septiembre 20, 2012

Debate Carnes Argentinas y Monopolio Extranjero: Discurso de Lisandro de la Torre en el Senado, con motivo de la investigación del comercio de carnes (1935) -9/12-

COMISION INVESTIGADORA DEL COMERCIO DE CARNES
DISCURSOS EN EL SENADO DE LA NACION CON MOTIVO DE LA INVESTIGACION DEL COMERCIO DE CARNES
Lisandro de la Torre
Sesiones del 18, 19, 21, 22 y 27 de junio, 20, 22 y 23 de julio y 10 de septiembre de 1935
[20 de Julio de 1935]

[9/12]

[…Continuación de la Sesión del 27 de junio…]
Sr. de la Torre. — El Senado ha visto en qué condiciones se ha desarrollado el debate. Planteado alrededor de cuestiones vitales del comercio de carnes, se mantuvo en ese terreno hasta que hicieron uso de la palabra los ministros del Poder Ejecutivo. Desde sus primeras sílabas, pudo verse que no los traía un propósito de colaboración. Venían animados por un sentimiento hostil a desvirtuar la investigación con cuanto elemento y con cuanto recurso pudieran tener a mano. No los arredraba el daño que pudiera causar a los intereses de la ganadería argentina; por encima de todo fue colocado el amor propio del Poder Ejecutivo. Adversarios irreconciliables de la investigación, se cuadraban frente a ella.
En cuanto desplegaron los labios se vio la táctica que seguirían; primero: negar la totalidad de los hechos comprobados, menospreciando en absoluto la verdad; segundo: inventarme e imputarme, sin escrúpulo alguno, ocultaciones, tergiversaciones y falsedades de toda índole; y, tercero: eludir -las cuestiones principales, subalternizando el debate en minucias y derivaciones pueriles.
Una controversia sostenida con adversarios dispuestos a no dejarse convencer, asume caracteres especiales y se debe prescindir de ellos como de algo que carece de interés y de valor y hablar para el Senado y para la opinión. Y no siendo posible dedicar diez sesiones a contrarreplicar los despropósitos acumulados en otras diez, el buen sentido aconseja apresurarse a restablecer las conclusiones principales de la investigación que interesan al país, tirando al canasto de los papeles inútiles las invenciones audaces, las puerilidades ininteligentes y las injurias torpes de los ministros del Poder Ejecutivo.
No olvide el Senado que me encuentro solo en frente de un gobierno cuya mediocridad entristece.
La investigación ha demostrado que la exportación de carnes argentinas produce ganancias exclusivamente a los intermediarios, y que el gobierno de la Nación, lejos de realizar esfuerzos para modificar una situación tan ingrata, está al servicio de los intermediarios, les ha permitido establecer un monopolio y los colma de favores en todos los órdenes de sus actividades, mientras persigue sin cuartel toda tentativa de organización de empresas argentinas controladas por los productores.
Ha quedado en evidencia la magnitud y la multiplicidad de esos favores a que me he referido haciende) una enumeración impresionante; incumplimiento de leyes; suspensión del cobro de multas; falta de fiscalización en el pago de impuestos; regalo de un 25 % de divisas; tolerancia del apoderamiento de los beneficios en el cambio derivados del decreto del 28 de Noviembre; ocultación oficial de los bajos precios de compra de los novillos, mediante la publicación de estadísticas inexactas; ignorancia, igualmente oficial, de los precios de venta; persecución a las compañías frigoríficas argentinas; re galo de la cuota del 11 %, durante dos años, a los frigoríficos del pool extranjero; aceptación de que los argentinos sean inhibidos por Inglaterra para exportar su carne, y que Inglaterra sea dueña de mantener un monopolio sobre la exportación del 85 % de la carne argentina, eligiendo ella los importadores, condición deprimente esta última, que no se ha atrevido a imponer ni a los Dominios británicos.
Estas grandes cuestiones, cuyo esclarecimiento conmovió a la opinión pública, reclamaban una amplia e inmediata dilucidación de parte del Poder Ejecutivo, con tanta mayor razón cuanto que, muchos de esos favoritismos no habían podido ponerse en práctica sin caer en verdaderos delitos, como en el caso de las evasiones del impuesto a los réditos, o bien sin exhibir a los funcionarios que intentaron ocultar a la Comisión Investigadora las irregularidades administrativas cometidas clandestinamente en favor de los frigoríficos, en actitudes estupendas, como la resultante de la declaración del jefe de la Oficina de control de Cambios, con Edmundo Gagneux.
El Senado ha podido apreciar la actitud del ministro de Agricultura en el debate. Si las compañías frigoríficas hubieran podido enviar un abogado suyo a este recinto, no habría ido más lejos en su inquina contra la investigación y en el propósito de desvirtuar sus conclusiones tergiversando los hechos.
La investigación del comercio de carnes constituía una aspiración del gremio ganadero, afectado por las condiciones míseras en que desenvuelve sus actividades, enfrente de frigoríficos que ganan 91.000.000 en 5 años y la prueba de que los esfuerzos realizados por la Comisión Investigadora en minoría, respondían a ese vivo anhelo público, la dio el extraordinario interés con que fueron acogidas sus conclusiones y la repercusión igualmente extraordinaria del debate.
El Poder Ejecutivo no solamente se ha exhibido extraño a esos sentimientos, sino hostil. Está con las compañías frigoríficas, está con el monopolio, está en contra de los intereses del país, está al servicio de intereses particulares. Tal es el resumen de su actitud en esta Cámara. No han podido los ministros ocultar su odio africano contra todo lo que la Comisión Investigadora en minoría ha intentado en favor del país.
Para que las réplicas a mi informe alcanzaran algún efecto, aunque fuese transitorio, era indispensable faltar a la verdad constantemente, inventando hechos no ocurridos, lanzándome imputaciones pérfidas, tendientes a hacer creer que me mueven pasiones personales. Era indispensable entonces que yo no pudiera articular una palabra para restablecer la verdad, aun cuando no exista nada más reglamentario, en los casos en que se lesiona la autoridad y hasta el decoro de un senador, qué poder rechazar inmediatamente, las imputaciones falsas, diciendo en dos palabras: tal hecho no es cierto.
La mayoría del Senado entró en el plan que podría llamar de la mordaza y el puñetazo sobre el pupitre de un senador y la apresurada_ protesta de otro senador y las vociferaciones destempladas del ministro de Hacienda, exhibieron claramente el propósito de no permitirme aclarar la menor imputación del ministro de Agricultura. ¿Y qué han ganado con eso? Nada, ahora estoy hablando.
Siguió después la lentitud deliberada del debate. El ministro de Agricultura ocupó una hora y cuarenta minutos, nada más, el primer día, y 1 hora y 15 minutos el segundo día. Me puse a leer una novela. El plan estaba a la vista: prolongar la impresión de las supuestas rectificaciones, fatigar a la opinión y arreglar ciertas cosas en las oficinas a fin de mejorar la posición de los ministros. No me afligía mayormente la espera, aunque no falten babiecas que necesitan leer la contrarréplica para discernir la verdad, e hice yo mismo el cuarto día la moción de levantar la sesión porque sólo quedaban tres senadores en el recinto y yo estaba dormido. Hubiera sido lastimoso permitir que el enorme esfuerzo colectivo de los empleados del Ministerio de Agricultura, de la Junta Nacional de Carnes y de la gerencia del Banco Central, que habían elaborado el monumental discurso de ministro de Agricultura, no tuviera más auditorio que tres senadores aburridos y un centenar de empleados de la administración en la barra. Público, propiamente dicho, no había.
Comenzó su exposición el ministro de Agricultura ocupándose de un punto del que dijo no podía postergar por ser personal, y del que yo también, por esa razón, voy a ocuparme en primer término. Pero antes señalaré un detalle expresivo que adquiere, bajo su aparente insignificancia, un gran valor documental, uno de esos detalles que permiten ver el alma de los actores hasta en sus pliegues más recónditos.
Me refiero al chiste ministerial a propósito de la pesquisa de la Comisión Investigadora, que dio por resultado el secuestro de los papeles embarcados clandestinamente a bordo del Norman Star. El acto ilícito y torpe que realizó una empresa extranjera, para eludir una sanción del Senado argentino y el uso clandestino de los propios sellos de la Inspección Sanitaria del Ministerio de Agricultura, para disimular el contrabando, no le provocan indignación al ministro de Agricultura, sino chascarrillos. No se necesita más. Ese es un ministro de la República Argentina en 1935, esa su mentalidad, esa su elevación intelectual, esos sus sentimientos, ese su patriotismo. Encuentra ridículo que la Comisión Investigadora del Senado secuestre de un cajón de comed beef, el “gráfico” de los contrabandistas, y suelta la carcajada. ¡Qué ingenio el de los camaradas del Anglo y qué estupidez supina la de la Comisión Investigadora! En el Congreso argentino nunca un ministro de ninguna época, se ha extendido a sí mismo un certificado semejante de insensibilidad patriótica. Cabal exponente de un gobierno cuya mediocridad entristece. Llevado al ministerio para servir al país está de alma y vida con el monopolio.
Entro al asunto. El ministro de Agricultura pretende que el hecho de averiguar si las compañías frigoríficas han creado en interés de sus negocios, una clase privilegiada de ganaderos influyentes, y les pagan los novillos a precios superiores a los que rigen para los vendedores comunes, constituye una cuestión de orden privado, vedada a las investigaciones del Congreso.
Se ha querido explotar en contra mía, malignamente, que haya intentado averiguar si existe una clase privilegiada de vendedores de ganado a los frigoríficos.
El punto de vista del ministro de Agricultura es inadmisible y en ningún momento lo compartió la Comisión Investigadora: mayoría y minoría; al contrario, adoptó, sin debate, la pregunta cuarta del cuestionario que se envió al ministro de Agricultura y decía: “Si en las compras en el país se advierte algún favoritismo en favor de determinado gremio de vendedores, o de determinados vendedores”.
El ministro contestó de este modo:
“El Departamento de Agricultura no tiene denuncias concretas de favoritismos en favor de determinados gremios de vendedores en las operaciones de compras de ganado realizadas por los frigoríficos”. Y después de explicar que el novillo chilled ha sido clasificado en dos categorías “bueno” e “inferior”, que abarcan distintos grados de calidad, agrega: “Estas cualidades, como es sabido, no se especifican en las comunicaciones de compras que los frigoríficos remiten a la Junta Nacional de Carnes y que publican los diarios, por lo que es imposible saber, mediante las mismas, si el mayor o menor precio que pagan a distintos vendedores de chilled bueno se justifica o no por los diferentes grados de calidad a que me he referido”.
El ministro de Agricultura pretendió, pues, no saber nada y, lo que es más grave, pretendió que nada podía averiguar; y nada averiguó para satisfacer la pregunta de la Comisión Investigadora, por cuando las comunicaciones de compra que se publican en los diarios —decía—no especifican las calidades. El esclarecimiento, en una palabra, no le interesaba.
Después de esto, la cuestión quedó casi olvidada en la Comisión Investigadora durante meses. La ocultación de datos oficiales y el desorden deliberado de los libros de los frigoríficos, que dejaban en la sombra, en unos casos, los nombres de los vendedores, y en otros la vinculación del nombre del dueño de una tropa con la planilla correspondiente de clasificación, hacía imposible investigar.
El contador Yasky señaló, especialmente, a la comisión, esas dificultades en la parte de su informe, en que dice: “No se indica —en las planillas de compras—, la-calidad de la hacienda comprada, que sólo es posible hallar en los cálculos de costo, los que, a su vez, no mencionan el nombre de vendedor y además las tropas en los costos no figuran en el mismo orden numérico que en las planillas de compras”.
Debido a estas dificultades, la Comisión Investigadora no dio a los contadores instrucciones especiales a los efectos de buscar los vendedores privilegiados; no se dieron instrucciones de esa clase, ni respecto del señor Duhau, ni respecto de nadie. Lo comprueba el miembro informante de la mayoría al no hacer, en su primer informe, ninguna alusión al respecto.
A los efectos de mostrar cómo es de falsa esa imputación gratuita de que yo haya andado investigando especialmente los negocios del ministro de Agricultura, recordaré otra circunstancia. En el curso de la investigación se habían examinado, además de los libros de los frigoríficos, los libros de algunos abastecedores y de los rematadores de carne. Habría tenido mayor interés que el examen de estos últimos, el examen de los libros de los grandes invernadores firmantes de la nota de adhesión a la política del respeto absoluto de las situaciones creadas. En una de las últimas sesiones de la Comisión Investigadora lo hice notar; pero, agregué, a continuación, que prefería dejar esa laguna, sin duda importante, antes que dar lugar a la sospecha de que la comisión alentara propósitos de persecución contra alguien, y sobre todo, invoqué, en la comisión, la consideración especial de que no sería posible pedir la exhibición de los libros de los grandes invernadores, sin pedirle también la exhibición de los suyos al ministro de Agricultura, gran invernador, y a la sociedad formada por su familia, colocada en las mismas condiciones. Opiné en el sentido de que no se examinaran los libros de los grandes invernadores y así le resolvió por unanimidad.
Los señores senadores, tal vez, se estén preguntando, a esta altura del relato, cómo se produjo entonces el milagro de que, no habiéndose buscado las ventas del ministro de Agricultura, hayan aparecido y hayan aparecido con caracteres sensacionales. Diré cómo aparecieron.
En Febrero, o sea cinco meses y medio después de iniciada la investigación, se resolvió recién extenderla a la filial Rosario, del frigorífico Swift. Ocurrió que allí no se habían ocultado las planillas de costo con la estrictez absoluta observada en los frigoríficos de los alrededores de la Capital, y aparecieron las ventas del ministro de Agricultura, señor Duhau, (iniciadas en Enero de 1934, o sea poco después de haber sido nombrado ministro y terminadas después de Junio del mismo año, coincidiendo con la interpelación del diputado Noble) y las ventas de la sociedad C. F. de Duhau, iniciadas también en enero de 1934, y continuadas después de la época en que el ministro de Agricultura dejó de vender. Formaban diez y ocho operaciones sobre 3.267 novillos. En casi todos los casos el frigorífico había pagado precios superiores a los corrientes. El favoritismo resultaba evidente, no sólo en relación con el peso de los animales, sino con su rendimiento en chilled. Aparecían tropas pasadas de peso, de 532 kilos, pagadas a 27 centavos y novillos pagados a 28 centavos que sólo habían rendido 23 % de chilled bueno. También se veían tropas que no habían producido ni un solo cuarto de chilled, ni bueno ni inferior, pagados a 22 centavos, cuando el precio para los vendedores ordinarios de conserva y consumo en él Sismo mes era inferior en 8 centavos, o lo que es lo mismo, era inferior en 40 pesos por cabeza a las ventas del ministro.
Llegadas esas planillas a la Comisión Investigadora con el informe adjunto del contador Bruni, en los primeros días de Mayo, surgía por obra poco menos que de la casualidad, la prueba de que el ministro de Agricultura era uno de los vendedores de la clase privilegiada cuya existencia se había sospechado. Era triplemente grave: primero por tratarse del ministro de Agricultura; segundo por ser un ministro que se caracteriza por los favores de toda índole que a costa del Estado dispensa a los frigoríficos y porque se empeña en sostener la política de las situaciones creadas; y tercero porque la desproporción entre los precios obtenidos por el ministro con los precios corrientes que obtiene Juan Pueblo (por ejemplo, de 27 centavos para novillos de 532 kilos o 22 centavos para novillos de conserva) alejaba la suposición de que pudiera no haberse dado cuenta de la situación privilegiada que le hacía el frigorífico.
El ministro de Agricultura en la página 393 de su discurso, dijo:
“Pero, ¿cómo consiguió el señor senador de la Torre, los datos de estas tropas? ¿De qué recursos sutiles se ha valido para obtenerlos?
“¡Ah! Hubo que desplegar una extraordinaria sagacidad. Y, a pesar de todo, apenas pudo conseguirlos en el caso del frigorífico Swift, de Rosario”.
Con el relato que he hecho dejo refutadas las manifestaciones del ministro de Agricultura.
Ya se ve, señor presidente, cómo no me valí de ningún recurso sutil para encontrar las panillas, porque no los busqué; fueron entregadas al contador de la comisión por el propio frigorífico y el contador las remitió a la Comisión Investigadora, donde estuvieron, al mismo tiempo, a disposición mía y de mis colegas de la comisión.
Impresionado por lo que se ponía en evidencia, no vacilé un momento, lo .declaro, en decidirme a hacerlo conocer del Senado en su oportunidad; y no se me pasó por la imaginación que persona alguna, exceptuando el interesado, pudiera encontrar, que en vez de una penosa y desagradable imposición de mi deber, como miembro de la comisión, me sedujera la mezquina empresa de dañar la reputación del ministro de Agricultura.
¿Qué actitud debía asumir en la comisión?
Tampoco Me costó mucho resolverla y creo que la resolví bien.
El informe del contador Bruni estaba sobre la mesa; la planilla de las ventas del ministro de Agricultura estaba anexa al informe, y ni el señor senador por San Luis ni el señor senador por Salta me decían una palabra. Adopté igual actitud y no les dije una palabra. Un buen día, ambos señores senadores propusieron que se mandaran todos los informes al ministro de Agricultura a fin de que pudiera prepararse para el debate.

