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septiembre 25, 2010

La Presidencia de Avellaneda - La Campaña del Desierto

Mensaje del Presidente de la República Argentina, Nicolás Avellaneda, ante la Asamblea Legislativa (1880)

MENSAJE
DEL
PRESIDENTE DE LA REPUBLICA ARGENTINA
Nicolás Avellaneda
AL ABRIR LAS SESIONES DEL CONGRESO NACIONAL
EN MAYO DE 1880
En la Ciudad de Buenos Aires

SEÑORES SENADORES,
SEÑORES DIPUTADOS:
Vengo por última vez a daros cuenta del estado de la Nación en desempeño de mis funciones constitucionales.
Es evidente que hay actualmente mayor industria, mayor riqueza, mayor suma de libertad, mayor trabajo y mayor acopio de luces que en otro día cualquiera de nuestra historia; y afirmo estos hechos, sin atribuirlos a un hombre ni a una seria de hombres, sino a la acción colectiva de la Nación entera. Tácale también a ella preservar tan grandes bienes, manteniendo la paz y el funcionamiento de sus instituciones libres. Los pueblos no tienen otros medios de progreso sino su propia acción, inteligente y reparadora, aplicada al desarrollo de sus destinos.
INTERIOR
El 11 de Abril fue el día señalado para que el pueblo de la República designara en los comicios los electores que han de practicar el nombramiento del Presidente y Vicepresidente que reemplazarán los que ejercemos actualmente estas funciones.
La votación se verificó tranquilamente en todos los distritos electorales, sin desórdenes que la turbaran.
El Honorable Congreso es juez constitucional del acto electoral, y no debo prevenir ni anticipar su juicio. Pero tengo si derecho para decir que no se ha denunciado en estas elecciones un solo abuso que fuera imputable a la acción directa del Ejecutivo Nacional, y que tampoco se ha notado en los comicios la presencia de un agente suyo y mucho menos de un soldado, ejerciendo violencias o siquiera una influencia indebida.

Mensaje del Presidente de la República Argentina, Nicolás Avellaneda, ante la Asamblea Legislativa (1879)

MENSAJE
DEL
PRESIDENTE DE LA REPUBLICA ARGENTINA
Nicolás Avellaneda
AL ABRIR LAS SESIONES DEL CONGRESO NACIONAL
EN MAYO DE 1879
En la Ciudad de Buenos Aires

SEÑORES SENADORES, SEÑORES DIPUTADOS:
La República se encuentra en paz, y puede decirse que ha emprendido nuevamente su camino de desenvolvimiento rápido, hallándose ya dominadas la causas de de sus últimos sufrimientos. Vemos así que la inmigración se acrecienta en número, que el crédito público y el privado se restablecen, y que la renta de la Nación sube hoy normalmente a las más altas cifras, que si fueron alcanzadas en años anteriores, debieron entonces su origen a motivos de tan extraordinarios como transitorios.
Verdad es que volvemos a acometer la prueba difícil que nuestras instituciones nos imponen periódicamente, y que los días más agitados se aproximan. Pero pienso que la trasmisión del mando se verificará sin abusos de autoridad y sin turbulencias anárquicas, y puedo anunciar, como una prenda de seguridad para lo futuro, que es esta misma la convicción que predomina con generalidad en los espíritus.
Voy ahora a daros cuenta del estado de la Nación, desempeñando un deber constitucional.
SITUACION INTERIOR
Hay un hecho que predomina en nuestra situación interior, y es la autoridad y la influencia siempre crecientes que ejerce el Gobierno Nacional en todo el territorio de la República. Es obedecido sin tardanza cuando manda, y es escuchado con deferencia cuando aconseja, invocando los intereses generales del país.
Este respeto de que está rodeado el Gobierno de la Nación, es naturalmente una base poderosa de orden público. La eventualidad de conflictos violentos desaparece ante una indicación del Ejecutivo Nacional, y hemos visto en estos últimos meses suprimirse un pedido de intervención en Tucumán, o desaparecer las amenazas de guerra civil entre dos provincias, mediante algunas palabras que el telégrafo trasmitió oportunamente, datadas desde el asiento del gobierno.
________________
Al cerrar vuestras ultimas sesiones, dejasteis decretada una intervención para la Provincia de la Rioja. Tenia ella por objeto sostener a la Legislatura y garantirla en el ejercicio de sus funciones. La Legislatura se reunió efectivamente bajo el amparo de la intervención, sin que con este acto hubiera quedado terminado el conflicto pendiente.

