octubre 25, 2009

Discurso de Ricardo Balbin en el debate de la ley del Instituto de Investigación Agropecuaria (1947)

DISCURSOS PARLAMENTARIOS
INVESTIGACIÓN AGROPECUARIA
Ricardo Balbin
Diario de Sesiones HCD - 16 de Septiembre de 1947
Tomo IV - pág. 554 a 558

SR. PRESIDENTE (PONTIERI). - Tiene la palabra el señor diputado por Buenos Aires. .
SR. BALBÍN. - Señor presidente: vaya entrar en el debate de esta ley por la ley misma, y no por la circunstancia casual de que ella está condicionada a un proyecto de ley que yo tenía presentado. Ya sabemos la suerte que correrá mi proyecto, luego de conocer este despacho de la comisión.
Yo suscribo las palabras pronunciadas por nuestro colega, diputado Mac Kay, en cuanto a que es buena esta iniciativa, pero vamos a destacar todos sus inconvenientes y la justicia que en sí misma representa. Ha dicho el señor ministro al empezar su exposición que la agricultura y la ganadería viven en atraso, y ha destacado después el atraso de la organización del Ministerio de Agricultura.
De esto último no me vaya ocupar, porque no he recorrido las antesalas ministeriales. El atraso de la agricultura y la ganadería argentina lo podrá ser, por la época de evolución actual; pero ha de reconocer el señor ministro que pioneers de la agricultura y ganadería argentina muestran el progreso actual del país. La ganadería se exhibe en nuestros magníficos certámenes de cotización mundial, como consecuencia no del apoyo de los gobiernos, sino del extraordinario esfuerzo de una generación que sacrificó su patrimonio y su vida en beneficio de nuestro progreso.
SR. MINISTRO DE AGRICULTURA. - ¿Me permite una interrupción el señor diputado?
SR. BALBÍN. - Sí, señor ministro.
SR. MINISTRO DE AGRICULTURA.- Al mencionar el atraso general de la agricultura y la ganadería no me he referido, lógicamente, señor diputado, al magnífico exponente de la calidad que se ha alcanzado en nuestros cereales y en nuestras carnes. Me he referido en tesis general a la diversificación de la producción y a tantos otros recursos provenientes del agro que todavía no se han movilizado.
SR. BALBÍN. - En cuanto a la agricultura, se da esta situación paradojal: que la deficiente evolución en el régimen del agro a que alude el señor ministro, permite ahora a este Poder Ejecutivo proyectar la ley que va a ser solventada por aquel atraso, que, además, le permite al gobierno extraordinarias ganancias con la comercialización de la cosecha. Nosotros no estamos en contra de la iniciativa, pero disentimos fundamentalmente con la forma de resolverla y definan darla.
Yo había presentado un proyecto que, en cierta manera, y por vía indirecta venía a mejorar la situación del agro argentino y por sobre ello, a mejorar su explotación.
Puede que el atraso de nuestra agricultura esté vinculado al hecho de haberse utilizado siempre en nuestro país únicamente el fruto de la planta. Ahí radica la demora del país. En la producción de la carne o del fruto, está perfectamente adelantado el país. En lo que está en retardo es en el aprovechamiento de los subproductos; la planta que se tira, porque no existe versación para su explotación. Ese fue el sentido del proyecto que yo presenté, que defiendo con calor porque no es una idea original mía; había tenido antes estado parlamentario y respondía a la inquietud y estudio de un hombre a quien alguna vez se hará justicia por su dedicación al estudio de estas cuestiones: el doctor Carlos A. Grau. El fue el iniciador de estos asuntos en el Parlamento, por acción de algunos señores diputados. Lo cierto es que estableció con sano criterio que la falta de riqueza en el país: o de mayor riqueza, estriba en la circunstancia de que nuestros hombres de campo no están habilitados o preparados para sacar beneficio de los subproductos.
Desde niños, todos hemos advertido cómo se queman las parvas de paja, porque llega un momento en que molestan al chacarero; y como ésa, todas las materias con abundantes subproductos.
