junio 26, 2013

Discurso de la Presidenta, Cristina Fernández, en el Bicentenario de la Ciudad de Paraná (2013)

DISCURSO EN EL ACTO DE CELEBRACIÓN DEL BICENTENARIO DE LA CIUDAD DE PARANÁ, REALIZADO EN LA CIUDAD DE PARANÁ, PROVINCIA DE ENTRE RÍOS
Cristina Fernández
[25 de Junio de 2013]

Gracias, muchas gracias a todos y a todas. Feliz cumpleaños, felices 200 años ciudad de Paraná, provincia de Entre Ríos.
Señor Gobernador de la provincia de Entre Ríos, querido amigo y compañero, Sergio Urribarri; señor Gobernador de la provincia de Santa Fe; querida Blanquita, amiga, compañera e Intendenta, compartimos también bancas del Senado en momentos difíciles.
¡Dios mío, cuántas cosas se me vienen a la memoria y al corazón en estos 200 años, en esta fiesta de los 200 años!
Recién, Blanca y el Pato, mencionaban aquel gesto de Néstor apenas a 48 horas de asumida su presidencia, una presidencia que, bueno, no hay que recordarlo, ¿no?, 22 por ciento de los votos, 25 por ciento de desocupados, un país en llamas, y cuando terminó de recibir, al día siguiente de asumir, al último de los presidentes y mandatarios que habían venido, se tomó un pequeño avión y se vino aquí, a Paraná, a la provincia de Entre Ríos que, devastada, no solamente por una huelga docente, la huelga docente, digamos, era la punta del iceberg de lo que pasaba, era una provincia devastada en un país devastado, y él se lanzó allí, con su ministro de Educación, me acuerdo, con Daniel Filmus, para venir a abordar el problema.
Podría haber hecho lo que hacen muchos y que uno está acostumbrada todo el tiempo: a echarle la culpa a los de antes, a los otros, a los de atrás, a los de al lado, a los del costado, a los de abajo. Pero, ¿saben qué? Estamos hechos de otra pasta, estamos hechos para encarar los problemas, para zambullirnos en los problemas y para resolverlos. Para eso fuimos moldeados.
Como tantos jóvenes que Blanquita recordaba emocionada y que hoy no están, no están físicamente, pero yo estoy convencida de que a la gente no se la recuerda únicamente con un homenaje o con una placa; se la recuerda cumpliendo los sueños por los cuales lucharon toda la vida. Y yo siento que hemos cumplido parte de esos sueños, no todos, porque todavía faltan muchas cosas en la República Argentina. Pero la verdad es que siento que hemos cumplido muchos sueños.
Y recuerdo, junto a Blanca también, en nuestras bancas del Senado cuando el país se desmoronaba; recuerdo también otras épocas cuando cruzábamos por el túnel subfluvial para venir a la Convención Constituyente de Santa Fe a aquí. Espero que el puente no se llame, Bonfatti, “Urribarri”. Me parece que no los voy a dejar porque hay gente que se enoja cuando le quieren poner el nombre de alguien…Mirá lo que pasó el otro día, me enteré, yo ni sabía, ni enterada estaba que querían ponerle el nombre mío a un estadio y se armó un lío bárbaro.
La verdad que…Además, ¿sabés qué? ¿Sabés cuál es la mejor memoria? La que está en el corazón de la gente, en el corazón del pueblo. Nombres de calles, nombres de avenidas, de escuelas, de edificios tienen todos en este país, desde los buenos hasta los malos, de los dos lados. Pero, ¿sabés qué es lo importante? No que te nombren en una calle, en un colegio, en un puente, en un estadio o en un río, sino que cuando alguien te nombre se le escape una lágrima de agradecimiento porque algo hiciste para que él viviera un poco mejor o sus hijos o su abuelo o su padre o su madre. Esas son las cosas que valen en la política.
Él vivía para eso. Yo siempre le decía: “Vos debés haber tenido algún problema cuando chico porque hacés todo para que te quieran. Parece ser que te esforzás para que te quieran”.
