DISCURSOS PARLAMENTARIOS
RÉGIMEN DE PREVISION
Ricardo Balbin
Diario de Sesiones HCD - 22 de Agosto de 1947
Tomo III - Págs. 592 a 595
SR. BALBÍN. - Pido la palabra.
Voy a pronunciar muy pocas para refirmar la posición del sector de la minoría en defensa del artículo 58. El tiempo que pierde la Cámara en la discusión del mismo, lo ganará con respecto a la discusión que se producirá de leyes ya proyectadas.
Este concepto, que se incorpora al despacho, es nuevo, pero ya es viejo en la casa a poco que se analicen algunas iniciativas.
El señor diputado Curchod, en su proyecto sobre régimen de los bancarios, auspicia este sistema. El señor diputado García, cuando se preocupa de la Policía Federal, tiene también incorporado este concepto; el señor diputado Orozco, en sus modificaciones a la ley de jubilaciones sobre servicios públicos, incorpora también el concepto; y el bloque radical tiene incorporada la iniciativa en cuanto al régimen jubilatorio de los ferroviarios. Es decir, que es un concepto en marcha.
Advierto que la Cámara divide sus criterios en la votación según dos conceptos diferentes: la mayoría de la comisión arranca del concepto de cómo se va a financiar la caja; los que sostenemos la modificación del artículo partimos del principio de cómo se financia el individuo.
SR. GUILLOT. - Ese es el pensamiento del presidente de la República. Por eso dije que resulta paradojal que sea la minoría, y no la mayoría, quien comparta el criterio del presidente de la República.
SR. CALCAGNO. - ¡Eso confirma el discurso de ayer del presidente sobre la oposición!...
SR. BALBÍN. - Dos conceptos fundamentales...
-El señor diputado Garay pronuncia palabras que no alcanzan a percibirse-
SR. GUILLOT. - ¡Yo no estoy con ellos! ¡El señor diputado es...
-Suena la campana de orden.
SR. GARAY. - Hay que decir las cosas como son.
-Suena la campana.SR. BALBÍN. - Utilizo mi banca para el servicio de la legislación del país.
Cuando intervengo en un debate no tomo, para hacer valer mis ideas, torcidamente los discursos que puedan pronunciar otros diputados, ni menos aún frases o expresiones que sean producto de la pasión parlamentaria.
Yo no iba a hacer ninguna mención a las observaciones formuladas por el señor diputado Guillot, porque creo que su manifestación es una honrada manifestación de su espíritu.
Pero si a algunos diputados de la mayoría les alarma que una posición de este sector en la sanción de la ley importa estar de acuerdo con el señor presidente de la República, yo digo a ustedes que hay un divorcio absoluto en el país si cada vez que este sector sustenta una norma jurídica de bien público que coincida con normas sustentadas por el señor presidente de la República, se sospecha de la iniciativa.
¡Estamos por encima de Perón y por encima del Poder Ejecutivo, porque nosotros estarnos sirviendo al país! (¡Muy bien! ¡Muy bien!)SR. GUILLOT. - ¿Me permite una breve aclaración?
SR. BALBÍN. - Sí, señor diputado.
SR. GUILLOT. - No me haga el agravio de creer que mi expresión llevó una segunda intención.
SR. BALBÍN. - No, señor diputado.
SR. GUILLOT. - La caballerosidad con actúo en este Parlamento hace que esté a cubierto de toda sospecha como la de que estoy de acuerdo con la oposición.
SR. BALBÍN. - A eso iba, señor diputado.
La coincidencia de un señor diputado de la mayoría con la opinión de este sector, no importa aparcería ni contubernio; importa inteligencia al servicio de una norma jurídica.
Así como nosotros no toleraríamos el reproche para ninguno de los nuestros, acompañamos al señor diputado Guillot en su indignación cuando se sospecha de su integridad dentro de su partido (¡Muy bien! ¡Muy bien!)Decía que dos conceptos están marcando diferencias temperamentales: el concepto de la financiación de la caja, que es del futuro, y el concepto de la financiación de la caja, que es el futuro, y el concepto de la financiación del individuo, que es del presente. ¿Es responsable el jubilado de la consecuencia actual de una situación mundial que hace crisis en el país? ¿Es responsable, acaso, de que el desenvolvimiento económico de la República lo haya puesto en regreso en su posición económica? Ese es el factor que debe considerar la Cámara.