Mensaje del Presidente de la República Argentina, Nicolás Avellaneda, ante la Asamblea Legislativa (1878)

MENSAJE
DEL
PRESIDENTE DE LA REPUBLICA ARGENTINA
Nicolás Avellaneda
AL ABRIR LAS SESIONES DEL CONGRESO NACIONAL
EN MAYO DE 1878
En la Ciudad de Buenos Aires

SEÑORES SENADORES;
SEÑORES DIPUTADOS:
Os saludo en este día siempre grato para el pueblo argentino y qua se destina a la apertura solemne de vuestras sesiones.
Cada nuevo año legislativo que se inaugura bajo el imperio de las instituciones libres, muestra que ellas se radican en la práctica y que empiezan a constituir la vida misma de nuestro país. Que Dios lo proteja en este camino que ha emprendido de fundar pueblos y gobiernos en el orden y en la libertad sin anarquías tumultuosas y sin opresiones tiránicas, asegurándose un desarrollo pacífico y racional que lo conducirá pronto a mejores destinos, según nuestros votos y la opinión del mundo.
No somos sino actores transitorios en la gran tarea, pero en su nombre se perpetúan, se ennoblecen y se elevan los esfuerzos de todos, siempre que tiendan, ya desde las esferas superiores del mando o desde las más apartadas del trabajo oscuro y del deber individual cumplido, a promover el engrandecimiento común, a levantar el nivel de la razón pública y a mejorar nuestras costumbres.
Vuestra presencia era reclamada, Señores Senadores ― Señores Diputados, mas que en ninguna otra ocasión. Los acontecimientos últimamente operados, han hecho la vida política más intensa y más activa. El forum está lleno. Opiniones, partidos, intereses, se han asociado al movimiento de los negocios públicos, se agitan y se remueven, y era conveniente abrirles este gran teatro de las deliberaciones, donde los partidos se contienen recíprocamente y se equilibran, y donde las opiniones más opuestas se esclarecen y se modifican por el debate, ilustrando a su vez al país.

Mensaje del Presidente de la República Argentina, Nicolás Avellaneda, ante la Asamblea Legislativa (1877)

MENSAJE
DEL
PRESIDENTE DE LA REPUBLICA ARGENTINA
Nicolás Avellaneda
AL ABRIR LAS SESIONES DEL CONGRESO NACIONAL
EN DE MAYO DE 1877
En la Ciudad de Buenos Aires

SEÑORES SENADORES, SEÑORES DIPUTADOS:
Encontráis la República en paz y las leyes que dictéis, serán fielmente obedecidas en todo su territorio. Vuestra presencia era hoy reclamada más en que ninguna otra ocasión, porque la tarea que iniciasteis el año pasado, reduciendo los gastos, ajustando a un régimen severo de economía los servicios nacionales, y dando leyes destinadas a promover la prosperidad general y a afianzar al mismo tiempo la seguridad interior, radicando el orden y la justicia, no se haya aún terminada. Estos trabajos de organización práctica entran en las funciones normales de los gobiernos, pero revisten hoy para nosotros una urgencia capital.
Señores Senadores, Señores Diputados: Voy a daros cuenta del estado de la Nación, mencionando brevemente los hechos ocurridos después de mi mensaje del año anterior, para dejar así cumplido en vuestra presencia mi deber constitucional.
SITUACION POLITICA
Hay paz, pero no ha vuelto aún la prosperidad. Ella no puede venir sino con el trabajo paciente, y teniendo por apoyo el sentimiento profundo de la seguridad interior.
El trabajo pertenece a la acción individual; pero corresponde los poderes de la Nación afianzar la seguridad por una política de pacificación que aquiete los espíritus, y por la acción de la justicia basada sobre buenas leyes, sin las que no alcanzaremos verdadero reposo social, porque mientras ellas falten, será inevitable acudir con frecuencia a medidas de excepción, como “el estado de sitio”, y que sólo mantienen el orden público de un modo precario.

