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enero 21, 2011

Discurso de Emilio Castelar ante el Congreso de Diputados, sobre su gestión al frente de la República tras la disolución de las Cortes (1874)

DISCURSO ANTE EL CONGRSO DE DIPUTADOS SOBRE SU GESTION AL FRENTE DE LA REPUBLICA TRAS LA DISOLUCION DE LAS CORTES
"La República y la guerra Carlista"

Emilio Castelar [1]
[2 de Enero de 1874]

A las Cortes constituyentes
SEÑORES DIPUTADOS: El gobierno de la nación, fiel a los compromisos contraídos con vosotros, y a los deberes impuestos por su conciencia y su mandato, viene a daros cuenta del ejercicio de su poder, y a rendiros con este motivo el homenaje de su acatamiento y de su respeto.
Fatídicas predicciones se habían divulgado sobre la llegada de este día; fatídicas predicciones desmentidas por la experiencia, que ha demostrado una vez más cómo en las repúblicas no entorpece la fuerza del poder al culto por la legalidad. Las generaciones contemporáneas, educadas en la libertad y venidas a organizar la democracia, detestan igualmente las revoluciones y los golpes de Estado, fiando sus progresos y la realización de sus ideas a la misteriosa virtud de las fuerzas sociales y a la práctica constante de los derechos humanos. Tal es el carácter de las modernas sociedades.
Pero si el desorden, si la anarquía se apoderan de ellas, y quieren someterlas a su odioso despotismo, el instinto conservador se revela de súbito, y las lleva a salvarse por la creación casi instantánea de una verdadera autoridad.

Discurso de Emilio Castelar en las Cortes Constituyentes promoviendo la abolición de la esclavitud (1870)

DISCURSO EN LAS CORTES CONSTITUYENTES PROMOVIENDO LA ABOLICION DE LA ESCLAVITUD [1]
Emilio Castelar [2]
[20 de Junio de 1870]

Señores diputados, para comprender el fondo de mi discurso, se necesita leer el texto de mi enmienda. Dedúcese por completo de todos los artículos de la ley, de todo su sentido, que el Gobierno quiere la abolición, pero la abolición gradual, y nosotros pedimos la abolición también, pero la abolición inmediata. Ya manifesté la otra tarde que el problema de la abolición de la esclavitud se ha planteado en un terreno muy distinto del terreno en que anteriormente se hallaba planteado. Antes había enemigos de la abolición: hoy todos absolutamente queremos la abolición; pero unos quieren la abolición gradual, que es tanto como mantener la esclavitud y sus horrores, mientras otros queremos la abolición inmediata, que es tanto como extirpar de raíz esa llaga.
He aquí, señores diputados, toda la cuestión. Yo no doy más tiempo al Gobierno que el necesario,atendida la distancia que nos separa de las Antillas, a llevar a cabo el grande acto de llamar a la vida civil, de llamar a la vida del derecho, 400.000 hombres.
He dicho muchas veces la causa que nos movió a guardar en este triste asunto un silencio que muchas veces nos ha pesado. Hoy día, al levantarme a pedir la abolición inmediata, declaro que descargo de un peso inmenso mi corazón y mi conciencia. Sírvame de disculpa por haber callado tanto tiempo; sírvame de disculpa la frase del señor Figueras, magistral como todas las suyas: delante de una guerra, las inspiraciones del patriotismo.

Discurso de Emilio Castelar ante el Congreso de Diputados, sobre la libertad de cultos y la separación entre la iglesia y el Estado (1869)

DISCURSO ANTE EL CONGRESO DE DIPUTADOS SOBRE LA LIBERTAD DE CULTOS Y LA SEPARACION DE LA IGLESIA Y EL ESTADO
 "Nada hay tan voluntario como la religión"
Emilio Castelar [1]
[12 de Abril de 1869]

Señores Diputados: Inmensa desgracia para mí, pero mayor desgracia todavía para las Cortes, verme forzado por deberes de mi cargo, por deberes de cortesía, a embargar casi todas las tardes, contra mi voluntad, contra mi deseo, la atención de los señores Diputados. Yo espero que las Cortes me perdonarán si tal hago en fuerza de las razones que a ello me obligan; y que no atribuirán de ninguna suerte tanto y tan largo y tan continuado discurso a intemperancia mía en usar de la palabra. Prometo solemnemente no volver a usarla en el debate de la totalidad.
Decía mi ilustre amigo el Sr. Ríos Rosas en la última sesión, con la autoridad que le da su palabra, su talento, su alta elocuencia, su íntegro carácter, decíame que dudaba si tenía derecho a darme consejos. Yo creo que S.S. lo tiene siempre: como orador, lo tiene para dárselos a un principiante; como hombre de Estado, lo tiene para dárselos al que no aspira a este título; como hombre de experiencia, lo tiene para dárselos al que entra por vez primera en este respetado recinto. Yo los recibo, y puedo decir que el día en que el Sr. Ríos Rosas me aconsejó que no tratara a la Iglesia católica con cierta aspereza, yo dudaba si había obrado bien; yo dudaba si había procedido bien, yo dudaba si había sido justo o injusto, si había sido cruel, y sobre todo, si había sido prudente.

