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marzo 24, 2010

Discurso de Parque Norte: "Convocatoria para una convergencia democrática"

DISCURSO DE PARQUE NORTE ANTE EL PLENARIO DE DELEGADOS DEL COMITÉ NACIONAL DE LA U.C.R.
Convocatoria para una convergencia democrática
Raúl Alfonsín

[1 de diciembre de 1985]

1. El desafío
La Argentina afronta la necesidad de construir un futuro capaz de sacarla de largos años de decadencia y de frustraciones. Como sociedad se encuentra en una de las más serias encrucijadas de su historia en las vísperas del siglo XXI y en medio de una mutación civilizatoria a escala mundial, deberá decidir si ingresará a ese proceso como protagonista o como furgón de cola de las grandes potencias hegemónicas. La lógica del poder en el mundo del futuro no perdonará a quienes abdiquen de la voluntad de autodeterminarse. La dependencia traerá consigo los males que afectan a los marginados de la Tierra el hambre, la ignorancia, el autoritarismo. Sin aspirar ilusoriamente a constituirse en una potencia mundial, la Argentina como sociedad dotada de riquezas naturales y humanas considerables, puede y debe aspirar a desempeñar un papel significativo en este profundo proceso de transición que vive la humanidad, tan crucial y dramático como lo fueron hace dos siglos la revolución industrial y la revolución democrática, que abrieron nuevos horizontes para la historia de Occidente y de la humanidad toda. ¿Cómo hacerlo? ¿Sobre cuáles bases definir nuestro posible futuro? ¿En qué marco colocar nuestra voluntad de transformación? Acometer una empresa colectiva no es tarea simple. Implica una movilización de energías que abarca no sólo la dirección política de la sociedad-al Estado y al sistema político sino también a los grupos y a los individuos para que, sin renunciar a la defensa de sus intereses legítimos, sean capaces de articularlos en una fórmula de solidaridad.

marzo 22, 2010

"Felices Pascuas - La casa está en orden" (Video)


Alfonsín: "La Casa está en orden" 1987 en Yahoo! Video

Discurso de Alfonsín en el alzamiento de Semana Santa: ¡Felices Pascuas"... La casa está en orden.

DISCURSO DE ALFONSÍN EN PLAZO DE MAYO CON MOITVO DEL ALZAMIENTO CARAPINTADA DE SEMANA SANTA
Raúl Alfonsín
[19 de Abril de 1987]

Compatriotas…
Y le pido a los pueblos del mundo que por encima de estos lamentables episodios comprendan perfectamente bien hasta que punto esta galvanizada en el corazón y el sentimiento de los argentinos un estilo de vida democrático.
Estamos demostrando los argentinos con esta presencia y con la presencia en todas las plazas de la Repúblicacosas importantes y que lo sepan en el mundo, en primer lugar estamos demostrando acabadamente la definitiva decisión de viviren democracia.
En segundo lugar,… en segundo lugar, estamos demostrando la fuerza de la movilización pacífica de la ciudadanía, que es más fuerte que la violencia.
Y, en tercer lugar,… en tercer lugar, cuando el pueblo se nucleaba a los costados del camino, por donde avanzaban las tropas de las fuerzas armadas, leales, con aplausos y con abrazos, también demostramos que no estamos contra los militares, cuando los militares quieren cumplir con su deber.
Ustedes y yo,… ustedes y yo, todos en la Argentina, saben lo que estamos arriesgando. Es mucho más que un absurdo golpe de estado, estamos arriesgando un futuro nuestro y un futuro de nuestros hijos, estamos arriesgando sangre derramada entre hermandos. Es por eso que antes de proceder, he resuelto, he tomado una decisión. Dentro de unos minutos saldré personalmente a Campo de Mayo a intimar la rendición de los sediciosos.
Yo les pido a todos,… les pido a todos que me esperen acá. Les pido que me esperan acá, y si Dios quiere y nos acampaña a todos los argentinos, dentro de un rato vendré con las soluciones. Dentro de un rato vendre con la noticia de que cada uno de nosotros podemos volver a nuestros hogares para darles un beso a nuestros hijos y en ese beso decirles que le estamos asegurando la libertad para los tiempos.
[…]
-un par de horas más tarde-
[…]
Compatriotas,… compatriotas… compatriotas… compatriotas. ¡Felices Pascuas!... Los hombres amotinados han depuesto su actitud. Como corresponde serán detenidos y sometidos a la justicia… Se trata de un conjunto de hombres, un conjunto de hombres, algunos de ellos héroes de la guerra de las Malvinas, que tomaron esta posición equivocada y que han reiterado que su intención no era de provocar un golpe de Estado. Pero de todas formas, han llevado al país a esta conmoción, a esta tensión, y han provocado estas circunstancias que todos hemos vivido de la que ha sido protagonista fundamental el pueblo argentino en su conjunto.
Para evitar cerramientos de sangre, dí intrucciones a los mandos del ejército para que no se procediera a la represión y hoy podemos todos dar gracias a Dios: La casa está en orden y no hay sangre en la Argentina.
Le pido al pueblo que ha ingresado a Campo de Mayo que se retire, es necesario que así se lo haga. Y le pido a todos ustedes, vuelta a sus casas, a besar a sus hijos, a celebrar las Pascuas en paz de la Argentina.
RAÚL RICARDO ALFONSÍN

