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diciembre 11, 2010

El último discurso parlamentario de Carlos Pellegrini (1906)

ULTIMO DISCURSO PARLAMENTARIO
INTERVENCIÓN EN EL DEBATE SOBRE LEY DE AMNISTIA, EN LA CAMARA DE DIPUTADOS
Carlos Pellegrini
[11 de Junio de 1906]

Voy a votar, señor Presidente, en favor de este proyecto, pero como no lo voy a hacer, precisamente, por las razones que acabamos de escuchar, me permitirá la Cámara que funde brevemente mi voto. Se pretende que ésta es una ley de olvido, que va a restablecer la calma de la situación política y a fundar la paz en nuestra vida pública.
No es cierto.
Ni los acusados ni los acusadores, ni ellos ni nosotros, hemos olvidado nada. Puede decirse de todos lo que se decía de los emigrados franceses después de larga emigración: ¡nada han aprendido y nada han olvidado!
Lo único que se ha olvidado y se olvida son las lecciones de nuestra historia, de nuestra triste experiencia. Se olvida que esta es la quinta ley de amnistía que se dicta en pocos años y que los hechos se suceden con una regularidad dolorosa: la rebelión, la represión, el perdón. Y está en la conciencia de todos, señor Presidente, que esta amnistía, que se supone ser la última, no será la última; será muy pronto, tal vez, la penúltima.
¿Y por que, señor Presidente?
Porque las causas que producen estos hechos subsisten, y no só1o subsisten en toda su integridad, sino quo se agravan cada día.

Discurso de Carlos Pellegrini en el sepelio de Bartolomé Mitre (1906)

DISCURSO PRONUNCIADO EN EL SEPELIO DE BARTOLOME MITRE [1]
Termina uno de los capítulos más emocionantes de nuestra historia
Carlos Pellegrini
[21 de Enero de 1906]

Señor Presidente, Señores:
Con honda emoción, el pueblo argentino ha asistido al ocaso de una hermosa vida y contemplado, silencioso y conmovido, la desaparición del astro, que envuelto en la aureola de su propia luz, lentamente descendía en los horizontes del tiempo, hasta ocultarse a nuestros ojos mortales para renacer mañana a la inmortalidad de la historia.
Lo que termina en esta tumba no es sólo una vida de hombre que supo cumplir con honor y con gloria su larga, fatigosa y fecunda tarea, es también, uno de los capítulos más emocionantes de nuestra agitada historia aquel que relatara la trascendental evolución política que se inició en Caseros. El pensamiento y la acción del general Mitre están tan íntimamente ligados a nuestra vida nacional, que su biografía será la historia política del pueblo argentino durante la segunda mitad del siglo XIX y sería imposible trazar aquí una reseña de su vida, porque no puede compendiarse medio siglo de la historia de un pueblo en los estrechos límites de una arenga.
Es una verdad comprobada por la historia de todos los pueblos que, en los momentos más críticos y difíciles de su vida, surge siempre entre las filas populares un hombre especialmente dotado por la Providencia por las grandes cualidades necesarias para responder a las exigencias del momento histórico, y el general Mitre ha sido uno de esos seres providenciales, nacidos con todas las virtudes, y facultades necesarias para dominar y dirigir los sucesos, en una de las grandes evoluciones de la vida política de su pueblo.

"Cartas Norteamericanas" Carlos Pellegrini (1904)

CARTAS NORTEAMERICANAS [1]
Serie de 6 notas publicadas en esa forma por el diario “La Nación” de Buenos Aires, República Argentina
Carlos Pellegrini
[Noviembre de 1904]

