Ricardo Balbin
DIARIO DE SESIONES HCD - T° II - pág. 1415 a 1417
[24 y 25 de junio de 1948]
Sr. Presidente (Cámpora). - Tiene la palabra el señor diputado por Buenos Aires.
Sr. Balbín. - Señor presidente: acepto y tolero que se sienta indignado quien no siendo traidor es imputado de traición; pero no acepto ni tolero que se tergiverse una cuestión con tan malos propósitos, señor diputado por Córdoba.
Enunciar un artículo es lo mismo que referirse a su contenido. Lo que ha hecho el señor diputado por Buenos Aires es enunciar el contenido de un artículo. ¿Cuándo. de qué forma, en qué manera puede un hombre suponer y argumentar, o creer que una votación de la Cámara importe haber penetrado dentro del artículo 29 de la Constitución? En cualquier momento, señor diputado por Córdoba. Cuando en esta Cámara se debatió el plan quinquenal, muchos diputados, yo entre ellos -y me ratifico-, considero que las facultades otorgadas al Poder Ejecutivo hacían que cayera en responsabilidad del artículo 29 de la Constitución, y ningún señor diputado se indignó ni hizo de aquello una cuestión de privilegio. Al enunciar nosotros en aquella oportunidad que se estaba dentro de los límites del artículo 29 al otorgar aquellas extraordinarias facultades al Poder Ejecutivo, iba implícito, señor diputado por Córdoba, que a nuestro juicio se habían otorgado facultades extraordinarias.
No somos nosotros quienes habremos de juzgar el pronunciamiento, porque somos actores del mismo. La falta no tiene pena en sí misma; tiene una calificación tremenda para el ciudadano, que la recoge la historia del país.
Muchos años después de Rosas se dijo que la Cámara de Representantes había incurrido en esa sanción, porque había otorgado facultades extraordinarias. En aquella época no se discutió el episodio, porque no podía discutirse: pero la historia lo recogió en el tiempo y calificó a los actores. Por eso el país vive permanentemente el significado de Caseros. ¿Cuándo se puede decir que ustedes o nosotros tenemos la razón'? ¿Quién puede ser juez de este episodio? Ni la Comisión de Asuntos Constitucionales ni la Cámara. El futuro, señor presidente, y nada más que el futuro.
Yo puedo entender, con legítimo derecho, que votar este inciso importa otorgar facultades extraordinarias y decirlo así exclusivamente. Ello significa que en mi conciencia está la angustia de suponer que quien lo vote incurre en la infamante sanción del artículo 29 de la Constitución. ¿Por qué no ha de ser posible, señor presidente, que cada uno asuma como quiera la responsabilidad, nosotros creyendo que es esto y ustedes creyendo que es aquello? Pero no se transforma en juzgadores, porque cometerían un doble crimen, un gravísimo doble crimen.
Eso no puede ser, señor diputado por Córdoba. Yo llamo al sector de la mayoría a esta reflexión: un señor diputado, llevado por una legítima pasión de patria, frente a la disposición que debe votar, reacciona, siente a su manera e interpreta en la misma forma, considerando en ese-instante que quien vote ese artículo incurre en el delito previsto en el artículo 29 de la Constitución. Expresar el contenido del artículo no Importa ofender; implica un generoso llamado de atención de su parte, un generoso llamado proyectado en el tiempo, porque podrá captar la reflexión, ya que cada uno de los señores diputados será juzgado en el tiempo por la votación en que ha intervenido.
¿Dónde está el crimen, señores diputados? ¿Dónde está el privilegio ofendido? ¿Quién de ustedes puede recoger la ofensa si van a votar, por la afirmativa? Todos y ninguno. Pero sólo el tiempo dirá si estuvieron en lo cierto.
Si vivimos a plena responsabilidad este instante de la evolución del país; si vivimos a plena responsabilidad este momento de nuestra propia vida, ¿por qué apurar en juzgarnos nosotros mismos? ¿Por qué no podremos actuar a nuestra manera, a nuestra libre manera, para que sean quienes nos sucedan quienes nos juzguen y definan nuestras determinaciones de hoy? Este ha sido y lo digo en nombre del señor diputado por Buenos Aires, el sentido de su patriótica reacción, que no puede transformarse en una ofensa, ni puede interpretarse como tal. Ella es el producto de la libre colaboración y participación en el debate.