Documental sobre el día de asunción de Alfonsín como Presidente

Discurso Inaugural de las Sesiones Ordinarias del Congreso Nacional - Raúl Alfonsín

DISCURSO INAUGURAL DE LAS SESIONES ORDINARIAS DEL CONGRESO NACIONAL
Los problemas que debemos resolver son los de nuestra época
Raúl Alfonsín

[10 de Diciembre de 1983]
Honorable Congreso de la Nación:
Venimos a exponer a vuestra honorabilidad cuáles son los principales objetivos del gobierno en los diversos terrenos en que debe actuar: la política nacional e internacional, la defensa, la economía, las relaciones laborales, la educación, la salud pública, la justicia, las obras de infraestructura, los servicios públicos y todas las otras cuestiones que reclaman la atención del pueblo, de los gobernantes y de los legisladores.
Pero queremos decir, también, que entre todas las áreas habrá un enlace profundo y fundamental: que una savia común alimentará la vida de cada uno de los actos del gobierno democrático que hoy se inicia: la rectitud de los procedimientos.
Hay muchos problemas que no podrán solucionarse de inmediato, pero hoy ha terminado la inmoralidad pública.
Vamos a hacer un gobierno decente.
Ayer pudo existir un país desesperanzado, lúgubre y descreído: hoy convocamos a los argentinos, no solamente en nombre de la legitimidad de origen del gobierno democrático, sino también del sentimiento ético que sostiene a esa legitimidad.
Ese sentimiento ético constituye uno de los más nobles movimientos del alma. Aún el objetivo de construir la unión nacional debe ser cabalmente interpretado a través de la ética.

febrero 10, 2010

Discurso en el Obelisco - Raúl Alfonsín (video)

Discurso en el Obelisco cerrando la campaña electoral de 1983

DISCURSO EN EL OBELISCO O PLAZA DE LA REPUBLICA DE LA UCR CERRANDO LA CAMPAÑA ELECTORAL DE 1983
"No son los objetivos nacionales los que nos diferencian sino los métodos y los hombres, para alcanzarlos"
Raúl R. Alfonsín
[27 de Octubre de 1983]