[1/6]
PRIMERA CARTA
Diario “La Nación”, Edición del 17 de Diciembre de 1904
Hace veinte años desembarcaba en Nueva York y visitaba todos los Estados de la Unión situados entre el Atlántico, los grandes lagos y el Missisipi. He recorrido nuevamente el mismo camino, y, comparando lo que veía con mis recuerdos, he podido palpar y admirar el enorme progreso de esta Nación. Es un coloso en todo el vigor de su primera juventud. Para un argentino que viaja por los Estados Unidos, todo lo que ve y observa provoca inmediatamente un juicio comparativo entre este pueblo y el nuestro. Es que estamos examinando lo que reputamos nuestro modelo: es que nuestro ideal nacional es ser mañana lo que este pueblo es hoy, y ocupar algún día, en el planeta, la situación que él ha conquistado ya; e instintivamente examinamos en todas sus manifestaciones de progreso y de grandeza el medio y forma en que se ha realizado, para fijar la distancia que nos separa aún de nuestro ideal, las causas de nuestro retardo, y los medios y modo de reaccionar, para acercarnos con la mayor rapidez posible al fin anhelado.
Los americanos del Norte atribuyen su admirable progreso a virtudes especiales de la raza sajona. Tendrán tal vez razón si por “virtudes especiales” entienden, no condiciones étnicas superiores, sino simplemente superior y más adelantada educación política. No hay empresa alguna que una raza humana pueda realizar, que no pueda ser realizada igualmente y tal vez con más brillo y perfección, por la raza latina, si se le adiestra para la tarea con la educación necesaria. Es la vieja raza que ha civilizado al mundo, y la historia de la humanidad es la historia de sus esfuerzos y triunfos. Nada indica que haya degenerado. En la formación de esta gran Nación, fácil es establecer qué parte se debe a ventajas naturales, don de la Providencia, y qué parte a esfuerzo humano, mérito propio de su pueblo.

Carta de Carlos Pellegrini al dr. Angel F. Costa (1902)

CARTA AL DR. ÁNGEL FLORO COSTA.
Carlos Pellegrini
[Junio de 1902]

CUESTIONES ECONÓMICAS.
Las producciones del doctor Costa. Verdad con que comienza su último libro. Los empíricos y los científicos. Necesidad de una enquéte. Su facilidad en Europa. Crítica de la propuesta por el doctor Costa y de su proyecto de emisión e impuestos. El proteccionismo industrial y el libre cambio en Inglaterra, Francia y Estados Unidos. Industrias artificiales y naturales. La industria azucarera en la República. La vinícola. Ventajas obtenidas por su protección y causas de la crisis. Lo que habría pasado sin esa protección. Necesidad de esa protección. Su historia en la República. La ley monetaria de 1899. Su análisis y fundamentos. E1 proyecto de unificación. Antecedentes. Crítica de los argumentos que se le opusieron. Historia y consecuencias de dicho proyecto. Situación sobrevenida por su rechazo. La emisión garantida con hipoteca. El fondo de la pipa.
Buenos Aires, junio de 1902.
Señor doctor don Ángel Floro Costa.
Montevideo.
Mi estimado doctor Costa:
Cumpliendo la promesa que le hice al acusar recibo del ejemplar de su ultimo libro La cuestión económica en las Repúblicas del Plata [1], voy a llenar su deseo estudiando las ideas y planes económicos que usted presenta, y la crítica que hace de varios proyectos y ley es en que cooperé, aprovechando para ello la hospitalidad que me ofrece la ilustrada Dirección de esta revista.
He admirado siempre en usted la constancia, la laboriosidad, la fecundidad con que se ha ocupado de nuestras cuestiones económicas. Hay en las producciones de su inteligencia toda la exuberancia de vida de la vegetación tropical, y sus libros, como al bosque misionero, hay que penetrarlos tronchando lianas y enredaderas, para abrirse una senda y poder descubrir, admirar y aprovechar todas las bellezas y riquezas que encierra.
Como mi exposición tiene que ser breve, para no abusar del espacio que se me brinda, voy a entrar sin más preámbulo a juzgar sus proyectos y críticas económicas.

