julio 09, 2012

Discurso de Fidel Castro en Guantanamo (1959)

DISCURSO EN GUANTANAMO
 Fidel Castro
[3 de Febrero de 1959]

― Versión taquigráfica de los oficinas del Primer Ministro ―

Compatriotas de Guantánamo:
Este acto de Guantánamo, por su extraordinaria magnitud, me recuerda el mitin del millón en la capital de la república.
He llegado aquí como cuando subíamos los picos más altos de la Sierra Maestra.  He llegado un poco cansado por la larga jornada, por la intensa tarea que hemos tenido que realizar desde el Primero de Enero.
Los que mandan a callar están haciendo más bulla que los que están hablando.  Si los que mandan a callar se callan y los que están haciendo bulla se callan, entonces todos me pueden oír a mí y yo los puedo oír a ustedes, porque yo también tengo mucho interés en oírlos a ustedes , que han hecho tanto sacrificio; porque todo el sacrificio que han hecho millares y millares de campesinos para venir desde muchos kilómetros de distancia bajo un sol abrasador y las horas que llevan aquí parados en este parque bajo el sol ardiente del mediodía no pueden ser por gusto, ni los esfuerzos que hemos hecho nosotros para llegar aquí pueden ser por gusto.
Es necesario que guarden silencio para que pueda hablarles y para poder oírlos a ustedes.
Vamos a demostrar aquí en Guantánamo que los guantanameros son tan disciplinados como los habaneros, porque si a la multitud de un millón de habitantes se le pidió que guardara silencio y lo guardó, ¿cómo es posible que los guantanameros vayan a tener tanta bulla aquí que no podamos hablar?
Vamos a ser breves hoy porque hace mucho sol, y, además, lo que hace falta son hechos y no palabras.
He estado leyendo todas las demandas de los campesinos, en primer lugar; de los trabajadores, en segundo lugar; de los estudiantes, en tercer lugar, y, en fin, de todos los sectores de Oriente, en particular de esta zona de Guantánamo, sobre todo de la gente humilde, que es la gente que está necesitada de la ayuda de la Revolución.
Yo quiero decirles una cosa: No vengo aquí como gobernante a escuchar demandas, yo vengo aquí como revolucionario a apoyarlas.  No vengo aquí a que ustedes me digan lo que necesitan, vengo aquí a decirle junto con ustedes al Gobierno Revolucionario lo que el pueblo necesita.
Yo no soy gobierno, yo soy revolucionario.  No quiero decir con esto que ser gobierno signifique que no sea revolucionario, no; pero yo no vengo aquí en función de gobernante, porque no soy el gobierno.  Ahora, yo sí soy un revolucionario, y vengo ante la opinión pública, a escuchar la opinión pública, a hablarle a la opinión pública y a interpretar los deseos de la opinión pública.
Nosotros tenemos una fuerza formidable, lo hemos demostrado, esa fuerza es la opinión pública.  Una fuerza superior a las armas, superior a los tanques, superior a los cañones, superior a todo, porque esa fue la fuerza que derrotó a la tiranía, esa fue la fuerza en virtud de la cual fue posible el triunfo, esa es la fuerza que hemos movilizado contra la amenaza extranjera, esa es la fuerza que hemos movilizado contra la campaña de descrédito y de calumnia contra nuestra Revolución.
Ustedes constituyen esa fuerza que es la opinión pública.  Y la revolución democrática que ha llegado al poder es la Revolución cuya característica tiene que ser necesariamente la interpretación de los deseos y de los anhelos de la mayoría del pueblo.
La Revolución ha llegado al poder no para que mande un grupo de hombres, sino para que mande el pueblo.  El pueblo es el que está gobernando.  El triunfo de la Revolución ha significado, en primer lugar, la desaparición de toda esa politiquería y de toda esa hipocresía que ha caracterizado la vida pública de nuestro país.
Esta Revolución ha significado en primer lugar no solo que el pueblo es libre, no solo que se acabó el crimen, no solo que se acabaron los atropellos, las torturas, los golpes, las humillaciones que constantemente estaba sufriendo cualquier ciudadano, sino que el pueblo ha llegado al poder, que ustedes han llegado al poder, y que los hombres que hoy estamos en el poder no nos parecemos absolutamente en nada a los hombres que han estado siempre en el poder, bien bajo una dictadura e incluso bajo gobiernos constitucionales.
Desde el momento en que llegaban al poder los políticos, se olvidaban del pueblo por entero.  No eran más que unos descarados tomadores de pelo, que estaban engañando siempre a la ciudadanía.
Aquí el hecho de que un representante le diera la mano a un ciudadano era un fenómeno.  El hecho de que un alcalde entrara un día en una casa era considerado como un honor extraordinario, porque aquellos señores, desde que ascendían un poquito, se consideraban unos dioses ya; se alejaban del pueblo y miraban al pueblo como algo digno del olvido o como un estorbo al que buscaban en las épocas de elecciones y al que abandonaban en las épocas de gobierno.
Nosotros, que no hemos llegado al poder mediante la política sino mediante una revolución victoriosa, lo primero que hemos hecho es volver al pueblo.
Tardé un mes en regresar a la Sierra Maestra, y me parece que fue mucho.  Y si tardé un mes, se debió a que tuvimos que defender el prestigio de nuestra patria, a que tuvimos que defender la soberanía amenazada de nuestro país, a que tuvimos que salirle al paso a la calumnia, a que tuvimos que movilizar al pueblo en todas las ciudades de Cuba, e incluso fuera de Cuba, para defender a la Revolución Cubana.
Pero yo tenía una extraordinaria necesidad de volver al pueblo, porque con el pueblo es como me siento bien.  Yo tenía una extraordinaria necesidad de volver a Oriente, de volver a la Sierra Maestra, porque allí fue donde se gestó la Revolución, allí fue donde se inspiró el pueblo, allí fue donde se despertó la fe a la nación entera. Y nosotros debemos regresar al pueblo constantemente; constantemente debemos estar regresando al pueblo, para oír al pueblo y para seguir pensando y sintiendo junto al pueblo.
Les advierto que en la Sierra Maestra, en las épocas más duras de la campaña, personalmente me sentí allí más feliz que en las ciudades.  Yo realmente añoro aquellos días de lucha, añoro aquellos tiempos de lucha.  Para nosotros los revolucionarios, el triunfo no ha significado ni significará jamás un cambio de vida; es decir que viviéramos antes sacrificadamente para vivir ahora cómodamente. ¡No!  Nosotros despreciamos todas las comodidades de la ciudad, y añoramos todos los sacrificios de la lucha en las montañas.
Yo les decía que al revés de lo que el pueblo ha estado acostumbrado a ver, hoy los hombres que gobiernan la república son como ustedes, exactamente igual que ustedes.  Aquí nadie ha cambiado nada, aquí nadie se ha olvidado del pueblo, y yo ni siquiera creo que para mí sea una virtud o un mérito decir que no me he olvidado del pueblo.  Es que, sencillamente, donde yo me siento bien es junto al pueblo. Me siento bien cuando me considero un igual a cualquier compatriota, porque en ese hombre humilde del pueblo es donde hay toda la sinceridad, toda la honradez.  Toda la moral se concentra en ese hombre humilde del pueblo; yo me siento entre el pueblo en mi ambiente, y al pueblo lo necesito, y con el pueblo estoy dispuesto a librar todas las batallas.
Yo no voy a ir a convencer a nadie de que hay que hacer una ley u otra ley.  ¡No!  Yo vengo donde está el pueblo, y junto con el pueblo pido esa ley, ¡la pido!  
Hay veces que los pueblos van delante de los líderes señalando el camino, y hay veces que los líderes ven un poco más lejos y trazan una pauta determinada.
Ustedes recordarán cuáles son nuestras ideas sobre la tierra, cuáles son nuestras ideas sobre una serie de cuestiones nacionales.  Esas ideas, que eran las mismas de cuando el Moncada y fueron las mismas cuando la Sierra Maestra, son las mismas hoy.