Mensaje del Presidente de la República Argentina, Nicolás Avellaneda, ante la Asamblea Legislativa (1876)

MENSAJE
DEL
PRESIDENTE DE LA REPUBLICA ARGENTINA
Nicolás Avellaneda
AL ABRIR LAS SESIONES DEL CONGRESO NACIONAL
EN 1° DE MAYO DE 1876
En la Ciudad de Buenos Aires

SEÑORES SENADORES, SEÑORES DIPUTADOS:
Dejasteis y encontráis la República tranquila; y debo pensar que la paz será duradera, porque se halla sostenida por los intereses sociales que se desarrollan y la apoyan, y por le buen sentido de los pueblos, que se revela hoy mas ostensible que en cualquier otro momento de nuestra historia.
Pero venís, Señores, a continuar vuestras tareas en tiempos laboriosos y difíciles; y son tan trascendentes como variados los objetos sobre los que el país espera la acción pacificadora o impulsiva de vuestras leyes.
Sabréis sin duda responder a esta expectación de nuestros conciudadanos; —y os saludo con la esperanza firme de que al cerrar el presente período de vuestras sesiones, habréis dejado mayor seguridad en los espíritus, orden en los gastos públicos, y reglas más eficaces para la ejecución de nuestras instituciones.
Señores Senadores — Señores Diputados — Voy a daros cuenta del estado de la nación, en desempeño de mis deberes constitucionales.

POLITICA INTERIOR
La misma política de equidad y de tolerancia que se había adoptado después de haber sido sofocada la rebelión de Septiembre, sirvió de norma al P. E. al revisar las sentencias de los Consejos de Guerra; y ella obtuvo posteriormente vuestra plena confirmación.
La ley de amnistía fue promulgada en 26 de julio del año pasado; y desde entonces la República Argentina que ha soportada luchas tan profundas como acerbas para fundar su gobierno y el imperio de sus ins¬tituciones libres, no tiene fuera de sus fronteras un solo desterrado político.
La ley de amnistía se halla concedida en los términos más amplios y generosos. Comprende sin limitación algunas todos los delitos políticos., incluyendo hasta los militares cometidos con ocasión de las sediciones o rebeliones anteriores. La ley no tiene sino una excepción, porque no puede llamarse con este nombre la de delito común que no es lícito amparar bajo ninguna protección; y ella se aplica a los militares que ejerciendo en el ejército o armada de la Nación mandos superiores, se plagaron a la última rebelión.

septiembre 21, 2010

Mensaje del Presidente de la República Argentina, Nicolás Avellaneda, ante la Asamblea Legislativa (1875)

MENSAJE
DEL
PRESIDENTE DE LA REPUBLICA ARGENTINA
Nicolás Avellaneda
AL ABRIR LAS SESIONES DEL CONGRESO NACIONAL
EN 5 DE MAYO DE 1875
En la Ciudad de Buenos Aires

SEÑORES SENADORES:
SEÑORES DIPUTADOS:
La República se encuentra tranquila y aguarda vuestras leyes para obedecerlas, confiando al mismo tiempo en que ellas darán mayor eficacia a sus instituciones y nuevo impulso a sus nacientes progresos. La rebelión no fue sino una enfermedad de los espíritus, tras de las agitaciones de un movimiento electoral convulsivo y prolongado. El pueblo de la Nación y los soldados fieles se pusieron de pie y lo sofocaron. Quedó así demostrado que nada hay dentro de la Nación superior a la Nación misma, y que las minorías oligárquicas, por más que amorticen ejércitos, serán vencidas por la razón madura y el brazo fuerte de los pueblos.
Cuando cerrasteis ahora seis meses, Señores Senadores, Señores Diputados, vuestras sesiones, la Nación estaba conmovida por la insurrección, y los más altos intereses de la patria, de adelantos, de instituciones volvían a envolverse aparentemente en un oscuro problema. Venís hoy a ocupar vuestros asientos sin zozobras, buscando como en los mejores días, asuntos para vuestras deliberaciones en el desarrollo progresivo del país; y esta es en su última síntesis la obra que os presenta la administración que dejasteis constituida el año pasado en medio de una situación cercada por tantos peligros. Se ha vencido y le pacificado.

