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abril 20, 2011

"Ensayo. Sobre la necesidad de una Federación general entre los Estados Hispanoamericanos y Plan de su Organización" -Obra póstuma- Bernardo de Monteagudo (1825)

SOBRE LA NECESIDAD DE UNA FEDERACION GENERAL ENTRE LOS ESTADOS HISPANOAMERICANOS Y PLAN DE SU ORGANIZACIÓN *
(Obra póstuma)
Bernardo de Monteagudo
[1825]

Prefacio del editor
El honorable coronel, don Bernardo Monteagudo, que hizo un papel tan brillante en el gran drama de la revolución de América, y cuyo nombre célebre será leído con respeto, por las generaciones que nos sigan, en los gloriosos fastos de la libertad peruana cuyas primeras elegantes páginas están escritas de su puño, murió desastrosamente, antes de haber concluido esta Memoria que tanto honor hace, al mismo tiempo, a su patriotismo y a su pluma.
Un digno amigo suyo, que se dirigió a su casa con la primera nueva que tuvo de su muerte, y la tomó de una carpeta donde sabia que guardaba sus producciones admirables el ilustre difunto, impidió que se perdiese, juntamente con él, este monumento precioso de su política y buen gusto. Y nosotros ahora la presentamos al público, ignorando, ciertamente, si damos con ella un lenitivo al justo sentimiento que su pérdida ha causado entre los que saben avaluar los talentos profundos, o si le acrecemos, por ventura, haciendo ver los rasgos que era capaz de formar.

mayo 19, 2010

"Silogismo de Chuquisaca" Bernardo de Monteagudo (1808)

SILOGISMO DE CHUQUISACA [1]
Bernardo de Monteagudo
[1808]

"El silogismo de Chuquisaca, silogismo de Charcas o silogismo altoperuano fue una proclamación realizada por Bernardo de Monteagudo en la ciudad boliviana de Chuquisaca, cuando ésta formaba parte de los dominios del Alto Perú del Virreinato del Río de la Plata. Tras conocerse el 23 de septiembre de 1808 la destitución del rey español Fernando VII por el imperio napoleónico, comenzó un debate en la universidad y los círculos intelectuales sobre la legitimidad del gobierno virreinal. Fue en este contexto que Monteagudo realizó la proclama:

"¿Debe seguirse la suerte de España o resistir en América? Las Indias son un dominio personal del rey de España; el rey está impedido de reinar; luego las Indias deben gobernarse a sí mismas”.

Dicha proclamación encendió los ánimos revolucionarios en Chuquisaca y La Paz, llevando a la Revolución de Chuquisaca y la formación de la Junta Tuitiva en La Paz. Dichos movimientos independentistas fueron detenidos por el virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros y sus autores fueron sentenciados a muerte; pero dichas ejecuciones precipitaron a su vez la Revolución de Mayo en la ciudad de Buenos Aires (hoy Argentina), con la cual se expulsó a la autoridad virreinal.
[1] Fuente: Wikipedia. El presente el copia textual del tema: "Silogismo de Chiquisaca"

"Memoria. Sobre los principios políticos que seguí en la administración del Perú y acontecimientos posteriores a mi separación" Bernardo de Monteagudo (1823)

Memoria. Sobre los principios políticos que seguí en la administración del Perú y acontecimientos posteriores a mi separación
Bernardo de Monteagudo
[17 de Marzo de 1823]

Yo sería inconsecuente con los principios que profeso, si rehusase apelar al buen sentido del pueblo, o no me sometiese voluntariamente al juicio de mis iguales
Quito, Marzo 17 de 1823
1° Yo no escribo para inflamar pasiones ajenas, ni para desahogar las mías: un sentimiento de respeto a la opinión de los hombres, me obliga a interrumpir el silencio con el cual he contestado siempre a las declamaciones del espíritu de partido y a los argumentos del odio. Por otra parte, después de haber sido un funcionario público, la dignidad del ministerio que obtuve, exige, que no abandone mis derechos al juicio tumultuario de mis propios agresores. Mi objeto es defenderme sin usar de represalia: el improperio y la calumnia son las armas, que emplean los que no saben combatir, sino desacreditando su carácter y revelando los misterios vergonzosos de su alma. Yo dejo a mis enemigos en posesión de sus recursos.
2° Para vindicarme ante los hombres que piensan, únicos jueces competentes de mi causa, me basta exponer los principios políticos que he seguido mientras tuve a mi cargo el Ministerio de Estado y Relaciones Exteriores del Perú. Ellos han sido proscriptos sin examen y en su lugar se han proclamado ideas contrarias con el aparato de un triunfo, al cual han servido de trofeos la libertad de calumniar y el empeño de sugerir innovaciones, para desagraviar resentimientos. Pero mis opiniones no dependen de los sucesos de un día, ni de la malignidad de algunos hombres; y declaro que ellas serán siempre las mismas, cualquiera que sea la distancia a que yo me halle de los negocios políticos y del teatro de la revolución.