Es que esa es la política, cuando vos lográs conmover, cuando vos lográs llegar al corazón de la gente, no es a partir de lo que dicen algunos porque les diste algo, sino porque les entregaste la vida y la gente lo percibe de uno u otro modo, que entregaste tu vida por llevar adelante los ideales de un país con los que soñaron Belgrano, San Martín, Moreno, Perón y Evita y tantísimos otros y también Hipólito Yrigoyen, un gran argentino y también tantos patriotas.
Hace pocos días estábamos en Rosario recordando el Día de la Bandera y recibía como un símbolo de manos de un Belgrano ardiente, la bandera; el día anterior habíamos estado festejando los 400 años de la Universidad de Córdoba. Y uno recorre la historia de esta Argentina.
Vos recién, Pato, y lo charlábamos recién sentados ahí, esta bandera de Entre Ríos, cruzada por esta franja roja, que es el símbolo de Artigas, vivo en la tierra entrerriana, ese Artigas que quería ser argentino y no lo dejamos, ¡carajo, cómo pudo haber sido posible! Ay, se me fue, discúlpenme, se me fue, pero me da bronca.
Cuando uno lee la historia y ve que desde Buenos Aires le rechazaron los delegados a la Banda Oriental y por eso hoy no somos una sola nación, como tantas otras cosas que nos pasaron, nos dividieron y no separaron, uno entiende que tenemos que recorrer el camino inverso hacia adentro y hacia fuera; hacia adentro los argentinos reclamando y construyendo la unidad nacional, que no significa estar de acuerdo en todo, que no significa estar de acuerdo con todos. Porque lo importante es estar de acuerdo en las cosas fundamentales: en la inclusión social, en la soberanía y en la construcción de la autonomía, en la decisión de nuestros gobernantes; saber que quien está en la Casa Rosada decide en nombre del pueblo y en nombre de las ideas y de los programas por los cuales lo votaron; saber que cuando uno es legislador, senador o diputado, acompaña un proyecto de país y no es simplemente un rejunte de gente para ganar una elección. La elección es un día, pero gobernar se gobierna los 365 días del año.
Y necesitamos hombres y mujeres en nuestras Cámaras que comprendan las dificultades de un mundo cada vez más complejo y por qué no decirlo también, cada vez más hostil.
Uno enciende el televisor, abre las páginas de un diario y ve lo que está pasando en el mundo. Y hasta hace unos días nos referíamos a lo que pasaba tal vez, en tierras lejanas; en estos días vemos las cosas que pasan un poco más cerca, con nuestros amigos. Vemos un mundo y un escenario difícil, entonces es necesario ejercer las responsabilidades institucionales no a la bartola, no siguiendo la música y la partitura que ponen las corporaciones de los medios hegemónicos, sino con la batuta del pueblo, que es el que nunca se equivoca.
Les decía que no hace falta estar de acuerdo en todo, es imposible. Además, ¡vamos Pato!, nosotros, viejos militantes -viejos porque hace mucho tiempo, no porque estemos viejos- de un partido…
No hace falta estar de acuerdo puntualmente en cada coma, en cada artículo o en cada acento; pero cómo no se puede estar de acuerdo en tener una ley que permita la pluralidad y la diversidad de las voces, de las imágenes, la libertad de expresión. Cómo no se puede estar de acuerdo en que la gente vote para que elijan a los órganos políticos que conducen el Poder Judicial de la Nación y nos permita tener una Justicia más justa, más transparente, más legítima. Cómo no se puede estar de acuerdo en que tenemos que defender nuestras reservas y nuestras divisas para que nuestra industria pueda seguir importando los insumos básicos para seguir reindustrializando el país y generando trabajo. Cómo no se puede estar de acuerdo con las dificultades que tenemos…que tenemos que pagar una deuda que podríamos decir “bueno, la hicieron otros”, pero es la deuda de la República Argentina y nos hacemos cargo sin beneficio de inventario de nuestro país. No es cuestión de llegar al gobierno y hacerse cargo únicamente de las cosas que están bien. Hay que hacer cargo de todo, eso es gobernar. Eso es lo que él me enseñó porque nunca le tocó una buena, nunca, ni desde intendente.