septiembre 07, 2010

La Presidencia de Sarmiento

Mensaje del Presidente de la República Argentina, Domingo Faustino Sarmiento, ante la Asamblea Legislativa (1874)

ULTIMO MENSAJE
DEL
PRESIDENTE DE LA REPUBLICA ARGENTINA
Domingo Faustino Sarmiento
ANTE LA ASAMBLEA LEGISLATIVA
EN LA APERTURA DE LAS SESIONES DEL CONGRESO
EN 1 DE MAYO DE 1874
En la Ciudad de Buenos Aires

CONCIUDADANOS DEL SENADO Y DE LA CAMARA DE DIPUTADOS:
Por última vez vengo a tener el honor de presidir el acto de la solemne apertura del Congreso Nacional, que se efectúa en medio de las bendiciones de la paz de que goza la República, y por cuya dispensación debemos rendir gracias al Creador y congratularnos y congratular a la gran mayoría del pueblo argentino, que con no pocos sacrificios ha respondido al propósito de las leyes del Congreso, y segundado eficazmente la acción del Poder Ejecutivo a quien por la Constitución está reservada su aplicación.
Las Memorias de los Ministros del Despacho os informarán detenidamente sobre todo lo que a sus ramos respectivos corresponde.
No se aprecia la extensión, el peso o el volumen de la materia, lo mismo que el movimiento, sino con relación a una medida reconocida; y de esta carecen los pueblos cuando se encaminan a la adquisición de la mayor suma de bienes materiales e intelectuales, que es el grande objeto de la sociedad, y el blanco a que se dirigen las buenas instituciones, y hacen práctico o aceleran los buenos Gobiernos.
Y vimos felizmente en un siglo en que mil antecedentes preparados por el trabajo y las conquistas de la humanidad entera, pueden de un golpe ejercer su influencia benéfica sobre un país dado, siempre que este se baile preparado para recibirlos y fecundarlos. Esta es la situación que me ha tocado la buena fortuna de presidir; y para vuestra satisfacción como Representantes del pueblo argentino, y como punto de partida y balance para el acertado desempeño de vuestro encargo en adelante, os presentaré en compendiadas cifras los principales hechos que constituyen ya el Haber Nacional.
El progreso de las rentas, ha seguido de año en año una proporción igual en su aumento a la que han alcanzado la educación del pueblo, la correspondencia epistolar, la inmigración, el consumo de papel, que es la medida del movimiento intelectual, la viabilidad y la telegrafía.

Mensaje del Presidente de la República Argentina, Domingo Faustino Sarmiento, ante la Asamblea Legislativa (1873)

MENSAJE
DEL
PRESIDENTE DE LA REPUBLICA ARGENTINA
Domingo Faustino Sarmiento
ANTE LA ASAMBLEA LEGISLATIVA
EN MAYO DE 1873
En la Ciudad de Buenos Aires

SEÑORES SENADORES Y DIPUTADOS:
Al abrir las sesiones las cámaras legislativas este año, me es grato felicitar a la nueva diputación, que con su presencia llena la prescripción constitucional en proporción a los habitantes del país. Le ejecución del censo prescripta por aquél instrumento y postergada hasta ahora poco, nos permite entrar de lleno en el sistema representativo.
El año transcurrido, se ha hecho notar por la tranquilidad de que han gozado todas las naciones y la nuestra, en particular.
Los beneficios de la paz han correspondido al aumento de la riqueza, expresado en el valor extraordinario de las tierras, la acumulación de capitales, la variedad y la multitud de las empresas, y el aumento de las rentas. Puede decirse sin exageración, que es uno de los países el nuestro que más progresan en todo el haz de la tierra, en el sentido del desarrollo material.
En un mensaje especial, el Poder Ejecutivo os informará de los comienzos de la revuelta en Entre Ríos el día primero de Mayo, y las medidas tomadas para sofocarla.

