octubre 22, 2009

Discurso de Ricardo Balbin sobre la designación del representante a la Conferencia de Río de Janeiro (1947)

DISCURSOS PARLAMENTARIOS
SOBRE UN REPRESENTANTE EN LA CONFERENCIA DE RIO DE JANEIRO
Ricardo Balbin
Diario de Sesiones HCD - 14 de Agosto de 1947
Tomo III - Págs, 325 a 327


Sr. Balbín. - Pido la palabra.
Sr. Presidente (Pontieri). - Tiene la palabra el señor diputado por Buenos Aires.
Sr. Balbín. - Desearía saber si esta votación que va a hacer la Cámara, es una nueva votación o es una reconsideración.
Sr. Presidente (Pontieri). - Es una nueva votación.
Sr. Rumbo. - Es una nueva votación; no es reconsideración.
Sr. Balbín. - Si la Cámara entiende que es una nueva votación, solicito la palabra para referirme al pedido de autorización.
Sr. Presidente (Pontieri). - Tiene la palabra el señor diputado por Buenos Aires.
Sr. Balbín. - Señor presidente: ayer la Cámara ha tenido un pronuncia­miento respecto a la autorización solicitada por el señor diputado Díaz de Vivar para aceptar una comisión otorgada por el Poder Ejecutivo ante la Conferencia de Río de Janeiro.
Sobre la Conferencia de Río de Janeiro incide la atención mundial y sus deli­beraciones tienen en preocupación a todos los países del mundo y no solamente de este continente. La República Argentina es figura importante dentro de esa conferencia. Ayer la Cámara de Diputados de la Nación Argentina ha dado un pronunciamiento concreto respecto a una representación en esa conferencia. El episodio de ayer no es un episodio intrascendente, sino definitorio dentro de la política panamericana y dentro de la política mundial. La Cámara de Diputados no ha querido ayer que en Río de Janeiro esté la negación de lo que es el con­cepto internacional argentino. No podía, en nombre del Poder Ejecutivo de esta Nación, estar representada por un señor diputado que venía de darse abrazos solidarios con el dictador de España. Ese fue el sentido de nuestra votación de ayer. Nosotros no podemos ser equívocos en las conferencias internacionales. La política del Poder Ejecutivo tiene que ser clara por sus enunciados y por sus hombres, y el señor Díaz de Vivar no es claro en la definición de la política inter­nacional argentina. Ese fue el sentido del voto de la Cámara en el día de ayer.
Mayorías accidentales o minorías accidentales frente a un pronunciamien­to, pueden pertenecer a la política de entrecasa; pero el pronunciamiento de ayer lo había visto el continente americano y lo ha visto el mundo y no podemos exhibir a este país pensando “sí” el miércoles y “no” el jueves. Es muy serio el episodio americano y es muy serio el episodio del mundo en la política actual.
Es atrevido el pedido de reconsideración, porque es tanto como considerar en la mentalidad del diputado que pide la reconsideración que fue el azar de una circunstancia el que motivó un pronunciamiento; y no puede trascender en el continente americano que esta Cámara se pronuncie de modo azaroso en sus re­soluciones, cuando están en función estos problemas fundamentales.
No es posible, señor presidente, que ante la Conferencia de Río de Janeiro esté un representante argentino sospechado por la Cámara de Diputados de la Nación, y si el azar del número le otorgara esa autorización, yo espero de la hombría de bien del diputado Díaz de Vivar que renuncie al mandato, porque ante el continente americano está disminuida su representación y esta República en ninguna conferencia internacional y por ninguno de sus hombres puede estar sospechada. (¡Muy bien! ¡Muy bien!)Yo lo lamento por el episodio, no únicamente por el señor Díaz de Vivar. No lo puedo lamentar por el pronunciamiento que pueda tener ahora a Cáma­ra; lo lamento por la República Argentina ante la Conferencia de Río Janeiro.