Carta abierta de Carlos Pellegrini al Dr. Indalecio Gómez (1902)

CARTA ABIERTA AL Dr. INDALECIO GÓMEZ
Carlos Pellegrini
[21 de Junio de 1902]

He escuchado, con todo el interés que su palabra siempre despierta, su hermosa conferencia sobre los últimos pactos celebrados con Chile, y más de una vez he unido mi aplauso a las entusiastas aprobaciones de sus oyentes. Cuando una pasión y una convicción sincera y profunda como la suya, servida por una inteligencia privilegiada y por envidiables dotes oratorias, se dirige a un público numeroso y selecto, cuya sola presencia acusa una comunión de sentimientos y una relación de simpatía con el orador, cuando éste hiere en su alocución las fibras más sensibles del sentimiento nacional, tienen, forzosamente, que producirse esas explosiones de entusiasmo que estallaban en la sala y que pueden traducirse, más tarde, e n corrientes poderosas de opinión que se impongan a la discusión tranquila y serena de cuestiones que afectan fundamental y trascendentalmente los más grandes intereses presentes y futuros de nuestro país.
Aquí veo yo un peligro, tanto mayor cuanto más grande es la autoridad, el prestigio y el poder de arrastre del conferenciante sobre la opinión y la pasión pública.
La discusión de estos actos, para ser ilustrativos de la opinión, tiene que ser contradictoria, pues de otra manera pueden extraviar el juicio público que oye la elocuente acusación, pues no oye la defensa de actos políticos dé la más alta gravedad y trascendencia.
Entretanto, tratándose de asuntos internacionales, los Congresos se ven inducidos a discutirlos en privado para dar a su estudio y a su crítica la más grande libertad de expresión y de juicio ; la prensa, por su índole misma y las exigencias de su diaria misión, sólo roza superficialmente la cuestión, y queda entonces, ante el criterio público, sólo la palabra elocuente de un impugnador, que lleva al ánimo del pueblo la convicción de un error cometido, o, por lo menos, la duda y la vacilación sobre el acierto de sus mandatarios, desvirtuando y anulando así los efectos de una política que, para ser fecunda, tiene siempre que contar con la consciente y franca aprobación popular.

Conferencia a los estudiantes de Carlos Pellegrini, en el Teatro Odeon (1897)

CONFERENCIA A LOS ESTUDIANTES EN EL TEATRO ODEON [1]
Carlos Pellegrini
[25 de Agosto de 1897]

Estamos ya empeñados en una de las grandes luchas periódicas en que la opinión pública se agita y conmueve, las pasiones se enardecen y los intereses se chocan; y se prepara la gran batalla en que los partidos y los hombres van a batirse por el triunfo de sus ideales, de sus aspiraciones, de sus ambiciones, o simplemente de sus simpatías.
Por desgracia para nosotros, el final de estas luchas no ha sido siempre tranquilo; y las pasiones enardecidas, salvando límites que la razón y el patriotismo marcan, nos han llevado a excesos que no quiero recordar.
Nuestro anhelo debe ser que esos finales, que nada favorecen nuestro nombre ni nuestra fama, sean sólo un triste recuerdo del pasado: y creo que uno de los medios de realizar este anhelo, es mejorar nuestras prácticas políticas, dando más campo, más escena al pensamiento y a la reflexión, y menos al sentimiento y a la pasión, tan fácil de exaltar como difícil de contener. Por eso, en vez de convocaros a la plaza pública para proclamaros, buscando la palabra sonora y ardiente que encienda vuestros entusiasmos y os entregue a ese arrastre poderoso de las masas, tan irreflexivo como irresistible, que suele llevar a la gloria como suele llevar al delito, he preferido buscaros aquí, para que, en la tranquilidad y el reposo de una reunión selecta y culta, pueda daros todo lo que os puedo ofrecer: mi manera de ver y apreciar los sucesos y mi experiencia de los hombres y las cosas de nuestra tierra.
No vengo, no, a apagar el natural entusiasmo de almas jóvenes, ni a condenar la parte que el sentimiento debe tener siempre en vuestros actos; sería una mutilación, sería arrancar a la juventud lo que tiene de más atrayente y de más hermoso, lo que da tanto vigor a su acción; quiero sólo dirigirme primero a vuestra inteligencia, darle todos los elementos para un juicio tranquilo, formar así vuestra convicción política y dejaros en seguida entregados a vuestros propios impulsos, a vuestras expansiones y entusiasmos, que pondrán alas al pensamiento para que alcance a todas las alturas y se extienda más allá de todos los horizontes.