"Estado actual de la revolución" Bernardo de Monteagudo (1820)

Estado actual de la Revolución  [1]
Bernardo de Monteagudo
[10 de Julio de 1820]

Hay algunas cosas buenas, otras medianas y muchas malas
"Mart", Epig. 17-L. I.
Con menos extensión que la que deseábamos, hemos discurrido sobre los extravíos inevitables que ha padecido la revolución en las dos secciones limítrofes que separan los Andes y sobre los pasos que se han dado a la reforma de nuestras instituciones, en medio de los obstáculos que la inexperiencia y la guerra han presentado alternativamente. Aunque por un orden natural, la materia de este artículo debía diferirse para cuando hubiésemos concluido la revista de nuestra situación política, nos inclinamos a anticiparla sin abandonar el deseo de continuar el plan que hemos seguido hasta este número.
El estado actual de la revolución ofrece un cuadro de temores y de esperanzas, de energía y de debilidad, que impone al que lo contempla ansioso de saber los resultados. Fácilmente se encuentran argumentos para concluir por cualquiera de aquellos extremos; según la propensión del que discurre y el interés que anima al que busca en los hechos, no lo que ellos prueban precisamente, sino lo que él intenta demostrar. Pero si se quiere deducir una consecuencia general del conjunto de las reflexiones que sugiere el estado presente, la empresa es de las más arduas, porque ella se dirige a resolver el problema, de si nuestra marcha es progresiva o retrógrada en la carrera que emprendimos diez años ha.

"Ensayo sobre la Revolución del Río de la Plata desde el 25 de mayo de 1809" Bernardo de Monteagudo (1812)

Ensayo sobre la Revolución del Río de la Plata desde el 25 de mayo de 1809
Bernardo de Monteagudo
[25 de Mayo 1812]

¡Qué tranquilos vivían los tiranos y qué contentos los pueblos con su esclavitud antes de esta época memorable! Parecía que nada era capaz de turbar la arbitraria posesión de aquellos, ni menos despertar a estos de su estúpido adormecimiento. ¿Quién se atrevía en aquel tiempo a mirar las cadenas con desdén, sin hacerse reo de un enorme atentado contra la autoridad de la ignorancia? La fanática y embrutecida multitud no sólo graduaba por una sacrílega quimera el más remoto designio de ser libre, sino que respetaba la esclavitud como un don del cielo y postrada en los templos del Eterno pedía con fervor la conservación de sus opresores, lloraba y se oponía pálida por la muerte de un tirano, celebraba con cánticos de alabanza el nacimiento de un déspota y, en fin, entonaba himnos de alegría, siempre que se prolongaban los eslabones de su triste servidumbre. Si alguno por desgracia rehusaba idolatrar el despotismo y se quejaba de la opresión, en breve la mano del verdugo le presentaba en trofeo sobre el patíbulo y moría ignominiosamente por traidor al rey. A esta sola voz se estremecían los pueblos, temblaban los hombres y se miraban unos a otros con horror, creyéndose todos cómplices en el figurado crimen del que acababa de espirar. En este deplorable estado parecía imposible que empezase a declinar la tiranía, sin que antes se llenasen los sepulcros de cadáveres y se empape en sangre el cetro de los opresores. Pero la experiencia sorprendió a la razón, el tiempo obedeció al destino, dio un grito la naturaleza y se despejaron los que hacían en las tinieblas el ensayo de la muerte.

mayo 17, 2010

"Observaciones didácticas" Bernardo de Monteagudo (1812)

OBSERVACIONES DIDACTICAS
Bernardo de Monteagudo
[febrero a Abril de 1812]

