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marzo 11, 2010

Discurso de Woodrow Wilson ante el Congreso de EE.UU., presentando su programa de 14 puntos

DISCURSO DONDE PRESENTA EL PROGRAMA DE 14 PUNTOS ANTE EL CONGRESO DE LOS EE.UU.[1]
Nuestro programa es la paz mundial
Thomas Woodrow Wilson
[8 de Enero de 1918]

Señores del Congreso: Una vez más los portavoces de los imperios centrales han indicado su deseo de debatir los propósitos de la guerra y la posible base de una paz general. Se han llevado a cabo negociaciones en Brest-Litovsk entre representantes rusos y representantes de las potencias centrales a las que han sido invitados todos los beligerantes con el objeto de establecer si sería posible ampliar esas negociaciones a una conferencia general sobre los términos de una paz. Los representantes rusos no sólo presentaron una declaración perfectamente definida de los principios de acuerdo según los cuales estarían dispuestos a firmar la paz, sino también un programa de aplicación concreta de esos principios. Los representantes de las potencias centrales presentaron un borrador de acuerdo que, aunque mucho menos definido, parecía susceptible de interpretación liberal hasta que se añadió su programa específico de términos prácticos. Dicho programa no proponía ninguna concesión ni a la soberanía de Rusia ni a las preferencias de la población cuyas fortunas afectaba, sino que significaba que los imperios centrales conservarían todo palmo de territorio ocupado por sus fuerzas armadas como añadido permanente a sus territorios.
Cualesquiera que sean los resultados de las negociaciones de Brest-Litovsk, cualesquiera que sean las confusiones de parecer y propósito en las declaraciones de los portavoces de los imperios centrales, éstos han intentado una vez más informar al mundo de sus objetivos en la guerra y han desafiado una vez más a sus adversarios a decir cuáles son sus objetivos y qué clase de acuerdo considerarían justo y satisfactorio. No hay ninguna razón por la cual este desafío no deba ser respondido, y respondido con completa franqueza. Nosotros no hemos esperado. Una y otra vez hemos presentado con plenitud nuestro pensamiento y propósito al mundo. Hay, además, una voz que pide esas definiciones de principio y propósito que es, a mi entender, más conmovedora y apremiante que cualquiera de las muchas emotivas voces que llenan el perturbado aire del mundo. Es la voz del pueblo ruso. Están postrados y casi indefensos ante la siniestra potencia de Alemania, que hasta ahora no ha conocido aplacamiento ni piedad. Aparentemente, su poder está hecho añicos. Y, sin embargo, su alma no es servil. No cederán en el principio ni en la acción. Su concepción de lo que es justo o de lo que es humano y honorable para ser aceptado por ellos ha sido explicitado con una franqueza, una amplitud de miras, una generosidad de espíritu y una simpatía humana universal que debe estimular la admiración de cualquier amigo de la humanidad; y se han negado a amoldar sus ideales o abandonar otros con el fin de salvarse ellos mismos. Apelan a nosotros para preguntarnos qué es lo que deseamos, en qué difiere, si difiere en algo, nuestro propósito y nuestro espíritu de los suyos. Lo crean o no sus actuales dirigentes, nuestro más sentido deseo y nuestra más sentida esperanza es que pueda establecerse un medio mediante el cual tengamos el honor de ayudar al pueblo de Rusia a alcanzar su plena esperanza de libertad y paz ordenada.