EXTERIOR
Nuestras relaciones con los demás gobiernos se mantienen inalterables en el espíritu de amistad y conciliación que esta en el carácter de nuestras instituciones. Varios tratados y convenciones se han celebrado, o están pendientes de vuestra resolución, para mejor servir los intereses recíprocos.
Con el Brasil, mediante una misión diplomática, fueron zanjadas las dificultades de detalle con respecto a la ejecución práctica de tratado de alianza; y debo deciros que el Gobierno de S. M. imperial correspondió plenamente a nuestra seguridad, de que en nada habían estos incidentes disminuir la cordialidad de nuestras relaciones.

Mensaje del Presidente de la República Argentina, Domingo Faustino Sarmiento, ante la Asamblea Legislativa (1872)

MENSAJE
DEL
PRESIDENTE DE LA REPUBLICA ARGENTINA
Domingo Faustino Sarmiento
ANTE LA ASAMBLEA LEGISLATIVA
EN MAYO DE 1872
En la Ciudad de Buenos Aires

HONORABLES SENADORES Y DIPUTADOS:
Cábeme la honra de abrir las sesiones del actual período legislativo en medio de la paz profunda de que generalmente gozan las naciones y de la tranquilidad y el orden que prevalece en todo el territorio de la República.
Nuestras relaciones internacionales se conservan bajo el mismo pie de armonía y amistad en que las dejasteis al cerrar vuestras anteriores sesiones.
Creo que puedo hacer esta afirmación a pesar de la interpretación que el Gobierno del Brasil ha dado al tratado de alianza en sus aplicaciones definitivas; porque a mas de la solemne protesta hecha por aquel gobierno de mantenerse en los términos de la alianza y ser su ánimo, como es el nuestro, conservarla, están de por medio el interés recíproco de las dos naciones aliadas y hasta un deber de decoro contraído ante el mundo, de no terminar por un rompimiento hostil las buenas relaciones que las unieron como aliados contra un enemigo común.
Intereses más grandes han sido debatidos entre naciones poderosas sin el amago de la guerra; y es nuestro deber y será nuestra gloria, apurar los medios conciliatorios y buscar los caminos más conducentes a fin de dejar satisfechas todas las aspiraciones legitimas.
El primero de todos es persuadirnos de que nuestros antiguos aliados están animados de los mismos sentimientos de que hacemos ostentación, y de que la justicia limitará sus pretensiones desde el momento en que les sea demostrada.

Mensaje del Presidente de la República Argentina, Domingo Faustino Sarmiento, ante la Asamblea Legislativa (1871)

MENSAJE
DEL
PRESIDENTE DE LA REPUBLICA ARGENTINA
Domingo Faustino Sarmiento
ANTE LA ASAMBLEA LEGISLATIVA
EN JULIO DE 1871
En la Ciudad de Buenos Aires

HONORABLES SENADORES Y DIPUTADOS:
La postergación inevitable que vuestra reunión ha experimentado, tiene por origen una calamidad pública cuyas víctimas han sido Buenos Aires y Corrientes.
La epidemia que acaba de desolar estos centros de población ha adquirido, por la intensidad de sus estragos y acaso por las consecuencias que traería su posible reaparición, la importancia de un hecho histórico. Hay ciertas obras públicas que hoy constituyen, por decirlo así, el organismo de las ciudades, y cuya falta puede exponerlas a las más serias catástrofes. Las nuestras han venido, entre tanto, acumulando su población, merced al impulso vivificador del comercio, sin que se pensara en la ejecución de aquellas y se advirtiera el peligro. La lección ha sido severa y debemos aprovecharla.
Debo sin embargo reconocer públicamente en esta ocasión que no sólo las autoridades competentes llenaron su noble deber y los ciudadanos por medio de generosas oblaciones aligeraron el peso de tantos males, sino que las provincias, aún las mas lejanas, como las naciones con quienes estamos en relación, han demostrado que cada día se difunden más y más entre los pueblos los sentimientos de fraternidad y filantropía que ennoblecen al hombre y retemplan los vínculos de la solidaridad humana.
Bajo otros muchos aspectos parecía presentarse el año transcurrido, como un año nefasto para el mundo, y para nosotros en consecuencia, si las guerras con que se inició no hubiesen terminado ya, siendo dado a la presente generación y a los actores mismos del drama sangriento, juzgar los resultados que la historia ha conquistado.

