junio 30, 2013

Debate Carnes Argentinas y Monopolio Extranjero: Discurso de Lisandro de la Torre en el Senado, y sesión del asesinato del Senador Dr. Enzo Bordabehere (1935) -11/12-

COMISION INVESTIGADORA DEL COMERCIO DE CARNES
DISCURSOS EN EL SENADO DE LA NACION CON MOTIVO DE LA INVESTIGACION DEL COMERCIO DE CARNES
Lisandro de la Torre
Sesiones del 18, 19, 21, 22 y 27 de junio, 20, 22 y 23 de julio y 10 de septiembre de 1935
[23 de Julio de 1935]

[11/12]

[…Cont.]

Sr. de la Torre. — Paso a otro punto de la réplica del ministro de Agricultura. Paso a su conformidad con la cláusula del Convenio de Londres que inhabilita a los argentinos para exportar carne argentina a Gran Bretaña, persiguiendo propósitos de beneficio privado.
El objeto de esta cláusula es poner a cubierto de cualquier competencia posible en el futuro a las empresas frigoríficas que han logrado asentar en la Argentina el monopolio más escandaloso del mundo. Dije que esa cláusula fue presentada por funcionarios británicos a la misión argentina, pero que no podía haber sido redactada sino en la gerencia de un frigorífico. No ampara el interés de los consumidores ni de los productores británicos; ampara el interés de las empresas dueñas del monopolio argentino.
El ministro de Agricultura protesta en contra de mis lógicas suposiciones, pero no ha dado razón alguna que justifique la exclusión del comercio de importación de carnes argentinas a Gran Bretaña, de los argentinos que se propusieran realizar un comercio lucrativo.
Explíquese en alguna forma racional la exclusión de los argentinos de ese comercio lícito y me convenceré; pero mientras se limiten, como se ha limitado el ministro de Agricultura, a declamar en contra de mis justas protestas y de mis sospechas perfectamente lógicas, no convencerán a nadie.
En mi anterior exposición dije que los hechos que no tienen una explicación lógica y honesta, deben tener, necesariamente una explicación ilógica y deshonesta. Deme la explicación lógica el ministro de Agricultura define la explicación honesta de un hecho como ése: que los argentinos deben abdicar en los norteamericanos y en los ingleses el derecho de exportar su propia carne. Démela. ¿Cuál es?... ¡Ah! No hay explicaciones lógicas y sólo se dan razones sin sentido, como ser que Gran Bretaña ha querido seguir la política del respeto absoluto de las situaciones creadas. ¿Acaso antes del Convenio de Londres existía una situación en la que no se permitiera a los argentinos exportar carne al Reino Unido? No es cierto que existiera. Existía la situación contraria, puesto que acababa de darse a Grondona y Compañía, en ese mismo año de 1933, la cuota que todavía conservan. Precisamente porque esa pequeña cuota inteligentemente manejada, abría un horizonte a otros posibles exportadores, los capitalistas de Chicago urdieron la cláusula restrictiva y vejatoria del Convenio de Londres, e hicieron entrar en sus maniobras a los funcionarios ingleses, y, el actual gobierno argentino, ante el ceño fruncido del Foreign Office, se inclinó humildemente. Ahora ya lo puede pararse, tiene los músculos anquilosados; eso es lo que resulta a ese respecto del silencio de muertos de los dos ministros que han traído a esta Cámara las culpas del Poder Ejecutiva. ¿Cómo explican que a los argentinos les está prohibido exportar carne, persiguiendo propósitos de beneficio privado? No lo saben. Yo dije todo esto en mi primera exposición. ¿Por qué no han contestado? ¿No iban a levantar todos los cargos, a disipar las dudas, a volver por el buen nombre del gobierno? ¡Y se han callado! ¿Por qué no replican a consideraciones ilevantables de esta clase? No pueden contestar.
Entonces, señor presidente, mientras no se demuestre que la inhabilitación de los argentinos para ejercer el comercio de importación de carnes argentinas en Gran Bretaña no lesiona la soberanía argentina y deriva de razones aceptables, yo seguiré creyendo que es una claudicación deprimente, aun cuando ella tenga defensores. Y lejos de sentirme arrepentido de lo que dije en sesiones pasadas, la crítica acerba, pero infundada del ministro de Agricultura me induce a afirmar mi posición y a presentar al Senado en este acto un proyecto de ley, que incorporo a los demás que ya he presentado.
“Proyectos de ley: Artículo 1° — El Poder Ejecutivo gestionará del gobierno de Gran Bretaña, dentro de la cuota de importación de carne establecida, que se permita a los argentinos que persiguen propósitos de beneficio privado, importar carne al Reino Unido, en las mismas condiciones en que los súbditos británicos importan a la República Argentina manufacturas británicas, persiguiendo propósitos de beneficio privado.
“Art. 2° — En caso de no dar resultado las gestiones a que se refiere el artículo anterior hasta el 31 de diciembre del corriente año, el Poder Ejecutivo, fijará al carbón de procedencia británica, una cuota de importación cuyo 85 % sólo podrá ser importado a la Argentina por firmas no británicas y el 15 % restante podrá ser importado por firmas británicas que no persigan propósitos de beneficio privado.
“Art. 3° — Comuníquese, etc.”.
El Convenio de Londres, no se opone en forma alguna a la gestión a que se refiere este proyecto, puesto que al delegar en Gran Bretaña la distribución de la cuota del 85 %, pone en sus manos no hacerlo únicamente en favor de las compañías que han monopolizado la exportación argentina de carnes.
Obtenido éxito en la gestión, tanto el Frigorífico Gualeguaychú como las cooperativas nacionales que se organizaran o bien simples empresas particulares argentinas, podrían solicitar un sitio honorable dentro de la cuota.
El Poder Ejecutivo, naturalmente, estará en contra de todo lo que signifique un beneficio posible para los productores argentinos.

