enero 23, 2014

Discurso de Fidel Castro en la graduación de 455 alumnos del curso 1967-1968 de la Universidad de Oriente (1968)

DISCURSO EN EL ACTO DE GRADUACION DE 455 ALUMNOS DEL CURSO 1967-1968 DE LA UNIVERSIDAD DE ORIENTE
Fidel Castro
[8 de Diciembre de 1968]

― Departamento de versiones taquigráficas del Gobierno revolucionario ―

Compañeros profesores de la Universidad de Oriente; Compañeros graduados; Compañeros estudiantes: 
En la tarde de hoy, mientras esperábamos o, mejor dicho, nos acercábamos a la ciudad de Santiago de Cuba para asistir a este acto, veíamos que estaba el cielo nublado, estaba lloviznando y después estaba lloviendo fuertemente.
Pensábamos que, como en otras ocasiones en este año, íbamos a tener un “acto mojado”.  Y el compañero Guillermo nos decía, precisamente en el momento en que pasábamos por la famosísima represa de Charco Mono —y esa represa, habiendo transcurrido una primavera y un otoño, estaba completamente seca—, me decía el compañero Guillermo que ya estaban viendo cómo administraban el agua de la otra presa, la de “Gilbert”, que no es un charquito, que incluso es una región donde ha llovido notablemente poco en este año y el año anterior; cosa en cierto sentido notable, porque en general en el resto de la isla desde el mes de mayo ha llovido mucho.  El trabajo en la agricultura ha tenido que ser muy duro en medio de los torrenciales aguaceros en todas partes, menos en algunos lugares de Oriente.  En general fue seco también por segunda vez en la provincia de Oriente y, sin embargo, en la región del Cauto en algunos puntos llovió como hacía muchos años que no llovía.  Pero la sequía se había ensañado especialmente con esta región de la zona sur y con algunas partes de la provincia de Oriente.  Nunca ese charquito de Charco Mono había estado tan seco.
Y Guillermo decía: Dos años que no quiere llover y hoy va a haber un aguacero. 
Estábamos preocupados por ustedes. Posiblemente unos cuantos se “chubasquearon” (EXCLAMACIONES) porque venían marchando, o casi todos, dicen ustedes (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”).  Pero en medio de todo el compañero Guillermo estaba contento y decía:  Este es un buen síntoma, este es un buen síntoma de que en diciembre pudiera estar lloviendo por esta zona de Santiago de Cuba; y tal vez significa que después de dos años de sequía tengamos un año mejor de lluvia en 1969. 
Sin embargo, debemos tener en cuenta que para los planes de la zafra de los 10 millones se ha calculado un año seco; no se cuenta con un año lluvioso.  Si el año es lluvioso, entonces no se podrá moler de ninguna manera toda la caña, pero el trabajo grande en represa, embalses, perforaciones de pozos ha ido a una velocidad tremenda, y las áreas sembradas, la fertilización, todo se ha hecho teniendo en cuenta la posibilidad de un año seco. 
Pero, en fin, llovió, se mojaron ustedes; lamentablemente no tuvimos chance de mojarnos nosotros también, y el acto se está efectuando sin mucho calor, sin mucho frío, como no sea el calor del entusiasmo de los jóvenes santiagueros y el calor de las palabras del compañero que habló en nombre de todos ustedes. 
Estamos viviendo cada vez más una época que es, por encima de toda época, de intenso trabajo.  No es época principalmente de palabras.  En los primeros tiempos de la Revolución había muchas palabras y poco trabajo; en los últimos tiempos de la Revolución hay cada vez menos palabras y más trabajo.  No quiere decir que no hiciera falta la palabra.  Quizás en los primeros tiempos de la Revolución la palabra ayudó a esclarecer nuestras ideas. 
Es cierto que los revolucionarios empezamos siendo primero que nada revolucionarios teóricos, revolucionarios verbales y revolucionarios abstractos.  Si cada uno de nosotros analizáramos cuánto sabíamos de revolución hace doce, diez, ocho años, podríamos percatarnos de cuánto hemos ido adquiriendo la real noción de lo que una revolución es; y cuánto en la primera fase de la Revolución son las ideas abstractas, la teoría, ciertas concepciones que todavía no han realizado la prueba de la realidad.  Y, sin embargo, cuán lejos todavía un pueblo en su primera fase de revolución, lleno de entusiasmo, lleno de ardor, estaba distante todavía de ser un pueblo verdaderamente revolucionario. 
Ya el pueblo de hoy, el pueblo que se moviliza incesantemente, entregado al trabajo, entregado al estudio, entregado a construir el país, ese pueblo que solo en la provincia de Oriente movilizó en el día de ayer y en el día de hoy más de 70 000 personas, y se veían por las carreteras las interminables caravanas de hombres y mujeres regresando de las tareas con un evidente optimismo y una gran confianza ante la obra que se palpa y ante los resultados que se comienzan a ver...  Es sin duda esta provincia de Oriente —como le decíamos al compañero Guillermo— una provincia virgen, que tiene las ventajas de ser una provincia virgen, a la vez que las desventajas de haber sido siempre una de las provincias, una de las regiones más olvidadas y abandonadas del país y, por tanto, una de las regiones más subdesarrolladas. 
Y no fue poco el esfuerzo que la población de esta región ha realizado a lo largo de la historia del país.  Y sin ningún riesgo de que el regionalismo —esa ridícula manía que tienen en algunas ocasiones muchos pueblos, o ese ridículo sentimiento que ha sido a veces fomentado— tenga el menor peligro de que se pueda suscitar en esta provincia, porque la Revolución misma ha ido barriendo esas ideas localistas, estrechas y absurdas, hay que decir que la participación de esta región fue considerable en el proceso de una historia que todos conocemos. 
Pero a la vez en esta región se acumuló la pobreza, se acumuló —más que en ninguna otra región del país— el atraso económico, la ignorancia, la falta de desarrollo, de manera que ni siquiera comunicaciones tenía esta provincia. 
Pensamos que, por ejemplo, en las montañas de la Sierra Maestra  —sin contar las regiones de Baracoa y del Segundo Frente— vivían unas 300 000 personas. Y esa inmensa comunidad de 300 000 personas, donde un porcentaje elevadísimo no sabía leer ni escribir, para servicio de esas 300 000 personas no había un solo camino.  Es decir, 300 000 personas sin un solo camino, 300 000 personas sin un solo hospital,  300 000 personas —es decir, madres, niños, trabajadores— que no tenían un solo médico. 
Eso parece realmente absurdo. Cómo podría llamarse nación a aquello, pueblo a aquello, sociedad humana a aquello. Y si había algunas escuelas era propiamente en la periferia, si acaso, de la Sierra Maestra. Y la situación era similar en Baracoa, en Mayarí Arriba, en el Realengo 18, y en todas esas innumerables localidades de las montañas de Oriente, donde habría —calculamos— cerca de un millón de personas sin un camino, sin un médico, sin una escuela.  Lógicamente tenía que acumularse la ignorancia, el atraso, la pobreza, porque todo esto iba unido naturalmente al subdesarrollo económico del país. 