El proyecto que mandó el Poder Ejecutivo tiende a consolidar las bases de la agricultura y la vida rural; y como una satisfacción para los colonos desposeí¬dos, agrega en un artículo este término original: “en el más amplio sentido de la palabra”, expresión risueña dentro del artículo 1º del proyecto del Poder Ejecutivo. Para enseñarle a los hombres la mejor explotación de la chacra, enseñarle a los hombres una razonada explotación del campo en su aspecto ganadero, más que crear centros científicos debía darse comienzo y establecer las escuelas agrícola-ganaderas, porque formaríamos así una generación de futuros ganaderos y agricultores que estarían mejor habilitados para la explotación del campo que sus abuelos o sus padres.
En esa materia este proyecto de ley no trae ninguna iniciativa. Enfocamos una cuestión científica, establecernos los laboratorios, hacernos los grandes textos, aprobamos los grandes programas, para una generación de” argentinos que no entenderá por qué no han llegado a una preparación necesaria como para comprender o como para aprovechar esa experimentación.
SR. MINISTRO DE AGRICULTURA. - Si me permite, señor diputado...
Las escuelas agrícolas a que se refiere el señor diputado por Buenos Aires, que tienen gran importancia y trascendencia, han sido contempladas también dentro del Plan Quinquenal.
Ellas serán una realidad.
El otro día la Comisión de Presupuesto ha votado las partidas necesarias para el aumento del número de escuelas agrícolas; pero para que tengan que enseñar, es previo y fundamental la realización de investigaciones. Recién entonces podrán enseñarse esos nuevos métodos científicos, que harán producir más y mejor.
SR. BALBÍN. - Será una táctica o una estrategia en la conducción de este asunto. Son criterios personales. Yo optaría por la posición que sostengo, en el sentido de ir formando, aunque sea modestamente, una generación más capacitada. Pero lo más lamentable de este proyecto es que abandona totalmente el estudio del subproducto y su industrialización. No lo enuncia en ninguna parte de la ley. En su largo articulado, apenas si se incorpora la palabra “industrias”, que no es el término ni la orientación que yo pretendía dar a esta actividad para la mejor ilustración de la población del campo.
No habrá eficaz investigación tendiente a obtener mejores plantas, mejores productos, si no va implícita la idea de ir aprovechando la planta y obteniendo el subproducto de la misma. Comprenda el señor ministro que esta materia está totalmente ausente de esta ley.
No creo que la comisión deba haber tomado en consideración mi proyecto, que resulta modestísimo ante la cuantía de millones de pesos que ahora se van a votar para éste; pero si el pensamiento del Poder Ejecutivo y de la Comisión de Legislación Agraria hubiera sido el que abona la exposición del señor ministro, no me negaría que ese concepto de mi proyecto debería estar incorporado a la ley y entonces se habría hecho una cosa integral y estaría justificada, tal vez, la gran inversión. Eso está abandonado; este proyecto ha de ser sancionado tal cual lo quiere el Poder Ejecutivo, pero digo al señor ministro que alguna vez triunfará la idea de este sector en el sentido de que el estado actual del agro argentino en su situación disminuida se debe, en gran parte, a la ignorancia y a la falta de aliento en el aprovechamiento de lo que es el producto en sí mismo.
Es la primera vez, señor ministro, que llega a este recinto un proyecto de ley que tiende a mejorar al agro argentino y la vida rural, como iniciativa de aliento en la que tanta emoción puso el señor ministro cuando dijo al iniciar su exposición: esta gran ley que va a dar el Congreso. Pero esta ley muestra una política del gobierno que nosotros no podemos tolerar. El agro le ha dado extraordinarias ganancias al gobierno. La producción del campo ha enriquecido las arcas del Estado.
Cuando denunciábamos permanentemente en este recinto que las diferencias de la comercialización de la cosecha no iban a ser devueltas al agricultor, voces del sector de la mayoría se levantaban diciendo que éramos mistificadores. El término le corresponde al gobierno en este instante. Es la primera vez que viene una iniciativa tendiente a proteger al campo, a tenderle una mano para mejorarlo; para ilustrarlo; y se le dice esta noticia terrible: usted tiene que pagarla, después de haberlo estado desposeyendo durante un año. Es el tremendo secreto de esta ley.
Se votarán todos los artículos, que es votar el espíritu de la iniciativa del Poder Ejecutivo.
Pero este sector va a hacer una cuestión fundamental del artículo 12.
Y si dependiera de nosotros, esta ley no saldría con ese artículo.
