuar la esterilización, mientras que los abastecedores que faenan en Liniers reciben un precio reducido en relación al destino puramente industrial que se da, en general, a los decomisos ($ 0, 10 el kilo).
El Frigorífico Municipal ha propuesto a los abastecedores que elaboren ellos mismos los decomisos, en la misma forma que los frigoríficos, pero estos no han podido aceptarlo en razón de no serles fácil, en estos momentos de depresión reunir $ 50.000, que sería el costo de la instalación a construir.
Sin embargo, los decomisos sólo representan un 2.40 a un 2,80 % de la faena, y aun cuando los frigoríficos tuvieran la diferencia a su favor que se atribuye por ese concepto y por el menor costo de la faena, no puede admitirse —como lo observé en el caso de los ovinos—, que esas diferencias expliquen que un frigorífico puede vender carne de cerdo a menos del precio de costo.
En Setiembre, Octubre y Noviembre de 1934, el precio corriente de los costillares de cerdo fresco oscilaba entre $ 0,70 y $ 0,80 el kilo (se pagaba ya por los cerdo4 hasta $ 0,50 el kilo vivo) y entre tanto pueden verse en los anexos del informe del contador Mase, las planillas 12 y 13 de compras de costillares de Juan H. Lacasa y Hugo Setti al frigorífico Swift a precios entre $ 0,26 y $ 0,40 el kilo. Es cierto que se les llama “mal cortados”, pero es a todas luces un pretexto. Los obreros de frigoríficos tienen una gran competencia y la maquinaria es excelente; sólo por excepción puede aparecer un costillar “mal cortado”. Tampoco es un defecto que pueda hacer desmerecer el precio a menos de la mitad porque el corte no sea artístico.
En reses enteras igual diferencia. Entre los antecedentes y facturas agregados puede verse que entre el 6 y 9 de Octubre, Swift vendió 191 cerdos limpios a $ 0,43 el señor Setti y 9ue en esa misma fecha la sociedad de que forma parte el señor Setti, La Abastecedora, le facturó los cerdos enteros a 50 y 53 centavos por animales de igual clase.
Armour vendió en Octubre en la Capital y suburbios: a un promedio de 48 centavos el kilo limpio (Ver planilla número 14) y calculando a 10 centavos la diferencia entre el kilo limpio y el kilo vivo, vendía a menos del costo.
Pasando a los productos de elaboración, como jamones, chorizos, mortadelas, salames, salamines, paletas ahumadas, etcétera, hay también diferencias, al punto de hacer imposible la competencia. Además de la menor cotización, desconciertan también a los fabricantes nacionales los cambios caprichosos de precios. En Diciembre pasado, Swift facturaba el jamón cocido de primera, chato a $ 1,22: el kilo y el 24 de Enero siguiente, a $ 1,60.
Un carnicero del mercado Spinetto entregó al contador Mase boletas de compras al frigorífico Swift, por jamones crudos número 1, a 85 centavos desde Agosto hasta Noviembre, no obstante el aumento del precio de los cerdos que se había operado en ese lapso, y obligó a los fabricantes particulares a vender a $ 1,40 el kilo.
No habría objeto, me parece, en abundar más en estas comprobaciones, que habrán hecho ya la evidencia en el espíritu de los señores senadores.
El Ministerio de Agricultura se encuentra en presencia de un plan de absorción de la pequeña industria, preparatorio de un gran monopolio de la industria porcina por los frigoríficos extranjeros. La cuestión es compleja y quizás sean explicables distintos puntos de vista, pero lo que no es admisible es la total ausencia del Ministerio de Agricultura en el terreno donde se debaten tan grandes intereses. ¿Se debe a falta de capacidad para abocarse al estudio de un problema complejo? ¿O es complacencia al ver cómo el capitalismo extranjero reduce la Nación a una factoría? Los hechos expuestos permiten cualquiera de las dos conclusiones. Lo único que se sabe es que el jefe de la División de Ganadería, señor Fernández Beyro, como lo dije hace un momento, ha informado en el sentido de que debe dejarse a los frigoríficos en libertad de hacer lo que quieran en el comercio interno, pero, ese mismo informe no se ha publicado.