EL GRAFICO DEL ANGLO
El gráfico de costos del Frigorífico Anglo, encontrado en un cajón de comed beef en la bodega del “Norman Star”, tema predilecto de los chistes del ministro de Agricultura, ocupó una tercera parte de su discurso en todo un día de sesión. Se propuso demostrar que los costos que consigna ese gráfico no corresponden al precio E. O. B. de la carne elaborada y que los contadores de la comisión que por unanimidad lo interpretaron en ese sentido, cayeron en un torpe error, al que yo habría adherido a consecuencia de mi mala fe y de mi ignorancia. Esa deducción la saca el ministro de Agricultura del encabezamiento del gráfico, que dice: “Costos después de las transferencias”. De esas palabras, extrae lo contrario de lo que indica el sentido común; deduce que a esa altura avanzada del proceso de industrialización, no se ha computado el gasto de industrialización.
La tergiversación no se explica sino en quien no ha tenido inconveniente en citar como un caso de Juan Pueblo, el de sus novillos de 590 kilos, pagados por el Frigorífico Swift a $ 106, en momentos en que a Juan Pueblo le pagaba 80 u 85 pesos.
La expresión “después de las transferencias”, usada por el Anglo al confeccionar el gráfico, demuestra que el proceso de industrialización había concluido. Las transferencias se hacen en dos oportunidades. A la primera se le llama “graduación en playa”, y se realiza después de la faena; a la segunda se le llama “regraduación en cámara”, y se realiza cuando las reses faenadas y debidamente limpiadas han sido colocadas en las cámaras de frío, más o menos a las cuarenta y ocho horas.
Después de las transferencias, el gasto de industrialización está completo y sólo podría encontrarse que faltan el embolsado y el embarque, gasto este último insignificante en el Anglo, que está situado en el Dock Sur, al costado de los vapores.
La pretensión de excluir el costo de industrialización en este caso, es insostenible. Yo podría alegar que de existir algún error en la traducción del gráfico, no sería error mío, puesto que yo he aceptado lo hecho por tres contadores, los tres contadores de la comisión. Pero no existe error; me solidarizo ton los contadores de la comisión.
La interpretación que han hecho del gráfico es exacta y es la única racional, y la interpretación que intenta el ministro de Agricultura es tan sólo un recurso sofístico, urdido por los contadores del Anglo y por los contadores de la Junta Nacional de Carnes.
Supongamos que el ministro de Agricultura hubiese creído sinceramente que los contadores de la Comisión Investigadora habían interpretado mal el gráfico de costos del Anglo; lo natural habría sido pedir aclaración a la Comisión Investigadora y a sus contadores. ¿Por qué no lo hizo?
No fui yo quien únicamente aceptó la interpretación del gráfico hecha por los tres contadores de la comisión, y la comisión estuvo conforme...

