Ricardo Balbin
DIARIO DE SESIONES HCD - T° I - Págs. 631 a 633
DIARIO DE SESIONES HCD - T° I - Págs. 631 a 633
[3 de junio de 1948]
Sr. Presidente (Cámpora). - Tiene la palabra el señor diputado por Buenos Aires.
Sr. Balbín. - Señor presidente: ya en dos oportunidades, la Cámara se ve sorprendida por el planteamiento de homenajes que no se concretan en su realización. Parecería que el propio decoro de quienes proponen el homenaje les retuviera para hacer el planteo final de cómo la Cámara hará efectivo el homenaje.
Así las cosas, nosotros debemos contestar los términos del discurso que pretendió el homenaje y aunque se sorprenda el señor diputado, la Unión Civica Radical no se solidariza con este extemporáneo homenaje al 4 de junio.
El país, señor presidente, está viviendo de una manera tan rara que a diario, se ven espectáculos de este tipo. Ayer, en un debate accidental, dos señores diputados discutían la posibilidad histórica de un acontecimiento ocurrido hace muchos años en el país, y todavía no está esclarecido el episodio, a estar a las expresiones de ambos diputados.
Sin embargo, a pocos días del 4 de junio de 1943 -porque pocos días han corrido a pesar de que ha sido muy pesado para la ciudadanía argentina- hoy se pretende glorificar una fecha a cuyo respecto no está todavía hecho el proceso histórico. Pero si hemos de plantearlo en situación de homenaje, está bien que vayamos escribiendo, nosotros, los que hemos vivido contemporáneamente el episodio, nuestros puntos de vista. Es posible, señor presidente, que estemos escribiendo las primeras páginas de lo que habrá de ser en algún tiempo el proceso histórico de estas fechas de la República.
¿Qué es el 4 de junio? ¿Por qué este homenaje? ¿Qué significación tiene? ¿A quién le corresponde? ¿Quién hereda y quién es el responsable de las contingencias posteriores a esa realización? ¿Quién fue el actor? ¿Quiénes sus herederos? ¿Dónde está el proceso? Vamos a empezar a conversar de ello esta tarde, con motivo de este homenaje.
1930. Se moviliza un sector del ejército argentino y entra a la Casa de Gobierno, donde estaba Hipólito Yrigoyen; voltea al gobierno de la democracia, y pone al petróleo yanqui dentro de la casa de gobierno argentina, muchos de esos militares están hoy dirigiendo el destino del país. (¡Muy bien! ¡Muy bien! Aplausos.)Inmediatamente el proceso septembrino, una dictadura, que pretende entronizar en la República un régimen militar por mucho tiempo. Pero un político equivocado, el señor Sánchez Sorondo, cree en la posibilidad de que el pueblo viva en confusión, y suponiendo que este país es de esclavos, llama a elección en la provincia de Buenos Aires. El radicalismo le contesta el 5 de abril, y dice con su pronunciamiento que hay un pueblo libre, en contra de la dictadura. (¡Muy bien! ¡Muy bien!)¿Qué ocurre inmediatamente después? Uriburu entrega a la oligarquía el país, y lo hace por el camino del fraude, del bárbaro fraude; el ejército argentino, en donde estaban estos militares que ahora usufructúan la República, apuntala el fraude, que con Justo se convierte en una institución de la República. (¡Muy bien! ¡Muy bien! Aplausos)
¿Qué ocurría mientras tanto? Una generación radical, que había amamantado la vieja historia de su partido, se lanza a la lucha y pelea contra el fraude. Mientras muchos hombres que hoy militan en el peronismo nadie sabía dónde estaban, quiénes eran o dónde vivían, una generación se martirizaba en los comicios de Buenos Aires, afrontando el fraude que apuntalaba un sector del ejército argentino. (¡Muy bien! ¡Muy bien!). Ese es el proceso anterior. Trece años largos. Cuando en el país, por acción democrática del partido que nosotros representamos, nacía el cultivo de una revolución, cuando nuevamente andaba la revolución por todos los rincones de la República, cuando había nacido la revolución popular, cuando se coerció para evitar el advenimiento austero y verdadero del pueblo de la República, otra vez el ejército -que no es todo el ejército, sino un sector de él-, y con el rótulo de “Se acabó el fraude”, metieron el fraude en la Casa de Gobierno. (Aplausos)Sr. de la Torre. - Ese no es rótulo.
Sr. Balbín. - Voy a seguir porque éstas son cosas muy serias.
