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abril 03, 2010

Discurso de José Mejía Lequerica sobre la igualdad ante la ley y la preservación de la libertad individual

DISCURSO EN LAS CORTES DE CÁDIZ SOBRE LA IGUALDAD ANTE LA LEY Y LA PRESERVACIÓN DE LA LIBERTAD INDIVIDUAL
José Mejía Lequerica
[1]
[18 de Febrero de 1811]

Sesión de 18 de febrero de 1811.
Congratúlome, señor, con V.M., al ver que los representantes del respetable pueblo español se llenan de entusiasmo y peroran con tanta elocuencia cuando se habla de los desordenes que el despotismo ha introducido en la administración de justicia. No he oído en esta memorable discusión una sola palabra que no lleve el memorable carácter de la verdad, ni un solo dictamen que no adelante algún paso en el camino de la reforma de los más desastrosos males que tanto ha sufren con demasiada paciencia los españoles. He aquí una prueba experimental de que, mientras no nos salgamos de la esfera de nuestras atribuciones (quiero decir, mientras las discusiones del congreso no rueden sino sobre objetos generales, grandes, necesarios y verdaderamente legislativos), no habrá diputado que no se exprese con energía y acierto, ni decisión que desdiga de la majestad nacional. Queriendo, pues, concurrir por mi parte con algo a promover su decoro y a restablecer su dignidad primitiva, diré dos palabras en el asunto de que se trate, porque no parezca que rehúso contribuir con mi pequeña prorrata (permítaseme la expresión) a este convite magnifico que presentan las cortes a toda la monarquía.

Discurso de José Mejía Lequerica sobre la igualdad de representación en las Cortes para las Colonias y la Península

DISCURSO EN LAS CORTES DE CÁDIZ SOBRE LA IGUAL REPRESENTACIÓN EN LAS CORTES PARA LAS COLONIAS Y LA PENÍNSULA
Patria es una hermanable reunión de hombres libres, en donde quiera que ellos estén
José Mejía Lequerica
[1]
[1 de febrero de 1811]

Señor:
Se trata de la existencia de Vuestra Merced, de la validez de sus derechos y del juicio, que no sólo la posteridad, sino la generación presente, va a formar de Vuestra Merced Voy a decir a Vuestra Merced lo que quizá no le será muy agradable; más lo diré con decoro. Yo soy inviolable; y cuando no lo fuera, diría lo mismo. Sé que en todas las naciones han tenido los grandes congresos grandes debates. Soy representante del Nuevo Reino de Granada, y sólo deseo que Vuestra Merced, sea lo que debe ser.
Sin desmentir los nobles sentimientos y verdaderos principios, ¿se podrá decir que hombres iguales no tengan iguales derechos? Sé que los americanos depositan su confianza en Vuestra Merced, y de cuya justicia sólo el dudar sería un insulto. Que sea éste el momento en que deba igualarse la América con la Europa, esta es la cuestión. Yo bien veo que hay aquí representantes de América, pero, ¿Cuántos señor? (Se suscitó algún murmullo, y un señor diputado dijo: No se trata de eso).

Discurso de José Mejía Lequerica sobre la soberanía de los pueblos

DISCURSO EN LAS CORTES DE CÁDIZ SOBRE LA SOBERANÍA DE LOS PUEBLOS
La justicia, no es más que la exacta proporción entre el deber y su desempeño”
José Mejía Lequerica
[1]
[29 de diciembre de 1810]

Bastante circunspecto Vuestra Merced por sí mismo, ha sido más y más ilustrado, los dos dignos diputados de España, que me han precedido. Oiga Vuestra Merced, por fin, a la América.
Sé muy bien dónde hablo, quién es el que viene a hablar y a quién estoy hablando. Hallóse en la tribuna del Congreso nacional de la poderosa Monarquía Española, en medio de todas las clases del Estado, y delante de los respetables Ministros de las potencias aliadas, atentos ahora todos, a mi balbuciente voz. Quisiera aun figurarme otro género de oyentes, un nuevo orden de circunstante público, que, soterrado bajo de este salón, sufriera el ardor y el peso de los sentimientos que la grandiosidad de la causa y los discursos anteriores me han inspirado... Si rodeado de sus armados satélites, el soberbio Bonaparte sacase bajo mis pies su amenazadora cabeza, con la misma serenidad, sí señor y acaso con más valentía, le dijera: "¡coronado Machiavello tiembla sobre el enorme, pero vacilante trono! Cuando el último de los españoles te habla así, qué te resta que esperar de la nación entera?"... Pero, felizmente, veo a la dócil gente castellana, a los venerables padres de la patria y al amado y adorado rey nuestro... Inviolables representantes del pueblo: ¡mirad y estremecéos! Ya tocáis el ápice de la sublime dignidad del hombre. Antes de ahora, grandes príncipes han sujetado sus causas a vuestra decisión soberana: ahora viene vuestro rey a ser por vosotros juzgado... ¡Qué de riesgos! ¡cuántas responsabilidades!

Discurso de José Mejía Lequerica sobre libertad de imprenta

DISCURSO EN LAS CORTES DE CÁDIZ SOBRE LA LIBERTAD DE IMPRENTA
“La libertad de imprenta consiste en la abolición de la censura previa”
José Mejía Lequerica
[1]
[15 de octubre de 1810]

Señor:
Sujetar a un autor que no imprima sus libros sin que los censuren primero y los censuren con intervención y de orden de los mismos jueces, que pueden detener las obras que estimen o afecten estimar por malas, jueces que a los que se declaren autores de ellas han de castigar ellos mismos con las más formidables e infamatorias penas, esto es y será siempre sujetar las ideas y los deseos, las fatigas y la propiedad, el honor y la vida de los desdichados autores al terriblemente voluntarioso capricho de los censores, es decir, al irresistible capricho de unos hombres, que, teniendo ya por sí mismos todas las pasiones, todas las fragilidades, toda la ignorancia de cualquier hombre, están, además subyugados por todos los errores, todos los intereses y todos los resentimientos; están armados con todo el poderío, toda la impunidad de las autoridades que les confían la vara de hierro de la censura, con el intento y la persuasión de que la sacudirán en pro y a placer de ellas mismas.
Luego, si la esclavitud no es más que la dependencia del arbitrio de otro, si la libertad no sufre más yugo que el de la ley, defender la acostumbrada censura previa de los libros que han de imprimirse, es constituirse abogado de la esclavitud de la imprenta; es que los autores sean esclavos de los que mandan, sin acordarse que los mandones mismos son frecuentemente esclavos de las más bajas pasiones. Luego, sería menos malo, valdría más que en vez de conservar las cadenas de dicha previa censura, se prohibiese absolutamente escribir, y aun hablar, sobre toda materia; porque al fin el ciudadano ilustrado y franco no sería miserable juguete de un censor, de juez ignorante y artero; pues no habría hombre tan imprudente que rehusare pasar por el mundo a trueque de no exponerse a que le arranquen la lengua.