Argentinos:
Se acaba... se acaba la dictadura militar. Se acaban la inmoralidad y la prepotencia. Se acaban el miedo y la represión. Se acaba el hambre obrera. Se acaban las fábricas muertas. Se acaba el imperio del dinero sobre el esfuerzo de la producción. Se terminó, basta de ser extranjeros en nuestra tierra. Argentinos, vamos todos a volver a ser los dueños del país. La Argentina será de su pueblo. Nace la democracia y renacen los argentinos. Decidimos el país que queremos; estamos enfrentando el momento más decisivo del último siglo. Y ya no va a haber ningún iluminado que venga a explicarnos cómo se construye la república. Ya no habrá más sectas de “nenes de papá”, ni de adivinos, ni de uniformados, ni de matones para decirnos lo que tenemos que hacer con la patria. Ahora somos nosotros, el conjunto del pueblo, quienes vamos a decir cómo se construye el país. Y que nadie se equivoque, que la lucha electoral no confunda a nadie; no hay dos pueblos. Hay dos dirigencias, dos posibilidades. Pero hay un solo pueblo. Así, lo que vamos a decidir dentro de cuatro días es cuál de los dos proyectos populares de la Argentina va a tener la responsabilidad de conducir al país. Y aquí tampoco nadie debe confundirse. No son los objetivos nacionales los que nos diferencian sino los métodos y los hombres, para alcanzarlos. No es suficiente levantar la bandera de justicia social, hay que construirla y hacer que permanezca. Las conquistas pasajeras, frágiles, las borran de un plumazo las dictaduras. Y entonces, es el pueblo el que paga los errores de los gobiernos populares. No puede haber más equivocaciones. Hay que saber gobernar a la Argentina. Éste no es un tiempo para improvisar, para debilitarse en luchas internas. Hay demasiado trabajo que hacer para que se carezca de la unidad de mano necesaria para enfrentar todos los problemas que nos deja la dictadura. No alcanza declamar la libertad. Hay que tener historia de libertad para poder asegurarla. Si no, vuelve el silencio, la represión y el miedo. Lo que vamos a decidir es cuál de los dos proyectos populares está en mejores condiciones de lograr la libertad y la justicia social sin retrocesos, para éstas y las próximas generaciones de argentinos. Los más altos dirigentes justicialistas han dicho que las elecciones no las ganará ningún candidato sino que las va a ganar Perón, así como el Cid Campeador venció muerto una batalla. Me pregunto, como se preguntan millones de argentinos, entonces, ¿quién va a gobernar en la Argentina? Y me lo pregunto al igual que millones de argentinos, porque todos recordamos muy bien lo que ocurrió cuando murió Perón. En ese momento, se produjo una crisis de autoridad que ocasionó grandes daños al país. En esos años, hubo quienes tomaron decisiones desacertadas, hubo quienes actuaron irresponsablemente, hubo quienes precedieron con buena voluntad y hubo quienes lo hicieron de manera criminal. Pero lo cierto es que sucedía algo más importante: nadie sabía realmente quién gobernaba en verdad a la Argentina. La crisis de autoridad creada por la muerte de Perón, al no poder ser resuelta por el partido gobernante, colocó a la Nación más allá de la voluntad, e incluso de la buena voluntad, de los que deseaban fervientemente consolidar un gobierno popular al servicio del pueblo. Asistimos entonces a un caos económico, al desorden social y a la escalada de la violencia. El llamado Rodrigazo inauguró hiperinflación y la especulación más desenfrenada. Esta inflación galopante, desatada en junio de 1975, implicó un despojo cotidiano sobre todos los salarios. La reacción justa e inevitable de los trabajadores ahondó un creciente desorden social. Entretanto, la acción de las Tres A, desplegada con toda intensidad e impunidad, había suscitado un clima de violencia generalizada. Sobre este telón de fondo, en medio del caos económico y el desorden social, nos vimos envueltos en un juego enloquecido de terrorismo y represión que se fue ampliando de manera incontenible. Nadie podrá reprochar jamás al radicalismo haber echado leña al fuego en esos años de desorientación y crisis. El radicalismo no intentó aprovecharlos en su favor sino que puso todo su esfuerzo para que se mantuvieran las instituciones de la república. Pero la crisis de autoridad suscitada por la muerte de Perón resultó inmanejable y tuvo consecuencias trágicas. La más evidente, que todos sufrimos, fue la de ofrecer el pretexto esperado por las minorías del privilegio para provocar el golpe de 1976 y sumir a la Nación argentina en el régimen más oprobioso de toda su historia. Vinieron con el pretexto de terminar con la especulación y desencadenaron una especulación gigantesca que desmanteló el aparato productivo del país, empobreció a la inmensa mayoría de los argentinos y enriqueció desmesuradamente a un minúsculo grupo de parásitos. Vinieron con el pretexto de evitar la cesación de pagos ante el extranjero y endeudaron al país en una forma que nadie hubiera podido imaginar y sin dejar nada a cambio de una deuda inmensa. Vinieron con el pretexto de eliminar la corrupción y terminaron corrompiendo todo, hasta las palabras más sagradas y los juramentos más solemnes. Vinieron con el pretexto de restaurar la tranquilidad y se ocuparon de imponer el temor a la inmensa mayoría de los argentinos. Vinieron con el pretexto de instaurar el orden y acabar con la violencia y desataron una represión masiva, atroz e ilegal, acarreando un drama tremendo para el país, cavando un foso de sangre deliberadamente, impulsado por algunos grupos privilegiados con el designio de enfrentar definitivamente a las Fuerzas Armadas con el pueblo argentino a fin de entorpecer o impedir la vialidad de cualquier futuro gobierno popular. Vinieron con el pretexto de imponer la paz e incitaron a la guerra, hasta que, usando las aspiraciones más legítimas y sentidas por todos los argentinos, se embarcaron irresponsablemente en el conflicto de las Malvinas. Nadie puede imaginar que sea responsable de estas tragedias la masa de hombres y mujeres argentinos que creían en Perón. Por el contrario, ellos, como la