Pero para ahorrar consideraciones, el objetivo de esta concentración campesina es solicitar del Gobierno Revolucionario de la república la inmediata aprobación de una amplia ley de reforma agraria.
En la Sierra Maestra hicimos la Ley Agraria del Ejército Rebelde, que concedía la propiedad de la tierra a todos los pequeños arrendatarios, aparceros, colonos y precaristas.  Pero en uno de los Considerando de la Ley se decía: “Por cuanto será tarea del Gobierno Revolucionario cumplir el artículo de la Constitución de la República que dice:  ‘se proscribe el latifundio’, y a los efectos de su desaparición, la Ley señalará el máximo de extensión de tierra a todo cultivo, a toda producción agrícola o industrial.” Y ya estamos en la etapa del Gobierno Provisional Revolucionario.  La Ley Agraria del Ejército Rebelde no es suficiente, porque si bien es verdad que ya garantiza la propiedad a más de 100 000 pequeños aparceros, arrendatarios y precaristas que tengan parcelas de menos de cinco caballerías de tierra, queda un problema muy importante: el problema de los que no tienen tierra; porque ya los que la tienen, bueno, pues reciben su propiedad, ¿y los que no la tienen?  ¿De dónde la sacan?  Pues yo les voy a decir de dónde la van a sacar.
Primero, no voy a decir que de las tierras del Estado, porque las tierras del Estado están ocupadas ya por los campesinos en una parte, y en una parte muy considerable por los geófagos y los terratenientes.  Yo quiero que ustedes sepan que en Cuba, de acuerdo con un estudio que se ha hecho, el Estado debía poseer 270 000 caballerías de tierra y lo que el Estado posee son 40 000 caballerías de tierra.  Las otras 230 000 se las robaron los geófagos.
Los problemas nuestros son muchos y afectan a toda la población, lo mismo campesina que no campesina.  Aquí tenemos los problemas de los campesinos, tenemos los problemas de los trabajadores, tenemos los problemas de los desempleados, que son tres aspectos considerables e importantes del problema social cubano, amén de otras muchas injusticias que hay en Cuba, como es el problema de la discriminación racial, que es otro de los problemas que la Revolución tiene que abordar .
Aquí naturalmente que la república está sufriendo la consecuencia de 50 años de malos gobiernos.  La herencia que nos han dejado 50 años de malos gobiernos es esta:  un cuadro de necesidad por todas partes.  Voy a hablar, por ejemplo, de Guantánamo:  miles de hombres sin empleo, decenas de miles de hombres ganando salarios de hambre, decenas de miles de campesinos sin trabajo, sin tierra.  Usted va a cualquier sitio y se encuentra un pueblo acostumbrado por los políticos a estar pidiendo casi de caridad y casi de limosna que le resuelvan los problemas.
Pero quien llegue al pueblo como llego yo, quien hable con sus compatriotas como hablo yo en cualquier lugar, se puede dar cuenta de lo que son las necesidades de este pueblo.  Hablando en cualquier club aristocrático de la capital, es lógico que nadie se entere de lo que le pasa al pueblo.  Pero usted viene al campo, a cualquier centro de trabajo y usted va —como fui yo anoche— a Charco Redondo, centro obrero importante que está actualmente paralizado por los manejos de la compañía, usted va a cualquier pueblecito de Cuba y se encuentra la tragedia; se le acerca una madre a decirle que es viuda, que tiene ocho hijos y que no tiene trabajo.  Se le acerca otra madre a decirle que su hijo está lisiado y que necesita recluirlo en algún hospital.  Se le acerca otra madre a decirle que su hijo está enfermo y no tiene medicinas.  Se le acerca otra madre a decirle que tiene siete hijos y que nunca han tenido escuela, y que quiere enviarlos a una escuela.  Se le acerca otra madre a decirle que no tiene trabajo.  Se le acercan decenas de hombres a decirle que no tienen empleo y a tratar de que uno les resuelva el problema individualmente.
Es lógico, resulta imposible resolver los problemas individuales, porque los problemas hay que resolverlos colectivamente; no buscarles trabajo a uno, a dos o a diez como un favor personal, hay que buscarles trabajo a cientos de miles de personas.
Pero se da uno cuenta de las necesidades.
Es verdaderamente desesperante la situación del pueblo, la situación del pueblo es verdaderamente desesperante.  Las docenas de papelitos que a mí me echan en el bolsillo, si yo los guardara nada más para leerlos después tranquilamente, tendría un retrato de las necesidades del pueblo.
Esa es la consecuencia...  (CONTINUA EL BULLICIO EN EL PUBLICO.)
Yo no sé quién será el que está hablando, pero a mí me parece inconcebible que haya un solo ciudadano que no esté preocupado por estas cuestiones.  ¿O es que aquí hay alguien que tiene resueltos todos sus problemas y no le importa el problema de los demás? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”)
Esa situación actual del pueblo de Cuba es la consecuencia de 50 años de malos gobiernos, 50 años de politiquería, 50 años de entreguismo a los intereses extranjeros, 50 años de explotación, 50 años de robo, 50 años de juego, 50 años de malversación.
Un país tan rico como este, un pueblo trabajador como es el pueblo cubano, y además un pueblo inteligente, una nación donde pudieran vivir 25 o 30 millones de habitantes, resulta que los 6 millones que somos nos estamos prácticamente muriendo de hambre aquí.
Va usted a los campos, y se encuentra por dondequiera los bohíos, que son inhabitables, que carecen de higiene por completo, que son viveros de parasitismo y de toda clase de enfermedades; se encuentra a los muchachos descalzos y comidos de parásitos; se encuentra un porcentaje extraordinario de mujeres enfermas —están enfermas con una salud deficiente; tienen que sostener seis, siete u ocho hijos y se alimentan muy mal, y el porcentaje de madres cubanas en el campo en estado de salud lamentable es altísimo—, los hombres tienen una alimentación deficiente.  No hay escuelas. El analfabetismo, la cantidad de muchachos inteligentes —tal vez verdaderos genios— que se pierden en esos campos es desconsolador.  No tienen maestros, no hay fábricas, no hay caminos, no hay hospitales.
Aquí para que un hombre lleve a un hijo a un hospital tiene primero que vendérsele a un político y ofrecerle el voto y llevarle la cédula.  Aquí para que una muchacha joven pueda obtener un empleo tiene casi que prostituírsele a la persona que va a darle el empleo.  Aquí, para dondequiera que se mire, el pueblo ha estado sufriendo una serie de injusticias y de explotaciones que son las causas de los males que estamos padeciendo actualmente.  Y menos mal que nos quitamos a los guardias de arriba, y menos mal que nos quitamos a los policías  porque, aunque no resuelve todos los problemas, es algo, y por lo menos empezamos a resolver los problemas.  Porque cuando teníamos a esos señores aquí, con el fusilón al hombro, con el revolvón a la cintura y con el plan de machete al otro lado, no podíamos siquiera reunirnos para discutir los problemas.
Ya se sabe al servicio de quién estaba el sargento, al servicio de quién estaba el teniente, al servicio de quién estaba el capitán, al servicio de quién estaba el comandante, el coronel, el general y todo el mundo aquí, señores .  Ya se sabe que los guardias rurales en el campo lo que hacían era enamorar a las hijas de los campesinos (DEL PUBLICO LE DICEN: “¡Es verdad!”), vivir como si fueran los reyes de este país.  Eran impunes, le daban una galleta a cualquiera y nada pasaba; le daban un planazo a cualquiera y nada pasaba, en esta época y en las otras también, que eso es bastante viejo aquí en Cuba , me refiero a la época que acaba de pasar, por supuesto.  Miraban a los ciudadanos como quien les perdona la vida, y el ciudadano que se encontraba con un guardia rural en la calle pues casi casi tenía que agradecerle que no le dieran una trompada o no lo mirara con malos ojos o no le metiera miedo.