Sr. Landaburu. — Esa indicación la hizo el señor senador por Salta, y fue votada unánimemente por la comisión.

Sr. de la Torre. — No se precipite; es lo que voy a decir.
Si, señor, acepté, y agregaré que complacido; y allá fue el informe con las planillas de compra y con todo lo demás. Pocos días después me avisaron de Rosario que había llegado al frigorífico una persona con el encargo de buscar ventas de otras personas en condiciones análogas y, especialmente, se dijo, en el frigorífico, de los señores Duggan y Hope. En la comisión siguió el silencio. Por fin, al discutirse los despachos, tanto el señor senador por San Luis, corno el señor senador por Salta, me recordaron en términos discretos, que ellos, por razones que yo comprendería, se encontraban en situación especial respecto de la actitud a adoptar en frente de un gobierno amigo.
¿Qué objeto tenía entonces que yo, sin esperanza de conseguir su concurso, no teniendo obligación de informar a la comisión acerca del discurso que pronunciaría 91 en el debate y del uso que haría o no haría de los documentos que estaban sobre la mesa a la disposición de todos por igual, les hubiera adelantado que me proponía considerar las planillas de venta del ministro de Agricultura encontradas en el frigorífico Swift Rosario? Debieron suponerlo, por otra parte.
Cuando utilicé las planillas en el debate, con el más perfecto derecho, el señor senador por San Luis, que no las había mencionado, pretendió que debía plantear el caso en la comisión, por ser de índole personal. Ese es el error de siempre, considerar de índole personal lo que es de interés público. Será personal en el sentido de que se nombra a una persona, pero la finalidad perseguida por la comisión en minoría no consideraba la persona privada de don Luis Duhau; tomaba en cuenta operaciones del ministro de Agricultura, que al mismo tiempo que otorga favores ilegales y perjudiciales para el país a los frigoríficos del pool, aparece recibiendo de ellos beneficios cuantiosos en forma de precios excepcionales por sus novillos.
Sostengo, por lo tanto, la perfecta corrección y la perfecta impersonalidad de mi actitud en la Comisión Investigadora, y le recuerdo al señor senador por San Luis, que él no me informó a mí de la manera como pensaba encarar punto alguno de su informe.

Sr. Landaburu. — ¿Me permite el señor senador?... No le informé a ese respecto porque nunca abrigué el propósito de hacer revelaciones de esas que yo llamo, a justo título, de carácter personal. Pero le anuncié, de la manera más categórica, el propósito de la comisión de proyectar una ley que prohibiese en el futuro el pago de precios diferenciales, que estableciese bajo penalidades muy severas la obligación de pagar precios uniformes. Esa era la conclusión que la comisión, instituida con fines eminentemente legislativos, debía sacar de una serie de hechos personales a que se ha referido en algunos casos con verdadera fruición el señor senador por Santa Fe.

Sr. de la Torre. — Eso de la verdadera fruición lo puede suprimir, porque es una apreciación personal suya que no acepto.

Sr. Landaburu. — ¿Qué tenía que hacer la comisión a los fines de legislación? Desprender las consecuencias que para esa legislación eran interesantes, y no limitarse a dar un nombre en el recinto.

Sr. de la Torre. — El nombre del ministro de Agricultura no es un nombre cualquiera.

Sr. Landaburu. — Pero se niega a votar el proyecto de la comisión que tiende a evitar la repetición de esos hechos en el futuro.

Sr. de la Torre. — Cree que va a ponerle puertas al campo...

Sr. Landaburu. — No tengo interés en poner puertas a nada, sino establecer la verdad.

Sr. de la Torre. — Hago notar que la interrupción ha sido inútil, pues lo que el señor senador debió habernos demostrado es que yo no había correspondido a la gentileza que pudo tener conmigo, comunicándome en qué forma iba a hacer su informe. Como no me dijo nada, nada le dije yo.

Sr. Landaburu. — Lo dije en la forma en que se redactó el proyecto de ley por la mayoría de la comisión y que el señor senador conoció oportunamente.