Se produce el hecho, como fecha del país, 4 de junio. Es exacto que el país pensó que aquel ejército había recogido el sentido popular y hacía la revolución democrática. Y ustedes y nosotros somos testigos de lo que ocurrió esa noche.
Cuando el país creyó que había advenido la democracia, se encontró de nuevo con que el nazismo se había hecho gobierno en el país, y se habían modificado sistemas y titulares de la revolución del 4 de junio. ¿Dónde estaban los actores? ¿Quién movía los hilos de esa revolución? ¿Quién era el responsable? ¿Quién el autor de la proclama democrática, quiénes los que traían sentido totalitario a esa revolución? Nadie se atrevió a decirlo.
Y vinieron acontecimientos que el país conoce: política del Eje, Berlín ... Los episodios argentinos muestran hasta el exceso que aquellos hombres que tomaron la revolución del 4 de junio estaban solidarizados con el régimen totalitario que en ese instante se hallaba triunfante en los' campos de Europa.
¿Dónde estaban los titulares? ¿Quiénes son los responsables de aquellos episodios? ¿Dónde estaban los responsables y los triunfadores? Penumbra... Escondidas las responsabilidades y los honores, porque parecía revolución de hombres que se estaban engañando recíprocamente. Ramírez, nervio y cerebro de la revolución, ¿dónde está? ¿Quién es, en el proceso histórico, el derrotado? ¿Quién es en el instante preciso del alejamiento del señor Ramírez el titular de la revolución del 4 de junio? ¿El que echan o el que viene? ¿Por qué se fue el que echaron?
Sr. Tilli. - No interesan los hombres en una causa tan grande.
Sr. Balbín. - El único que no me interesa es usted, señor diputado.
Sr. Tilli. -. ¿Por qué?
-Varios señores diputados hablan simultáneamente y suena la campana.Sr. Presidente (Cámpora). - Continúa en el uso de la palabra el señor diputado por Buenos Aires.
Sr. Balbín. - Y sigue el decurso del tiempo. Mientras el país no sabía nada, algo estaba ocurriendo en la Casa de Gobierno. La política y la ideología de los revolucionarios del 4 de junio fue cambiando con el tiempo. A poco que se confronten las crónicas de los diarios, se advierte que iba simulándose la democracia en la misma medida que iban retrocediendo los ejércitos alemanes dentro de Alemania, hasta hacerse simuladamente democrático, en el instante preciso en que flamean sobre Berlín las banderas de las democracias. Allí surge un nuevo estado de cosas argentino.
Yo no sé qué ocurría, pero algo ocurría. A quienes hoy proponen el homenaje, les nació la idea del 17 de octubre. ¿Es acaso que ambas cosas son iguales? ¿Es el mismo episodio que continúa? Eso lo dirán los diputados de la mayoría. Nosotros tenemos nuestra opinión formada, pero cuando los titulares actuales del gobierno de la república necesitaron la realización de ciertos actos de gobierno –ríase que para usted va a haber algo en algún momento, señor diputado Filippo-; cuando surge en ese sector la necesidad de terminar con la Corte Suprema argentina, los señores diputados echaron al os miembros de ese alto tribunal por haber reconocido el gobierno del 4 de junio. Esa es, señor presidente la naturaleza de este homenaje: que glorifica en el Congreso de la Nación una revolución que sirvió de pretexto para echar a la Corte Suprema, por haber reconocido su carácter de facto.
Sr. Roche.- Los señores diputados no se sentarían en esas bancas, porque el fraude no lo hubiera permitido.
Sr. Presidente (Cámpora). – No debe interrumpir el señor diputado.
Sr. Balbín.- La fecha le sirve para todas las cosas: para ser un homenaje que tiene un significado de entrecasa; como antes le sirvió para sacar a la Corte Suprema por haber reconocido las autoridades surgidas el 4 de junio. Pareciera que el único homenaje que pueden hacer en nombre de la revolución del 4 de junio es confesar el error y restaurar la antigua Corte Suprema.
Sr. Roche.- El pueblo es demasiado tolerante.
Sr. Balbín.- Todo esto lo reconoce el país, y seguramente que lo ignora el señor diputado.
-Varios señores diputados hablan simultáneamente.
Sr. Presidente (Cámpora).- Insisto en pedir a los señores diputados que se sirvan no interrumpir al orador.
Sr. Roche. -- No somos como ustedes, que han vivido siempre de la política.
Sr. Bonazzola. - Llame al orden al señor diputado.