EL FRIGORIFICO MUNICIPAL
Interpretando literalmente la minuta aprobada, no entraría en los propósitos de esta investigación estudiar el funcionamiento del Frigorífico Municipal. Pero algo he de decir al respecto, ya que la ley número 11.747 contempla a ese establecimiento, y se pone en el caso de que en el futuro sea adquirido y utilizado por la Corporación de Productores, como base del Frigorífico Nacional.
La Comisión Investigadora encargó al contador, don Ángel R. Mase, las comprobaciones concernientes al comercio interno y a las maniobras del dumping, que se le habían denunciado y en su informe se encuentra un capítulo sobre el Frigorífico Municipal, que puede suplir de varios puntos de vista el estudio minucioso que no haré.
Básteme decir; que el Frigorífico Municipal cumple los fines para que fue creado y llena una función saludable en el abastecimiento de la Capital. Es un obstáculo opuesto al dominio absoluto del mercado por los frigoríficos y debido a eso lo combaten con todas las armas.
Estando en marcha la investigación, se han producido varios casos en los cuales los diarios han atacado reciamente al Frigorífico Municipal y de las comprobaciones resultantes en la comisión surge que los datos en que los diarios fundaron sus ataques eran inexactos. Se describe al Frigorífico Municipal como un establecimiento que causa pérdidas enormes, imposibles de evitar, lo que es totalmente falso.
Causó una pérdida de dos millones de pesos en 1930, año de su instalación, pérdida que estaba prevista hasta la suma de millón y medio de pesos. Volvió a perder, aunque tan sólo un millón ciento noventa mil pesos en el año siguiente, 1931.
Dentro de esas sumas está incluido el servicio anual del 5 % del capital de diez millones de pesos en títulos, que se empleó en la construcción del frigorífico, cuyo servicio se hace con puntualidad, y no necesito recordar que en pocas administraciones públicas se considera pérdida la amortización y servicio del capital, que, en general, no se hace.
Desde 1932 en adelante las pérdidas, incluido ese servicio de las títulos que importa 500.000 pesos, han sido: en 1932, 483.000 pesos; en 1933, 137.000; en 1934. 339.000 y en 1935, debido a un gran aumento en la faena que produce una mayor recaudación, se espera un superávit sobre los gastos de explotación, incluido el servicio de amortización e intereses. Las informaciones de los diarios, evidentemente, suelen decir todo lo contrario.
El Frigorífico Municipal paga a sus obreros el salario mínimo de 165 pesos mensuales, o 6,60 por día, mientras los frigoríficos del pool pagan salarios mucho más bajos. El salario mínimo importa para el Frigorífico Municipal un recargo en su presupuesto de $ 650.000, más o menos, y la individualización de las tropas, lo que se llama “seguir las tropas”, otros 350.000 pesos. Este último gasto no lo tienen los frigoríficos particulares, que, faenando hacienda propia no necesitan cuidar de que no se produzcan mezclas. Y aún con esos recargos, el Frigorífico Municipal nivela sus gastos con sus entradas.
El trabajo de un matadero y frigorífico es sucio y antihigiénico —no necesito decirlo— muchos obreros se enferman; el salario mínimo es justo. El personal del Frigorífico Municipal no parece excesivo y los sueldos superiores no son muy altos.
Los frigoríficos, pagando salarios más bajos, podrían indudablemente competir con ventaja con el Frigorífico Municipal e imponerle pérdidas grandes. Para impedirlo se ha puesto un límite a la venta de carne de otras empresas y aun se llegó a sancionar la prohibición absoluta de introducir carnes faenadas de fuera de la Capital. Si llegara a suprimirse la limitación actual correría peligro la existencia del Frigorífico Municipal y se entregaría también el mercado metropolitano al monopolio del pool exportador, lo que no es deseable.
Los abastecedores se quejan de las tarifas y las denuncian como más elevadas que el costo de la faena en los frigoríficos particulares. Es evidente que si el Frigorífico Municipal a igualdad de número de obreros, gasta 650.000 pesos más que cualquier otro frigorífico en jornales, debe tener un costo más elevado cuya amortización es indispensable.

SALARIOS Y HABITACION
En las conclusiones que he subscripto como resultado de esta investigación, digo, que ni los salarios que ganan los obreros de los frigoríficos del pool, ni las habitaciones que ocupan guardan relación con las utilidades cuantiosas que realizan.