Discurso de Emilio Castelar ante el jurado de imprenta en defensa del periódico "El León Español" (1855)

DISCURSO ANTE EL JURADO DE IMPRENTA EN DEFENSA DEL PERIODICO «EL LEON ESPAÑOL» [1]
Emilio Castelar [2]
[27 de Noviembre de 1855]

Señores Jurados:
Consagrado a la defensa de la verdad democrática, en ninguna ocasión creo haber cumplido tan fielmente mis deberes como en esta ocasión solemne, en que vengo de nuevo a defender la santidad de la inocencia, destello del cielo que inunda de suavísima luz los horizontes del alma, a defender también la inviolabilidad del pensamiento; y de esta suerte, sin mirar en mi defendido un adversario, sino un desgraciado, a cuyo alivio debo dedicar mis sentimientos y mis ideas, deudas contraídas al nacer con la desgracia, me propongo inclinar vuestro ánimo a que le absolváis; contando no solo con el derecho que le asiste y la razón que le abona, sino con vuestro santo amor a la libertad, magistrados del pueblo, de ese pueblo noble y generoso; que tocado en el corazón por Dios y movido a grandes empresas, ha ofrecido mil veces la vida de sus hijos en el sagrado altar del sacrificio, para que la razón despliegue a la luz de eterno día sus alas, y se pierda el la manera del águila en lo infinito , llevando en sus garras el centelleante rayo de las libertades patrias, que alumbra las conciencias, y ciega a los tiranos. (Estrepitosos aplausos.)
El Sr. Presidente: Señores: Aquí se viene a oír y callar; estoy resuelto a no tolerar esas ruidosas demostraciones, que desdicen de este sitio.

Discurso de Emilio Castelar ante el jurado de imprenta, en defensa del diario "La Soberanía Nacional" (1854)

DISCURSO ANTE EL JURADO DE IMPRENTA, EN DEFENSA DEL PERIODICO «LA SOBERANIA NACIONAL», ACUSADO POR UN ARTÍCULO QUE REFERIA A LOS SUCESOS QUE TUVIERON LUGAR CON OCASIÓN DE LA LEY DE MILICIA NACIONAL [1]
Emilio Castelar [2]
[1854]

Señores Jurados:
Cuando después de la gloriosa revolución de julio, nueva aurora de nuestras patrias libertades, que parecían borradas para siempre de los esplendorosos horizontes españoles por el aliento de ridículos tiranos, el Jurado se alzó en brazos del pueblo, mi voz fue la primera que resonara en este sagrado recinto, .proclamando que si la libertad es la salvación de las naciones, el Jurado es la salvación de la libertad. Y ahora mi pobre palabra no es bastante a deciros cuanta gratitud guarda mí pecho, ni mi débil inteligencia a significaros cuantos recuerdos de esta veneranda institución encierra mi memoria; pues pone asombro en el ánimo contemplaros ahí, protegidos por las alas del ángel de la justicia, llenos de misericordia, destinadas, a velar por la libertad, a sostener al pueblo en la espinosa carrera del progreso, a sacar el pensamiento puro e incólume de sus eternas luchas, reuniendo de esta suerte en vuestra frente todo cuanto hay de grande en la sociedad, todo cuanto hay de sublime en la naturaleza, todo cuanto hay de divino en el espíritu. (Aplausos.)
Señores jurados: Mi posición es particular y embarazosa, porque necesito sobreponerme, con sobrehumano esfuerzo, al tormentoso océano de las pasiones, para mirar frente a frente el sol de la justicia; porque necesito olvidar los agravios inferidos a un periódico cuyo mayor crimen consiste en defender con fe y con lealtad la causa del pueblo, que es eterna; la causa de la revolución que triunfó en julio; y que en premio de sus servicios se ha visto abrumado por la inmensa pesadumbre de una autoridad recelosa, perseguido por la sombra de un fiscal receloso también, y obligado muchas veces a ocultar en el fondo de su conciencia el pensamiento; señores, el pensamiento, que es la presencia de lo infinito en la humana mente. (Aplausos)

Primer discurso de Emilio Castelar, pronunciado en el Teatro de Oriente en una reunión electoral del Partido Liberal (1854)

DISCURSO EN LA REUNION ELECTORAL DEL PARTIDO LIBERAL, CELEBRADA EN EL TEATRO DE ORIENTE [1]
Emilio Castelar [2]
[22 de Septiembre de 1854]

Señores:
Voy a defender las ideas democráticas, si es que deseáis oírlas. Estas ideas no pertenecen ni a los partidos, ni a los hombres; pertenecen a la humanidad. Basadas en la razón, son, como la verdad, absolutas, y como las leyes de Dios, universales. Por eso la persecución no puede ahogarlas, ni la espada del tirano vencerlas; pues antes que el tiempo desplegara sus alas, fueron escritas en libros mas inmensos que el espacio, por la mano misma del Eterno. Así, los hombres que se pierden en el Océano de la vida, los poetas que adoran lo eternamente bello, los filósofos que leen la verdad absoluta en el puro cielo de la conciencia, no hacen más que arrojarlas en ondas de luz sobre la menta del pueblo.
Yo, señores, lleno de sentimientos, si desnudo de inteligencia, me propongo reseñar los dogmas del partido democrático, ya como principios eternos de su escuela, ya como principios de aplicación práctica en las actuales circunstancias. Convirtamos un instante nuestros ojos a lo pasado. ¡Qué espectáculo, señores, tan tremendo! ¡La imprenta, ese soldado de Dios que pelea como Ayax por la luz, encadenada al pié de los tiranos; la tribuna, providencia del pueblo, sujeta al carro del vencedor; las obras del ingenio humano proscritas porque dan generoso aliento al pecho de los oprimidos; la idea oculta en el fondo de la conciencia, estallando en el cerebro sin poder alzar su vuelo y perderse en lo infinito; la fe vendida por una cartera de ministro, y la razón y la libertad llorando en ignominioso calvario.