Sr. Landaburu. — La mayoría de la comisión no ha hecho ninguna manifestación ni pronunciamiento a ese respecto.

Sr. de la Torre. — El que calla otorga. La mayoría de la comisión, en realidad, no ha abierto juicio sobre llanada de la investigación.

Sr. Landaburu. — Sobre nada que sea extraño al debate de carnes, pero no ha omitido ningún capítulo que se refiera al asunto que está al orden del día.

Sr. de la Torre. — Las opiniones del señor senador sobre los resultados de la investigación las he conocido aquí, en el recinto, durante su informe. En la comisión no abrió la boca para decir qué juicio le merecían los puntos investigados. Esta es la verdad.

Sr. Landaburu. — Lo he dicho en el momento en que se discutieron los despachos; no he procedido por entregas, como está procediendo el señor senador por Santa Fe, que recién viene presentando proyectos de ley.

Sr. de la Torre. — El señor senador por San Luis dice que la mayoría de la comisión no ha abierto juicio sobre el gráfico. Se fotografiaron, señores senadores, las planillas, por resolución unánime de la comisión. Si no hubiera estado conforme la comisión con la traducción del gráfico en la planilla, no la habría mandado fotografiar.
Bien; ¿por qué no formuló alguna pregunta el ministro a la Comisión Investigadora? ¿Por qué no solicitó que los contadores de la comisión dieran explicaciones, a semejanza de lo hecho por la Comisión Investigadora cuando creyó encontrar irregularidades en las dependencias de los ministerios de Agricultura y de Hacienda, llamando a declarar al gerente de Réditos, al jefe de Contralor de Cambios, al presidente de la Junta Nacional de Carnes y al inspector veterinario destacado en el Anglo y con todas esas declaraciones hizo la luz sobre infinidad de cuestiones?
El ministro de Agricultura no podía hacer lo mismo. A él le merecen te únicamente los contadores de la Junta Nacional de Carnes y los contadores del Anglo. ¡Los contadores de la Junta Nacional de Carnes que en seis meses de titulada labor están a la misma distancia de establecer el costo de la carne, que el día que loso nombraron!
Es, pues, con los contadores del Anglo y de la Junta Nacional de Carnes y con la exclusión maliciosa de los contadores de la Comisión Investigadora, —supuestos causantes del error en el caso de haber existido—, con lo que el ministro de Agricultura ha confeccionado el cuento de que el costo, después de las transferencias, no comprende la industrialización de la carne, no obstante ser las transferencias posteriores a la industrialización de la carne.
Si el frigorífico Anglo usara en la apreciación de los costos un procedimiento excepcional, si el frigorífico Anglo acostumbrara a establecer el costo antes de terminada la industrialización con un objeto que no se comprende, correspondería la prueba al ministro de Agricultura y esa prueba ni siquiera la ha intentado.
El solo hecho de que el costo posterior a las transferencias haya sido consignado en un gráfico que comprende 14 meses y está hecho en peniques y no en moneda argentina, está demostrando que corresponde al costo final o costo F. O. B.
¿Es creíble que el Anglo haya elaborado ese gráfico de puño y letra de su contador principal habiéndolo tenido rigurosamente reservado si fuera el gráfico de una etapa intermedia de la elaboración? ¿Sería concebible que hiciera un gráfico para una etapa intermedia de la elaboración y no hiciera el gráfico definitivo del costo F. O. B.? Todo eso es absurdo.
En vez de proporcionarme, pues, un mal momento, como lo ha creído el ministro de Agricultura, con su malicioso expediente, me ha proporcionado un rato de excelente buen humor y una oportunidad más de poner en evidencia su ligereza o más bien podría decir, si quisiera usar sus vocablos, (porque él lo ha dicho de mí), habría demostrado que procede sin escrúpulo alguno.
 Debo considerar ahora la intervención del presidente de la Junta Nacional de Carnes, doctor Bruzzone, cuya solidaridad con el ministro de Agricultura lo ha llevado a un extremo que nadie podría haber sospechado, conociendo su habitual corrección, a faltar a la verdad.
El doctor Bruzzone, en la nota que le llevaron para que firmara, dice: “De conformidad con la investigación practicada por los contadores de la Junta, la planilla secuestrada en el “Norman Star”, que ha servido de base a la minoría de la comisión para elaborar los precios de compra, reconstruyéndolos por medio de cómputos, tomando como punto de partida el precio de costo de la carne limpia que se consigna en las planillas semanales, no comprende el costo de elaboración, como erróneamente consideró el miembro informante de la minoría de la comisión en su despacho”.
“Los contadores de la junta han tenido a la vista, para una comprobación probatoria de este aserto, alguna de las planillas semanales de costo y también resúmenes mensuales de dicho costo. De un simple cotejo se comprueba que aquellas planillas semanales no comprenden el costo de elaboración y en cambio está reflejado y figura en el resumen mensual”.
En estos párrafos hay tantas inexactitudes como palabras. ¿Con qué derecho el presidente de la más alta institución ganadera del país dice que yo, o lo que es lo mismo, la minoría de la comisión, ha elaborado una planilla de costo valiéndose de las planillas encontradas en el “Norman Star”, cuando han sido los tres contadores de la comisión, de común acuerdo, y no yo, los que han elaborado esos costos que la unanimidad de la comisión aceptó? ¿Con qué derecho se personaliza conmigo el doctor Bruzzone para atribuirme un error, y excluye a la mayoría de la comisión que ni siquiera menciona y a los tres contadores que hicieron la planilla?
No es sorprendente, porque el doctor Bruzzone ha firmado en barbecho las notas tendenciosas que ha sugerido el Ministerio de Agricultura.
Agrega, después, que los contadores de la Junta han tenido a la vista para una verificación probatoria de este aserto, algunas de las planillas semanales de costo y también resúmenes mensuales de dichos costos.
¿Cómo han podido los contadores de la Junta Nacional de Carnes tener a la vista las planillas semanales y mensuales de 1933, que, según el señor Tootell, y el doctor Beccar Varela, su abogado, fueron destruidas? ¿Quién falta a la verdad?
¿Será el caso de que se reúna de nuevo la Comisión Investigadora, en vista de las declaraciones del doctor Bruzzone, y ordene el arresto del doctor Beccar Varela, por haberle ocultado las planillas que se habrían facilitado ahora a los sabuesos del doctor Bruzzone? Y no se salga con que han revisado planillas de costos semanales y resúmenes mensuales posteriores a la investigación, porque entonces no tendrían el menor valor. Planillas posteriores pueden ser fraguadas, como han sido fraguados los costos de 51 centavos de La Blanca y del Armour.
Esto es así, aun cuando no salga de un cajón de comed beef.
Ahí tienen explicado los señores senadores, por qué razón el ministro de Agricultura no pedía a la Comisión Investigadora aclaraciones sobre el gráfico del que pretendía burlarse en mal momento, y, en cambio, los pedía a la complaciente Junta Nacional de Carnes y a los contadores del Anglo.
Y así, “entre puros ellos”, complotados los beneficiarios del monopolio con los empresarios del monopolio, hicieron entre gallos y medianoche, una capciosa rectificación de mis afirmaciones, que no se atrevieron a pedir a la Comisión Investigadora.