Ustedes saben incluso otra cosa.  Yo recuerdo que donde había un guardia rural siempre había un grupito alrededor, ¿ustedes no se fijaban en eso?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”)  Entonces al guardia rural le pagaban el café, le pagaban el trago; el que hablaba era él y los que se reían eran los otros.  ¿Y eso por qué?  Porque el pueblo le tenía miedo, y mucha gente, para quitarse el miedo, lo que hacía era que guataqueaba a los guardias rurales.
Eso venía de la época de la colonia, del miedo a los guardias civiles y de las costumbres de sumisión que nos quedaron a los cubanos; muchas costumbres malas, costumbres que vienen de la época de la esclavitud y costumbres que vienen de la época de la colonia, y que nosotros ahora con la Revolución tenemos que barrer.
Quizás el motivo de la alegría que tiene el pueblo, entre otras cosas, aparte de que significa el inicio de una era nueva de la cual todos los cubanos esperamos mucho, es que el pueblo empieza a sentirse seguro quizás por primera vez desde hace 50 años.
Nosotros nunca habíamos sido independientes, nunca.  Decían que esta era una república soberana e independiente y eso era mentira.  Aquí el Embajador norteamericano era el que daba órdenes y gobernaba en la mayor parte de los casos.
Habían acostumbrado al pueblo de tal manera a mirar para los norteamericanos que yo me acuerdo, en los primeros tiempos de la campaña de la Sierra Maestra, que a cada rato llegaba corriendo un campesino y, como quien traía una buena noticia, me decía: “Oigame, hay siete barcos americanos que están llegando a La Habana, y dicen que los americanos van a intervenir.”  Habían acostumbrado al pueblo a pensar que intervenir era una cosa buena; que, por ejemplo, para quitarse la dictadura de encima, el que intervinieran los norteamericanos era una cosa buena.  Habían acostumbrado a muchos cubanos a eso.  A tal grado había llegado la irresponsabilidad y el entreguismo aquí en este país, que le habían creado al pueblo un complejo de impotencia.
El pueblo no se sentía libre, se sentía como quien tiene que estar dependiendo de un extranjero.  Esto en el orden político, porque en el orden económico desgraciadamente estamos dependiendo todavía, y es otra de las batallas que tenemos que librar aquí para hacer libre económicamente al país.
Pero les decía que el pueblo cubano nunca se sintió libre.  ¿Cuándo se ha sentido el pueblo cubano enteramente libre por primera vez? (EXCLAMACIONES DE: “¡Ahora!”)  El ciudadano no se sentía seguro nunca, en ninguna época, en ningún gobierno.
Esto que ocurre hoy de que venga un rebelde con un fusil y quieran al rebelde, eso nunca se había visto, porque aquí teníamos al guardia rural y a ese no lo quería nadie.
Eso de que el pueblo se sienta seguro de su destino, eso de que el pueblo se sienta seguro de que nunca más se cometerá un crimen y el que lo cometa será castigado ejemplarmente (EXCLAMACIONES DE:  “¡Justicia, justicia!”), eso de que el pueblo vea que por primera vez se está haciendo justicia en nuestra patria, eso de que el pueblo vea que se acabaron los golpes, eso de que el pueblo vea que se acabaron las torturas, eso de que el pueblo vea que se acabaron las humillaciones, que cualquier ciudadano se sienta libre, que cualquier ciudadano se sienta seguro, que pueda andar de día y de noche por las calles que nadie lo va a golpear, que nadie lo va a humillar delante de su mujer y delante de sus hijos (EXCLAMACIONES DE: “¡Viva Fidel!”), ¡eso es una de las causas de que el pueblo se sienta contento!
¿Y cuándo por primera vez en su historia el pueblo se ha sentido seguro como se siente hoy?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Ahora!”)  ¿Cuándo por primera vez en su historia ha existido justicia revolucionaria? (EXCLAMACIONES DE: “¡Ahora!”)
Ustedes saben que aquí en nuestra patria, cuya historia comenzó hace cuatro siglos cuando la descubrieron los españoles y cuando la conquistó Diego Velázquez, desde el primer indio que asesinaron los españoles hasta el último joven que asesinó un esbirro de Batista han estado pidiendo justicia, porque nunca hubo justicia en nuestra patria, y por primera vez hay justicia en nuestra patria (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Abajo los chivatos!”).
Yo le voy a decir al pueblo una cosa, porque tiene que estar el pueblo muy atento a esto.  Nosotros, para evitar cometer una sola injusticia, hemos juzgado primeramente a los peores criminales de guerra, a esos que todo el mundo conoce, porque todo el mundo conoce aquí a los criminales de guerra.  Que vengan ahora con esa pamplinería de que si prueba documental y qué sé yo.  Miren, yo les voy a decir una cosa: ¿Aquí quién le iba a tomar una fotografía a un esbirro asesinando a un joven a media noche atrás de un cuartel?  ¿Quién le iba a tomar una fotografía?  ; sin embargo, todo el mundo sabe quiénes eran los criminales.  ¿Por qué?  Porque la técnica de la dictadura era destacar en cada pueblo un grupo de criminales.
Esos criminales no ocultaban que ellos eran los que torturaban y asesinaban, porque parte de la técnica del terror consistía en que todo el pueblo conociera a determinados sujetos como tipos que le arrancaban el corazón a cualquiera.  ¿Para qué?  Para que cuando pasaran en una perseguidora sembrar el miedo por todas partes, para que cuando un detenido fuese llevado allí a la cárcel, la mera presencia de “Pata de Ganso”, de “Mano Negra”, de “Agüero” y de toda esa gente, para que la mera presencia de esa gente...  (EXCLAMACIONES DE: “quedan muchos ahí todavía!”)...  ¡Bueno, pues si quedan muchos lo que hay es que aplicar la justicia revolucionaria!  
(LE DICEN ALGO DEL PUBLICO).
Déjennos a nosotros eso, déjennos a nosotros eso.  Ustedes verán.  De nosotros no se ocupen, que vamos poco a poco, ¡poco a poco pero seguros!
Estamos conversando ahora, estamos hablando todos ahora en público.  Bueno, déjenme hablar, que entre el sueño y el trabajo...  
Yo decía que cómo no íbamos a conocerlos si casi llevaban un letrero los esbirros.  Si se han pasado siete años sembrando el terror aquí y allá, es lógico que todo el mundo los conociera; nadie se iba a equivocar cuando se fusilaba a uno de esos criminales, ¿comprenden?
Ahora viene el caso de los chivatos.  El chivato para mí es un ser despreciable, todo lo más despreciable que pueda concebir; pero, a diferencia del esbirro, el número de chivatos es cien veces mayor que el número de esbirros, porque por cada criminal había como 50 chivatos.  Y, señores, no se puede fusilar a todos los chivatos, es imposible, porque son demasiados chivatos; por lo tanto, hay que fusilar a los criminales de guerra.
Durante la guerra a los chivatos sí los fusilábamos, porque estábamos allí y si los soltábamos nos podía costar la vida a todos nosotros.
Ahora bien, al criminal de guerra hay que fusilarlo, al chivato hay que obligarlo a trabajar.
Ando investigando cuántos chivatos tenemos ya condenados, porque tenemos el propósito de empezar la primera ciudad escolar allá cerca de la Sierra Maestra, y hace falta que los chivatos trabajen ahí, porque ya que hicieron tanto daño, ya que quisieron vivir de la delación, ya que quisieron ganarse la vida traicionando a los demás, que doblen el lomo, que suden la camisa y que trabajen en la ciudad escolar.
Miren, al criminal de guerra hay que fusilarlo, porque el criminal de guerra es un sujeto al que el más elemental sentido de justicia exige que se le aplique el castigo que él quiso aplicarles a muchos inocentes y que les aplicó a muchos inocentes.  Porque, además, había que poner fin definitivamente en nuestra patria con un escarmiento ejemplar, había que arrancar de raíz el criminal, el delincuente y el esbirro; había que arrancarlos de raíz en nuestra patria, porque sencillamente existía esbirro porque nunca le había pasado nada al esbirro; pero como ahora no va a quedar esbirro con cabeza, se van a acabar los esbirros.