Sr. de la Torre. — Nada tiene que ver un proyecto de ley con el asunto que discutimos.
El ministro de Agricultura se ha defendido bajo tres aspectos: 19 que los frigoríficos pagan a otras personas, carentes de influencia, iguales precios a los obtenidos por él, y también precios superiores, por novillos que rinden una proporción inferior de chilled bueno; r que le han pagado a él, siendo ministro, precios iguales o inferiores a los que obtiene Juan Pueblo; y 39 que yo he seleccionado, maliciosamente las tropas que cité.
Todo esto lo abona con ejemplos que serían convincentes, si no fueran todos inexactos o tergiversados, todos, todos.
A fin de que el senado atribuya a este asunto de alto interés público —donde el móvil personal, repito, no entra ni en la extensión de un milímetro— toda la gravedad que tiene, voy a ser un poco prolijo en el análisis de los ejemplos traídos al debate por el señor ministro de Agricultura para su defensa. Demostraré que son inexactos o tergirversados, y que, restablecidas las operaciones en su forma auténtica, resulta, en todos los casos, que el ministro de Agricultura vende su ganado a precios uniformemente superiores al común de los ganaderos.
Empezaré por los 6 casos en los que dice que los frigoríficos le pagaron 17, 18 y 20 centavos por tropas que dieron de 25 hasta 68 % de chilled.
Cuatro de esas tropas habrían sido vendidas, al frigorífico Amour. Ese frigorífico, como se sabe, negó sus planillas a los contadores de la comisión; dijo haberlas destruido, haberlas quemado, y además de eso el ministro omite, en su discurso, las fechas de las ventas, poniéndome en la imposibilidad de encontrarlas. No puedo saber si son exactas o no esas ventas a Armour o si corresponden a tiempos en que no era ministro. Es un recurso muy cómodo, pero poco conveniente, ofrecer ejemplos y dificultar su control.
Las otras dos ventas, habrían sido hechas al frigorífico Swift, una de 20 cabezas y otra de 30 cabezas. Desde luego, pueden comprender, los señores senadores, la ninguna importancia que tendría el hecho de que 50 novillos del ministro de Agricultura se hubieran vendido a un precio bajo, si 19.950 novillos se hubieran vendido a precios altos.
De esas dos ventas he encontrado una, la tropa 2.044, de treinta novillos, a 18 centavos. Dice que fueron clasificados en el boleto como “conserva y consumo” y dieron 92 % de chilled. Esto, desde luego, no es exacto. Los treinta novillos fueron clasificados en el boleto como “chilled inferior” y dieron “chilled inferior”, sin un solo cuarto de chilled bueno. Consta el rendimiento en esta panilla fotografiada (la muestra) , que pongo a disposición de los señores senadores. Pero la venta no fue de 30 novillos; fue una venta conjunta de 272 novillos, regis4 trada aquí en la página 58 del informe del contador Yasky. Y esa venta se hizo a tres precios: 92 novillos a 28 centavos; 150 novillos a 25 centavos, y 30 novillos a 18 centavos.
Los 30 novillos de 18 centavos pesaron 590 kilos cada uno, y a razón de 18 centavos, produjeron al ministro c1,1 Agricultura 1184 pesos con veinte centavos, o sean 106 pesos con 80 centavos por cabeza, y en ese mes de Agosto de 1934 los novillos de 590 kilos se pagaban, cuando más, de 80 a 85 pesos, y el precio de los novillos para conserva en Agosto de 1934, consignado en el informe que el ministro de Agricultura pasó a la Comisión Investigadora, (página 47), era de 14,6 centavos, término medios No sólo es inexacto, pues, que el ministro de Agricultura vendiera sus 30 novillos —único caso que me ha sido posible controlar de los seis sin fecha que ha puesto— a los precios de Juan Pueblo; vendió a 20 pesos más que Juan Pueblo. A Juan Pueblo, le habrían pagado en Agosto de 1934 por novillos de 590 kilos, 13 a 14 centavos, y el ministro de Agricultura obtuvo 18 centavos.
Tenemos, además, que los 30 novillos del ministro de Agricultura, que pesan 590 kilos y rinden 92 % de chilled inferior fueron exportados por la compañía Swift.
¿En qué quedamos, entonces? Cuando el Frigorífico Gualeguaychú y Grondona y Compañía exportan chilled, no de 590 kilos sino de 560, el ministro de Agricultura difama a ese chilled inferior en folletos oficiales y les niega cuota de industrialización, porque lo exportan; y cuando el frigorífico Swift le compra a él novillos de 590 kilos y los exporta chilled, entonces el ministro de Agricultura no encuentra que esa carne desprestigie al chilled argentino en Gran Bretaña, y viene al Senado a pretenderse despojado, porque le pagaron 18 centavos, y dice que sus novillos dieron una proporción considerable, de chilled bueno, cuando sólo produjeron chilled inferior, como consta en la planilla que he puesto a disposición, del Senado.
En la página 445 del Diario de Sesiones, en su discurso, dice: “He sostenido y sigo sosteniendo, con profunda convicción, que estos embarques rebajan el nivel de la reputación de nuestro chilled en el mercado británico, cuyo prestigio ha sido indiscutible y aumenta la intensidad de la competencia de las carnes inferiores procedentes de los Dominios”.
Y resulta de esa planilla que él vende para exportar de esa carne que desacredita al producto argentino en Gran Bretaña. Específicamente no es posible que novillos de 590 kilos produzcan chilled “superior” y los 30 novillos del señor Duhau no produjeron un solo cuarto de chilled “superior”. Ha intentado sugerir lo contrario, pero acabo de demostrar que no es exacto.
La otra venta a Swift de 20 novillos a 20 centavos, tropa 705, no ha aparecido en parte alguna bajo ese número, en el resumen de boletos de compra anexos al informe del frigorífico Swift; pero bajo el número 593 aparece una tropa de 20 novillos a 20 centavos. Son novillos de 563 kilos que no dieron un solo cuarto de carne chilled. El precio de 20 centavos es, por consiguiente, un precio de favor.
Paso ahora al segundo aspecto de la defensa del ministro de Agricultura, que consiste en afirmar que los frigoríficos pagan a personas sin influencia que les venden novillos con menor proporción de chilled bueno que él, precios iguales o superiores.
Por no haber dado fechas en algunos casos, ni indicación de frigorífico es muy difícil la comprobación de todos los casos que citó, pero en lo que he encontrado resulta lo de siempre: 20, 25, 30 pesos más por cabeza para los novillos del ministro de Agricultura.
En la página 394, del Diario de Sesiones, el ministro de Agricultura decía: “Aquí tengo una lista en que aseguran una cantidad de personas al margen de toda sospecha, que han obtenido los mismos precios que el ministro, por tropas con menos rendimiento de chilled “bueno”.
Y la lista consta de datos tergiversados; analizándolos bien, resulta que invariablemente los frigoríficos le han pagado al ministro 20 o 30 pesos más por cabeza que a cualquier otro vendedor.
Tomemos la cita referente a una tropa del doctor Honorio Pueyrredón. Destaca el ministro de Agricultura, que su filiación política lo pone a cubierto de sospechas de favoritismo. Cita el caso: “Tropa 1.297: 50 cabezas, 26 centavos, 30 % de rendimiento de chilled “bueno”.
Pero el caso no es así; el ministro de Agricultura lo ha modificado. Aquí está en la página 43, del informe del frigorífico Swift. Se trata, no de 50 novillos a 26 centavos, sino de 219 novillos; 50, a 26 centavos, 133, a 22 centavos y 36, a 16 centavos; promedio de precio, 21,78 centavos; rendimiento 6,85 de chilled “bueno”, 72;15 inferior y 21 de continente. Hay, pues, un rendimiento de 79 % de chilled para un precio promedio de 21, 78 centavos.
Comparemos la tropa del doctor Pueyrredón con la tropa del ministro de Agricultura, número 593, de 20 novillos de 568 kilos cada uno a 20 centavos, que ha presentado como un caso de despojo, como un caso de Juan Pueblo; vendió a 20 centavos y sus novillos no dieron un solo cuarto de chilled, ni bueno ni inferior. Y el doctor Pueyrredón vendió 219 novillos al precio de 21,78 centavos y dieron 79 % de chilled. El frigorífico Swift pagó, al ministro de Agricultura, mucho más por cabeza  que al doctor Pueyrredón.
Busquemos alguna tropa en la cual el ministro de Agricultura haya tenido rendimientos de chilled del 79 %, y veamos cuánto le han pagado. No encuentro de 79 % de chilled, pero hay una con 72 %, con menos: es la tropa 2.268.
Le ha pagado, el frigorífico Swift, por esa tropa, el precio máximo de 28 centavos, o sea 6,22 centavos más , por cabeza, equivalente a 31,10 pesos más, por cabeza, que al doctor Pueyrredón.
El caso de las tropas que se venden conjuntamente, a distintos precios, es especial y no tiene derecho, nada menos que el ministro de Agricultura, de aparentar ignorancia respecto de la forma arbitraria en que se realizan esos negocios. Por haciendas de la misma marca y del mismo estado, los revisadores hacen apartes caprichosos y clasifican 300 a 28 y 300 a 23, lo mismo que pudieron clasificar todos a 28 o todos a 23.
No hay el derecho, de seleccionar un pequeño lote dentro de una venta por mayor cantidad, pues de no haberse realizado la venta del total, el pequeño lote habría tenido otro precio.
Igual confusión hace el ministro de Agricultura con los 44 novillos que menciona del doctor Lucio A. Robirosa, a 26 centavos con 31,8 % de rendimiento en chilled bueno. Aquí está también la compra, en la página 43 del informe del contador Yasky.
La planilla correspondiente a esta venta está aquí también fotografiada y a disposición del Senado, y emana de la Junta Nacional de Carnes. Esa planilla dice que el rendimiento dado por el ministro de Agricultura está equivocado. Además del 31,8 yo de chilled bueno, resulta que la tropa dio 55,70 de chilled inferior, haciendo un total de 87,50 de chilled y 12 % de conserva, de manera que el precio pagado de 26 centavos era un precio corriente y no aparece el menor favoritismo.
Un refrán conocido, dice: “Dios castiga sin palo ni piedra”. El refrán será discutible, pero el fenómeno se ha producido en este caso; el mismo día 8 de Mayo, en la misma página que he revisado, buscando los 44 novillos del doctor Lucio A. Robirosa, la casualidad me depara otra venta de don Luis Duhau: tropa 1.328, de 363 novillos, a 28 centavos; pesan 512 kilos, con un rendimiento de 26,31 de chilled bueno, 66,60 inferior, 5,50 conserva y 1,58 decomiso.
Comparemos: los novillos del doctor Lucio A. Robirosa pesaban 477 kilos y fueron vendidos a 26 centavos; los del ministro, pasados de peso, obtuvieron 28 centavos. Los novillos de 26 centavos del doctor Robirosa rinden 31,80 chilled bueno y los de 28 centavos del ministro de Agricultura, sólo rinden 26,31 de chilled bueno. El doctor Lucio A. Robirosa obtiene por cabeza pesos 13,80 y el ministro, por novillos de más peso y menos rendimiento de chilled bueno, obtiene por cabeza pesos 143,26. Son los veinte pesos por cabeza de superprecio mínimo que le pagan invariablemente los frigoríficos al ministro de Agricultura...

Sr. Ministro de Agricultura. — Ya lo vamos a ver.

Sr. de la Torre. — Esto sucede en los ejemplos que él mismo elige para justificarse. ¡Cómo serán los que no elige! Los casos en que obtiene treinta pesos por cabeza, más que los vendedores comunes, son numerosos; ¡y vende 20.000 novillos! ¿Puede ser ministro?
En la página 395 trata de demostrar que una de las firmas mencionadas por mí como explotada por el frigorífico Swift Rosario, la firma Seppe Hermanos, ha obtenido precios altos con bajos rendimiento y cita algunas operaciones de esta especie; pero hace todas las citas con malicia.

Sr. Ministro de Agricultura. — Ya vamos a ver eso.