El señor ministro de Relaciones Exteriores, refiriéndose a un episodio, también utilizó la palabra traición, y todos estuvimos de acuerdo, señor ministro, que eso podía ser traición. En esa calificación es responsable toda la Cámara, porque nosotros no toleramos lo que le ocurrió al señor ministro en Río de Janeiro. Dentro de cincuenta años, señor ministro, la historia dirá si usted tuvo razón o si aquellos presuntos traidores eran héroes. Los episodios de ese acontecimiento los juzgará la suerte del país para levantar monumentos a quienes han acertado y para olvidar a quienes han errado. Nosotros no nos podríamos transformar en jueces.
Calificamos nuestros propios actos y actuamos él nuestra propia manera.
Pero si este asunto, señores diputados por la mayoría, no se interpreta de esta manera, habrá que considerar que los argentinos nos hemos desencontrado un poco.
Ustedes proclaman una democracia ostentada en todos los ambientes haciendo la defensa a un gobierno que comparten, estiman y quieren. Nosotros actuamos desde nuestro punto de vista. ¿Por qué no actuar así, en libertad? En el instante mismo que por ejercicio del mandato la mayoría se arrogue el derecho de sancionar o de expulsar, nosotros ganaremos, señores diputados de la mayoría, y ustedes perderán, porque darán la sensación de mayoría que experimenta miedo. Por eso me reconforta la posibilidad de que esta patriótica explicación encuentre acogida en los señores diputados de la mayoría. Y sepan que no defiendo la persona del señor diputado por Buenos Aires; estoy defendiendo la posición de dignidad de este bloque que, en cualquier momento que califica sus actitudes y tenga sus gestos lleva implícita la solidaridad de todos sus componentes. (¡Muy bien! ¡Muy bien! Aplausos) Pero responsabilidad en una clara solidaridad explicada de esta manera y con este sentido. Este, señor diputado por Córdoba, ha sido el sentido de la intervención del señor diputado por la provincia de Buenos Aires.
Nada más. (¡Muy bien! ¡Muy bien! Aplausos)
Enunciar un artículo es lo mismo que referirse a su contenido. Lo que ha hecho el señor diputado por Buenos Aires es enunciar el contenido de un artículo. ¿Cuándo. de qué forma, en qué manera puede un hombre suponer y argumentar, o creer que una votación de la Cámara importe haber penetrado dentro del artículo 29 de la Constitución? En cualquier momento, señor diputado por Córdoba. Cuando en esta Cámara se debatió el plan quinquenal, muchos diputados, yo entre ellos -y me ratifico-, considero que las facultades otorgadas al Poder Ejecutivo hacían que cayera en responsabilidad del artículo 29 de la Constitución, y ningún señor diputado se indignó ni hizo de aquello una cuestión de privilegio. Al enunciar nosotros en aquella oportunidad que se estaba dentro de los límites del artículo 29 al otorgar aquellas extraordinarias facultades al Poder Ejecutivo, iba implícito, señor diputado por Córdoba, que a nuestro juicio se habían otorgado facultades extraordinarias.
No somos nosotros quienes habremos de juzgar el pronunciamiento, porque somos actores del mismo. La falta no tiene pena en sí misma; tiene una calificación tremenda para el ciudadano, que la recoge la historia del país.
Muchos años después de Rosas se dijo que la Cámara de Representantes había incurrido en esa sanción, porque había otorgado facultades extraordinarias. En aquella época no se discutió el episodio, porque no podía discutirse: pero la historia lo recogió en el tiempo y calificó a los actores. Por eso el país vive permanentemente el significado de Caseros. ¿Cuándo se puede decir que ustedes o nosotros tenemos la razón'? ¿Quién puede ser juez de este episodio? Ni la Comisión de Asuntos Constitucionales ni la Cámara. El futuro, señor presidente, y nada más que el futuro.