En el frigorífico Swift, que no paga menos que los otros, el promedio de sueldo mensual de sus 4.623 obreros es de $ 137,55 y como en ese personal entra un número considerable de obreros especializados que ganan sueldos más altos, algunos $ 250, entonces queda para los simples peones y para las mujeres ocupadas en los departamentos, un sueldo que no ha de pasar de $ 115. No tengo las cifras exactas en este momento. Son sueldos míseros que merecen una severa condenación.
La fábrica del frigorífico Swift se encuentra situada en la estación Berisso, próxima a La Plata, y los obreros viven en su alrededores en condiciones miserables, y en los demás frigoríficos más o menos lo mismo.
El ministro de Agricultura cierra los ojos y el gobierno de la provincia de Buenos Aires no se interesa en el asunto. Muchas viviendas son simples casillas de maderas o de latas en donde falta la más rudimentaria higiene.
El trabajo de matadero, es de lo más sucio y antihigiénico. Los obreros de las playas trabajan constantemente sobre un suelo lleno de agua y de sangre, en una, atmósfera viciada por emanaciones insalubres; en los departamentos donde se elaboran los subproductos se respira también un aire cargado de fetidez. Es innecesario decir que la proporción de enfermedades en el personal que trabaja y vive de ese modo es muy grande.

LA ACTITUD DEL MINISTRO DE JUSTICIA
El día en que comenzó este debate tuvo entrada una comunicación del ministro de Justicia, doctor Iriondo, motivada por las manifestaciones alusivas a ese departamento que contiene el despacho de la minoría.
Pedí esa comunicación con verdadera curiosidad para informarme de su contenido, pues nada podía ser más cierto, que lo aseverado en el despacho, o sea “que informado por la Comisión Investigadora el Ministerio de Justicia de que los frigoríficos no llevaban sus libros comerciales en los términos que dispone el código, se dio intervención a la Inspección de Justicia, la que envió un contador a la Comisión Investigadora, el cual se limitó a hacerse presente una vez, conversar diez minutos y no volver”.
Esta es la rigurosa verdad. ¿En qué forma la desnaturaliza el ministro de Justicia en el vano empeño de demostrar un celo por colaborar con la comisión, que no ha existido?
Empieza recordando que la Inspección de Justicia se ofreció a colaborar en la investigación con fecha 27 de Octubre. Eso es exacto. Pero no lo es menos que la comisión no aceptó el ofrecimiento. Yo mismo que, en el primer momento, habiendo sido visto por el jefe de la repartición, me había inclinado a la aceptación, comprendí luego que la Inspección de Justicia sólo podía tener un papel útil en el examen de la forma en que se lleva la contabilidad y me adherí a la opinión de la mayoría.
Tres meses después, en Febrero, en presencia de la forma irregular en que se llevaban los libros y de la destrucción real o simulada de papeles esenciales para la investigación, la comisión se dirigió al Ministerio de Justicia y le remitió informes acerca de las comprobaciones a que había llegado de donde deducía la necesidad de que el ministerio tomara intervención. Fue entonces cuando, a los pocos días se presentó en la comisión un contador, estuvo diez minutos y no volvió más.
Excusado es decir que la comisión no conoce resolución ministerial alguna, ni de la Inspección de Justicia, tendiente a reparar o castigar las irregularidades comprobadas.
Pues bien, de la comunicación del ministro de Justicia resulta que la Inspección de Justicia, mientras nada hacía en el sentido de lo solicitado por la comisión, estaba empeñada por su cuenta y sin noticia alguna de la Comisión Investigadora, en una amplia investigación en la contabilidad del frigorífico Anglo; cotejando ejercicios y balances y no tomando en cuenta para nada los defectos formales de la contabilidad a cuyo único efecto se había dirigido la comisión al Ministerio de Justicia. Y para que la comunicación del ministro de Justicia resultara más fuera de lugar, incluye en ella un informe del fiscal federal a propósito de la causa seguida por disposición del Poder Ejecutivo a don Ricardo Tootell y a don Enrique Ahrens por delitos cometidos en el embarque clandestino de papeles en el Norman Star, asunto totalmente ajeno a la investigación de los libros, solicitada por la Comisión Investigadora, y no obtenida.