Sr. de la Torre. — Es asombroso, pero es la verdad. El ministro de Agricultura sigue queriendo despistar al Senado y a la opinión.
En la página 395 trata de demostrar —repito que una de las firmas mencionadas por mí como explotadas por el Swift Rosario, la firma Seppe Hermanos, ha obtenido precios altos con bajo rendimiento. Bien; menciona la tropa 2,346, compuesta de 220 novillos, vendidos, según dijo, a 26 centavos, con 23,30 % de rendimiento y le parece un precio de favor a él, que ha vendido, como acaba de verse, una tropa a 28 centavos, con 26,31 de rendimiento de chilled, y asimismo el dato -que ha dado respecto de la tropa de Seppe Hermanos no es exacto. Aquí está la copia fotográfica de la planilla. Es de la Junta Nacional de Carnes. (El orador muestra unos papeles). Son tres planillas correspondientes a la firma Seppe Hermanos. No se trata de 220 novillos, sino de 450 novillos a 26 centavos, en dos tropas faenadas el 28 de Agosto de 1934 con 20,70 de chilled bueno y 74,30 de chilled inferior, total 95 % de chilled. El precio de 26 centavos no es, pues, un precio de favoritismo. El ministro de Agricultura no está en la verdad. La otra tropa de Seppe Hermanos —aquí tengo la planilla— citada bajo el número 1.930, dice que era de 299 novillos a 26 centavos, con 23,30 % de chilled bueno. Ha sido también prestidigitada; es de 453 novillos, incluida la tropa conjunta número 1.931, al precio promedio de 23,17, y dio 11,37 de chilled bueno, 62,91 inferior, total 74,28 % de chilled y el precio fue sólo de 23,17. Aquí está la planilla fotografiada, a disposición de los senadores (el orador la enseña), es de la Junta Nacional de Carnes.
La posición en que dejan al ministro de Agricultura estas rectificaciones de los ejemplos puestos por él mismo, es grave, y lamento haberme visto en el trance de hablar al respecto, obligado por los desmentidos y las injurias de que he sido víctima durante diez sesiones consecutivas.
El artificio desplegado por el ministro de Agricultura, con el fin de disimular que obtiene precios superiores a los demás ganaderos en las tropas individuales, trata de hacerlo extensivo al resultado total de sus operaciones, y dice: “No me satisfacen todavía las pruebas categóricas que he dado dentro del terreno en que se colocó el señor senador de la Torre, al citar tropas aisladas”. Como ha visto ya el Senado, yo no cité tropas aisladas, sino la totalidad de las tropas vendidas por el señor Luis Duhau y la sociedad C. F. de Duhau y Compañía al frigorífico Swift de Rosario, después de ser nombrado ministro el señor Luis Duhau.
El ministro, sabiendo que no es exacto, prosigue: “Vuelvo, pues, al asunto de mis novillos, para demostrar, con el resultado conjunto de mis._ ventas, las falacias de las presunciones que ha echado a rodar el señor senador por Santa Fe”.
Después de esa introducción, presenta un resumen que dice extraído de sus libros, y certificado por un contador de la firma británica Deloyte, Plender, Griffiths y Compañía.
El resumen compara el precio de un conjunto de novillos sin clasificación, con el promedio del precio chilled.
En esas condiciones carece totalmente de valor, siendo lógico que el precio término medio del chilled de todo el país resulte mayor que el promedio conjunto de los novillos mezclados del ministro de Agricultura. Y agrega, a título de comentario: “Cuando no era ministro, el señor Duhau, vendía sus ganados —término genérico que no permite saber de qué ganado se trata— a 4 décimos de centavos arriba del término medio del chilled, y, en cambio, cuando se le designa ministro, que según el señor senador acentúa sus preferencias por el monopolio, vende su ganado —otra vez el término genérico ganado— a 1,1 abajo del término medio del valor del novillo”.
Vuelvo a repetir que habiendo eludido el ministro de Agricultura toda aclaración concerniente a la clasificación de lo que titula genéricamente “sus ganados”, la planilla vindicatoria carece en absoluto de valor y nada prueba. Concurre a corroborarlo el hecho conocido de que el ministro de Agricultura se dedica a la industria lechera y posee ganados de raza lechera que produce novillos inferiores. ¿Entran esos novillos inferiores en el conjunto de los titulados ganados vendidos genéricamente? Como ese ejemplo podría poner muchos otros.
Considérese el artificio con que han sido presentados los casos individuales que he analizado, y no se me podrá negar el derecho -a poner en cuarentena una planilla que no tiene autenticidad, ni clasificación controlada, y que está en contradicción con lo que resulta de la totalidad de las ventas al frigorífico Swift Rosario, único que permitió ver, en condiciones aceptables, las planillas de clasificación de las tropas del ministro de Agricultura. Vuelvo a repetir que no me interesa la persona ni los negocios del ministro de Agricultura, sino en relación con el enorme interés del gremio ganadero en cambiar la situación existente. Pero no estoy dispuesto a comulgar con ruedas de molino, aceptando explicaciones vagas que sólo pueden engañar a los que creen que todos los novillos son iguales.
Considerado este asunto con amplitud, encuentro que lo único que guarda cierta relación, en las pretendidas consecuencias que se sacan de las planillas del contador de la casa Deloyte, sería la comparación entre los precios medios de todos los novillos de la columna 1 y los precios medios pagados al señor Duhau de la columna 3; pero de allí resulta que el señor Duhau vendió más alto. De esto no dijo una palabra, lo que caracteriza también el género de defensa que hace, desprovisto de sinceridad.
Tampoco quiero hacer mérito de una circunstancia importante que acentúa el carácter público de este aspecto de la investigación. A mediados de 1934, el señor Duhau repetía sus remesas y nada indicaba que estuviera a punto de suspender sus ventas al frigorífico Swift Rosario, que le pagaba precios excepcionales. En el mes de Junio, las ventas del señor Duhau y de la compañía C. F. de Duhau, a pesos 0,28 al frigorífico Swift Rosario habían representado el 44 % de las compras totales de ese frigorífico a ese precio. Pero todo fue presentarse en la Cámara de Diputados la interpelación del diputado Noble, y el señor Duhau suspendió totalmente sus remesas personales al frigorífico Swift Rosario; no vuelve a venderle un solo novillo. ¿No es una actitud inexplicable? ¿Qué destino tuvieron los novillos que tenía en invernada y dejó de vender a su nombre? ¿Pasaron a la sociedad familiar? ¿Fueron vendidos bajo otro nombre? ¿Están o no incluidos en el total de las ventas que se han presentado como descendentes en 1934? Es imposible saberlo, y, por consiguiente, imposible juzgarlo.
Y respecto del tercer cargo que formuló el ministro de Agricultura; la pretendida selección maliciosa que yo habría hecho de sus ventas a precios superiores a las que obtienen los demás ganaderos, se trata de una burda invención de que ya se habrá apercibido el Senado por el relato que hice de la forma en que el contador investigador del frigorífico Swift Rosario, señor Bruni, en el último mes de la investigación, encontró las ventas a precios de favor del ministro de Agricultura, y las transmitió a la Comisión Investigadora sin una sola omisión.
¡Qué fácil es fingirse indignado y atribuir móviles pequeños y personales a los cargos que se dirigen a los funcionarios públicos, por las más graves infracciones en el desempeño de sus tareas! Nunca faltan ingenuos, incapaces de darse cuenta de que un legislador de la oposición se impone en esos casos deberes penosos, afrontando, sin recompensa alguna, diatribas y venganzas por servir al país. Creen que el legislador se sirve un plato suculento y lo devora con fruición, cuando sólo ha sentido disgusto y desdén al comprobar en qué forma se trata la cosa pública por los que deberían ser sus defensores.
¿Qué clase de satisfacciones podría proporcionarme este desagradable asunto, en que me toca poner en evidencia la situación de un ministro? ¿Tengo acaso alguna venganza que ejercitar contra él? ¿Puede seducirme la esperanza de un éxito parlamentario memorable que arrastrara al Senado a votar a favor de mis conclusiones? Ni lo uno ni lo otro. El mérito de toda clase de incompatibilidades, tengo la más serena indiferencia por la persona del ministro de Agricultura, y en cuanto al Senado, no llega mi candor hasta hacerme la ilusión de creer que vaya a votar en contra de su filiación política.
El despacho de la mayoría, al cerrar los ojos sobre cuestiones graves surgidas de la investigación y llamarle cuestiones personales a las que envuelven un enorme interés público, ¿no anticipa, acaso, lo que va a ser el voto de la Cámara? ¿Y sería por ese resultado vano que yo habría afrontado, como lo dije, las diatribas y los odios implacables de los enormes intereses heridos por la investigación? Intereses de un monopolio que saca anualmente 60 millones de pesos de los ganaderos argentinos casi hambrientos; intereses de los cómplices que tienen en todas las ramas de la administración, y en todos los medios desde donde puede influirse en su perpetuación indefinida; intereses de los beneficiados por las magnanimidades del monopolio, intereses políticos, también, afanados en oscurecer el profundo repudio que despiertan en el pueblo todas las infracciones que salen a la luz. ¿Me voy a hacer la ilusión de avasallar yo todo eso?
Ha sido víctima de una venganza de parte del ministro de Hacienda. Ha querido, el ministro, de ese modo, quitar autoridad a la pericia que fundamenta mis conclusiones y que el propósito de servir a mi país; solo, además, frente de un gobierno cuya mediocridad entristece. Hasta la maniobra realizada para mantener incompleta la representación de Santa Fe, en este cuerpo, realizada con el afán de dejarme más sólo, enaltece mi actitud y califica la ofuscación de mis adversarios.