UNA PLANILLA DEL FRIGORIFICO ANGLO
Entre las numerosas invenciones agraviantes para mí, que elaboró el ministro de Agricultura, al amparo de los señores senadores que armaron escándalo y dieron puñetazos sobre los pupitres para evitar que yo interrumpiera, aunque fuese con una palabra, y al solo objeto de dejar constancia de la inexactitud de lo que se me imputaba, sugirió el traspapelamiento y ocultación efectuados por mí de una planilla del Frigorífico Anglo encontrada en el “Norman Star”, a la que llamó misteriosa. No era cierto. La planilla aludida fue encontrada en el “Norman Star”, junto con dos o tres copias en papel de seda, y puesta en una carpeta. Se hicieron cargo de ella los contadores. Yo tomé una de las copias y la conservé en mi poder hasta que, un día, después de producidos los despachos, me la pidió el secretario de la comisión y se la entregué en el acto. Es, pues, por el gusto de inventar una mentira...

― (El debate fue interrumpido en este punto por los incidentes personales que son conocidos, Ramón Valdez Cora colocado en el recinto, de la manera también conocida. asesinó por la espalda al senador electo por Santa Fe, doctor Enzo Bordabehere).


/…Continuación en la Sesión del 10 de Septiembre…

Fuente: Lisandro de la Torre, Escritos y Discursos – Las Carnes Argentinas y el Monopolio Extranjero, T° IV, Págs. 600/609, 1947, Colegio Libre de Estudios Superiores – Buenos Aires.

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