Mensaje del Presidente de la República Argentina, Domingo Faustino Sarmiento, ante la Asamblea Legislativa (1870)

MENSAJE
DEL
PRESIDENTE DE LA REPUBLICA ARGENTINA
Domingo Faustino Sarmiento
ANTE LA ASAMBLEA LEGISLATIVA
EN 15 DE MAYO DE 1870
En la Ciudad de Buenos Aires

CONCIUDADANOS DEL SENADO Y DE LA CAMARA DE DIPUTADOS:
La terminación de la guerra que nos impuso el tirano del Paraguay, es el mas grande acontecimiento histórico que la América ha presentado a la expectación universal durante el año trascurrido. El mundo estaba asombrado de la duración de la lucha, y se ignoran todavía, porque el buen sentido se resiste ha creerlo, cuanta barbarie y cuanta obstinación por parte de un enemigo ya vencido, ha contribuido a prolongarla.
El Paraguay abierto hoy a las influencias de la civilización, y en contacto con todas las naciones, empieza a darse instituciones republicanas; y reparará bien pronto de los estragos de la guerra y de la tiranía hereditaria que han pesado sobre él. La paz está restablecida por el triunfo de las armas aliadas: y pertenecerán antes de mucho al dominio de la historia, todos los hechos concernientes a esta guerra verdaderamente extraordinaria, quedando solamente perennes nuestros votos por la independencia, prosperidad y libertad de un pueblo tan desgraciado.

Mensaje del Presidente de la República Argentina, Domingo Faustino Sarmiento, ante la Asamblea Legislativa (1869)

MENSAJE
DEL
PRESIDENTE DE LA REPUBLICA ARGENTINA
Domingo Faustino Sarmiento
ANTE LA ASAMBLEA LEGISLATIVA
EN LA APERTURA DE LAS SESIONES DEL CONGRESO
EN 1 DE MAYO DE 1869
En la Ciudad de Buenos Aires

CONCIUDADANOS DEL SENADO Y DE LA CAMARA DE DIPUTADOS:
Al despedirme de vosotros, cerrando las sesiones en el periodo anterior, una grave preocupación entristecía vuestro patriotismo y amenguaba en todos la fortaleza de espíritu necesaria para avanzar resueltamente en el camino de las mejoras morales y materiales, que debe recorrer nuestro país, para colocarse en el rango de los pueblos libres y civilizados. La guerra en que nos hallamos empeñados con el Paraguay se prolonga todavía después de tantos esfuerzos, sin que fuera dado señalar un limite a su duración dolorosa y sangrienta; al mismo tiempo que nos asistía la convicción de que no era posible aplicar libremente a otros objetos los recursos del país y la atención misma de los poderes públicos, mientras que esta guerra continuase absorbiendo los unos, y siendo el objeto preferente de consagración para los que tenemos como nuestro primer deber el salvar incólumes la dignidad y el honor de la República.
Me cabe hoy la satisfacción de abrir vuestras sesiones en una situación mas propicia. Las armas aliadas han vencido al tirano del Paraguay; y a este, triunfo material principia a asociarse el moral que nos da la opinión del mundo, que reconoce la justicia de nuestra causa y el carácter horrible del gobierno y del tirano, con el que hemos necesitado combatir para defender nuestro suelo invadido y el honor argentino ultrajado. Aun no está desalojado de las montañas, en las que se ha guarecido; pero ésta obra, por penosa que sea, no puede ya afectar los resultados obtenidos y el desenlace feliz y glorioso de la guerra.
La paz domina al mismo tiempo en el territorio regido por nuestras leyes, habiendo desaparecido las perturbaciones que amenazaban comprometerla. Tenemos, pues, un doble motivo para mostrarnos reconocidos a los favores de la Providencia.
El estado de nuestras relaciones exteriores responde a las aspiraciones del país. Nada nos reclaman las otras naciones: nada tenemos que pedir de ellas, sino es la continuación de las manifestaciones de simpatía con que de parte de pueblos y gobiernos ha sido favorecida la República por sus progresos y espíritu de justicia.
Ligados al Imperio del Brasil y a la Republica Oriental por el tratado de 1° de Mayo de 1865, ningún incidente ha turbado la buena armonía de los tres aliados, que no han necesitado esforzarse para resolver de perfecto acuerdo las cuestiones que se han presentado en el curso de la guerra.
En estos momentos se agita la idea de organizar un gobierno provisorio en la infortunada Republica del Paraguay; y puedo aseguraros que se dará cima a este pensamiento, animados los tres gobiernos aliados del espíritu amigable que los ha guiado siempre, y de los sentimientos m{as generosos hacia el pueblo paraguayo.

