octubre 21, 2009

Discurso de Ricardo Balbin en el Congreso Nacional de Economía, organizado por la UCR (1980)

 DISCURSO ANTE EL CONGRESO NACIONAL DE ECONOMIA, EN LA SEDE DEL COMITE NACIONAL DE LA UCR
Ricardo Balbin
[29 de Junio de 1980]

Pienso que lo esencial se ha pronunciado, yo debo esta mañana exclusiva­mente agradecer. Primero la oportunidad de decir estas palabras, y después des­tacar el mérito de muchos de los que están en esta sala. Hay que estar compene­trado de la vida del partido. Hay que conocer en intensidad la República. Hay que haberla recorrido en todos sus sitios, para tener conciencia cabal de la im­portancia de este encuentro. Este es el esfuerzo de muchos, el desinterés de to­dos y la contribución del conjunto. Cada uno de los hombres que ha venido del interior, ha puesto todo lo suyo en esto. Sus bienes y su inteligencia, su volun­tad, casi diría su patriotismo.
Es la suma de esfuerzos, es una conciencia nacional que en un determinado momento, un toque de campana angustioso, los convoca para, en nombre de to­dos, hablarle a la República. Y como no somos una aislada expresión política cargada de egoísmo o desinterés parcial, hace buen rato que esta casa está abier­ta a todos los argentinos. En cursos del Instituto Mayo han hablado expresiones de todos los matices, y en esta convocatoria, para tratar los problemas básicos del país, están los nuestros y los otros que no son nuestros, pero son argentinos y superando los límites de la separación política, entramos a conjugar en común esto, necesario al país, la unión, la convivencia y la coparticipación.
Esta es la expresión de un partido responsable, de una concepción Civica que viene de le­jos y ha penetrado de nuestras convicciones, casi con sentido religioso, que se va transmitiendo de generación en generación, con un gran contenido moral, con un gran desprendimiento personal. Acá podríamos decir que esta mañana están todos los que miran el país por dentro, y fuera de aquí -en algún despacho económico- los que miran desde el puerto para afuera, esperando lo que llega y prohibiendo que salga lo que tenemos. Acá no venimos a hacer la demagogia del salario, venimos a decir que el salario escasea. Si en alguna parte pareciera que está compensado el esfuerzo, hay muchos hombres del país que están aquí, que saben cómo viven algunos argentinos, en la necesidad.
Es decir, todos los aspectos de la vida nacional están padeciendo, porque el país padece de política, y en este Congreso Económico, donde vamos a decir por qué se importa y por qué no se exporta, porque lo más barato que tenemos es el dólar, y toda nuestra producción se pierde sin colocación, tenemos también que hablar de cómo se han manejado las cosas financieras, en un silencio de al­gunos despachos económicos, que más parece complicidad que ignorancia. Te­nemos que comprender definitivamente que estamos trabajando para el país. No discrepamos por enemistad, no desplazamos con ademán grosero, queremos iniciar esta marcha que no tiene que parar jamás, trabajar en paz para el país, porque si le faltan muchas cosas al salario, también les falta mucha paz a los ar­gentinos. Estas son las concepciones que nacen en una convicción política que le dio para hacer la democracia, en cuyas definiciones se entrelazan muy claramente las formas de la economía. Creo que no habrá nunca una buena economía en un país que no tenga estabilizada su política.
Pero también tenemos que comprender frente a esta realidad que estamos viviendo, que hay algunas conducciones económicas que tienen el propósito de desvirtuar la democracia y a veces en el error financiero o económico de una dis­posición, en entrelíneas está el arma que destruye la democracia de un pueblo.
Cuando se ve en el interior del país, como ustedes lo han visto, los que es­tán aquí, cómo se malogra el esfuerzo. Cuando se lee, sin leerlo, pero en la rea­lidad, cómo se angustia el hombre que ha trabajado y se ve destruido. Cuando en el interior de la República, frente a los pioneros y los hijos de los pioneros, advertimos cómo decrece el medio, yo pregunto si además de la producción no estamos matando el sentido vital de la libertad y del derecho dentro de la demo­cracia. Yo creo que tenemos que reaccionar ya, para decir nuestra palabra de re­conducción en la economía, porque en el fondo para mí, tiene un modo de re­conducción para encontrar el camino a la democracia.
El hombre derrotado pierde el sentido de su libertad. El hombre angustia­do que todos los días regresa a su hogar, a la mesa escaseada, y tiene que pro­nunciar palabras de queja frente a sus hijos, está maltratando el porvenir demo­crático de su país, porque está sembrando el desengaño en sus propios hijos. Ya ven señores que la economía no es fría, es caliente, tiene en sus definiciones y en sus modos un modo de reconducir con humanidad a los pueblos. Esto es lo que este encuentro de la economía de los radicales va a decir al país. No le vamos a decir a ninguno que se vaya, no estamos para eso, ¡enemas tiempo para llegar con toda la razón que nos dará el pueblo de la República. Tenemos que cons­truir las formas, tenemos que hablar con claridad, qué queremos y cómo pensa­mos. Tenemos que alimentar el espíritu del hombre argentino. Yo creo que pue­de perderse una cosecha cuando está maltratada por la naturaleza misma. Creo que el hombre se para sobre la verticalidad de su fuerza cuando una helada le quema su producto, porque lo derrota la naturaleza. Pero cuando toda esta quiebra viene a su trabajo ya su producción por obra del gobierno, entonces se siente impotente y, al cabo de dos o tres veces, se entrega, en los sitios donde ya nadie compra nada, más que los aventureros.
Yo felicito el esfuerzo de esta reunión. Como ha dicho el doctor Pugliese, es una de las muchas que vamos realizando, pero tengo que decirles una cosa. Fui a un despacho a mantener un diálogo. Allí dije: el diálogo no empieza en una habitación de un ministro, sino que se expande al país.
El radicalismo desde este momento va a comenzar a conversar con la Re­pública, con los-radicales y con los que no lo son, pero con todos los que estemos al servicio de superar las cosas argentinas. Agradezco a los que han colaborado, sabía que iba a ser de esta manera, los conozco. Sabía que iba a venir toda la gente del interior, porque la habíamos conversado antes, no para este Congre­so, sino para ver allí, en sus propias tierras, las necesidades y las angustias de una producción nacional que se ha malogrado definitivamente, porque no tiene auspicio, porque no' tiene destino. Vamos a revisar entonces esto. Más adelante haremos un encuentro de la educación, ésta que está tan maltratada como la economía. Porque daría la impresión que se quiere empobrecer el interior y des­merecer la escuela como la salud. Y donde este camino de empobrecimiento del pueblo nos ya a llevar a una educación que habrá que pagarla, el viejo tiempo aquel de la universidades cerradas, en donde sólo entraban los profesionales para la entrega, ahora lentamente parece también que alguna conducción eco­nómica tiene ese destino. No lo van a lograr.
Para demostrar cómo la democracia gana sus batallas en paz, éste es un ejemplo. Acá está todo el país y lo acompañan en el trabajo hombres de mereci­miento que no tienen nuestra divisa. Les agradecemos mucho más que a los nuestros, porque la presencia de ellos demuestra la categoría moral de estos en­cuentros, que supera lo parcial para vivir con intensidad el destino de la Repú­blica. Nada más.
RICARDO BALBIN

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