Sin embargo, en esta provincia tenemos aproximadamente la tercera parte de la población de Cuba; en esta provincia tenemos las más grandes riquezas minerales de este país; en esta provincia tenemos grandes áreas de magníficas tierras, variadas tierras, que van desde el tipo de tierra y de microclima como la región de Yateras, Imías, donde puede crecer  —digamos— la uva, hasta regiones como las de las proximidades de Guantánamo donde la caña llega a rendir a veces hasta el 15% y el 16% de azúcar; enormes áreas cruzadas por numerosos ríos, como la cuenca del Cauto, donde había tierras suficientes para abastecer, por ejemplo, de arroz a todo el país; más de 100 000 caballerías de montañas destruidas por la erosión, sin bosques ya, donde existe la posibilidad potencial de crear una enorme riqueza maderera para tantas necesidades y usos que tiene actualmente la madera.  Se encuentran también las mayores reservas de níquel del mundo; posibilidades potenciales enormes de agua, puesto que todas las regiones llanas prácticamente pueden ser irrigadas, recogiendo el agua de los ríos que bajan de las montañas. Y, además, la población de esta provincia, siempre entusiasta, siempre fervorosamente revolucionaria y patriótica a través de la historia, de casi 3 millones de personas. 
Este breve y general examen de las características de esta provincia tiene el objetivo de resaltar el enorme significado que la educación tiene no solo para todo el país sino de manera muy especial para esta provincia de Oriente.  Y la importancia que tiene el hecho de que en el día de hoy se efectúe la más numerosa graduación que ha tenido lugar en esta universidad. 
Es necesario que nos percatemos de la importancia que esto tiene, y del significado que tiene la educación, la universidad, los preuniversitarios, los tecnológicos, las secundarias; la importancia que tiene para nuestro país —y dentro de nuestro país para esta provincia— esta graduación y el desarrollo que debe alcanzar la educación. 
Porque estas razones no solo se relacionan con el desarrollo de esta provincia y el desarrollo de la Revolución, sino que se relacionan con los problemas más trascendentales del mundo actual. 
Es posible que si nosotros llegamos a captar la verdadera dimensión de esa importancia, ello pueda contribuir a que cada hombre joven y cada persona que en este país se acerca a un libro, pueda ver el significado y la importancia que tiene el libro y el estudio. 
Con relación a la graduación de cientos de estudiantes en el día de hoy, es bueno ver cuánto ha significado, en primer lugar, de progreso con relación a la Universidad de Oriente.  En el año 1947-1948, 147 ingresos; en el año 1949, 384 —todavía no había graduados—; en 1951-1952, matrícula inicial, 542; los primeros graduados fueron ocho en el año 1952; ya 77 en 1953; 83 en 1954; 50 en 1956...  Voy a decir el último año:  en 1957, 83; en 1958 no aparece nadie graduado aquí; en 1959, 40; en 1960 ya había, matrícula inicial, 1 906 y 198 graduados. 
Así crece progresivamente hasta el año actual, hasta el último curso en que la matrícula inicial fue de 5 707 estudiantes y ya de 457 graduados. 
Ahora nos reímos de que en un año se graduaron ocho, y algún día nos reiremos de que en un año se hayan graduado 457; casi nos asombramos de que se hayan matriculado inicialmente en este curso 5 707, y en el futuro nos asombraremos de esta cifra cuando realmente los matriculados en las universidades se hayan de contar en esta provincia por decenas y decenas de miles, hasta el día en que prácticamente toda la población nueva realice estudios superiores.  Esto constituirá un especial fenómeno que traerá como consecuencia la desaparición de las universidades. 
Ustedes han oído hablar, los estudiantes, los trabajadores, en algunas conferencias políticas han oído hablar de la dialéctica, del desarrollo de las instituciones y de los procesos.  Y un buen ejemplo dialéctico es este: el desarrollo de las universidades conduce a la desaparición de las universidades; es decir, el propio desarrollo máximo de la institución conducirá a su desaparición. 
Esto no es un juego de palabras, esto no es una broma, esto es una realidad y tiene su explicación, de la cual hablaremos un poquitico más tarde. 
Pero creo que las cifras nos dan una idea ya del progreso, nos permite reírnos casi a carcajadas del año en que se graduaron ocho y nos advierte que algún día nos reiremos más todavía del año en que se graduaron los que se gradúan hoy.  No nos reiremos de los graduados, sino del número de los graduados. 
Bien, esto es verdaderamente un pequeño avance.  Hemos avanzado un milímetro. 
Estudiantes totales —porque aquí están las matrículas iniciales— que tiene la Universidad de Oriente son ahora, en este momento, 3 930, de los cuales 2 829 son becarios y 1 101 son externos.  Esto también implica un pequeño avance. 
La posibilidad de que casi 3 000 jóvenes de Oriente, en su propia provincia, puedan asistir como becarios a esta universidad es un pequeño avance con relación a la época en que no había ningún becario, en que prácticamente un estudiante para poder realizar estos estudios, un joven de esta provincia, quién sabe cuántos trabajos habría tenido que pasar, y habría sido algo verdaderamente asequible solo a una minoría de familias privilegiadas, que lo mismo habrían podido mandar al hijo a esta universidad, que a la de La Habana, que a Estados Unidos, que a Europa.  Pero también constituye un pequeño avance. 
Esta es la situación en nuestra Universidad de Oriente.  Por aquí están las materias, los que se gradúan: ingeniería mecánica, 11; eléctrica, 18; química, 19; geología, 12; médicos, 96; estomatólogos, 20; licenciatura en química, 6; licenciatura en economía, 62; contador público, 11.  Después está la preparación obrero-campesina, las distintas seccionales. 
En fin, tenemos 11 ingenieros mecánicos más, 18 eléctricos, químicos 19; en fin, ya empezamos a ver que lo que tenemos realmente son poquitos, ya no nos asombramos tanto y empezamos a ver que realmente son pocos; un número más alto de médicos. 
Con la cuestión de la medicina se hizo un especial esfuerzo hace algunos años.  Fue necesario preservar las organizaciones médicas frente al éxodo promovido por el imperialismo, que intentó dejar a este país sin médicos.  Y realmente esa escaramuza —porque al lado de la Revolución cada una de esas luchas son algo así como escaramuzas— ha sido ganada por la Revolución puesto que ya se gradúan casi 1 000 médicos por año, ya incluso empieza a producirse el ingreso en especialidades de los recién graduados, y en el futuro ya la medicina rural tendrá ya no solo el médico general recién graduado, sino tendrá los especialistas; porque un buen número de graduados pasa ahora a realizar estudios de una especialización determinada. 
