DISCURSOS PARLAMENTARIOS
CONTRA EL JUEGO
Ricardo Balbin
Diario de Sesiones HCD - 24 y 25 de junio de 1948
Tomo II - pág. 1441 a 1443
Tomo II - pág. 1441 a 1443
Sr. Presidente (Cámpora). - Tiene la palabra el señor diputado por Buenos Aires.
Sr. Balbín. - Aparte de las fundamentales razones dadas por el señor diputado por Buenos Aires, del Carril, y aparte de su justa indignación por la presentación de este proyecto, yo voy a dar otras razones más que determinan el voto en contra de este sector.Si nosotros votáramos este agregado significaría, no obstante el destino que se le da a esos fondos, que ratificamos el estado actual del juego en la República, y nuestra posición es totalmente contraria. Tenemos iniciativas ya redactadas en el bloque tendientes a regularizar de alguna manera este pavoroso problema de los hipódromos que está tomando carácter alarmante en el país. Más que fijarse en el número de los que trabajan para encontrar este adicional, prudente hubiera sido que el sector de la mayoría advirtiera el monto de los boletos que se juegan en las reuniones de carreras para comprender que ha entrado un poco extremadamente en forma grave este vicio del juego en la República.
Ya que vamos a hablar de este impuesto vamos a hablar también de otros impuestos que subsisten; y para demostrar que no podemos legalizar los funcionamientos ilegales de los hipódromos que actúan hoy en el país vamos a votar en contra para que ni por asomo parezca que vamos a seguir legalizando la forma en que funcionan los hipódromos.
Existe una ley que prohíbe correr carreras de caballos en los días que no sean festivos, que las permite únicamente los días domingos y en los días festivos con excepción del 9 de Julio y del 25 de Mayo. A pesar de la prohibición de esa ley se corre en el hipódromo de la Capital Federal los días sábados. ¿Dónde está el origen de esta transgresión? En un decreto del cual no es responsable este gobierno, que lleva la firma del ilustrado presidente del fraude, señor Justo. Por ese decreto, violando la ley, se autorizó a correr en el hipódromo de la Capital Federal dieciocho sábados. Es cierto que se recauda un impuesto que el Estado percibe para beneficiarse de esa transgresión de la ley.
Aparte de esto existe una invasión del Poder Ejecutivo nacional en derechos que son privativos de las provincias. Por decreto que debe conocer muy bien el señor ministro de Hacienda por el dividendo que produce (decreto esta vez del gobierno de la revolución social) el Poder Ejecutivo nacional autorizó un descuento del cinco-por ciento en el hipódromo de la Capital Federal yen todos los hipódromos del país para formar un fondo que percibe exclusivamente el gobierno de la Nación en menoscabo de los gobiernos de provincia.
Otro aspecto interesante de este asunto es que la Nación está legislando en materia de hipódromos situados dentro de las provincias; y, lo que es más grave todavía, va a las provincias con hipódromos pequeños a sacarles las ganancias para traerlas a la Capital Federal.
Lo que la Cámara debe resolver --y habrá de resolver seguramente porque está la iniciativa redactada- es que veríamos con agrado que el Poder Ejecutivo de la Nación, cumpliendo estrictamente la ley que permite correr nada más que en domingos y días festivos que no sean 25 de Mayo y 9 de Julio, ponga en su lugar el funcionamiento de los hipódromos de la Capital Federal y de San Isidro y deje de cobrar el impuesto del cinco por ciento a los hipódromos de provincia.
Tenemos que entrar a legislar de modo tal que pueda llegarse a la posibilidad de la extinción del juego en el país, que toma caracteres tan alarmantes que para festejar el 25 de Mayo se habilita la ruleta en Mar del Plata.