Discurso en el Senado de Carlos Pellegrini, en el debate sobre el proyecto de unificación de deuda (1895)

INTERVENCIÓN EN EL SENADO DE LA NACION EN EL DEBATE SOBRE EL PROYECTO DE UNIFICACION DE LA DEUDA DE LA NACION
Carlos Pellegrini
[Diciembre de 1895]

Se ha formado, señor Presidente, en torno de estos proyectos, un gran movimiento de opinión, que la Comisión se explica, por el alto propósito que ellos encierran y porque afectan los intereses más trascendentales de la Nación.
A esta causa, y sólo a esta causa, atribuyo la importancia y la atención que merecen, porque la Comisión no acepta para sí ni para ningún miembro del Congreso Nacional, la sospecha de que un sentimiento pequeño pueda intervenir en su juicio, para influir en favor a en contra de un proyecto que afecta los intereses generales de la Nación.
No comprendo tampoco cómo es posible que la oposición que se hace al proyecto presentado por el Poder Ejecutivo pueda interpretarse como acto de hostilidad, ni contra el Poder Ejecutivo en general, ni contra el señor ministro de Hacienda en particular.
Este proyecto, señor Presidente, no puede afectar al Poder Ejecutivo, porque le consta a la Comisión, que el Gabinete en general no ha tenido participación alguna en su formación; algo más, cree que hay opiniones que, en ciertos detalles, son contrarias a la de los que sostienen este proyecto; y no cree siquiera que puede estar afectado el amor propio del señor Ministro, porque entiende que este proyecto tiene un origen muy anterior a su entrada al Ministerio. ¿De dónde proviene entonces este interés, este gran movimiento de opinión que ha alcanzado a nuestros acreedores dentro y fuera del país, y que los pone en tanto movimiento?
La Comisión necesita hacer un estudio retrospectivo, para determinar hechos anteriores que son la explicación del origen y del alcance de este proyecto.
En el manejo de los intereses públicos, hay ciertas cuestiones en que la opinión y las acciones de los poderes públicos puede variar, puede llegar a ser contradictoria; sobre todo, en lo que es el movimiento interno y político de un país, que puede estar sujeto a criterios distintos; pero hay ciertos asuntos que exigen unidad y persistencia de propósitos, sean cuales fueren las personas que formen parte del Gabinete Nacional, porque esa unidad de propósitos es necesaria para no malograr esfuerzos a sacrificios anteriores a no contradecir nuestras propias declaraciones. En este orden de cosas está todo lo que se refiere a nuestras relaciones exteriores y todo lo que se refiere al manejo de la hacienda pública, en cuanto se relacione con nuestra deuda exterior.

Discurso en el Senado de Carlos Pellegrini, sobre la cuestión de límites con Chile (1895)

DISCURSO PRONUNCIADO EN EL SENADO NACIONAL, SOBRE LA CUESTION DE LÍMITES CON LA REPÚBLICA DE CHILE
Carlos Pellegrini
[18 de Mayo de 1895]