Y eso, desde luego, es un pequeño avance, otro pequeño avance.  Si ustedes quieren, le podríamos llamar un poquito de mayor avance por la importancia que tiene el hecho de que ya esas montañas, esas comunidades de la Sierra Maestra de 300 000 personas sin un médico, esas comunidades de casi un millón de personas en las montañas sin un médico —y sin un médico estaban también los campesinos en el llano—, puedan tener ya no solo decenas de hospitales con los médicos, sino ya de hospitales con médicos y los servicios de distintas especialidades.  Ya no será el servicio de la medicina general, sino el servicio de especialistas. 
Y eso, lógicamente, si se compara el cero absoluto con lo que eso significa, es un avance y una batalla ganada y una gran satisfacción de la Revolución poder decir que está graduando unos 1 000 médicos por año, de médicos que ya ninguno va a trabajar por su cuenta ni a levantar un chinchal; es decir, la sociedad le brinda posibilidades diferentes, posibilidades nuevas de las que le brindaba al médico para el futuro, que era el desempleo, la búsqueda de un puestecito en un municipio. ¿Cómo le llamaban a ese lugar donde iban? Ya no me acuerdo. A la Casa de Socorros.  O buscar cómo abrirse paso con 1 000 trabajos, dando lugar a la enorme concentración de médicos que había, por ejemplo, en la capital. 
Ya los jóvenes que se gradúan de médicos pueden escoger la especialidad, tienen la posibilidad de hacerse especialistas, ya saben cuál es su trabajo.  Y en fin, esto permite una distribución de los médicos según las necesidades de la población y significa la solución, cada vez en cantidad y en calidad superiores, del problema de la asistencia médica de nuestro pueblo, y que aquel criminal intento de privar al país de médicos —cosa de imperialistas— haya fracasado, y tengamos cada vez estudiantes con una mejor preparación, profesores con una mayor experiencia.  Y, desde luego, los que ingresen en los años sucesivos cada vez deberán tener una preparación básica superior. 
En algunas ramas de la ciencia y de la técnica hemos avanzado más que en otras, y las necesidades en el campo de la industria, de la ingeniería mecánica, eléctrica, química, en fin, en todas esas especialidades, las necesidades son muy grandes y estamos realmente lejos de satisfacerlas o de poderlas satisfacer en estos instantes. 
En cuanto a la situación de la enseñanza general, hay aquí algunos datos que nos dan alguna luz acerca de las perspectivas de la universidad.  
En esta provincia tenemos —estudiantes de primaria sin contar las montañas— 424 000 estudiantes; con las montañas 110 000 más, que hacen un total de 532 377 estudiantes de primaria. Y no se cuentan un buen número de miles de jóvenes de primaria que están estudiando fuera de la provincia, en la escuela Primero de Mayo y otras escuelas, que hacen un total de casi 550 000 estudiantes de primaria de la provincia de Oriente. 
Esto significa algo más de medio millón. Y posiblemente todavía falten algunos que, por problemas de incomunicación y deficiencias todavía en nuestros medios y recursos educacionales, no se hayan inscrito posiblemente a principios de curso. Esto significa que la provincia tiene aproximadamente entre 550 000 y 600 000 niños o jóvenes en la enseñanza primaria. 
Es conocido el propósito de la Revolución de hacer la enseñanza obligatoria en todos los niños y jóvenes hasta el preuniversitario. Y, desde luego, es imperioso para el país.  Esto no es un capricho de nadie, sino una imperiosa necesidad de nuestro pueblo.  Esa es una medida que será discutida con todos los trabajadores del país, a fin de que el pueblo capte, comprenda y vea con toda claridad la importancia que tiene esa política en la educación. 
De manera que ya tenemos en primaria unos 550 000.  En secundaria tenemos 36 712, en preuniversitario 2 471 —es casi una pena—, y en tecnológicos 5 311; educación obrera y campesina 100 000.  Pero limitándonos a secundaria, preuniversitario y tecnológicos, tenemos algo más de 40 000 en el nivel medio.  Ahora, 40 000, un poco más.  Esto no es nada.  Una simple proyección:  teniendo en cuenta el enorme número de los que están en primaria, llegará el momento en que esta provincia tenga en la enseñanza media y superior no menos de 200 000 estudiantes, en la enseñanza media y superior. 
Claro, esto significa que tenemos que hacer grandes esfuerzos.  Significa que todo el país tendrá, solo en la enseñanza secundaria, o si se quiere enseñanza media, en el año 1975, unos 800 000 estudiantes. Porque es que no puede concebirse, no puede permitirse, atentaría contra los intereses más fundamentales de nuestro pueblo, el hecho de que alguien que no estuviera mentalmente incapacitado —y esos casos son las excepciones— abandonara la escuela, se quedara con un nivel de primaria, se quedara con un nivel incluso de secundaria. 
Porque debemos decir que, si ser analfabeto en 1959 era no saber leer ni escribir, en el año de 1980, por ejemplo —es decir, dentro de once años y un mes o menos de un mes—, ser simplemente graduado de secundaria básica equivaldrá a un analfabeto. 
En la sociedad del futuro, en el mundo del futuro, se plantea a las colectividades humanas, y más aún a una colectividad como la nuestra, que sufrió el proceso histórico de siglos de coloniaje y de explotación, y que acumuló siglos de retraso, se plantea un reto tremendo si es que queremos jugar un papel decoroso en el mundo, ocupar un papel decoroso en el mundo, ser acreedores a un mínimo de respeto en el mundo, ser acreedores a la libertad, ser acreedores prácticamente a la existencia. 
Y, por tanto, es de suponer que logremos la aspiración de que se convierta en realidad —no simplemente en ley— el estudio hasta la preuniversitaria, y que llamaremos estudio obligatorio, y un día no habrá que llamarlo obligatorio.  Porque algo que se desprende de manera tan clara y esencial de las realidades, deja de ser una obligación para ser una necesidad. 
Entonces, cuando sean cientos de miles los de los niveles medios, los estudiantes de niveles universitarios llegarán a ser también cientos de miles. 
Y como tendrá que estudiar en el futuro toda la sociedad —y para que nadie se asuste:  hablamos de la sociedad del futuro, hablamos de los de primaria hoy, de los de secundaria hoy—, tendrán que estudiar y estudiar siempre, y el estudio como el trabajo formará parte de la actividad cotidiana de todo ser humano y dejará de ser —como el trabajo lo fue en el pasado y el estudio lo fue en el pasado muchas veces— una actividad sin sentido y sin objetivo y, sobre todo, sin fruto; dejará de ser obligación, dejará de ser carga, para ser actividad que gustosamente cada ser humano realice diariamente. 
Y en la medida en que el trabajo físico disminuya —por imperio precisamente del dominio de la técnica— el trabajo intelectual, la necesidad del trabajo intelectual, la necesidad de estudiar, de comprender, de investigar, de realizar nuevos avances será cada vez mayor. De manera que en la sociedad del futuro el trabajo propiamente físico irá disminuyendo progresivamente y el trabajo intelectual irá a su vez creciendo. 
Y llegará un día en que la sociedad necesite practicar el deporte intensivamente, puesto que no es posible concebir que un conglomerado humano vaya paulatinamente convirtiéndose todo él en simples trabajadores intelectuales.  Y será necesario ejercitar los músculos conjuntamente con la inteligencia. 
