octubre 25, 2009

Discurso de Ricardo Balbin con motivo de la incorporación de un Diputado que no reúne las condiciones constitucionales (1948)

DISCURSOS PARLAMENTARIOS
INCORPORACIÓN DE UN DIPUTADO QUE NO REÚNE LAS CONDICIONES CONSTITUCIONALES
Ricardo Balbin
Diario de Sesiones HCD - 26 de abril de 1948
Tomo I - Págs. 4 a 5



Sr. Presidente (Repetto). - Tiene la palabra el señor diputado por la pro­vincia de Buenos Aires.
Sr. Balbín. - Señor presidente: al solicitar la palabra el señor diputado electo don Manuel Bernárdez, recién he tenido la oportunidad de conocerlo. Sus manifestaciones y las posteriores del señor diputado por la Capital revelan a la Honorable Cámara que son exactas las razones que motivaron esta impugna­ción. Me alegra haberla promovido, no obstante conocer por manifestación del señor diputado por la Capital el resultado definitivo de esta impugnación; y me alegro por el sector de la mayoría.
Si hubiéramos pasado en silencio a prestar juramento, hubiera acontecido el hecho insólito de que, siendo del conocimiento de los sectores de la mayoría y minoría la circunstancia de que un diputado electo no reunía las calidades cons­titucionales requeridas, todos hubiéramos sido cómplices en ese silencio. Este hecho auspicioso muestra las interpretaciones diferentes de la Constitución, suertes diferentes del país, según sea la opinión de uno o de otro de los sectores.
En nombre de una democracia constitucional argentina, nosotros hicimos una impugnación cuyo destino conocíamos. Merecía la historia de este Parla­mento que la incorporación de un diputado no se hiciera en injustificado silen­cio. La suerte está echada, y la historia recogerá, como consecuencia de este proceso parlamentario, una novedosa interpretación constitucional que política­mente no nos interesa, ni nos puede interesar por la diferencia numérica de los sectores -aun cuando las fuerzas numéricas fueran parejas no nos hubiera interesado--; pero ese proceso demuestra que 'existe una valentía civil dentro de este sector, que ha buscado el pronunciamiento sin mezquindades para brindar­le al sector de la mayoría la oportunidad brillante de sentar una nueva teoría constitucional argentina.
La suerte del señor diputado está echada. Será un representante en el Par­lamento argentino. Puede ser que sus tareas anteriores se repitan en el recinto de la Cámara. Pero su orgullo primario y para siempre será que se incorporó a ella no en el silencio cómplice de diputados que no querían un examen parla­mentario sino orgullosamente, con el voto de una mayoría que sentó una nueva interpretación constitucional.
El servicio prestado por la oposición permanecerá perennemente en el recuerdo del señor diputado por la Capital.
Sabemos, señor presidente, que no puede haber debate en este asunto y que sólo un diputado de cada sector dice su opinión. Nosotros no sentimos agra­vio por esa circunstancia, y tenemos la valentía de hacer la impugnación en ser­vicio del porvenir constitucional de la Nación.
Preferimos que las cosas del-país sean de esta manera: que cada uno diga su verdad y que cada uno afronte su responsabilidad. No hablar importaría compli­cidad cobarde que no merecen los ciudadanos de la República.
Ese fue el sentido de nuestra impugnación.
Entendemos, señor diputado García, que los merecimientos de un hombre entrado en el país valen mucho más que la incorporación de un diputado en la Cámara. Toda esa gente que vino de tierra extraña a la nuestra hizo mucho más que ser diputado: hizo el progreso de la República, dio este pueblo.
Otros hombres con extraordinarias calidades entraron en la República y le dieron hijos y riquezas, hicieron instruir a sus muchachos, y les enseñaron la car­ta constitucional de la república. Muchos extranjeros están en el país haciendo su progreso. Eso es todo un mérito: es el país marchando al porvenir. Pero ese conglomerado extraordinario no puede ser de tipo excepcional dentro de la Re­pública. Los que entran en el país para hacer su progreso no pueden, en nombre de ese progreso, buscar excepciones constitucionales.
Ese es el sentido de los hombres extranjeros que entran en este país magní­fico, que tiene abierto sus brazos para recibir a todos los hombres del mundo que quieran habitarlo. En presencia de una omisión lamentable, no podemos hacer la injusticia de acallar la Constitución. Muchos miles de extranjeros están dentro del país respetando su Constitución y, ante esta excepción, nosotros que­remos rendir homenaje a los hombres que respetan la Constitución, sin aprove­charla. (¡Muy bien! ¡Muy bien! Aplausos.)Ese es el extraordinario sentido de este episodio parlamentario. Ustedes me conocen, señores diputados de la mayoría; nunca me ha movido una baja pa­sión; me mueve una extraordinaria pasión de bien público.
El país no es un día, no es un año, ni cinco años, el país es eterno, porque hay aquí un pueblo que va a vivir para mantenerlo. Los choques, las diferencias, no son disidencias entre hombres actuales, son huellas de porvenir. Algunas se abren magníficas por episodios ocasionales; otras están un tanto perdidas; pero todos son caminos de la República.
Nosotros a ningún precio dejaremos de cumplir los preceptos constituciona­les o de evidenciarlos en la medida de nuestro esfuerzo, para que no se diga que somos sordos o ciegos a sus postulados. Si algún caminante accidental quisiera imputarle a este sector una pretensión de tipo personal o una mezquina cotiza­ción en esta impugnación, sería un torpe. Nosotros estamos al servicio de una cosa superior, con aliento y deseos de bien público. Lucharemos con el diputado que se incorpora por el bloque de la mayoría; pero, para el sector de la Unión Civica Radical, estará mejor sentado en su banca después-de este debate que an­tes de que él se hubiera producido.
No me interesa la suerte de las nuevas jurisprudencias parlamentarias. Un partido no es un instante ni dos instantes; un partido es algo que viene de atrás para adelante: historia, presente y futuro. La Unión Civica Radical ha roto el reloj del tiempo, vive al servicio del país, no hace cálculos de distancias. Nuestra lucha será permanente, constructiva y tenaz; no habrá nunca, jamás, una cobar­día en nuestra postura.
No nos importa -lo digo orgullosamente en nombre del sector de la Unión Civica Radical- ninguna consecuencia; lo único que queremos es que en el li­bro que están escribiendo los taquígrafos queden establecidos los dos tempera­mentos. La historia juzgará, señor presidente provisional. (¡Muy bien! ¡Muy bien! Aplausos.)

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