Observaciones didácticas
¿Por qué funesto trastorno ha venido a ser esclavo ese árbitro subalterno de la naturaleza, cuya voluntad sólo debía estar sujeta a las leyes que sancionan su independencia y señalan los límites que la razón eterna tiene derecho a prescribirle? ¿Por qué ha vivido el hombre entregado a la arbitrariedad de sus semejantes y obligado a recibir la ley de un perverso infeliz? No busquemos la causa fuera del hombre mismo: la ignorancia le hizo consentir en ser esclavo, hasta que con el tiempo olvidó que era libre: llegó a dudar de sus derechos, vaciló sobre sus principios y perdió de vista por una consecuencia necesaria el cuadro original de sus deberes. Un extraño embrutecimiento vino a colocarle entre dos escollos tan funestos a la justicia como a la humanidad; y fluctuando entre la servidumbre y la licencia mudaba algunas veces de situación, sin mejorar su destino siempre desgraciado, ya cuando traspasaba los límites de su LIBERTAD, ya cuando gemía en la esclavitud.
Esta alternativa de contrastes ha afligido, y afligirá el espíritu humano mientras no se fije un término medio entre aquellos extremos y se analicen las nociones elementales que deben servir de norte. Para esto sería excusado buscar en esos volúmenes de delirios filosóficos y falsos axiomas de convención la idea primitiva de un derecho grabado en el corazón de la humanidad. La LIBERTAD no es sino una propiedad inalienable e imprescriptible que goza todo hombre para discurrir, hablar y poner en obra lo que no perjudica a los derechos de otro ni se opone a la justicia que se debe a sí mismo. Esta ley santa derivada del consejo eterno no tiene otra restricción que las necesidades del hombre y su propio interés: ambos le inspiran el respeto a los derechos de otro, para que no sean violados los suyos: ambos le dictan las obligaciones a que está ligado para con su individuo y de cuya observancia pende la verdadera LIBERTAD. Ninguno es libre si sofoca el principio activo y determinante de esa innata disposición; ninguno es libre si defrauda la LIBERTAD de sus semejantes, atropellando sus derechos: en una palabra, ninguno es libre si es injusto.

"Oración Inaugural en la apertura de la Sociedad Patriótica" Bernardo de Monteagudo (1812)

ORACION INAUGURAL EN LA APERTURA DE LA SOCIEDAD PATRIOTICA
“No habría tiranos si no hubiera esclavos…”
Bernardo de Monteagudo
[13 de enero de 1812]

Yo prefiero una procelosa libertad
a la esclavitud tranquila.
Lepid. Arenga al pueblo romano
Exordio
Aislado el hombre en su primitivo estado y reducido al estrecho círculo de sus insuficientes recursos, buscó en la sociedad de sus semejantes el apoyo de su precaria existencia, y bien presto la necesidad sancionó la unión recíproca que anhelaba el instinto. Mas apenas conoció las primeras ventajas de esta asociación, cuando ya sintió sus inconvenientes y peligros: el más fuerte, el más sagaz de los asociados hizo los primeros ensayos de la tiranía, y el débil resto empezó a preparar con su obediencia pasiva la materia de que se había de formar después el primer eslabón de la cadena de los mortales. La sociedad hizo progresos, el hombre satisfizo sus necesidades, encontró lo útil, descubrió lo agradable y calculó que podría dilatar con el tiempo la esfera de sus placeres. Cada día daba un paso en sus adquisiciones y retrogradaba en sus recursos, porque sus urgencias se multiplicaban en razón de aquéllas: crecían sus apetitos, pululaban sus pasiones, y su inexperta razón fluctuaba en la impotencia de satisfacerlas. En este contraste empezó el hombre a inventar recursos y combinar sus fuerzas con los primeros medios que lo sugería su limitado y naciente ingenio. El error presidió sus primeros ensayos, y en el embrión de sus combinaciones descubrió ya el germen de sus vicios, resultado preciso de su ignorancia; porque la perversidad no es sino el efecto de un falso cálculo. Por último emprendió el crimen sin prever sus consecuencias, y su corazón recibió entonces diferentes impresiones que fijaron la época de su corrupción y de su infelicidad.