Y, lógicamente, cuando todavía en este país hay que cortar decenas de millones de arrobas de caña diariamente como requisito de la economía, y hay que estar cortando 40 o 50 millones de arrobas diarias a mano con un machete, es ocioso hablar de las actividades físicas, porque esa resulta una actividad física realmente agotadora y deja poco espacio para la actividad intelectual.  Pero llegará el día en que la sociedad empiece incluso a echar de menos a ese trabajo físico y tenga que ser sustituido por otras actividades de carácter físico. 
Estos no son sueños, no son utopías, son hechos perfectamente perceptibles e incluso no en un plazo lejano.  Es decir, relativamente en un plazo breve. 
Y les decía que llegará pues esa fase del desarrollo de nuestro pueblo en que el trabajo intelectual se desarrolle más y más y el estudio se convierta en una actividad general de toda la sociedad y constante de toda la sociedad. Incluso hoy día el médico, el ingeniero que se pase cinco años sin abrir un libro se quedaría increíblemente rezagado con relación a la cantidad de nuevos descubrimientos, nuevas técnicas y nuevos hechos que caracterizan a este período de increíble revolución en la ciencia y en la técnica. De manera que cinco años sin informarse, cinco años sin estudiar equivaldría a quedarse subdesarrollado en esa rama. 
Los hombres más eminentes, más destacados por sus conocimientos son hombres que tienen que dedicar todos los días una parte del tiempo a estudiar.  No porque tengan 15 años sino aunque tengan 70 años. 
De manera que las ideas, los conceptos tienen que ir cambiando, porque no somos muchas veces capaces de imaginarnos cómo influyen los viejos conceptos, los viejos esquemas, las viejas costumbres en nosotros. Y todas esas ideas tendrán que desaparecer. Porque si van a desaparecer las universidades es justo que también algunas cosas que no son tan útiles como las universidades desaparezcan. 
Y a propósito de esa desaparición de las universidades, ¿qué significa eso? El día en que sean cientos de miles de jóvenes los que arriban ya a un nivel de conocimientos de preuniversitario, graduados en los institutos tecnológicos —días atrás en ocasión de una escuela que se inauguraba decíamos que debíamos suprimir en el futuro la palabra preuniversitarios y tener institutos tecnológicos de ciencia, para que no parezca esa división un poco artificial entre un tipo de estudiantes y otros, y tengamos los institutos tecnológicos de ciencia, que es donde se estudian aquellas materias que son necesarias para algún ulterior estudio: institutos tecnológicos agrícolas, industriales, etcétera—, cuando sean cientos de miles, entonces todos esos jóvenes ya con una capacitación técnica pasarán a las actividades productivas.  No se puede concebir universidades con cientos de miles de estudiantes en que toda la masa... Esa concepción impediría el ulterior desarrollo de toda esa masa, porque no podría prescindir la sociedad de esa masa que ha adquirido ya, después de un buen número de años de estudio, una capacitación profesional. Y prácticamente todo joven marchará a la producción ya con esa capacitación adquirida. 
Quedarán algunas actividades muy excepcionales en que se requieran algunos estudios superiores. Algunos dicen, por ejemplo, el estudiante de medicina. Pero las escuelas de medicina se organizarán alrededor de los hospitales, y también esos jóvenes empezarán a realizar desde bastante temprano, a la vez que hacen sus estudios básicos, algunas prácticas, algunas experiencias, alguna familiarización con su trabajo y algunos servicios. 
Los de pedagogía estarán enseñando en los tecnológicos y realizando estudios superiores. La propia necesidad nos obligó a hacer esto. Graduados de bachillerato que iban a estudiar agronomía, pero tenían que dar clases en un tecnológico y allí constituyeron su colectivo de estudio con sus programas y sus maestros, que les daban clases allí en el tecnológico, se iban a examinar a la universidad. 
Actualmente tenemos estudiantes de arquitectura en algunos de los puestos de mando agrícolas estudiando allí y trabajando ya en la planificación física. Estudiantes de ingeniería civil en las montañas de Pinar del Río estudiando el terraceo de las montañas. Allí participan en el trabajo de planificación y organización de aquel trabajo, y los profesores allí les dan clases. 
Claro, ahí tiene que ir un profesor porque no hay nadie en ese lugar que tenga un nivel superior.  En el futuro en cada central azucarero, en cada industria minera, por ejemplo, química, textil, de cualquier tipo, en cada industria eléctrica, en cada industria agrícola —y cuando hablamos de industria agrícola hablamos de una agricultura que será altamente especializada y tecnificada, con el empleo racional óptimo de la tierra, de acuerdo a las necesidades llamadas a satisfacer y a sus características físicas—, llegará el día en que existan contingentes de hombres con notables conocimientos que no requieran que en una zona cañera tenga que ir un profesor de la escuela de economía a enseñar, porque todos los graduados de un instituto tecnológico agrícola estarán allí precedidos por decenas y decenas de jóvenes que hicieron esos estudios, los estudios superiores, y reunirán además una larga experiencia.
De manera que en el futuro prácticamente cada fábrica, cada zona agrícola, cada hospital, cada escuela, será una universidad. Y los graduados de los niveles medios seguirán realizando los estudios superiores. ¿Y qué serán las actuales universidades? ¿Es que vamos a liquidar estos edificios, estas instituciones? Ya no serán las actuales universidades, ya no serán lo que son hoy.  En ese sentido habrá desaparecido, y quedarán entonces centros superiores de estudios para posgraduados; de manera que grupos de médicos ya muy seleccionados, ese será el nivel en que por sus excepcionales características realicen cursos superiores de posgraduados en estos centros que hoy se llaman universidades el día en que toda la actividad productiva del país se convierta en la escuela diaria, en la escuela perfecta de cada uno de los miembros de la colectividad. 
Hoy, alrededor de un gran taller puede hacerse un instituto tecnológico; pero en el futuro, cuando toda esa enorme masa haya arribado a ese nivel, donde esté un instituto tecnológico habrá una facultad obrera, allí al lado de la fábrica, al lado de una industria eléctrica, al lado de una industria química, al lado de una industria metalúrgica, donde los obreros —ya con su nivel de tecnológico y como trabajadores de allí—tendrán su tiempo de trabajo y el tiempo correspondiente, a determinadas horas del día, en que allí, al lado de la fábrica, vayan a recibir algunas enseñanzas teóricas o prácticas por personas calificadas, que también formarán parte del personal técnico de esa industria. 
Es así como concebimos el desarrollo ulterior de todo este proceso educacional, de la misma manera que será el resultado de la concepción de la educación en los niveles medios, y todo esto relacionado con los planes de manera que el joven desde que esté en la secundaria empiece a realizar ya algunas actividades productivas. 
En el futuro las escuelas secundarias estarán distribuidas por todo el país, y ya los jóvenes... Ya no será la escuela al campo de hoy, que van 45 días; ya será la escuela en el campo.  ¡No la escuela al campo sino la escuela en el campo!  (APLAUSOS.) 