EL CONTADOR. YASKY
Voy a ocuparme ahora del contador Yasky, que ha tenido a su cargo la tarea principal de la investigación.
Ha sido víctima de una venganza de parte del ministro de Hacienda. Ha querido, el ministro, de ese modo, quitar autoridad a la pericia que fundamenta mis conclusiones y dejar flotando una sensación de ligereza y quizás de torcidas intenciones de mi parte, al haber elegido para confiarle funciones tan delicadas a un contador objetable.
No es así.
Cuando promoví la investigación del comercio de carnes en el mes de setiembre del año pasado, comprendí que el éxito de los trabajos a iniciarse, dependería en primer término de la competencia y de la rectitud de los contadores que se designaran, y que no se llenaría esa primera exigencia si la comisión no se valía de contadores familiarizados con los negocios frigoríficos y con las peculiaridades inherentes a la clasificación de las carnes.
Lo manifesté desde la primera reunión a los señores senadores por San Luis y por Salta, cuyas preferencias se orientaban ya en favor del nombramiento de contadores de la Facultad de Ciencias Económicas, muy prestigiosos en el gremio, pero ajenos, en absoluto, a la especialidad frigorífica. En la seguridad de que dos de los tres contadores iban a responder a esa característica, hice averiguaciones tendientes a encontrar un contador especializado, y recibí de distintos orígenes la indicación de que el profesional verdaderamente apto que podía encontrar para la investigación, sería el contador general del Frigorífico Municipal, señor Samuel Yasky. Yo no lo conocía, y su condición de empleado público me planteaba un interrogante, a causa de la visible hostilidad del Poder Ejecutivo hacia la investigación. ¿Serían de temer o no, presiones incómodas, que restaran libertad al señor Yasky para proceder como debía? ¿Le sería respetada su absoluta independencia? En el caso en que no se produjeran actos de presión, el carácter de empleado público del señor Yasky ofrecía ventajas. Por muy hostiles que fueran los sentimientos del Poder Ejecutivo hacia la investigación y hacia mí, la elección de un funcionario público para confiarle la tarea investigadora, debía demostrarle en qué forma serena e imparcial se deseaba proceder. Yo que no he dejado de valorar en ningún momento las ventajas que resultarían de reducir al mínimo las resistencias enconadas del Poder Ejecutivo y de inspirarle confianza, concluí por encontrar conveniente confiar la tarea principal de la investigación al contador general del Frigorífico Municipal. Ha terminado la investigación y resulta esta situación curiosa. Yo; el opositor, estoy satisfecho del funcionario público y de su obra meritoria y lo reconozco sin reservas, mientras el gobierno de la Nación, representado por el ministro de Hacienda, no teniendo nada que reprocharle, lleva su despecho hasta remontarse diez años en la historia, a recoger un poco de lodo que había quedado al margen del camino. ¡Qué Poder Ejecutivo tiene la Nación! dije una vez, y lo repito.
Los informes que recogí fueron unánimemente favorables al señor Yasky. Había sido encargado de organizar la contabilidad del Frigorífico Municipal desde su creación. El señor Luis Rodríguez Irigoyen, presidente nato del nuevo organismo, en su carácter de secretario de la Intendencia, lo había designado, no obstante su total neutralidad política. El señor Yasky no era radical, ni antiradical. El señor Rodríguez Irigoyen se había encontrado en la misma situación que yo: buscaba un buen contador y recibió los mejores informes de la capacidad del señor Yasky. En la inflexión de voz que hizo el ministro de Hacienda para pronunciar el nombre del señor Rodríguez Irigoyen iban envueltas sugerencias intencionadas. El ministro de Hacienda se olvidó en ese instante del banquete de vastas proporciones que se diera al señor Rodríguez Irigoyen con motivo de su nombramiento de ministro en la provincia de Buenos Aires, que se caracterizó por la presencia de centenares de personalidades conservadoras, de las que forman hoy “la base de sustentación del gobierno”, según la frase que usó el ministro de Hacienda, al tiempo de la elección en Entre Ríos. La publicación de la lista de los concurrentes depararía hoy sorpresas interesantísimas.
No niego al ministro de Hacienda el derecho de recordar que Yasky fue llevado al Frigorífico Municipal por el señor Rodríguez Irigoyen, pero le niego el derecho de ocultar lo que ocurrió después del 6 de setiembre. Esa ocultación le hace daño.
Triunfante la revolución, fue designado director del Frigorífico el señor Marcelo de Lezica, quien revocó los nombramientos del personal mientras estudiaba sus antecedentes y se formaba una idea exacta de su competencia. El señor Lezica encontró que la organización impresa a la contaduría por el señor Yasky era satisfactoria y que su desempeño personal era correctísimo. Lo confirmó en su cargo y el sueldo de 600 pesos mensuales que ganaba fue elevado a 800 pesos.
Antes de eso habían llegado informaciones al señor Lezica de los hechos que han servido al ministro de Hacienda para su venganza; los investigó y pudo comprobar que carecían de toda prueba. En la misma época, el intendente municipal nombrado por el Gobierno Provisional dispuso una investigación técnica y administrativa del frigorífico. La contaduría, a cargo del señor Yasky, mereció el siguiente juicio en el informe del investigador, doctor Eugenio A. Blanco: “Este informe no estaría completo si no expresara el concepto que merece la organización contable del establecimiento, existente actualmente. Puedo afirmar que ella hace honor a los profesionales que la han organizado”.
El único profesional que había intervenido en la organización, era el contador Yasky.
El ministro de Hacienda obtiene, en definitiva, como única cosecha de su venganza, destacar el buen concepto que el contador Yasky ha merecido a tres gobiernos.
¿Por qué ocultó cuidadosamente esos antecedentes? No cabe duda de que lo hizo porque no perseguía propósitos elevados y sólo se proponía, deliberadamente desprestigiar a la investigación, cuyos actos han venido a poner en evidencia, sin que el contador Yasky lo buscara, los vicios de la administración y de los administradores del Departamento de Hacienda. ¿Creerá el ministro de Hacienda que los señores Gagneux y Malaccorto han sido vindicados? ¡Qué error!
Pasó el Gobierno Provisional; vino el actual. El señor Yasky continuó al frente de la Contaduría General del Frigorífico Municipal con la confianza plena de su directorio. Estaba en esa situación cuando me fue indicado para la investigación, en vista de que yo buscaba un contador competente y especializado. ¿Se me puede hacer un cargo porque lo aceptara? ¿Se me puede hacer un cargo porque depositara confianza en el contador general del Frigorífico Municipal?
Me puse en contacto con el señor Yasky y lo invité a pasar por mi domicilio; concurrió y entre otros documentos me entregó un amplio certificado de la compañía Sansinena, en cuya contaduría había trabajado. Dice lo siguiente: “Acusamos recibo de su carta de igual fecha, mediante la cual eleva su renuncia del puesto de jefe de contralor que desempeña en la Compañía y atentos los fundamentos aducidos, no tenemos otra alternativa que aceptarla.
“Por el correcto desempeño de las funciones que ha tenido a su cargo, durante largos años, la compañía lamenta verse privada de sus servicios y, por consiguiente, le desea prosperidad en el nuevo campo de acción que usted ha elegido. Saludamos a usted muy atentamente. Por la Compañía Sansinena de Carnes Congeladas: Firmado: David J. B. Watson”.
Llevé su nombre a la comisión; fue nombrado a propuesta mía en el mismo acto que el doctor José González Galé, propuesto por el señor senador Landaburu y el doctor Mauricio Greffier, propuesto por el señor senador Serrey. Este último renunció dos meses después al ver que no podía en realidad desempeñar el cargo por falta de tiempo, y fue nombrado el señor Antonio Lascurain, que lo había suplido, contador que tampoco conocía el negocio de carne ni las peculiaridades de la contabilidad de los frigoríficos.
Al día siguiente de aparecer en los diarios los nombramientos, empecé a recibir anónimos contra el señor Yasky, y el senador Landaburu también los recibió.

Sr. Landaburu. — Es exacto.

Sr. de la Torre. —El anónimo es siempre despreciable, pero cuando está de por medio un interés público, no siempre es aconsejable prescindir de él. Recibí 6 6 7 anónimos, casi todos imprecisos, mientras otros hechos permitían advertir la conjuración que tendía a eliminar de la investigación al único contador capaz de hacer la luz en las operaciones de los frigoríficos que el Ministerio de Agricultura deseaba mantener en secreto y que se venía manteniendo en secreto desde 20 años atrás a favor de toda clase de supercherías. Investigué dentro de cierta medida los datos de los anónimos. Apareció un asunto, un solo asunto, que el ministro de Hacienda ha desdoblado en tres, con verdadera caridad cristiana. Ha querido agrandarlos para hacer más eficaz su difamación. Es un asunto, repito, un solo asunto: el señor Yasky incluido en la lista de contadores de los tribunales fue sorteado en una convocatoria sin importancia. Al aproximarse la fecha en que debía presentar su informe, o mejor dicho, el día en que debía reunirse la junta de acreedores, el convocatario lo acusó ante el juez de haberle pedido dinero, una pequeña suma. Yasky negó la imputación. El acusador no la probó jamás. Poco tiempo después el acusador, o convocatario, fue detenido por orden del juez doctor Llavallol acusado por defraudación. ¿Lo oculta, también, lealmente, el señor ministro de Hacienda? El fiscal no encontró mérito para acusar; el juez sobreseyó. Esto en la justicia criminal. En la comercial, el juez, sin abrir a prueba, entendiendo que se trataba de un caso administrativo, en presencia de la sola denuncia, separó al contador y la Cámara de Apelaciones, después de un sumario en el cual el fiscal se expidió a favor del señor Yasky por no haber prueba alguna en contra suya, dispuso su eliminación de la lista de contadores en uso de sus facultades de superintendencia y no por el contenido no probado de la denuncia. En esa Cámara se hacía entonces ostentación del placer con que se eliminaban de la lista los contadores de apellido ruso.
El Colegio de Contadores se abocó al asunto en ausencia del señor Yasky, que había tenido que ausentarse a Europa y en realidad no lo ha resuelto, pero se labró un acta que se mantenía en secreto y que estaba en poder de un ex presidente del centro. Se la reputaba secreta por su naturaleza hasta tanto se pronunciara el centro.
Esa acta ha sido sacada del secreto por nobles gestiones del ministro de Hacienda, para difamar a un funcionario público por haber servido con rectitud a la Comisión Investigadora.
El presidente del centro es un empleado. El ministro de Hacienda es todopoderoso y su sed de venganza no reconocía límites. El acta reservada desde ocho años antes se sacó a luz y se trajo al Senado y se leyó.
Ni el directorio de la Compañía Sansinena ni el directorio del Frigorífico Municipal creyeron que la acusación sin pruebas de que había sido blanco el contador Yasky lo inhabilitaban para utilizar sus servicios.
Por todo esto lejos de arrepentirme de su elección, señalo a la gratitud de los ganaderos argentinos el laborioso e inteligente esfuerzo que el contador Yasky ha realizado.
Si el señor Yasky hubiera sido un hombre venal, su informe diría otra cosa. El oro de los frigoríficos, que todo lo puede y que todo lo corrompe, en éste como en tantos otros países, lo habría tentado. Pueden mirarse en su ejemplo los que sacrifican los intereses vitales de la producción argentina al monopolio del capitalismo extranjero.
La investigación pasará y el informe del contador Yasky quedará inconmovible en su carácter de pericia seria, sincera, inteligente, desapasionada y hasta desinteresada, por cuanto el honorario que va a percibir es, a mi juicio, la mitad de lo que vale su pesado trabajo de nueve meses.
En cambio, los informes de los otros dos autorizados contadores, no especializados en la materia, no han aportado luz alguna y no dejan un solo saldo que pueda ser valioso en el porvenir.
El informe de la mayoría ni siquiera los menciona y en el libro de actas de la comisión ha quedado la constancia ilevantable de sus deficiencias.
¿Cómo conciliar este episodio, tan característico de un gobierno cuya mediocridad entristece, con los conceptos elevados e impersonales que en algunos momentos el ministro de Hacienda quiso hacer planear sobre el debate? La frase de Jaurés, por ejemplo, ¿puede pronunciarla un ministro que no tiene reparo en hacerse vehículo de imputaciones infundadas, con el solo designio de difamar? Y el calificativo aquel sugerido en otra de las sesiones, que sigue al difamador como la sombra al cuerpo en la boca de los hombres honrados, ¿no teme el ministro de Hacienda que sea de estricta aplicación a quien, olvidando su posición y sus responsabilidades, ha recogido acusaciones que rechazó la justicia y las ha amasado con lodo para destruir la reputación de un hombre que es, además, un funcionario público?

LA SUPUESTA CARTA A LOS CONTADORES

Sr. Landaburu. — ¿Me permite el señor senador? Como se ha referido con verdadera insistencia a procedimientos de la comisión que afectan la responsabilidad de sus miembros, y corno no es posible aceptarlos... 

Sr. de la Torre. — ¿Cuáles son?

Sr. Landaburu. — Todos. El señor senador se ha referido al nombramiento y elección de los contadores y como no puede ser eso aclarado mediante una interrupción...

Sr. de la Torre. — No sé, repito, a qué cargos se refiere el señor senador porque no he discutido el criterio con que la mayoría designó a los contadores, respetando los nombramientos efectuados por ella.

Sr. Landaburu. — No vamos a discutir en este momento la capacidad técnica de los contadores, pero, precisamente, quería decirle, ya que el señor senador se ha referido a ese punto, que mi silencio no significa, en absoluto, que asienta a las afirmaciones que él hace.