La honorable Cámara ha oído la exposición del señor Ministro, que el pueblo entero de la República conocerá mañana ; y me felicito de haberla provocado, porque creo, señor Presidente, que estas cuestiones que afectan los intereses más vitales de este país, que hieren lo que tiene de más susceptible y más sagrado, el honor nacional, deben ser conocidas en toda su verdad y en todos sus detalles, por todos los ciudadanos de la República, para que ellos sepan hacia dónde se encaminan nuestras relaciones, cuáles son las perspectivas del porvenir, y para evitar, sobre todo, que el error o la ignorancia, hiriendo esa fibra sensible, nos conduzca a extravíos o extremos lamentables.
Lo que el señor Ministro ha dicho, e raya conocido por muchas personas que tienen medios de información bastante para poder seguir la marcha de nuestros asuntos internacionales, pero no era conocido de la generalidad.
Yo creo que en estas cuestiones diplomáticas, la República Argentina no debe optar por una lucha de habilidades, ni pretender obtener un triunfo por la mayor sagacidad de sus estadistas, porque todas las naciones saben defender con igual competencia y decisión, lo que creen su interés o su derecho. La verdad y la franqueza, leal y honradamente expresadas, son siempre la norma más segura en las relaciones diplomáticas.
Creo que la diplomacia argentina, en estas cuestiones de límites, debe hacerse, como decía el príncipe de Bismarck, en mangas de camisa: es decir, debe ser la expresión franca, leal, sincera, de lo que la República Argentina considera su derecho y de lo que sostendrá en todo tiempo, en toda ocasión y en todo lugar.
El día en que la República haya hecho la declaración categórica de su política internacional, se sabrá, dentro y era del país, que lo que persigue es el cumplimiento al de los tratados con el espíritu más grande de fraternidad americana y de consideración para todas las Repúblicas vecinas, dentro del respeto de su propio derecho.

Discurso en Chivilcoy de Carlos Pellegrini, como candidato a Gobernador de la Provincia de Buenos Aires (1894)

DISCURSO PRONUNCIADO EN CHIVILCOY COMO CANDIDATO A GOBERNADOR DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES [1]
Carlos Pellegrini
[17 de Febrero de 1894]

Vengo ante vosotros, correligionarios, a agradeceros el alto honor que me habéis dispensado al designarme candidato del partido para gobernador de la provincia.
No voy, siguiendo viejas prácticas, a formular un programa de gobierno, porque la experiencia me ha probado que esos programas sólo importan dar testimonio de buenas intenciones que se realizarán o no, según el desenvolvimiento de los sucesos que obedecen a fuerzas y causas ajenas y superiores la voluntad del gobernante. Cuando se trata de un hombre que no es un desconocido en la sociedad política, es su vida pasada su verdadero programa porque ella revela sus cualidades y sus defectos, y vosotros al darme vuestros votos, habéis sin duda hecho previamente balance de mi vida pública y encontrado un saldo que me abona; si os habéis equivocado, será vuestro el error y la responsabilidad. Diré por mi parte que me ratifico aquí en los principios políticos que he defendido siempre.
Soy conservador y conciliador por temperamento y por convicción. Condeno la intransigencia política, que es una forma del fanatismo, porque creo que Dios iluminó al hombre con un rayo de su inteligencia para que le sirviera de guía y de luz en el camino de la vida, y que reniega y se hace indigno de ese don divino quien permite que esa luz se extinga y ese guía se extravíe ante el soplo furioso de pasiones que son inspiraciones del mal. Para ser severos con la maldad o con el delito, no es necesario que nuestra voz tiemble con las vibraciones nerviosas de la ira, sino, por el contrario, es necesario tener toda la serena tranquilidad del juez. Los partidos políticos son dados a confundir sus intereses propios con los intereses permanentes y superiores del país, y a creer que es causa de entusiasmos, o duelos públicos, lo que sólo es alegría o pesar de aspiraciones o ambiciones realizadas o defraudadas.