inmensa mayoría de los argentinos, han sido las víctimas de tales males. Pero sería irresponsable no reconocer que la crisis de autoridad que siguió a la muerte de Perón desembocó en una situación inmanejable para el partido entonces gobernante. Así cundieron el desconcierto y el descreimiento y se dejó el campo libre para la aventura del régimen militar y los intereses espurios, de adentro y de afuera, que se encaramaron en el poder. Es una lección amarga que los argentinos no podemos ni debemos olvidar porque, si no, las desgracias volverán a repetirse. Detrás de esa lección hay otra más profunda que tampoco deberemos olvidar. La crisis de autoridad que se vivió al morir Perón abrió una disputa por el poder en la que predominaron la prepotencia y la violencia. Pero con la prepotencia y la violencia no hay gobierno posible para el pueblo argentino: con ellas sólo se benefician los pequeños grupos que las manejan mientras casi todos los argentinos se perjudican. Peor aún: por ese camino corremos el peligro de quedarnos sin país. Porque la violencia y la prepotencia son las que nos impiden construir. Es la violencia alternativamente ejercida por unos y otros grupos minoritarios, ya sea la violencia física, económica, social o política, la que nos obliga a comenzar siempre de nuevo, la que viene a destruir lo que a duras penas levantamos un día y nos fuerza a empezarlo otra vez al día siguiente. ¿Qué industria vamos a tener si cada dos o tres o cuatro años las fábricas se cierran y pasan otros tantos años para abrirlas otra vez y recomenzar casi de cero? ¿Qué sindicatos vamos a tener si los trabajadores se ven entorpecidos desde afuera o desde adentro para construirlos y perfeccionarlos a través del tiempo por su libre decisión, ejerciendo con pasión pero con tranquilidad la crítica que permite corregir errores y mejorar las cosas? ¿Qué educación vamos a tener si la intolerancia y la prepotencia llevan periódicamente a echar maestros y profesores, a cerrar aulas y laboratorios, a destruir una y otra vez en pocos días lo que tanto trabajo y tantos años cuesta levantar en cada ocasión? Y así podríamos seguir con cada tema, con cada actividad. ¿Cómo nos vamos a quedar inermes ante los intereses extranjeros si destruyéndonos una y otra vez a nosotros mismos somos incapaces de fortalecernos? Los argentinos, casi todos los argentinos, tenemos en nuestra boca el amargo regusto de trabajar en vano, de arar en el mar porque periódicamente asistimos a la destrucción de nuestros esfuerzos. Y todo esto ocurre porque el poder que se puede obtener con la violencia y la prepotencia sólo sirve para lo que ellas sirvan, es decir para destruir. Es poco o nada lo que se puede construir con la violencia y la prepotencia. Y así es como está nuestra desgraciada Nación. La crisis de autoridad sólo será resuelta restableciendo la autoridad, es decir la capacidad para conciliar, la aptitud para convencer y no para vencer. Tendremos autoridad porque seremos capaces de convencer, porque estamos proponiendo lo que todos los argentinos sabemos que necesitamos: la paz y la tranquilidad de una convivencia en la que se respeten las discrepancias y en la que los esfuerzos para construir que hagamos cada día no sean destruidos mañana por la intolerancia y la violencia. Proponerse convencer sólo tiene sentido si estamos dispuestos también a que otros nos puedan convencer a nosotros, si aseguramos la libertad y la tolerancia entre los argentinos. Proclamamos estas ideas no sólo porque nos parecen mejores, sino –y sobre todo– porque sabemos que constituyen el único método para que los argentinos nos pongamos a construir de una vez por todas nuestro futuro. Esto es, simplemente, la democracia. Y cuando denunciemos a quienes proponen, de uno u otro modo, perpetuar la violencia, la prepotencia o la intolerancia como método de gobierno, no queremos ni nos importa denunciar a una o varias personas determinadas. Lo que nos preocupa, y lo que nunca dejará de preocuparnos, es impedir que ese método destructivo siga imperando en nuestra patria, que siga aniquilando los esfuerzos de todos los argentinos, que siga condenándonos, como nos condenó hasta ahora, a ser un país en guerra consigo mismo. Hay quienes creen, por tener demasiado metida dentro de sí mismos la prepotencia, o por soñar con soluciones mágicas e inmediatas, que ser tolerantes es ser débiles. Se confunden por completo. Para ser tolerantes y para hacer imperar la tolerancia se requiere mucho más firmeza que para ser prepotentes. En primer lugar, se necesita firmeza consigo mismo para no caer en la tentación de abusar del propio poder. ¡Cuánto mejor estaríamos hoy sí en las Fuerzas Armadas hubiera existido el buen criterio, el correcto criterio de usar las armas que el pueblo les entregó para defenderlo eficientemente contra las Fuerzas Armadas de otros países y no para ocupar el gobierno de la república! ¿Cuánto mejor estaríamos si casi todos los gobiernos no hubieran cedido a la tensión de declarar el estado de sitio –medida excepcional y extrema según la Constitución– para vencer sus dificultades en vez de procurar convencer a la población, aceptar sus críticas y garantizar el reemplazo pacífico de los gobernantes. Pero también se requiere mucha firmeza para impedir, de una vez por todas, que vuelvan a triunfar los profetas de la prepotencia y de la violencia. Después de las desgracias que sufrimos, el pueblo argentino entero habrá de impedirlo. Nunca más permitiremos que un pequeño grupo de iluminados, con o sin uniforme, pretenda erigirse en salvadores de la patria, mandándonos y pretendiendo que obedezcamos sin chistar. Porque sabemos que sólo podremos levantarnos de estas ruinas que nos oprimen mediante el esfuerzo libre y voluntario de todos, mediante el trabajo oscuro y cotidiano de cada uno. Ningún obstáculo será insuperable frente a la voluntad inmensa de un pueblo que se pone a trabajar si cerramos definitivamente el camino a la prepotencia y la violencia y la destrucción con las que nos amenazan. Estas ideas constituyen nuestra primera propuesta básica: que sea