Allá en el 87, en Río Gallegos, al poco tiempo, se desató una crisis económica, sin contar las crisis políticas, que fue la primera hiper; después, le tocó, ya no me acuerdo si a fines de la intendencia o principios de la primera gobernación, la segunda hiper y, después, en sus 3 años de gobernador y habiendo recibido, primero, una intendencia fundida luego, una provincia fundida, le tocó administrar esa provincia fundida y convertirla en una provincia sin deudas y sin desocupación en medio de las políticas neoliberales más feroces que se recuerdan durante la década del 90.
Yo, cuando él hacía su campaña de presidente y contaba que en Santa Cruz teníamos apenas 2 por ciento de desocupación y contaba todo, nos empezó a llegar un montón de gente. “Claro –yo decía-, pero basta, no hables más porque va a llegar demasiada gente de repente”.
Pero él estaba orgulloso de lo que había hecho. Y después, como no podía ser de otro modo, le tocó ser presidente, me acuerdo cuando hablábamos y pensaba que su turno iba a ser recién en el 2007. Nunca pensó que iba a ser…¿te acordás José, no?...José está con nosotros desde la Municipalidad, secretario de Obras Públicas. Y me acuerdo que él pensaba que tal vez en el 2007.
Y de repente la historia le abrió la puerta. La crisis más terrible de que tengamos memoria los argentinos, nos tocó vivirla, Blanca y yo éramos senadoras. ¿Vos te acordás de aquellos días de fuego, de muerte, de sangre, de desencuentro entre los argentinos de aquel 2001?
Y le tocó llegar a ser presidente de la República Argentina con un Banco Central vacío, con una deuda brutal sobre el país, con millones de desocupados, con chicos sin clases y los que tenían tampoco iban a clase, iban apenas a comer al colegio.
Estas cosas nos pasaron a los argentinos y hoy nuevamente un mundo difícil exige que luchemos muy fuertemente y muy unidos. Por eso vuelvo a remarcar lo de la unidad de los argentinos.
Y la segunda parte: bueno, sí, de los 40 millones de argentinos; habrá algunos que no querrán porque no les conviene o porque no les gusta, pero yo estoy convencida, estoy absolutamente convencida de que la inmensa mayoría de los argentinos sabe que peleados y desunidos, no llegamos a ninguna parte. Lo saben porque lo hemos vivido y no lo hemos vivido solamente en el pasado anterior al 2003; lo vivimos también en episodios duros y difíciles que nos tocó vivir, sobre todo, en lugares como aquí en la provincia de Entre Ríos. Y si algo tengo que agradecerte, Gobernador, es la lealtad en el momento más difícil que nos tocó vivir como Gobierno nacional.
La lealtad cuando todo va lindo y va bien es más fácil, es más cómoda, es más segura; la lealtad en los momentos de soledad, es más difícil, pero es más valorable.
Pero también tenemos que aprender de ese episodio. ¿Quiénes fueron los que ganaron y quiénes fueron los que perdieron? Muy pocos y muy poderosos ganaron; otros, tal vez creyendo que ganaban, llevaban la vanguardia de una batalla que finalmente luego se dieron cuenta, cuando metieron la mano en el bolsillo, que, en realidad, otros se habían quedado con lo que ellos creyeron que era también para ellos.
Es una vieja historia, se repite a lo largo y a lo ancho de los 200 años. Y sobre estas divisiones de los argentinos, de la clase media, de los trabajadores o de los universitarios, que no entendieron tampoco al primero y al segundo gobierno de Perón y que ahora tenemos la inmensa suerte de tener 48 universidades públicas nacionales, una en cada provincia, 9 creadas durante nuestra gestión que tienen el presupuesto más importante en toda su historia, ya no tenés que irte, como le pasaba a él que iba de Río Gallegos a La Plata para estudiar, ahora podés estudiar en tu provincia, cerca del lugar donde tus viejos laburan o de donde vos también tenés un trabajo y por lo tanto podés mantenerte.
