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diciembre 17, 2010

"Discurso sobre la libertad de los antiguos comparada con la de los modernos" Benjamin Constant (1819)

DISCURSO SOBRE LA LIBERTAD DE LOS ANTIGUOS COMPARADA CON LA DE LOS MODERNOS [1]
Benjamín Constant de Rebecque
[Febrero de 1819]

Señores,
Me propongo exponerles algunas distinciones, aún bastante nuevas, entre dos tipos de libertad, cuyas diferencias han permanecido hasta hoy inadvertidas, o al menos demasiado poco observadas. Una es la libertad cuyo ejercicio era tan caro a los más antiguos; la otra, cuyo disfrute es particularmente precioso a las naciones modernas. Esta investigación será interesante, si no me equivoco, bajo un doble aspecto.
Primeramente, la confusión de estas dos especies de libertad ha sido entre nosotros, durante épocas demasiado célebres de nuestra revolución, la causa de muchos males.
Francia se ha visto cansada de los ensayos inútiles con que sus autores, irritados por su poco éxito, han intentado constreñirla del bien que no deseaba y le han disputado el bien que sí quería.
En segundo lugar, invitados por nuestra feliz revolución (la llamo feliz, a pesar de sus excesos, porque fijo mis observaciones sobre sus resultados), a disfrutar de los beneficios de un gobierno representativo, es curioso y útil investigar por qué ese gobierno, el único dentro del cual podíamos hoy día encontrar alguna libertad y algún reposo, ha sido casi enteramente desconocido por las naciones libres de la antigüedad. Sé que se ha pretendido desentrañar sus huellas en algunos pueblos antiguos, por ejemplo en la república de Lacedemonia y entre nuestros antepasados los galos, pero es erróneo.
El gobierno de Lacedemonia era una aristocracia monacal, y en ningún caso un gobierno representativo. El poder de los reyes era limitado, pero lo estaba por los éforos y no por hombres
investidos de una misión semejante la que la elección confiere en nuestros días a los defensores de nuestras libertades. Los éforos, sin duda después de haber sido instituidospor los reyes, eran nombrados por el pueblo. Pero sólo eran cinco. Su autoridad era tanto religiosa como política; tenían una parte en la administración, en el gobierno, es decir, en el poder ejecutivo; y por ahí, su prerrogativa, como la de casi todos los magistrados populares en las antiguas repúblicas, lejos de ser simplemente una barrera contra la tiranía, se convertía a veces en una tiranía insoportable.