Y después de haber malgastado el ministro de Justicia, seis hojas útiles, de papel de hilo, en no decir una palabra que tenga relación con el asunto aludido en el despacho, llega a la conclusión de que las seis carillas malgastadas “desvirtúan completamente las aseveraciones de la referencia”.
¡Bienaventurados los ministros de justicia! ¡De ellos será el reino de los cielos!

LOS QUE SIRVEN AL CAPITALISMO EXTRANJERO CONTRA EL PAIS
Esto nada tiene que ver con la política, pero ofrece un aspecto que debo destacar, a fin de que los beneficios de la investigación sean todo lo amplios que deben ser y lleguen hasta donde deben llegar.
El Senado de la Nación descorre el velo de la política que ha sometido a la ganadería argentina al interés del capitalismo extranjero. El Senado, emanación de las instituciones republicanas y democráticas que rigen en la Nación, instituciones que los reaccionarios desprestigian, dejaría de existir en el momento en que prevalecieran sus tendencias.
Es interesante, entonces, rastrear el papel de los elementos reaccionarios en este proceso revelador de la prepotencia de los intereses extranjeros sobre los intereses nacionales, y es fácil hacerlo al encontrar jefes del fascismo y de la reacción entre el elenco de los frigoríficos y al comprobar que la más escandalosa de las ventajas clandestinas de los frigoríficos, —el regalo de un 25 % de divisas—, ha sido obra de la dictadura que soportó la República.
El Senado trata de reparar como puede los daños causados por el nacionalismo frigorífico.

CONCLUSION
Voy a terminar y espero ahora las réplicas. Preveo que no corresponderán a la naturaleza del informe que he producido. Habrá sido severo para el Poder Ejecutivo y para dos de sus ministros, pero ha sido objetivo y preciso y se ha mantenido rigurosamente dentro de la cuestión.
Temo ver repetirse la táctica habitual en los que no se resignan a confesar su derrota; la de salirse del tema, abandonando los puntos principales y magnificando los accesorios; preveo en el ministro de Hacienda, sobre todo, incursiones desorbitadas por todos los campos del mundo, menos por los que han sido explorados por la investigación y espero también la tentativa de desnaturalizar mi actitud, presentando los hechos claros y graves que he expuesto con sencillez, bajo el aspecto de agrias explosiones de una pasión incontenida.
No he usado, palabras que fueran más lejos que el significado real de los hechos, ni he empleado calificativos que excedieran a los exigidos por la naturaleza de las infracciones.
Estoy aquí para examinar las refutaciones que se intenten y deseo hacerlo con tranquilidad; pero si a falta de explicaciones encuentro que dos ministros, definitivamente juzgados y definitivamente condenados por la opinión nacional, consideran que un debate de esta naturaleza y de esta trascendencia puede desviarse hacia el terreno de los gauchos malo, me cuadraré también en ese terreno, dispuesto a seguirlos a donde quieran ir. No será la primera de esas pruebas que haya afrontado. Si el espectáculo en ese supuesto resultara desagradable e inferior, quiero que se sepa quiénes lo provocan y qué clase de Poder Ejecutivo tiene la Nación.

Sr. Presidente (Bruchmann). — Prevengo a la barra que están prohibidas las manifestaciones.

Sr. Ministro de Hacienda. — Pido la palabra.

Sr. de la Torre.— El ministro de Hacienda se adelanta a pedir la palabra y deseando que no suceda lo que preveo y que abandone esta vez el recurso gastado de las teorizaciones abstrusas y de las citas inacabables de autores de todos los países, voy a circunscribir el campo del debate, colocando en su perímetro una línea bien visible de jalones colorados y blancos, con algunas banderitas de trecho en trecho, a fin de que, desde el recinto y desde la barra, se vea fácilmente en qué momento preciso se escapa y se pone en marcha hacia los cerros de Ubeda.
Ante todo, el ministro de Hacienda está sentado en esa, banca para responder a una sencilla pregunta: ¿Por qué no ha dicho la verdad a la Comisión Investigadora en lo que le ha preguntado?
Eso no se contesta con citas de economistas escandinavos.