En ese sentido, el trabajo será fundamentalmente pedagógico, pero no será trabajo improductivo, porque hay muchas actividades que pueden ser realizadas por los jóvenes, que no son trabajos duros, y entonces se llegará a establecer el ideal proclamado por todos los pedagogos más eminentes y los pedagogos más avanzados de que, en la formación del hombre, desde la más temprana edad las actividades productivas vayan unidas a las actividades educacionales. 
Después, el problema de la enseñanza militar será parte también de la indispensable formación en las condiciones de nuestro país de la enseñanza tecnológica. De manera que hombres y mujeres recibirán, cuando ingresan en el tecnológico, la preparación militar correspondiente, y no existirá lo que existe hoy: que todavía hay en parte una separación entre el joven que va al Servicio y el joven que va a un centro de estudios.  Ya será el mismo joven. 
Desde luego que todo esto es posible únicamente como consecuencia del desarrollo de la Revolución, de la desaparición de los privilegios, de la desaparición de las clases progresivamente; de manera que será consecuencia de tener realmente un solo pueblo, una verdadera igualdad de derecho de todos los ciudadanos, una verdadera igualdad de perspectivas ante la vida, una verdadera igualdad también en las obligaciones y en los deberes para con toda la sociedad. Y será el resultado también de las riquezas que vamos creando con increíble esfuerzo en estos años, porque puede decirse verdaderamente que ya nuestro pueblo va realizando algunos esfuerzos de consideración, algunos esfuerzos verdaderamente notables. 
Así, esto nos da una idea de todo lo que tenemos que trabajar, no solo en el campo del desarrollo económico sino también en el campo de la educación y del desarrollo social.  Cualquier escuela bien hecha...  No todavía esa escuelita que queda por ahí, que da lástima; esa escuelita solitaria, un bohío muchas veces, donde no hay condiciones de nada, donde un maestro tiene que dar clases a seis grados, donde no hay un campo deportivo, donde no hay ni siquiera los servicios elementales, donde no tienen posibilidad de recibir el almuerzo, la alimentación, donde prácticamente no hay nada. Ya concebimos un tipo de escuela primaria que no se parece en nada a esa clásica escuela aislada, solitaria, pobre y desteñida del campo. 
Y, naturalmente, necesitamos miles de escuelas, donde ya sea de verdad una escuela, donde ya la enseñanza sea especializada incluso en la primaria, por áreas: estudios de matemática —por ejemplo—, de biología, por personal especializado y, desde luego, con todas las comodidades, toda la base material de estudios, para que se pueda desde muy temprano dar una verdadera enseñanza. Porque todas las lagunas de la enseñanza primaria se perciben luego en la secundaria, y las lagunas de la secundaria en la preuniversitaria, y las de la preuniversitaria en la universitaria y después en la vida general del país y en todos los campos de la actividad y de la inteligencia. 
Y nosotros tenemos que no descansar en el esfuerzo de crear los medios y acopiar los recursos para hacer que la calidad de esa enseñanza se mejore incesantemente y llegue a adquirir la calidad que necesita nuestro país para el futuro. Habrá que hacer muchas construcciones: para escuelas primarias, para escuelas secundarias, para tecnológicos, y esas construcciones hacerlas al lado de todas las construcciones sociales:  hospitales, caminos e industrias, además de todas las instalaciones que necesitan las ciudades, y las viviendas —que es un problema tremendamente serio todavía en el día de hoy. 
Creo que para cualquier ciudadano que ya se preocupe de su país  —y yo no creo que quede ningún ciudadano que pueda vivir despreocupado de su país—, porque vivimos por primera vez las circunstancias de que en el país se trabaja para todos, se construye un país para todos, y en las circunstancias en que por primera vez todo nos interesa a todos.  Y cualquier cosa buena que se haga nos beneficia a todos, y cualquier cosa buena que deje de hacerse nos perjudica a todos, y cualquier cosa mala que se haga en cualquier rincón del país nos afecta a todos.  Ya no es el caso del campesino en la cúspide de una loma, olvidado del mundo, abandonado a su suerte, que podía decir: “A mí nada me importa, porque nada que ocurre me afecta ni me beneficia, ni bueno ni malo.”  En la vieja sociedad se podía concebir al hombre aislado, como un lobo, enemigo de todos; él enemigo de todos y todos enemigos de él, como era propiamente aquella sociedad de la explotación, donde los egoísmos y los individualismos se exacerbaban, como si pudiera haber en el mundo de hoy individuo que por sí mismo pueda en todo depender de sí mismo. Apenas sale de su casa empieza a necesitar de todo el mundo, desde el que lo transporta hasta el que lo calza y lo viste, lo atiende, lo distrae.  Y en fin, no hay ciudadano hoy que pueda vivir en el mundo como vivía un siervo de la gleba en la edad media.  Hoy un ciudadano en nuestro país es evidente que necesita de todos. 
En la sociedad capitalista también necesitaba de muchos. Pero ¿de qué forma? Era la concepción de que todo el mundo quería reventar a todo el mundo.  Todo el mundo estaba en disposición, además, de reventar a todo el mundo, y era una lucha entre los que querían reventar a los demás y el que no quería dejarse reventar y quería reventar a los otros. 
No puedo expresar más gráficamente aquella realidad. No sé si los compañeros jóvenes puedan percibirlo si no han tenido aquella experiencia, pero me parece que es una cosa que intelectualmente, aunque no se haya vivido la experiencia, se puede percibir.  No es esa, ni podrá ser ya jamás, la vida de un hombre. La fuerza del hombre está en la fuerza de toda la sociedad.  Hay que construir una enorme presa para que haya arroz, para que haya alimentos, para que haya leche, para que haya carne, para que haya ropa, para que haya zapatos...  ¿Quién va a construir él solo la enorme presa?  Hace falta una enorme red eléctrica para que todo camine, desde la luz cuando la enciende cualquiera hasta un ventilador.  Y tiene que estar el hombre usando todas sus fuerzas para construir lo que necesita para vivir hoy; y miles de hombres investigando sobre la medicina para garantizarle la salud.  ¡Un hombre solo no es nada!  La realidad objetiva del progreso humano le impone al hombre la necesidad de la fuerza de toda la sociedad como única condición del progreso. 
Y en las sociedades capitalistas esas fuerzas chocan; las fuerzas de las sociedades están hipotecadas en los conflictos de clase y en los intereses antagónicos.  Una revolución socialista, una revolución moderna significa precisamente la supresión de todos los antagonismos de intereses, la supresión de todos esos factores que diferencian a los hombres, para unir la fuerza de todos los hombres y mujeres de una sociedad.  Y desde luego, está ocioso decir:  por lo general cuando hablamos y decimos “el hombre”, nos referimos al género humano. 
