enero 18, 2014

Proclama de la Junta a los comerciantes españoles el 1° de Mayo de 1811

EPOCA PRIMERA
La Revolución de Mayo y la Independencia
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Proclama de la Junta a los comerciantes españoles el 1° de Mayo de 1811

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Un año va a cumplirse desde que trabajamos en levantar el edificio de nuestra libertad política. Los generosos defensores de la patria, no han omitido sacrificio conducente. Si los apuros del erario hacían dificultosa la empresa, hemos visto correr familias pobres, con quienes la fortuna fue siempre esquiva, y cercenar una parte de su subsistencia para socorrerlo. El soldado, no contento con exponerse a derramar su sangre, cedía una parte de su sueldo. El niño tierno, que todavía no es capaz de concebir las ventajas de la libertad, se electriza al oírla pronunciar, y extiende su débil mano para auxiliarla a expensas de sus privaciones.
¿Qué podía resistir a tal generosidad? Su idea sola, aterra a los instrumentos del despotismo; caen a nuestros pies; y todo el Perú eleva sus votos al cielo, al unir sus ideas con las del inmortal Buenos Aires.
Un solo resto teníamos que vencer. El Gobierno sedicioso de Montevideo, cree poder escudarse con las aguas del Río de la Plata y ser delincuente con impunidad. No hay impostura que no invente; no hay atentado que no emprenda, sin más fruto que su propio descalabro.
Si engañó a algunos con fingidas victorias de la Península, hizo infelices a otros tantos amigos. Si con dos bloqueos rigurosos intenta hostilizamos, nada más hace que obstruir los canales de tal cual propiedad que podían disfrutar las reliquias de la España.
Sus frutos se estancan: vosotros, que girabais vuestras especulaciones bajo el pabellón nacional: vosotros, que esperabais el retorno de vuestros intereses de los puertos de España: vosotros, en fin, que en los momentos de sus apuros, siendo los más pudientes encogisteis las manos, y tomando una parte indirecta en el plan de hostilidades de los facciosos, abandonasteis a sus propios recursos a un gobierno que trabajaba por vuestra felicidad; que cuando se os dispensaba toda protección y seguridad, creíais llenar vuestros deberes con prescindir de sus contiendas: vosotros sois los que habéis recibido el perjuicio de las operaciones hostiles del gobierno de Montevideo y el de Buenos Aires, que ha sido para unos objeto de odio, y para otros de desprecio, es el que va a redimiros de tal vejación. El momento se acerca. Ya ha visto Montevideo que un río es pequeña barrera para la energía del patriotismo.
Seis mil y más esforzados le hacen experimentar ya los horrores de la guerra. Sus partidas han sido presa nuestra, y las murallas de San Felipe, presienten su ruina al ver que se aproximan sus patriotas. La proclama de D. Javier de Elio, fecha de 23 de Abril, es el testimonio de su desconfianza, de su temor, y de su desesperación.
La tranquilidad va a reinar, los impedimentos del comercio a desaparecer, y las relaciones de esta plaza con aquélla a restablecerse. Claro está que el beneficio ha de refluir en aquellos a quienes perjudicaba el sistema de bloqueo; y es justo que sepan remunerar los sudores y fatigas de aquellos que arrostraron riesgos, para exterminar las últimas reliquias del despotismo del gobierno que supo disimular la indiferencia en momentos más críticos, espera ver desplegar su patriotismo y adhesión a la justa causa, cooperando con cuantos auxilios estén a sus alcances, a sostener a los defensores de la libertad, que actualmente pelean en la Banda Oriental; a cuyo efecto, se abre una suscripción, cuyos donativos recibirá el Sr. Vocal D. Atanasio Gutiérrez en la casa de su morada. — Buenos Aires, 1° de Mayo de 1811. — 
CORNELIO DE SAAVEDRA. — DOMINGO MATHEU. — ATANASIO GUTIÉRREZ. — JUAN ALAGÓN. — DR. GREGORIO FUNES. — DR. JOSÉ GARCÍA DE COSSIO. — JOSÉ ANTONIO OLMOS. — DR. MANUEL FELIPE DE MOLINA. — MANUEL IGNACIO MOLINA. — FRANCISCO DE GURUCHAGA. — DR. JUAN IGNACIO DE GORRITI. — DR. JOSÉ JULIÁN PÉREZ. — MARCELINO POBLET. — JOSÉ IGNACIO MARADONA. — FRANCISCO ANTONIO ORTIZ DE OCAMPO. — DR. JOAQUÍN CAMPANA, secretario.

Fuente: Neptalí Carranza, Oratoria Argentina, T° I, pág. 64 y sgte., Sesé y Larrañaga, Editores – 1905. Ortografía modernizada.

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