El costo de vida, por una parte, que determinó el aumento de todas las expresiones de la economía argentina, incide sobre el régimen impositivo a que aludía el señor diputado Otóñelo, cuando improvisando un poco sobre esta materia dijo: ¿Por qué no le damos efecto retroactivo? Eso es imposible. Lo cierto es que los impuestos creados y aumentados para solventar la economía del Estado, inciden sobre el que trabaja, pero también sobre el jubilado. El mayor costo del armazón del país para atender las angustiosas necesidades del porvenir ha determinado que el Estado recoja en la fuente de producción el mayor impuesto.
Y son también los jubilados, señor presidente, los que pagan ese impuesto. Es decir, que mientras el mecanismo industrial del país se enriquece por su mayor trabajo y por la mayor demanda de sus productos, el jornalero que trabaja va multiplicando su salario en razón del costo de vida actual y no de su trabajo, exclusivamente, porque ese esfuerzo es exactamente igual al del obrero del pasado. La única diferencia estriba en que el salario del obrero en actividad, actualmente, representa una recompensa equitativa, de acuerdo al mayor costo de vida.
Todo eso crea un estado de evidente injusticia que debemos reparar. Es posible que la sanción del despacho de la minoría cree la necesidad de buscar nuevos recursos para financiar esta caja. Será ese un modo de determinar al Estado a buscar una nueva fuente de recursos, para que toda la Nación comparta el esfuerzo de mejorar a un grupo de población que ya no tiene la posibilidad de hacerlo en el terreno de su economía.
Si a eso se agrega que el costo de vida corre en relación directa con el valor de la moneda, yo pregunto ¿qué responsabilidad tiene, en el problema, el hombre jubilado que no participa en el proceso de la desvalorización de la moneda?
El propio señor presidente, que pronuncia repetidos discursos para gente que quiere mantener afiliada políticamente, improvisa en esta materia y habla de mejores jornales y aumentos de sueldos, en la medida que aumenta la producción. Si ése es un norte económico del Estado, advierto a la Cámara que también debería tenerse en consideración a esa porción de la ciudadanía que no tiene papel en el problema, pero que sufre las consecuencias del mismo. El jubilado no tiene ninguna posibilidad. Rindió al Estado todo lo que podía y la ley protegía en la subsistencia de su futuro. ¿Qué responsabilidad tiene él, individualmente, de las consecuencias que han venido después, encareciendo la producción, los alimentos y forzando la máquina de los impuestos que inciden sobre él?
El Estado debe tender a resolver ese problema creado, porque es un problema del país.
¿Qué se le da al jubilado? ¿Un premio por haber trabajado tantos años, o seguridad de vivir por haber rendido su esfuerzo? Este último concepto, de poder seguir viviendo, es el que debe guiar la acción del Estado. El Estado no otorga una jubilación como premio, sino que se la da como obligación de subsistencia a ese individuo que, a su juicio, ya ha rendido todo lo necesario para la Nación.
SR. OTTONELLO. - ¿Me permite una interrupción, señor diputado?
SR. BALBÍN. - Sí, señor diputado.
SR. OTTONELLO. - Debo hacer notar a la Honorable Cámara que en este momento, quienes estamos en disidencia, y más encarnizadamente, somos los diputados Rodríguez y Ottonello, que hemos presentado tres proyectos en favor de los jubilados en el tiempo transcurrido desde nuestra incorporación el año pasado. Estamos en disidencia ahora, porque entendemos que la situación de los jubilados hay que contemplarla en una legislación especial, reconociendo que existe esa necesidad.
SR. ARÁOZ. - Los proyectos de los señores diputados Ottonello y Rodríguez, que son buenos y que han sido aprobados por esta Cámara, favorecen solamente durante un período determinado, pero no impiden que todos los años tengamos que estar ocupándonos del mismo problema.
Lo que querernos remediar es esa situación de protección y ayuda anual…
SR. BAGNASCO. - Se puede modificar la ley.
SR. BALBÍN. - Prosigo, señor presidente.
Cuando la Cámara aumentó el monto de la jubilación por un año, tuvo en cuenta, de modo especial, que era urgente resolver de inmediato ese problema y anunció por vía indirecta a los jubilados que daba esa ley de emergencia por un año, porque el Congreso habría de preocuparse de la estabilización definitiva del jubilado. Si así no hubiera sido el propósito de la Cámara, aquel aumento no lo hubiéramos condicionado a un año. La Cámara estaba anunciando a todos los jubilados que avanzaba en la solución del problema inmediato y con carácter de emergencia, porque ella habría de preocuparse en resolver con criterio definitivo e integral este proceso de las jubilaciones. Y este artículo lo resuelve; y lo hace de modo definitivo, porque no condiciona la jubilación al aumento del sueldo, sino que también condiciona la jubilación a la disminución del sueldo.