septiembre 06, 2010

Guerra del Paraguay [3/3]

Guerra del Paraguay [2/3]

Guerra del Paraguay [1/3]

El "Chacho" y Varela - La Guerra de la Triple Alianza

La formación del Estado - La Presidencia de Mitre

Mensaje del Presidente de la República Argentina, Bartolomé Mitre, ante la Asamblea Legislativa (1868)

MENSAJE
DEL
PRESIDENTE DE LA REPUBLICA ARGENTINA
Bartolomé Mitre
AL ABRIR LAS SESIONES DEL CONGRESO NACIONAL
EN 1° DE MAYO DE 1868
En la Ciudad de Buenos Aires

CONCIUDADANOS DEL SENADO Y CAMARA DE DIPUTADOS:
Al cumplir por la última vez con el deber que la Constitución me impone, dándoos cuenta del estado político y administrativo del país, me es agradable anunciaros que la República goza de paz interior, después de los disturbios que la han agitado; que mantiene y cultiva las más cordiales relaciones de amistad con todas las naciones del mundo a excepción de la República del Paraguay y con cuyo Gobierno nos hallamos todavía en guerra; que el progreso moral y material de los pueblos ha ido siempre adelante a pesar de las dificultades de la época, prosperando la renta, aumentándose los ferrocarriles, mejorándose la educación y acrecentando la inmigración; que las resistencias que el Gobierno Nacional ha encontrado en su camino, han sido dominadas por la fuerza de la razón cuando ha sido posible, o por las fuerzas de las armas puestas al servicio del derecho cuando ha sido absolutamente indispensable; que el respeto a la libertad y el cumplimiento de la justicia ha sido la regla constante en el ejercicio de la autoridad nacional, sin desviarse en ningún caso de este camino, dominando con imparcialidad serena y con sujeción a los preceptos constitucionales las difíciles circunstancias que ha atravesado; que sacrificios a que nos obliga la guerra exterior, los males producidos por las perturbaciones internas y los dolores causados por el flagelo que ha recorrido nuestro territorio, han sido hechos y sobrellevados con virilidad, desplegando el ejército grandes virtudes cívicas y militares, dando pueblos y gobierno al bello ejemplo de la caridad cristiana y por último, que la unidad nacional que ahora seis años coloqué bajo los auspicios de vuestras deliberaciones, cuando por la primera vez nos presentamos ante el mundo en cuerpo de nación, regidos por una sola ley, en paz y libertad, un hecho inconmovible que, radicado en las conciencias, tiene la fuerza de un principio, y que solo necesita la acción del tiempo y los esfuerzos del patriotismo para perfeccionarse, cumpliéndose así el testamento de nuestros padres, que al legarnos una patria independiente nos impusieron la tarea de organizarla y fecundarla para nosotros, para nuestros hijos y para los demás hombres de la tierra que vengan a vivir bajo el amparo de sus leyes hospitalarias.