Sr. Balbín. - Todo esto lo conoce el país; todos saben el episodio internacional y conocen la tremenda angustia que se vive por las contradicciones internacionales de la República, que emergen, precisamente, de actos de una revolución que nació o pretendió nacer para algo...
Sr. Roche. - Ustedes...
Sr. Presidente (Cámpora). - No tiene la palabra el señor diputado por Santa Fe. Le ruego no interrumpir al orador.
Sr. Gil Flood. - Debe usar la campana de orden el señor presidente.
Sr. Cattáneo. - El señor diputado Roche se está ganando la medalla a la lealtad.
Sr. Balbín. - El radicalismo, partido político tiene, señor diputado Haramboure, historia y tradición. Vamos a la Ensenada, ahí donde casi nació el radicalismo histórico. Pongamos un poco la mano en el corazón, saltemos sobre aciertos y errores y habrán de convenir todos que se llamó al radicalismo para formar parte del gobierno de la revolución, que se llamó al radicalismo a formar parte de este gobierno, y por lo menos reconozcan que nos hemos quedado donde estamos para dar lugar a que ustedes fueran allí. (¡Muy bien! ¡Muy bien! Aplausos)
Quiere decir que significamos algo en la República, que somos hombres responsables. Hemos sido respetuosos para todas las conmemoraciones que han traído los señores diputados del sector de la mayoría, pero cada uno de nosotros, cada uno de los señores diputados, tiene la obligación de haber vivido, de vivir y de permanecer al servicio de lo que ha de ser alguna vez la historia de-este país. Si se adelantaran, escribirían en falso, porque bien puede ocurrir, señores diputados, que la revolución del 4 de junio no sea de ustedes ni de nadie.
Sr. Roche. - Es del pueblo.
Sr. Balbín. - Serenemos nuestros espíritus; pongamos responsabilidad en nuestros actos. Los señores diputados de la mayoría tienen muchas fechas, muchas recordaciones, para que pretendan este adelantamiento de hombres de su propia generación, para tener que pronunciarse con premura sobre hechos que no nos corresponden ya a nosotros, porque pasaron al acervo del país para que se haga historia sobre ellos.
Yo sé, señor presidente, que muchos hombres de mi sector dirían mejores cosas. Tal vez si hay dolor en algunos, es porque yo estoy omitiendo algún argumento necesario.
Advierto la sonrisa en algunos señores diputados del sector de la mayoría. Son los que se ríen porque vienen de la nada y morirán en la nada. (¡Muy bien! ¡Muy bien! Aplausos. Varios señores diputados rodean y felicitan al orador)
Así las cosas, nosotros debemos contestar los términos del discurso que pretendió el homenaje y aunque se sorprenda el señor diputado, la Unión Civica Radical no se solidariza con este extemporáneo homenaje al 4 de junio.
El país, señor presidente, está viviendo de una manera tan rara que a diario, se ven espectáculos de este tipo. Ayer, en un debate accidental, dos señores diputados discutían la posibilidad histórica de un acontecimiento ocurrido hace muchos años en el país, y todavía no está esclarecido el episodio, a estar a las expresiones de ambos diputados.
Sin embargo, a pocos días del 4 de junio de 1943 -porque pocos días han corrido a pesar de que ha sido muy pesado para la ciudadanía argentina- hoy se pretende glorificar una fecha a cuyo respecto no está todavía hecho el proceso histórico. Pero si hemos de plantearlo en situación de homenaje, está bien que vayamos escribiendo, nosotros, los que hemos vivido contemporáneamente el episodio, nuestros puntos de vista. Es posible, señor presidente, que estemos escribiendo las primeras páginas de lo que habrá de ser en algún tiempo el proceso histórico de estas fechas de la República.
¿Qué es el 4 de junio? ¿Por qué este homenaje? ¿Qué significación tiene? ¿A quién le corresponde? ¿Quién hereda y quién es el responsable de las contingencias posteriores a esa realización? ¿Quién fue el actor? ¿Quiénes sus herederos? ¿Dónde está el proceso? Vamos a empezar a conversar de ello esta tarde, con motivo de este homenaje.