Es la equiparación en lo más y en lo menos.
Cuando la Argentina vuelva a tener moneda sana, cuando el país retorne a la normalidad económica, cuando el costo de vida llegue a sus límites normales, el Estado no podrá sostener esta enorme máquina burocrática, con sus extraordinarios sueldos, y tendrá que venir un día al Congreso y decir que hemos entrado en paz con la economía argentina y que los sueldos, por lo tanto, tendrán que disminuirse en la misma medida y proporción de como se ha saneado la moneda y de como se ha normalizado el costo de vida y en ese instante de la disminución de los sueldos, disminuirán las jubilaciones que el Estado otorga para que los jubilados vivan decorosamente. Ese es el sentido extraordinario de esta disposición.
Si habremos de chocar con algunos inconvenientes de tipo económico para resolver de inmediato esta situación; si habremos de enfocar algunos problemas de técnica de presupuesto para establecer cuáles puestos corresponden a determinadas jubilaciones, ése será un régimen que tendrá que establecerse como consecuencia de este principio fundamental incorporado a la legislación.
Nosotros defendemos con calor esta posición porque éste será nuestro criterio para todos los sistemas jubilatorios del país, que no podrán ser de excepción, que serán siempre iguales.
No se puede hacer la diferencia de quién trabajó más o trabajó menos durante el transcurso de treinta años. Todos trabajaron igual, todos dieron idéntico esfuerzo en la medida y proporción y con las características que el cargo que ocupaban demandaba; y si habremos de hacer un régimen de excepción, yo pediría que separáramos a los maestros de este sistema y de esta caja, porque puede ser que sea el único empleado de la Nación que no tiene horario de trabajo: empieza a rendirlo en el aula de su escuela, lo sigue ejerciendo en su propio domicilio, donde corrige deberes, prepara lecciones, recompone su programa para el otro día y viaja muchas horas para ganarse el jornal. (¡Muy bien! ¡Muy bien! Aplausos)
Es decir. entonces, que dentro del régimen de quien rinde más dentro de los treinta años, habría que ver si no han dado más los maestros, que no están atados a un horario, o los empleados que van cuatro o cinco horas a la administración. Pero para nosotros son todos iguales en el esfuerzo. Es la contingencia de la dedicación, es la contingencia de la naturaleza de la labor.
Vale tanto para el régimen jubilatorio un hombre que estuvo en un laboratorio lavando frascos, que un sabio que estuvo en el laboratorio haciendo investigación científica, porque la ley de jubilaciones no premia el esfuerzo individual, sino que resuelve un concepto general de vida dentro del país.
SR. OTTONELLO. - Le hago notar al señor diputado que para los maestros existe el privilegio de los 25 años.
SR. BALBÍN. - Sí, señor diputado; pero con el régimen de retribuciones muchos de ellos preferirán trabajar 40 para poder vivir con decoro a los 57 o 60 años.
Ese es el concepto fundamental de esta modificación. La Cámara va a vol¬ver sobre estas cuestiones al tratarse los otros sistemas jubilatorios, y habremos de continuar este debate. Si entra en preocupación la Cámara, si comprende el sentido de justicia que tiene la disposición, si comprende, en definitiva, que su financiación será posible y que a posteriori se tendrá la certeza para todo el mundo de que la retribución o el salario es la compensación de un esfuerzo en relación con el costo de vida de un instante, habremos entrado todos en razón y veremos que en un futuro próximo el hombre sabrá que gana en relación a su trabajo y al medio donde trabaja, que es la solución integral que da esta disposición que propiciamos. Un jubilado de hoy, con 500 pesos, será un jubilado de mañana con 300 pesos; un jubilado de hoy con 500 pesos, será un jubilado de mañana con 1000 pesos, pero la compensación tendrá siempre un sólo destino: hacerle vivir decorosamente dentro del medio que sirvió para que prosperara o para que se educara. Ese es el sentido de esta ley, porque ahora, los que estamos en actividad, trabajando y tenemos fuerzas para hacer el trabajo real, vemos con profunda pena que otros hombres golpean a nuestra puerta todos los días y a todas las horas, porque, amantes de un mejoramiento que ellos vislumbraron cuando daban su esfuerzo al Estado, comprenden que son las únicas víctimas del progreso de la Nación. (¡Muy bien! ¡Muy bien! Aplausos)
Voy a pronunciar muy pocas para refirmar la posición del sector de la minoría en defensa del artículo 58. El tiempo que pierde la Cámara en la discusión del mismo, lo ganará con respecto a la discusión que se producirá de leyes ya proyectadas.
