octubre 27, 2009

Discurso de Ricardo Balbin en el desafuero de Ernesto Sammartino (1948)

 DISCURSO EN LA SESION DE DESAFUERO DE ERNESTO SAMMARTINO
Ricardo Balbin
DIARIO DE SESIONES HCD – T° III – Págs. 2417 a 2420
[5 de agosto de 1948]

Sr. Presidente (Cámpora). – Tiene la palabra el señor diputado por la provincia de Buenos Aires.
Sr. Sanmartino. – Pido la palabra para una aclaración personal.
Sr. Presidente (Cámpora). – En el momento oportuno, señor diputado.
Sr. Sammartino. – He sido aludido...
Sr. Presidente (Cámpora). – La lista de oradores se va a seguir estrictamente, y, en el momento oportuno, cuando llegue su turno, la Presidencia dará la palabra al señor diputado por la Capital para la aclaración que crea pertinente.
Tiene la palabra el señor diputado por Buenos Aires.
Sr. Sammartino. – El señor diputado por Buenos Aires accede a que yo haga la aclaración.
Sr. Presidente (Cámpora). – La Presidencia no accede, señor diputado, porque con ese sistema se altera de la nómina de oradores.
Sr. Sammartino. – He sido aludido por el señor diputado Bustos Fierro.
Sr. Presidente (Cámpora). – Oportunamente contestará. Si el señor diputado por la provincia de Buenos Aires no hace uso de la palabra, la Presidencia la va a acordar a otro orador anotado.
Sr. Balbín. – Como el señor presidente estaba ocupado...
Sr. Presidente (Cámpora). – Ocupaba la atención su colega, el señor diputado por la Capital.
Sr. Sammartino. – Me reservo el derecho para hacer después la aclaración.
Sr. Presidente (Cámpora). – Queda anotado el pedido del señor diputado.
Sr. Balbín. – Señor presidente: confieso –y lo saben mis compañeros de sector- que entro disminuido en este debate, por muchas circunstancias; por su naturaleza, por su argumentación, por su motivo, por mi propia vida.
No pensaba, señor presidente, que un hombre que había nacido, en un hogar democrático y que había servido plenamente a la democracia, tuviera este destino esta tarde, en esta ceremonia hereje de la democracia argentina. Entro disminuido porque soy un hombre sencillo que a veces piensa que para convencer valen más los sentimientos y las convicciones que ciertas citas que sirven para todo. A mí, para hablar, me empuja el deber. Mi bloque ha querido que yo diga su palabra de solidaridad.
Tenía la obligación de leer sus tres párrafos.
Omito esa lectura porque ya lo hizo el señor diputado por San Juan.
Luego de la lectura tenía que decir esta cosa simple y clara: las tres frases llevan la firma de todos los diputados radicales (¡Muy bien! ¡Muy bien! Aplausos.) Pienso y aseguro que las suscribe mi partido, porque han sido claros los pronunciamientos de sus organismos. Mi pretensión democrática y mi aspiración de libertad para mi pueblo, me dicen que las suscriben todos los hombres libres de este país. Para tranquilizar al señor diputado Bustos Fierro digo esta otra cosa: solidaridad firme en el documento sin discriminar teorías; las firmamos con el acento claro con que las pronunció el señor diputado Sammartino, y las firmamos con la exaltación o la intención que les atribuye el sector de la mayoría (¡Muy bien! ¡Muy bien!).
Que queden así, señor presidente, en el Diario de Sesiones, las tres frases suscritas por cuarenta y tres hombres libres. (¡Muy bien! ¡Muy bien!).
Yo, señor presidente, en mi sencillez y mi modesta ilustración, comprendo que es inútil hablar de antecedentes constitucionales. Me parece un absurdo en la acusación y sólo un deber en la defensa. Hubiera sido preferible lo otro, decir la verdad como es, con precedentes o sin precedentes: lo echamos porque se nos da la realísima gana (¡Muy bien! ¡Muy bien!) Hubiera sido de más hombría, había hablado mas la argentinidad que parece se va desdibujando en el sector de la mayoría.