Sr. Ministro de Hacienda. — Tampoco nuestro silencio significa asentimiento; vamos a contestar en su oportunidad.

Sr. Landaburu. — Deseo sólo rectificar algo que interesa a la responsabilidad de todos los miembros de la comisión: la designación de los contadores. Oportunamente me ocuparé de este aspecto de nuestra labor en la comisión.
Quiero también dejar constancia de paso, que ni en el informe originario, ni en la réplica, he aludido personalmente a ninguno de los contadores, ni he designado a nadie por su nombre; cuando me he referido al informe de los contadores, lo he hecho sin mencionar sus nombres: Yasky, González Galé y Lascurain.
Más adelante, salvaré algunas referencias y llenaré algunas lagunas que ha dejado el señor senador por Santa Fe al ocuparme de esta situación.
Nada más, por ahora, señor presidente.

Sr. de la Torre. — Continúo. En el orden de los ataques puramente personales que el ministro de Agricultura me dirigió al solo efecto de presentar mi actuación bajo aspectos odiosos no obstante su fingido repudio de los ataques de esa índole, debo colocar en primer término la falsificación, diré, de un acta de la comisión, a fin de convertirla en una carta personal y agresiva que yo habría dirigido a los contadores de la comisión investigadora, señores González Galé y Lascurain.
Dije que en el orden de las acusaciones personales que me dirigió el señor ministro de Agricultura, figuraba la invención de una carta que yo habría escrito a dos de los contadores de la comisión, señores González Galé y Lascurain.
El Senado oyó al ministro explayarse a su gusto al respecto, y en la página 501 encontrará sus palabras. “Se trata de una carta —dice— dirigida el 12 de abril pasado por el señor senador a los contadores doctores González Galé y Lascurain, increpándoles duramente por los errores que habían cometido, a juicio del mismo señor senador, en uno de los informes que habían presentado”. No se puede ser más claro. ¿Cómo puede creer el Senado que esto sea mentira, que yo nunca haya escrito carta alguna a los señores González Galé y Lascurain y que jamás haya recibido una respuesta de ellos?
Invito al señor ministro de Agricultura a que presente esa carta y la pretendida respuesta de los contadores. No lo hace.

Sr. Ministro de Agricultura. — Esa es la misma cuestión que tuvo con el ministro de Hacienda...

Sr. de la Torre. — Presente la carta y la respuesta.

Sr. Ministro de Hacienda. — Llámele acta en lugar de carta y está todo aclarado.

Sr. de la Torre. — Luego no existen ni la carta ni la respuesta. Han sido inventadas las dos. Queda en evidencia el señor ministro de Agricultura. Inventa lo que no existe para vengarse de un legislador que comete el delito de combatirlo, creyendo servir de ese modo los intereses públicos.
El punto, por sí mismo, carece de importancia, pero lamento verme obligado a tomar algún tiempo al Honorable Senado alargando esta exposición. No puedo prescindir de hacerlo y, el carácter de ataque personal, me obliga a ocuparme con toda la detención que sea necesaria. Cuando haya explicado lo que ocurre se podrá ver la corrección de mis actos y la ninguna malignidad de mi actitud, encuadrada dentro del deseo legítimo de salvar mi responsabilidad ante la amenaza de que dos contadores, sin la suficiente especialización, hubieran causado el fracaso irreparable de la investigación en cinco de los siete frigoríficos que debían investigarse.
Se trata de dos exposiciones que hice en la comisión, mejor dicho, de dos minutas que entregué para que fueran incorporadas al acta del día, cuando me dí cuenta de que el informe de los contadores sobre La Blanca no era tal informe, y que el informe sobre Sansinena no era tal informe.
Eso es lo que ha sido tergiversado y convertido en una titulada carta personal y agresiva que yo habría escrito a estos dos señores, y contestada en forma airada por ellos. Claro; convertidas en carta las expresiones mías, completamente comprensibles y perfectamente legítimas en el acta de la comisión, aparecen agraviantes para dos personas que nunca recibieron una línea mía.
Después de algún tiempo de iniciada la investigación me dí cuenta de que los contadores, señores González Galé y Lascurain, excelentes personas, de recomendables condiciones y con capacidad de contadores comerciales, y aun de matemáticos, corno se le podría llamar al doctor González Galé, actuario muy distinguido, no dominaban la materia frigorífica, por falta de especialización, y no estaban en condiciones de satisfacer las exigencias de la investigación.
Como ninguno de los dos contadores había sido propuesto por mí, mi posición era delicada para solicitar su cesantía_ Sin embargo, expresé a mis colegas de la mayoría de la comisión que, en mi concepto, no estaban en condiciones de llenar su cometido, y dejé librado al criterio de ellos que resolvieran o no cambiarlos.

Sr. Landaburu. — Es bueno dejar constancia...

Sr. de la Torre. — Rectificará después.

Sr. Landaburu. — Eso tiene interés para la situación personal de esos contado]. es, que son dos hombres de bien y de gran probidad profesional.

Sr. de la Torre. — Sí, señor senador; y de gran inexperiencia frigorífica.

Sr. Landaburu. — Hay interés también, en dejar constancia que ellos ofrecieron por dos veces su renuncia a la comisión, y que ésta no la aceptó, creyendo que estaban perfectamente bien en sus puestos.

Sr. de la Torre. — Renuncia que yo habría aceptado puesto que adelantándome a ellos la había insinuado; la mayoría de la comisión es la que no aceptó esas renuncias...

Sr. Landaburu. — Cuando se habla de la comisión, se entiende que se habla de la mayoría.
Hubiera sido interesante que hubiésemos dejado al señor Yasky y eliminado a los señores González Galé y Lascurain. Insisto en dejar constancia, señor presidente, de que ellos ofrecieron, por dos veces, las renuncias de sus cargos.

Sr. de la Torre. — Muy bien. No he podido tener mayor prudencia para evitar que la comisión corriera el peligro de anarquizarse. Todo lo he sacrificado a eso. En los interrogatorios a Gagneux, ¿acaso no resulta débil mi actitud? Consentía situaciones que no debía aceptar por no exponerme a que la comisión se deshiciera. 

Sr. Landaburu. — ¿Y por qué iba a deshacerse la comisión?

Sr. de la Torre. — Porque...

Sr. Landaburu. — ¿Iba a renunciar a su cargo? 

Sr. de la Torre. — ...habríamos chocado.

Sr. Landaburu. — Pero no habría renunciado el presidente de la comisión a una posición de responsabilidad que había aceptado con plena conciencia.

Sr. de la Torre. — No deseo ser interrumpido.

Sr. Presidente (Bruchmann). — Ruego al señor senador por San Luis que no interrumpa al orador. 

Sr. Landaburu. — Que no me obligue a ello, expresándose en esa forma con respecto a los contadores. 

Sr. de la Torre. — Yo no le obligo a hacer interrupciones...

Sr. Landaburu. — Es que alude a los contadores que actuaron en la comisión, propuestos por nosotros. 

Sr. de la Torre. — No son hijos suyos...

Sr. Landaburu. — El señor senador no ha tenido que esforzarse para sacarlos de la comisión. No tiene el derecho de dejar en esa situación de duda a dos hombres de honor y dignidad. Por eso dejé constancia de que en dos oportunidades ofrecieron su renuncia, y no sé por qué se habría de abrir un interrogante respecto de la honorabilidad y competencia de estos dos profesionales.

Sr. Presidente (Bruchmann). — El señor senador por Santa Fe no desea ser interrumpido, y en ese sentido lo ampara el reglamento.

Sr. Landaburu. — Si me obliga, lo voy a interrumpir. 

Sr. Presidente (Bruchmann). — Es un derecho que tiene el señor senador por Santa Fe.

Sr. de la Torre. — No deseo ser interrumpido, pero si me interrumpe, veremos quién grita más.

Sr. Presidente (Bruchmann). — La campana de orden ahogará la voz de los señores senadores que interrumpan indebidamente.