Este concepto, que se incorpora al despacho, es nuevo, pero ya es viejo en la casa a poco que se analicen algunas iniciativas.
El señor diputado Curchod, en su proyecto sobre régimen de los bancarios, auspicia este sistema. El señor diputado García, cuando se preocupa de la Policía Federal, tiene también incorporado este concepto; el señor diputado Orozco, en sus modificaciones a la ley de jubilaciones sobre servicios públicos, incorpora también el concepto; y el bloque radical tiene incorporada la iniciativa en cuanto al régimen jubilatorio de los ferroviarios. Es decir, que es un concepto en marcha.
Advierto que la Cámara divide sus criterios en la votación según dos conceptos diferentes: la mayoría de la comisión arranca del concepto de cómo se va a financiar la caja; los que sostenemos la modificación del artículo partimos del principio de cómo se financia el individuo.
SR. GUILLOT. - Ese es el pensamiento del presidente de la República. Por eso dije que resulta paradojal que sea la minoría, y no la mayoría, quien comparta el criterio del presidente de la República.
SR. CALCAGNO. - ¡Eso confirma el discurso de ayer del presidente sobre la oposición!...
SR. BALBÍN. - Dos conceptos fundamentales...
-El señor diputado Garay pronuncia palabras que no alcanzan a percibirse-
SR. GUILLOT. - ¡Yo no estoy con ellos! ¡El señor diputado es...
-Suena la campana de orden.
SR. GARAY. - Hay que decir las cosas como son.
-Suena la campana.SR. BALBÍN. - Utilizo mi banca para el servicio de la legislación del país.
Cuando intervengo en un debate no tomo, para hacer valer mis ideas, torcidamente los discursos que puedan pronunciar otros diputados, ni menos aún frases o expresiones que sean producto de la pasión parlamentaria.
Yo no iba a hacer ninguna mención a las observaciones formuladas por el señor diputado Guillot, porque creo que su manifestación es una honrada manifestación de su espíritu.
Pero si a algunos diputados de la mayoría les alarma que una posición de este sector en la sanción de la ley importa estar de acuerdo con el señor presidente de la República, yo digo a ustedes que hay un divorcio absoluto en el país si cada vez que este sector sustenta una norma jurídica de bien público que coincida con normas sustentadas por el señor presidente de la República, se sospecha de la iniciativa.
¡Estamos por encima de Perón y por encima del Poder Ejecutivo, porque nosotros estarnos sirviendo al país! (¡Muy bien! ¡Muy bien!)SR. GUILLOT. - ¿Me permite una breve aclaración?
SR. BALBÍN. - Sí, señor diputado.
SR. GUILLOT. - No me haga el agravio de creer que mi expresión llevó una segunda intención.
SR. BALBÍN. - No, señor diputado.
SR. GUILLOT. - La caballerosidad con actúo en este Parlamento hace que esté a cubierto de toda sospecha como la de que estoy de acuerdo con la oposición.
SR. BALBÍN. - A eso iba, señor diputado.
La coincidencia de un señor diputado de la mayoría con la opinión de este sector, no importa aparcería ni contubernio; importa inteligencia al servicio de una norma jurídica.
Así como nosotros no toleraríamos el reproche para ninguno de los nuestros, acompañamos al señor diputado Guillot en su indignación cuando se sospecha de su integridad dentro de su partido (¡Muy bien! ¡Muy bien!)Decía que dos conceptos están marcando diferencias temperamentales: el concepto de la financiación de la caja, que es del futuro, y el concepto de la financiación de la caja, que es el futuro, y el concepto de la financiación del individuo, que es del presente. ¿Es responsable el jubilado de la consecuencia actual de una situación mundial que hace crisis en el país? ¿Es responsable, acaso, de que el desenvolvimiento económico de la República lo haya puesto en regreso en su posición económica? Ese es el factor que debe considerar la Cámara.