Si al chivato lo fusilamos le hacemos un favor, si al chivato lo condenamos a muerte le hacemos un favor.  Para el chivato será mucho peor estar preso durante 30 años, condenado a trabajos forzados, porque tendrá que llevar esa culpa sobre él, tendrá que llevar ese dolor sobre él; porque si no tiene vergüenza ni tiene conciencia, en cambio, cuando tenga que trabajar 8 o 10 horas todos los días, va a tener oportunidad de saber las consecuencias de lo que es haber aspirado a vivir de la delación y de la sinvergüencería.
Naturalmente, no tenían la culpa solo los chivatos.  Una de las causas de que hubiese tantos chivatos en el país es que había tanta miseria en este pueblo, ha habido tanto mal ejemplo en este pueblo, ha habido tanto gobernante ladrón y sinvergüenza, ha habido tanta impunidad, que yo recuerdo casos de chivatos por miedo, casos de chivatos por infelicidad, de este tipo moralmente sin contextura ninguna, tipo cobarde, que del miedo que les tenía a los soldados de la dictadura pues iba allí a dar una noticia lleno de terror y lleno de miedo.
Todos los hombres no tienen el mismo temple, pero es lógico que incluso esos cobardes y esos tipos que fueron chivatos más bien por miedo que por otra razón, esos también tienen que ser castigados indefectiblemente.
Ese tipo de hombre hay que eliminarlo de nuestro medio social, y ese tipo de hombre será eliminado de nuestro medio social cuando se acabe el mal ejemplo, cuando se acabe el abuso, cuando se acabe la discriminación, cuando se acabe la explotación.  Porque una sociedad como ha sido la sociedad cubana, tenía que producir un tipo como el esbirro y un tipo como el chivato.
La sociedad nueva que estamos creando no producirá ni chivatos ni esbirros, porque los hombres crecerán, los hombres vivirán y los hombres se educarán en una mentalidad enteramente nueva.  Como el hombre es en gran parte producto del medio ambiente donde vive, en el futuro ni habrá dictaduras, ni habrá esbirros, ni habrá chivatos, porque la tarea de la Revolución es precisamente reformar ese medio ambiente y poner fin no a la dictadura, sino a las causas que originaron la dictadura; no solo a los esbirros, sino a las causas que originaron a los esbirros; no a los chivatos solamente, sino a las causas que hicieron posible el chivato, que es un ser despreciable que va a desaparecer también de aquí.
Lamentablemente ninguna obra es perfecta.  Imposible encontrar para cada pueblo un jefe militar eficiente, inteligente, de mente ágil; imposible encontrar para cada pueblo un rebelde que sea un juez formidable:  el resultado es que hay por ahí más de un chivato que se ha colado y se está haciendo el bobo (EXCLAMACIONES DE:  “¡Es verdad!”).
Yo decía que eso obedecía al hecho de que es imposible encontrar un jefe perfecto.  Ustedes tienen que tener en cuenta que nuestros oficiales no estudiaron en academias, que nuestros oficiales se hicieron peleando en las montañas, que son muchachos llenos de buenas intenciones, que son muchachos de vergüenza, pero que todos no tienen esa experiencia, esa habilidad para hacer las cosas perfectas, y solamente el tiempo los enseñará.
Cuando nosotros desembarcamos en playa Las Coloradas no sabíamos nada de guerra, y tuvimos que aprender a lo largo de dos años de lucha.  Así, de la misma manera, muchos compañeros de nosotros todavía no tienen experiencia en la paz para manejar infinidad de problemas que hay y entonces las cosas no salen perfectas.  Pero no es porque aquí se quiera perdonar a nadie.
Yo cada vez que tengo noticias de un chivato que se escapó lo mando a detener.  Y cada vez que...  (SALTO EN LA GRABACION)...  si cuando haya que fusilar a un señor existiera duda, no se debe fusilar; aunque se sepa que es un criminal, si todo el mundo no está convencido, entonces hay que condenarlo a otra pena.
Pero lo que les quiero decir es que esos casos obedecen a las circunstancias de que todo el mundo no es un funcionario perfecto.
Otra cosa, en cuanto a los fusilados.  Yo les decía que no podíamos fusilar a todos los chivatos porque eran muchos miles, eso era imposible, y que la medida es hacerlos trabajar.  Fusilar a los criminales notorios, porque ya eso es un gran ejemplo, y entonces aplicar la sanción de cadena perpetua, o sea el equivalente de 30 años de cárcel con trabajos forzados, que es también una sanción, y procurar que no quede nadie sin castigo.  Esos individuos ustedes saben que todos llevarán sus penas, incluso aquel que se pueda escapar y quede en la calle llevará la pena de que le digan que es chivato.
Miren, ayer en Charco Redondo, en el mitin de ayer —mejor dicho, fue hoy; porque iba a ser por la noche, pero fue de tres y media de la madrugada a cinco porque yo llegué a esa hora allá a Charco Redondo—, hubo un señor que se subió a la tribuna y quiso hablar para plantear un problema, y habló, y se paró uno que estaba en un caballo y dijo: “Ese es chivato.”  Lo denunciaron varias personas.  Entonces yo le dije al sindicato que organizara una comisión para investigar si era o no chivato y que si era chivato que lo mandara a los tribunales.
Pero es que el que no ha estado claro lleva la pena con él de que en cualquier momento se vayan a parar y digan: “Este es chivato.”  Y eso es una gran pena.  Yo les digo que es mejor estar en la cárcel que estar pasando esa vergüenza, aunque ellos no tengan vergüenza.  Pero de todas maneras a nadie le gusta, no le puede gustar que lo saquen, y lleva la pena consigo.
Así que aquí todo el mundo, en un mayor o menor grado, va a quedar castigado.
También hay el bombín, ¡también hay el bombín!  El bombín es otro tipo de personaje que se cuela, se cuela en momentos como estos, ¿no? Tiene una gran... (SALTO EN LA GRABACION)...  Porque yo les voy a decir una cosa, y es que aquí todo el mundo tiene que seguir una línea muy recta.
Yo les quiero decir a ustedes que nosotros, por ejemplo, Raúl y yo, hemos seguido una línea inflexible.  No hay un solo familiar de nosotros que tenga un puesto, quiero que lo sepan (EXCLAMACIONES DE: “¡Es verdad!”).  Yo quiero que sepan que incluso una hermana mía, que fue revolucionaria y que nos ayudó muchísimo, tenía un modesto empleo en donde trabajaba antes del 10 de marzo, en un departamento del Estado, y ella siempre decía:  “Yo lo único que quiero es que cuando la Revolución triunfe a mí me devuelvan mi modesto empleo.”  Bueno, pues ni eso le hemos dado nosotros, porque si no se les puede devolver el empleo a todos los que lo tenían antes no se le debe devolver a nadie porque sea hermana.
¡Ah!, es revolucionaria, pero nosotros somos los primeros en pedirle que se sacrifique, en pedirle que no acepte nada.
Nosotros teníamos otro familiar que era oficial del ejército y que a raíz del 10 de marzo lo sacaron.  Pues tampoco ha ingresado en el ejército, porque el problema de nosotros es que no queremos que nunca nos puedan señalar y nos puedan decir: “Mira, le han dado un empleo a un familiar.”  Aunque tenga derecho, nosotros preferimos pedirle que se sacrifique, porque hemos estado muy acostumbrados al nepotismo, y nosotros queremos llevar una línea muy recta, muy recta en todo.
Yo les aseguro que son muy pocos los hombres a los que nosotros hemos situado en determinadas posiciones, muy pocos; pero sí les aseguro que en esos no hay ningún bombín, porque son revolucionarios probados, revolucionarios viejos.  Pueden haberse colado por ahí unos cuantos bombines; pero no hay que apurarse, que ya los descubriremos y ya los quitaremos.
El problema desde luego es en el Estado.
Otra cosa que voy a decirles, el Estado está hipertrofiado: una cantidad de organismos paraestatales que el Estado más parece un monstruo que otra cosa.