1930. Se moviliza un sector del ejército argentino y entra a la Casa de Gobierno, donde estaba Hipólito Yrigoyen; voltea al gobierno de la democracia, y pone al petróleo yanqui dentro de la casa de gobierno argentina, muchos de esos militares están hoy dirigiendo el destino del país. (¡Muy bien! ¡Muy bien! Aplausos.)Inmediatamente el proceso septembrino, una dictadura, que pretende entronizar en la República un régimen militar por mucho tiempo. Pero un político equivocado, el señor Sánchez Sorondo, cree en la posibilidad de que el pueblo viva en confusión, y suponiendo que este país es de esclavos, llama a elección en la provincia de Buenos Aires. El radicalismo le contesta el 5 de abril, y dice con su pronunciamiento que hay un pueblo libre, en contra de la dictadura. (¡Muy bien! ¡Muy bien!)¿Qué ocurre inmediatamente después? Uriburu entrega a la oligarquía el país, y lo hace por el camino del fraude, del bárbaro fraude; el ejército argentino, en donde estaban estos militares que ahora usufructúan la República, apuntala el fraude, que con Justo se convierte en una institución de la República. (¡Muy bien! ¡Muy bien! Aplausos)
¿Qué ocurría mientras tanto? Una generación radical, que había amamantado la vieja historia de su partido, se lanza a la lucha y pelea contra el fraude. Mientras muchos hombres que hoy militan en el peronismo nadie sabía dónde estaban, quiénes eran o dónde vivían, una generación se martirizaba en los comicios de Buenos Aires, afrontando el fraude que apuntalaba un sector del ejército argentino. (¡Muy bien! ¡Muy bien!). Ese es el proceso anterior. Trece años largos. Cuando en el país, por acción democrática del partido que nosotros representamos, nacía el cultivo de una revolución, cuando nuevamente andaba la revolución por todos los rincones de la República, cuando había nacido la revolución popular, cuando se coerció para evitar el advenimiento austero y verdadero del pueblo de la República, otra vez el ejército -que no es todo el ejército, sino un sector de él-, y con el rótulo de “Se acabó el fraude”, metieron el fraude en la Casa de Gobierno. (Aplausos)Sr. de la Torre. - Ese no es rótulo.
Sr. Balbín. - Voy a seguir porque éstas son cosas muy serias.
Se produce el hecho, como fecha del país, 4 de junio. Es exacto que el país pensó que aquel ejército había recogido el sentido popular y hacía la revolución democrática. Y ustedes y nosotros somos testigos de lo que ocurrió esa noche.
Cuando el país creyó que había advenido la democracia, se encontró de nuevo con que el nazismo se había hecho gobierno en el país, y se habían modificado sistemas y titulares de la revolución del 4 de junio. ¿Dónde estaban los actores? ¿Quién movía los hilos de esa revolución? ¿Quién era el responsable? ¿Quién el autor de la proclama democrática, quiénes los que traían sentido totalitario a esa revolución? Nadie se atrevió a decirlo.
Y vinieron acontecimientos que el país conoce: política del Eje, Berlín ... Los episodios argentinos muestran hasta el exceso que aquellos hombres que tomaron la revolución del 4 de junio estaban solidarizados con el régimen totalitario que en ese instante se hallaba triunfante en los' campos de Europa.
¿Dónde estaban los titulares? ¿Quiénes son los responsables de aquellos episodios? ¿Dónde estaban los responsables y los triunfadores? Penumbra... Escondidas las responsabilidades y los honores, porque parecía revolución de hombres que se estaban engañando recíprocamente. Ramírez, nervio y cerebro de la revolución, ¿dónde está? ¿Quién es, en el proceso histórico, el derrotado? ¿Quién es en el instante preciso del alejamiento del señor Ramírez el titular de la revolución del 4 de junio? ¿El que echan o el que viene? ¿Por qué se fue el que echaron?
Sr. Tilli. - No interesan los hombres en una causa tan grande.
Sr. Balbín. - El único que no me interesa es usted, señor diputado.
Sr. Tilli. -. ¿Por qué?
-Varios señores diputados hablan simultáneamente y suena la campana.Sr. Presidente (Cámpora). - Continúa en el uso de la palabra el señor diputado por Buenos Aires.
Sr. Balbín. - Y sigue el decurso del tiempo. Mientras el país no sabía nada, algo estaba ocurriendo en la Casa de Gobierno. La política y la ideología de los revolucionarios del 4 de junio fue cambiando con el tiempo. A poco que se confronten las crónicas de los diarios, se advierte que iba simulándose la democracia en la misma medida que iban retrocediendo los ejércitos alemanes dentro de Alemania, hasta hacerse simuladamente democrático, en el instante preciso en que flamean sobre Berlín las banderas de las democracias. Allí surge un nuevo estado de cosas argentino.