Sr. de la Torre. — Decía, entonces, que no fueron cambiados y presentaron el informe sobre La Blanca en condiciones defectuosas. Hice entonces dos exposiciones en la comisión y propuse, primeramente, respecto al informe de La Blanca, y después con respecto a los frigoríficos Wilson, Sansinena, Smithfield, que fueran rechazados.
La comisión resolvió requerir de los señores González Galé y Lascurain las explicaciones que se imponían —sobre la minuta que yo había agregado al acta de la sesión— para lo cual —y tampoco hice cuestión de ello—habría bastado resumir mis observaciones a los efectos de la pericia, sin necesidad de molestarlos con las demás apreciaciones que yo hacía para la comisión, acerca de su falta de preparación en la especialidad.
La comisión les dio conocimiento de todo lo que había dicho, lo que no contenía, ciertamente, ninguna injuria, pero que les debía ser desagradable y que se pudo evitar. Los contadores intentaron explicar su informe y además hicieron lo que es de regla en este país en casos semejantes; considerar afectado su decoro y lo expresaron a la comisión, no a mí, en una nota. Como yo no me había dirigido a ellos y no aceptaba la responsabilidad de la comunicación de mis opiniones en la forma en que se les había hecho, no me sentí obligado a ningún desagravio, aun cuando fuera el primero en lamentar lo que ocurrió, sin mi culpa. Acostumbro a respetar a todas las personas con quienes trato, pero no soy indiferente a que, en asuntos de interés público extraordinario, como era la investigación, se corriera el riesgo de llegar al fracaso por el simple hecho de la inexperiencia de dos contadores ajenos en absoluto al comercio de carnes.
Los señores senadores se darán cuenta de mi situación si quieren revisar los cuatro informes que aquí están, que no son tales informes; y respecto de la mayoría de la comisión, desearía, también, que los señores senadores dieran una rápida lectura al libro de actas, para que vieran si alguna vez se abocó el asunto que yo había planteado, el rechazo de los cuatro informes de los contadores por deficiencias insalvables. Nunca los trató, nunca resolvió nada.
He ahí, pues, el material de que se ha valido el ministro de Agricultura para aderezar la intriga de la carta personal y agresiva que yo habría dirigido a los contadores y que nunca ha existido. Pero antes de pasar sobre esto dejaré constancia de otra adulteración de mis palabras hecha por el ministro de Agricultura.
En la página 501, y refiriéndose a mí, dice que al aludir al informe de los contadores, les dije: “Debido a un concepto riguroso de la objetividad que aplican los contadores, noto la ausencia de muchas apreciaciones que los técnicos, en casos como éste, deben hacer sin preocuparse de que resulten tendenciosas”.
Voy a confrontar con mis palabras. Digo yo “Además, debido a un concepto riguroso de la objetividad, noto la ausencia de muchas apreciaciones que los técnicos, en casos como éste, deben hacer. El concepto que considero excesivo está expresado en estos términos en la página 37: Aparte de que cualquier apreciación aunque sólo fuera levemente de los hechos, podría parecer tendenciosa”, etcétera, dicen los contadores y entonces yo digo: “El estudio realizado de esa manera resulta incompleto y de dudosa o ninguna utilidad, como paso a demostrarlo”. Y hago la demostración.
De manera, que el señor ministro, caritativamente le ha agregado a lo que yo he dicho lo de que lo técnico, en casos como éste, deben hacer apreciaciones, sin preocuparse de que resulten tendenciosas.
Comprenderán los señores senadores el sentido que tiene la adulteración; yo habría estado tratando de conseguir informes tendenciosos, cuando lo único que traté de conseguir es que el informe fuera completo y que se hicieran determinadas apreciaciones a las que me he de referir más adelante, y que han sido omitidas a título de que toda apreciación es tendenciosa...
Respecto del informe de La Blanca, dije: “Lo primero que se pidió a los contadores fue el establecimiento en forma clarísima del costo de la carne que comprende el costo de los novillos y los gastos.
“En vez de una expresión clara de esos costos, hay en el informe un verdadero galimatías que no he podido descifran El costo de la carne F. O. B. resulta del informe en una parte de $ 0.51 (costo que considero increíble) y en otra parte, de $ 0,50,47 (igualmente increíble), pero no se consigue descifrar las descomposición de esta cantidad en sus componentes, que serían: pagado por la carne, gastos de organización de la compra; gastos de faenas, servicio de frío, embolsado, etcétera”.
En la planilla 25 se resumen los gastos de matanza y se dice: “Primeros gastos de compra, y en seguida “gastos de compra”. ¿Qué gastos son esos y qué diferencia hay entre los primeros y los segundos? Imposible saberlo.
“En ninguna parte del informe se habla de los gastos de “frío y embolsado: que son elementales y se conocen con ese nombre invariablemente. Pero en la página 8 del informe se enumeran distintos gastos y se dice: “Materiales, de producción, indirectos”. Es evidente que “el frío” y “embolsado” debe estar comprendido; pero ¿cómo y por qué suma?
“Los gastos denominados materiales, etcétera, en la planilla citada, ascienden a $ 32,305, contra $ 31.205 de embarque, venta y lanchaje.
“No se puede admitir que el gasto poco apreciable del embarque esté a la misma altura del de frío, bolsas, embolsado, etcétera.
“Además. ¿Qué significa ese gasto de venta que se incluye en el gasto “franco a bordo”? El gasto de venta en destino nada tiene que ver con el precio F. O. B.
“El informe no permite averiguar el precio de costo en sus detalles y tampoco contiene el precio de venta. Hay una disculpa, sin embargo: la compañía ha manifestado a los contadores (página 14) que ignora los precios de venta, pues sólo recibe un telegrama dándole cuenta de la utilidad global realizada. Después no reciben rendición de cuentas ni cuentas de venta. Esto es inadmisible, es, a todas luces, un expediente para ocultar las utilidades. Pero aun siendo así, los contadores han podido fácilmente determinar a qué cargamentos corresponden los resultados comunicados y establecer el promedio de beneficios por libra o kilo de chilled embarcado.
“Las maniobras para elevar los costos y eludir la declaración de las ganancias, están a la vista, pero los contadores González Galé y Lascurain no las descubren y cuando las descubren, no concretan su alcance y sus resultados. Por ejemplo: en la página 22 consignan una utilidad en cueros de $ 516.768, contra una utilidad en la carne de $ 578.701, cuyo absurdo no les escapa, pero han debido analizar en qué proporción ha sido rebajado el valor de los cueros al pasarse al departamento respectivo y elevado el de la carne y decirlo a la comisión. No lo han hecho; se han contentado con decir: “basta ese sólo hecho para patentizar cuán recargado está el precio de la carne a expensas de los subproducto.” Ese sugiere un fraude y en vez de concretarlo, los contadores aceptan que el precio de la carne sea de 51 centavos. Es decir, aceptan en silencio la maniobra que estaban encargados de descubrir y revelar en números precisos”.
Y así siguen, señor presidente, 20 cargos más, y entre ellos el que se ha explotado torpemente. No me sorprende menos el hecho —digo― de que en la página 30 ka ganancia neta sea de $ 2.882.000 y cuatro páginas más adelante sea de $ 1.288.000. Se han evaporado $ 1.600.000, ¡y el informe como si tal cosa Bien, aquí está el informe sobre el frigorífico La Blanca. Lo pueden ver los señores senadores, está cuajado de cifras y de planillas y todo, absolutamente todo, ni está en pesos moneda nacional.
Son páginas y páginas de cifras, unas detrás de otras, en moneda nacional, y, por último, al pie de la página 34, perdidas en ese mar, sin ponerlas en columna aparte y sin ninguna indicación llamativa, hay cuatro cifras y arriba de la primera dice oro sellado en abreviatura, es decir, o|s. Yo no tengo muy buen vista y se me pasó.
¡Este es el formidable cargo que tan desgraciadamente han querido hacer en contra de la conciencia con que he hecho el estudio de los informes!
¡Cuatro cifras en oro sellado después de cuarenta páginas en cifras moneda nacional!
Excuso decir que apenas se hizo la aclaración de que se trataba de oro sellado, yo acepté el error e hice constar su origen.
Contestaron los contadores sin aclarar uno solo de los otros puntos observados; y vinieron después los otros informes deficientes y me vi obligado a hacer manifestaciones análogas. No dejé de contestar las explicaciones que habían dado respecto del informe de La Blanca y dejé constancia en el acta. Aquí está todo. (El orador muestra un libro).
Las observaciones que hice al informe sobre el frigorífico La Negra no pudieron ser más escuetas, sin ningún comentario. Dicen así: “Sub-productos. — Informan los contadores, que se valúan de acuerdo con los últimos precios de venta y que la dirección del frigorífico entiende que deben costear sus gastos y nada más. A raíz de eso, a fojas 33, se puede ver que los subproductos dan un beneficio de $ 445.951. Si se hubiera acreditado, corno se dijo, nada más que el valor real de los subproductos no podría haberse acumulado semejante ganancia, desproporcionada a la de la carne que es tan sólo de 2.396.254 pesos.
“Gastos de producción. — Se establecen en forma de un tanto por ciento sobre el precio de compra, lo que obliga en cada caso a hacer operaciones complicadas e interminables para determinarlos. ¿Qué sentido tiene usar porcentajes cuando la comisión ha pedido a los contadores precios efectivos, claramente destacados?
“Créditos por subproductos. — Se sigue igual procedimiento obscuro y engorroso.
“Gastos de la carne “chilled”. — El cuadro de fojas 23, da por establecido el precio de costo en playa y a fojas 24 el precio a que entra en cámaras, pero no explica satisfactoriamente el origen de la diferencia. Podría provenir de las carnes de rechazo a que se hubiere asignado un precio inferior. Eso debió ser estudiado y no lo ha sido.
“En las entradas en cámara (planillas 24 a 36) el chilled se divide en varias clases con diferentes precios en playa y se deja a la comisión el trabajo de adivinar cómo se establece esa diferencia de costos. A la salida de cámara el chilled vuelve a sufrir un aumento de costos sin que se explique su razón.
“A fojas 22 se dice que los costos de salida de cámara llevan un recargo fijo final de $ 2,75 (embarques $ 1 y varios $ 1,75). ¿En qué consisten esos “gastos varios”?
“El resultado precario que arroja en el informe de los contadores un frigorífico que en los últimos tiempos es notorio que ha obtenido muy buenas ganancias, debió merecer mayor estudio. Los contadores han tenido a la vista el resultado mucho más favorable de Gualeguaychú y Grandona y Cía., que trabajaban en condiciones inferiores, y ha debido llamarles la atención y compararlos. Entretanto, ni siquiera han hecho un cuadro de promedio de gastos y de promedio de subproductos, y así habrían podido poner a la comisión en condiciones de apreciar la influencia de esos factores. También debieron estudiar la pérdida en abasto (328.122 m$n.) que puede llamarse voluntaria. Y ver si la pérdida en chanchería (227.617 m$n.) tiene por causa o no, maniobras de dumping.
“El balance también se presta a observaciones, pues no consigna el activo y el pasivo. Habrían requerido explicaciones las cuentas: Frigorífico Nacional de Montevideo, pérdida sección carnicerías, utilidad en la renta de títulos, ajuste de cambio, gastos varios, transferencias carnicerías. Diferencias de cambio y diferencias gastos carne F. O. B.”.
Estas son las observaciones de índole casi diría técnicas, que se han presentado bajo el aspecto de una carta que yo habría dirigido a los contadores, cuando lo único que quise fue poner a salvo mi responsabilidad ante los conatos de informe que se le presentaban a la comisión como pericias completas. Aún más: yo diré que cuando el ministro de Agricultura adulteraba mi exposición en la comisión y -la convertía en una carta, yo esperé que el presidente de la comisión, presente en el recinto, lo rectificara, puesto que él le había facilitado, seguramente, el libro de actas. No lo hizo, ni lo ha hecho en su réplica.