claro el método con el que vamos a construir nuestro propio futuro, el método de la libertad y de la democracia. Nuestra segunda propuesta fundamental, además del método con el que actuaremos, señala el punto de partida del camino que nos propondremos recorrer: el de la justicia social. Es innecesario reiterar la gravedad de la situación actual del país, la peor de toda su historia. Pero sí es un deber de todos entender que hay quienes sufren más que otros. Nuestro punto de partida, que sabemos compartido por la inmensa mayoría de los argentinos, apela a un formidable esfuerzo de solidaridad y fraternidad con los que están más desamparados, con los que más necesitan entre todos los que necesitan. Vamos a construir el futuro de la Argentina y comenzaremos por construirlo ya mismo para quienes menos tienen. Es por eso que yo hice un solo juramento: no habrá más niños con hambre entre los niños de la Argentina. Esos niños que sufren hambre son los más desamparados entre los desamparados y su condición nos marca con un estigma que debe avergonzarnos como hombres y como argentinos. Nuestra apelación a la fraternidad y la solidaridad entre los argentinos es mucho más que un impulso ético. Hay en ella un propósito político en el sentido más profundo de la palabra. Porque la riqueza de un país no está en su territorio ni en sus bienes, ni en sus vacas ni en su petróleo: está en todos y cada uno de sus habitantes, en todos y cada uno de sus hombres y mujeres. Es el trabajo, la capacidad de creación de los seres humanos que lo habitan, lo que da sentido y riqueza a un país. Por eso, cuando nos proponemos privilegiar el mejoramiento de las condiciones de vida de los sectores más postergados, estamos proponiendo rescatar, lo más rápidamente posible, la mayor fuente de nuestra riqueza, el mayor capital de nuestra patria: es la voluntad de terminar con la inacción a que fueron condenados millones de hombres y mujeres para que sumen su esfuerzo a los otros millones de hombres y mujeres que están trabajando. Es la voluntad de conseguir cuanto antes una mayor igualdad, para que todos los argentinos puedan tener iguales oportunidades de desplegar su esfuerzo creador y contribuir con él al bienestar de todos. Es voluntad de terminar con los que están injustamente relegados porque la sociedad no les ofrece ni les permite lo que debe ofrecerles y permitirles en la Argentina justa y generosa que vamos a construir. Es la voluntad de acabar con la falta de techo y comida, de educación y de salud, que castiga a tantos compatriotas y que nos priva a todos de la contribución que podrían dar a la nación. Es la voluntad de terminar con la discriminación ejercida contra nuestras mujeres argentinas por la subsistencia de costumbres retrógradas. Ese pueblo unido en el trabajo, en la libertad y en la justicia social que vamos a tener constituirá la valla más formidable que los argentinos levantaremos para impedir nuevas frustraciones. Sobre esa voluntad nuestro gobierno actuará con toda la energía y la firmeza que el pueblo está esperando para que nunca más los pequeños grupos de privilegiados de adentro ni los grandes intereses de afuera quiebren las instituciones y sometan a la Nación. Y ahí no habrá ninguna antinomia, porque es falso que las haya, como son falsas las acusaciones que imprudentemente algunos lanzaron. No habrá radicales ni antirradicales, ni peronistas ni antiperonistas cuando se trate de terminar con los manejos de la patria financiera, con la especulación de un grupo parasitario enriquecido a costa de la miseria de los que producen y trabajan. No habrá radicales ni antirradicales, ni peronistas ni antiperonistas cuando haya que impedir cualquier loca aventura militar que pretenda dar un nuevo golpe. Sabemos que, como argentinos, son innumerables quienes aprendieron que detrás de las palabras grandilocuentes con las que se incita a los golpes está, ahora más que nunca, la avidez de unos pocos privilegiados dispuestos a arruinar al país y grandes intereses extranjeros dispuestos a someterlo. La inmensa mayoría de los argentinos, sin distinciones ni banderas, y el gobierno al frente, terminarán para siempre con cualquier tentativa de recrear la perversa e ilícita asociación de miembros de las cúpulas de las FF.AA., formando un partido militar, para aliarse una vez más con la elite parasitaria de la patria financiera a fin de conquistar y usufructuar el poder en su propio beneficio. No habrá radicales ni antirradicales, ni peronistas ni antiperonistas sino argentinos unidos para enfrentar el imperialismo en nuestra patria o para apoyar solidariamente a los países hermanos que sufran sus ataques. La construcción y la defensa de la Argentina la haremos marchando juntos, aceptando en libertad las discrepancias, respetando las diferencias de opinión, admitiendo sin reparos las controversias en el marco de nuestras instituciones, porque así y sólo así podremos lograr la unión que necesitamos para salir adelante. Una nación es una voluntad viviente y, al igual que los hombres, se templa con las desgracias. Las desgracias que sufrimos nos han templado y ese temple es indispensable para sobrellevar las dificultades que deberemos superar. ¡Y las vamos a superar! Tenemos el inmenso privilegio, entre los países del mundo, de disponer de un territorio extenso y lleno de posibilidades que esperan ser explotadas. Frente a un pueblo que despliegue con vigor su capacidad de trabajo y vaya construyendo piedra sobre piedra su futuro, impidiendo que nadie, nunca más, venga a destruir lo que vaya haciendo, no hay dificultad que no pueda superarse. Éste es nuestro propósito, ésa es la voluntad en que nos empeñaremos todos los argentinos, ése será nuestro gobierno. Y el símbolo que coronará nuestros esfuerzos, que expresará mejor que ningún otro la autoridad, la paz, la tolerancia, la continuidad del trabajo fructífero de la Nación, lo veremos dentro de seis años, cuando entreguemos las instituciones intactas, la banda y el bastón de Presidente a quien el pueblo argentino haya elegido libre y voluntariamente.
RAÚL RICARDO ALFONSÍN

