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diciembre 06, 2009

"Pronunciamiento de Gettysburg" Abraham Lincoln (1863)

DISCURSO EN EL CEMENTERIO DE “GETTYSBURG”
“…el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo…”

Abraham Lincoln[19 de Noviembre de 1863]
Hace ochenta y siete años nuestros padres dieron vida en este continente a una joven nación concebida sobre la base de la libertad y obediente al principio de que todos los hombres na­cen iguales.
Ahora nos hallamos empeñados en una dura guerra civil que decidirá si ésta o cualquier otra nación así concebida puede o no subsistir mucho tiempo. Estamos reunidos en uno de los campos de guerra donde se ha librado esta contienda. Hemos venido aquí para dedicar una parte de este campo como lugar de reposo eterno de los que dieron sus vidas para que subsista nuestra nación. Es muy natural y muy justo que así lo hagamos.
Pero, en un sentido más amplio, hablando con toda exacti­tud, no somos nosotros quienes pueden consagrar, dedicar y bendecir este campo ya bendito. Son los mismos soldados he­roicos que lucharon en él –así los caídos como los sobrevivientes quienes ya lo han consagrado con su conducta, mucho me­jor que pudiéramos hacerlo nosotros.

"Discurso de toma de posesión" Abraham Lincoln (1861)

DISCURSO DE JURAMENTO Y TOMA DE POSESIÓN
Abraham Lincoln
(1861)


«El espíritu de nuestras instituciones tiende siempre
a levantar el nivel de los hombres y esto nos obliga
a no humillarlos nunca»

Ciudadanos de los Estados Unidos:
Cumpliendo con una costumbre tan antigua como el gobier­no mismo, me presento a vosotros para dirigiros la palabra y prestar el juramento prescrito por la Constitución de los Estados Unidos antes de tornar posesión del cargo de presidente.
No creo necesario discutir ahora todos aquellos asuntos administrativos que no tienen interés particular; por lo que me limitaré a manifestar que entre los habitantes del Sur predomina, al parecer, el temor de que con la nueva administración republi­cana peligrará la paz y la seguridad personal, sin que a mi modo de ver haya fundamento alguno para abrigar semejante inquie­tud.
En mi concepto no hay motivos para pensar así, y esto po­dría probarse hasta la evidencia, pues sin ir más allá, en todos los discursos del que ahora tiene el honor de dirigiros la palabra se podrá haber comprendido que no tengo intención de intervenir directa o indirectamente en el asunto de la esclavitud en los estados donde existe, pues no creo que tenga derecho para hacerlo, ni me inclino tampoco a ello. Los que me eligieron no ignoraban que yo había hecho esta declaración, y la prueba es que en el programa que me presentaron al ofrecerme sus votos, aparecía el siguiente acuerdo:
«El mantenimiento de los derechos de los estados, y espe­cialmente el de cada uno de aquéllos se rija por sus propias ins­tituciones, es esencial para conservar el equilibrio de nuestro sistema político, y reprobamos la ilegítima invasión por la fuer­za armada, de cualquier estado o territorio, considerándola co­mo el más grave de los crímenes