octubre 20, 2009

Discurso de Ricardo Balbin en el acto público de la campaña electoral presidencial, celebrado en Plaza Rocha (1951)

DISCURSO EN EL ACTO PUBLICO DE LA CAMPAÑA ELECTORAL PRESIDENCIAL, CELEBRADO EN PLAZA ROCHA
Ricardo Balbin
[18 de Agosto de 1951]

La democracia discute y sus crisis y las crisis de sus partidarios son de carác­ter creador. Reclama la plaza pública para decir de sus cosas y sus preocupaciones y exige los medios de difusión de ideas con idénticos fines.
La dictadura repudia estos procedimientos y busca exclusivamente los gran­des movimientos de masas sin interesarle los aspectos de la voluntad del hombre y sin detenerse a examinar si son sometidos, resentidos o forzados, porque ella quiere el número para impresionar o intimidar.
A su turno, los que concurren no advierten que su individualidad no cuenta, porque se pierde y se confunde en el grupo que sirve únicamente las consignas, la voluntad o el capricho del que manda.
Actuando así en el país, se ha llegado a la crisis de todos sus factores: des­concierto en la economía general. crisis en el campo, inquietud desmoralizadora en la administración, sometimiento de la justicia, monopolio de ideas y su difu­sión, quiebra de la cultura, relajación de los resortes administrativos, enriqueci­mientos ilícitos, abusos al servicio de un estado policial, en definitiva, la crisis total de valores, única manera de hacer posible la permanencia del régimen. Ya muerta la idea creadora del hombre, naufragan las posibilidades de superación y se fortalece al sistema que la disminuye, la inutiliza y la oprime.
Nosotros queremos respetar el esfuerzo intelectual que es tanto como afian­zar la cultura, haciendo posible la mejor ilustración del pueblo. Respetamos la autonomía de la universidad y de la enseñanza, que es tanto como asegurar que restauraremos la reforma y el decoro de todas las aulas, otorgando jerarquía al profesor para que esté con comodidad al servicio de un mejoramiento y no al del bajo menester de servir un sistema que adultera la mentalidad de las futuras ge­neraciones.
Seremos aliados del hombre de trabajo, buscando juntos a la mejor y más segura realización de sus derechos y su emancipación. No seremos nunca, ni haremos jamás de falsos protectores, que siempre exigen después un acatamiento que aniquila la voluntad y la condicionan a la obligación: de servir sin protestar, y de servir aun las causas que guardan en su entraña los poderes aniquiladores 'de todas las conquistas.
RICARDO BALBIN

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