noviembre 01, 2009

El día que Alfonsín fue silbado en "La Rural" (1988)

Discurso en "La Rural" - Raúl Alfonsín

DISCURSO EN “LA RURAL”
¡Algunos comportamientos no se consustancian con la democracia, porque es una actitud fascista no escuchar al orador!
Raúl Alfonsín
[13 de Agosto de 1988]


102º Exposición de Ganadería, Agricultura e Industria Internacional
Señor presidente de la Sociedad Rural Argentina. Señores miembros de su Mesa Directiva.
Señor presidente de la Cámara de Diputados de la Nación.
Señor presidente de la Corte Suprema de la Justicia.
Señores Embajadores.
Señores representantes de gobiernos amigos.
Señoras y señores.
Yo quiero comenzar por poner de relieve esto que está sucediendo esta tarde en la Sociedad Rural Argentina. Estas manifestaciones no se producen en tiempos de dictadura, aunque parece que algunos comportamientos no se consustancian con la democracia, porque es una actitud fascista no escuchar al orador.
No creo realmente que sean productores agropecuarios los que tiene este comportamiento, son los que muertos de miedo se han quedado en silencio cuando han venido acá a hablar en representación de la dictadura.
Y son también los que se han equivocado y han aplaudido a quienes han venido a destruir la producción agraria argentina, no son los productores agropecuarios.
Si alguien tiene interés de sacar ventaja electoral de un acto fundamental de la economía argentina, como es esta Exposición Rural, se equivoca.
Yo le agradezco al señor presidente de la Sociedad Rural Argentina, sus palabras críticas, sus vehemencias. Así es la democracia; continuamos en el diálogo de siempre y lo hacemos en esta discusión, que es la que no quieren escuchar los fanáticos en el país, la que no quieren escuchar los que se creen dueños de la verdad, la que no quieren escuchar quienes atentan en definitiva contra la convivencia de los argentinos.
No coincido señor presidente, pero le pido que continuemos esta discusión. Creo que estamos trabajando para la nación, en circunstancias muy difíciles. Creo que vivimos una crisis aguda, de la que es necesario salir. Creo que América Latina nos da, a través de las más diversas manifestaciones en los distintos países, la característica de algo que padecemos, que es la caída de los precios por una parte y la deuda externa por la otra. Por doquier y en todos lados, disminución de la calidad de vida, aumento de marginalidad, disminución de los índices sociales que ponen de relieve un estado de desesperación, que realmente sufren los pueblos del continente.
Aquí de una u otro forma, frente al egoísmo de los que no entienden, estamos realizando un esfuerzo que nos muestra con orgullo, como, quizás el único país, que, en estas circunstancias a pesar de la crisis, a pesar de todos los problemas, ha logrado revertir los índices sociales; hay menos desnutrición infantil, hay menos deserción escolar, hay menos mortalidad infantil y en esto, está desde luego la acción de todos, está la acción del sector agropecuario, está la actividad de los trabajadores argentinos, está la acción que desarrolla el sector industrial y el gobierno también que pretende acompañar este esfuerzo de la sociedad toda.
Estamos realizando este esfuerzo entonces, y había que terminar con un flagelo que nos condena a todos por igual y es el de la inflación. Y no hemos hecho nada nuevo en el tema cambiario señor presidente, a lo sumo hemos quebrado una expectativa, pero no hemos disminuido la situación. No coincido, con lo que usted dice acerca de que se han cambiado las reglas de juego. Por el contrario, por primera vez, en el país, le hemos dicho a la nación toda y en particular a la producción agropecuaria, que a fines del año que viene tendrá, como conquista fundamental – usted mismo me lo ha planteado muchas veces – el dólar libre. No era una situación que se daba, no era una situación que usted mismo esperaba, tengo entendido, y sin embargo le hemos dicho al país, vamos al cambio libre, y el sector agropecuario gozará de ese cambio libre.
Esfuerzo hacemos todos. Tenemos que exportar y vamos a exportar cada vez más. Usted habló de discriminación. El sector agropecuario importa alrededor de unos doscientos cincuenta millones de dólares. Va a sufrir un aumento en sus insumos; pero el sector industrial también importa y por el orden de los cinco mil millones de dólares. De modo que también va a sentir y va a sufrir un esfuerzo en el mayor valor de sus insumos. Ha subido el gas oil, es cierto, pero ha subido para todos: ha subido para el sector agropecuario, pero ha subido para el transporte de pasajeros, y lo sufre también el trabajador de la ciudad. Es el esfuerzo de una nación, porque queremos ser serios, señor presidente; queremos ser serios para construir el país que sabemos que nos merecemos, que no es el país de la vocinglería ni del agravio ni de la falta de respeto a las instituciones de la República, es el país de los productores de todo tipo en el país.
Es la solución lo que queremos. Queremos encontrarnos entre todos para terminar con estos espectáculos que me avergüenzan, no como radical o como Raúl Alfonsín, sino como Presidente de la Nación Argentina.
Sé, señor presidente, que muchas veces nos equivocamos. !Cómo no lo voy a saber!. Muchos años de dictadura en el país impidieron que quizá tomáramos la lección de lo que es gobernar en la Argentina. Les pido disculpas a todos por mis equivocaciones; pero tengan la seguridad que hay una pasión argentina que me mueve y que nada me va a convencer de que no es necesario seguir adelante, no me importan los votos, me importa el futuro de nuestros hijos, señor presidente.
Estamos para esto y de todos nosotros depende. Hubo tiempos difíciles en otras naciones del mundo.
Recuerdo de qué manera, a través de las lecturas -claro- Tomás Mann criticaba a la recuperada democracia alemana en los años veinte y en los años treinta, y recuerdo de que forma de esta manera, sin quererlo, este gran demócrata le abrió en definitiva las puertas a Hitler. Recuerdo también de qué manera sucedía lo mismo en Italia y sé perfectamente que aquí estoy entre hombres de la democracia.
Les pido que tengan cuidado en sus mensajes. Podría sumar, señor presidente, críticas a las que usted me formula. Sé y comienzo por decirles a todos, como hombre humilde de esta Argentina que me ha elegido presidente, que he cometido errores, pero estoy persuadido que solamente con el esfuerzo equitativo y del conjunto, es como se han de lograr las soluciones.
Sigamos el diálogo, sigamos encontrándonos. Los invito a seguir discutiendo. No vamos a cambiar nuestras posiciones, pero estoy seguro que pueden ser perfeccionadas, que pueden ser enriquecidas. Pongámonos a discutir entre todos la manera en que podemos construir mejor la Argentina. Hablemos de la ley agraria, sumemos racionalidad a nuestra acción. Porque éste es el tiempo del análisis sereno, éste es el tiempo del reclamo serio, este es el tiempo de la búsqueda entre todos para que de una vez por todas se acaben los que con fanatismo pretenden llevarse adelante la nación.
Este es el tiempo de la racionalidad, es el tiempo de la seriedad, es el tiempo de la moderación, es el tiempo de la mesura, para que no vuelva la magia, para que no vuelva el fascismo, para que no vuelva el encierro, para que no vuelva la demagogia.
Esa es mi apuesta y estoy seguro que será la apuesta de la gran mayoría de los argentinos.
RAÚL RICARDO ALFONSÍN