Yo ignoro, señores diputados, cuáles serán los puntos de vista que habrán de sostenerse; pero el censo acaba de anunciar que este país tiene 16 millones de habitantes, y no es posible que de entre esos 16 millones mandemos a Río de Janeiro a un hombre que está sospechado por muchos millones de habitantes dentro del territorio de la República; porque multiplicando nuestra representación -que tenemos legítimamente, por lo que somos dentro del país- yo afirmo que en Río de Janeiro el señor Díaz de Vivar no representará a las “unanimidades” de que habla el ministro de Relaciones Exteriores.
Respetamos según el ministro las unanimidades en el terreno internacional, donde todos tienen que decir que no o que sí a una consigna de paz, y no respe­tamos el concepto de las unanimidades dentro del territorio, donde una extraordinaria mayoría dijo que no ayer en la Cámara, y una extraordinaria minoría si­gue diciendo que no, esta misma tarde, en este mismo recinto.
Nosotros creemos que el Poder Ejecutivo pudo elegir mejor, pero no va­mos a dejar de decir nuestra palabra, que ahora no va en custodia del prestigio de un sector político del país, sino que va en resguardo de la seriedad con que deben conducirse las cosas argentinas en las conferencias internacionales.
Espero que la Cámara ratifique el voto de ayer. Lo lamento muchísimo por el señor diputado Díaz de Vivar, pero Díaz de Vivar es un accidente en la vida argentina y el Parlamento es una realidad permanente en la vida del país. Nada más. (¡Muy bien! ¡Muy bien! Aplausos.)Sr. Presidente (Pontieri). - Tiene la palabra el señor diputado por La Rioja.
Sr. Albrieu. - Señor presidente: una mayoría accidental, habida en la Cá­mara de Diputados en su sesión del día de ayer, ha producido ante propios y ex­traños el espectáculo inusitado de negar a uno de sus miembros, que representa con honor y con altura al pueblo de la República, la autorización necesaria para representar al país como legislador, en la Conferencia de Río de Janeiro.
Duras, lamentables e injustas son las palabras del señor diputado por la provincia de Buenos Aires, que llegan hasta tachar de atrevido el pedido que formulara este diputado de nuestro sector. Duras, lamentables, injustas e inexactas son las palabras cuando afirman que ese diputado está sospechado ante el pueblo del país. No puede estar nunca sospechado un diputado de la Na­ción que ha tenido la valentía en su oportunidad -y tal vez sea por eso que se le tacha- de decir lo que piensa, lo que sabe y lo que siente en un momento dado, durante una discusión histórica realizada en esta Cámara.
Eso no es nada más que el juego libre de nuestra democracia conjugada con ardor y con celo patriótico en esta Cámara por diputados de este sector. (¡Muy bien! ¡Muy bien!) No puede estar nunca sospechado, señor presidente, quien tiene la valentía de cuadrarse y decir lo que siente en ese momento dado, y que cuando la mayoría da su afirmación al hecho o al decir contrario, se pliega acep­tando democráticamente el pronunciamiento de esa mayoría. El señor diputado Díaz de Vivar, producido ese hecho, acepta y coadyuva en la política internacio­nal del Ejecutivo.
Los que pueden estar sospechados, señor presidente, son los que negaron en ese momento dado un pronunciamiento que esa misma minoría, que puede ser de muchos millones, les exigía como representantes auténticos de su manda­to popular. (¡Muy bien!) Cuando la mayoría de este Parlamento votaba las Ac­tas de Chapultepec, esos representantes, que a un miembro de nuestro sector lo tildan de sospechado, se negaron a asumir las responsabilidades que el pueblo que los había votado les exigía. (¡Muy bien! ¡Muy bien! Aplausos.)El diputado Díaz de Vivar tampoco puede ser sospechado por el hecho de que, animado por sus propósitos de estudio, se haya trasladado a un país amigo, con el cual mantenemos relaciones diplomáticas, y haya dado conferencias en sus establecimientos educacionales. El señor diputado Díaz de Vivar es auténti­co representante del pueblo y puede figurar con honor entre nuestros represen­tantes en la Conferencia de Río de Janeiro. Es por eso, señor presidente, que este sector ha de votar favorablemente, sin ninguna condición, el pedido de au­torización y licencia formulado.