Pero es la fuerza de toda la sociedad, sin antagonismos y sin conflictos, avanzando en una dirección determinada.  Y es ese privilegio el que tiene hoy nuestro pueblo, es esa extraordinaria posibilidad, y es eso precisamente lo que nos permite el increíble avance, las enormes tareas que en estos momentos estamos realizando y cuyos frutos ya van a estar realmente muy cerca.  Las cifras, los hechos ya de lo que se está realizando, la magnitud de las tareas, solo eran posibles únicamente en esas condiciones.  Se ha logrado reunir esa fuerza de todo el pueblo, se ha logrado organización, se ha logrado experiencia.  Porque esa fuerza no solo es necesario disponer de ella, sino que debe ser orientada y dirigida de la mejor forma, en el sentido más acertado. Y nuestro pueblo hoy cuenta con esa enorme fuerza, con esa extraordinaria oportunidad. Es la oportunidad de hacer su futuro, es la oportunidad de alcanzar los objetivos que se proponga, por primera vez en nuestra historia, y uno de los pocos pueblos que ha tenido en el mundo esa oportunidad, único pueblo en este continente que tiene esa oportunidad. 
Gracias a esa oportunidad hemos logrado los pequeños avances de que hablábamos antes:  el número de estudiantes en esta universidad, de graduados, el número de estudiantes en las secundarias, el número de estudiantes en las primarias; gracias a esa oportunidad tenemos ya prácticamente a toda la población infantil y juvenil del país con la posibilidad de ir a la escuela; gracias a esa oportunidad pues tenemos solamente en esta provincia unos 15 000 maestros de primaria, frente a unos 4 000 o 5 000 tal vez, incluyendo a todos los “botelleros”, que no daban clases, del pasado; gracias a eso ya tenemos en la enseñanza primaria 1 450 000 niños; gracias a eso podemos ver claramente que a la vuelta de algunos años los estudiantes de nivel medio serán cientos de miles; gracias a eso vemos claramente que a la vuelta de algunos años los graduados de nivel medio serán cientos de miles; gracias a eso ya vemos claro cómo el desenvolvimiento natural de este proceso nos conducirá al momento en que los estudiantes de niveles universitarios serán cientos de miles, en que toda la sociedad estudiará. 
Y eso si lo comparamos con lo que había, si lo comparamos con un 30% de analfabetos, si lo comparamos con las ridículas cifras de técnicos profesionales que tenía este país, vemos que ya en ese solo campo hay una enorme posibilidad, gracias al esfuerzo de la fuerza unida del pueblo. 
¿Y qué significará para un país esto, si la ignorancia la vemos por todas partes, si los nefastos resultados de la ignorancia los vemos cada día, cada hora, cada minuto, cada segundo, en todas partes? Si hay algo omnipresente en un país que ha tenido que vivir siglos de coloniaje y de atraso, si hay algo omnipresente eso es la ignorancia; si hay algo desalentador, si hay algo doloroso es la ignorancia. 
Muchos atribuyen a otros mala fe donde en la mayor parte de los casos lo que hay es ignorancia. 
¿Y qué es la ignorancia? Ese lastre que traemos detrás, que nos sale por todas partes.  Si se trata de una máquina nueva, es porque nos encontramos por primera vez con una máquina nueva; porque si nos entregan esa máquina, a los pocos días puede estar como un juguete de reyes el día 10 de enero. 
Todo el mundo ha tenido la experiencia de los juguetes de reyes, y no hay nadie que no lo haya desarmado, todo el que por lo menos alguna vez recibió un juguete, a los cuatro días. 
Hoy llegan las máquinas, y la ignorancia hace que algunos reciban una máquina sin saber ni tener la más remota idea de lo que es una máquina, de la atención que requiere, del tipo de mantenimiento, combustible, aceite, la infinidad de piezas y todos los detalles que tiene que revisar.  Y hay quienes andan con una máquina, se cayó un tornillo y lo puso al lado del asiento; sacó una tapa y la puso al lado del asiento; un acelerador que ya no es un acelerador, sino un alambre para sacar; una llave que se perdió y una conexión que se hace. Y cuando viene a ver, una máquina nueva de 20 000, de 25 000 pesos en divisas está convertida en un cacharro. Para poner un ejemplo, sin contar los innumerables disparates que la gente hace como resultado realmente de la falta de conocimientos. 
Nosotros, como hemos dicho en algunas ocasiones, hemos pasado del buey a la máquina, de la regadera de lata al equipo de riego por aspersión.  Y claro, no podemos prescindir del equipo de riego, de las motobombas, de todos esos sistemas mecanizados, si es que queremos tener el mínimo que necesitamos para satisfacer las necesidades de nuestro país. 
Ahora bien, ¿qué ocurre realmente hoy día ya? Como consecuencia del esfuerzo de la Revolución, del prestigio de la Revolución, de la confianza en el esfuerzo que la Revolución realiza, las posibilidades de inversión de nuestro país han crecido mucho.  Ya prácticamente las cantidades de máquinas que nosotros podemos adquirir son más que los barcos de que disponemos para traerlas. Ya el cuello de botella está en el transporte, en los muelles que tenemos para descargarlas y en los factores subjetivos en la explotación de esas máquinas, en los operadores de esos equipos, en los mantenedores de esos equipos, en los mecánicos de esos equipos. De manera que ya no está en la posibilidad de tener la máquina sino transportarla y explotarla. 
Al principio había unos cuantos operadores de equipos. Porque cuando había una motoniveladora o un tractor, había un tractorista y cien aspirantes a machacantes de tractorista; un camión, y cien aspirantes a machacantes del camión. 
Hoy día ya todos los que manejaban esos equipos y todos los aspirantes son muchos menos que las máquinas que disponemos.
En este país había al triunfo de la Revolución unos 7 000 tractores; en este momento hay más de 40 000 tractores. Claro, en este país había 300 000 automóviles. ¿Se imaginan qué cosa tan extraordinaria: 300 000 automóviles y 7 000 tractores? 
Un país sin caminos, sin agua, sin drenaje, con casi 8 millones de habitantes que tenían que calzarse, vestirse, alimentarse, alojarse bajo un techo, vivir. 
Claro, aquí venían los generales y los ministros y traían de contrabando los automóviles de uso que valían 200 pesos, 300 pesos. Y como para remate, eran automóviles americanos, que se caracterizan por la enorme cantidad de chatarra, la enorme cantidad de combustible que gastan, al revés de un automóvil europeo, cada uno de esos 300 000 automóviles significaba cientos de pesos en divisas por año, de gomas, de piezas de repuesto, de combustible. 
¡Trescientos mil automóviles y el único embalse que había en este país era el de Charco Mono!  Charco Mono tiene un simbolismo, una cualidad histórica:  Ese embalse seco que ustedes ven cuando van por la carretera, donde han crecido hasta árboles que están así ya del tiempo que no toma agua; ese embalse de Charco Mono —7 millones de metros cúbicos—, era el único embalse construido en 50 años de república. 
El Hanabanilla en construcción para fines hidráulicos, lo terminó la Revolución, y tendrá ahora que hacer todos los trabajos para ver cómo lleva el agua a zonas agrícolas.  Porque era negocio de una empresa para conseguir electricidad barata y venderla cara, bien, aprovechar la electricidad pero sobre todo aprovechar el agua. El agua rinde económicamente muchos más beneficios dedicada a la agricultura que de ninguna otra forma, en las condiciones de nuestro clima y de nuestro país. 
