enero 16, 2014

Parte que pasó D. Feliciano Antonio Chiclana a la Junta de Buenos Aires el 30 de Abril de 1811, dando cuenta de un complot de rebelión.

EPOCA PRIMERA
La Revolución de Mayo y la Independencia
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Parte que pasó D. Feliciano Antonio Chiclana a la Junta de Buenos Aires el 30 de Abril de 1811, dando cuenta de un complot de rebelión.

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Los extraordinarios peligros de la Patria han producido aquellos raros genios que han hecho y harán época en los anales de la posteridad, y se han visto entonces representarse papeles importantes en el teatro del mundo.
Sus mismas convulsiones han dado crédito a las naciones, distinguiéndose cada una a medida de los acontecimientos. Sin los peligros que experimentó la inmortal Roma, nunca se hubiesen conocido las virtudes de Mucio Scévola, y de Horacio Coctes; y sin el carácter opresor del Duque de Alba, la Holanda no hubiese sido la escuela militar de los mayores héroes, ni el nombre de Guillermo sería conocido, ni respetado entre los cantones suizos. El triunfo en esta suerte de sucesos, es el crisol adonde se conocen, y analizan uno a uno los pliegues del corazón humano, y sus fervientes alientos son los inciensos que se tributan en el altar de la Patria. Esta Villa de Potosí, circundada de iguales peligros, mostró su fidelidad y patriotismo, y desplegó todas sus virtudes en el lance sucedido el día 20 del corriente. (20 de Abril) Una porción de genios tercos y revoltosos, incapaces de conocer los derechos supremos de la razón, estaban persuadidos de que atravesaron la línea para empuñar eternamente el cetro de fierro sobre los pacíficos habitantes del mediodía. Nuestra presente Constitución, llena de humanidad, les dio parte en todas las prerrogativas, y los condecoró con el nombre de hermanos y conciudadanos; sin embargo, su orgullosa frente solo curvaba a impulsos de la fuerza, rastreando el momento de deprimirla, y de desplegar su genio opresor y vengativo. Este Gobierno, antes de la instalación de la Junta, adoptó el medio político del disimulo, la condescendencia, hasta más allá de lo que exige la equidad, por ver si la lenitud era el antídoto que curase su rabia y desesperación. Cada remedio suave era un corrosivo que la aumentaba, y llegaron a comprender que esta sagacidad era efecto de debilidad y cobardía, y al abrigo de ella tramaron sorprender y sepultar en sus ruinas a la Patria: para efectuarlo, resolvieron fuese la noche del 20 del corriente — (20 de Abril 1811). Después que salieron de aquí cien hombres para el ejército auxiliador, equipados con las únicas armas que quedaron, a fin de que la indefensión en que quedaba la villa asegurase el golpe de sus designios: mas la Providencia, que protege de un modo sensible nuestra justa causa, determinó se descubriese todo el artificio del complot.
Un recomendable patriota llamado D. Isidoro Vela, fue el que reveló el secreto en casa del síndico procurador y representante D. Salvador José de Matos; allí expuso: que Manuel Porcel lo llamó, y le dijo que estaba convidado para formar en la citada noche una contra-revolución en la que debían perecer la Junta, el Cabildo y otros patricios, y que si gustaba asistir, los puntos de reunión eran San Bernardo y Copacabana. Entonces mismo pasaron a casa del señor Vocal D. Joaquín de la Quintana los muchos individuos que estaban en casa del expresado síndico procurador, le dieron parte, y con otros que estaban allí se expidieron las más activas providencias. Ordenaron que el ayudante mayor y regidor D. Diego Barrenechea, en consorcio del alcalde de segundo voto Dr. D. Manuel Ulloa, pasase a Copacabana, y el teniente coronel y comandante de urbanos D. Juan de los Santos y Rubio. a San Bernardo: ambos para reconocerlos, y expulsar al enemigo, si allí existía. Al desembocar el primero la esquina que hace frente, de su sitio destinado, divisó un grupo de gentes como a las once de la noche: se acercó a reconocerlos, y a la voz de su patrulla contestaron dando fuego. El primero que lo dio fue Nicolás Urzainque, coronel de milicias de Chayanta, de nación navarro, e hirió gravemente con él al soldado Lagosta, individuo del ejército auxiliador, a quien se le encontraron dos balas y tres postas en el pulmón. Enardecidos los patricios, se arrojaron sobre los enemigos, y D. Manuel Blacud, de un golpe de sable arrojó al suelo a Urzainque, en el acto mismo que se preparaba para despedir el segundo tiro. Hizo lo mismo el Dr. D. Lorenzo Laguna, con Lastra, también europeo, a quien le arrancó un rifle inglés; prendieron tres de los conspiradores, y huyeron otros varios. Los encontraron armados de armas y municiones. Con la noticia de que Miguel Goñi y Pedro Lobo eran jefes, rodearon la casa del primero todos los patriotas, bajo las órdenes del señor vocal D. José María de los Santos Rubio, y el alcalde de primer voto Dr. D. Gregorio Ferreyra. A repetidos golpes, no quiso abrir la puerta, y sólo contestaron haciendo fuego por el balcón, y entre las balas que cruzaron no sucedió desgracia alguna. Se descerrajó a viva fuerza, y los conjurados que estaban allí reunidos para salir a los lugares destinados se salvaron por los techos, y fueron a caer al tambo de las Recogidas. La vigilancia del pueblo y su valor tomó oportunamente las avenidas, y en dos cuartos encontraron a Lobo y Goñi ambos bien armados y provistos de municiones, al primero, el capitán de artillería del ejército auxiliador D. Bernardo Joaquín Ansuategui, y al segundo el señor vocal don Joaquín de la Quintana. Hasta el amanecer del día siguiente, se apresaron sobre 30 rebeldes, que quedaron asegurados en diversos calabozos.