Sr. Balbín. - Pido la palabra para una aclaración.
Sr. Presidente (Pontieri). - Tiene la palabra el señor diputado por Buenos Aires.
Sr. Balbín. - Dos cosas vaya aclarar, señor presidente. Atrevido, es tér­mino que he usado en su debida adecuación; no lo he aplicado desde el punto de vista personal del señor diputado Díaz de Vivar, sino desde el punto de vista del nuevo pronunciamiento, porque he destacado en forma clara que me interesa, por sobre todas las cosas, la trascendencia política del pronunciamiento de la Honorable Cámara.
Ayer la Honorable Cámara adoptó una decisión legítima que se ha expandi­do por todo el territorio argentino y el continente americano; es atrevido, enton­ces, pedir la reconsideración de este asunto para hacernos aparecer en el exte­rior en una situación dubitativa en cuanto al referido pronunciamiento. Es atre­vido, en cuanto se requiere a la Honorable Cámara un nuevo pronunciamiento que la ha de exhibir en posición ridícula en todo el continente.
Cuando he dicho que el señor diputado Díaz de Vivar, para este sector, está sospechado, no me he referido en absoluto a su posición adoptada en el debate a que alude el señor diputado Albrieu, sino que lo he vinculado directamente a su posición franquista, a su visita excesivamente amistosa con el señor Franco; y lo he vinculado extraordinariamente a las conferencias que ha pronunciado en España.
Sr. Albrieu. - La afirmación de que es franquista corre exclusivamente por su cuenta, y no la aceptamos.
Sr. Tommasi. - El señor diputado Díaz de Vivar no ha sido invitado por el general Franco.
-Varios señores diputados hablan simultáneamente.Sr. Balbín. - Eso no me interesa. Lo que me preocupa es el pensamiento, la posición personal y las condiciones de nuestro representante en Río, el señor Díaz de Vivar, que ha ido y ha estado en solidaridad con Franco y que la ha am­pliado en conferencias pronunciadas en España.
Es precisamente ese señor, elegido dentro de la extraordinaria población argentina, quien tiene que ir a Río de Janeiro.
Sr. Albrieu. - Es el presidente de la Comisión de Asuntos Extranjeros y de Culto de la Honorable Cámara.
Sr. Balbín. - ...desautorizado, en cierta manera, por toda la opinión tra­bajadora del país, que piensa en forma distinta a la del señor Díaz de Vivar en cuanto al proceso con Franco.
No sé cuál es, ni me interesa, el pensamiento de los hombres que en este momento dirigen los centros sindicales o las federaciones obreras de la Repúbli­ca; pero sí me interesa la voz individual de cada uno de los obreros que, en con­junto, forman la clase trabajadora del país. Yo desafío a la mayoría a que pro­mueva un referéndum popular en la República con la consigna de con Franco o contra Franco, y veremos si el pueblo del país ratifica a sus accidentales directo­res de sindicatos sometidos. (¡Muy bien! ¡Muy bien!)
Sr. Albrieu. - ¿Usted aseguraría que nosotros votaríamos por Franco?
Sr. Balbín. - No, señor diputado…;
Sr. Albrieu. - Entonces, ¿a qué se debe su actitud?
Sr. Balbín. - ...pero Díaz de Vivar sí. Precisamente este es el homenaje que estoy haciendo a la mayoría, al pensar que sus integrantes no están solidari­zados con la mentalidad retardaria del señor Díaz de Vivar en esta materia inter­nacional.

No hay comentarios:

Publicar un comentario