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mayo 10, 2010

"Relación Histórica de la rebelión de Túpac Amaru en 1780" Anónimo

RELACIÓN HISTÓRICA DE LOS SUCESOS DE LA REBELIÓN DE JOSÉ GABRIEL TÚPAC AMARU EN LAS PROVINCIAS DEL PERÚ, EL AÑO DE 1780
Anónimo

DISCURSO PRELIMINAR A LA REVOLUCIÓN
DE TÚPAC AMARU
LAS extorsiones de los corregidores, y la impunidad de que disfrutaban en las Audiencias produjeron en 1780 una fuerte conmoción entre los indios del Perú, capitaneados por José Gabriel Túpac Amaru [1], cacique de Tungasusa en la provincia de Tinta; [2] que, altivo por carácter e irascible por genio, miraba con rencor la degradación de los indígenas. Ultimo vástago de los Incas, y reducido ahora a prosternarse ante el mas vil empleado de la metrópoli, no pudo su ánimo sobrellevar en paz estos ultrajes.
Había frecuentado las universidades de Lima y del Cuzco, donde aprendió lo bastante para descollar entre sus iguales. No contento con el cacicazgo, que era hereditario en su familia, solicito ser reconocido como descendiente legitimo de los antiguos dinastas del Perú, y había ya conseguido reasumir el titulo de “Marques de Oropesa” que habían llevado sus antecesores.[3]
Preocupado con sus ideas de venganza, sintió la necesidad de adquirir renombre, y derramo sus caudales para hacerse de clientes. Se puso también en contacto con las personas más influyentes del clero, a quienes pintaba con los más vivos colores los vejámenes que sufrían los indios. Movidos por sus quejas, los obispos de la Paz, del Cuzco, y otros prelados del Perú, las habían transmitido al Rey por medio de Santelices, Gobernador de Potosí, muy inclinado a favor de los naturales, y cuyos sufragios eran de un gran peso por el crédito que disfrutaba en la corte. Carlos III, príncipe justo y magnánimo, había acogido con interés estas suplicas, y para atenderlas con acierto había llamado al mismo Santelices a ocupar un puesto en su Consejo de Indias.
Con tan prósperos auspicios, D. Blas Túpac Amaru, deudo inmediato de José Gabriel, fue a Madrid a solicitar la supresión de la mita y los repartos. Todo anunciaba un feliz desenlace, cuando la Parca trunco la vida de estos filántropos, no sin sospecha de haber sido envenenados.