Yo no sé qué ocurría, pero algo ocurría. A quienes hoy proponen el homenaje, les nació la idea del 17 de octubre. ¿Es acaso que ambas cosas son iguales? ¿Es el mismo episodio que continúa? Eso lo dirán los diputados de la mayoría. Nosotros tenemos nuestra opinión formada, pero cuando los titulares actuales del gobierno de la república necesitaron la realización de ciertos actos de gobierno –ríase que para usted va a haber algo en algún momento, señor diputado Filippo-; cuando surge en ese sector la necesidad de terminar con la Corte Suprema argentina, los señores diputados echaron al os miembros de ese alto tribunal por haber reconocido el gobierno del 4 de junio. Esa es, señor presidente la naturaleza de este homenaje: que glorifica en el Congreso de la Nación una revolución que sirvió de pretexto para echar a la Corte Suprema, por haber reconocido su carácter de facto.
Sr. Roche.- Los señores diputados no se sentarían en esas bancas, porque el fraude no lo hubiera permitido.
Sr. Presidente (Cámpora). – No debe interrumpir el señor diputado.
Sr. Balbín.- La fecha le sirve para todas las cosas: para ser un homenaje que tiene un significado de entrecasa; como antes le sirvió para sacar a la Corte Suprema por haber reconocido las autoridades surgidas el 4 de junio. Pareciera que el único homenaje que pueden hacer en nombre de la revolución del 4 de junio es confesar el error y restaurar la antigua Corte Suprema.
Sr. Roche.- El pueblo es demasiado tolerante.
Sr. Balbín.- Todo esto lo reconoce el país, y seguramente que lo ignora el señor diputado.
-Varios señores diputados hablan simultáneamente.
Sr. Presidente (Cámpora).- Insisto en pedir a los señores diputados que se sirvan no interrumpir al orador.
Sr. Roche. -- No somos como ustedes, que han vivido siempre de la política.
Sr. Bonazzola. - Llame al orden al señor diputado.
Sr. Balbín. - Todo esto lo conoce el país; todos saben el episodio internacional y conocen la tremenda angustia que se vive por las contradicciones internacionales de la República, que emergen, precisamente, de actos de una revolución que nació o pretendió nacer para algo...
Sr. Roche. - Ustedes...
Sr. Presidente (Cámpora). - No tiene la palabra el señor diputado por Santa Fe. Le ruego no interrumpir al orador.
Sr. Gil Flood. - Debe usar la campana de orden el señor presidente.
Sr. Cattáneo. - El señor diputado Roche se está ganando la medalla a la lealtad.
Sr. Balbín. - El radicalismo, partido político tiene, señor diputado Haramboure, historia y tradición. Vamos a la Ensenada, ahí donde casi nació el radicalismo histórico. Pongamos un poco la mano en el corazón, saltemos sobre aciertos y errores y habrán de convenir todos que se llamó al radicalismo para formar parte del gobierno de la revolución, que se llamó al radicalismo a formar parte de este gobierno, y por lo menos reconozcan que nos hemos quedado donde estamos para dar lugar a que ustedes fueran allí. (¡Muy bien! ¡Muy bien! Aplausos)
Quiere decir que significamos algo en la República, que somos hombres responsables. Hemos sido respetuosos para todas las conmemoraciones que han traído los señores diputados del sector de la mayoría, pero cada uno de nosotros, cada uno de los señores diputados, tiene la obligación de haber vivido, de vivir y de permanecer al servicio de lo que ha de ser alguna vez la historia de-este país. Si se adelantaran, escribirían en falso, porque bien puede ocurrir, señores diputados, que la revolución del 4 de junio no sea de ustedes ni de nadie.
Sr. Roche. - Es del pueblo.
Sr. Balbín. - Serenemos nuestros espíritus; pongamos responsabilidad en nuestros actos. Los señores diputados de la mayoría tienen muchas fechas, muchas recordaciones, para que pretendan este adelantamiento de hombres de su propia generación, para tener que pronunciarse con premura sobre hechos que no nos corresponden ya a nosotros, porque pasaron al acervo del país para que se haga historia sobre ellos.
Yo sé, señor presidente, que muchos hombres de mi sector dirían mejores cosas. Tal vez si hay dolor en algunos, es porque yo estoy omitiendo algún argumento necesario.
Advierto la sonrisa en algunos señores diputados del sector de la mayoría. Son los que se ríen porque vienen de la nada y morirán en la nada. (¡Muy bien! ¡Muy bien! Aplausos. Varios señores diputados rodean y felicitan al orador)

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