enero 16, 2014

Proclama del Gobierno (1811)

EPOCA PRIMERA
La Revolución de Mayo y la Independencia
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Proclama del Gobierno
[20 de Marzo de 1811]

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Hace algún tiempo que la voluntad general de los pueblos por ser libres se halla pronunciada del modo más solemne y expresivo. Ministros del despotismo más fiero, cuyas concusiones y vejaban rapiñas nuestros intereses a. pretexto de asegurar a la España sus derechos, pretendían tenernos siempre agobiados bajo el peso enorme de su yugo, y marcados públicamente con el sello de la esclavitud.
Aunque envilecidas las costumbres, despreciadas las virtudes sociales, y entronizados los vicios, recobramos por fin nuestra primitiva dignidad y carácter, superando unos obstáculos que solo pudieron ceder a la heroicidad y patriotismo. Mientras creímos que la España podía desenredarse de los lazos que le tendió el más astuto, pérfido y poderoso de los tiranos, nuestra lealtad innata nos obligó a llevar esa cadena, que arrastrábamos con trabajo; pero luego que advertimos que ella sucumbía sin que le quedase otra cosa que la memoria de su pasada gloria, una sagrada llama se apoderó de nuestros pechos, y nos comunicó esa fortaleza que la recuperación de nuestros derechos exigía. En el corto espacio de nueve meses se vieron nuestros tiranos cazados como fieras, y extendimos nuestros triunfos desde las orillas del Río de la Plata, hasta las márgenes del Desaguadero. Pero, ciudadanos, estos gallardos esfuerzos de vuestro valor, no serían más que una luz efímera, si satisfechos de vuestros triunfos, colgaseis las espadas. No, ciudadanos: aún se halla abierto el templo de Jano, y nos restan grandes sacrificios para consumar esta grande obra. La España, ya lo sabéis, en sus últimas agonías acaba de legar al Mariscal de Campo D. Francisco Xavier Elio su espíritu de tiranía. Hecho Virrey de estas Provincias este hombre arrebatado, y auxiliado de los rebeldes europeos de la orgullosa Montevideo, ha tenido la insolencia de declararnos la guerra, y pretende inundar en sangre unas provincias que debía respetar como el mejor asilo de la fugitiva libertad. Nada sirve de embarazo a los empeños de un tirano; poco le importa romper los vínculos más sagrados, si para satisfacer su ambición es necesario satisfacerlo todo. Ciudades abrasadas, villas destruidas, campos cubiertos de cadáveres son espectáculos indiferentes al corazón de un déspota, que no conoce más interés que los de un alma depravada. Tal es, ciudadanos, el carácter de aquél contra quien importa defendernos. ¿Qué sería de estas Provincias, si el sanguinario Elio entrase en ellas triunfador? A vosotros, ciudadanos de Buenos Aires, os están reservados los primeros golpes, igualmente que la gloria de haberlos dado. A vosotros ha dejado la Providencia la alternativa de ser el más digno pueblo de la América del Sud, siendo los libertadores de ella, o el primero de los esclavos. A vosotros, como a todos los demás del Virreinato, os excitamos a las armas. La necesidad exige que los pueblos en masa empuñen vigorosamente las armas: ellas serán en las manos robustas de los defensores de la patria los instrumentos decisivos de la victoria. Puede ser, y acaso no está lejos, que mendigue Elio el socorro de tropas extranjeras. ¡Imprudente! ¿Se ha olvidado de lo que vio el 5 de Julio? ¿Podrán luchar unos mercenarios contra unos ciudadanos que combaten por sus hogares? Con estas tropas pretende venir Elio a desolar nuestras costas y llevar el hierro y el fuego de estas infelices regiones, donde unos hombres mansos quieren gozar días felices en el seno de la paz. A las armas pues, nobles patriotas. El gobierno vela por vuestra subsistencia. No desmintáis la gloria de vuestros padres. No digan vuestros hijos, que vuestro valor y vuestro heroísmo solo existió pocos meses, para provocar más sobre la patria la rabia de los tiranos. No volvías a vuestros lares dejando a la patria el disgusto de que os invocó en vano. Sean vuestros brazos los fiadores de vuestra independencia.
Vale más sacrificar nuestras vidas y nuestros bienes a la libertad de la patria, que reservarlos para despojos de nuestros opresores. Más vale combatir por la independencia de la nación; que servir de víctima a los caprichos de un tirano.
Al mismo tiempo que la Junta os exhorta a la defensa de la patria, fija con particular esmero su atención, no sólo en que los cuerpos de tropa se hallen completos y bien organizados, sino también en que se difunda en todos los ciudadanos el espíritu militar, y se encuentren dispuestos para venir en auxilio de la causa común. Por tanto, la Junta ha resuelto que se haga un alistamiento general, desde la edad de 16 años hasta la de 45, del que se sacará ante todas cosas el número suficiente para completar los cuerpos militares que se hallan constituidos a sueldo del Estado. Entre tanto, dispone los artículos de que se ha de formar un reglamento.
Buenos Aires, 20 de Marzo de 1811. — CORNELIO DE SAAVEDRA. — MIGUEL AZCUÉNAGA. — DOMINGO MATHEU. — JUAN LARREA. — DR. GREGORIO FUNES. — DR. JOSÉ GARCÍA DE COSSIO. — ANTONIO OLMOS. — FRANCISCO GURRUCHAGA. — DR. MANUEL FELIPE DE MOLINA. — MANUEL IGNACIO MOLINA. — DR. JUAN IGNACIO DE GORRITI. — DR. JOSÉ JULIÁN PÉREZ. — MARCELINO POBLET. — JOSÉ IGNACIO MARADONA. — FRANCISCO ANTONIO ORTIZ DE OCAMPO. — DR. JUAN JOSÉ PASSO, secretario. —HIPÓLITO VIEYTES, secretario.

Fuente: Neptalí Carranza, Oratoria Argentina, T° I, pág. 41 y sgtes., Sesé y Larrañaga, Editores – 1905. Ortografía modernizada.

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