¡Tantas cosas! Yo no voy a hacer una enumeración de los logros que hemos tenido. Yo solamente le pido a cada argentino que piense…Vieron que uno siempre dice “qué pasó, dónde estaba yo cuando pasó lo de las Torres Gemelas”. Yo siempre digo que cuando uno advierte los lugares importantes de la historia, es cuando se acuerda cómo estaba o qué le pasaba en un determinado momento histórico. Y cuando vos te acordás qué pasaba o qué estabas haciendo o cómo estabas en ese momento, es que estabas ante un hecho histórico.
Que cada uno de los argentinos se acuerde cómo estábamos antes de ese 2003, cómo estaba en su empresa, cómo estaba en su comercio, cómo estaba en su campo, a lo mejor estaba con una bandera de remate del Banco Nación y había un piquete en la puerta impidiendo que le remataran los campos. ¡Dios mío, si me acuerdo de cómo nos venían a ver! Hasta me acuerdo de los entrerrianos que nos fueron a tirar todos los pollos allá a la Plaza de Mayo porque no tenían a quién venderles los pollos porque no podían competir con lo que venía de afuera. Esta era…
Por eso les digo a todos: no hace falta que cuente, simplemente les pido que recuerden, que recuerde dónde estaba cada uno; pero no para darle gracias a nadie, porque en definitiva, gobernar para el pueblo, gobernar para los intereses de la Nación, no es una gracia que tiene derecho el gobernante, es una obligación que nos impone la Constitución y nuestras propias convicciones también.
Por eso, en estos 200 años de esta querida Paraná, son los 200 años también de desencuentros, de marchas y contramarchas, de claros y oscuros. Y yo siento que tenemos por delante un porvenir venturoso si somos capaces de superar nuestros prejuicios, si somos capaces, sin perder nuestra identidad y nuestra pertenencia histórica político-partidaria, sobreponer los intereses de la Nación y los intereses del pueblo, que es lo mismo. Porque yo le pregunto a cada argentino, milite en el lugar que milite, espacio político partidario, social, ¿de qué le sirve si no lo hace en un país con inclusión social y donde los 40 millones de argentinos tengan los mismos derechos y las mismas oportunidades?
Por eso, al lado de este hermoso Río Paraná…La verdad que no quiero olvidarme de algo que dijo Blanquita recién que me sorprendió, yo no sabía, cuando me regaló el rosario. Mirá vos, 1825, yo no sabía que había habido una elección aquí en el año 1825 para decidir quién era el patrón o la patrona religiosa y que la Virgen del Rosario compitió con San Miguel, tomá vos, ¿pero fueron en listas?, sí, fueron en listas. Vieron que siempre hay listas en todas partes y no está mal, si total la que elige es la gente, el que elige es el pueblo. Bueno, perdió San Miguel y ganó la Virgen. ¿Había algún otro candidato? Con dos candidatos quedó segundo, ¡vamos la Virgen todavía, vamos las mujeres todavía!
La verdad que es una anécdota deliciosa realmente, desconocida, como tantas cosas que no sabemos. Algunas porque, bueno, porque es imposible saber todo; otras, porque te las ocultan premeditada y alevosamente para vos creas que la historia es otra. Y si hay una historia oficial, que ya sabemos quién la escribió también y que no la pueden seguir escribiendo porque esta vez la historia la está escribiendo el pueblo. Y vamos a seguir escribiéndola.
Porque cuando los pueblos despiertan, cuando la comunicación es día a día, cuando esta cosa que uno veía como una amenaza, me acuerdo lo de la globalización, o determinadas cosas, en realidad se ha producido una comunicación y un conocimiento permanente.
Pero debemos estar atentos porque siempre, siempre hay intereses que van a intentar dividirnos; siempre va a haber intereses que no van a querer una América del Sur unida, con gobiernos democráticos, con gobiernos populares, con gobiernos nacionales. Nunca habíamos logrado este grado de unidad, este grado de confraternidad entre los pueblos. Tuvimos algunas bajas importantes, es cierto, irreparables y tal vez irremplazables, en términos de liderazgos.