Testimonio del Ministro de Defensa acerca de los Acontecimientos de Campo de Mayo

TESTIMONIO DEL MINISTRO DE DEFENSA ACERCA DE LOS ACONTECIMIENTOS DE CAMPO DE MAYO
"Las exigencias de Rico -según le manifesté-, eran claramente inaceptables"
Horacio Jaunarena
[abril de 1987]

ME VOY A REFERIR exclusivamente a los hechos acontecidos en la tarde y noche del sábado y en la mañana del domingo, que son de mi conocimiento directo por haber sido protagonista.
Por intermedio de Facundo Suárez, por ese entonces a cargo de la SIDE, se había organizado una reunión en el Edificio de la Fuerza Aérea; iban a participar monseñor Medina (vicario castrense), el brigadier Crespo, Facundo Suárez y el teniente coronel (RE) Vila Melo, quien decía representar a Rico.
Por expreso pedido del Presidente participé de esa reunión en razón de que se pensaba que yo estaba en condiciones de interpretar mejor el pensamiento presidencial en una reunión tan delicada. En el encuentro, Vila Melo hizo conocer las exigencias de Rico, que eran -según le manifesté- claramente inaceptables. En atención a ello, en ese momento resolvimos que yo tuviera una entrevista con Rico en Campo de Mayo, lugar al cual me trasladé en helicóptero, previo conocimiento y consentimiento del Presidente.
Una vez allí, y acompañado por el general Vidal, nos ubicamos en un ámbito presuntamente neutral, en donde se presentaron Rico, Venturino y una fuerte custodia de hombres armados y vestidos de fajina.
A mi pedido, la custodia se retiró, por lo que quedamos Rico, Venturino, el general Vidal y yo.
La impresión que tuve en ese momento es que, si bien el que llevaba la voz cantante era Rico, el mentor que lo alimentaba era Venturino. De todas maneras, y luego de largas discusiones por momentos muy ásperas, pudimos resumir el petitorio de Rico en cinco puntos:
1. pase a retiro del general Ríos Ereñú y su reemplazo por otro a elegir de una lista de cinco generales que allí se me exhibió;
2. solución "política" (es decir, amnistía) de las secuelas de la represión de la guerrilla;
3. cese de la campaña contra las Fuerzas Armadas por parte de los medios de comunicación;
4. aumento sustancial del presupuesto de las Fuerzas Armadas;
5. no sancionar a los protagonistas de los hechos de Semana Santa.
A estos requerimientos contesté:
1. Que el general Ríos Ereñú ya había solicitado su retiro y que no se aceptaba la pretensión de que el nuevo jefe del Estado Mayor fuera electo de la lista que se me presentaba (el general Caridi, designado luego, no estaba en ella).
2. Que el gobierno ya tenía una decisión tomada con respecto a este tema y que ya la había anunciado el doctor Alfonsín en un discurso emitido pocos días antes en la localidad de Las Perdices, provincia de Córdoba. Lo que yo personalmente lamentaba es que ahora esa decisión ya tomada por el gobierno iba a ser interpretada como consecuencia de la presión de los revoltosos. No obstante, se seguiría con lo que ya estaba decidido.
3. Que en una democracia, el gobierno no dirige los medios de comunicación, de manera que sobre el tema no se podía hacer nada y que el movimiento que estaban llevando adelante no hacía otra cosa que destruir aún más el prestigio de las Fuerzas Armadas.
4. Que la situación presupuestaria no podía resolverse exclusivamente mirando a las Fuerzas Armadas, sino también a los requerimientos de otros sectores de la sociedad tan dignos de protección como ellas.
5. Que la Justicia estaba interviniendo y, por lo tanto, sería ésta la que en definitiva resolvería sobre sus responsabilidades.
Finalmente le hice saber a Rico que había una muchedumbre cada vez más inquieta, que la situación podía tomarse incontrolable para el propio gobierno y que las consecuencias iban a ser lamentables, mucho más para aquellos a los que él estaba acaudillando, por lo que le requería que cuanto antes depusiera. su actitud.
Luego de una discusión áspera entró en razones y me dijo que necesitaba esa noche para persuadir a sus camaradas que estaban muy exaltados, por lo cual requería tiempo hasta el día siguiente a las 10 de la mañana para entregar me la unidad formada y subordinada al gobierno constitucional.
Así se acordó, razón por la cual me retiré e informé acerca de la situación al Presidente.
Horas más tarde, el propio Rico se trasladó a la sede del Estado General del Ejército e informó al general Ríos Ereñú que a la mañana siguiente haría entrega de la unidad en la forma que le había anticipado al ministro de Defensa.
Al día siguiente (mañana del domingo) me trasladé a Campo de Mayo.
Cuando llegué me encontré con una situación absolutamente diferente a la esperada: Rico se presentó acompañado por una docena de hombres armados y en actitud amenazante. Yo me hallaba solo con mi ayudante, y sin mucha posibilidad de comunicarme con el exterior, rodeado de gente visiblemente fuera de control. En ese contexto, Rico me dijo que yo le había mentido, que "lo había corrido con la vaina", porque esa noche él se había enterado de que el gobierno estaba dispuesto a dar la amnistía a todos aquellos que intervinieron en la represión de la guerrilla, y que yo había querido hacerme el héroe ante los ojos de un Presidente que estaba dispuesto a conceder mucho más de lo que yo había manifestado.
Frente a ello, le pregunté de dónde había sacado semejante despropósito.
Me manifestó que se lo había dicho el intendente de San Isidro, quien había estado en Campo de Mayo luego de que yo me hube retirado. Le pregunté si él apreciaba la diferencia entre la palabra del ministro de Defensa y la del intendente de San Isidro, y me contestó que frente a este doble mensaje él quería que fuera el propio Presidente el que le dijera lo que realmente el gobierno estaba dispuesto a hacer.
Dadas estas circunstancias, al advertir que todo lo que se había avanzado había quedado destruido y apreciando que la situación se agravaba a medida que pasaban los minutos, me comuniqué con la Casa de Gobierno. Hablé con uno de los edecanes del Presidente, al cual en medio de mi indignación y furia le manifesté que, gracias al caos y a los dobles mensajes que emitían quienes posiblemente querían ayudar, habíamos llegado a la situación en que estábamos y que no veía otra alternativa más que el Presidente viniera y ratificara cuál era la intención del gobierno constitucional.
Luego de ello marché a la Casa de Gobierno cuando ya AIfonsín iba a partir hacia Campo de Mayo.
Junio de 2004
Horacio Jaunarena