Mensaje de elevación al Congreso Nacional del Presidente Carlos Pellegrini, del Proyecto de creación del Banco de la Nación Argentina (1891)

MENSAJE AL CONGRESO, COMO PRESIDENTE, PROPONIENDO AL CONGRESO LA CREACIÓN DEL BANCO DE LA NACIÓN ARGENTINA
Carlos Pellegrini
[19 de Mayo de 1891]

El balance, los cuadros y los estados detallados que se acompañan, demuestran, a juicio del Poder Ejecutivo, que el Banco Nacional no puede ya desempeñar los vastos intereses comerciales e industriales de la Nación para cuyos servicios fue creado.
Las pérdidas materiales que ha sufrido son enormes; pero no son la causa principal de su postración. Ella proviene de la pérdida de su crédito; que basta por sí sola para hacer imposible que pueda rehabilitar su giro, ni aun con el auxilio que pudieran darle las autoridades nacionales.
La simple modificación de su organismo interno y el auxilio material para atender a sus compromisos más urgentes, podrían prolongar su existencia; pero las causas mencionadas perturbarían continuamente su acción, esterilizarían sus sacrificios y le impedirían alcanzar todo el desenvolvimiento que el porvenir de nuestra industria y comercio requieren.
Un gran Banco Nacional que abarque en su giro la República entera, es, entretanto, de una necesidad indiscutible, es condición de vida para la industria nacional; y los numerosos progresos industriales que el actual Banco ha promovido, patentes hoy en todas las provincias, son en los oscuros momentos que atravesamos, el punto luminoso que alienta nuestra confianza en mejores días.
Si el actual Banco Nacional no puede llenar ya los fines de su institución, debe forzosamente liquidarse, salvando la mayor suma posible de los intereses comprometidos, y dar lugar a una nueva institución que lo reemplace, con el doble objeto de atender a las exigencias del presente y al desarrollo económico del porvenir.
Creado el nuevo Banco con todas las garantías de buena administración que una dura experiencia nos ha enseñado; dotado con un capital capaz de reanimar la paralización actual y de operar con todo el crédito que una institución sólidamente fundada ha de inspirar, puede reunir y utilizar todo el capital que hoy se retrae: será sin duda el medio verdadero de iniciar una nueva era económica, y es de esperar que el día de su instalación marque la fecha en que la aguda crisis que nos abate comience a ceder, al influjo de todas las fuerzas económicas de la Nación, que habrán encontrado un punto de apoyo para desenvolver y superar los obstáculos presentes.

"El Derecho Electoral" Carlos Pellegrini (1869)

EL DERECHO ELECTORAL [1]
Carlos Pellegrini
[1869]

« ...el sufragio universal es un dogma que se adora sin discusión.
Por mí parte, desconfío siempre de la fe ciega, porque creo que en
la política, como en religión, ella conduce al fanatismo».
LABOULAYE
En la infancia de las sociedades, el primer hecho que estableció su imperio fue el de la fuerza; y desde ese momento se inició la lucha entre la razón y la violencia, entre el derecho y la fuerza, produciendo ese combatir eterno, necesario para que la sociedad no se detenga en la jornada sin término del progreso, ya apareciendo la razón vencedora con las Repúblicas Griegas, ya la razón vencida con los reyes de Macedonia; ya el derecho sobre puesto a la fuerza con la República Romana, y a la fuerza sobrepuesta al derecho con los Césares.
La humanidad reaccionando siempre; pasando del despotismo degradante a la exageración de la Libertad, parece ceder a la marea de las pasiones que, casi siempre ciegas, obedecen a la fuerza de atracción de esos astros que cruzando tiempo en tiempo por el cielo de las sociedades y que los hombres han llamado genios.
La Edad Media con sus Reyes absolutos, con su orgullosa nobleza, con sus vasallos y sus siervos, con sus fueros y sus juicios de Dios, desapareció, vencida en la lucha con la civilización, conducida en alas del cristianismo, que todo lo invadía, todo lo dominaba, fecundando el suelo degradado por el despotismo, con la sangre de sus mártires; iluminando al mundo envuelto en las tinieblas de la ignorancia, con la luz de sus doctrinas.
Pero esa Edad, al desaparecer, dejó como huella de su paso, a los Reyes por derecho divino, a los pueblos acostumbrados a la servidumbre, y al mismo cristianismo, después de su victoria, manchando su túnica sagrada con la sangre vertida sobre los patíbulos de la Inquisición.