Usted saca una lista de departamentos del Estado y se asombra.  Por casualidad hace tres días me cayó una lista, que pedí una lista para ver quiénes eran los que estaban por ahí para tener una idea, porque oí hablar de bombines y eso (EXCLAMACIONES DE: “Hasta capitanes hay”).
No, ¡hay muchos que se han puesto estrellas, se han puesto galones y todo!  Pero no se apuren.
Son cosas muy curiosas, han aparecido una mano de oficiales tremenda.  Seguro que esos no fueron de los que pelearon.  El que peleó se ganó los grados y nadie se los tuvo que poner (ALGUIEN LE DICE: “Como Mendoza”).  Como Mendoza, por ejemplo, que se ganó sus grados peleando y que fue herido en dos combates; es capitán.
Hay algunos por ahí que se han colado, pero a esos los limpiamos también, los limpiamos en el sentido de que los quitamos, ¿saben?  Hay quien no ha tirado un solo tiro aquí, no ha peleado, y es capitán.  Entonces yo digo: “Menos mal que aquí el grado máximo que nosotros nos pusimos fue el de Comandante, porque si nos hubiéramos puesto el de general aquí habría como 100 mariscales de campo”.
No puedo concebir vanidad más ridícula que la de que un tipo sin mérito alguno se quiera poner estrellas.  Señores, ¿y las estrellas para qué?  Nosotros nos las pusimos porque teníamos que hacerlo, pero nosotros somos exactamente lo mismo con estrellas que sin estrellas, con uniforme que sin uniforme.  Si llevamos este uniforme es porque no se ha deshonrado y porque no queremos que se deshonre el uniforme, y porque queremos seguir inculcando en nuestras fuerzas y en nuestros institutos armados revolucionarios el espíritu que tuvo el Ejército Rebelde.  Cuando eso esté hecho, sobra el uniforme y sobran las estrellas.
Afortunadamente podemos decir que esta es la única guerra y la única Revolución que no ha producido generales ni coroneles; pero cuando veo a esos tipos que se hacen los bobos y se ponen un galoncito por aquí...  Claro, como no se sabe en la calle —incluso vienen de La Habana y van para su pueblo, y vienen de su pueblo y van para La Habana, de todos los frentes— y usted no va a estar registrando a todo el mundo —además, esta es una época en que no se anda registrando a la gente ni pidiéndole el carnet, ¿no?—; pero cuando llegue la hora de dar los carnets ya averiguaremos quién se ganó los grados peleando y quién es el que hasta se ha puesto un uniforme y, haciéndose el bobo, se está dejando crecer la barba .
No crean que nosotros ignoramos esas cosas, pero ustedes deben tener presente que tenemos mucho que trabajar.  Como me ha pasado a mí, que hace tres o cuatro noches que no descanso, que el último mitin que di, lo di esta madrugada de tres y media a cinco; si tengo que llegar aquí, si de aquí tengo que ir para Manzanillo, y si hemos tenido un trabajo enorme, es imposible.
No es como cuando estábamos en la Sierra, en la Sierra no se me escapaba nada de eso.  Aquí pues se necesita tiempo para que se vaya organizando todo —porque es toda la república— para descubrir al bombín, para descubrir al que se hizo el bobo y se puso un uniforme y se puso unos galones.  Yo le recomiendo al que se haya puesto unos galones que se los quite, se lo recomiendo.
Esta Revolución no se hizo para que los tipos anden de pepillos exhibiendo méritos que no tienen y estafando a la gente, porque eso de ponerse unos galones y unas barbas que no se ganaron en combate, es una estafa y una tomadura de pelos.  Y que se anden listos los que se han autonombrado oficiales, porque pueden ir para Isla de Pinos o pueden ir a trabajar junto con los chivatos.
También hay mucha gente con uniforme.  Yo me he encontrado cada tipos con uniforme por aquí, que lo menos que uno puede pensar es: ¡Mira que este señor es descarado, se ha puesto un uniforme!  (LE DICEN ALGO DEL PUBLICO.)
Pues ahora, después que costó tanto trabajo hacer esta Revolución, después que costó tanto trabajo darle prestigio y darle simpatía al verde olivo, hay gente con verde olivo incluso que va a una tienda, compra y no quiere pagar, quiere hacer lo mismo que los guardias.  Hay delincuentes que se han disfrazado de verde olivo, pero a esos los descubrimos nosotros y los eliminamos, porque no es justo que después de todos los sacrificios que ha hecho el Ejército Rebelde por darle prestigio al verde olivo, ahora vengan algunos pícaros a ponerse un uniforme, valiéndose de estos momentos iniciales en que todavía no está todo organizado.
Pero yo lo que sí les aseguro es que no hay mal que no tenga remedio, y no van lejos los de alante si los de atrás corren bien —como dice el refrán popular, ¿saben? Así que bombines y descarados de los que se han puesto grados, esos van a tener que justificar en cuántas batallas pelearon, cuántas batallas dirigieron, qué servicios prestaron a la Revolución para poder ostentar el grado que tienen.  Y el que no lo justifique, ahora cuando quede reestructurado el ejército revolucionario, pues sencillamente se quedará sin uniforme y sin grados.
Con respecto al campo, yo puedo anunciarles a los campesinos que no tendrán al soldado en el campo.  Vamos a organizar una policía rural igual que la del Canadá: una policía montada.  Va a ser un individuo...  (DEL PUBLICO LE DICEN ALGO.)
Les iba a decir que estamos organizando una escuela para los hombres que vamos a mandar al campo.  Entonces, el ejército no va a estar ni cerca de las ciudades.  Los batallones del nuevo ejército de la república tienen que estar en las montañas siempre, nada de campamentos en las ciudades.  El holgazán no.  Antes se buscaba al más holgazán, y a ese era al que metían a soldado.  Yo recuerdo de muchacho un cantico que terminaba: “Te metiste a guardia rural, sinvergüenza, por no trabajar”.  Resulta que buscaban al más vago del pueblo para meterlo, y ahora el que quiera ser soldado tiene que ser el más trabajador, porque ese no puede estar durmiendo en un catre todo el día ni durmiendo siestas. Ese tiene que estar siempre entrenándose, subiendo y bajando lomas; si no sirve para eso, que se vaya para su casa, porque no queremos tener un ejército tan porquería como era el ejército que tenía la dictadura.
Como ese ejército no se tendrá para oprimir al pueblo, sino para defender la soberanía del país; ese ejército no se tendrá para abusar de nadie, es necesario por tanto que sea un ejército bueno, un ejército entrenado y un ejército que no se dedique a la bolita, ni al juego, ni a la prostitución, ni ninguna de esas cosas a las que se dedicaba aquí el ejército.
Para el campo se acabó el guardia rural, ¡se acabó!  Ahora va un hombre con un uniforme distinto.  Lo vamos a entrenar durante seis meses; y nada de tener 10 guardias en un central, eso es absurdo, con dos sobran, porque de ahora en adelante el que va a mantener el orden es el pueblo, señores.  Antes los que querían mantener el orden y no lo podían mantener eran ellos.  ¿Por qué?  El pueblo no colaboraba con el orden, porque los principales delincuentes eran las autoridades y el pueblo estaba resentido siempre.
Ahora, un ladrón que se robe hoy una gallina aquí, mañana un cochinito allá y luego un caballo en el otro lado, ¿a quién perjudica?  Al pueblo, a los vecinos, porque nadie se siente seguro.  Y aquí hay que vivir de tal manera, que nadie tenga necesidad de llave ni candado en su casa, ¿comprenden?
Entonces, ¿quién es el que tiene que averiguar quién es el que roba y meterlo preso?  (EXCLAMACIONES DE: “¡El pueblo!”)  ¡El pueblo!
Así que para qué vamos a tener 15 soldados en un central.  Los 15 soldados se tenían en el central para apalear a los trabajadores; los 15 soldados se tenían en el central a las órdenes del administrador del central, ¿comprenden?  Porque aquí el sargento y el teniente, lo que hacían era que además del sueldo del Estado cobraban un sueldo del central, y siempre estaban a favor del central y en contra de los trabajadores.
