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enero 21, 2011

Discurso del Presidente Francisco I. Madero, al tomar posesión de la Presidencia de México (1911)

DISCURSO AL TOMAR POSESIÓN DE LA PRESIDENCIA DE MEXICO
Francisco I. Madero
[5 de Noviembre de 1911]

C. Lic. Francisco L. de la Barra:
Profunda satisfacción me causa el hecho de que me transmitáis el poder felicitándome tan sinceramente por la muestra de confianza que me han conferido mis conciudadanos al llevarme con su voto a que ocupe la Primera Magistratura de la República hasta el 30 de noviembre de 1915.
Esta satisfacción proviene de la convicción que tengo de que en el corto período que habéis estado al frente de los destinos de la patria, habéis sabido inspirar vuestra conducta en los principios salvadores de la revolución: Sufragio efectivo y la No Reelección, siendo la presente ceremonia testimonio irrecusable de la aplicación del segundo principio, lo cual mucho os honra; y estando en la conciencia nacional la convicción de que en todos los casos, desde que estáis al frente del poder, el pueblo ha ejercido el sagrado derecho de designar a sus gobernantes en los comicios electorales, debemos considerar como implantado de un modo definitivo el principio de la efectividad del sufragio que tanto dignifica y enaltece a los pueblos que lo practican.

Discurso de Francisco I. Madero, pronunciado en la Ciudad de Puebla (1911)

DISCURSO PRONUNCIADO EN LA CIUDAD DE PUEBLA
Francisco I. Madero
[14 de Julio de 1911]

Conciudadanos:
No puedo resolverme a dejar pasar esta oportunidad en que estoy tan cerca de vosotros, para dirigiros la palabra. Ya otras veces tuve la satisfacción de hacerlo, pero en momentos de prueba para la República, en los momentos supremos en que los que habíamos comprendido las angustias y los anhelos del pueblo, le hacíamos un llamado para que viniera a agruparse a nuestro derredor y nos alistáramos a defender la sacrosanta bandera de la libertad constitucional de nuestra patria.
En aquella época recorrí la mayor parte de la República con ese objeto y en todas partes el pueblo presuroso se acercaba a mí y con su entusiasmo me demostraba que estaba resuelto a luchar hasta vencer o morir.
Nuestros adversarios desconociendo la fuerza del pueblo y no dándose cuenta del alto patriotismo que nos animaba creían que esas frases eran frases de relumbrón, eran frases de retórica únicamente para adornar nuestros discursos; nunca se imaginaron, nunca oyeron, porque estaban sordos, porque estaban ciegos y nunca se dieron cuenta de que esas frases eran el grito de un pueblo oprimido que clamaba justicia contra sus opresores y clamaba libertad.