EL RESPETO DE LAS SITUACIONES CREADAS
Paso a ocuparme del respeto de las situaciones creadas.
Otra de las refutaciones fracasadas del ministro de Agricultura es la de negar que haya tenido como base fundamental de su política ganadera el respeto absoluto de las situaciones creadas; atribuye esa política al gobierno inglés, y poco le falta, en su apuro por salvarse, decir que la condena.
No existe un solo documento del gobierno inglés en que se use esa expresión, que fue creada y adoptada aquí, en el Ministerio de Agricultura de la República Argentina por el asesor in partibus (no figura en el presupuesto de la Nación) señor Prebisch. Fue puesta en circulación el 1° de Septiembre de 1934, en el discurso que preparó para que el ministro de Agricultura lo pronunciara en la inauguración de la Exposición Rural.
Dijo así: “El gobierno británico no quiere despojar a unos intereses para beneficiar a los otros. Ha querido respetar las situaciones creadas. Y sólo ha consentido salirse de esta política y hacer una excepción concediendo al gobierno argentino la facultad de disponer del 15 % de las licencias de importación.
“Pero no lo ha hecho para que el gobierno argentino pueda cometer las arbitrariedades que el propio gobierno británico quiso evitar, no obstante tener todos los resortes en sus manos.
“No lo ha hecho para que el gobierno argentino quite las licencias a algunos intereses particulares y las otorgue a otros, por respetables y beneméritos que fuesen”.
El 8 de Septiembre repitió estos mismos conceptos en esta Cámara, y después, en el informe presentado a la Comisión Investigadora, y lo que dijo aquí el 8 de Septiembre de 1934, constituye una ardorosa defensa de la política del respeto absoluto de las situaciones creadas, que el señor Prebisch atribuye al gobierno de Gran Bretaña en los documentos que prepara para el ministro de Agricultura.
En el discurso de esta Cámara, después de sostener la razón, la justicia y la conveniencia de la política de respeto de las situaciones creadas, haciendo acto de solidaridad con ella, dijo (página 1082 del Diario de Sesiones) : “Nosotros —los argentinos— no queremos, no deseamos que pasen los beneficios de una empresa privada a otra empresa privada, porque si los beneficios cuantiosos de una empresa quedan igualmente cuantiosos en otra, no hemos resuelto el problema; el problema consiste en que con el manejo de la cuota del 11 % se beneficien nuestros ganaderos y.-no los Intermediarios”.
El gobierno argentino adhirió, pues, sin reservas a la política de las situaciones creadas, y la puso en práctico, dejando dos años la cuota del 11 % en manos de los frigoríficos del pool, constándole que estos frigoríficos estaban pagando a los ganaderos argentinos precios miserables y que sacaban el cien por ciento de beneficio en 30 días, en tropas como esas cuyas liquidaciones incluí en mi informe, en una de las cuales el ganadero Vendió los novillos a m$n. 74 por cabeza y el frigorífico obtuvo m$n. 79 de utilidad líquida por cabeza y un 7 % restante de carne limpia para venderla al consumo.
En corroboración de lo dicho en el discurso del señor Prebisch, el ministro repite en esta Cámara: “Juzguen —dice— después de estas expresiones los señores senadores si el gobierno de Gran Bretaña podría tener alguna esperanza de que las situaciones creadas iban a ser respetadas si fuera gobernado el país por el señor de la Torre”. Porque sostiene las situaciones creadas le inspira temor la posibilidad de que yo las hiciera desaparecer.
No ha podido ser más claro el ministro de Agricultura. El defensor de las situaciones creadas es él, el paladín de las situaciones creadas es él, y yo soy el adversario de las situaciones creadas. O en otros términos, él es el defensor del monopolio y yo soy el defensor de la exportación de carnes por los productores, reduciendo al mínimo posible la parte de los intermediarios.
Y luego, ahí están los hechos que son más elocuentes que las palabras, y ellos presentan al ministro de Agricultura, cliente predilecto de los frigoríficos, defendiéndoles su situación de privilegio en todos los momentos y colmándolos de favores.
Sólo me falta ahora demostrar que el gobierno británico no sigue tal política de respeto absoluto de las situaciones creadas que le atribuye el ministro de Agricultura, y eso resulta claramente del discurso que pronunció el día 16 de Julio de 1935, hace 4 días, en la Cámara de los Comunes, el ministro de Agricultura de la Gran Bretaña, discurso recibido telegráficamente por nuestros principales diarios.
“El mayor Elliot —dice el telegrama— reiteró inmediatamente que la política de acuerdos a largos plazos del gobierno propende a ayudar a la ganadería del Reino Unido y que la política general del gobierno, cuya pronta realización se quiere, consiste en atender a las necesidades del productor, pero conforme con las del mercado. Para aquel fin, se impondrá a las importaciones tasas de preferencia imperial, pero se dejará plena libertad a los productores de ultramar para reglamentar sus propias exportaciones”.  “Se dejará plena libertad a los exportadores de ultramar”, quiere decir que el gobierno británico renunciaría a seguir distribuyendo la cuota argentina del 85 %. No se puede ser más claro.
El telegrama continúa así: “Luego de explicar que las negociaciones están todavía en trámite y que por, filo solamente puede hacer declaraciones de índole general, el ministro añadió: Deseo indicar claramente que en esas negociaciones hemos apreciado una general convicción, de que los envíos desordenados al mercado británico de carnes no podrán conducir más que a un estado de ruina para los productores de ultramar”.
En esa última parte muestra su buen sentido el ministro de Agricultura de Gran Bretaña. Es una observación acertada. Pero una vez suprimido en la Argentina el monopolio de las compañías frigoríficas, que manejan el 85 % de la exportación, el gobierno argentino podría encargarse de impedir que se hicieran los envíos desordenados que teme el mayor Elliot. No habría el menor inconveniente para ello.
Luego, el gobierno de Gran Bretaña no sigue tal política de respeto absoluto de las situaciones creadas.

EL MONOPOLIO DEL ESTADO
Encuentro lógicas las opiniones del ministro de Agricultura acerca de las declaraciones que he propuesto en mi despacho, y que el Senado rechazará sin duda alguna.
Procediendo con una consecuencia rigurosa en quien se ha declarado paladín de las situaciones creadas, el ministro de Agricultura considera absurdo e impracticable el monopolio del Estado. En realidad, no dice por qué; pero lo considera absurdo e impracticable con la gran autoridad que se atribuye en la materia.
No entiende evidentemente, lo que sería en materia ganadera el monopolio del Estado; sin embargo, existe un solo inconveniente, para implantarlo, y no es insuperable; es el Convenio de Londres, que ha entregado la distribución del 85 % de la cuota argentina al gobierno inglés, encadenando la producción ganadera nacional al interés de las compañías frigoríficas inglesas y norteamericanas.
Pero aun en esa suposición, no hay mal que dure cien años y el Tratado de Londres se podrá denunciar dentro de diez meses y caducaría dentro de dieciséis. Me he conformado con esa situación, no obstante haber propuesto en la Cámara de Diputados la implantación del monopolio del Estado hace ya doce años.
Adoptado el régimen del monopolio del Estado, se producirían dos situaciones: las actuales compañías frigoríficas aceptarían cuotas de exportación sujetas a condiciones que garantizaran el interés de los productores, dejando sitio, además, a las compañías argentinas; o cerrarían sus puertas, obligando al Estado, entonces, a proveer rápidamente de medios de industrialización a las asociaciones nacionales que se formaran al efecto. No creo que se deba considerar seriamente la posibilidad de que el Estado tuviera que industrializar por sí mismo, pues sobrarían los industrializadores una vez que el gobierno se hubiera decidido a expropiar los frigoríficos cerrados. Bastaría expropiar dos o tres.
Esto no lo entiende el ministro de Agricultura. Lo siento por él y si no lo siento por el país es en razón del rumor insistente que nos trae la nueva de estar contadas sus horas de vida monopolista.
En el afán de encontrar argumentos que demuestren la omnipotencia de los frigoríficos y de abogar por la política de sometimiento incondicional, se ha recordado muchas veces el fracaso del ensayo del precio mínimo. Esa política fracasó por imprevisión e incapacidad del gobierno de entonces y no porque fuera mala en sí misma. El gobierno de entonces debió prever que los frigoríficos se cerrarían y ejercitar una acción de tal naturaleza que les hiciera difícil tomar esa actitud por temor a sus consecuencias. En cambio, no previó nada, y cuando los frigoríficos cerraron, no supo qué hacer y los ganaderos se asustaron ante la posibilidad de no vender. Para colmo, parte de la prensa —como ahora— apoyaba a los frigoríficos y combatía el precio mínimo.
Aquello fue una aventura corrida inhábilmente, por un gobierno sin rumbos y concluyó en un desastre. El fracaso favoreció y consolidó a los frigoríficos. Fue una tentativa contraproducente en absoluto.
Pero si en vez de proceder así, el gobierno de entonces, hubiera comenzado por la constitución del organismo al cual hubiera podido entregar en 48 horas las fábricas de las compañías frigoríficas que hubieran cerrado, no hay duda de que no habríamos asistido al cierre.
El Tratado de Londres no constituye tampoco una dificultad insuperable. Se le ha entregado el 85 % de la cuota a Inglaterra y ésta la distribuye al pool; eso es cierto, pero el tratado no inhibe a la República Argentina para expropiar uno o dos frigoríficos y cederlos en arrendamiento a una o dos cooperativas de ganaderos argentinos, y llegado ese caso tendría que ver que el gobierno inglés, tan respetuoso del derecho, no les quisiera dar a las cooperativas argentinas, la cuota dejada vacante por la expropiación del Armour o Swift.
Si eso sucediera, se comprendería, recién entonces, por los que no quieren comprenderlo, la enormidad de la lesión que el tratado de Londres habría inferido a la soberanía argentina.
Es quimérico atribuir la posibilidad de actitudes de esta clase a un gobierno que sólo piensa en hacer lo que los frigoríficos del pool quieren, y en combatir a las compañías nacionales. Pero de que el gobierno actual esté entregado a una política que traiciona los intereses de la ganadería argentina, no se deduce que las sugestiones contenidas en las declaraciones que he propuesto al Senado sean absurdas e impracticables. Serán absurdas para quienes no las entiendan o no tengan voluntad o capacidad para implantarlas.
Igual cosa digo de la conveniencia de crear una prima en favor de la exportación de carnes en caso de que se establezcan los aranceles británicos que se anuncian, y costear esa prima con el producto de los aranceles argentinos que se impondrían a productos británicos o con impuestos a valores británicos. Es la única solución posible si Gran Bretaña, llevada por exigencias muy respetables de su política imperial y por la necesidad muy respetable de fomentar su ganadería doméstica, cierra el mercado a las carnes argentinas. El arancel de uno y medio peniques, es equivalente a cerrar el mercado, política, por otra parte, inconcebible puesto que el ganado nativo de Gran Bretaña, los 12 millones de ganado inferior de Australia, los 4 millones de Nueva Zelandia, de los cuales la mitad es ganado lechero, agregados a la pequeña exportación de Sud Africa, no puede subvenir a las necesidades del abastecimiento de Gran Bretaña, ni en cantidad ni en calidad.
Ante todo, el primer paso a dar en el sentido de colocar a la Argentina en condiciones de defenderse, sería dirigir la acción del gobierno hacia la transformación del régimen actual a fin de que sea el ganadero y no el frigorífico quien aproveche los precios que la carne argentina obtiene en los mercados de consumo. En mi informe dije que la ganadería argentina podría afrontar el arancel británico, si no fueran los frigoríficos quienes aprovechan de ese mayor valor bruto de 60 pesos que realiza la carne de un novillo argentino en Smithfield comparada con la carne de un novillo australiano. Realizada la amenaza que se anuncia, se pagarían dos impuestos; agregué, uno a los frigoríficos y otro a la aduana británica y la ganadería argentina puede pagar uno de esos impuestos, pero no puede pagar los dos.
El gobierno argentino procede a la inversa de lo que aconsejarían las conveniencias públicas y todos los actos del actual ministro de Agricultura han tendido a consolidar el monopolio extranjero y a perseguir a las nacientes empresas argentinas.
La negativa de un mísero 2 o 3 % al frigorífico Gualeguaychú, aplaudida por los grandes invernadores, no es un hecho aislado, es una medida de gobierno análoga en su esencia a la obligación impuesta a Gualeguaychú y a Grondona y Cía. de entregar la totalidad de sus divisas a 15 pesos cada libra, mientras se autoriza al Swift, al Anglo y al Armour, etcétera, a quedarse con un 25 -% de divisas, y venderlo a cualquier precio o retenerlo en Europa; es una medida de gobierno análoga al cobro riguroso de un 10 % de impuesto a los réditos de Grondona y Cía., mientras que el Anglo nada paga y mientras el Swift defraudaba 400.000 pesos en un año; es una medida de gobierno análoga a la inclusión de todos los frigoríficos del pool en la categoría de exportadores sin permiso previo y a la exclusión maliciosa de la misma categoría, del frigorífico Gualeguaychú; es una medida de gobierno análoga a la publicación de folletos por el Ministerio de Agricultura, difamando la calidad y la presentación del chilled de Gualeguaychú y de Grondona y Cía., cuya calidad hoy mismo se ha visto que es superior algunas veces a la de la carne de que el propio ministro de Agricultura vende a otros frigoríficos para la exportación chilled a Inglaterra, es una medida de gobierno análoga a la división de la cuota del 11 % en dos fracciones: una para Sansinena y otra para una compañía británica, no obstante haber sostenido la intangibilidad de la cuota el ministro de Agricultura, a los efectos de no acordarla a las cooperativas argentinas que la habían pedido; y es una medida de gobierna análoga a la preferencia de la Corporación de Productores por un frigorífico extranjero sobre las empresas argentinas, no obstante ser ese frigorífico extranjero el que trabaja con los costos más altos de todos los que se le han presentado a la Comisión Investigadora.

/…Continuación en la Sesión del 22 de Julio…

Fuente: Lisandro de la Torre, Escritos y Discursos – Las Carnes Argentinas y el Monopolio Extranjero, T° IV, Págs. 481/527, 1947, Colegio Libre de Estudios Superiores – Buenos Aires.

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