Pero siempre digo que hay que empoderar al pueblo, que hay empoderar a las sociedades de cada una de las conquistas, de cada uno de los logros para que no dependan de un liderazgo que siempre al estar encarnado en un hombre o en una mujer, de carne y hueso, tiene la finitud que tiene la vida humana y muchas veces también tiene el destino que los arrebata jóvenes. Pero cuando el pueblo lograr hacerse cargo y hacerse carne de esa conquista, podrán haber retrocesos, marchas y contramarchas, pero cuando aprendiste que tenés derechos, cuando aprendiste que tenés derecho a la educación, a la salud, al trabajo, a comer, a una vida digna, podrán, por algún tiempo tal vez, pero no todo el tiempo. Y sino, mirá lo que hizo el peronismo en este país: le enseñó a la gente que tenía derechos y vinieron dictaduras y vinieron políticas neoliberales, pero no pudieron. Y no lo digo desde la concepción de partido político, lo digo desde la idea y del concepto que instalamos, como también aprendimos de otro partido centenario, como el radicalismo, la democracia.
Muchas veces, y esto lo hemos charlado entre viejos militantes de aquellos años, despreciábamos un tanto a los partidos políticos y, bueno, nos parecía que esa democracia liberal, como decíamos allá en los años 70. Pero, ¿sabés qué? Aprendimos trágicamente a partir del 24 de marzo de 1976 que junto a la justicia social y a los derechos, debe estar la libertad y la democracia para elegir a nuestros gobernantes como un bien también invalorable.
Vamos incorporando y empoderando derechos y conceptos y construyendo identidades, nuevas identidades que se nutren de las viejas historias, que se nutren de aquellos viejos dirigentes que supieron conducir sabiamente, con conquistas permanentes, que fueron desde el sufragio popular, que fueron, como decía hace días, de la reforma del 18, que fueron después en los años 30 los inmigrantes que traían la idea libertaria de los anarquistas o de los sindicatos y que el peronismo pudo plasmar. Y luego nos tocó a nosotros, en el 2003, plasmar esa inclusión social junto a la reparación histórica de los derechos humanos que habían sido vulnerados durante la dictadura. Es la suma de muchas historias, es la suma de muchas ideas y es un solo resultado: una gran Nación y un pueblo feliz que, en definitiva, es el legado que nos dieron tantos y tantos miles de argentinos.
Por eso, mi queridos y mis queridas entrerrianos y entrerrianas, paranaenses: quiero decirles en esta noche tan especial, que quiero agradecerles a cada entrerriano y a cada entrerriana, que estuvo junto a nosotros en los momentos difíciles, agradecerles de corazón en nombre mío y de mi compañero.
Y también, tal vez, a los que no estuvieron, a los que no están, decirles de corazón y con mucha humildad, que en mí jamás vean a una enemiga o a una adversaria. Yo soy Presidenta de los 40 millones de argentinos, tengo más y he logrado más de lo que nunca había imaginado. ¡Cómo podía pensar yo allá en mis 20 años en La Plata, que iba a ser presidenta de los argentinos, que iba a estar casada con un presidente, el mejor de los últimos 50 años y además, que me iban a reelegir presidenta por la mayor cantidad de votos después de Perón, nada más ni nada menos, qué iba a pensar que iba a estar como estuve hace días en Córdoba festejando los 400 años de la Universidad o acá en Paraná, en el Bicentenario de Paraná! He recibido mucho más de lo que podía aspirar o siquiera soñar.             
Por eso quiero decirles a todos, a los que me quieren y a los que no me quieren, a los que me votan y a los que no me votan, que les estoy eternamente agradecida a todos los argentinos por todo lo que me han dado. Porque, en definitiva también, despertar emociones aunque no sea el amor, también revela que algunos valores tenés.
Por eso, los invito a que por Paraná, por Entre Ríos, por los argentinos, por nuestra historia, ejerzamos más la virtud y la calidad del afecto y de la confraternidad entre los argentinos. Es mucho más fácil querer que odiar y además, ¿sabés qué?, te sienta mucho mejor amar que odiar.
Muchas gracias, ¡viva la República, viva la Argentina, viva la patria, viva Paraná, viva Entre Ríos!
Gracias a todos.    
CRISTINA FERNANDEZ

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