Hay que cambiar la financiación de esta ley. No es posible que a esta altura de los acontecimientos, notifiquemos al campo argentino que va a tener un gravamen más, porque entonces esta ley se va a quedar con el instituto, únicamente porque el campo va a quedar vacío; la gente no va “a tener aliciente para el trabajo.
Vamos a crear una gran armazón; vamos a hacer vislumbrar la posibilidad de un gran mejoramiento, pero agregamos entre las líneas de las disposiciones legales, que esa lucha científica tendrá que pagarla el hombre de campo con su propia miseria, con esa miseria en que actualmente se encuentra el campo argentino.
El señor diputado Mac Kay se refería hace un instante al mecanismo del fondo de cambios.
Dijo que, en cierto modo, no se sabía el destino de estos fondos. Los proyectos de presupuesto mandados por el Poder Ejecutivo demuestran dónde están. Los miembros de nuestro sector en la Comisión de Presupuesto me hacen saber que de esos fondos --que proceden en gran parte del esfuerzo del campo argentino-, van a “Rentas generales” 620 millones en 1947 e irán 620 millones en 1948. ¡”Rentas generales” de la Nación! El señor ministro sabe en qué se invierten las “Rentas generales” de la Nación.
¿Cómo es posible que no se haya sacrificado parte de ese patrimonio, cómo es posible que no se haya echado mano de esos fondos, que son del campo, que pertenecen a él, para que el gobierno del Estado argentino le hiciera a nuestro agro el regalo de una institución que él mismo se había ganado por su esfuerzo?
Tiene buena memoria el hombre de campo.
No le va a agradar la sanción de esta ley que grava tres por ciento ad valorem el producto de la exportación. Y a esto se añade la amenaza del señor jefe de la economía argentina que, justificando la compra de los ferrocarriles, ha dicho que va a recargar en 100 por ciento el flete de los productos agrícolas y en 300 por ciento los de la ganadería, como una confesión de que el campo no ha rendido tanto, y como una manifestación risueña de que hasta ayer los ingleses habían estado haciendo beneficencia en la República.
Todo esto es una gran preocupación. ¿Cómo puede surgir una iniciativa que va a matar el espíritu de los hombres a quienes debía favorecer?
Yo invitaría al señor ministro a que abandonara las estadísticas oficiales y recorriera el campo argentino. Vería cómo no es cierto el informe que dan acerca del área sembrada; comprobaría que, tanto en la provincia de Buenos Aires como en las demás zonas agrícolas de la República, ya se puede anunciar que en cosecha fina se ha reducido en 40 por ciento el área sembrada, y que las zonas agrícola-ganaderas se transforman en ganaderas, y son abandonadas por los hombres.
Si insistimos en esta política de gravar con impuestos la producción del agro argentino, dentro de muy poco tiempo disminuirá más aún el área sembrada; y esta iniciativa, este mecanismo, esta institución, no tendrá sentido en el país, porque la gente se va a reír de los grandes institutos cuando vea que no se puede manejar económicamente en sus propias cosas dentro de su propia tasa. Señor ministro: decir que vamos a crear con sede en la Capital Federal un edificio y una instalación de 40.000.000 de pesos y que, como obsequio vamos a llevar al interior del país 68.000.000 distribuidos en todo el escenario de la República, es una concepción magnífica, en un momento en que pueda realizarse y deba realizarse; después, discutiríamos dónde irían esas grandes instalaciones.
Mi iniciativa era más modesta y más simple porque tenía por objeto despertar el deseo de superación en la propia zona, tomar a los veterinarios y agrónomos del lugar, muchos de los cuales, por no tener campos, no pueden seguir sus estudios o la especialización de sus estudios y, cuando ya están agobiados por el medio, ambulan por el ministerio pidiendo puestos para poder seguir viviendo. Mi iniciativa tenía ese carácter; alentar en el sitio, despertar la curiosidad y el deseo de superación de estos profesionales que están en provincias aferrados a ellas porque quieren a su tierra. Les llevaríamos el laboratorio, la posibilidad de estudiar, la de alentarse mutuamente, la de ser útiles al medio en que viven, y la de enseñar al hombre de campo, ahí cerca, sobre la misma tierra; pero no para hablar del trigo de Tucumán o de la vid en Santiago del Estero, sino para vincularse al producto del lugar y afianzar el producto del lugar.
