DISCURSO EN EL ACTO PUBLICO DE CIERRE DE LA CAMPAÑA ELECTORAL PARA INTEGRAR LA CONVENCIÓN CONSTITUYENTE, CELEBRADO EN PLAZA MISERERE
Ricardo Balbin
[26 de Julio de 1957]
Horas más y el pueblo, sobre la serenidad y el silencio de veinticuatro horas previas, decidirá el domingo el destino nacional.
He visto al país y dice mi fe, que la instancia histórica servirá a la grandeza de la República. No en vano para el destino la revolución ha depositado en el seno del pueblo el instrumento para su propia realización. Sé y estoy seguro, que el país estará a la altura del acontecimiento. Triunfos y derrotas. Éxitos y fracasos. Dolores y alegrías. Todo esto ha servido mucho, porque el hombre argentino tiene comprendido que sólo en la paz y en la justicia, está el secreto de su seguridad.Repito para todos, que la empresa exige olvidar dolores pasados y no predicar nuevos distanciamientos y discordias. Cada una cosechará lo que ha sembrado. Lo tengo dicho. Y nosotros esperamos con serenidad el fruto, porque hemos predicado la tranquilidad y el reencuentro.
Nuestra prédica ha querido recuperar un mundo moral, útil a las más puras creaciones y a la posibilidad cierta de lograr la justicia. Justicia que iguala, que impide el atropello y el abuso. Que consigna derechos y afirma las reivindicaciones -no al servicio de la bondad simulada de los que sólo dan por interés- sino al servicio del equilibrio justo, producto de la seriedad jurídica de la Nación.
Hemos visto que en el país existió desorden, desorden que anarquizó costumbres, modificó conductas y valoró inferioridades. Por eso nos dimos a la tarea limpia y clara de ayudar al esfuerzo que diera término a un proceso, que por negativo lastimó a todos y no benefició correctamente a ninguno.
En la marcha del tiempo argentino, corrido en las etapas convulsionadas, y en las iniciales de la recuperación, otros han dicho su palabra y marcaron sus orientaciones. Respetamos a todos y a todos agradecemos. El debate ha permitido demostrar que asoma vigorosa la finalidad creadora de la democracia. Tan cierto es, tan útil ha resultado, que hasta los partidos que la niegan, utilizan el clima de libertad para predicar sus doctrinas esclavizantes.
Caseros permitió el 53. El 53 valió para más de un siglo. Pudo ser para más tiempo si en la Argentina no se hubiera alterado arteramente el rumbo de su mejoramiento y la consagración de sus permanentes ideales. El contenido histórico puede repetirse. Y sobre la victoria de la liberación, bien puede la Argentina instrumentar nuevas etapas de largo aliento y de felices realizaciones.
Si Urquiza más que en Caseros triunfó en la Asamblea Constituyente que organizó el país, hagamos nosotros que esta revolución no anote para su éxito, el éxito de sus armas, sino que señale para los tiempos en la Ley Fundamental, el éxito de la confraternidad de los argentinos.
Urquiza dejó al país triunfar sobre él mismo, entregando a sus representantes populares, la tarea superior al combate mismo. Los titulares de esta revolución han seguido el rumbo de su guía y por sobre sus esfuerzos han entregado al pueblo el poder soberano para consumar la obra.
La Asamblea del 53 escaló cumbres, para no andar en la pequeñez de los enconos, y pudo así, sobre las más viejas y duras rivalidades, ganar un país para lo institucional. Sigamos el ejemplo, elevemos nuestras alas y por sobre todo lo incomprendido de ayer, ganemos para la Nación en el hecho limpio de la Constituyente de la Paz, la convivencia feliz de los argentinos.
Estoy seguro que la República alcanzará la victoria esperada. Ella servirá de mucho para la convivencia del país, en una democracia que afianzada en la Argentina, cubrirá etapas trascendentes en la escena de América. Que nadie se quede atrás. Que todo siga. Es la marcha del destino argentino.
RICARDO BALBIN

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