Tenemos que reconciliarnos un poco con este estado de cosas; tenemos que entrar a comprender si es prudente seguir viendo este espectáculo tremendo que dan los hipódromos. Es verdad que se prohíbe correr el 25 de Mayo en el hipódromo de la Capital Federal, pero se tolera el funcionamiento del hipódromo de La Plata un 25 de Mayo para que se dé el lujo este hipódromo de recibir la fabulosa suma de $6.500.000.
Patria se haría de la otra manera, buscando por algún medio que no sea la extinción total -no creo que pueda llegarse a ese remedio heroico-- que se establezca una medida prudente de contralor y de mesura que vaya haciendo cada vez más difícil esta manifestación del juego, porque yo pienso, señores diputados de la mayoría, que a esa sensibilidad de la nueva justicia social no le ha de ser muy grato el espectáculo que están dando los lugares de juego del país.
Ruego al señor ministro que esta vez, con todo entusiasmo y con toda fe en la posibilidad de alguna reacción, detenga por algún tiempo también esta iniciativa, para proporcionar la posibilidad a la Cámara -de cuyo destino es dueña la mayoría, por el hecho de ser mayoría- de ver si se está jugando a -las carreras dentro de la ley, o si sería posible que todos los sábados un juez honesto de la Capital Federal fuera al hipódromo y pusiera presos a todos por juego prohibido.
Esa es la verdad legal que vive la República: una ley que prohíbe y un decreto que autoriza; y por sobre eso, un Poder Ejecutivo que grava la ilegalidad para beneficio de no sé qué cosa y de no sé qué destino.
Hay que comprender estas cosas que son serias; no trato de impresionar con el tono de mi voz a los señores diputados, sino con la gravedad de este problema argentino. Entremos a ver qué legislación tiene el país, cómo se puede mejorar el sistema, cómo se puede ir haciendo el camino para que esa juventud de los cuarenta y ocho millones en los campos de deportes vaya con más facilidad a los mismos, en lugar de ir a las tribunas populares de los hipódromos.
Pensemos en todas estas cosas que son extraordinariamente serias, regulemos de alguna vez y definitivamente el régimen de las jurisdicciones en materia de esta legislación. Digamos de una vez por todas si asume el Poder Ejecutivo de la Nación el derecho de legislar plenamente sobre todos los hipódromos del país, o si, por el contrario, vamos a respetar el sistema de las autonomías provinciales para legislar en esta materia. Ambas jurisdicciones se van confundiendo, y en el afán de no entrechocar resulta que el mejor remedio que encuentra el gobierno, para no perjudicar a estas instituciones, es violar la ley y ampliar los días de carreras en todos los hipódromos.
En la provincia de Buenos Aires, donde existe un gobernador de la fisonomía de la mayoría, existe la posibilidad -dado que hay muchos señores que ahora son dueños de caballos de carreras y tienen que esperar turno para ganar- de que se corra los sábados por la tarde y los domingos por la mañana se realicen reuniones para los caballos perdedores.
Se trata de un asunto importante y grave, tan grave que todo el mayor salario en gran parte va a perderse allí. En muchos casos se deja de hacer frente a una necesidad del hogar, porque se abriga la posibilidad de dejar ese dinero en los hipódromos y, lo que es más grave, en días en los que se prohíben las carreras, pero el gobierno lo tolera por este decreto que violenta la ley.
Sr. Mercader. - La gente no juega por lo que le sobra, sino por lo que le falta.
Sr. Balbín. - Entonces, señor diputado Visea, la atención que merecen los hombres que trabajan en ese mundo que se mueve en derredor de los hipódromos, no se va a perjudicar porque hoy no salga este nuevo gravamen.
Permita que, por lo menos, el cuerpo tome a su consideración las iniciativas parlamentarias. Si se logra un juego severo de normas que tiendan a gravarlo y disminuir el vicio, posiblemente toda la Cámara se encuentre en esas iniciativas, que son realmente de decencia y de moralidad pública. (¡Muy bien! ¡Muy bien! Aplausos)

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