Será inútil que trasplantemos productos del interior del país a ese magnífico edificio de estudios, porque lo que interesa no es readaptar plantas en un lugar en que no se cultivan naturalmente, sino mejorar el cultivo de la propia región y afianzar la producción del lugar.
El argumento que hace el señor presidente de la Comisión de Legislación Agraria no tiene sentido. No se trata de traer la idea del azúcar de Tucumán, para introducirlo en la provincia de Buenos Aires; se trata de levantar el nivel cultural de los hombres que trabajan el azúcar en la tierra de Tucumán o del algodón en el Chaco, o de los que dedican sus esfuerzos a otras manifestaciones de la agricultura en otros territorios. Y esa expresión de conocimientos, de profundización en el lugar, es lo que debería luego centralizarse en Buenos Aires…
Hay que crear un organismo; no importa que no estén bien rentados los hombres del interior de la República, pues lo único que quieren muchos de ellos es tener riqueza en su propio saber, en su propia ilustración y dedicación. Hay hombres en el interior del país que trabajarían gratis a las órdenes del gobierno para demostrar sus conocimientos y sus deseos de mejorar; y se encuentran ignorados dentro del territorio de la República. La ley que yo proyecté iba a eso: a llevarles los medios, los laboratorios, las posibilidades de hacer sus estudios, de crear sus textos, de hacer su propaganda. Todo ese esfuerzo ven¬dría después a la Capital Federal. Yo comprendo que tendrá que venir. Pero ese organismo estaría constituido por hombres de tierra adentro, que llegarían aquí trayendo sus conocimientos, y no llevando desde la Capital Federal, por correo, los conocimientos de este extraordinario instituto. La explotación y el mejoramiento del campo no se van a aprender por correspondencia. Esta es la verdad, señor ministro.
Sería preferible sacrificar la suntuosidad de estos organismos centrales para enriquecer en el interior del país esos laboratorios o esos subinstitutos que se consideran en esta ley; llevar el esfuerzo de la República al interior del país: él va a devolver en conocimientos, él va a devolver en estudios, un extraordinario capital para toda la República. Ese era el sentido del proyecto que yo había presentado; pero ese sentido evidentemente no está en esta ley.
Se crea un gran organismo, gran burocracia, y un nuevo rol dentro de la vida del agro argentino; se trae la muerte de otros organismos que con tanto calor fueron defendidos en esta Cámara y que hoy ya no sirven para nada; el Consejo Agrario, por ejemplo, que ha muerto.
Tratábamos el otro día de una ley, señor ministro, que se refería al régimen del trabajo rural; y, ¡asómbrese!, lo declaramos dependiente de la Secretaría de Trabajo y Previsión, que no sabe nada de campo, que no conoce el campo, que anarquiza el campo argentino. Nosotros reclamamos, señor ministro, que esa ley estuviera bajo la vigilancia del Ministerio de Agricultura, que si estaba pobre antes de la llegada del señor ministro, según lo ha manifestado, le aseguro que seguirá siendo pobre porque han empequeñecido al Ministerio de Agricultura dependencias que no sirven absolutamente para nada.
Por eso está todo anarquizado, y por eso no lucen las leyes ni las disposiciones reglamentarias.
Yo presumo que vendrá una ley, con el patrocinio del Ministerio de Agricultura, para terminar con estas instituciones que no resultan de ninguna utilidad.
Estas palabras las pronuncio con profunda tristeza. A este sector le anima siempre el deseo de ser útil, de mejorar la cosa pública, y de alentar las grandes iniciativas; pero cuando ellas vienen al precio de esta ley, nosotros tenemos que oponer una férrea y tenaz resistencia. Desde ya declaro que votaremos el espíritu de la ley y discutiremos en particular muchos artículos; pero tiene que aprontarse el sector de la mayoría a tener número propio para votar el artículo 12, porque nosotros, en nombre de nuestra acción parlamentaria, en nombre del sufrimiento del campo argentino, en relación a lo que le cuesta al trabajador la diferencia de la comercialización de la cosecha y viendo que se devela, al final, que nada se devuelve al agricultor, ya que cuando se trae una iniciativa que lo ha de favorecer tiene que pagarla a gran costo, nosotros vamos a votar cerradamente en contra, y quedará marcada en una votación nominal el sentido de nuestra afirmación en favor del campo argentino. (¡Muy bien!)Esa es la extraordinaria tristeza de esta ley, que debió haber contado con el apoyo de todos, y que en esta oportunidad contará con nuestra tenaz resistencia en su forma de financiación.