Me parece inútil colocar este asunto en las teorías constitucionales y absurdo hablar de soberanía de la Cámara. Yo no creo que resuelva la soberanía del cuerpo; yo creo, con todo el respeto, que resuelve la obediencia de la Cámara a agentes extraños al recinto. La Cámara no está en estado de soberanía, y es prudente y necesario que un hombre sencillo, con calor de pueblo, se separe un poco de las teorías, se separe un poco de las interpretaciones, que a veces los pueblos no las entienden planamente, porque las palabras sirven para todo, hasta para disimular. Y yo creo que el sector de la mayoría está disimulando; no puede ser éste su pensamiento si es verdad que son hombres democráticos.
Pero a mí no me interesa la situación ni el destino del señor diputado Sammartino; nació para esta lucha, este es un revés de su carrera; sufrirá otros, verá el triunfo o no lo verá, pero deja generación para que cuente la historia magnífica de su padre.
Yo considero, señor presidente, que este asunto tampoco le interesa a la Unión Civica Radical, en cuanto significa la pérdida de un diputado de hoy y la pérdida de todos mañana, según sea la voluntad del partido.
A mí me interesa mira un poco para adelante.
Tal vez porque ya la Cámara habló de precedentes, tal vez porque ya la Cámara habló de todos los antecedentes históricos, se me ocurre pensar que en el fondo la mayoría se metía en el pasado porque tenía un poco de temor de mirar para el porvenir.
Este episodio no hay que considerarlo en relación a lo que ha acontecido en el país; este episodio hay que considerarlo en relación a lo que va a ocurrir en el país. Y es tan hondo el drama que yo advierto, tan profundas las consecuencias del futuro, que es uno de los grandes motivos que hacen que yo me sienta pequeño en este debate.
Todo hace pensar que la Argentina vive en un extraordinario momento, pero todo hace pensar que es un hecho brutal, que es la división de la familia argentina, y me entristezco e indigno porque yo voy a servir la pasión de un sector de la familia argentina en forma tan aguda y seria.
Hasta ayer yo los veía en el recinto y en la rotonda como compañeros en la acción, como hombres que estábamos al servicio del país y mucho siendo confesar que desde hoy, y para adelante, los veré como enemigos del sector argentino que represento (¡Muy bien! ¡Muy bien! Aplausos)Creo que este episodio de la Cámara es útil, muy útil. El país alguna vez le habrá de agradecer al señor diputado Sammartino haber sido autor de este triste episodio.
Las persecuciones de abajo no trascienden; la detención de los obreros no encuentra columnas en los diarios; las huelgas sojuzgadas no tienen resonancia, apenas si las tienen aquéllas; cuando los hombres van presos e interponen un recurso, y una Cámara recibe la orden desde arriba de aplicar el decreto ley más brutal que tiene la República (¡Muy bien!).
Es evidente, señor presidente, que esta conducción argentina, va distanciando a los hombres. Yo lo advierto porque lo vivo y comprometo mi voluntad y mi destino de argentino de predicarlo en mi hogar, porque hasta el sacrificio y tienen que llegar los hombres con sus hijos, cuando creen que están al servicio de un alta y profunda pasión argentina (¡Muy bien!)Esta resonancia parlamentaria era necesaria. Cuando hablaba el señor diputado Vítolo, se me aparecía como un predicador laico de la Constitución que penetraba a un recinto del paganismo constitucional; cuando hablaba Sammartino se me ocurría que era el campanero tocando a rebato a una población frente a un peligro. Y ahora lo veo muerto. Sobre él ha disparado un ejército de ocupación terrible y bárbaro, que tira contra los hombres para matar la vida física y tira contra los monumentos para romper el espíritu argentino (¡Muy bien! ¡Muy bien! Aplausos)¿Qué antecedentes constitucionales? ¿Qué tienen que ver los precedentes, cuando se estaba haciendo a puro corazón y coraje la organización de la República? Se pudieron equivocar entonces, porque estaban buscando los mejores mayoría extraordinaria, un Ejecutivo poderoso que todo tiene, no tiene el coraje civil de decir: este es nuestro precedente y este es nuestro futuro. Se ampara en la historia por una pura cobardía; señor presidente (¡Muy bien! ¡Muy bien!)