Ahora vamos a tener una pareja de dos policías rurales, que van a llevar uniforme distinto, que van a ser gente culta, gente preparada, gente que sepa de primeros auxilios, gente que sepa...  (INTERRUPCION EN LA GRABACION)...  pensando siempre que vivía sin derecho de ninguna clase.  Tenía un complejo y si no se fajaba, entonces se sentía mal, porque él tenía que demostrar que no tenía miedo; y cuando se daba cuatro tragos se fajaba, ¿comprenden?  Si estaban los guardias allí más pronto se fajaba, para demostrar que no les tenía miedo a los guardias.
Aquí a la fiesta no hay que llevar guardias ni parejas ni armas, y la gente puede divertirse sin fajarse.  Hay que acabar con esa costumbre, porque es que no hace falta.
Yo lo que digo es que sobran los guardias rurales, y habrá en cada barrio rural uno o dos policías rurales para prestar distintos tipos de servicio al pueblo.  Tendrán un buen sueldo para que no se le vendan a nadie; desde luego, si se le venden a alguien, ya saben que van a tener que ir condenados a trabajo forzado un montón de años, ¿saben?  Porque aquí no habrá tolerancia, y vamos a poner gente seria en este país.
Dentro de siete meses, a mi entender, ya podremos retirar las unidades del Ejército Rebelde y mandarlas para las montañas, y entonces sustituirlas en los centrales, en el campo y en todas las zonas rurales por la policía rural, que va a tener un entrenamiento especial.  Va a ser un cuerpo para servir al pueblo, y va a ser gente de trato, gente de educación, para que todo el mundo se sienta igual, para que nadie tenga que guataquearle, y para que todo el mundo trate al individuo como a cualquier otro ciudadano, exactamente igual, porque aquí tan digno de respeto será el más humilde ciudadano como el más encumbrado oficial de cualquier cuerpo armado, señores.
Para eso, para eso estamos nosotros.
Ahora bien, ¿para defender la patria?  Yo les voy a decir quién va a defender la patria si la atacan: todo el mundo, ¡todo el mundo!  El ejército de Cuba es el pueblo, porque todo el mundo tiene que pelear.  Entonces, aquí, en los sindicatos, en los clubs juveniles, en los institutos, en todas partes, hay que enseñarle a manejar las armas al pueblo, señores.  Y los soldados del nuevo ejército, del ejército revolucionario, serán hombres bien entrenados para que, si hay que defender la patria, cualquier soldado pueda mandar 20 o 30 o 40 o 100 hombres, como ha pasado aquí, que hombres que nunca habían peleado, que no tenían instrucción militar, terminaron siendo magníficos oficiales y mandaban 100 y 200 hombres.
Si el país tiene que defenderse algún día, todo el mundo tiene que combatir aquí, y así no habrá dictadura nunca, porque a un pueblo bien instruido, un pueblo preparado, un pueblo que sabe defenderse, no hay quien le imponga una dictadura por ningún concepto.  Y eso es lo que nosotros queremos: preparar al pueblo, ¡preparar al pueblo para que nunca más nuestra patria tenga que pasar por un sistema retrógrado como el que hemos tenido!
Además, si nosotros establecemos un nuevo sistema en nuestra patria, si nosotros implantamos la justicia en nuestra patria, sobre todo la justicia social en nuestra patria; si acabamos con el hambre, si acabamos con la explotación, si acabamos con el desempleo, no puede haber dictadura.  Hay dictadura donde hay miseria, donde hay pobreza, donde una camarilla puede alquilar hombres para que asesinen, donde una camarilla puede alquilar chivatos.  No puede haber dictadura en un pueblo donde todo el mundo trabaje, en un pueblo donde todo el mundo tenga vergüenza, en un pueblo donde cualquier obrero gane mucho más que un guardia rural.  ¡Señores, en ese país no puede haber dictadura!  ¿Por qué? Porque los hombres no estarán dispuestos a alquilarse para matar.  Nadie estará dispuesto a alquilarse para asesinar.
Ustedes saben lo que pasaba aquí.  Que decían: “Siete mil hombres para el ejército”, les pagaban 30 pesos, y aparecían 10 000.  Era porque las condiciones económicas del país arrastraban a la gente a tener que aceptar esos procedimientos para ganarse la vida.
Cuando en el país se acabe el hambre, cuando el país progrese y cuando aquí se acabe la explotación, yo les aseguro que no puede haber dictadura.  Eso es una cosa lógica, una cosa clara.  Y lo que queremos nosotros es establecer las bases definitivas de nuestra sociedad, para ponerles fin a todos esos males.
Nosotros no podemos resolver eso en cinco días, no. Nosotros necesitamos la máxima colaboración del pueblo, porque los males que fueron producidos por 50 años de malos gobiernos no se pueden resolver en cinco días ni en cinco meses.
Sé que es tremenda la situación:  la cantidad de personas desempleadas, salarios bajos, campesinos sin tierra, alquileres altos, la industria sin protección de ningún género, discriminación racial, analfabetismo, falta de higiene y salubridad, falta de vivienda.  Todos esos problemas tenemos que resolverlos y los vamos a resolver, lo que no los podemos resolver de un día para otro.
Ustedes pueden confiar en que los revolucionarios resolvemos esos problemas, porque la Revolución hay que hacerla.  Si la Revolución no se hace, entonces será peor para el país.  Si la Revolución se frustra, la contrarrevolución triunfa, y la contrarrevolución solo podría triunfar aquí sobre la base de un mar de sangre, de un verdadero mar de sangre.
A la contrarrevolución no podemos dejarla que triunfe.  Tenemos que atrincherarnos y pelear aquí hasta el último hombre y hasta la última bala; por lo tanto, la Revolución hay que hacerla.
Lo primero que yo les digo aquí a los campesinos que están presentes, es que en un plazo inmediato —no hace falta más que redactar la ley, estudiarla bien y ponerla en práctica— se pondrá en práctica no la ley del Ejército Rebelde, porque ya no satisface todas las necesidades de este momento, sino una ley agraria que les de a los campesinos, a todos los pequeños propietarios, arrendatarios, aparceros y precaristas, la propiedad.  Pero que, además, les resuelva el problema de la tierra a los que no tienen tierra.
Ahora, ¿de dónde se va a sacar esa tierra?  De los latifundios sencillamente, ¡de los latifundios!
No es justo que haya hombres con 1 000 y 2 000 caballerías de tierra donde haya campesinos con siete hijos que no tengan un solo pedazo de tierra, que no tengan ni cuatro pies cuadrados de tierra donde lo vayan a enterrar.
Aquí se suele hablar mucho de patria: y la patria, y nuestra patria, y nosotros los cubanos, y la patria.  Pero ahora yo me pregunto: ¿Patria de quién?  ¿Patria de quién?
¡Ah!, pues podrá hablar de su patria el que tiene 2 000 caballerías de tierra, porque casi toda la patria es de él, ¿no?  Ahora bien: ¿Puede hablar de patria el campesino que no tiene ni una vara cuadrada donde lo entierren?  (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”)
Aquí el que más reparto de tierra hasta ahora ha hecho es Batista, porque repartió muchos miles de varas cuadradas para enterrar a los infelices que asesinó.  Es el que más tierra ha repartido aquí.  Los únicos repartos de tierra que se han hecho en este país, son los repartos de tierra que hicieron los esbirros cada vez que asesinaban a uno por ahí y lo enterraban.  Son los únicos.
Pero la realidad es que no puede hablar de patria el hombre que no tiene ni una pulgada de tierra.  Es la patria donde pasa hambre él, donde pasa hambre su familia, donde pasan hambre sus hijos; no tiene casa, no tiene nada; quiere trabajar y no le dan trabajo, se está muriendo de hambre.  Señores, ¿y ese señor puede hablar de patria?  (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”)  ¿Ese ciudadano puede decir: “Yo tengo patria”?  (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”)  Si en la patria lo está partiendo un rayo —como diría un campesino—, porque es que no tiene ni donde trabajar, ni donde sembrar, ni donde vivir.