Pero en fin, si ustedes comparan, por ejemplo, este solo año se están haciendo embalses por el equivalente a no menos de 1 000 millones de metros cúbicos; en este período de noviembre a mayo, en seis meses, embalses para no menos de 1 000 millones de metros cúbicos, sin contar todas las perforaciones que se están haciendo para explotación de agua subterránea. 
Pero es el hecho: 300 000 automóviles y Charco Mono.  Y desde luego, corredores de carretera, velocistas, manejando esos carros, gastando gasolina, gomas y todo, a montones. 
¿Pero cuántos mecánicos de equipos automotrices? ¿Cuántos ingenieros, cuántos operadores de buldóceres, de aviones de fumigación, o de barcos de pesca? ¿Cuántos maquinistas de la marina mercante, cuántos oficiales, cuántos capitanes? ¿Cuántos operadores de motoniveladoras, de Trascavator, de cilindros, de grandes camiones, de grandes rastras?¿Cuántos operadores de combinadas de arroz o de algodón o de caña? ¿Cuántos?  ¿Cuántos mecánicos, cuántos torneros, cuántos ciudadanos capaces de hacer una sola de esas piezas? 
Claro, 500 000 obreros azucareros trabajaban 16 y 17 horas en la zafra, ganaban una miseria.  Este país cargaba en carretas unos 50 millones de toneladas de caña, caña por caña. ¡Cincuenta millones de toneladas de caña, caña por caña!, porque aquí no había una alzadora en este país. 
Sin embargo, cuando se producían cinco millones o cinco millones y medio de toneladas de azúcar había que cortar de 40 a 50 millones de toneladas de caña y caña a caña cargarla en las carretas.  Y ahora hay miles de alzadoras y habrá más.  En 1970 casi toda o prácticamente toda se alzará con alzadoras. 
Una parte de este país, los obreros cañeros y los campesinos cañeros, tenían que cortar y cargar todos los años cerca de 50 millones de toneladas de caña. ¡Cincuenta millones de toneladas de caña: cortarla machetazo a machetazo, cargarla caña a caña! 
Y esa era la riqueza que producía este país. Todo lo demás lo importaba. Esa era la fuente fundamental de divisas de este país:  con ese azúcar se pagaban los automóviles y las piezas de repuesto y las gomas y la gasolina y todos los lujos y todas las finuras de la minoría que podía disfrutar de ella, no solo burgueses sino muchas veces era la aristocracia obrera; el empleado de un trust con 300 pesos podía comprar el automóvil de uso a 250 pesos y gastar en gasolina y las demás cosas aunque pasara hambre, porque los había que por andar en automóvil pasaban hambre. 
Y entonces, ¿quién pagaba eso?  ¡Los quinientos mil obreros de la industria azucarera!  Y como para cortar en cuatro meses y cargar casi 50 millones de toneladas de caña hay que trabajar 16 y 17 horas diarias...  Algunos dicen: Hay gente que trabaja menos. Bueno, es lógico. ¿Quién en medio de una revolución, cuando empieza a resolver algunos de los problemas esenciales de la salud, de la educación, del trabajo, le puede pedir a nadie: sigue trabajando 17 horas ahí?  No tiene lógica.  Por eso muchas de las primeras máquinas no sirvieron tanto inicialmente para incrementar la producción como para aliviar las condiciones infrahumanas de trabajo a cientos de miles de obreros en este país, para que en vez de 17 pudieran trabajar diez o nueve u ocho horas. 
Claro que algunos se fueron más para abajo.  Son cosas lógicas de una primera etapa en que creía mucha gente que había conquistado el cielo y no la oportunidad de empezar a ascender el primer peldaño por la conquista de ese cielo.  Muchos creyeron, el 1ro de Enero de 1959, que habían entrado al mundo de la riqueza. Y donde habían entrado era en la oportunidad de empezar a crear —en medio del subdesarrollo, la pobreza, la ignorancia y la miseria— la riqueza y el bienestar del futuro.  
Y lógicamente algunos dijeron: Esta es hora de no hacer nada.  Pero esa no es la actitud hoy de la gente, ni mucho menos.  Esa no es la actitud de las decenas y cientos de miles de obreros que se han declarado “guerrilleros” y entonces trabajaban ocho y nueve y diez y en ocasiones doce y más horas, pero con un sentido muy diferente: para acelerar el paso hacia la solución definitiva de las necesidades del país, para ganar esa batalla a la pobreza, a la ignorancia y a la miseria que se acumuló durante tanto tiempo. 
Pero lógicamente —como les decía—, una parte, que era la peor pagada, la más pobre, la más abandonada, pagaba los 300 000 automóviles. Y esos que cortaban la caña no tenían ni un miserable camino, ni un miserable callejón muchas veces donde marchar a pie y descalzos y hambrientos.  Porque después de las 17 horas de la zafra venía el tiempo muerto en que no podían trabajar nada; otros seguían gastando combustible y todas las demás cosas.
Eso era:  todo el mundo con cartera de chofer, de Chevrolet, de Ford, de Cadillac y cosas por el estilo, ¿y cuántos técnicos, cuántos ingenieros, cuántos operadores de todos esos equipos que hoy necesitamos si queremos producir 10 millones de toneladas de azúcar? 
Y todavía de esos 10 millones una buena parte vamos a tener que hacerla con mucho trabajo físico, mientras aceleradamente construimos y adquirimos todas las máquinas para mecanizar toda la caña, de manera que los 80 o 90 millones de toneladas las cortemos y las alcemos todas con máquina —sin que sea únicamente el azúcar el renglón que se incrementa notablemente—, para lo cual se necesitarán 5 000 combinadas por lo menos, con sus operadores, con sus mecánicos.  Y muchas de ellas tendrán que ser construidas aquí por torneros, por obreros cubanos. 
Y el arroz necesitará ya 2 000 combinadas en 1970. Porque se habla mucho de caña, pero en arroz, el desarrollo de la agricultura arrocera marcha a millón, ¡a millón!—mucho más rápidamente de lo que algunos se imaginan—, resultado de todas esas caballerías que se han desmontado, esos canales que se están haciendo, esos embalses que se están construyendo, nuevas variedades altamente productivas que tienen tres veces más rendimiento.  Y hacen falta 2 000 combinadas arroceras para 1970.
Y hace falta a toda velocidad construir decenas y decenas de secaderos y de molinos, como ya a toda velocidad hay que estar construyendo pasteurizadoras en todas las provincias, al igual que a toda velocidad hay que estar ensanchando y ampliando los centrales.  Porque toda la industria traquetea prácticamente —los ferrocarriles, todo— por la magnitud del crecimiento acelerado que tendrá en estos próximos 24 meses la producción agrícola del país.  Miles de operadores de combinadas de caña, de combinadas de arroz, de tractoristas que tendrán que trabajar enormes extensiones para operar más de 50 000 tractores en 1970, los mecánicos, engrasadores, mantenedores, constructores de piezas para todo eso, para decenas de miles de camiones para transportar todo eso.  Creo que estas cifras por sí solas pueden servir para ilustrar la importancia que tiene la graduación de un ingeniero, la graduación de un técnico, la graduación de un ingeniero mecánico, la graduación de un ingeniero químico, la graduación de un ingeniero electricista. 