Sr. Visca. – Exagera, señor presidente.
Sr. Balbín. – Yo digo mi pasión personal. Será ridícula hoy; ya fue ridícula en otros pueblos. Alemania e Italia, Hitler y Mussolini. En aquella época otros hombres hablaron así como nosotros y esta misma risa era la expresión de los poderosos. Pero lo que tienen que saber los que se ríen en esta circunstancia extraordinaria; que Hitler no pensó en el sótano de la chancillería, que Mussolini no pensó en la plaza de Milán, y que los generales jactanciosos de Alemania se hubieran reído si alguna vez un hombre les hubiera dicho que no iban a tener el honor de firmar la paz porque iban a morir en las horcas de Nüremberg.
Esta misma risa, este mismo no sentir fue la situación de pueblos que vivieron esas tragedias: y esta dicho y parece que es un fatalismo histórico que los pueblos han de sufrir para aprender. Ustedes no sufren todavía, porque están en la opulencia del poder. Nosotros sí, porque estamos en el baluarte de la libertad, en su momento de crisis.
Se va Sammartino hoy y nosotros seguimos al servicio de la libertad, viendo al país amplio en todas sus fronteras; ustedes, sin quererlo, sin pensarlo, están edificando el edificio de vuestra propia cárcel espiritual.
Se va un hombre de la oposición porque ha dicho su verdad ¿Cuál será el destino del oficialista de hoy que mañana quiera decir su verdad? Y ustedes han construido la propia cárcel. Este es el extraordinario significado de este acontecimiento. Es inútil ocultarlo. No es la interpretación constitucional; si lo fuera habría que confesar con honradez que cualquier hombre del pueblo, sin filosofías baratas, que lea esa disposición constitucional, advierte que es inaplicable en el caso. Esa es la ficción, el teatro, la manera de engañar a un pueblo en la conducción del acontecimiento. Este episodio tiene otra razón y otro destino. Al poderoso presidente de la República y a esta poderosa mayoría que todo lo tiene y todo lo puede, le preocupan los diarios de la oposición, le molestan los comentarios por radio...
Sr. Reynés. – A ustedes también le molestan.
Sr. Presidente (Cámpora). – No interrumpa al orador el señor diputado por la Capital.
Sr. Balbín. – A nosotros nos molestan los monólogos dictatoriales del presidente de la República.
Todo el poder y todavía más. Supresión de la libertad sindical para someterla en ese edificio de Trabajo y Previsión; sometimiento de la prensa, monopolio de la radio y ahora esto: mordaza de tipo parlamentario. Poderosa y pequeña mayoría. Poderoso y pequeño presidente. Trascenderá fuera de las fronteras...
Sr. Beretta. – No se puede permitir...
Sr. Presidente (Cámpora). – No interrumpa al orador el señor diputado por la Capital.
Sr. López Serrot. – No interrumpa, porque vamos a hablar.
Sr. Beretta. – Que no se permitan agravios a la mayoría.
-Varios señores diputados hablan a la vez, y suena la campana.-
Sr. Presidente (Cámpora). – Señores diputados: la Presidencia ruega que respeten al orador que está en uso de la palabra.
Continúa con la palabra el señor diputado por Buenos Aires.
Sr. Balbín. – Señor presidente: es tan sincera mi posición, son tan claros mis sentimientos, que yo descendería si recogiera las pocas palabras que alcancé a oír de un señor diputado de la mayoría.
Y a la Cámara, a toda la Cámara, le bastaría que yo hiciera hablar a un hombre que está en ese sector para que lo desmintiera.
-Varios señores diputados hablan a la vez, y suena la campana.-
Sr. Balbín. – Señor presidente yo tendría que decirle al diputado por la Capital una cosa irreparable. Se la voy a decir, sólo me falta saber si se estila que no la tomen los taquígrafos...
Sr. Presidente (Cámpora). – Señor diputado por Buenos Aires: la presidencia le ruega, respetuosamente, que se ajuste a la cuestión en debate y que no haga ninguna alusión personal.