La primera inexactitud concreta que le señalo, es la de haber inventado, de acuerdo con el joven Gagneux, la explicación totalmente desprovista de pruebas, de que la concesión otorgada por el gobierno de facto a los frigoríficos, de no entregar al tipo oficial la totalidad de las divisas en las condiciones de los demás exportadores, era un arreglo transitorio sujeto a un reajuste.
Las comprobaciones realizadas por la comisión demuestran que la explicación es totalmente inexacta, que el convenio no fue provisorio y que no se encontrará manera legal ni ilegal de obligar a los frigoríficos a que reajusten el cambio y devuelvan los 15.000.000 que el fisco ha perdido.
No será admisible, tampoco, que el ministro de Hacienda desvíe la cuestión y trate de demostrar que el cálculo de las pérdidas carece de importancia por cuanto el regalo de divisas no sería de 30.000.000 sino de 8 o 10.
No lo probará nunca, pero la cuestión principal no es esa; la cuestión principal es saber si un ministro del Poder Ejecutivo puede invocar convenios que no han existido con el fin de despistar a una Comisión Investigadora nombrada por el Senado, a efectos, precisamente, de hacer la luz en las explotaciones de los frigoríficos.
Tendrá que probar también que es verdad la diligencia que le atribuye a su admirado colaborador y émulo, señor Gagneux, en el sentido de hacer cesar el regalo de divisas a los frigoríficos, por cuanto, lo que dicen los documentos que la Comisión Investigadora ha tenido a la vista, es que desde 1932 en que se inauguró el nuevo gobierno pseudoconstitucional, hasta mediados de 1934, no se conoce iniciativa ni acto alguno tendiente a modificar la situación clandestina que dejó el Gobierno Provisional, y que en 1934 cuando el gobierno inglés presentó una proposición, buena o mala, para regularizar la situación clandestina, el gobierno argentino se valió de toda clase de expedientes dilatorios para no modificarla y no la ha modificado, de donde resultara inexactos los informes suministrados por el ministro de Hacienda a la Comisión Investigadora, presentando las gestiones con el gobierno inglés, que llevan ya más de un año de vía crucis, como una demostración de la actividad demostrada por el gobierno argentino para hacer cesar el regalo de las divisas.
Al considerar estos puntos será indispensable distinguir entre las actitudes del ministro de Hacienda y del admirado jefe de la oficina de cambio, anteriores a la saludable intervención de la Comisión Investigadora, y sus actitudes posteriores, pues si bien no ha llegado el gobierno argentino hasta hoy a ningún convenio con el gobierno de Gran Bretaña, las notas de Gagneux posteriores a la intervención de la Comisión Investigadora, sobre todo la de fecha 13 de Abril del corriente año, consignan algunos propósitos que no se habían traslucido antes de la investigación.
En lo concerniente a la negativa de hecho opuesta al Frigorífico Gualeguaychú para no concederle el carácter de exportador autorizado, resulta falso de las constancias existentes en la investigación, lo aseverado por el Ministerio de Hacienda en su nota de fecha: 2 de Mayo; primero; en la parte en que dice que la solicitud del Frigorífico Gualeguaychú fue considerada dentro de normas y prácticas generales; segundo, en la parte en que dice que el Frigorífico Gualeguaychú no cumplió con el envío de formularios pedidos por la oficina, siendo que los contestó inmediatamente, satisfaciendo todos los pedidos. La oficina le acusó recibo en una carta de Julio de 1934, que yo he leído y que no hace alusión a que quede pendiente uno solo de los datos solicitados.
Tercero: en la parte en que equipara la situación del Frigorífico Gualeguaychú con la de Grondona y Compañía, por ser, ambas, empresas exportadoras autorizadas. Y dice textualmente en la página 9: “El Frigorífico Gualeguaychú y la firma Grondona y Compañía no pueden substraerse a las disposiciones generales que obligan a negociar la totalidad del cambio producido por sus ventas al exterior”.
Con posterioridad a mi despacho en minoría, que consigna esa situación de igualdad en vista de una manifestación escrita del ministro de Hacienda, he sabido que también esa situación es falsa y que Grondona y Compañía, exportadores no autorizados, están colocados en situación más o menos análoga a los frigoríficos del pool, cuyo provechoso privilegio lo funda el ministro de Hacienda en el hecho, sin importancia a ese efecto, de ser exportadores autorizados.