Regresa la democracia a la Argentina: 10 de diciembre de 1983

Discurso de asunción como Presidente - Raúl Alfonsín

DISCURSO EL DIA DE SU ASUNCIÓN COMO PRESIDENTE
"...Tenemos todos la enorme responsabilidad de asegurar hoy y para los tiempos la democracia y el respeto por la dignidad del hombre"
Ricardo Alfonsin
[10 de Diciembre de 1983]

Compatriotas:
Iniciamos todos hoy una etapa nueva de la Argentina. Iniciamos una etapa que sin duda será difícil, porque tenemos todos la enorme responsabilidad de asegurar hoy y para los tiempos la democracia y el respeto por la dignidad del hombre en la tierra argentina.
”Sabemos que son momentos duros y difíciles, pero no tenemos una sola duda, vamos a arrancar los argentinos, vamos a salir adelante, vamos a hacer el país que nos merecemos. Y lo vamos a poder hacer, no por obra y gracia de gobernantes iluminados sino por esto que la plaza está cantando, porque el pueblo unido jamás será vencido.
”Una feliz circunstancia ha querido que este día en que los argentinos comenzamos esta etapa de 100 años de libertad, de paz y de democracia, se el Día de los Derechos Humanos. Y queremos, en consecuencia, comprometernos una vez más: vamos a trabajar categórica y decisivamente por la dignidad del hombre, al que sabemos hay que darle libertad, pero también justicia, porque la defensa de los derechos humanos no se agota en la preservación de la vida, sino además también en el combate que estamos absolutamente decididos a librar contra la miseria y la pobreza en nuestra Nación.
”Este es un saludo nada más, y no hubiera sido completa la fiesta de la democracia argentina –por lo menos para mí- si no hubiera contado con la posibilidad de encontrarme nuevamente con ustedes para ratificar una vez más que soy el servidor de todos, el más humilde de los argentinos.
”Me comprometo nuevamente a trabajar junto con todos ustedes para concretar los objetivos que hemos pregonado por toda la extensión de la geografía argentina, y hacer ciertos esos objetivos que los hombres que nos dieron la nacionalidad nos presentan como un mandato que ahora sabemos está al alcance de nuestras manos.
”Entre todos vamos a constituir la unión nacional, consolidar la paz interior, afianzar la justicia, proveer a la defensa común, promover el bienestar general y asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que deseen habitar el suelo argentino”.
RAÚL RICARDO ALFONSÍN

"Una feliz circunstancia ha querido que este día comenzemos 100 años de libertad, de paz y de democracia, es el día de los Derechos Humanos"