Sr. Balbín. – Señor presidente: pareciera que aquí el único que tiene que reclamar respeto soy yo, porque me lo están faltando.
Sr. Presidente (Cámpora). – La presidencia ha reclamado en su momento oportuno al señor diputado por la Capital.
-Varios señores diputados hablan a la vez, y suena la campana.-
Sr. Presidente (Cámpora). – Continúa con la palabra el señor diputado por Buenos Aires.
Sr. Balbín. – Decía, señor presidente, volviendo al asunto que motiva mi exposición que hubiera sido desde todo punto de vista interesante que quien o quienes los señores diputados consideran alcanzados por las palabras del señor Sammartino hubieran escuchado el informe del representante de nuestro sector y las propias palabras del señor diputado Sammartino. Y hubiera deseado también, para nuestro orgullo, que los señores generales a quienes se han referido los señores diputados de la mayoría, también lo hubieran oído, porque tal vez hubieran descubierto para más adelante, dónde está el valor civil de la argentinidad y cómo saben jugarse los hombres al servicio de la libertad de este pueblo.
Los hubieran recogido para ponerlos al servicio de la Argentina en cualquier contingencia argentina, pero no para echarlos de un ejército de gloria por algunos hombres que no tienen antecedentes para la gloria.
Señor presidente: de este episodio se ha dado en decir también que es un tiro por elevación a mi partido. Parecería que en el señor diputado Sammartino algunos traidores del radicalismo están esperando una posibilidad. Piensan que este destino del diputado radical puede crear un clima de confusión dentro de la Unión Civica Radical. Algunos hombres, con pasta de traidores, están pretendiendo especular con este episodio.
Se han equivocado totalmente. Ahora más que nunca este partido estará siempre al servicio de su destino. La resolución de esta Cámara muestra el futuro del panorama argentino.
Hasta ayer pudieron entrechocar dentro de un partido democrático ideas y convicciones. Este espectáculo lo pone frente a la realidad. Es otra la lucha y otro el sentido de nuestro combate. Ya no se trata, de modo exclusivo, de teorías políticas o económicas. Volvemos a las viejas causas de la libertad y la democracia. Y allí la Unión Civica Radical mostrará su garra histórica. Más que dividir, esto une, porque esclarece el deber de un partido nacido para ponerse al servicio de la democracia argentina. Al Reichstag pudieron destruirlo un día; a este Parlamento parece que quieren matarlo poco a poco, pero matarlo en definitiva.
Empezará por esto, para terminar en una clara dictadura. Nosotros estamos al servicio de la corriente democrática del país.
Los señores diputados interpretan el episodio a su manera. Tienen la obligación de respetar el modo como lo entendemos nosotros. Ustedes siguen su marcha dándole ese rumbo a la argentinidad. Sinceros o no sinceros, todos van marchando. Nosotros creemos que el destino del país está por otro camino, que parece más difícil. Lo tomamos con convicción y coraje. Afrontamos el futuro para que juzgue estos episodios. La confrontación la habrán nuestros hijos, los de ustedes y los nuestros.
Veremos quienes tienen que avergonzarse más y quienes enorgullecerse más. Está lanzado el desafío.
El señor presidente, con su poder Ejecutivo, pudo decir en un discurso pronunciado en Concordia, que el que no era peronista era enemigo del país. Más tarde, fulminó a los hombres de la oposición; después, los quiso poner en quiebra moral, cuando sin nombrar a ninguno aludía a todos diciendo que iban a pedir sus favores.
Voces femeninas han maldecido a la oposición.
Nosotros no maldecimos ni hacemos altivos reproches. Aceptamos este destino argentino, que lo hemos encontrado al servicio de la democracia, así, como está. Ustedes lo encuentran de esta otra manera. Que les vaya bien. Ustedes dividiendo, con este episodio, la familia argentina. Nosotros, luchando por la unidad argentina. Alguna vez, señor Bustos Fierro, entraremos a la Casa de Gobierno. Yo no sé cuando. Pero será cuando al país haya pedido rendición de cuentas (¡Muy bien! ¡Muy bien! Aplausos. Varios señores diputados rodean y felicitan al orador)

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