Y respecto de la defraudación de 279.000 pesos correspondientes a una parte del impuesto sobre su dividendo de 1933, que debía pagar la compañía Swift La Plata, el ministro de Hacienda no podrá salir del paso engolfándose en disertaciones sobre la naturaleza de las compañías Holding según se le atribuye; tendrá que decir si efectivamente dejaron de pagarse en 1933 los 279.000 pesos antedichos, y si la evasión fue descubierta en 1935 por la investigación parlamentaria y si además de esa evasión, hay otra de 135.000 pesos, correspondiente a 1.188.940 pesos de utilidades ocultadas por la compañía Swift La Plata desde 1932; y en el caso de pretender el ministro de Hacienda que la Dirección de Réditos tenía conocimiento de esos hechos, presentar los expedientes respectivos y explicar por qué en ese caso, el gerente Malaccorto los habría ocultado a la comisión y habría declarado que ni el frigorífico Swift ni la compañía Swift Internacional habían sido investigados y no hizo mención de ninguna cuestión pendiente con ellos, en razón del pago del impuesto a los réditos.
Queda así delimitado el campo dentro del cual el ministro de Hacienda tendrá que dar explicaciones concretas; sin perjuicio de abordar después otros temas, donde haya sitio para las citas de autores escandinavos, y de doctrinas abstrusas, con desviaciones hacia la política, las finanzas, la filosofía, la música y el cinematógrafo.
Preveo, también, que no dejará de usarse el argumento de la delicada situación de nuestro comercio de carnes con Inglaterra y de las negociaciones iniciadas bajo difíciles auspicios para reclamar silencio y conformidad con el monopolio británico y yanqui. Sólo los grandes estadistas de la Casa Rosada están habilitados, a juicio de ellos mismos, para defender inteligentemente los altos intereses nacionales, aun cuando se haya visto ya cómo los defienden. Hay que dejarlos obrar. Son los depositarios de secretos misteriosos. Ellos velan sobre la Nación y sobre los frigoríficos del pool con igual amor.
Pero si a alguno se le ocurre traducir en hechos la presuntuosa satisfacción de los ministros del Poder Ejecutivo, resultará que las negociaciones a que se atribuye tanta importancia y se teme que el Congreso pueda perturbar si se ocupa del monopolio de las carnes, están confiadas al doctor Malbrán, embajador argentino en Inglaterra, que no tiene motivo alguno para conocer los problemas ganaderos; y, suponiendo que el doctor Malbrán se convirtiera en un mero agente de transmisión de las ideas de su gobierno, esas ideas serían las del respeto absoluto de las situaciones creadas, o las que el señor Prebisch, partidario de los frigoríficos, sugiriera al ministro de Agricultura en sus asesoramientos o bien las inducciones clarividentes del doctor Saavedra Lamas, que, en su convenio con Chile, después de profundos desvelos, creyó asegurar la exportación de 50.000 novillos, y, como se sabe, sólo pasaron por la cordillera dos petizos de polo.
Fuera de toda duda hay un gran motivo de preocupación a causa de las negociaciones que se han iniciado con Inglaterra, sin que la representación argentina en Londres tenga instrucciones que inspiren confianza. Hasta ahora las instrucciones han consistido siempre en ceder
y por ese camino ya se sabe a dónde se va. Los Dominios, británicos envían a Londres sus primeros ministros y el gobierno argentino envía al señor Fernández, de la casa Agar Cross.
Además, el gobierno argentino hace una confusión inadmisible al identificar el Imperio Británico con los frigoríficos. Nuestros estadistas sostienen que no es posible reducir ni en un 1 % la cuota de exportación de Armour o de Swift, sin inferir un agravio al pabellón británico. Y eso no es así.
Gran Bretaña es una entidad política independiente de los frigoríficos y no está obligada a sentir lesionado su honor porque Swift, Armour o Vestey dejen de disponer del monopolio de las carnes argentinas. Recién el día en que bajo la dirección de un gobierno más inteligente que el actual, de un gobierno que admitiera el concepto de que hay algo más que hacer que divertirse, se modificará el sistema interno de despojo que han establecido los frigoríficos en nuestro país, recién entonces se encontrarían los argentinos en condiciones de tratar con Inglaterra sobre otras bases que las actuales, con ventajas para ambos países.