¡Ah!, habla de patria el que tiene 2 000 caballerías.  Bueno, vamos a hacer una cosa: Vamos a hablar de patria todos, pero vamos a tener todos derecho a hablar de la patria, y vamos a hacer que la patria sea de todos, como quería Martí (EXCLAMACIONES  Y APLAUSOS).
Es una injusticia y la Revolución no puede aceptar la existencia de latifundios.  Es más:  la Asamblea Constituyente de 1940, donde estaban representados todos los partidos y donde estaban representadas todas las clases sociales, aprobó un precepto contra el latifundio, porque todos llegaron a la conclusión de que el latifundio era nocivo para el país, y que mientras hubiese latifundio en Cuba no podría haber desarrollo industrial.
Aquí se habla de desarrollo industrial, pero para que haya desarrollo industrial tiene que ponérsele fin al latifundio, porque sobre un sistema feudal de posesión de la tierra no se pueden establecer nuevas industrias en el país; no hay estándar de vida en el campesino, no hay consumo interno, no hay mercado interno y, por tanto, no puede haber industria.  Para que haya industria es necesario que se le ponga fin al latifundio y, al mismo tiempo, se establezcan leyes que protejan las industrias del país frente a la competencia extranjera.
Uno de los problemas más terribles, que es el desempleo, no lo podemos resolver si no acabamos con el latifundio.  No se puede hablar de resolver el desempleo ni de fuentes de trabajo, para que haya fuentes de trabajo hace falta invertir un capital determinado.  Con Obras Públicas no se les va a dar trabajo al medio millón de ciudadanos que están sin empleos.  Eso puede aliviar, pero el problema es más hondo.  El problema es que mientras haya latifundio no se podrá resolver el problema del desempleo; al contrario, el desempleo aumentará, porque seguirán yendo campesinos a buscar trabajo a las ciudades puesto que no lo tienen en el campo.
Si nosotros hacemos una ley agraria amplia y repartimos aquí tierras entre más de 100 000, 150 000 o 200 000 familias campesinas, entonces se producirá el regreso del guajiro al campo, a trabajar en el campo, a vivir en el campo, y cesará la corriente de campesinos que van a la ciudad a ganarse la vida, aunque sea limpiando botas, jugando bolita, lo que sea.  ¿Por qué?  Porque en el campo no puede vivir.
El problema del desempleo no se puede resolver si no se resuelve el latifundio, porque hay que darles ocupación en la tierra a más de 200 000 familias que no tienen hoy tierra.  Hay que darles la propiedad de la tierra a más de 100 000 pequeños posesionarios que no tienen la propiedad de la tierra.
Entonces, hay que dictar una reforma arancelaria...  (INTERRUPCION EN LA GRABACION)... como se creen que nosotros somos un pueblo esclavo, como se creen que nosotros no tenemos derecho a nuestra felicidad, sencillamente.  Son las que pagan las campañas de descrédito contra el pueblo de Cuba, son las que están hablando de intervenciones, son las que están siempre amenazando con medidas económicas.
Sabemos que van a poner el grito en el cielo, pero eso no nos importa.  Van a perder los latifundios, porque es la voluntad del pueblo de Cuba, y frente a esa voluntad no puede pasar nada ni nadie.
¿Que toman medidas económicas?  Pues no importa que las tomen; en definitiva, nosotros somos un pueblo que estamos dispuestos a todos los sacrificios.  Nosotros somos un pueblo que estamos dispuestos a privarnos del cine, del automóvil y de todos los lujos; y si no todo el pueblo, el 98% del pueblo está dispuesto a hacer todos los sacrificios.
Si para aplastar a la Revolución toman medidas económicas contra nosotros, nos rebajan la cuota de azúcar o toman la medida que sea no importa, nosotros idearemos otras medidas para resolver nuestros problemas.
Les advierto a esos intereses que no vayan a cometer el error de tratar de adoptar medidas agresivas en ningún orden contra nuestro pueblo.  Si las adoptan en el orden económico, reuniremos al pueblo y le diremos: “Los enemigos de nuestra libertad, los amigos de Batista, los que han dado albergue a Masferrer, los que han dado albergue a Laurent, los que han dado albergue a los criminales de guerra; esos que no quieren nuestra felicidad, esos que quieren que el país retroceda, esos que quieren que aquí Batista vuelva, esos han adoptado medidas económicas para hacer fracasar a la Revolución.”  Entonces le diremos: “¡Pueblo, este es el momento de todos los sacrificios!”
Renunciamos entonces a todo lo que sea lujo, renunciamos al cine, renunciamos a todo artículo que sea necesario renunciar.  ¡Con malanga, con sal, con manteca, con carne, nos sostenemos!    La ropa la hacemos en las textileras cubanas y nos vestimos con ropa cubana; los zapatos los sacamos de los cueros de nuestras reses, y andamos con zapatos.  Pero si tuviéramos que estar descalzos 15 años, si tuviéramos que estar descalzos 20 años lo estamos 20 años, porque los mambises en la Guerra de Independencia anduvieron descalzos, los mambises en la Guerra de Independencia pelearon durante 10 años descalzos .
Cuando a nuestra Revolución nos la vayan a agredir con medidas de orden económico, cuando traten de sofocar en el hambre a la Revolución Cubana, entonces diremos:  “Bueno, no respondemos de las medidas que tomemos aquí.”  Llamamos al pueblo a la unión; en ese momento, si ese caso se presenta, llamaremos al pueblo a la unión y llamaremos al pueblo a todos los sacrificios, ¡y yo sé que estos hombres, estas mujeres, jóvenes, viejos, hombres y mujeres, todos, son hijos de un pueblo que está dispuesto a todo!  
Que no nos amenacen con medidas económicas, que no nos amenacen con rebajas de ninguna clase, porque si las cumplen no nos importa, ¡que nosotros —lo repito— con malanga, con sal y con manteca estamos quince años comiendo!  
Nuestra tierra produce los artículos y los productos necesarios para vivir; mientras tanto, resolveremos nuestros problemas de esa manera; mientras tanto, nos industrializaremos, y de todas formas nos independizaremos económicamente.
(SALTO EN LA GRABACION.)
Yo le digo al pueblo: Has llegado a la mayoría de edad.  Se acabaron todas las humillaciones, las humillaciones en todos los órdenes.
Considero estúpido que estén persiguiendo en la base naval a los obreros cubanos.  Eso es sencillamente una estupidez, eso es sencillamente una provocación, porque no hay razón de ninguna clase de que, por el hecho de que hayamos derrocado a la tiranía, se esté allí persiguiendo a los trabajadores cubanos y se les esté impidiendo... Les advertimos a las autoridades de la base que no cometan el error de estar tomando medidas agresivas, que los traten igual, que les paguen allí los salarios que deben ganar y que no se anden adoptando persecución por razones políticas; porque si van a botar de la base a todos los revolucionarios, tendrán que botar a todo el mundo, porque todo el pueblo en estos momentos es revolucionario.
Y otra medida: cuando los marinos vengan aquí, que vengan con orden; que se acabe el relajo ese de estar tocando en las casas decentes, porque no hay derecho a que estén por las calles. No hay derecho a estar aquí ofendiendo a nadie y, por lo tanto, las visitas aquí tienen que ser con orden y con un respeto absoluto al pueblo; si no es en esas condiciones, no se pueden aceptar las visitas en masa.
Nosotros somos un pueblo hospitalario, aceptamos a cualquier extranjero que nos visite, siempre y cuando respete nuestras leyes, siempre y cuando respete nuestra dignidad.  Si ellos no pueden controlar a los marinos para que vengan aquí y visiten al pueblo cortés y decentemente, entonces nosotros tenemos que impedir la entrada en masa; por lo tanto, tiene que ser objeto de discusión la visita.  No le negamos a nadie el derecho a venir, lo que le negamos a quien sea es el derecho a ofender a nuestras mujeres, es el derecho a ofender los hogares decentes de nuestras familias.