Los químicos, por ejemplo.  Se está construyendo la fábrica de fertilizantes de Cienfuegos, con capacidad de casi medio millón de toneladas; la de Nuevitas. 
Se han construido y se siguen construyendo termoeléctricas, se han construido y se siguen construyendo fábricas de cemento.  Se desarrolla la minería, se desarrolla la exploración y la perforación y producción de petróleo; se necesitarán nuevas refinerías. 
Y en fin, al lado de todo lo que tenemos que hacer en estos años, construir en estos años...  Porque no hemos hablado de construcción, y tendremos que construir todas esas fábricas, y tendremos que construir cientos de fábricas alimenticias, industrias de todo tipo para el procesamiento de los productos que vamos a tener de la agricultura, y cientos de talleres, y cientos de almacenes y depósitos, y puentes y carreteras, y más embalses y más construcciones de todo tipo, y las viviendas y las escuelas y los hospitales. 
¡Cuántos ingenieros civiles, cuántos ingenieros mecánicos, cuántos ingenieros químicos, cuántos economistas, cuántos agricultores, cuántos pedagogos y cuántos especialistas y gente preparada en todo esto para que nuestro país dé ese salto, para que nuestro país salga del hoyo del subdesarrollo y empiece a andar a un paso que tiene que ser cada vez más acelerado, que tiene que ser cada vez más rápido! 
Hoy nuestro problema es encontrar alguien que opere una combinada, un mecánico que la mantenga o la repare.  Verdaderamente que esto significa cuán pobres somos, cuán atrasados estamos. 
Precisamente en esta época, en el mes de diciembre de 1968, cuando ya, por ejemplo, la técnica se ha revolucionado de una manera increíble, cuando ya el hombre ha logrado extraer la energía del átomo, cuando ya el hombre ha logrado salir al espacio exterior, situar satélites en órbita, y cuando ya hay países que están ultimando los preparativos de enviar vehículos fuera de la Tierra, rodear la luna, e incluso aterrizar —y ya no será aterrizar—, alunizar allí, calculen ustedes cuántos problemas de electrónica, de matemática, de biología, de química, cuántos problemas energéticos para lanzar vehículos de toneladas a velocidades que permitan desprenderse ya de la órbita de la Tierra, desprenderse de la ley de la gravedad de la Tierra, para lo cual hace falta desarrollar velocidades de decenas de miles de kilómetros por hora; cuántos problemas de ingeniería, de mecánica, de metalurgia, de química, de energética, habrán tenido que resolver para lograr esos objetivos. 
Y he hablado de un campo, pero se puede hablar de todos los demás en forma similar. 
Y hoy nosotros todavía pensando cómo resolvemos el problema de un hombre que opere una combinada de arroz, de un mecánico que la mantenga, o alguien que se encarame en una motoniveladora, un buldócer, un cilindro, y no lo desbarate a los cinco minutos, o en un camión de 10 toneladas y sepa cuándo se acabó la gasolina, aunque solo sea eso. 
Creo, compañeros estudiantes orientales, que ustedes se darán cuenta de que en un mundo como este, un país pequeño como el nuestro, con siglos de atraso, si quiere tener derecho a formar parte de este mundo, a vivir con un mínimo de decencia, a vivir con libertad, a existir...  Porque a medida que algunos países se van delante y se alejan cada vez más, no podríamos decir que otros países progresan. 
Y a veces hemos dicho que nuestra cercanía a nuestros antecesores primitivos de los que se dice que procede el hombre, nuestra distancia hacia nuestros antecesores primitivos, los monos de las selvas, no se alarga sino se acerca. Porque en la medida en que los que van a la vanguardia se apartan más y más de nosotros, si antes estábamos en la mitad del camino, dentro de algún tiempo estaremos al 20% y relativamente nos iremos acercando más y más a nuestros antepasados irracionales.  ¿Por qué?  Porque ya la inteligencia, los conocimientos del hombre han ido avanzando a esa escala increíble. 
¿Y cuál será el porvenir de un pueblo que no domine la ciencia, que no domine la técnica, que no domine los procesos de producción más modernos, que no sea capaz de avanzar en las profundidades de esos conocimientos que se revolucionan y dominarlos? ¿Cuál será el porvenir de comunidades analfabetas? ¿Cuál será el porvenir de comunidades atrasadas? ¿Cuál será el papel de esas comunidades dentro de 20 o 30 años, a ese ritmo con que avanza hoy la ciencia y la técnica prácticamente como monopolio de otras comunidades humanas? 
Creo que estas cosas deben llevarnos a reflexionar, deben llevarnos a meditar, deben llevarnos a comprender la importancia que tiene una universidad, un instituto tecnológico, una escuela, un maestro, un técnico. 
Claro que nuestro país es, entre muchos países subdesarrollados, uno de los pocos que tiene el privilegio de haber alcanzado el control de su vida, el control de su propio destino, la oportunidad de empezar, para alejarnos rápidamente de aquel pasado de ignorancia casi absoluta y marchar por el camino de la ciencia y por el camino del progreso. Y para lograrlo, cuando se ha perdido tanto tiempo, cuando se ha salido de la ignorancia más completa, es necesario un esfuerzo muy grande. 
Y entonces aquí, frente a estos hechos, cobra sentido la idea de que estudiar no será una obligación, sino una necesidad: la más profunda, la más extraordinaria, la más verdadera, la más esencial necesidad de una comunidad como la nuestra. Ya no será, nadie podrá pensar que sea resultado del capricho de nadie, de la manía de nadie que se estudie, sino la más vital de las necesidades de un país. 
Y como estos son hechos, estas son realidades —y los hechos de los años futuros nos lo irán demostrando más y más—, un día como hoy, en que se reúnen miles de estudiantes de la región oriental, no creo que pueda haber algo más útil y más importante como es recalcar estas cosas y llamar la atención de los jóvenes acerca de estas realidades, invocar su sentido de la responsabilidad, su sentido del deber y, sobre todo, la necesidad que tiene nuestro pueblo de saltar etapas, de marchar aceleradamente, de recuperar el atraso de siglos, para tener el derecho a ocupar un lugar decoroso y digno en este mundo, para tener el derecho a existir. 
Les deseamos a los compañeros graduados los mayores éxitos en su trabajo, en las nuevas tareas que se señalen en el estudio; les deseamos los mayores progresos.  Y deseamos que, año por año, el número de los que se gradúen en esta universidad y en nuestros centros de enseñanza sea cada vez más y más, hasta el día en que podamos decir que el estudio es un hecho universal de nuestro pueblo. 
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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