El costo de vida, por una parte, que determinó el aumento de todas las expresiones de la economía argentina, incide sobre el régimen impositivo a que aludía el señor diputado Otóñelo, cuando improvisando un poco sobre esta materia dijo: ¿Por qué no le damos efecto retroactivo? Eso es imposible. Lo cierto es que los impuestos creados y aumentados para solventar la economía del Estado, inciden sobre el que trabaja, pero también sobre el jubilado. El mayor costo del armazón del país para atender las angustiosas necesidades del porvenir ha determinado que el Estado recoja en la fuente de producción el mayor impuesto.
Y son también los jubilados, señor presidente, los que pagan ese impuesto. Es decir, que mientras el mecanismo industrial del país se enriquece por su mayor trabajo y por la mayor demanda de sus productos, el jornalero que trabaja va multiplicando su salario en razón del costo de vida actual y no de su trabajo, exclusivamente, porque ese esfuerzo es exactamente igual al del obrero del pasado. La única diferencia estriba en que el salario del obrero en actividad, actualmente, representa una recompensa equitativa, de acuerdo al mayor costo de vida.
Todo eso crea un estado de evidente injusticia que debemos reparar. Es posible que la sanción del despacho de la minoría cree la necesidad de buscar nuevos recursos para financiar esta caja. Será ese un modo de determinar al Estado a buscar una nueva fuente de recursos, para que toda la Nación comparta el esfuerzo de mejorar a un grupo de población que ya no tiene la posibilidad de hacerlo en el terreno de su economía.
Si a eso se agrega que el costo de vida corre en relación directa con el valor de la moneda, yo pregunto ¿qué responsabilidad tiene, en el problema, el hombre jubilado que no participa en el proceso de la desvalorización de la moneda?
El propio señor presidente, que pronuncia repetidos discursos para gente que quiere mantener afiliada políticamente, improvisa en esta materia y habla de mejores jornales y aumentos de sueldos, en la medida que aumenta la producción. Si ése es un norte económico del Estado, advierto a la Cámara que también debería tenerse en consideración a esa porción de la ciudadanía que no tiene papel en el problema, pero que sufre las consecuencias del mismo. El jubilado no tiene ninguna posibilidad. Rindió al Estado todo lo que podía y la ley protegía en la subsistencia de su futuro. ¿Qué responsabilidad tiene él, individualmente, de las consecuencias que han venido después, encareciendo la producción, los alimentos y forzando la máquina de los impuestos que inciden sobre él?
El Estado debe tender a resolver ese problema creado, porque es un problema del país.
¿Qué se le da al jubilado? ¿Un premio por haber trabajado tantos años, o seguridad de vivir por haber rendido su esfuerzo? Este último concepto, de poder seguir viviendo, es el que debe guiar la acción del Estado. El Estado no otorga una jubilación como premio, sino que se la da como obligación de subsistencia a ese individuo que, a su juicio, ya ha rendido todo lo necesario para la Nación.
SR. OTTONELLO. - ¿Me permite una interrupción, señor diputado?
SR. BALBÍN. - Sí, señor diputado.
SR. OTTONELLO. - Debo hacer notar a la Honorable Cámara que en este momento, quienes estamos en disidencia, y más encarnizadamente, somos los diputados Rodríguez y Ottonello, que hemos presentado tres proyectos en favor de los jubilados en el tiempo transcurrido desde nuestra incorporación el año pasado. Estamos en disidencia ahora, porque entendemos que la situación de los jubilados hay que contemplarla en una legislación especial, reconociendo que existe esa necesidad.
SR. ARÁOZ. - Los proyectos de los señores diputados Ottonello y Rodríguez, que son buenos y que han sido aprobados por esta Cámara, favorecen solamente durante un período determinado, pero no impiden que todos los años tengamos que estar ocupándonos del mismo problema.
Lo que querernos remediar es esa situación de protección y ayuda anual…
SR. BAGNASCO. - Se puede modificar la ley.
SR. BALBÍN. - Prosigo, señor presidente.
Cuando la Cámara aumentó el monto de la jubilación por un año, tuvo en cuenta, de modo especial, que era urgente resolver de inmediato ese problema y anunció por vía indirecta a los jubilados que daba esa ley de emergencia por un año, porque el Congreso habría de preocuparse de la estabilización definitiva del jubilado. Si así no hubiera sido el propósito de la Cámara, aquel aumento no lo hubiéramos condicionado a un año. La Cámara estaba anunciando a todos los jubilados que avanzaba en la solución del problema inmediato y con carácter de emergencia, porque ella habría de preocuparse en resolver con criterio definitivo e integral este proceso de las jubilaciones. Y este artículo lo resuelve; y lo hace de modo definitivo, porque no condiciona la jubilación al aumento del sueldo, sino que también condiciona la jubilación a la disminución del sueldo.