"A los pueblos interiores" Bernardo de Monteagudo (1812)

OBSERVACIÓN: [1]
"A los pueblos interiores"
Bernardo de Monteagudo
[24 de enero de 1812]

Observación
Un pueblo que repentinamente pasa de la servidumbre a la LIBERTAD, está en un próximo peligro de precipitarse en la anarquía y retrogradar a la esclavitud. El placer embriagante que recibe de un nuevo objeto, que determina su admiración, le expone a abusar de una ventaja cuya medida ignora, porque jamás ha poseído. El necesita que los peligros pongan freno a sus deseos exaltados, entes que su felicidad lo haga desgraciado, si en sus mismas alteraciones no le indica los medios de hacerse inalterable. El imperio de las pasiones sobre el corazón del hombre es demasiado lánguido cuando el peso de sus desgracias lo abruma: pero cuando la prosperidad lo dilata, y el placer lo anima, suelta entonces la brida a sus caprichos y debilidades. La América ha convertido su llanto en risa de un momento a otro, y a la humillación en que vivía, se ha sucedido la independencia en que debe morir: pero aún le falta la sanción del tiempo, y es preciso confesar que entretanto influirán más las pasiones sorprendidas por este nuevo espectáculo, que la razón misma guiada por el impulso del orden.

"A las americanas del Sud" Bernardo de Monteagudo (1811)

A LAS AMERICANAS DEL SUD
Bernardo de Monteagudo
[20 de Diciembre de 1811]

Mientras la sensibilidad sea el tributo de nuestra especie, la belleza será el árbitro de nuestras afecciones; y señoreándose siempre el sexo débil, del robusto corazón del hombre, será el primer modelo de sus costumbres públicas y privadas. Esta invencible inclinación a esa preciosa parte de la humanidad, influye sobre nuestras acciones en razón combinada de la dependencia en que estamos de ella, dependencia que variando en el modo sin decrecer en su fuerza, sigue todos los períodos de nuestra edad, anunciándose por medio de nuestras progresivas necesidades. Débiles y estúpidos en la infancia, incautos y desprevistos en la puerilidad nuestra existencia sería precaria sobre la tierra sin los auxilios de este sexo delicado. Mas luego que el hombre adquiere ese grado de fuerza y vigor propio de su organización, un nuevo estímulo anuncia su dependencia, y la naturaleza despliega a sus ojos el objeto de su inclinación. Esta es la época que fija su carácter, y determina su conducta: él pone entonces en obra todos los medios capaces de facilitarle la satisfacción de una nueva necesidad que no puede resistir.

"Causa de las causas" Bernardo de Monteagudo (1811)

CAUSA DE LAS CAUSAS [1]
Bernardo de Monteagudo
[20 de Diciembre de 1811]

Es más fácil conocer el genio y carácter de la especie humana, que calcular el de sus individuos: la diferencia entre estos es tan notable, que algunos filósofos han llegado a dudar la unidad de aquella. Así las más profundas observaciones sobre el espíritu humano burlan siempre la esperanza del pensador, que cree resolver problemas, cuando en realidad no hace sino proponer otros nuevos. Por todas partes veo al hombre empeñado en parecer virtuoso, y en merecer la consideración de sus semejantes: pero también le veo abusar luego de esta estimación, que usurpó su hipocresía. Y observando después su humildad antes de obtenerla, su altivez luego que la esperó, y su ingratitud apenas la obtuvo; desconozco al hombre en el hombre mismo, y veo que un solo individuo es tan diferente de sí propio según las circunstancias como lo es de los demás en razón de su varia organización. Infiero de todo esto, que en tan obscuro dédalo sólo la experiencia podrá fijar los elementos del criterio, y descubrir las pasiones dominantes, los vicios favoritos, y las virtudes geniales de cada hombre.

mayo 02, 2010

"Diálogo entre Atahualpa y Fernando VII en los Campos Eliseos" Bernardo de Monteagudo (1809)

DIALOGO ENTRE ATAHUALPA Y FERNANDO VII EN LOS CAMPOS ELISEOS
Bernardo de Monteagudo [1]
[1809]

En cosa de trescientos años que las delicias disfruto de estos Campos Elíseos, nunca deja la memoria de mis trágicos sucesos de atormentarme algún tanto. Mas hacia mí se encamina un hombre que según signos parece ser español, y quiero, por si llega recién, llamarlo por preguntarle lo que en mi tierra pasa.

-Hombre, cualquiera que seáis, dime quién eres.
F. - Fernando soy de Barbón, séptimo de aqueste nombre, de todos los soberanos el más triste y desgraciado.
I. - ¿Y por qué desgraciado?