El indicado alcalde de primer voto, y D. Alvaro Anchoris pasaron al reconocimiento de la casa de Goñi y encontraron varios sacos de cartuchos de cañón, fusil, pistolas y algunas armas, y en el mismo tambo de las Recogidas halló el vocal D. Joaquín de la Quintana 11 fusiles, bayonetas y muchas fornituras. Todos indicios de la fuerte y premeditada sedición que se tramaba.
Hasta la fecha se hallan concluidas todas las declaraciones y muchas de las confesiones, y resulta de ellas que el complot era de 100 hombres, cuyo objeto era aniquilar la Junta, el Cabildo, y a muchos de los patricios, dando cuenta a Goyeneche de sus resultas para verificar el plan que sin duda tenían tramado, pues según la atestación de algunos, mantenían correspondencia con él. Los autores de esta fatal rebelión son Miguel Goñi, Pedro Lobo, teniente coronel graduado del ejército auxiliador, Nicolás Urzainque, y el vicario y cura de esta iglesia matriz, Santiago Costas.
Mucho antes el rumor del pueblo, y la actividad de nuestros patriotas, revelaron que los marinos que existían en esta villa y que sirvieron bajo las órdenes de Nieto, tramaban una sedición. Esta Junta, en consecuencia, apresó a 17, y los confinó a Salta, respecto a que de las declaraciones que se les tomaron resultaba una combinación, sin poderse averiguar el origen, y todo el detalle del plan.
Si una feliz casualidad no impide la reunión de los rebeldes, sin duda hubiesen corrido arroyos de sangre en esta villa. La superioridad del número y el arrojo del pueblo aseguraban el triunfo, pero la desolación de las familias víctimas del furor enemigo, ahogarían por otra parte las glorias de la patria. Este inesperado suceso demuestra el plan de operaciones políticas que deba adoptar el Gobierno de América. Está ya decidido, que en el seno de la patria existen enemigos irreconciliables que la suavidad y dulzura es inútil para conducirlos por las vías de la razón; que el disimulo les proporciona únicamente treguas, para fomentar y realizar nuevas conspiraciones, que al fin pueden serles funestas. ¡Y cuán sensibles serán sus estragos cuando se vea este infeliz suelo desolado, y ligado con nuevas y más tristes cadenas por una imprudencia que será el oprobio de los siglos! La salud común exige fuerza y energía para salvarla, y justicia para consolidar sus verdaderos intereses. Ella debe ser inexorable a fin de hacerles conocer que hay entereza en el genio nacional, que la espada está levantada sobre sus cabezas, y que el templo de Jano está siempre abierto para cerrarlos en los muros de sus doce puertas.
Concluido el expediente, se tomará la resolución que convenga, meditando con solidez sobre la naturaleza del crimen, sobre lo que suministra el proceso y lo que permite la situación actual del vecindario. Se verificarán las sentencias y se dará cuenta a V. E. con los autos. La naturaleza de los crímenes cometidos exige esta aceleración en la forma de juicio, pues su pronta ejecución será un castigo que imponga respeto a los rebeldes que nos rodean.
Esto exige la justicia para no dejar impunes tamaños delitos. Lo exige la seguridad pública, porque sin ella las vidas y propiedades de los ciudadanos quedan expuestos al tiro de los traidores; lo exige el derecho de gentes, pues se les debe tratar no sólo como a enemigos de una nación, sino como a rebeldes a quienes se les ha sorprendido con las armas en las manos conspirando contra la Patria, para no confundir las reglas del derecho civil y positivo con los principios que dicta el derecho de gentes, porque son distintas las relaciones entre ciudadanos, y entre naciones diversas. El pueblo inquieto espera en el silencio la decisión que deba influir sobre su suerte futura. Esta Junta, revestida de probidad, tomará los caminos de la razón, y la razón buscará los de la convicción: las sendas políticas del pacto social aplicadas oportunamente serán sus guías: y la reunión general será la clave que determine la decisión. Para conciliarlo todo, se toma el trabajo más ímprobo, con el que espera llenar las medidas de justicia, el bien de la patria, y las intenciones de V. E.
Dios guarde a V. E. muchos años. — Potosí, 30 de Abril de 1811. — Exma. Junta. — FELICIANO ANTONIO CHICLANA. — JOAQUÍN DE LA QUINTANA. — DR. JOSÉ EUGENIO CABEZAS. — JOSÉ MARÍA DE LOS SANTOS Y RUBIO. — MANUEL DE TAPIA. —
Excma. Junta Provisoria de la capital de Buenos Aires.

Fuente: Neptalí Carranza, Oratoria Argentina, T° I, pág. 59 y sgtes., Sesé y Larrañaga, Editores – 1905. Ortografía modernizada.

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