Yo puedo entender, con legítimo derecho, que votar este inciso importa otorgar facultades extraordinarias y decirlo así exclusivamente. Ello significa que en mi conciencia está la angustia de suponer que quien lo vote incurre en la infamante sanción del artículo 29 de la Constitución. ¿Por qué no ha de ser posible, señor presidente, que cada uno asuma como quiera la responsabilidad, nosotros creyendo que es esto y ustedes creyendo que es aquello? Pero no se transforma en juzgadores, porque cometerían un doble crimen, un gravísimo doble crimen.
Eso no puede ser, señor diputado por Córdoba. Yo llamo al sector de la mayoría a esta reflexión: un señor diputado, llevado por una legítima pasión de patria, frente a la disposición que debe votar, reacciona, siente a su manera e interpreta en la misma forma, considerando en ese-instante que quien vote ese artículo incurre en el delito previsto en el artículo 29 de la Constitución. Expresar el contenido del artículo no Importa ofender; implica un generoso llamado de atención de su parte, un generoso llamado proyectado en el tiempo, porque podrá captar la reflexión, ya que cada uno de los señores diputados será juzgado en el tiempo por la votación en que ha intervenido.
¿Dónde está el crimen, señores diputados? ¿Dónde está el privilegio ofendido? ¿Quién de ustedes puede recoger la ofensa si van a votar, por la afirmativa? Todos y ninguno. Pero sólo el tiempo dirá si estuvieron en lo cierto.
Si vivimos a plena responsabilidad este instante de la evolución del país; si vivimos a plena responsabilidad este momento de nuestra propia vida, ¿por qué apurar en juzgarnos nosotros mismos? ¿Por qué no podremos actuar a nuestra manera, a nuestra libre manera, para que sean quienes nos sucedan quienes nos juzguen y definan nuestras determinaciones de hoy? Este ha sido y lo digo en nombre del señor diputado por Buenos Aires, el sentido de su patriótica reacción, que no puede transformarse en una ofensa, ni puede interpretarse como tal. Ella es el producto de la libre colaboración y participación en el debate.
El señor ministro de Relaciones Exteriores, refiriéndose a un episodio, también utilizó la palabra traición, y todos estuvimos de acuerdo, señor ministro, que eso podía ser traición. En esa calificación es responsable toda la Cámara, porque nosotros no toleramos lo que le ocurrió al señor ministro en Río de Janeiro. Dentro de cincuenta años, señor ministro, la historia dirá si usted tuvo razón o si aquellos presuntos traidores eran héroes. Los episodios de ese acontecimiento los juzgará la suerte del país para levantar monumentos a quienes han acertado y para olvidar a quienes han errado. Nosotros no nos podríamos transformar en jueces.
Calificamos nuestros propios actos y actuamos él nuestra propia manera.
Pero si este asunto, señores diputados por la mayoría, no se interpreta de esta manera, habrá que considerar que los argentinos nos hemos desencontrado un poco.
Ustedes proclaman una democracia ostentada en todos los ambientes haciendo la defensa a un gobierno que comparten, estiman y quieren. Nosotros actuamos desde nuestro punto de vista. ¿Por qué no actuar así, en libertad? En el instante mismo que por ejercicio del mandato la mayoría se arrogue el derecho de sancionar o de expulsar, nosotros ganaremos, señores diputados de la mayoría, y ustedes perderán, porque darán la sensación de mayoría que experimenta miedo. Por eso me reconforta la posibilidad de que esta patriótica explicación encuentre acogida en los señores diputados de la mayoría. Y sepan que no defiendo la persona del señor diputado por Buenos Aires; estoy defendiendo la posición de dignidad de este bloque que, en cualquier momento que califica sus actitudes y tenga sus gestos lleva implícita la solidaridad de todos sus componentes. (¡Muy bien! ¡Muy bien! Aplausos) Pero responsabilidad en una clara solidaridad explicada de esta manera y con este sentido. Este, señor diputado por Córdoba, ha sido el sentido de la intervención del señor diputado por la provincia de Buenos Aires.
Nada más. (¡Muy bien! ¡Muy bien! Aplausos)

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