Así que se impone una serie de medidas revolucionarias, pero la primera de todas tiene que ser la Reforma Agraria, ¡la primera de todas tiene que ser y va a ser la Reforma Agraria!  Después de la Reforma Agraria, irán todas las leyes revolucionarias que hagan falta.  No las vamos a decretar todas juntas, porque no se pueden decretar todas las medidas juntas, iremos poco a poco; pero al pueblo, a esos millares de campesinos y obreros que me han presentado sus demandas, yo les digo que esperen seguros, que la Revolución llevará a sus hogares mucho más tal vez de lo que están esperando.
En este momento lo que necesitamos es la colaboración de todos.  No se impacienten, no tienen que impacientarse.  Habría razones para impacientarse si no estuviéramos nosotros aquí, habría razones para impacientarse si no estuviéramos nosotros aquí y no se tuviera confianza en nosotros; pero si se tiene confianza en nosotros les digo que no se impacienten.  No se puede cruzar el puente antes de llegar al río.  Tengan calma y, sobre todo, tengan confianza; tengan calma y, sobre todo, tengan confianza.
Si no tuvieran ustedes los líderes revolucionarios en el poder, yo les diría que no tuvieran paciencia.  Les diría: ¡No tengan paciencia, no tengan calma!  Pero están los líderes revolucionarios en el poder.  Hay que colaborar con los líderes revolucionarios, porque los líderes revolucionarios van a hacer la Revolución, porque sencillamente para eso desembarcaron en Cuba, para eso tiraron el primer tiro, para eso han derrocado la tiranía.
No nos vamos a conformar con lo que había.  La patria nueva tiene que ser esencialmente distinta a la patria vieja, la Cuba nueva tiene que ser esencialmente distinta.
Hago mías aquí las palabras de Antonio Maceo cuando dijo que la Revolución estaba en pie mientras hubiera una justicia por reparar.  Mientras haya un abuso en nuestro pueblo, mientras haya un obrero pasando hambre, mientras haya un hombre sin trabajo, mientras haya un enfermo sin asistencia, mientras haya un niño analfabeto, mientras haya una familia viviendo en un bohío inmundo, mientras haya obreros maltratados por los trusts extranjeros, mientras haya explotación en nuestra patria habrá injusticias y, por lo tanto, la Revolución no se detendrá.
La Revolución seguirá su curso.  Ya yo dije que si a mí me privaban de la vida, detrás de mí vendría otro; y si al que viene detrás de mí lo privan de la vida, detrás de él vendrá otro.
He venido aquí porque el Comandante del Segundo Frente, Raúl Castro, me pidió que viniera porque a él le había sido imposible venir.  Yo le dije que iba a venir por él y por mí, que después vendría él, que él visitaría también el pueblo de Guantánamo.
Tenemos que luchar contra muchas dictaduras, y una por una las iremos venciendo todas.
Sobre las escuelas puedo decirles que reuní a los dirigentes de los colegios de maestros para solicitar voluntarios para una campaña de alfabetización, y he tenido la gratísima sorpresa de comprobar que, en vez de 300 o 400 o 500 voluntarios como esperaba, se han presentado miles y miles de voluntarios para enseñar.
No han exigido presupuesto, no han exigido sueldo.  Lo que se planteó fue que había cientos de miles de niños que necesitaban maestros y que había miles de maestros que no estaban haciendo nada porque no tenían empleo; que comenzaran a trabajar sin sueldo, que si la Revolución marchaba adelante, que si los planes revolucionarios iban adelante, la economía del país dentro de breves años sería tan próspera que muy pronto esos maestros estarían ganando un sueldo mucho mayor de lo que ganaba cualquier maestro; que lo importante era no estar ocioso, que lo importante era servir con lo que fuese necesario, y que los campesinos les darían la comida y nosotros les daríamos el material y el uniforme del Ejército Rebelde para que lo siguieran honrando.
Quiero decirles que ya está en marcha la primera columna de maestros hacia la Sierra Maestra; que ya hay en la Sierra Maestra una división blindada, pero no de tanques, sino de tractores, y que hoy he tenido la inmensa satisfacción de ver a los aviones de la Fuerza Aérea Rebelde —porque la antigua fuerza aérea del ejército es ahora Fuerza Aérea Rebelde, aquellos aviones que antes bombardeaban al pueblo— lanzar más de mil paquetes en paracaídas con regalos y con ropas para los campesinos.
Esos aviones creo que incluso por aquí lanzaron algunos paquetes, porque se les dijo que por aquí también (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”).  No quise que se olvidara a ninguno de los pueblos del Segundo Frente, no porque eso resuelva nada; era una cuestión simbólica para que los niños, que todavía temen a los aviones porque no saben que ya son del pueblo, vean que ya los aviones no tiran bombas, sino que tiran regalos y tiran juguetes.
Así, mientras la dictadura enviaba columnas de soldados a la Sierra Maestra, nosotros enviamos columnas de maestros; mientras la dictadura enviaba columnas de tanques a la Sierra Maestra, nosotros enviamos columnas de tractores; mientras la dictadura bombardeaba con bombas de 500 libras a los campesinos, nosotros los bombardeamos con juguetes y con regalos.
Eso allí como un símbolo, porque allí empezó la lucha.  Pero mandaremos nuestras columnas de maestros a todos los frentes de Cuba; mandaremos nuestras columnas de maestros a todos los rincones de Cuba; mandaremos las columnas blindadas de tractores a todos los lugares de Cuba a abrir caminos y a ayudar a los campesinos; mandaremos las columnas de médicos, que también se han ofrecido espontánea y generosamente.  Aquí habló, en nombre del ejecutivo del Colegio Médico, un médico, que es de los que nos han estado ayudando a mandar también las columnas de médicos.
¿Por qué?, les voy a decir por qué.  Porque nosotros pensamos hacer más que escuelas ciudades escolares, pensamos hacer hospitales.  Pero no le vamos a decir al pueblo que espere a que las escuelas estén hechas, no le vamos a decir al pueblo que espere a que los hospitales estén hechos.  No, aunque no haya hospitales los médicos van por delante, para que allí, en cualquier casa de campesino, donde sea, sepan los campesinos que tienen un médico.  Aunque las escuelas no estén construidas, los maestros van por delante; aunque no haya escuelas construidas ni presupuesto, los maestros, llenos de entusiasmo, llenos de buena voluntad, llenos de amor patrio, van por delante a enseñar aunque las escuelas no estén construidas, a enseñar como enseñaban los maestros del Ejército Rebelde:  en cualquier humilde casita donde se reúnan 20 o 30 campesinos.
Además, la vivienda.  El Ejército Rebelde ha creado el Departamento de Construcción de Viviendas Campesinas y ha gestionado del gobierno la concesión de un crédito de 2 millones mensuales — ¡dos millones mensuales!— para construir decenas de miles de viviendas para los campesinos.
No pararemos hasta que hayamos acabado con el último bohío, no descansaremos en nuestra lucha en favor de la vivienda hasta que haya desaparecido el último bohío, y esperamos que en un plazo de tiempo de breves años se haya acabado el último bohío en Cuba.
Todo irá parejo:  la lucha contra la miseria, la lucha contra el desempleo, la lucha contra el latifundismo, la lucha por el desarrollo industrial, la lucha contra las enfermedades, la lucha contra el analfabetismo, la lucha por la cultura, la lucha por la democracia, el bienestar y la salud del pueblo .
Así que no tengo más que decirles que crean en nosotros.  Crean en nosotros, porque, ¿qué harían ustedes, los que están pidiendo esas demandas, si estuvieran en el poder?  ¿Qué harían?  Aplicarla. ¿Qué harían?  Resolver los problemas ustedes. Pues ustedes somos nosotros, y nosotros, que somos ustedes, estamos en el poder.
Y he venido aquí —lo repito— no a oír demandas, ¡vengo a sumarme a la demanda justa del pueblo!  
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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