Es la equiparación en lo más y en lo menos.
Cuando la Argentina vuelva a tener moneda sana, cuando el país retorne a la normalidad económica, cuando el costo de vida llegue a sus límites normales, el Estado no podrá sostener esta enorme máquina burocrática, con sus extraordinarios sueldos, y tendrá que venir un día al Congreso y decir que hemos entrado en paz con la economía argentina y que los sueldos, por lo tanto, tendrán que disminuirse en la misma medida y proporción de como se ha saneado la moneda y de como se ha normalizado el costo de vida y en ese instante de la disminución de los sueldos, disminuirán las jubilaciones que el Estado otorga para que los jubilados vivan decorosamente. Ese es el sentido extraordinario de esta disposición.
Si habremos de chocar con algunos inconvenientes de tipo económico para resolver de inmediato esta situación; si habremos de enfocar algunos problemas de técnica de presupuesto para establecer cuáles puestos corresponden a determinadas jubilaciones, ése será un régimen que tendrá que establecerse como consecuencia de este principio fundamental incorporado a la legislación.
Nosotros defendemos con calor esta posición porque éste será nuestro criterio para todos los sistemas jubilatorios del país, que no podrán ser de excepción, que serán siempre iguales.
No se puede hacer la diferencia de quién trabajó más o trabajó menos durante el transcurso de treinta años. Todos trabajaron igual, todos dieron idéntico esfuerzo en la medida y proporción y con las características que el cargo que ocupaban demandaba; y si habremos de hacer un régimen de excepción, yo pediría que separáramos a los maestros de este sistema y de esta caja, porque puede ser que sea el único empleado de la Nación que no tiene horario de trabajo: empieza a rendirlo en el aula de su escuela, lo sigue ejerciendo en su propio domicilio, donde corrige deberes, prepara lecciones, recompone su programa para el otro día y viaja muchas horas para ganarse el jornal. (¡Muy bien! ¡Muy bien! Aplausos)
Es decir. entonces, que dentro del régimen de quien rinde más dentro de los treinta años, habría que ver si no han dado más los maestros, que no están atados a un horario, o los empleados que van cuatro o cinco horas a la administración. Pero para nosotros son todos iguales en el esfuerzo. Es la contingencia de la dedicación, es la contingencia de la naturaleza de la labor.
Vale tanto para el régimen jubilatorio un hombre que estuvo en un laboratorio lavando frascos, que un sabio que estuvo en el laboratorio haciendo investigación científica, porque la ley de jubilaciones no premia el esfuerzo individual, sino que resuelve un concepto general de vida dentro del país.
SR. OTTONELLO. - Le hago notar al señor diputado que para los maestros existe el privilegio de los 25 años.
SR. BALBÍN. - Sí, señor diputado; pero con el régimen de retribuciones muchos de ellos preferirán trabajar 40 para poder vivir con decoro a los 57 o 60 años.
Ese es el concepto fundamental de esta modificación. La Cámara va a vol¬ver sobre estas cuestiones al tratarse los otros sistemas jubilatorios, y habremos de continuar este debate. Si entra en preocupación la Cámara, si comprende el sentido de justicia que tiene la disposición, si comprende, en definitiva, que su financiación será posible y que a posteriori se tendrá la certeza para todo el mundo de que la retribución o el salario es la compensación de un esfuerzo en relación con el costo de vida de un instante, habremos entrado todos en razón y veremos que en un futuro próximo el hombre sabrá que gana en relación a su trabajo y al medio donde trabaja, que es la solución integral que da esta disposición que propiciamos. Un jubilado de hoy, con 500 pesos, será un jubilado de mañana con 300 pesos; un jubilado de hoy con 500 pesos, será un jubilado de mañana con 1000 pesos, pero la compensación tendrá siempre un sólo destino: hacerle vivir decorosamente dentro del medio que sirvió para que prosperara o para que se educara. Ese es el sentido de esta ley, porque ahora, los que estamos en actividad, trabajando y tenemos fuerzas para hacer el trabajo real, vemos con profunda pena que otros hombres golpean a nuestra puerta todos los días y a todas las horas, porque, amantes de un mejoramiento que ellos vislumbraron cuando daban su esfuerzo al Estado, comprenden que son las únicas víctimas del progreso de la Nación. (¡Muy bien! ¡Muy bien! Aplausos)

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