El Poder Ejecutivo habla siempre de millones. A veces, señor ministro, nosotros formulamos un proyecto de ley para la construcción de un puente o de una escuela, y nos parece que nos van a tomar por tontos si destinamos cincuenta mil pesos, porque ya en esta Cámara hay que hablar de miles de millones.
Esta leyes una de las tantas que trae el Poder Ejecutivo a ese costo. De ese total de 40 y 68 millones para el cumplimiento del plan de obras a que se refieren los artículos 6° y 8°, la mayor parte será para inversiones en casas, para obras materiales. Después vendrá el armazón del instituto, la dedicación de los técnicos, la especialización de las secciones, en fin, toda la organización que yo comprendo no puede hacerse en un día ni en unos pocos meses, sobre todo cuando se trata de algo por lo que los hombres trabajarán con pasión, con orgullo nacional, ¿Ese costo quién lo seguirá pagando? Siempre por el artículo 12, el agro, con el tres por ciento ad valorem sobre las mercaderías exportadas.
Así que el gobierno, que viene engañando al campo, que viene llenando de discursos al país, sobre que exige un sacrificio al campo argentino para devolvérselo en obras, se encontrará ahora con esta extraordinaria novedad: la primera obra tiene que pagarla el campo, y el mantenimiento tendrá que ser pagado por los agricultores.
Si la mayoría vota el artículo, le auguro la quiebra a este instituto. Si la mayoría vota ese artículo, aseguro que dentro de muy pocos años el gobierno no tendrá que venir a solicitar partidas extraordinarias, porque este impuesto no es el primero, sino uno más, según me anotaba hace un rato el señor diputado Frondizi, que en esta materia conoce todos los decretos. Hay un decreto ley que grava el producto del campo en la construcción de los elevadores; ahora viene éste; luego, el gran descubrimiento de Miranda, recargando los fletes y, por último, señor ministro, la nafta, que ha aumentado diez centavos más por litro, y que es otro impuesto indirecto para el campo.
Me temo que esta vez el gobierno podrá financiar estos 108 millones y hará las casas; pero la suerte futura de este instituto está echada; nace muerto, si subsiste la disposición del artículo 12.
La crisis del campo existe, continúa, es indetenible. O el Ejecutivo se resuelve a cambiar de política, o se resuelve honestamente a devolver al campo lo que al campo le corresponde, o se quedará el señor Miranda con estas industrias ficticias ante un campo argentino empobrecido. Esta es la primera ley que denuncia la verdadera posición del gobierno. Ya saben los señores diputados que aquello de devolver a los agricultores lo que es suyo no es cierto. Esta leyes la demostración de ello y el comienzo de una política que prueba que esos fondos, o están totalmente gastados, o se les va a dar un destino que no es el del campo, porque cuando se habla del campo siempre es para aplicarle nuevos impuestos. (¡Muy bien! ¡Muy bien!)Esta es la leal posición del sector que represento. Dejo de lado el proyecto de uno de sus miembros. No le interesa que el Poder Ejecutivo no lo haya tomado en cuenta, a fin de estudiar en conjunto los problemas del campo argentino, lo que es fundamental para nosotros: la enseñanza del mejoramiento del subproducto.
Nuestro bloque hace abstracción, en tal sentido, de todos sus proyectos, pero protesta enérgicamente sobre la financiación de la ley. Resulta insignificante para nosotros todo lo demás: cómo han de ser y dónde han de realizarse las obras, porque hacemos cuestión fundamental del régimen de financiación de la ley.
Esa es nuestra más leal contribución al sector de la mayoría y al señor ministro de Agricultura. Hablamos con gran sencillez y con lenguaje claro. No nos oponemos a su iniciativa, y le deseamos mucha suerte; pero reclamamos del Poder Ejecutivo que atienda éste nuestro pedido: que busque la forma de financiar la ley de modo que no gravite sobre el campo argentino, porque, de lo contrario, la instalación de estos laboratorios llegará para ilustrar un agro muerto. (¡Muy bien! ¡Muy bien! Aplausos.)
-Varios señores diputados rodean y felicitan al orador.

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