¿Por qué razón reclaman los Dominios británicos que se imponga al ganado argentino un arancel superior en $ 60 por cabeza al que se les imponga a ellos? Porque tienen calculado que esa es la ventaja natural que les lleva un novillo argentino por razones de calidad, de rendimiento y menores gastos. Pero ellos, los australianos y neozelandeses o africanos del Sur, acostumbrados a defender virilmente el fruto de su trabajo, no sospechan que los ganaderos argentinos no aprovechan las ventajas que la naturaleza les ha dado, creen que los ganaderos argentinos se enriquecen con los 50 o 60 pesos más que producen sus novillos comparados con los australianos y no saben que esos 60 pesos son para los frigoríficos, porque en este país el gobierno está al servicio de los frigoríficos, y la Sociedad Rural y la Junta Nacional de Carnes apoyan su política de mantener el monopolio y la Corporación de Productores creada para que fuese una entidad emancipadora de la ganadería argentina, ha sido anulada deliberadamente-Por el ministro de Agricultura y sirve a los frigoríficos, malogrando los beneficios esperados de la cuota del 11 %. No hay cuota del 11 % para las cooperativas de productores, y, en cambio, hay un puesto de director de frigorífico para el presidente de la corporación.
Debemos tratar con Inglaterra en términos cordiales, de igual a igual, como tratan las naciones soberanas; podemos y debemos ofrecerle a Inglaterra amplias ventajas, pero si no son apreciadas y si nos pretende tratar como a una factoría, podemos y debemos tomar represalias. Hay que concluir con las humillaciones e injusticias prevalentes en la actualidad y hay que exigir que la carne argentina entre a Inglaterra, importada por argentinos, como -el carbón de Cardiff entra a la Argentina importado por ingleses. Y si no puede entrar lo uno, que no entre lo otro. Sólo así adquirirían sentido las palabras profundamente equivocadas que pronunció el señor miembro informante de la mayoría de la comisión, cuando dijo que uno de los saldos mejores de esta investigación es haber demostrado que somos algo más que una simple factoría para el comercio de carnes, que somos una Nación organizada jurídica y políticamente. Recorro los resultados de la investigación y no encuentro, francamente, de dónde ha sacado esos honrosos saldos el señor miembro informante. Extrae sus consecuencias de la sentencia de la Suprema Corte, que declaró constitucional la ley número 11.226 y se olvida de que la investigación de los costos de los frigoríficos no ha sido realizada por la Junta Nacional de Carnes, a despecho de la sentencia. La investigación, si algo pone en evidencia, es que en el comercio de carnes somos, no ya una factoría, sino la última factoría del mundo, puesto que Inglaterra no se ha permitido imponer ni a sus colonias del África y de Oceanía la humillación que le ha impuesto a la Argentina, la humillación de que sus habitantes declinen en los mercaderes de Chicago el derecho de comerciar con el más valioso producto de su suelo. El Convenio de Londres ha ajustado sus cláusulas en lo referente al comercio de carnes al apetito de -los negociantes extranjeros, en desmedro de la producción nacional, y, en cambio, los pactos de Ottawa subordinan el apetito de los negociantes al interés de los Dominios británicos.
Hemos oído, más de una vez al ministro de Agricultura, erguirse en su banca y exclamar: “Yo, señor presidente, tengo un profundo sentimiento nacional”. Le hemos oído también al presidente de la República decirlo. No basta decirlo; hay que probarlo. Y cuando un gobierno como el actual permite que los argentinos sean descalificados y reemplazados por los extranjeros, cuando escamotea la ínfima cuota del 11 %, persiguiendo el propósito deliberado de no dársela a entidades argentinas, cuando pone sus esfuerzos, sus prebendas, sus dádivas y sus infracciones a las leyes al servicio del monopolio extranjero, podrá decir lo que quiera, pero no ha mostrado sentimientos nacionalistas.

/…Continuación en la Sesión del 20 de Julio…

Fuente: Lisandro de la Torre, Escritos y Discursos – Las Carnes Argentinas y el Monopolio Extranjero, T° IV, Págs. 405/480, 1947, Colegio Libre de Estudios Superiores – Buenos Aires.

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